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viernes, 10 de mayo de 2013

Espacio Laical: del lado equivocado en Cuba


Jaime Suchlicki. EL NUEVO HERALD

La revista Espacio Laical, publicación en Cuba que refleja puntos de vista de la Iglesia Católica, criticó abiertamente en su más reciente edición a los opositores que abogan por mantener las sanciones económicas contra la isla.

Espacio Laical insiste que esta posición tiene como objetivo desestabilizar al gobierno cubano. ¡Qué gran contraste con la posición de la Iglesia Católica de Polonia durante la era comunista en Europa! Esa Iglesia fue un bastión de libertad y una fuente de protección y de oposición a las autoridades comunistas. Activistas recibieron protección y refugio en iglesias en Polonia. Como resultado, la Iglesia creció en fuerza e influencia y emergió de la era comunista como la más alta autoridad moral y como la institución más poderosa de la nación.

En ningún momento la Iglesia polaca criticó a los opositores. Reservó sus críticas para el gobierno comunista. En ninguna ocasión la Iglesia Católica pidió a otros países que ayudaran económicamente a la dictadura comunista en Polonia.

La Iglesia en Cuba parece olvidar que el embargo estadounidense no es la causa de la situación económica en la isla y se hace eco de la propaganda castrista. La causa de la pobreza en Cuba es un sistema que no funciona, ni produce. Al igual que ocurrió en Polonia, el desastre económico fue el resultado del sistema comunista.

La Iglesia cubana enfrenta un dilema tanto moral como práctico. Continuar en el presente curso de colaboración con el régimen corre el riesgo de antagonizar a los fieles en la isla. Así mismo, no logrará aumentar su popularidad con los negros, que son los que más sufren y representan la mayor etnia. La Iglesia puede volverse irrelevante en la lucha inevitable que se acerca entre el gobierno y la oposición.

Naturalmente desafiar el sistema también conlleva sus riesgos: la Iglesia puede perder sus privilegios limitados, invitar la furia del aparato de seguridad de Cuba, regresando a los días oscuros del comienzo de la revolución, cuando había pocos sacerdotes y poca influencia.

A pesar de esto la lección de Polonia es clara. Una Iglesia que luchó al lado del pueblo surgió como una institución fuerte y respetada. El precio que pagará la Iglesia Católica cubana por su colaboración será alto. Los cubanos abandonados y reprimidos por la dictadura comunista por más de medio siglo, desean la ayuda de la Iglesia. El momento de estar del lado correcto de la historia es ahora.

lunes, 5 de noviembre de 2012

A mis hermanos cubanos del exilio


Carta abierta del Padre José Conrado Rodríguez Alegre

Reproducida y publicada ahora en la página CUBANET.  Por su alto significado EL FANTASMA la reproduce.

SANTIAGO DE CUBA, 26 de octubre de 2012

A mis hermanos cubanos del exilio

Queridos hermanos:

En Santiago de Cuba apenas amanece. Hoy, viernes 26 de octubre del 2012, a solo 48 horas de la horrible devastación que ha dejado a su paso el huracán Sandy, me he levantado temprano a rezar y a escribirles. En medio de la tristeza por tantas familias que han quedado en la miseria, como decía Eliseo Diego del hombre con el hato a cuestas, en su “Libro de las Maravillas de Boloña”: “Peregrino te vas con el crepúsculo y tus pobres enseres: miedos, penas”. Así veo a mi pueblo, vagando entre las ruinas de lo poco que teníamos a la nada que nos queda. Y sin embargo, y lo digo con supremo orgullo de esa mi pobre gente, con bondad para pensar en el otro y brindarle la mano y con esa fortaleza de los pobres para decir en el vórtice de la desgracia: “no importa lo perdido, aún estamos vivos”.

Sí, he visto muchos signos de solidaridad, como mi feligrés Tito, joven estudiante de cuarto de medicina, que ha ido a limpiar escombros en casa de sus vecinos y familiares, y ayer se pasó la tarde junto con Pavel, su cuñado, salvando las planchas de zinc tiradas en el patio, con las que volvimos a techar la casa parroquial. Mi hermana y su hijastra de quince años que me han limpiado el primer piso de la casa parroquial, mientras se techaba el segundo. Manolo y Mario, que a pesar del peligroso viento pusieron las tejas para proteger de la intemperie mis libros, computadoras e impresoras. Gladis y su nieto Pedro, que fueron los primeros en llegar para dar una mano, aunque todavía tenían mucho escombro que barrer en su propia casa. Y Eliecer Ávila, que vino desde Puerto Padre para ayudar, porque no podía estarse quieto allá,  sabiendo lo mal que lo estábamos pasando acá.

Yoani Sánchez y Reinaldo Escobar, que desde La Habana me hicieron saber que estaban recogiendo comida y medicina para los damnificados. Mi hermano Roberto Betancourt, que desde su parroquia de la Caridad me hizo llegar el calor de su feligresía, lo mismo que Ofelia Lamadrid, con sus noventa y muchos años y Teresita de la Paz, la viuda de Gustavo Arcos Bergnes, que rezan por mí y por mi gente. Ellos me han dicho de la movilización que Uds. ya han iniciado para enviar ayuda “tanto más urgente cuanta mayor es nuestra necesidad”.

Mis amados hermanos: desde esta lejanía e inmerso en el sufrimiento supremo ante la desgracia inevitable y desarmante, les digo de corazón, que he sentido, en todas estas horas de incertidumbre y amargura, cuando veía volar el techo de mi parroquia y de mi casa, corriendo para salvar los libros y lo que se podía de la lluvia y después, cuando pude salir y pude contemplar la desolación de mi gente, sentí la presencia, las oraciones y la solidaridad de todos Uds. Yo sabía que no estábamos solos y que podíamos contar con el cariño y el apoyo de todos Uds., de todos los amigos, cubanos o no, que desde lejos nos acompañarían con su oración y su amor.  De manera especial cuando fui a rezar por una anciana que falleció de un infarto en medio de la tormenta: refugiada en un pequeño baño, con su hija, su nieta y sus dos pequeños biznietos, en una casa que volaba a pedazos por los aires, su corazón no resistió a tanta angustia y explotó. El mío sangra ante toda la desgracia de mi pueblo.

La ciudad yace en ruinas. Mi antigua parroquia de San Antonio María Claret, en el barrio de Sueño, se desplomó. Sólo el Cristo que puse un día en la pared del presbiterio, quedó como mudo testigo junto con el altar de granito que allí levanté hace 30 años. Lo mismo ocurrió con mi antigua Iglesita de San Pedrito, cuya reparación estuvo a punto de costarme la prisión. Lo mismo que mi amado pueblo de San Luis, donde nací a la fe y luego comencé mi labor pastoral de sacerdote,  y cuyo nuevo altar de mármol fue consagrado en solemne ceremonia hace menos de un mes. Y así ha ocurrido con casi todos los templos, casas parroquiales y conventos de toda la diócesis… yacen destruidos, están destechados o han quedado seriamente dañados.

Pero qué es eso, me pregunto, ante la desgracia de tantas personas que lo han perdido todo: el esfuerzo de vidas enteras y aun de varias generaciones, convertidos en despojos chorreantes de lodo y polvo. Así los libros, los televisores, y demás efectos electrodomésticos, los muebles… ¡y el hogar! Se calculan en 150 mil las casas destruidas o seriamente dañadas. ¡Y esto en medio de una situación económica tan difícil, prácticamente de sobrevivencia! ¡Nos parecía que estábamos mal… y ahora estamos mucho peor! Con todo, vuelve a mi memoria la primera frase que yo dije y luego he oído en tantas otras bocas: ¡pero estamos vivos! Gracias a Dios por la vida que nos dio y nos ha conservado, porque es increíble que en medio de tanta devastación los muertos hayan sido tan pocos. ¿Qué nos querrá decir Dios con todo esto?

 

Padre José Conrado Rodríguez Alegre

jueves, 1 de noviembre de 2012

Completemos la propuesta de Espacio Laical


Orlando Freire Santana. CUBANET
En su editorial correspondiente al número 4 del actual año 2012, la revista católica Espacio Laical sugiere la creación de un nuevo modelo electoral cubano, que tendría como esencia la elección del jefe de Estado mediante el voto libre, secreto y directo de la población. Es decir, como sucede en casi todos los países del mundo, y así obviemos esa especie de pantomima que tiene lugar entre nosotros, donde unos diputados amañados se encargan de escoger al primer mandatario.

Los editores de la publicación añaden que “También ha de ser posible que los aspirantes puedan presentar sus programas de gobierno, y además deberá aceptarse que entre los elegibles se hallen personas que no militen en el Partido Comunista, y hasta que posean una visión político-ideológica diferente”. Espacio Laical considera que tales transformaciones podrán ocurrir con posterioridad al año 2018, una vez que el gobernante Raúl Castro haya concluido su segundo ─ ¿y último? ─ período en la presidencia de la nación. No obstante estimar y desear que semejantes cambios sobrevengan en un lapso más breve, no hay dudas de que la referida propuesta resulta interesante y oportuna.

Sin embargo, sería conveniente una precisión en lo relacionado con la presentación de los programas de gobierno por parte de los hipotéticos candidatos a la presidencia. Porque es incuestionable que un proceso electoral auténtico no se circunscribe solamente al momento de la votación y su ulterior escrutinio. Por tanto, la presentación de dichos programas no ha de realizarse únicamente en espacios cerrados (foros, parlamentos, asambleas), ya que de esa forma el mensaje queda reducido a un auditorio no representativo del universo de la sociedad. Es necesario que todos los aspirantes, en igualdad de condiciones, puedan acceder a los medios de difusión masiva ─ en especial la televisión ─ para que el gran público se entere de lo que piensan hacer si arriban a la presidencia. Ah, y muy importante: ninguno de los candidatos o agrupaciones políticas en pugna pueden identificarse con los intereses sagrados de la patria, y en consecuencia tildar a sus adversarios como mercenarios al servicio de una potencia extranjera. Los participantes en una elección deben de contemplarse, simplemente, como fuerzas políticas con distintas orientaciones ideológicas.

En Cuba, a partir de 1976, se han celebrado infinidad de elecciones del Poder Popular, plebiscitos para aprobar o enmendar constituciones, así como consultas de otro tipo. Todos esos eventos han estado precedidos de una avalancha promocional favorable a los intereses del gobierno. Las vías empleadas para ello han sido disímiles: la prensa escrita, la radio, la televisión, espectáculos artísticos, mítines políticos, actividades en la Tribuna Antiimperialista José Martí, y otras. Por el contrario, ni una sola palabra para argumentar las opciones que se aparten de la oficialista. Así, muchas veces, en la mente del ciudadano promedio -ese ser que resulta tan fácilmente manipulable- anida la idea de que solo es válida la alternativa gubernamental.

Espacio Laical concluye su editorial con la exhortación a que el Partido Comunista se modernice para que sea capaz de aceptar estas reformas. Sería una modernización que, ante todo, los lleve a la convicción de que la patria nos pertenece a todos, y no debe ser coto de nadie en particular, ni aun de aquellos que pretendan una supuesta legitimidad histórica. Nunca como ahora ha de estar presente la máxima martiana: La patria es ara, no pedestal.

martes, 29 de noviembre de 2011

Frente a la Virgen

Teniendo en cuenta que en todas partes hay locos y fanáticos, en previsión de cualquier incidente, es aceptable que la Virgen sea custodiada por policías. No por la policía política, por muy discreta que se porte
Luis Cino Álvarez

LA HABANA, Cuba, noviembre (www.cubanet.org) – Me contaba una amiga que cuando asistió a una iglesia del municipio 10 de Octubre donde paró la Virgen del Cobre, se encontró a una prima que vive en El Vedado. Militante del Partido Comunista, de armas tomar,  no cree ni en su madre, pero  desde hace 20  años, por órdenes del Partido o de Seguridad del Estado, vaya usted a saber, no se pierde una actividad eclesiástica.
La mujer rezaba y se persignaba  y no perdía pie ni pisada a los asistentes a la peregrinación.
-¿Y tú viniste a chivatear desde tan lejos? -le preguntó mi amiga, que no tiene pelos en la lengua.
-Imagínate, mi prima, la Virgen Mambisa es también de los revolucionarios y uno no sabe qué se le puede ocurrir a ciertos elementos antisociales -respondió.

Aunque luego de la aparición en la TV del cardenal Jaime Ortega, los medios oficiales no informan acerca del recorrido de la Virgen del Cobre por los municipios de la capital, la peregrinación  es “atendida” por el Partido Comunista y las llamadas organizaciones de masas. Y atentamente –aunque con disimulo- vigilada por Seguridad del Estado, por si las moscas.
Teniendo en cuenta que en todas partes hay locos y fanáticos, en previsión de cualquier incidente, es aceptable que la Virgen sea custodiada por policías. No por la policía política, por muy discreta que se porte.  ¿Por qué Seguridad del Estado tiene que ocuparse de la Virgen?

Un amigo, veterano del periodismo independiente, está muy molesto, porque luego que el cura de su parroquia estuviera de acuerdo en que él fuera uno de los cuatro hombres que cargara la urna de la Virgen cuando la peregrinación llegara a su pueblo en las afueras de La Habana,  sin una explicación convincente y muy nervioso, días antes el cura le anunció que no podría ser. Tan enojado se puso mi amigo que decidió no asistir al recibimiento de la Virgen. A duras penas logré convencerlo de que asistiera aunque no le permitieran cargar la urna.
¿Por qué  vamos a permitir a los que nos robaron, entre otras cosas más, la patria, sus símbolos y próceres, y la libertad, que nos roben también a nuestra Santa Patrona?

Aunque no soy demasiado devoto, estuve frente a la Virgen, cuando la peregrinación, en ruta al pueblo Las Guásimas, y luego a Managua, paró en la iglesia de Parcelación Moderna, el barrio suburbano donde vivo, la tarde del 21 de noviembre.
Es una iglesia pequeña, humilde, que por décadas, cuando creer en Dios era mal visto y perjudicial, permaneció casi vacía, y que ahora sólo abre las mañanas de domingo, cuando viene el cura que comparte  con el templo del vecino poblado El Calvario.
Con tantos militares, santeros y evangélicos recién conversos como hay en mi barrio, nunca sospeché que la Caridad del Cobre tuviera allí tantos devotos. Había cientos de personas con velas y flores rodeando la iglesia. Rezaban, cantaban, se empujaban para acercarse a la urna y que el sacerdote bendijera a sus niños. Muy emocionados, algunos lloraban.  Parecían no saber qué hacer para demostrar su veneración por la Virgen. Ni falta que hacía. Sólo había que verlos.
Confieso que fui uno de los que no sabía qué hacer. Sólo recé en silencio. Como pude. Sentí algo muy raro cuando tuve a la Virgen frente a mí. Una luz en los ojos, un nudo por dentro que no sé explicar.
Nunca pensé que una imagen tan pequeña -que con todo lo que significa, no es la original, sino una réplica de la que está en el Santuario del Cobre-, pudiera impresionarme de tal forma.
Tal vez lo que recibí fue todo el dolor de mi pueblo que ha recogido la Virgen en su recorrido por todo el país.
Me alegro de haber estado allí, a unos metros de la Virgen de la Caridad del Cobre. Aunque no supiera exactamente cómo orar. Como todos mis compatriotas, tengo mucho que pedir. Estoy seguro que con tanta fe, la virgencita perdonará nuestros pecados e impericia religiosa y nos escuchará.

miércoles, 23 de noviembre de 2011

¿Qué esperamos los cubanos de la visita del Papa?

...el Papa moverá multitudes, tal como lo hizo en su momento Juanes con su Concierto por la Paz. Este pueblo espera algo, aunque no esté muy claro qué, venga de la música o de Dios
Miriam Celaya. La Habana. DIARIO DE CUBA.

La recién anunciada visita del papa Benedicto XVI a Cuba en la primavera de 2012 parece haberse convertido para algunos en un nuevo plazo de esperanza. Después de décadas de desgaste, y ya cuando la apatía sustituyó por amplio margen al entusiasmo revolucionario, nada parece más propicio que esperar de un embajador de lo divino los milagros que no cumplieron los mesías de verdeolivo.
Por esta vez, las opiniones tanto de representantes de las autoridades gubernamentales de la Isla como de opositores y disidentes coinciden en la unánime congratulación por la visita del Sumo Pontífice. En palabras de Ricardo Alarcón, representante de la voz oficial, la noticia "nos causa francamente una gran felicidad, una gran alegría". Alarcón manifestó que esperaba recibir a Benedicto "para brindarle la hospitalidad y el cariño que los cubanos sienten por él" (¿?). Poco más o menos la fórmula habitual que ha servido oficialmente lo mismo para comentar la visita del presidente de Sao Tomé y Príncipe, de Timor Leste o del Rey Juan Carlos, como para agradar a la representación de alguna comunidad de productores de arroz de Vietnam o a la compañía de baile flamenco Antonio Gades. Así de monocordes son las autoridades.
Su Eminencia, el cardenal Jaime Ortega, considera la próxima estancia de Benedicto XVI como "un gran bien para la Iglesia” y también "para Cuba en general". A juzgar por sus palabras, considera el suceso como una especie de catalizador que acelerará "estos cambios que queremos que vayan adelante en Cuba", lo cual, según reporta EFE, alude a las reformas de "expansión del sector privado y el recorte de más de un millón de empleos estatales".
Por su parte, diferentes voces de la oposición y de la sociedad civil independiente han manifestado su satisfacción por la visita del Papa con discreto entusiasmo.
Sí. Al parecer el anuncio de esta nueva visita papal supone para muchos cubanos un nuevo plazo, pero, realmente, ¿plazo para qué? ¿Qué esperamos los cubanos del Papa? ¿Qué milagro podría producirse por la visita de la más encumbrada autoridad católica en un país que no se ha caracterizado nunca por su devoción religiosa? ¿Acaso podrá Benedicto XVI superar las inflamadas expectativas que despertara en su momento la visita de su antecesor, Juan Pablo II? ¿Qué beneficio sensible experimentó la vida de millones de cubanos de la Isla después de enero de 1998?
No se debe restar importancia al suceso. Todas las puertas deben permanecer abiertas para todos y —para citar la Biblia— "Dios está entre quienes te ayudan". Pero el milagro de Cuba deberá producirse por la voluntad de los cubanos, y eso no lo puede determinar la visita de uno ni de cien papas. Si el Papa ayuda, mejor. De hecho, tengo mis pequeñas expectativas personales ante el movimiento humano que habrá de desplegarse con esta visita y las medidas extraordinarias que tomarán las autoridades para la ocasión, fundamentalmente en estos tiempos en que están haciendo gala de un creciente nerviosismo. También es plausible que la presencia de Benedicto XVI en Cuba después de la celebración de una Conferencia Nacional del PCC (que se dice será en enero de 2012), cuyo proyecto preliminar no ha despertado ninguna perspectiva alentadora, podría acentuar —aunque solo sea por contraste— los ribetes de decrepitud del sistema. De cierta forma e involuntariamente ya el Papa está disputando el escenario al partido único, y ya solo eso es algo bueno.
Sin embargo, hay que reconocer que las expectativas parecen moderadas. Son el resultado de muchas anteriores esperanzas, amores bienintencionados y plazos fallidos.
Por otra parte, algo tan ajeno y absurdo como un Alarcón feliz, o el despliegue de timbiriches y quioscos que su Eminencia criolla y la prensa extranjera perciben como "expansión del sector privado", no parecen ser elementos suficientes para despertar el entusiasmo general. La gente no parece muy impresionada por la inminente presencia de Su Santidad en la primavera de 2012.
Quizás monseñor Ortega y el señor Alarcón tienen detalles del programa de visita que los simples mortales desconocemos y por eso ellos se muestran más vehementes que la gente de la calle. La prensa a veces suele calificar como "opinión pública" el criterio de un puñado de actores sociales de mayor o menor relieve; pero desde que se dio a conocer el tema, a la pregunta sobre qué opinan de la visita del Papa los cubanos de mi barrio, casi todos han respondido con un displicente encogimiento de hombros. Sin embargo, el Papa moverá multitudes, tal como lo hizo en su momento Juanes con su Concierto por la Paz. Este pueblo espera algo, aunque no esté muy claro qué, venga de la música o de Dios.
No comparto ni remotamente las expectativas del opositor Oswaldo Payá, quien considera que la determinación de la oración y la lucha pacífica podrían lograr para la primavera que "su Santidad se encuentre un pueblo libre al que se le respeten sus derechos y que pueda elegir su gobierno democráticamente". Aunque en lo personal comparto esos deseos del señor Payá y me encantaría que tal cosa fuese posible, hasta el momento, y toda vez que en la realidad cubana actual nada apunta a ello, dicho comentario no supera el rótulo de azaroso.
Quizás resulte mucho más realista la posición de Elizardo Sánchez, líder de la Comisión Cubana de Derechos Humanos, cuando considera positivo darle la bienvenida al Papa "porque el pueblo de Cuba se encuentra como al final de un camino y en una verdadera encrucijada, y necesita del mayor acompañamiento posible y ninguno mejor que el de la Iglesia Católica y otras iglesias". En efecto, Cuba hoy parece asfixiada al final de un camino cerrado y la Iglesia Católica es una institución lo suficientemente fuerte, organizada y con un alto grado de representatividad social como para convocar a los cubanos; no ya puramente a la fe religiosa, sino al sentimiento de pertenencia y al interés en emprender la marcha de los cambios verdaderos.
Para lograr esto también las autoridades católicas tendrán que demostrar una voluntad política que no ha acabado de aflorar en toda su potencialidad. Al menos, no visiblemente. Y, a fin de cuentas, si la visita de Juan Pablo II en 1998 marcó el inicio de la reconciliación entre la Iglesia cubana y el poder totalitario ateo, sería de desear que esta segunda visita pontificia marcara el inicio de un  nuevo tipo de vínculo entre la Iglesia y la buena fe que sobrevive en el pueblo cubano, sea católico o no.
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sábado, 19 de noviembre de 2011

La virgencita invisible

Orlando Luis Pardo. DIARIO DE CUBA

La Habana, 19-11-2011. Pobrecita la muñequita de maderamen y oropel, tan zarandeada a lo largo y estrecho de miles y miles de kilómetros. Anoche la vi, en Lawton. Y fue sobrecogedor. Por ella y por lo mortecino del ambiente. Un barrio enrarecido desde el talante de sus ciudadanos hasta el cielo que se comba allá arriba, apuntalado por los postes de luz amarilla pastosa y pobre. La luz y las casas como cuevas. La luz y los rostros como muecas. La luz y la sensación de que ninguna de esas biografías en masa debería llamarse humana, mucho menos de Dios (animalia amorfa, ignorante por desmemoria). La luz que solo brilla en las sirenas de los patrulleros Made in China y en las lentejuelas de la brigada motorizada de tráfico. La luz que solo tiene filo, ya que no fe, en los ojos procaces de tan proactivos de la Seguridad del Estado.

A las siete de la tarde comienza en Cuba la medianoche en el horario de invierno. Al parecer, la gente estaba dispuesta a cantarle las cuarenta a cualquiera, histeria de entretenimiento para recibir por todo lo alto el fin de semana, como si de un concierto de reguetón se tratase (la vestimenta de los jóvenes así lo ratificó). Los autos apenas desaceleraron bajo el semáforo, aunque la esquina de 16 y Dolores era un mar de cuerpos. Oí mujeres mentar la madre de los choferes. Vi golpear los capós (es una escena fetiche del filme Midnight Cowboys). La peste a bronca no diluía, sino que añadió su picantico patrio a nuestro pedestre concepto de devoción. Nos acordamos de la Virgen cuando viene. Es decir, una vez en cada Revolución.

Y, en efecto, en su urna de cristal o acrílico, Pilar de escudo en ristre entre la bandera del Vaticano y el trapo heroico de nuestra nación (sin bucolismos de Byrne en pleno siglo XXI), la anónima María insular bajó al cabo en su automóvil de alquiler, desde la capilla cuidada por las monjitas de calle Concepción, mucho más allá del paradero de Lawton y las líneas férreas sin uso y el río Pastrana ya putrefacto, en esa cabeza de monte subindustrial que invade a la capital desde el mismísimo cordón de La Habana.

Virgen mambisa. El corre-corre. Cláxones, cánticos, aplausos, altoparlantes con prédicas. Una soga para mantener a raya a los fieles. Círculos humanos entrenados en la parroquia, hombres envejecidos y algo enajenados en su jerga cuasi-militar pero de inspiración cristiana, más ropita de los setenta que incluye un cinto "de salir" a la altura del ombligo. Collage al crudo: ¡coopere con el viudo cubano! Es un juego de máscaras donde el Cardenal Jaime Ortega sale debajo de sus propias mangas y camina B arriba hacia la avenida de Porvenir, hasta doblar a la derecha en calle 10. Entonces habla.
Iglesia, Convento de Santa Clara, calle 10, Lwton, La Habana

Nuestro purpurado luce exhausto tras el micrófono. Tampoco nadie le presta demasiada atención (un borrachín le besa la mano y los seguratas devuelven por los aires al devoto súbito hasta su no-lugar en la acera). Y es lógico que la palabra de un anciano no enganche a Cuba esta noche (no la engañe): la súper-estrella es hoy Cachita. Además, Ortega, desde que rebotó por última vez en la televisión cubana, casi sin créditos ni promoción, continúa hablando de Antonio de la Caridad Maceo y Grajales, militar decimonónico que antes de salir a matar prójimos (o hacerse matar por ellos) siempre revisaba tener en su pecho de mulato almidonado una virgencita de noble metal.

Entonces deja de hablar el cabeza de la Iglesia Católica en Cuba. Y por fin es nuestro turno a solas con la barbarie (acéfalocracia). Y un buen baño de vandalismo nos damos. Contra las rejas del templo y escalones arriba, secuencia de cine no silente sino gritón. Cientos, miles. Niñas, ancianos. Un señor, cuya madre me aseguró que recién había infartado. Una señora que alcé de entre la oleada de piernas que la hubiera aplastado (sangraba de las pantorrillas). Y otra vez palabrotas, sandunga sancta. Los clérigos y seminaristas vociferando con una dicción demasiado correcta para ser violenta, casi excomulgando a sus feligreses con sentencias de maestro de escuelita primaria, al estilo de "si no se portan bien, no habrá virgen para nadie en el barrio".

Asistimos a una avalancha de Final de futbol o, por supuesto, a un concierto en CUCs de tipos duros que no entienden con nada. Esa es nuestra materia prima innegable (a golpes de minoría no se puede imponer un mito a perpetuidad, sean los evangelios canónicos o La historia me absolverá). Pero a este decorado le falta la brigada élite de la policía: las tropas especiales para perpetrar la paz de un Período Especial. Es obvio que al Estado cubano le interesa que la Iglesia Católica sepa que tantas procesiones al año más temprano que tarde podrían acarrearle una tragedia (vi varias mujeres, todas negras por cierto, sacadas medio desmayadas hacia destinos disímiles). Que se espachurren un rato en polifonía de quejas y maldiciones. Pero es obvio que lo único que no puede sonar aquí es otro tipo de palabrotas peores.

Libertad, por ejemplo. Justo a la hora en que unos tipos me increpan que por qué todas mis fotos van de picada contra el pugilato popular. Discutimos sobre la pertinencia de la verdad. Les enseño mi pulóver blanco de Laura Pollán Vive. Se arremolinan y se aprestan a rodearme, mientras una mujer trata de distraerme y se desgañita interrogándome en la distancia que para quién trabajo (todos tienen el argot del serial de la contrainteligencia Las Razones de Cuba y también el del bloguerío oficial), pero yo ya estoy dentro del templo y me refugio junto al altar mayor a retratar caras bendecidas por el padre italiano, cuya sonrisa no puedo adjetivar de divina sino de democrática. No por gusto tengo una credencial de trabajo para hacer clic sin que me roben o ripeen la cámara "por error" o por un "golpe de azar".

¿Y la virgen, esa madre de todos los cubanos que es anterior incluso a la Patria? Cada rezo y cada lágrima es acompañado de una foto hecha con celular. La Caridad es así un poco pop ante tanta fruición mediática (Síndrome de Nokiaridad). Su talante luce un tin tímido, a pesar de la piel morena, pulcra y extrovertida, ceciliamente una Valdés. Y, con cierto pudor de palo, diríase que nuestra virgen se esconde islámicamente bajo su manto de reina maga. Tal vez se le dificulte interpretar si hoy la adoran súbditos de Dios o de la Nada. Tal vez Ella sabe más de cuatro cosas para mañana (por eso el rictus triste). Tal vez se siente muy sola, condenada a cargar a ese bebé que no crece de cara a la eternidad.

Pobrecita, tan frágil, rodeada de un holocausto de flores, pétalos con ese olor tan perentoriamente premonitorio a funeraria. Pobrecita, obligada al insomnio de los ventiladores de donación, tapiada bajo esa musiquita falsamente alegre para cuando venga a nos la muerte, azuzada como una prófuga por el intermitente apagón que acecha al convento decomisado como escuela (justo así narra un Estado totalitario: subiendo y bajando el catao central). Pobrecita, tan invisible bajo la mirada codiciosa de la turba, dispuestos a ser maceos a cambio de un milagro de calidad. Pobrecita, mi corazón, tan cubana.

martes, 15 de noviembre de 2011

De camarada a camarada, Espacio Laical, pide al Partido Comunista de Cuba “Rectificar el rumbo”

Mario J. Viera

La propuesta podría ser expuesta por cualquier preocupado camarada por el futuro de la llamada Revolución Cubana. Rectificar el rumbo para garantizar el liderazgo del Partido Comunista, ese es el tema central de la idea encerrada en el último Editorial de la revista católica cubana colocada bajo la égida del Cardenal Jaime Ortega Alamino.
Partiendo del criterio de que en Cuba se han logrado “cambios importantes” como la entrega en usufructo de tierras ociosas y el establecimiento del llamado cuentapropismo, así como el traspaso de la propiedad de los automóviles y las viviendas, Espacio Laical eleva a las instancias superiores del Partido Comunista sus recomendaciones.
Es una falacia considerar como importantes, las tímidas reformas emprendidas por el castrismo para ganar tiempo concretadas en los aspectos que Espacio Laical considera significativos. Estos “cambios” no implican ninguna mejoría en el espectro político y social cubano. El cuentapropismo es un recurso desesperado del gobierno que considera resolver sus problemas con una economía de timbiriches que no genera riquezas ni ocupa un papel destacado en el PIB nacional. Las tierras que por la desidia de la burocracia comunista se mantenían improductivas ha sido otra desesperada maniobra gubernamental intentando que por esfuerzo propio, de campesinos no propietarios de sus parcelas de tierra permitan incrementar en algo las pésimas producciones agrícolas que se habían estado obteniendo.
En Cuba ─ sugiere Espacio Laical ─ hacen falta importantes cambios económicos, sociales, políticos, espirituales y hasta simbólicos”. Estos cambios importantes que según la revista católica deben ser emprendidos se concretan en la “institucionalización de las cooperativas de todo tipo, así como la pequeña y la mediana empresa, con lo que esto implica en materia de mercado, de infraestructura y de finanzas; y la autorización para el desempeño autónomo de las profesiones” lo que por supuesto no incluye una política consecuente de libre mercado y del derecho ciudadano a la propiedad. Reformas estas que no contradicen para nada la filosofía existencial del sistema impuesto en Cuba y que podrían ser consideradas por lo jerarcas gubernamentales sino estuvieran obcecados por su esclerótica mentalidad como medidas dilatorias para su desaparición como poder.
Tal vez lo más osado presente en las recomendaciones de Espacio Laical sea lo relacionado con la promoción del “desempeño de la sociedad civil” y la necesidad de “conseguir la autonomía de las organizaciones sociales, así como la apertura definitiva de nuestros medios masivos de comunicación a la diversidad de criterios de la nación”.
No obstante, Espacio Laical deja dentro del limbo de lo genérico la definición de “organizaciones sociales” que podrían referirse lo mismo a las llamadas organizaciones de masas, CDR, Federación de Mujeres Cubanas, ANAP, Unión de Periodistas Cubanos, CTC, como a organizaciones eclesiásticas. Por otra parte autonomía no implica independencia y el gobierno puede alegar que sus organizaciones de masa son autónomas pues se rigen por sus propios estatutos aunque no independientes del gobierno.
De ningún modo se entiende en lo tocante a la apertura que pide el editorial de “nuestros medios masivos de comunicación” el establecimiento con derechos propios de la prensa independiente y crítica. Solo se pide que la prensa oficialista se abra “a la diversidad de criterios ─ no de opinión ─ de la nación”. Criterio de acuerdo al Diccionario de la Academia de la Lengua significa “juicio o discernimiento” y discernir, simplemente es, “distinguir algo de otra cosa, señalando la diferencia que hay entre ellas. Comúnmente se refiere a operaciones del ánimo”.
Es que Espacio Laical acepta que “cualquier reforma que aspire a trascender tiene que pasar por la innovación política”, que “comienza por el PCC, organización llamada a liderar los cambios que hemos de realizar”. Reconocimiento y acatamiento implícitos del artículo 5 de la Constitución totalitaria que establece al PCC como la “vanguardia organizada marxista-leninista de la clase obrera, es la fuerza dirigente de la sociedad y del Estado, que organiza y orienta los esfuerzos comunes hacia los altos fines de la construcción del socialismo y el avance hacia la sociedad comunista”.
Y reclama Espacio Laical “una reestructuración de los mecanismos del poder popular, para que cada una de las instituciones del poder público posea la autoridad que le corresponda y radique en el pueblo, de forma cada vez más efectiva, la soberanía del país; así como la renovación del Partido Comunista de Cuba (PCC) y el replanteamiento de su relación con la sociedad, el Estado y el gobierno”.
Reestructuración no supresión de los llamados órganos del poder popular y renovación del PCC sin dejar de ser la fuerza dirigente de la sociedad y del Estado, salvar su continuidad mediante su renovación como “último momento de la llamada generación histórica” según lo enfoca Espacio Laical, para aportar cambios sustanciales y convocar al pueblo a realizarlos” no vaya a ser “que otros, más adelante, sean quienes los lleven a cabo”. ¿A cuáles otros se refiere Espacio Laical? Saque Ud. sus propias conclusiones.
En conclusión, de camaradas a camaradas, Espacio Laical ha expresado su concepto de rectificar el rumbo.

El Papa, el cardenal y Cuba

Guillermo Descalzi. EL NUEVO HERALD.
Benedicto XVI y Jaime Ortega

El Vaticano considera un viaje papal a Cuba. Va a ser una papa caliente para el sucesor de San Pedro. Los evangelios narran como Jesús hizo de Simón la piedra angular de su iglesia, y a partir de entonces se le llamó Pedro. Fue y es piedra angular de una iglesia de solidez pétrea y corazón humano. Sus sucesores no siempre han estado a su altura. Varios salieron al revés, con cimientos de carne y corazones de piedra. También los ha habido, como Juan Pablo II, de gran solidez doctrinaria y enorme corazón. El corazón de piedra surge de cuando en cuando en todos lados y todas las religiones. Cuando surge en la jerarquía católica la iglesia pierde fundamento. Eso podría pasar en La Habana. El Papa debiese hacer en Cuba como Cristo hizo en sus días sobre la tierra, abrazando a los rechazados, echando fuera del entorno del eterno a los mercaderes de lo temporal arrimados al templo. Ojalá Benedicto XVI haga así en Cuba, a donde llegaría en peregrinación del cuarto centenario de la Virgen de la Caridad del Cobre.
Raúl Castro y Jaime Ortega

Quizás aproveche su probable peregrinación para acercarse al pueblo rechazado en esa isla de excluidos, y denuncie allí a los mercaderes del poder mundano. La verdad es que posiblemente no ocurra así. El primado de la iglesia en la isla, Jaime Ortega y Alamino, más que abrazar a los rechazados parece contemporizar con los mercaderes del poder entre los incluidos del gobierno. Primero en la atención cardenalicia debiesen estar los rechazados, no los incluidos, pero el incluido número uno de la Iglesia Católica en Cuba parece ser el propio cardenal. Aparenta tanta felicidad por estar logrando la inclusión de su iglesia entre los aceptados del régimen, que quizás sea cierto que está feliz. Está bien que sea así, y también que el Papa vaya allá, pero que eso no sea lo único que hagan. Estaría bien que además el Papa en su visita se distancie de los incluidos en el círculo del poder arrimados a la Iglesia en la isla. Lo triste es que su propio representante, el cardenal, es nada menos que uno de los principales incluidos del régimen. Al cardenal lo incluyen, y él usa su inclusión. Pensará que así mejora la vida de su feligresía. Su trayectoria reciente indica lo contrario. En vez de echar a los mercaderes del poder y abrazar a los rechazados, el cardenal Ortega lo que ha hecho es colaborar en la reciente deportación de presos y familiares de activistas de la primavera negra, intercambiando su cárcel por el exilio. La sola presencia del cardenal entre los incluidos del régimen hace que la proyectada visita papal, si llega a darse, pueda y vaya a ser utilizada por el gobierno como herramienta para darse legitimidad.

La visita papal, si se da, será muy delicada para Benedicto. Podría encontrarse en Cuba con una papa tan caliente que podría salir quemado. Una cosa es que vaya a atender a su feligresía católica y otra que se deje guiar, para esa atención, por el incluido número uno de su iglesia cubana, el cardenal. La jerarquía católica de Cuba, gracias a las labores de monseñor, goza de extraordinario acceso al gobierno comunista. Quizás debiera decirse al revés, que el gobierno comunista goza de extraordinario acceso a la Iglesia a través del cardenal Ortega. La jerarquía dirigida por Ortega y Alamino goza de tanta aceptación en el gobierno que solo caben dos explicaciones para ello. Una, que el gobierno esté utilizando a Ortega, y la otra que Ortega crea que con su actuación él influye en el gobierno. La verdad es fácil de dirimirse.

Si Ortega defendiera verdaderamente a los humildes y humillados, andaría con ellos. Se mezclaría con ellos, no con funcionarios de guayabera planchada o uniforme militar.

Que marche con las Damas de Blanco, que llegue a las puertas mismas del oficialismo para denunciar a los mercaderes del poder que en nombre del pueblo mantienen a los humildes en la más abyecta humillación. Imaginen al cardenal hermanado con los presos y los angustiados en esa isla de celdas públicas y angustias calladas. Sería muy digno.

Recuerdo mi visita a La Habana. La familia de Teresita Rodríguez, presentadora de Univisión, me invitó a la casa que compartía con otros que el régimen había colocado en su vivienda. Había dignidad en esa familia católica que, como tantísimas otras, debe estar harta de la sinuosidad serpentina de ciertos personajes.

Benedicto XVI parece alistarse para viajar allá. De piedra deben ser sus cimientos, y de carne su corazón, para darse cuenta de lo que ocurre, aunque le ocasione tristeza en el alma y pena en su corazón.

En Cuba hay que andar con cuidado. Allí las papas queman.

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lunes, 14 de noviembre de 2011

Otro Papa, ¿otra Cuba?

Alejando Armengol. EL NUEVO HERALD
Juan Pablo II a su llegada a Cuba recibe bienvenida de Fidel Castro

No será un viaje marcado por la expectación. Si se realiza la visita anunciada del papa Benedicto XVI a Cuba, en la primavera de 2012, las circunstancias y los protagonistas serán diferentes a lo ocurrido la tarde del 21 de enero de 1998, en que Juan Pablo II besó el suelo cubano e inició su encuentro con una población que por casi cuatro décadas había escuchado repetir que “la religión es el opio de los pueblos”.
No se trataba de un pontífice cualquiera. El que llegaba a la isla era un sacerdote nacido y criado bajo un régimen comunista, acompañado de la aureola de ser uno de protagonistas –para muchos, el principal protagonista– del desmoronamiento de ese sistema en buena parte del mundo. Un enemigo ideológico de primer orden para Fidel Castro y un hábil comunicador. Cuando Juan Pablo II tomó el avión de regreso a su patria, el cubano comenzó a convencerse de lo que había sospechado desde que se anunció el viaje: que durante unos días había vivido en un paréntesis.
La intención del Papa no fue nunca abrir un paréntesis, sino sentar las bases de una transformación mayor, que aún no se ha producido en Cuba. Sin embargo, la afirmación de que la Cuba que visitará Benedicto XVI es la misma que conoció Juan Pablo II, a partir de que continúa el régimen de los hermanos Castro y la falta de democracia en la isla, encierra varias limitaciones. No sólo en cuanto a la existencia de un gran número de transformaciones –muchas de ellas realizadas en última instancia y a regañadientes por parte del gobierno– ocurridas en los últimos años, sino también en lo relativo a los objetivos de la visita para la Iglesia. Si bien, de producirse este encuentro, será de más pompa y menos circunstancia, no se puede obviar que tiene el objetivo fundamental de apoyar y reforzar el papel de esta institución en la nación cubana. En este sentido, cabe afirmar que de forma pausada y más o menos directa, la Iglesia Católica le está ganando la batalla a lo que algunos aún se empeñan en llamar o considerar como socialismo cubano
El viaje del Juan Pablo II a Cuba fue un triunfo para el régimen castrista, si se analizan sólo las consecuencias inmediatas. No hubo manifestaciones en contra del gobierno, se evitaron casi completamente las confrontaciones directas y el Pontífice no presentó el rostro enojado que caracterizó a su encuentro con los sandinistas en Nicaragua. Castro ganó legitimidad en un momento difícil de su carrera política. La estrategia de Fidel Castro se fundamentó no sólo en su habilidad política y en una operación policial discreta pero efectiva. Por una parte explotó las características del catolicismo de los cubanos. Por la otra aplicó con rigor la política represiva de no infundir terror más allá de lo necesario, pero no permitir ni por un momento que se olvidara el miedo. Ambos aspectos constituyen, entonces y ahora, el principal campo de batalla entre el Vaticano y La Habana, además de las divergencias ideológicas. Controlar la razón o la sinrazón del temor y el porqué de éste.

La principal fuerza de la Iglesia Católica en Cuba, antes del triunfo de la revolución, era institucional. Una organización que, desde el punto de vista jerárquico, arrastraba el pecado original de su asociación con el poder colonial español. Aunque hubo curas mambises, la Iglesia –en tanto que organización social– se asociaba con las ideas políticas conservadoras y se percibía situada de parte de los poderes dominantes. El padre Félix Varela no ejemplificaba a la institución como un todo. Aunque en diferentes momentos de la historia cubana, la Iglesia trató de ejercer una función mediadora en los conflictos políticos y sociales, siempre le faltó capacidad de movilización popular e influencia decisiva, así como voluntad para que esta mediación resultara más efectiva. Es precisamente esta función la que Fidel Castro siempre se mantuvo renuente a facilitarle, y que ahora se ha visto ampliada muy ligeramente, bajo el gobierno de Raúl Castro.
A finales de la década de los sesenta, tanto la Iglesia como el gobierno iniciaron una reorientación encaminada a establecer una mejor comunicación.. De la confrontación se pasó a la búsqueda de una participación activa, pero limitada, de la Iglesia dentro de la sociedad cubana. Ampliar esta participación, desde el punto de vista institucional, fue uno de los objetivos de Juan Pablo II durante su visita. Lo logró en cierta forma. No sólo con gestos visibles, como el regreso del feriado de La Navidad a la isla, sino fundamentalmente con el apoyo del Vaticano a una Iglesia nacional que continúa su labor en condiciones difíciles.
Si el gobierno de los hermanos Castro no ha permitido un mayor aumento del papel institucional de la Iglesia en la isla, es porque sabe que la percepción que en la actualidad tiene el cubano sobre ésta es diferente a la existente con anterioridad. La Iglesia ya no se asocia con el poder sino con una alternativa a ese poder. Benedicto XVI viajará a Cuba con un interés más visible en reforzar esa función institucional de la Iglesia y no con una marcada agenda social y mucho menos política. Pero la Iglesia Católica lleva muchos siglos practicando el principio de que no sólo las guerras, sino las instituciones caritativas, religiosas y humanitarias son también la política por otros medios.
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sábado, 12 de noviembre de 2011

SS Benedicto XVI, si quiere, quédese en Roma.

Mario J. Viera

Para lo que va a dejar de fructífero en Cuba la visita del Sumo Pontífice católico, mejor sería que se quedara en Roma o continuara viaje a México. Y aunque según Radio Martí, los opositores cubanos han puesto sus esperanzas en que, con la anunciada visita papal acaben las tribulaciones del pueblo y cese la represión contra los opositores, la realidad se concretará solo en unos simples homenajes oficiales, alguna misa oficiada en alguna plaza y... ¡Hasta luego, gracias por su visita!
¿Quién saldrá ganando con la añorada visita pontificia? De seguro que no será el pobre, el desdichado, el sacudido, el infeliz Liborio; para Liborio se tratará de un entretenimiento que le permitirá disfrutar el gobierno por unos pocos días para variar un poco la monotonía de cada día marcada por lo mismo con lo mismo de siempre y las consignas aburridas y ya cansonas.
Raúl Castro le hará un guiño de ojos al cardenal Jaime Ortega por la ayudita que le diera con el asunto de las liberaciones de los presos políticos y su posterior envío al destierro. Favor con favor se paga. Ganará Ortega que ante el mundo de la cristiandad católica aparecerá como el que rompiera el hielo de la indiferencia ateísta de Cuba en una nueva campaña evangelizadora. Y, por supuesto, ya el vejestorio que gobierna (es un decir) en Cuba se está frotando las manos haciendo cálculos y sopesando los beneficios que le reportará la visita papal. Quizá puedan obtener que el Papa haga una petición por la liberación de los cinco sicarios, digo, héroes de pacotilla del régimen y reclame el levantamiento del embargo.
Quizá se les permita a las Damas de Blanco asistir a las celebraciones eclesiásticas por unos días, quizá no. Quizá por esos días se suspendan, provisionalmente, los actos de repudio y no se regalen toletazos a los opositores, solo quizá.
El Santo Padre no hace milagros. Su visita no traerá los cambios que solo pueden conseguir los cubanos el día que la Plaza de la Revolución se convierta en Plaza de la Protesta.
Ahora no habrá un obispo Pedro Meurice diciéndole a Juan Pablo II: “Le presento además, a un número creciente de cubanos que han confundido la Patria con un partido, la nación con el proceso histórico que hemos vivido en las últimas décadas, y la cultura con una ideología”. No habrá sorpresa, todo está preparado para evitar cualquier peligrosa improvisación.
Benedicto XVI no es Juan Pablo II, no tiene esa fuerza evangelizadora que adornaba al Papa polaco, ni el carisma personal de aquél. No pronunciará como Juan Pablo II, dándole fuerza a su voz debilitada por la enfermedad, aquella frase de Jesús que proclamaba “No tengan miedo”.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Prudencia extrema

En el espacio alcanzado hasta hoy por la Iglesia  no aparecen las huellas del coraje, salvo aisladas actitudes que no son apoyadas por los altos niveles de la institución.
Jorge Olivera Castillo

LA HABANA, Cuba, octubre, www.cubanet.org -¿Puede hacer algo más la iglesia católica cubana ante la codificación del puñetazo vil, las patadas en serie, los bestiales empellones y el vocerío que reparte groserías a granel?
Esa son las entregas que hace, semana tras semana, la tropa convocada por la policía política para apolismar a los ciudadanos que exigen, en las calles, un mínimo respeto a los Derechos Humanos.
La petición de algunos prelados y laicos de detener los abusos, se pierde ante la indiferencia. No hay posibilidades de reducir los riesgos de muertes o graves secuelas por la proliferación de esas coreografías del odio.
Entre los ecos de las tibias denuncias, realizadas por algunas de las autoridades eclesiásticas, continúa el ciclo de salvajismo. Nada detiene la orden que avala estas acciones para las que no faltan esbirros, capaces de actuar con una impresionante eficiencia.
Al valorar la posición de la iglesia católica local, sin dudas la más influyente dentro de las instituciones religiosas a nivel mundial, hay que mencionar su volubilidad milimétricamente ajustada a las circunstancias. Es decir que salvo discretas acciones de carácter humanitario junto a los rituales, puertas adentro; la iglesia no ha asumido todo el papel que le corresponde en áreas sensibles de la sociedad.
En ocasiones, no ha faltado el sobredimensionamiento de su autoridad que no pasa de ser simbólica y constreñida al interior de los templos.
En el proceso de “excarcelación” de varias decenas de prisioneros del Grupo de los 75, ocurrido entre los años 2009 y 2010, que tuvo más cercanías con el destierro que con una liberación incondicional, las máximas autoridades católicas no estuvieron a la altura que demandaba el momento.
Más que un rol protagónico en este asunto de trascendencia internacional, la iglesia fue una pieza utilizada por el régimen, en la compensación de las cuotas de legitimidad perdidas, al poner tras las rejas a estas personas, en aquella aciaga primavera de 2003.
El Cardenal cubano Jaime Ortega por un lado y el ex canciller español Miguel Ángel Moratinos por otro, conformaron la tríada, junto a representantes del gobierno, para llevar a cabo una jugada favorable a estos últimos.
En la actualidad, la Iglesia católica nacional se abstiene de una mayor beligerancia en un clima donde el terror y la impunidad siguen dictando las pautas.
En el espacio alcanzado hasta hoy por la Iglesia  no aparecen las huellas del coraje, salvo aisladas actitudes que no son apoyadas por los altos niveles de de la institución.
Unos podrían llamarlo acomodo, los más radicales traición. Calificaciones aparte, es obvio que la iglesia teme implicarse demasiado en asuntos que disgusten  a la nomenclatura.
Hay castigos para todos, no importa el rango ni la edad. Basta que crucen la invisible raya de la tolerancia. El Cardenal y la mayoría de los obispos y sacerdotes lo saben muy bien.