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viernes, 3 de septiembre de 2021

NACER O NO NACER, EL TEMA DEL DERECHO AL ABORTO

Mario J. Viera


 

Existo, soy ser humano, persona, porque mi madre decidió parirme. Pudo haber optado por interrumpir el embarazo, pero ella no lo hizo. No recurrió al aborto, porque yo era el hijo que deseaba tener, un hijo deseado. Entonces nací… Sin embargo, nací con llanto retenido, no respiraba y pude dejar de ser persona en ese mismo instante, si mi madre no hubiera exigido que me atendieran, a mí primero, luego a ella. Nací en la casa; el parto de mi madre fue atendido por una partera tradicional, una de las denominadas como “recogedoras”, una de tantas que auxiliaban a mujeres de bajos recursos a parir.

 

Yo, recién nacido, fui echado a un lado. Entonces gritó mi madre: “¿Por qué no llora el niño…?” Y exigió: “Si no lo atienden me tiro de la cama”. Por suerte, aquella recogedora o partera era una enfermera, y comenzó a darme masajes de revivida. Al rato, solté el llanto; y ahora soy persona y he podido vivir unas cuantas décadas.

 

Pero mi madre pudo haber elegido no parirme. Habría sido su decisión. Digan lo que digan, solo era en su vientre un feto, no una persona, no respiraba dentro del líquido amniótico donde me iba formando. Respiré, tuve el aliento de vida luego de nacer y ser revivido. Mis pulmones se llenaron de aire y, entonces, solo entonces, fui y he sido.

 

En Cuba, entonces, 1939, el aborto era ilegal, a pesar de ello, se producían abortos. Muchas mujeres recurrían a los “curetajes” o el uso de menjurjes y brebajes herbales, que, en muchas ocasiones ponían en peligro la vida de la parturienta. No faltaron casos de hijos no deseados cuando la madre paría en cualquier sitio y abandonaban al recién nacido en cualquier lugar, lo que sí constituía el asesinato de un ser vivo, de una persona con aliento vital. Otras mujeres depositaban al recién nacido en el torno de la Casa Cuna de La Habana, motivadas por la pobreza o por no sentirse preparadas para ser madres. Y ¡claro está! Muchas parían una y otra vez, sobre todo en las zonas rurales, condenándose ellas y sus hijos a una vida de miserias.

 

Digan lo que quieran decir o alegar los partidarios del movimiento pro-vida, solo la vida viable es vida. Un feto no tiene la garantía de la viabilidad; no la tiene en el seno materno, ni la tiene garantizada en el momento del parto. Mi esposa tuvo dos partos llevados a término y los dos se perdieron, por muerte fetal; no obstante, a que durante todo el proceso de embarazo, ambos fetos mostraban signos de viabilidad. No, no importa que en el feto existan latidos del corazón, todavía no ha llegado a la vida; todavía no tiene asegurada la existencia. La vida comienza en el mismo instante cuando un recién nacido respira.

 

Según datos estadísticos, la muerte fetal afecta aproximadamente al 1 % de todos los embarazos, y cada año alrededor de 24 000 bebés nacen sin vida en los Estados Unidos; alrededor de 7.300 bebés mueren cada día en las últimas etapas del embarazo.

 

Para el doctor Andrés de Francisco, coordinador de estrategias de la Alianza para la Salud de la Madre, el Recién Nacido y el Niño, un parto muerto “es cuando la muerte del niño ocurre entre las 22 semanas del embarazo y el momento del nacimiento. Quizás lo más significativo es que muchas veces no se sabe que el niño ha muerto sino hasta el momento en el que nace. Por eso la definición es básicamente un niño que nace y que no respira", así lo expresó a BBC (13 de abril de 2011)

 

La propia naturaleza, en muchísimas ocasiones, es, de algún modo, pro-elección, sin seguir los preceptos moralistas de los pro-vida.

 

La Declaración Universal de los Derechos Humanos, declara en su Artículo 1: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros”. El ser humano NACE libre; el ser humano, está dotado de RAZON Y CONCIENCIA. Este documento de derechos ampara a todo ser nacido que posee razón y conciencia. Por supuesto no se puede acudir a la Declaración de la ONU para reconocer derechos a un ser no nacido carente de razón y conciencia. El amparo está concedido a todos los individuos, a los seres nacidos, los cuales tienen “derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona” (Art. 2)

 

Dentro de este contexto, preguntemos ¿Tiene la mujer el derecho a decidir sobre su cuerpo? Libertad es el derecho de decidir sobre uno mismo, siempre que no afecte el derecho de otros a elegir y decidir. Sí, la mujer tiene ese derecho. ¿La decisión de interrumpir un embarazo no deseado se trata de un tema ético? En principio se trata de un tema enmarcado dentro de los principios de la ética sin que, de ninguna manera sea inmoral; como no es inmoral la concertación de una pareja de igual sexo para unirse en matrimonio. Es que nadie será objeto de injerencias arbitrarias en su vida privada, su familia, su domicilio o su correspondencia, ni de ataques a su honra o a su reputación, (Art. 12 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos).

 

Muy a propósito voy a reproducir el texto del Art. 18 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos: “Toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia”. Implícitamente en este artículo está el no derecho de algunos de imponer a otros sus convicciones religiosas.

 

Y son interpretaciones peregrinas que aducen algunos que se denominan cristianos y seguidores de los mandatos de Dios y se proclaman portadores de la Voz Divina, para exigir, EN NOMBRE DE DIOS que se criminalice el derecho de la mujer a interrumpir un embarazo que no desea. Afirman que el aborto es pecado, casi abominación de Dios, basándose en algún que otro versículo de la Biblia, tan generalizados, que admiten amplísimas interpretaciones. Según la Biblia, Dios dio el encargo a los seres humanos de crecer y multiplicarse, lo que hace aparecer como obvio que Dios no admite interrupciones del embarazo, por aquello de “reproducirse”. Según también en la Biblia en el versículo 13 de Salmos 139, David aseguró: “Porque tú formaste mis entrañas; me hiciste en el seno de mi madre”, algo que puede aceptarse como una licencia literaria, pero también, se puede llegar, por vericuetos retóricos, a la conclusión de que el feto es obra de Dios y por lo tanto, intocable. Está bien, pero en Génesis 2:7 se dice: “Entonces el Señor Dios formó del polvo de la tierra, y SOPLO en su nariz el ALIENTO DE VIDA, y fue el hombre un ser viviente”. Es decir, el hombre es SER VIVIENTE cuando respira con sus pulmones. Este concepto de ser viviente se amplía en Job 33:4: “El Espíritu de Dios me ha hecho, y el aliento del Todopoderoso me da vida. El aliento da vida. La vida según estos versículos se inicia, no en el seno natal, en el aliento vital, Y la vida de ese ser viviente es, según la Biblia, la que Dios protege.  Génesis 9:5-6: “El que derrame sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada, porque a imagen de Dios hizo El al hombre”.

 

Personalmente, preferiría que ninguna mujer recurriera a la interrupción del embarazo, pero. ¿quién soy yo para aconsejar tal cosa? En definitiva, me acojo a la respuesta que Jen Psaki, la portavoz de la Casa Blanca le espetara a un periodista de los pro-vida que cuestionaba el apoyo de Biden al derecho de elección de la mujer: “Sé que usted nunca ha afrontado esa elección ni ha estado nunca embarazado, pero para las mujeres ahí afuera que hacen frente a esa elección es algo increíblemente difícil y el presidente opina que sus derechos deben respetarse”.


¿Cuestión ética? Sean pues, los clamorosos defensores de la palabra de Dios, como ellos la interpretan, consejeros de las mujeres, traten de convencerlas de que deben renunciar al embarazo, si tan antiético ellos lo consideran y no promuevan campañas entre los políticos ultraconservadores para adelantar legislaciones que criminalizan un derecho que solo a las mujeres corresponde.