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| Caricatura de El Nuevo Herald |
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viernes, 18 de octubre de 2013
sábado, 5 de octubre de 2013
Del Bogotazo al Té-tazo
José Manuel Pallí, Esq. DIARIO LAS AMERICAS
En abril de este año 2013, los
colombianos recordaron con recogimiento y reflexión el 65º aniversario del
magnicidio de Jorge Eliécer Gaitán, brillante orador y líder del Partido
Liberal.
Más allá de la asignación de
responsabilidades por la autoría de aquel hecho de violencia política (que si
lo mató la CIA, o si el asesinato fue obra de los conservadores, o bien de los
comunistas colombianos…), lo cierto es que la muerte de Gaitán acentuó la
polarización que ya por entonces existía en la sociedad colombiana, y encaminó
a Colombia por un triste camino que, sólo en fechas recientes y con titánico
esfuerzo, han podido los colombianos comenzar a desandar.
En los Estados Unidos no somos ajenos
a los hechos de violencia política, claro. Y la proliferación de todo tipo de
armamento en nuestras calles nos debiera llamar a sosiego ante el grado de
inquina que está alcanzando entre nosotros la polarización, que ya se acerca
peligrosamente a ser tan profunda y divisiva como lo es en las sociedades más
polarizadas del planeta.
Los hechos que hemos vivido en estos
días en nuestro país, si bien la sangre todavía no ha llegado al río,
constituyen un atentado de magnicidio, no ya contra un individuo, ni contra un
grupo en particular, ni siquiera en contra (o en defensa) de una ideología en
particular ─ es difícil encontrar el menor vestigio de ideología alguna en el
conjunto de eslóganes, uno más necio que el otro, que repiten como loros los
responsables del Té-tazo por el que atravesamos ─ sino contra toda una
estructura institucional.
Una estructura, que durante muchos
años, evitó en los Estados Unidos la ocurrencia de Bogotazos, Caracazos, o
incluso manifestaciones algo más benignas del disgusto popular como la toma de
las calles en forma masiva por ciudadanos indignados ante la insensibilidad y negligencia
de sus gobernantes.
Una estructura que nos ha dado, hasta
ahora, la autoridad moral para señalar las deficiencias de quienes padecían la
ausencia de un marco institucional como el nuestro y, en muchos casos, nos lo
envidiaban.
Una estructura que hemos descuidado
irresponsablemente a partir de nuestra indiferencia ante quienes con absoluto
descaro han puesto ese marco institucional al servicio del mejor postor.
Nuestras leyes son hoy en día poco más que el reflejo de un sinnúmero de
intereses sectoriales, representados por cabilderos irresponsables que sólo
responden a quienes les pagan por hacer su “trabajo legislativo” y a quienes
poco les interesan las consecuencias de las leyes que ellos mismos hacen,
mientras les permitan llenarse sus bolsillos de dinero.
Que alguien de la insignificancia
hasta ayer de Ted Cruz ─ empeñado en convertirse en Tom Cruise a fuerza de
llevar hasta sus últimas consecuencias su “Misión
Imposible” ─ se haya convertido en el eje sobre el que gira la primera
potencia del mundo, al punto de transformarse en líder “de facto” de la Cámara
de Representantes (por “default”, es cierto, del cabeza hueca que ostenta ese
cargo) nos debiera preocupar especialmente a los cubanos, o cubanoamericanos.
Y es que algunos de nuestros políticos
más exitosos ─ y comparto el orgullo de muchos cubanos por el éxito que ha
tenido nuestra comunidad al generarlos ─ se acercan cada vez más a la parodia.
Me imagino que un buen amigo mío describiría a Tom (quiero decir Ted) como un
ejemplar de lo que considera un “racionalmente
egoísta homo politicus cubanusamericanus”, aunque lo de racional le queda
grande al Sr. Cruise (sorry, Cruz). Pero el daño que le hizo a la imagen de los
cubanos el mal llevado affaire de Elián González nos va a parecer cosa de niños
comparado con el que puede hacerle este niño malcriado.
En España dicen aquello de que “lo que natura non da, Salamanca non presta”.
El Senador por Texas (y por Canadá: gracias, Señor, por no sobrecargar esta vez
a tu pueblo elegido de Miami) puede haber pasado por las mejores universidades
de este país, pero es evidente que se saltó el kindergarten, en donde, según
reza el título de un “best-seller” de no hace mucho tiempo, uno aprende todo lo
que necesita saber en la vida.
Al lado de Tom (sorry, quise decir
Ted) hasta Nicolás Maduro parece un “frat-boy” de Princeton. ¿Habrán estudiado
juntos? Lo que me queda claro es que tanto Nick como Ted son igual de
inmaduros…
jueves, 3 de octubre de 2013
La oposición desleal
Uva de Aragón. DIARIO LAS AMERICAS
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| Foto AFP |
Son verdades de Perogrullo. La
democracia es un pacto social entre gobernantes y electores. También entre
partidos. Por eso cuando un candidato gana, el perdedor lo felicita y regresa a
casita. La vida del país continúa su curso.
Uno de los principios esenciales de la
política en Estados Unidos durante más de dos siglos ha sido “to compromise”; es decir, llegar a
acuerdos, negociar. Es la regla del juego.
Existe otra norma básica: la oposición
debe ser leal. Es decir, jamás coloca sus intereses particulares por encima del
bienestar de la sociedad. Desde hace ya varios años, este pacto se está
quebrando. Las raíces del mal quizás sean más antiguas, pero se han hecho muy
obvias en los últimos años con los ataques tan atroces contra el presidente
Barack Obama, electo y reelecto por los votantes.
No es cuestión en estos momentos de
discutir los logros o fracasos de su gestión, sino de señalar que muchos han
perdido el respeto al cargo del Presidente, independientemente de quien lo
ocupe. No es buena señal. El largo discurso de Ted Cruz recientemente y el
cierre del Gobierno porque el Tea Party desea impedir que se implemente la ley
de salud asequible, conocida como Obamacare, es un triste ejemplo del resquebrajamiento
del pacto social.
Las tácticas de Cruz y sus compinches
son una muestra clara de oposición desleal. El señor Cruz miente. Incluso
miembros de su propio partido han señalado, que aunque quisieran, el hecho de
no aprobar la extensión del presupuesto y de cerrar el Gobierno, como han
hecho, no impediría la implementación del Obamacare, que está financiado en
gran parte por fondos que el Congreso está obligado a gastar. Así se ha
comprobado ya, pues la ley ha entrado en vigor. O sea, el Tea Party mantiene al
país secuestrado para obligar al presidente Obama a cambiar una ley que no les
gusta, pese a que fue aprobada por el Congreso, y declarada constitucional por
el Tribunal Supremo.
El presidente Obama y el líder de la
mayoría del Senado Harry Reid (D-Nevada) no son culpables de que el Gobierno
haya cerrado. Hacen bien en no aceptar el chantaje. Sería un precedente
peligroso. Muchos republicanos dicen medias verdades, casi peores que las
mentiras. Aseguran que las personas no encuentran trabajo porque los negocios
no quieren pagarles el seguro médico que ahora estarían obligados a ofrecer si
tienen más de 50 empleados a tiempo completo. Es cierto. Lo que no dicen es que
muchos de estos negocios tienen ganancias millonarias y no desean disminuirlas.
Es la avaricia lo que prevalece.
La oposición desleal oculta verdades,
como los beneficios del Obamacare, pues muchos podrán recibir cuidados de salud
pese a condiciones médicas previas, tendrán oportunidad de mantener a los hijos
en sus pólizas hasta los 26 años y no perderán su cobertura si sufren una
enfermedad catastrófica. Además, habrá pólizas a precios razonables, con lo
cual los ciudadanos tendrán acceso a medicina preventiva, una ventaja
individual y colectiva.
Me parecería más sensato aceptar una
ley que ya ha entrado en vigor y ayudar a ajustar sus aspectos negativos, que
poner la nación al borde del precipicio, como han hecho. Cuando se aprobó el
Seguro Social y años después el Medicare ─ ambos durante administraciones
demócratas ─ muchos pusieron el grito en el cielo. Quisiera que los lectores de
esta columna se preguntaran a sí mismos, si estos programas, pese a sus fallos,
no los han beneficiado a ellos o a sus padres.
Hay más. El efecto del cierre del
Gobierno no sólo perjudicará a los empleados federales y a los que reciben sus
servicios, sino que va a tener un impacto inmediato y dañino en la Bolsa de
valores, y en las cuentas de IRA de muchos retirados, ahora que el mercado
comienza a recuperarse. En realidad, las pérdidas económicas son billonarias.
Es otro de los males provocados por la oposición desleal.
Irónicamente, no creo que sean los
ciudadanos promedios ─ que en su inmensa mayoría desaprueban el desempeño del
Congreso ─ ni la prensa ni el presidente Obama ni los demócratas quienes pongan
freno a la irresponsabilidad alarmante del Tea Party y sus representantes en la
Cámara. La presión vendrá de las instituciones financieras, los bancos, Wall
Street, que a su vez la recibirán de China y Japón. A estos países poco les
importa Obamacare, pero tienen un gran interés en mantener la estabilidad
económica y social de los Estados Unidos. Nadie más asustadizo que un
inversionista. Si son inteligentes, el Tea Party, Ted Cruz y compañía les
pondrán los pelos de punta.
miércoles, 2 de octubre de 2013
Crisis de la verdad acomodada
Guillermo Descalzi. EL NUEVO HERALD
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| Ted Cruz y Boehner (Daily Kos)
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Entre un megalómano, Cruz, y un
incapaz, Boehner, nos están llevando al abismo más profundo del mar de la
iniquidad política.
Vamos de lo ridículo a lo patético, de
crisis en crisis, y si no hay crisis el Congreso no se mueve. Esta es una
crisis republicana que quieren presentar como carga demócrata. Eso no va a
funcionar. Todo el mundo sabe donde está la intransigencia, cuál es el partido
del no, quién es la madre del cordero.
Recuerdo cuando los fundadores del
Noticiero Nacional SIN, la hoy Univisión, llegamos a Washington. Fue el día de
la inauguración de Ronald Reagan. Llegamos con camisetas negras de SIN, la
Spanish International Network. Decían SIN ON THE HILL, pecado en la colina, la
del Capitolio. Estaba vivo el recuerdo de Wilbur Mills, poderoso chairman del House Ways and Means Committee,
que se metió con ropa y todo a la laguna del monumento a Jefferson tras una
stripper argentina conocida como Fanne Fox, Zorra Divertida. Fue ridículo.
Nuestras camisetas de ‘Sin on the Hill’ volaron. Hoy llevaríamos camisetitas
con ‘El Inca en la Colina’, donde el Inca es John Boehner, “speaker” de la Cámara de Representantes,
Inca por incapaz y “speaker” entre comillas porque por su boca no habla él. Es
patético. Hemos ido de lo ridículo a lo patético. ¿Y lo digno? Sorry, esto no
es lo bueno, lo malo y lo feo. Aquí hay solo lo malo y lo feo.
Del sumo sacerdote de Tonatiuh, Sol
Azteca, se decía que “por su boca habla el espíritu”. ¿Qué espíritu habla por
la de Boehner? Hoy por hoy es el de la megalomanía en Ted Cruz, ídolo de jour
de la derecha folklórica y nativa, colorida y simple, lo cual estaría bien si
Ted estuviese para entretenerla, pero está para absorberla. Absorbe su espíritu
de conservadorismo digno y lo suelta en torrentes de rechazo por boca de nuestro
speaker, el Inca Boehner.
Este era, fue, el país de la
democracia que funciona. Lo volverá a ser. Esto es cíclico, pero por el momento
y en algún momento, es difícil precisar cuándo pasamos a ser un país donde la
democracia dejó de funcionar. Ganase quien ganara, éramos americanos y quienes
no ganaban apoyaban al ganador. El concepto de la oposición leal iba más allá
de lo teórico. Era una oposición funcional, constructiva, que en lo más duro
arrimaba el hombro.
La ley del Obamacare ganó, pasó, y fue
validada por la Corte Suprema. Cruz incita a romper la ley, esa ley, ya
aprobada, dirimida y juzgada. ¿Puede alguien decir que Cruz, con el torrente
que lanza por boca de Boehner, sea leal y constructivo, funcional en su
oposición?
Quienes me conocen saben que no soy
fanático. Hay mucho que critico en Obama, pero soy constructivo y leal en mi
crítica, no a él, a nuestro sistema de gobierno, leal a nuestra constitución,
al país, a nuestra sociedad y valores.
Torcer la verdad es patético. Hay que
ser leales a partido y causa, sí, leales al movimiento y principios con los que
uno se identifique, sí, pero primero hay que ser leales a la verdad y la
decencia. En un llamado de atención al entonces senador Joseph McCarthy, le
preguntaron: “ Have you no sense of
decency?” ¿No tiene sentido de decencia? Los que hoy siguen a Cruz
necesitan preguntarle lo mismo. Su decencia debiese condicionar el apoyo que le
den.
La verdad no puede, ni debe, ser
defendida con medios y palabras indecentes. La mentira es indecente, pero
quienes la manejan en esta crisis pretenden que es ‘verdad acomodada’, y que no
son ‘ellos’ quienes la acomodan, que son los ‘otros’. Sacarles una verdad
simple, sin acomodos, es una tarea titánica, por no decir misión imposible. La
verdad no se acomoda, y sería llevadera por todos sin tan solo se manejase con
decencia, pero la verdad del momento, acomodada por Cruz y compañía, es usada
como amenaza de caos económico para matar el Obamacare. En esta crisis de la
verdad acomodada están creando una burbuja similar a del ‘reverendo’ Jim Jones,
con odio maquinado y veneno refinado para sus seguidores en Jonestown, Guyana.
La de ahora conduce a un Cruztown económico, maquinado en el Capitolio con
veneno disfrazado de verdad acomodada. Vengan, tomen su kool aide. Es bueno.
El megalómano lleva al incapaz, y
entre los dos llevan y estimulan a los exaltados. Han tratado de derogar el
Obamacare más de 40 veces. No lo han logrado. Obama ha sido reelecto. Es tiempo
de que acepten la realidad y se den cuenta que su exaltación destruye, y que
Dios los bendiga porque son hijos de Dios. Que el Altísimo permita que
consideren a los demás en este asunto de la misma manera como nosotros los consideramos
a ellos, hijos de Dios.
domingo, 29 de septiembre de 2013
Un tercero
Pedro Caviedes. EL NUEVO HERALD
En el último episodio de la más
reciente temporada de la serie de televisión The Newsroom, que sucede en la
noche de las elecciones presidenciales pasadas, una de las presentadoras le
pregunta al protagonista, Will McAvoy, si él dice ser republicano para que de
esa manera pueda reclamar credibilidad cuando ataque al GOP. A lo que McAvoy
responde (traduzco): “No, me considero
republicano porque lo soy. Yo creo en las soluciones del mercado, las realidades
de sentido común y la necesidad de defendernos de un mundo peligroso, y eso es
más o menos todo. El problema es que ahora tengo que ser homofóbico. Tengo que
contar el número de veces que la gente va a la iglesia. Tengo que negar los
hechos y creer que la investigación científica es una gran estafa. Tengo que
pensar que a la gente pobre se le está ofreciendo un dulce aventón. Y tengo que
tener un complejo de inferioridad tan pasmoso, que tengo que temer a la
educación y al intelecto… en pleno siglo XXI. Pero sobre todo, el más grande de
los nuevos requisitos, en realidad el único requisito, es que debo odiar a los
demócratas. Y tengo que odiar a Chris Christie por no escupirle en la cara al
presidente en el momento que descendió del Air Force One (cuando el huracán
Sandy). El sistema de dos partidos es
crucial para toda la operación. Hay honor en ser la oposición leal”.
Esta semana después del show montado
por el senador Ted Cruz, que se paró a hablar por veintiún horas seguidas en
contra de la ley de reforma de la salud, y de ver la impotencia de algunos
senadores de su partido menos radicales que él, intentando detenerlo, y de ver
cómo en la Cámara de Representantes, la semana pasada, se les ocurrió que la
única forma de que haya una ley de presupuesto es quitándole los fondos a la
ley de salud, y de escuchar cómo otros contestaron que hay que aprobar un
presupuesto, pero solo para sacarlo en la discusión del techo de la deuda, y de
ver como se hunde bajo el fango de tanta trama y palabrería la reforma
migratoria, y de ver cómo pasan una ley para acabar con uno de los programas
más exitosos como lo es el de los sellos de alimentos que tanta ayuda han
traído en la tragedia de esta crisis de la gran recesión a miles de familias, y
de ver cómo continúan simplemente odiando y oponiéndose a toda iniciativa que
parta de la mente del presidente Obama, se me ocurre que ha llegado el momento
de que un ala de un partido, el Tea Party, se convierta en un tercero, a ver si
de alguna manera se recupera el orden de esta democracia estancada en pleno
Capitolio Nacional.
Quizá a McAvoy, regresando a la serie,
le faltó decir que también se debe ser anti inmigración y hasta pensar que
todos los latinos y los afroamericanos, son una pandilla de flojos y mafiosos
pistoleros que están destruyendo a su país, como dicen muchos de los
presentadores nefastos de Fox News, la cadena que es la mayor plataforma de
publicidad de ese nuevo partido que se ha tomado a otro partido.
martes, 24 de septiembre de 2013
Golpe republicano
Guillermo Descalzi. EL NUEVO HERALD
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| Senador republican Ted Cruz |
Es el golpe de un grupo republicano
sobre el liderazgo del partido, con la amenaza de reventar la economía nacional
si el congreso no hace lo que quieren. Han puesto al poder legislativo,
fácilmente controlado por manipuladores, a merced de uno particularmente
insidioso, el senador Ted Cruz. Aprovechan la peculiar ineptitud del speaker de
la cámara de representantes. Cruz es un demagogo mayor, risueño sembrador de
rechazo, y el segundo, John Boehner, es su vehículo para implementar una
estratagema disfrazada de ideología. Reconocer ideología en el ardid del
senador Cruz es otorgarle una talla intelectual que no tiene, pero la ineptitud
del speaker es tal que no le ha quedado otra cosa que aceptar el ‘razonamiento’
con que Cruz lo sustenta.
La estratagema golpista ata el
servicio de la deuda nacional al dinero para implementar la reforma médica, el
Obamacare. Si los demócratas quieren que Washington funcione, entonces
necesitarán dejar sin fondos al Obamacare. La demagogia de Cruz es consistente.
Lo que es difícil de entender es la facilidad con que los republicanos de la
cámara baja, bajo el speaker Boehner, se han prestado al curso de acción
adelantado por Cruz, un chantaje claro y descarado que le sirve de vehículo de
figuración nacional, uno de los muchos que usará a lo largo de su carrera.
¿Y el estado de derecho? Los golpistas
pretenden que su chantaje nos devuelva al estado de derecho original, definido
por ellos. ¿Por qué lo hace Cruz? Por figureti, por bonito, por pose, y porque
la campaña contra el Obamacare ha sido tan cerrada que muchos en la oposición
republicana no ven más que sus propias falacias acerca de ella. La
desactivación de la reforma médica es un instrumento, bisturí o cuchillo de
carnicero, en manos de gentes como Cruz. De nada sirve que el derecho federal
sobre la práctica médica haya sido reconocido y refrendado por la Corte Suprema
de acuerdo a las cláusulas que regulan el comercio interestatal. Cruz busca
renombre matando la reforma, y para eso ha empujado a la cámara a la que no
pertenece a que condicione la salud fiscal del país a la salud fiscal de la
reforma médica. ¿Plata para necesidades? Maten el Obamacare, quítenle su
dinero, déjenlo sin nada.
Hay quienes opinan que Cruz es una
Michele Bachmann hecha hombre en el Senado. Tengo que admitir que hay cierto
parecido fisionómico entre el rostro de los ojazos abiertos en ella y la
sonrisa como de gato que se comió al canario en él, pero allí se acaba el
parecido. Cruz es demasiado inteligente para decir cosas como las que salen de
Bachmann, su sugerencia –por ejemplo– de investigar a representantes y
senadores para determinar quienes son los ‘antiamericanos’ en el Congreso,
traidores. Bachmann pudiese haber sido una nueva y femenina Joe McCarthy, pero
no da la talla. El que sí la da es Cruz, de la misma edad de McCarthy, 42 años,
cuando empezó a acumular poder en base a acusaciones que destrozaron vidas y
carreras, y que convirtieron al comité de asuntos antiamericanos (unAmerican
activities) en una mezcla de inquisición y cacería de brujas.
Cruz ha empujado sobre la cámara el
ultimátum de matar el Obamacare o cerrar el gobierno. Sí, ese es Cruz. Ahora,
vayamos al segundo del día, y mientras que Cruz, el manipulador, goza
proyectando una apariencia venenosamente inocente, Boehner, de más alto rango,
es simplemente patético en su impotencia, un speaker que tiene que sentirse y
saberse inadecuado para el cargo, pero debe gustarle el título, la posición y
el poder que ostenta.
Nuestra gobernabilidad, buena fe y
crédito de país están amenazados en esta maniobra, este golpe empujado y
liderado por republicanos del Tea Party. Cruz, un controlador activo, tiene a
Boehner, un líder pasivo, atado en nudos.
La curiosa inefectividad de Boehner
lleva a preguntarse por qué lo aguantará su bancada en el cargo que ocupa. Es
precisamente por eso, por inefectivo, porque carece de espina dorsal, porque es
útil para los Cruces de la nación, que lo llevan por la senda que quieran. Es
su Prisionero de Senda, como en esa novela del siglo XIX, de sir Anthony Hope,
aunque esa senda es con zeta, Zenda. Triste destino al que nos acercamos
llevados por Cruces en sendas para Boehners, triste cuando un demagogo activo
es capaz de manipular a un líder pasivo, amenazando la economía con el pretexto
de matar el Obamacare, que resulta claro que está aquí para quedarse. ¿Qué es
entonces lo que hace Cruz? Hace demagogia, cara por lo barata que es. Que Dios
nos proteja de manipuladores como él, porque si bien pueden no haber los
antiamericanos que la Bachmann quería identificar en el Congreso, sí que hay
manipuladores en él.
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