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miércoles, 21 de julio de 2021

MAL DEBEMOS ESTAR

 

Mario J. Viera

 


Me indigna ver que, el despertar del pueblo cubano frente a la dictadura, le haya venido de provecho a unos cuantos para adelantar sus plataformas políticas y sus miserables aspiraciones de resalte personal. Mal andamos.

 

Y mal andamos cuándo desde un Subcomité de la Cámara de Representantes se trazan planes, no precisamente para desestabilizar al régimen brutal que impera en Cuba, sino para poner en crisis a la administración demócrata del presidente Biden. Aparentan condenar a la tiranía del PCC, pero en el fondo los dardos los lanzan contra Biden. Yo pudiera decir, qué me importa la oposición que los republicanos le hagan al residente de la Casa Blanca, quien seguro cuenta con sus asesores para contraponer los ataques. Así pudiera decir que, esa no es mi bronca.  Pero, lo que a mí si me importa es Cuba. Lo que a mí si me importa, es hablar de Cuba, pero hablar con la sinceridad de quien no la toma como negocio, como empresa que ofrezca réditos para una vida cómoda.

 

Mal andamos, cuando el presidente del Subcomité para el Hemisferio Occidental, Seguridad Civil, Migración y Política Económica Internacional de la Cámara de Representantes, no se da cuenta, que están tomando a ese subcomité como tribuna, no anticastrista, precisamente, sino como vehículo para atarles las manos a los demócratas, y qué mejor forma de hacerlo, sino utilizar la ira, el dolor y la indignación de la diáspora cubana por los atropellos del régimen contra los manifestantes del 11J para encauzar sus propósitos.

 

Mal andamos cuando en ese subcomité de la Cámara, sea figura representativa, para hablar a nombre de Cuba, una figurita sin trayectoria conocida en Cuba de oposición al régimen, salvo la de ser hija del reformista cubano Oswaldo Payá. Vive bien y viste caro la cubanita, no tuvo que correr la misma suerte de la gran mayoría de loe exiliados, de los refugiados políticos que enfrentaron a la seguridad del estado, que, para vivir honestamente, tuvieron que emplearse en duros trabajos y hasta mal remunerados, y adaptarse a la dura viva de todo emigrante a tierras extrañas.

 

La diva del momento, Rosa María Payá, que tanto se sacrifica haciendo viajes a numerosos países para promover un plebiscito vinculante en Cuba, que solo pudiera ser autorizado por el gobierno del PCC; la directora ejecutiva de la Fundación para la Democracia Panamericana; la que recibió el 6 de febrero de 2018 un reconocimiento del Condado de Miami-Dade de la mano de su mentor político José "Pepe" Díaz y del que fuera alcalde del condado y hoy representante republicano, Carlos Giménez; que entre sus logros políticos estuvo un “interesante y agradable encuentro” ─ según sus propias palabras ─ con Ivanka Trump el 7 de marzo de 2019; que el 11 de julio de 2020 participó en una mesa redonda televisada con Donald Trump; que el pasado 17 de julio fue invitada por Ron de Santis, junto a María Elvira Salazar y Carlos Giménez para participar en una denominada mesa redonda en el Museo Americano de la Diáspora Cubana. ¡Claro que tenía que ser invitada a hablar, en nombre de los republicanos, no de Cuba, en un subcomité donde toman asiento personajes como María Elvira Salazar y Mario Díaz-Balart! Hay que reconocer que la chica es una triunfadora y sus negocios le van bien.

 

Mal andamos cuando escuchamos a la activa ─ no activista ─ Rosa María Payá resaltando ─ así lo expresa Infobae ─ que los manifestantes que salieron a las calles de la isla el pasado domingo 11 “piden libertad y derechos humanos, ninguno mencionó el embargo, sino ‘Patria y vida’”. ¡Claro está que no tenían que mencionar para nada el embargo! La protesta se planteó por las carencias que en Cuba se vive, y se pidió, además, la renuncia de Díaz-Canel; y se gritó, junto al Patria y Vida, “No tenemos miedo”. Ninguno tampoco pidió “plebiscitos vinculantes”.

Véase lo que dijo la señorita Payá: “Levantar las sanciones contra el régimen cubano es dar fondos a la policía y a los militares, que oprimen a los pueblos obedeciendo a los generales”. Maravilla tanta profundidad de pensamiento. Para los órganos represivos, la dictadura siempre, con sanciones o sin sanciones, dispondrá de los fondos necesarios. Las sanciones no selectivas que impuso la pasada administración, poco daño le hacían al régimen de La Habana, y sí, mucho al pueblo. En los inicios de los 90 ocurrió lo mismo. El régimen se había quedado sin los subsidios soviéticos, y se mantuvo porque las penurias las cargó sobre el pueblo. Levantar hoy las sanciones impuestas por Trump, podría favorecer al cubano de a pie; sin embargo, políticamente, para la administración demócrata, sería, hoy, luego de las represiones por el despertar de 11J, un grave error político.

 

Luego agrega ─ obsérvese bien lo que resalto en negrita: “Urgimos al gobierno de Joe Biden que no haga concesiones unilaterales, sino que pida la liberación de todos los presos políticos, el fin de la represión y el respeto de las libertades fundamentales, incluyendo la legalización de los partidos políticos”. Un dardo emponzoñado dirigido al presidente Joe Biden.

 

Callen y no hablen en nombre de TODOS los cubanos, los que no han recibido esa encomienda de TODOS los cubanos. Callen que, como dijera José Martí ─ en carta abierta a Ricardo Rodríguez Otero, con fecha 18 de mayo de 1886 ─ “Azuzar es el oficio del demagogo y el del patriota es precaver”. Y pienso en cuantos hay como la Payá, nacidos en Cuba, y les digo, como dijo el Apóstol en esa Carta Abierta, “que a. la patria no se la ha de servir por el beneficio que se pueda sacar de ella, sea de gloria o de cualquier otro interés, sino por el placer desinteresado de serle útil”; que no hay “sujetos más despreciables que los que se valen de las convulsiones públicas para servir, como coquetas, su fama personal o adelantar, como jugadores, su interés privado. La patria necesita sacrificios. Es ara y no pedestal. Se la sirve, pero no se la toma para servirse de ella”.

 

Sí, mal debemos estar ¡Pobre Cuba!

lunes, 15 de febrero de 2021

¡Ay Biscet, qué bajo has caído!

 Mario J. Viera

 


Leer lo que escribe desde Cuba, un hombre, supuestamente defensor de los principios democráticos, escribiendo barrabasadas, es desconsolador. En su último brillante, magistral, extraordinario artículo de opinión, publicado en Diario Las Américas, bajo el titular “La inconstitucionalidad del impeachment a Trump”, Oscar Elías Biscet expresó lo siguiente:

 

El 45 Presidente de los EEUU, Donald Trump, es el Sócrates contemporáneo; quien como un ciudadano particular es llevado a un juicio político amañado e inconstitucional a la Cámara del Senado (09/02/2021), después de haber sido acusado e instruido de un cargo falso por la Cámara de Representantes de los EEUU, el 28/01/2021”. (el resalte en negrita es mío)

 

¡Donald Trump el Sócrates contemporáneo! ¿Puede haber similitudes entre Donald Trump y Sócrates? Algo totalmente absurdo. Sócrates veía a la filosofía como el camino que conduce, por la justicia y el amor, a la virtud. ¿Conoce, en realidad, Biscet lo que virtud significa? Es que la virtud se entiende, especialmente como la disposición de la persona para obrar de acuerdo con determinados proyectos ideales como el bien, la verdad, la justicia y la belleza; estos tres últimos conceptos abstractos tan lejos en la personalidad de Donald Trump. En cuestiones de política a Trump, ni siquiera se le puede calificar de neófito, su filosofía “política”, es la filosofía del empresario, que no admite discrepancias en cuanto a cómo manejar sus negocios. Sócrates, en cambio, ha sido considerado como el padre de la filosofía y de la ética. ¿Ética? Sí, ética, esa parte de la filosofía que trata del bien y del fundamento de sus valores.

 

Trump, un ególatra que, como el también ególatra Fidel Castro, considera que lo sabe todo, que todo lo conoce, que es infalible, que todo lo que hace es extraordinario, superior a cuanto antes haya realizado algún presidente antecesor suyo, casi más grande que George Washington, actitud en total contradicción con el filósofo ateniense, consciente, tanto de la ignorancia generalizada como de la suya propia: “Solo sé que no sé nada”. Sócrates tuvo enemigos y sus enemigos le condujeron a un juicio, sin embargo, no rehusó presentarse ante aquel juicio, algo a lo que Trump no tuvo valor de hacer. No gritó, no atacó a sus acusadores. Fue sentenciado a muerte; pudo haber huido, como le aconsejaban sus amigos, pero prefirió acatar la sanción y aceptar la muerte.

 

¿Juicio amañado, y acusado e instruido de un cargo falso, como asegura Biscet? Entonces, el líder de la minoría republicana Mitch McConnell estaba levantando cargos falsos contra Trump cuando el pasado 19 de enero, aun representando la mayoría republicana, declaró: “La turba [que asaltó al Capitolio] fue alimentada con mentiras. Los incitó el presidente y otras personas poderosas, y trataron de usar el miedo y la violencia para impedir un trámite específico del poder legislativo del gobierno federal al que se oponían”. O cuando, luego de haber dado su voto absolutorio a Trump, expresó: “No hay duda, ninguna, de que el presidente Trump es moralmente responsable, y de forma decisiva, de provocar los eventos de aquel día. La gente que asaltó este Capitolio creía que actuaba siguiendo los deseos e instrucciones de su presidente. Y tener esa creencia fue una consecuencia previsible del creciente crescendo de declaraciones falsas, teorías de conspiración e hipérbole imprudente que el presidente derrotado seguía gritando a través del megáfono más grande del planeta Tierra".

 

Tal como se recoge en CNN, McConnell no descartó que Trump pudiera ser juzgado en cortes penales y civiles: “El presidente Trump sigue siendo responsable de todo lo que hizo mientras estuvo en el cargo como ciudadano común y, a menos que se ejecute el estatuto de limitaciones, sigue siendo responsable de todo lo que hizo mientras estuvo en el cargo. Todavía no se salió con la suya. Sin embargo, tenemos un sistema de justicia penal en este país. Tenemos litigios civiles. Y los expresidentes no son inmunes a que rindan cuentas en alguno de los dos

 

¿Es falso lo dicho por el senador republicano, Lindsey Graham, refiriéndose a Trump, “Su comportamiento después de las elecciones fue indignante”? Esto dicho, aunque diciendo que, en los escrutinios del 2022, le gustaría hacer campaña junto a él

 

¿Amañado el juicio? Así no lo consideraron los senadores republicanos Richard Burr, Bill Cassidy, Susan Collins, Lisa Murkowski, Mitt Romney, Ben Sasse y Pat Toomey, los cuales votaron a favor de la condena. ¿Carece de significado la llamada que, el líder de la minoría republicana de la Cámara de representantes, Kevin McCarthy le hiciera a Trump durante el asalto al Capitolio por una turba de trumpistas facinerosos? McCarthy le pedía a Trump que hiciera un llamado a sus seguidores para que abandonaran la sede del Congreso. La respuesta que recibió de Trump, fue la siguiente: “Bueno, Kevin, supongo que esta gente está más molesta por la elección que tú”. La riposta de McCarthy a Trump, mientras observaba como los amotinados penetraban a sus oficinas rompiendo ventanas, fue: “¿Con quién carajos crees que estás hablando?” El representante republicano Jaime Herrera Beutler, le comentó a CNN sobre esta llamada: “Hay que mirar lo que hizo [Trump] durante la insurrección para confirmar dónde estaba su mente. Estoy haciendo un gran esfuerzo por no decir la palabra fucked”.

 

Pero, ¿qué se puede esperar de alguien que considere a la seguidora de QAnon Marjorie Taylor Greene como una heroína. Una mujer que asegura, que los tiroteos producidos en las escuelas de Sandy Hook y Parland, dejando un salto de víctimas inocentes, no eran más que un montaje para prohibir el uso de las armas; incluso consideraba que algunos congresistas demócratas deberían ser ejecutados por traidores, entre estos, principalmente Nancy Pelosi. También, como informa France 24, había dicho que la matanza de 58 personas a manos de un hombre que disparó desde la habitación de un hotel en Las Vegas, en 2017, era un complot secreto para generar apoyo a la legislación de control de armas. ¿Acaso desconoce el patético Biscet, que el mismo Mitch McConnell, la calificó como “un cáncer para el Partido Republicano”? Hasta Kevin McCarthy, dijo sobre ella: “Déjenme ser claro, los comentarios de Greene como ciudadana privada no representan los valores de mi partido. Como republicano, como conservador y estadounidense, condeno esas visiones inequívocamente”.

 

Biscet la denomina heroína porque ella, un día después del juramento de Biden como presidente, introdujo una propuesta de impeachment contra él, bajo los supuestos cargos de corrupción, abuso de poder, tráfico de influencias y nepotismo, algo que en Estados Unidos se puede proponer, aunque sea estúpido. Y denomina a la activista de QAnon, Ashli Babbitt, muerta mientras intentaba penetrar por una ventana al interior del Capitolio, de “patriota”, “defensora de la América libre y constitucional”; ella como “resplandor perenne de libertad y resistencia a las injerencias de las dictaduras globalistas del socialismo y sorosismo en EEUU” (Podemos perdonarle la cursilería de aprendiz de escribiente). Ni en ella, ni en el resto de los asaltantes, Biscet, desde la distancia, dijo, no pudo observar “la cólera enajenante de los múltiples y desastrosos motines desencadenados por Antifa y BLM”.

 

Antifa y BLM parecen ser obsesivos en las visiones kafkianas de Biscet. Lean esto escrito por él: “El Partido Demócrata en la Cámara de Representantes acusó de insurrección al presidente Donald Trump, cargo falso y amañado, pues en el momento de la acusación a Trump ya la Policía (FBI) había definido los causantes, la hora de comienzo, su planificación de días antes por Antifaz y MLB y la no relación del presidente Trump con los que causaron los disturbios en el Capitolio”; esto es algo totalmente falso. Pero ¿qué conoce Biscet sobre Antifa, salvo lo que aduce la derecha radical sobre ese grupo. Antifa, es un movimiento antifascista, que declara oponerse a todas las formas de racismo y sexismo y a las políticas que impulsaba el gobierno de Trump contra la inmigración y los musulmanes. Aunque a menudo se le clasifica como una organización de izquierda o de extrema izquierda, sus miembros se han focalizado en luchar contra la ideología de extrema derecha, más que en promover iniciativas que representen a un sector determinado del sistema político. Según BBC Mundo, son “grupos muy diversos en distintos países, aunque aparentemente los más activos se encuentran en Estados Unidos, Reino Unido y Alemania”

 

Por otra parte, Biscet, como los supremacistas blancos y la ultraderecha de Estados Unidos, acusa a BLM este disperso movimiento como violento. Algo muy significativo. Biscet es de la raza negra, mestizo, es un activista Pro Vida y, sin embargo, no siente empatía alguna por la desesperada lucha de BLM, movimiento en contra del racismo sistemático presente en muchos sectores de la sociedad estadounidense y, en protesta por la muerte violenta que varios negros han sufrido a manos de policías blancos. Tal vez para Biscet la vida de los negros, bajo el cuatrienio de Donald Trump, no importe.

 

Antifa, no ha tratado nunca de asaltar centros alguno de la democracia de Estados Unidos, como sí han hecho los Proud Boys, los QAnon, las milicias armadas de trumpistas; los neo-nazis y los neo-confederados, ondeando la bandera de la Confederación, símbolo de la traición hacia los Estados Unidos y del racismo. Le preguntaría al Dr. Oscar Elías Biscet ¿Qué hubiera ocurrido si, en lugar de los trumpistas extremistas, hubieran sido los miembros del BLM, quienes asaltaran el Capitolio federal de Estados Unidos?

 

Ahora, el médico de profesión, se nos presenta como un experto en Derecho Constitucional de Estados Unidos para darle a los estadounidenses, lecciones de interpretaciones literales sobre la Constitución de este país, y lo hace reproduciendo los postulados que tratan sobre el juicio político a altos funcionarios del gobierno y del legislativo, postulados que aquí son conocidos por la gran mayoría de sus ciudadanos, sin necesidad de que nos instruya el médico Biscet.

 

Mejor sería que Biscet, que no es ciudadano de Estados Unidos, en lugar de intentar influir en la política de este país, y de colocarse como si fuera un miembro del Partido Republicano de Trump, se dedicara a criticar al gobierno de Miguel Díaz-Canel y a la dictadura del PCC, y darse por entero a impulsar un movimiento de resistencia noviolenta en Cuba o a su Proyecto Emilia, un “proyecto triunfador”, según él mismo lo denomina. “Gracias a que hemos mantenido una vanguardia de lucha no violenta en Cuba ─ declaró Biscet el 11 de enero de 2019 ─, este pudiera ser el último año de la tiranía al frente de la nación”. Desgraciadamente, ya estamos en el inicio de la segunda quincena de febrero de 2021 y la tiranía continúa al frente de la nación, quizá porque ese “triunfador proyecto” solo sea conocido por cuatro gatos en Cuba y, si no me creen, pregúntenles a sus familiares en Cuba, cuando se comuniquen con ellos, si conocen el tal Proyecto Emilia.

 

Si alguien se siente incómodo por este análisis que hago de los artículos de opinión de Biscet, por aquello de que está en Cuba “enfrentando” a la dictadura, le diré: Biscet ha dado su opinión públicamente y es mi derecho analizar públicamente sus opiniones y exponer las mías.

domingo, 14 de febrero de 2021

Una minoría se impone sobre el voto mayoritario.

 Mario J. Viera

 


En los titulares de los medios informativos, aparece el titular: “Senado de Estados Unidos absuelve a Donald Trump”, cuando mejor se debiera decir: “minoría del senado absuelve a Donald Trump”, o quizá precisar: “mayoría de la bancada republicana del senado, absuelve a Donald Trump”; porque en realidad, el Senado no absolvió a Trump, mayoritariamente, el Senado condenó a Trump por 57 votos a favor contra los 43 que rechazaron hacerlo. Claro está, el procedimiento establecido en la Constitución, requiere, para prosperar el juicio condenatorio, una mayoría de las dos terceras partes del Senado; es decir, un total de 67 votos. Nada fácil de conseguir dentro de un Senado, en realidad de un Congreso, cuya principal característica, en los momentos que corren, es la polarización.

 

¿Qué impidió conseguir los diez votos republicanos necesarios para aprobar la condena política de Trump? Este es tema para la especulación. Intereses políticos de algunos senadores republicanos para resguardar sus privilegios senatoriales coqueteando con la base política de Trump; posicionamiento de extrema derecha de algunos de esos senadores; y consideraciones, de otros, sobre si el procedimiento, en realidad, violaría la letra de la Constitución, independientemente de que, el 9 de febrero, el Senado había saldado la interrogante, cuando decidió rechazar, por votación de 56 contra 44, el argumento que planteaba la inconstitucionalidad de emprender un juicio político a un presidente que ya había abandonado el cargo, algo que antes había ocurrido cuando Richard Nixon renunció a la presidencia para no enfrentar el proceso de impeachment que contra él se incoaba.

 

Esto último parece ser lo que motivara al líder de la minoría republicana del Senado, Mitch McConnell para emitir su voto en contra de la condena del expresidente. Voto que le ha granjeado un aluvión de críticas para convertirle casi en el tipo malo de las películas de acción. Aunque McConnell, el pasado 19 de enero, luego de su plena identificación con las políticas de Trump, tras los actos sediciosos de los seguidores del mandatario al asaltar la sede del Congreso federal, se distanciaba de Trump acusándole de ser el instigador de los actos de la turba enajenada. McConnell declaró entonces: “La turba fue alimentada con mentiras. Los incitó el presidente y otras personas poderosas, y trataron de usar el miedo y la violencia para impedir un trámite específico del poder legislativo del gobierno federal al que se oponían. Pero nosotros persistimos. Permanecimos unidos y dijimos que una turba indignada no obtendría poder de veto sobre el imperio de la ley en nuestra nación, ni siquiera por una noche." Ahora, a la conclusión del juicio político seguido contra Trump, y de haber votado en contra de la condena, expresó:

 

No hay duda, ninguna, de que el presidente Trump es moralmente responsable, y de forma decisiva, de provocar los eventos de aquel día. La gente que asaltó este Capitolio creía que actuaba siguiendo los deseos e instrucciones de su presidente. Y tener esa creencia fue una consecuencia previsible del creciente crescendo de declaraciones falsas, teorías de conspiración e hipérbole imprudente que el presidente derrotado seguía gritando a través del megáfono más grande del planeta Tierra".

 

Dentro de esa posición legalista, varios senadores republicanos se escudaron para justificar su voto absolutorio, como por ejemplo el senador, Mike Rounds quien, según al BuzzFeed News, declaró: “No hay duda de que había una turba. de que esa turba tenía planes insurreccionales en mente. Pero para muchos de nosotros, y para mí personalmente, todavía es un asunto que no tenemos una capacidad constitucional para acusar a una persona que no es un oficial actual”.

 

Sin embargo, y en buena ley, el voto negativo de Mitch McConnell, en nada es semejante a la posición negativista y obstinada de los senadores Ted Cruz y Josh Hawley, o la de los senadores Marco Rubio y Rick Scott. Rubio, estrella que fuera del movimiento extremista del Tea Party, y Ted Cruz, siempre decididos a boicotear cualquier iniciativa demócrata, tienen sus aspiraciones puestas en alcanzar el liderazgo de los seguidores de Trump.

 

¿Qué pretendían en realidad los demócratas de la cámara baja para promover el impeachment contra Trump? ¿Dar un ejemplo que demostrara que ni el presidente puede pasar por encima de la Ley? ¿Creyeron ilusamente que a su raquítica mayoría en el Senado se le unirían suficientes votos republicanos para garantizar la demanda de procesar a Trump por incitación a la violencia? ¿Acaso no conocían las características de cada uno de los senadores republicanos, desde aquellos de la derecha radical, pasando por los timoratos, hasta los partidarios de la interpretación literal de la Constitución? ¿No habría sido mejor aguardar hasta que se hubiera consolidado el gabinete de Joe Biden para luego proceder contra Trump mediante una demanda penal por el delito de conspiración sediciosa? Desde el primer día, cuando se anunció que se procedería para impulsar un juicio político contra Trump, expresé mi opinión que tal acto sería un error político. Trump contaba con un poderoso apoyo dentro de la bancada republicana que haría muy difícil ganar a 17 republicanos a favor de la sanción de condena en su contra, lo cual haría más difíciles los intentos de Biden para alcanzar consensos bipartidistas y se agudizaría la polarización ya existente dentro del Congreso.

 

Tan pronto se conocieron los resultados de la votación dentro del Senado que impedía la sanción a Trump, este, por medio de un comunicado, expresó su entusiasmo, dirigido claramente a sus huestes de extremistas:

 

"Nuestro movimiento histórico, patriótico y hermoso para 'Hacer a EE.UU. grande de nuevo' solo acaba de empezar. En los meses venideros, tengo mucho que compartir con ustedes y espero continuar nuestro increíble viaje juntos para lograr la grandeza estadounidense para toda nuestra gente. ¡Nunca ha habido nada igual!".

lunes, 9 de octubre de 2017

Las duras propuestas de Donald Trump sobre el DACA

Mario J. Viera


Ayer, 8 de octubre, domingo, Donald Trump envió al Congreso federal un catálogo de exigencias, supuestamente, para darle solución al programa DACA, suspendido desde el 5 de septiembre de 2017, cuando cedió al Fiscal General, Jeff Sessions, la comunicación de la medida tomada. Y Sessions habló con su afectada voz y dijo: "Estoy aquí hoy para anunciar que el programa conocido como DACA que fue efectuado bajo la administración de Obama está siendo rescindido". Trump estaba cumpliendo con su promesa de campaña de suprimir este programa conocido como Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA), además, anotó el delicado Sessions: “El programa es inconstitucional”. Pero, ¿acaso Trump no iba a considerar el asunto “con el corazón” y ser compasivo? “Lo compasivo es acabar con esta anarquía, implementar nuestras leyes y si el Congreso elige hacer cambios en nuestras leyes, hacer eso a través del proceso establecido”, aclaró el meticuloso Jeff Sessions.

¡Claro que no!, Trump no se proponía “simplemente eliminar DACA, sino proveer al Congreso una oportunidad para que actúe finalmente”, él no quiere castigar, se propone solo hacer reconocer que Estados Unidos es una nación de leyes, y lo dice, lo afirma, lo asegura: “No soy partidario de castigar a niños, la mayoría de los cuales son ahora adultos, por las acciones de sus padres. Pero también debemos reconocer que somos una nación de oportunidades  porque somos una nación de leyes”. Claro está que Trump estaba consciente de las reacciones de rechazo que esta medida provocaría incluso dentro de algunos sectores del legislativo republicano y, por tanto, concedió una prórroga de seis meses para que el Congreso le buscara y le encontrara una salida al tema.

A mediados de septiembre, el senador Chuck Schumer y la líder de la minoría demócrata en la Cámara Nancy Pelosi se reunieron con Donald Trump en una cena en la Casa Blanca para intentar buscar una solución al DACA. En un comunicado los dos legisladores demócratas expresaron: "Hemos acordado consagrar en ley las protecciones del DACA y trabajar en un paquete de seguridad fronteriza, excluyendo el muro, que es aceptable para ambas partes". Sin embargo ambos legisladores pasaron por alto lo que destaca de Trump Steffen Schmidt, profesor de Política de la Universidad de Iowa: “Trump es un ser maquiavélico y muy inteligente. Ha puesto a los demócratas contra los republicanos con la esperanza de conseguir algún éxito legislativo, que luego podrá atribuir a su propio liderazgo”.

Trump se propone sabotear cualquier acuerdo al que se llegue para dar solución al estatus migratorio de los “dreamers” con el catálogo de duras exigencias en materia de política migratoria que ahora dirige al Congreso. Si no se llega a una solución congresional podrá alegar que la falta no se debe a él sino a la falta de voluntad de los legisladores. Es como anota el diario El País: “Negociar con Donald Trump es un riesgo. El antiguo tiburón inmobiliario suele llevar la partida al límite. Da igual que sea el pacto nuclear con Irán, la escalada con Corea del Norte o el NAFTA. El objetivo final siempre es el mismo: obtener alguna ventaja respecto a la situación inicial. Para ello aprieta el acelerador hasta el fondo y espera que sea el otro quien acabe apartándose”.

Entre los puntos centrales del paquete de reclamaciones presentado por Trump se encuentra la “financiación y construcción completa del muro” en la frontera con México, que en la reunión con Pelosi y Schumer se acordó no incluir en un proyecto de reemplazo del DACA; además Trump exige el retiro de fondos a las ciudades santuario, un aumento en el coste de los visados para financiar la mejora de la seguridad fronteriza y una mayor deportación de inmigrantes ilegales. En esta lista de medidas se incluye también una solicitud de fondos para contratar 370 jueces de inmigración adicionales; 1.000 abogados para el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por sus siglas en inglés); 300 fiscales federales y 10.000 agentes adicionales del ICE para poner en vigor las leyes de inmigración. Según se desprende del borrador al que ha tenido acceso la agencia EFE, el gobierno de Trump busca tres objetivos: 1) garantizar admisiones en EEUU "seguras y legales", 2) defender "la seguridad" del país y 3) supuestamente "proteger a los trabajadores y contribuyentes estadounidenses”.

Luego de conocidas las propuestas de Trump para la solución del DACA, Pelosi y Schumer declararon en un comunicado conjunto citado por el Washington Post: “Durante un encuentro le dijimos al presidente que estamos abiertos a medidas razonables para la seguridad fronteriza. Pero esta lista va más allá de todo lo razonable. Esa propuesta (de ahora) no muestra ninguna voluntad de compromiso. La administración no puede ser seria sobre un compromiso o ayuda a los dreamers si empieza con una lista que es un anatema para ellos, para la comunidad de inmigración y para la mayoría de los estadounidenses. La lista incluye el muro, que fue descartado explícitamente de las negociaciones”; y recalcan ambos legisladores: “Si el presidente iba en serio con la protección de los dreamers, sus funcionarios no hicieron un esfuerzo de buena fe".


Tal pareciera que la portavoz de la Casa Blanca Lindsay Walters estuviera haciendo ciertas las palabras definitorias de El País sobre hacer negociaciones con Donald Trump. Así ha declarado Walters: "El presidente ha dejado claro que quiere que el Congreso actúe y apruebe una reforma de inmigración responsable en conjunto con cualquier legislación relacionada al DACA".

martes, 29 de agosto de 2017

El presidente ultrablanco

Guy Sorman. ABC

Cuando Donald Trump fue elegido presidente el pasado mes de noviembre, escribí inmediatamente en este periódico que asistíamos a la revancha del macho blanco. Por cierto, algunos lectores de ABC no aceptaron mi análisis, pero muchos cronistas estadounidenses acabaron por escribir lo mismo y el curso de los acontecimientos parece confirmar esta hipótesis.

Una categoría determinada de estadounidenses, los que se tomaban la revancha, nunca aceptó la victoria de Barack Obama ni las transformaciones que ha experimentado la sociedad estadounidense desde 1960. El feminismo, la diversidad étnica, la prioridad de las minorías en las universidades y los empleos públicos y el matrimonio homosexual han significado otras tantas muescas en la idea superior que el hombre blanco tenía de sí mismo, con una nostalgia por el tiempo en que era dueño y señor de su familia y su comunidad.

Esta resistencia a ser solo unos pocos entre el gran número de estadounidenses se remonta, evidentemente, a la época de la esclavitud y la negación de la emancipación de los negros, pero también de los asiáticos, que durante mucho tiempo tuvieron prohibida la entrada en el territorio de Estados Unidos. Desde hace unos cincuenta años, sin embargo, parecía que sociedades secretas como el Ku Klux Klan solo pertenecían al folclore sudista. Luego hubo el atentado de Oklahoma City, en 1995, cuando algunos supremacistas blancos hicieron saltar por los aires un edificio público para protestar contra lo que ellos consideraban un aumento de la intrusión del Estado en su vida privada, pero este atentado sangriento se achacó a algunos perturbados, anclados en una América del lejano Oeste.

Resulta que, el pasado sábado 12 de agosto, llegaron las manifestaciones y contramanifestaciones de Charlottesville, en Virginia, que provocaron refriegas y causaron víctimas. Y nos damos cuenta entonces de que los supremacistas blancos no han desaparecido y parece incluso que han recuperado su dinamismo gracias al reinado de Trump. De paso, señalaré que los manifestantes de Charlottesville blandían cruces gamadas y gritaban eslóganes antisemitas.

Recordemos que Trump, durante su campaña electoral, no dejó de exaltar los «valores» de la América blanca, sus cultos protestantes, su derecho a llevar armas y a defenderse contra las agresiones, incluidas las del Estado. Durante sus reuniones públicas también defendió la violencia y el ajuste de cuentas; muy pocas veces, por no decir nunca, se vio a un solo negro en sus mítines. El vocabulario de Trump, sus aires, su gusto por la injuria, todo eso pertenece al folclore de los supremacistas; ellos se encargan a menudo de su servicio de orden y han votado por él.

A estos hechos innegables se objeta que estos movimientos solo representan al 1 por ciento de la población de todo Estados Unidos, quizá menos. Es cierto, pero recordemos que Trump fue elegido gracias al apoyo de los estados en decadencia industrial, con márgenes electorales inferiores al 1 por ciento. En democracia, el activismo cuenta a veces más que el número.

Por tanto, no deben sorprendernos ni la violencia de Charlottesville ni la reticencia de Trump a condenar a los supremacistas: su reacción inmediata y espontánea, la que quedará en la memoria, ha sido la de equiparar a los racistas y los antirracistas. Esta igualdad en el tratamiento ha sorprendido a su propio entorno: los Republicanos más conservadores, como su ministro de Justicia, y su propia hija y asesora oficial, Ivanka Trump, han condenado sin reservas a los supremacistas. Muchos analistas han recordado en esta ocasión que, en total, los supremacistas han asesinado a más estadounidenses que todos los terroristas islámicos juntos. ¿Cómo interpretar la estrategia de Donald Trump en este asunto? ¿Se cree él mismo lo que dice? Lo que piensa un presidente es en realidad menos importante que su retórica.


Por tanto, se confirma que Donald Trump no es verdaderamente el presidente de todos los estadounidenses; y ni siquiera es el presidente, sino un candidato permanente en campaña electoral permanente. Su atención está fija en la reelección, algo que no oculta. Parece considerar que las tropas de asalto de los supremacistas podrán serle tan útiles dentro de tres años como lo fueron en el pasado. Pero me parece más probable que Trump no vuelva a ser elegido nunca, o que no termine su mandato, porque su propio partido le abandonará antes. A cada línea roja que cruza, como intentar privar a 30 millones de estadounidenses de su seguro de enfermedad, arriesgarse a una guerra inútil en Corea o apoyar a los supremacistas, vemos cómo se debilita el apoyo republicano. Estos días toda la prensa conservadora insta a Trump a denunciar el «nacionalismo blanco», algo que no hace, mientras que sigue dispuesto a agredir a los musulmanes y los mexicanos. Ahora bien, no se puede tener un presidente sin partido en un régimen político en el que el Parlamento cuenta tanto como la Presidencia; el Parlamento puede desembarazarse del presidente, pero no a la inversa. Cada día que pasa, Trump cava un poco más su propia tumba.

viernes, 7 de abril de 2017

La represalia de Estados Unidos contra el régimen de Bashar al-Assad

Mario J. Viera


Tal como dijera D.T., en Siria se habían traspasado todas las líneas de contención. La liberación de gases tóxicos mezclados con cloro y sarín sobre la población de Jan Sheijun ya ha sido la gota que colmara el vaso de la indignación. El acto no debería quedar en la impunidad, requería que el mundo civilizado diera una firme respuesta al régimen de Assad. Cualquier enérgica respuesta que se diera al acto criminal de la agresión genocida sería bien recibida con aplausos. Y se produjo la represalia cuando, de manera unilateral, Estados Unidos lanzara un ataque de misiles Tomahawk sobre la base aérea siria de Shayrat, la segunda más importante de las fuerzas gubernamentales sirias, en la madrugada del 7 de abril. Trump, inesperadamente impartió la orden del ataque en acto de represalia, que, a todas luces, parece ser acto de justicia.

El gobierno sirio había rechazado las denuncias que se levantaban en su contra por el ataque químico que provocara la muerte de 87 civiles entre ellos 31 niños, alegando que su fuerza aérea había bombardeado bases abandonadas de Al-Qaeda donde se almacenaban armamentos químicos, que incidentalmente sus gases se liberaron y fueran llevados por el viento hacia la ciudad de Jan Sheijun. Sin embargo, las evidencias y los antecedentes de las acciones criminales del régimen de Al-Assad en contra de la población civil, le incriminaban. Nadie dudaba, salvo Rusia, que había sido una acción premeditada de ese régimen; no obstante, según voceros del gobierno de Putin, el apoyo ruso a Al-Assad no era incondicional. Y, consecuentemente, actuó Trump, luego de comunicarle al presidente chino Xi Jinping durante el encuentro de ambos en Mar – a – Lago de que lanzaría el ataque contra Siria, en un movimiento que según El Nuevo Herald podría “indicar a China que el nuevo presidente no teme los pasos militares unilaterales, incluso si países clave como China se interponen en el camino”. Al mismo tiempo el gobierno de Trump notificó a Inglaterra que lanzaría el ataque contra una base aérea siria; por otra parte, el portavoz del Pentágono, Jeff Davis declaró que los rusos fueron puestos en aviso a través de la línea de comunicación especial establecida entre Washington y Moscú para evitar incidentes en Siria, según informara El Nuevo Herald.

Apropiada, este es el calificativo que en general se le ha dado al acto de represalia que Estados Unidos lanzara contra una de las principales bases aéreas del gobierno de Al-Assad. Apropiado creo que así todos podemos denominarle y hasta justo. Sentimos la empatía hacia los civiles sirios que han sufrido ya demasiado con los desafueros de Bashar al-Assad. La pasión nos impulsa; la pasión a favor de las víctimas civiles de   nos invita a batir palmas. Acción muy apropiada ha calificado el gobierno británico al acto inusitado de Donald Trump; lo dice el ministro de Defensa de gran Bretaña, Michael Fallon: “Ha sido una acción muy apropiada y enfocada a atacar la base aérea, los aviones y el equipo que Estados Unidos cree que estuvo involucrado en el bombardeo con armas químicas para disuadir al régimen de próximos ataques futuros y, por tanto, salvar vidas en el futuro”. Para Paul Ryan, presidente de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, el ataque fue “apropiado y justo”. Ryan expuso: “Estos ataques aéreos tácticos demuestran al régimen de Assad que no puede contar con la inacción estadounidense cuando comete atrocidades contra el pueblo sirio”. Por el lado de los demócratas el senador Chuck Schumer vio el acto de represalia como “algo bueno”. El diario español El País anota que el ataque a Siria constituye la “primera victoria política” de D.T.

El senador Schumer hizo una aclaración con respecto al acto precipitado de Donald Trump recomendando: “La administración Trump debe adoptar una estrategia y consultar al Congreso ante de aplicarla”. En igual sentido se manifestó el senador republicano Rand Paul, uno de los halcones del republicanismo, al decir: “Aunque condenamos las atrocidades en Siria, Estados Unidos no ha sido atacado. El presidente debe obtener una autorización del Congreso para llevar a cabo toda acción militar, como estipula la Constitución”; también dio su opinión el  senador Bob Corker, presidente del Comité de Relaciones exteriores del Senado, cuando al mismo tiempo que consideraba “apropiado” el ataque contra Siria ordenado por Trump, opinó que sería “importante para la administración comprometerse con el Congreso y comunicar claramente  su completa estrategia al pueblo de los Estados Unidos”. Por su parte, el secretario general de la ONU, Antonio Guterres teme que el ataque a Siria pueda provocar una escalada y advierte: "Consciente del riesgo de una escalada, pido contención para evitar cualquier acto que pueda profundizar el sufrimiento de los sirios". Ante todo el aplaudir de entusiasmo a favor del ataque de Estados Unidos, el senador demócrata Chris Coona fue la nota discordante poniendo sobre la mesa una duda lógica al estimar que “las acciones decididas por el presidente levantan más preguntas en lugar de dar respuestas”. El giro de 180 grados de la política que había defendido D.T. con respecto a Siria y a Bashar al-Assad de no intervención en Siria ha sido imprevisible, como imprevisible es todo su propio carácter, es ahora visto por algunos como “un golpe de precisión que tensa la relación con Moscú y lanza una clara advertencia a Irán y Corea del Norte”, como lo ha expresado El País.

En un artículo anterior yo había expresado que la triste noticia del ataque premeditado o casual del régimen sirio con gases químicos contra civiles le vino a Trump (...) como anillo al dedo. Y Trump ha sabido sacarles partido a aquellos acontecimientos. Ciertamente como expresara el senador Coona hay más preguntas que tenemos que formularnos y pocas respuestas. Primero el ataque contra la base siria de Shayrat ¿respondía a un plan estratégico debidamente formulado, o se trató simplemente de un acto precipitado decidido a última hora con una intención de propaganda política? Segundo ¿quién o qué ha obtenido las mayores ventajas con el ataque desplegado? ¿Quién ha perdido más? ¿Esta ofensiva, en qué medida resquebrajará el poder de Assad? El ataque de la base de Shayrat se concentró en la destrucción de sus hangares, sus almacenes de combustibles, silos de municiones y sus sistemas de defensa aéreos y de radares, evitándose los depósitos de gas, como señaló una fuente militar citada por El País diciendo: “La meta era acabar con la capacidad de desplazar armas químicas, no con ellas, eso podría haber causado una matanza”; ¿se pretendía no cometer el mismo error reconocido por las autoridades de Siria que afirmaban que sus fuerzas habían bombardeado depósitos de armamentos químicos en campamentos de Al-Qaeda y otros grupos terroristas no muy distantes de la ciudad Jan Sheijun? Moscú, advertido previamente del ataque, puso a salvo al personal ruso que servía en Shayrat y no es de dudar que haya puesto sobre aviso al gobierno sirio para salvar gran parte de los aviones de aquella base, el Kremlin reportó que solo seis aviones fueron destruidos.

¿Se pretendía anular la capacidad aérea de Siria? Seis aviones son fácilmente reemplazables por Rusia. Siria posee alrededor de 15 bases aéreas en estado operativo, aunque con aviones de combate obsoletos provenientes en su mayor parte de la extinguida Unión Soviética. Los ataques de los rebeldes sirios y de grupos de ISIS, contra los aeropuertos de la Fuerza Aérea Árabe Siria, no han podido neutralizar la capacidad aérea del régimen de Al-Assad. ¿Por qué Rusia no activó sus sistemas de defensa antiaérea desplegados en Siria para derribar los misiles Tomahawk? Aunque se considera que los misiles Tomahawks “son difíciles de interceptar, debido a su pequeño tamaño, su reducida sección transversal de radar y su vuelo a baja altitud operativa” esto no quiere decir absolutamente que los sistemas de defensa antiaérea rusa no fueran capaces de detectarles y más aún cuando los rusos estaban advertidos previamente de este ataque. La respuesta que a esta interrogante dan los especialistas rusos, de acuerdo con RT, no es del todo convincente, "porque hubiera comenzado ‘un conflicto nuclear’ entre dos potencias con ese tipo de armamento ‘en el territorio de un tercer país’"; además de esto, el analista militar ruso Vladislav Shuryguin, reporta RT, detalla que, en realidad, los sistemas rusos de defensa antiaérea desplegados en Siria defienden los intereses de Rusia y solo están subordinados al mando militar de este país; por lo tanto, cuando Israel o Turquía "bombardean Siria de manera periódica, protegemos nuestra base aérea y sus instalaciones" para concluir considerando que los rusos tomaron una decisión 'política', porque el derribo de los misiles norteamericanos habría desembocado en un conflicto entre Rusia y EE.UU.   

Donald Trump es un empresario oportunista y carente de escrúpulos que sabe aprovecharse de cualquier oportunidad que se le presente para obtener buenos réditos y esto lo aplica también en la esfera política. El momento era propicio: una situación dramática y estremecedora que conmovía a toda la opinión pública y que podría aprovecharse para obtener un arriesgado e imprescindible triunfo político. Un estado de conmoción emocional, no tan intenso como el que se produjo cuando el atentado terrorismo del 11 de septiembre en New York, pero si lo suficiente como para motivar las simpatías hacia una acción que pudiera ser considerada como justiciera. El S-11 le aseguró a Bush la reelección presidencial. Casi todos creímos lo que se decía sobre las armas de exterminio masivo que supuestamente se encontraban en los arsenales de Sadam Husein, casi todos aplaudimos la guerra lanzada contra Irak para vengar el atentado terrorista contra las torres gemelas.

Trump, por iniciativa propia o tal vez por sugerencia ofrecida por su principal asesor político Steve Bannon, sin consulta previa con el Congreso, lanzó el golpe. Cuatro objetivos estaban claros y definidos en su decisión:

Primero: Trump acosado por las sospechas de los vínculos de sus principales colaboradores y de él mismo con el gobierno de Vladimir Putin, requería desesperadamente hacer algo que fuera como una cortina de humo para desviar la atención sobre este tema. Con el ataque contra Siria, Trump podría mostrarse como un estadista independiente de la influencia rusa.

Segundo: Las encuestas le eran totalmente desfavorables con un alto por ciento de rechazo a su gestión. Una actuación dramática que capitalizara la conmoción del ataque químico en Siria contra la población civil, y le fuera favorable para mejorar su imagen.

Tercero: Podría mostrarse como un hombre fuerte capaz de enfrentar cualquier oposición exterior ya fuera de China o de Rusia.

Cuarto: Podría con su acto de fuerza demostrar que Barack Obama había sido débil en el caso sirio a diferencia suya.


Me molesta tener que aceptar la lógica contenida en las palabras pronunciadas por el Ministro de Relaciones Exteriores ruso Sergéi Lavrov, cuando dijo: “Esto recuerda a la situación de 2003 cuando Estados Unidos y el Reino Unido, con sus aliados, invadieron Irak sin autorización del Consejo de Seguridad y contra la ley internacional”.

viernes, 25 de septiembre de 2015

DISCURSO DEL PAPA FRANCISCO FRENTE AL CONGRESO DE EE UU

24 Sep. 2015


 Les agradezco la invitación que me han hecho a que les dirija la palabra en esta sesión conjunta del Congreso en “la tierra de los libres y en la patria de los valientes”. Me gustaría pensar que lo han hecho porque también yo soy un hijo de este gran continente, del que todos nosotros hemos recibido tanto y con el que tenemos una responsabilidad común.


Cada hijo o hija de un país tiene una misión, una responsabilidad personal y social. La de ustedes como Miembros del Congreso, por medio de la actividad legislativa, consiste en hacer que este País crezca como Nación. Ustedes son el rostro de su pueblo, sus representantes. Y están llamados a defender y custodiar la dignidad de sus conciudadanos en la búsqueda constante y exigente del bien común, pues éste es el principal desvelo de la política. La sociedad política perdura si se plantea, como vocación, satisfacer las necesidades comunes favoreciendo el crecimiento de todos sus miembros, especialmente de los que están en situación de mayor vulnerabilidad o riesgo. La actividad legislativa siempre está basada en la atención al pueblo. A eso han sido invitados, llamados, convocados por las urnas.


Se trata de una tarea que me recuerda la figura de Moisés en una doble perspectiva. Por un lado, el Patriarca y legislador del Pueblo de Israel simboliza la necesidad que tienen los pueblos de mantener la conciencia de unidad por medio de una legislación justa. Por otra parte, la figura de Moisés nos remite directamente a Dios y por lo tanto a la dignidad trascendente del ser humano. Moisés nos ofrece una buena síntesis de su labor: ustedes están invitados a proteger, por medio de la ley, la imagen y semejanza plasmada por Dios en cada rostro.


En esta perspectiva quisiera hoy no sólo dirigirme a ustedes, sino con ustedes y en ustedes a todo el pueblo de los Estados Unidos. Aquí junto con sus Representantes, quisiera tener la oportunidad de dialogar con miles de hombres y mujeres que luchan cada día para trabajar honradamente, para llevar el pan a su casa, para ahorrar y ─ poco a poco ─ conseguir una vida mejor para los suyos. Que no se resignan solamente a pagar sus impuestos, sino que ─ con su servicio silencioso ─ sostienen la convivencia. Que crean lazos de solidaridad por medio de iniciativas espontáneas pero también a través de organizaciones que buscan paliar el dolor de los más necesitados.


Me gustaría dialogar con tantos abuelos que atesoran la sabiduría forjada por los años e intentan de muchas maneras, especialmente a través del voluntariado, compartir sus experiencias y conocimientos. Sé que son muchos los que se jubilan pero no se retiran; siguen activos construyendo esta tierra. Me gustaría dialogar con todos esos jóvenes que luchan por sus deseos nobles y altos, que no se dejan atomizar por las ofertas fáciles, que saben enfrentar situaciones difíciles, fruto muchas veces de la inmadurez de los adultos. Con todos ustedes quisiera dialogar y me gustaría hacerlo a partir de la memoria de su pueblo.


Mi visita tiene lugar en un momento en que los hombres y mujeres de buena voluntad conmemoran el aniversario de algunos ilustres norteamericanos. Salvando los vaivenes de la historia y las ambigüedades propias de los seres humanos, con sus muchas diferencias y límites, estos hombres y mujeres apostaron, con trabajo, abnegación y hasta con su propia sangre, por forjar un futuro mejor. Con su vida plasmaron valores fundantes que viven para siempre en el alma de todo el pueblo. Un pueblo con alma puede pasar por muchas encrucijadas, tensiones y conflictos, pero logra siempre encontrar los recursos para salir adelante y hacerlo con dignidad. Estos hombres y mujeres nos aportan una hermenéutica, una manera de ver y analizar la realidad. Honrar su memoria, en medio de los conflictos, nos ayuda a recuperar, en el hoy de cada día, nuestras reservas culturales.


Me limito a mencionar cuatro de estos ciudadanos: Abraham Lincoln, Martin Luther King, Dorothy Day y Thomas Merton.


Estamos en el  ciento cincuenta aniversario del asesinato del Presidente Abraham Lincoln, el defensor de la libertad, que ha trabajado incansablemente para que «esta Nación, por la gracia de Dios, tenga una nueva aurora de libertad». Construir un futuro de libertad exige amor al bien común y colaboración con un espíritu de subsidiaridad y solidaridad.


Todos conocemos y estamos sumamente preocupados por la inquietante situación social y política de nuestro tiempo. El mundo es cada vez más un lugar de conflictos violentos, de odio nocivo, de sangrienta atrocidad, cometida incluso en el nombre de Dios y de la religión. Somos conscientes de que ninguna religión es inmune a diversas formas de aberración individual o de extremismo ideológico. Esto nos urge a estar atentos frente a cualquier tipo de fundamentalismo de índole religiosa o del tipo que fuere. Combatir la violencia perpetrada bajo el nombre de una religión, una ideología, o un sistema económico y, al mismo tiempo, proteger la libertad de las religiones, de las ideas, de las personas requiere un delicado equilibrio en el que tenemos que trabajar. Y, por otra parte, puede generarse una tentación a la que hemos de prestar especial atención: el reduccionismo simplista que divide la realidad en buenos y malos; permítanme usar la expresión: en justos y pecadores. El mundo contemporáneo con sus heridas, que sangran en tantos hermanos nuestros, nos convoca a afrontar todas las polarizaciones que pretenden dividirlo en dos bandos. Sabemos que en el afán  de querer liberarnos del enemigo exterior podemos caer en la tentación de ir alimentando el enemigo interior. Copiar el odio y la violencia del tirano y del asesino es la mejor manera de ocupar su lugar. A eso este pueblo dice: No.


Nuestra respuesta, en cambio, es de esperanza y de reconciliación, de paz y de justicia. Se nos pide tener el coraje y usar nuestra inteligencia para resolver las crisis geopolíticas y económicas que abundan hoy. También en el mundo desarrollado las consecuencias de estructuras y acciones injustas aparecen con mucha evidencia. Nuestro trabajo se centra en devolver la esperanza, corregir las injusticias, mantener la fe en los compromisos, promoviendo así la recuperación de las personas y de los pueblos. Ir hacia delante juntos, en un renovado espíritu de fraternidad y solidaridad, cooperando con entusiasmo al bien común.


El reto que tenemos que afrontar hoy nos pide una renovación del espíritu de colaboración que ha producido tanto bien a lo largo de la historia de los Estados Unidos. La complejidad, la gravedad y la urgencia de tal desafío exige poner en común los recursos y los talentos que poseemos y empeñarnos en sostenernos mutuamente, respetando las diferencias y las convicciones de conciencia.


En estas tierras, las diversas comunidades religiosas han ofrecido una gran ayuda para construir y reforzar la sociedad. Es importante, hoy como en el pasado, que la voz de la fe, que es una voz de fraternidad y de amor, que busca sacar lo mejor de cada persona y de cada sociedad, pueda seguir siendo escuchada. Tal cooperación es un potente instrumento en la lucha por erradicar las nuevas formas mundiales de esclavitud, que son fruto de grandes injusticias que pueden ser superadas sólo con nuevas políticas y consensos sociales.


Apelo aquí a la historia política de los Estados Unidos, donde la democracia está radicada en la mente del Pueblo. Toda actividad política debe servir y promover el bien de la persona humana y estar fundada en el respeto de su dignidad. “Sostenemos como evidentes estas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que han sido dotados por el Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos está la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad” (Declaración de Independencia, 4 julio 1776). Si es verdad que la política debe servir a la persona humana, se sigue que no puede ser esclava de la economía y de las finanzas. La política responde a la necesidad imperiosa de convivir para construir juntos el bien común posible, el de una comunidad que resigna intereses particulares para poder compartir, con justicia y paz, sus bienes, sus intereses, su vida social. No subestimo la dificultad que esto conlleva, pero los aliento en este esfuerzo.


En esta sede quiero recordar también la marcha que, cincuenta años atrás, Martin Luther King encabezó desde Selma a Montgomery, en la campaña por realizar el “sueño” de plenos derechos civiles y políticos para los afro-americanos. Su sueño sigue resonando en nuestros corazones. Me alegro de que Estados Unidos siga siendo para muchos la tierra de los «sueños». Sueños que movilizan a la acción, a la participación, al compromiso. Sueños que despiertan lo que de más profundo y auténtico hay en los pueblos.


En los últimos siglos, millones de personas han alcanzado esta tierra persiguiendo el sueño de poder construir su propio futuro en libertad. Nosotros, pertenecientes a este continente, no nos asustamos de los extranjeros, porque muchos de nosotros hace tiempo fuimos extranjeros. Les hablo como hijo de inmigrantes, como muchos de ustedes que son descendientes de inmigrantes. Trágicamente, los derechos de cuantos vivieron aquí mucho antes que nosotros no siempre fueron respetados. A estos pueblos y a sus naciones, desde el corazón de la democracia norteamericana, deseo reafirmarles mi más alta estima y reconocimiento. Aquellos primeros contactos fueron bastantes convulsos y sangrientos, pero es difícil enjuiciar el pasado con los criterios del presente. Sin embargo, cuando el extranjero nos interpela, no podemos cometer los pecados y los errores del pasado. Debemos elegir la posibilidad de vivir ahora en el mundo más noble y justo posible, mientras formamos las nuevas generaciones, con una educación que no puede dar nunca la espalda a los “vecinos”, a todo lo que nos rodea. Construir una nación nos lleva a pensarnos siempre en relación con otros, saliendo de la lógica de enemigo para pasar a la lógica de la recíproca subsidiaridad, dando lo mejor de nosotros. Confío que lo haremos.


Nuestro mundo está afrontando una crisis de refugiados sin precedentes desde los tiempos de la II Guerra Mundial. Lo que representa grandes desafíos y decisiones difíciles de tomar. A lo que se suma, en este continente, las miles de personas que se ven obligadas a viajar hacia el norte en búsqueda de una vida mejor para sí y para sus seres queridos, en un anhelo de vida con mayores oportunidades. ¿Acaso no es lo que nosotros queremos para nuestros hijos? No debemos dejarnos intimidar por los números, más bien mirar a las personas, sus rostros, escuchar sus historias mientras luchamos por asegurarles nuestra mejor respuesta a su situación. Una respuesta que siempre será humana, justa y fraterna. Cuidémonos de una tentación contemporánea: descartar todo lo que moleste. Recordemos la regla de oro: “Hagan ustedes con los demás como quieran que los demás hagan con ustedes” (Mt 7,12).


Esta regla nos da un parámetro de acción bien preciso: tratemos a los demás con la misma pasión y compasión con la que queremos ser tratados. Busquemos para los demás las mismas posibilidades que deseamos para nosotros. Acompañemos el crecimiento de los otros como queremos ser acompañados. En definitiva: queremos seguridad, demos seguridad; queremos vida, demos vida; queremos oportunidades, brindemos oportunidades. El parámetro que usemos para los demás será el parámetro que el tiempo usará con nosotros. La regla de oro nos recuerda la responsabilidad que tenemos de custodiar y defender la vida humana en todas las etapas de su desarrollo.


Esta certeza es la que me ha llevado, desde el principio de mi ministerio, a trabajar en diferentes niveles para solicitar la abolición mundial de la pena de muerte. Estoy convencido que este es el mejor camino, porque cada vida es sagrada, cada persona humana está dotada de una dignidad inalienable y la sociedad sólo puede  beneficiarse en la rehabilitación de aquellos que han cometido algún delito. Recientemente, mis hermanos Obispos aquí, en los Estados Unidos, han renovado el llamamiento para la abolición de la pena capital. No sólo me uno con mi apoyo, sino que animo y aliento a cuantos están convencidos de que una pena justa y necesaria nunca debe excluir la dimensión de la esperanza y el objetivo de la rehabilitación.


En estos tiempos en que las cuestiones sociales son tan importantes, no puedo dejar de nombrar a la Sierva de Dios Dorothy Day, fundadora del Movimiento del trabajador católico. Su activismo social, su pasión por la justicia y la causa de los oprimidos estaban inspirados en el Evangelio, en su fe y en el ejemplo de los santos.


¡Cuánto se ha progresado, en este sentido, en tantas partes del mundo! ¡Cuánto se viene trabajando en estos primeros años del tercer milenio para sacar a las personas de la extrema pobreza! Sé que comparten mi convicción de que todavía se debe hacer mucho más y que, en momentos de crisis y de dificultad económica, no se puede perder el espíritu de solidaridad internacional. Al mismo tiempo, quiero alentarlos a recordar cuán cercanos a nosotros son hoy los prisioneros de la trampa de la pobreza. También a estas personas debemos ofrecerles esperanza. La lucha contra la pobreza y el hambre ha de ser combatida constantemente, en sus muchos frentes, especialmente en las causas que las provocan. Sé que gran parte del pueblo norteamericano hoy, como ha sucedido en el pasado, está haciéndole frente a este problema.


No es necesario repetir que parte de este gran trabajo está constituido por la creación y distribución de la riqueza. El justo uso de los recursos naturales, la aplicación de soluciones tecnológicas y la guía del espíritu emprendedor son parte indispensable de una economía que busca ser moderna pero especialmente solidaria y sustentable. “La actividad empresarial, que es una noble vocación orientada a producir riqueza y a mejorar el mundo para todos, puede ser una manera muy fecunda de promover la región donde instala sus emprendimientos, sobre todo si entiende que la creación de puestos de trabajo es parte ineludible de su servicio al bien común” (Laudato si’, 129). Y este bien común incluye también la tierra, tema central de la Encíclica que he escrito recientemente para “entrar en diálogo con todos acerca de nuestra casa común” (ibíd., 3). “Necesitamos una conversación que nos una a todos, porque el desafío ambiental que vivimos, y sus raíces humanas, nos interesan y nos impactan a todos” (ibíd., 14).


En Laudato si’, aliento el esfuerzo valiente y responsable para “reorientar el rumbo” (N. 61) y para evitar las más grandes consecuencias que surgen del degrado ambiental provocado por la actividad humana. Estoy convencido de que podemos marcar la diferencia y no tengo alguna duda de que los Estados Unidos ─ y este Congreso  ─ están llamados a tener un papel importante. Ahora es el tiempo de acciones valientes y de estrategias para implementar una «cultura del cuidado» (ibíd., 231) y una “aproximación integral para combatir la pobreza, para devolver la dignidad a los excluidos y simultáneamente para cuidar la naturaleza” (ibíd., 139). La libertad humana es capaz de limitar la técnica (cf. ibíd., 112); de interpelar “nuestra inteligencia para reconocer cómo deberíamos orientar, cultivar y limitar nuestro poder” (ibíd., 78); de poner la técnica al «servicio de otro tipo de progreso más sano, más humano, más social, más integral» (ibíd., 112). Sé y confío que sus excelentes instituciones académicas y de investigación pueden hacer una contribución vital en los próximos años.


Un siglo atrás, al inicio de la Gran Guerra, «masacre inútil», en palabras del Papa Benedicto XV, nace otro gran norteamericano, el monje cisterciense Thomas Merton. Él sigue siendo fuente de inspiración espiritual y guía para muchos. En su autobiografía escribió: “Aunque libre por naturaleza y a imagen de Dios, con todo, y a imagen del mundo al cual había venido, también fui prisionero de mi propia violencia y egoísmo. El mundo era trasunto del infierno, abarrotado de hombres como yo, que le amaban y también le aborrecían. Habían nacido para amarle y, sin embargo, vivían con temor y ansias desesperadas y enfrentadas”. Merton fue sobre todo un hombre de oración, un pensador que desafió las certezas de su tiempo y abrió horizontes nuevos para las almas y para la Iglesia; fue también un hombre de diálogo, un promotor de la paz entre pueblos y religiones.


En tal perspectiva de diálogo, deseo reconocer los esfuerzos que se han realizado en los últimos meses y que ayudan a superar las históricas diferencias ligadas a dolorosos episodios del pasado. Es mi deber construir puentes y ayudar lo más posible a que todos los hombres y mujeres puedan hacerlo. Cuando países que han estado en conflicto retoman el camino del diálogo, que podría haber estado interrumpido por motivos legítimos, se abren nuevos horizontes para todos. Esto ha requerido y requiere coraje, audacia, lo cual no significa falta de responsabilidad. Un buen político es aquel que, teniendo en mente los intereses de todos, toma el momento con un espíritu abierto y pragmático. Un buen político opta siempre por generar procesos más que por ocupar espacios (cf. Evangelii gaudium, 222-223).


Igualmente, ser un agente de diálogo y de paz significa estar verdaderamente determinado a atenuar y, en último término, a acabar con los muchos conflictos armados que afligen nuestro mundo. Y sobre esto hemos de ponernos un interrogante: ¿por qué las armas letales son vendidas a aquellos que pretenden infligir un sufrimiento indecible sobre los individuos y la sociedad? Tristemente, la respuesta, que todos conocemos, es simplemente por dinero; un dinero impregnado de sangre, y muchas veces de sangre inocente. Frente al silencio vergonzoso y cómplice, es nuestro deber afrontar el problema y acabar con el tráfico de armas.


Tres hijos y una hija de esta tierra, cuatro personas, cuatro sueños: Abraham Lincoln, la libertad; Martin Luther King, una libertad que se vive en la pluralidad y la no exclusión; Dorothy Day, la justicia social y los derechos de las personas; y Thomas Merton, la capacidad de diálogo y la apertura a Dios.


Cuatro representantes del pueblo norteamericano.


Terminaré mi visita a su País en Filadelfia, donde participaré en el Encuentro Mundial de las Familias. He querido que en todo este Viaje Apostólico la familia fuese un tema recurrente. Cuán fundamental ha sido la familia en la construcción de este País. Y cuán digna sigue siendo de nuestro apoyo y aliento. No puedo esconder mi preocupación por la familia, que está amenazada, quizás como nunca, desde el interior y desde el exterior. Las relaciones fundamentales son puestas en duda, como el mismo fundamento del matrimonio y de la familia. No puedo más que confirmar no sólo la importancia, sino por sobre todo, la riqueza y la belleza de vivir en familia.


De modo particular quisiera llamar su atención sobre aquellos componentes de la familia que parecen ser los más vulnerables, es decir, los jóvenes. Muchos tienen delante un futuro lleno de innumerables posibilidades, muchos otros parecen desorientados y sin sentido, prisioneros en un laberinto de violencia, de abuso y desesperación. Sus problemas son nuestros problemas. No nos es posible eludirlos. Hay que afrontarlos juntos, hablar y buscar soluciones más allá del simple tratamiento nominal de las cuestiones. Aun a riesgo de simplificar, podríamos decir que existe una cultura tal que empuja a muchos jóvenes a no poder formar una familia porque están privados de oportunidades de futuro. Sin embargo, esa misma cultura concede a muchos otros, por el contrario, tantas oportunidades, que también ellos se ven disuadidos de formar una familia.


Una Nación es considerada grande cuando defiende la libertad, como hizo Abraham Lincoln; cuando genera una cultura que permita a sus hombres “soñar” con plenitud de derechos para sus hermanos y hermanas, como intentó hacer Martin Luther King; cuando lucha por la justicia y la causa de los oprimidos, como hizo Dorothy Day en su incesante trabajo; siendo fruto de una fe que se hace diálogo y siembra paz, al estilo contemplativo de Merton.


Me he animado a esbozar algunas de las riquezas de su patrimonio cultural, del alma de su pueblo. Me gustaría que esta alma siga tomando forma y crezca, para que los jóvenes puedan heredar y vivir en una tierra que ha permitido a muchos soñar. Que Dios bendiga a América

Fuente: Radio Vaticana.