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domingo, 5 de noviembre de 2023

Y MIENTRA ISRAEL CONTINUA SU GUERRA CONTRA GAZA ¿QUE HAY DE UCRANIA?

 

Mario J. Viera

 


En tanto Israel, o más bien el gobierno de ese sector ultranacionalista y xenófobo del sionismo que integra el partido Likud, continúa desolando a la Franja de Gaza con masivos bombardeos y hasta atacando caravanas de ambulancias sin poder impedir que Hamás continúe lanzando misiles sobre Tel Aviv y Jerusalén, Ucrania no solo ha pasado a segundo plano, sino que hasta ha sido dejada en el olvido.

Ahora la Unión Europea, Gran Bretaña, Canadá y Estados Unidos se concentran en como resolver el conflicto de esa parte del mundo al que los que vivimos en el hemisferio occidental denominamos Cercano Oriente, y el presidente de Estados Unidos ha solicitado al Congreso una partida de 14300 millones de dólares para equipamientos defensivos para Israel y aunque también solicitó un paquete de 61 400 millones de dólares para Ucrania, siempre esta última  cifra  no contará con todo el apoyo del sector más extremista del ala republicana pro rusa y pro la corriente reaccionaria del sionismo, como si lo recibirá la propuesta a favor de Israel y esto sin dejar de considerar que las capacidades tanto defensivas como ofensivas de Israel e muy superior que aquellas con las que cuenta Ucrania enfrentada a una potencia militar superior a la de todos los estados musulmanes del cercano oriente.

Se calcula que Israel cuenta con más de 1 300 tanques, unos 10 000 vehículos blindados 2 000 morteros de diferente calibre, más de 300 aviones de combate, además del sistema de defensa aérea que constituye su Cúpula de Hierro con una efectividad del 95 % para interceptar misiles. Por otra parte, de acuerdo con estimaciones del Instituto de Investigación para la Paz de Estocolmo, Israel poseería actualmente unas 90 ojivas nucleares. De acuerdo con el National Geographic. Estados Unidos la brinda a Israel una financiación anual de 3 300 millones de dólares y otros 500 millones destinados a la tecnología de defensa de misiles.

Dentro de estas actuales condiciones no es de extraña que Volodymiyr Zelensky, como lo reporta CNN esté agotado por el constante esfuerzo de convencer y persuadir a los aliados para que mantengan la fe. en una entrevista con Simon Shuster, de TIME, informa CNN, Zelensky afirma que "nadie cree en nuestra victoria como yo. Nadie". Pero añade que infundir esas creencias en los aliados de Ucrania "requiere todo tu poder, tu energía (…) El cansancio de la guerra es como una ola. Se ve en Estados Unidos, en Europa" ¿Afecta el conflicto israelí- Franja de Gaza a Ucrania? Zelensky considera que sí: "Por supuesto que salimos perdiendo con los acontecimientos en el Medio Oriente. La gente está muriendo, y allí se necesita la ayuda del mundo para salvar vidas".

Shuster, reporta CNN, cita a un asesor del presidente ucraniano que afirma que Zelensky se siente "traicionado por sus aliados occidentales. Lo han dejado sin medios para ganar la guerra, solo para sobrevivir a ella".

Si la mitad de los recursos de guerra con que cuenta Israel los tuviera Ucrania, su ofensiva le llevaría hasta Crimea; de lo contrario. Ucrania está corriendo el riesgo de perder la guerra.

viernes, 7 de julio de 2023

EL HOMBRE MULTILATERAL ES MÁS PODEROSO DE LO QUE PUTIN IMAGINABA

 

Anne Applebaum

Tomado de POLIS: Política y Cultura

. El Portal de Fernando Mires

 


La Organización del Tratado del Atlántico Norte anunció hoy que Jens Stoltenberg, su secretario general durante los últimos nueve años, permanecerá en el cargo por un décimo año. Caso sin precedentes. La semana pasada, después de que The Times of London, Financial Times, Politico y quién sabe cuántos boletines de la industria de defensa habían predicho ese desarrollo, me reuní con Stoltenberg en su oficina limpia, funcional, casi sin rasgos distintivos: paredes blancas, alfombra gris. —en lo más profundo del reluciente cuartel general de la OTAN en Bruselas. Le pregunté sobre ello.

“Tengo un plan, y es volver a Noruega”, respondió, inexpresivo. Levanté una ceja. Sí, admitió, hay “algunas solicitudes para que me quede”. Más allá de eso, no quiso comentar. No hipotéticamente. No bajo embargo. Cuando finalmente se hizo el inevitable anuncio esta mañana, dijo en un comunicado que se sentía “honrado”, porque “en un mundo más peligroso, nuestra gran Alianza es más importante que nunca”. 

Sería difícil encontrar una mejor ilustración de las cualidades que hacen que Stoltenberg sea tan popular. La OTAN es una alianza defensiva que representa a una amplia variedad de países y regiones: Europa del Este y Europa del Sur, Escandinavia y Turquía, Gran Bretaña y Francia. Toma decisiones por consenso. Para lograr ese consenso, el secretario general de la OTAN no necesita luchar personalmente ni ganar guerras. Ese es el trabajo del comandante supremo aliado, que siempre es estadounidense, así como de los 31 jefes de estado de la OTAN y sus 31 ejércitos. En cambio, el secretario general, que siempre es europeo, tiene éxito si habla con todos, encuentra puntos en común, negocia compromisos, nunca filtra y nunca se pone a sí mismo en el centro de la historia, incluso cuando la historia se trata de él.

En los últimos años, este tipo de persona, llámese Hombre Multilateral (aunque, por supuesto, algunas de ellas son mujeres), ha tenido una mala reputación. Los enemigos de la Unión Europea, la OTAN y la sopa de letras de las organizaciones que se quedan sin Washington, Ginebra y Bruselas han comenzado a llamar a sus empleados "burócratas no elegidos". Se dice que el hombre multilateral es perezoso, derrochador o impotente. En una época que celebra la "soberanía", el "interés nacional" y los logros de sus principales oponentes (generalmente llamados "hombres fuertes"), los críticos menosprecian al hombre multilateral como parásito o sin sentido. A veces los críticos tienen razón.

Pero Stoltenberg está donde está precisamente porque realmente cree en las organizaciones multilaterales, en particular en la OTAN. Más que eso, piensa que son multiplicadores de fuerza que funcionan mejor que las autocracias dirigidas por hombres fuertes. Ha argumentado ese punto con bastante pasión con los críticos de la OTAN, entre ellos Donald Trump, a quien se ganó al que ilustran los aumentos en el gasto militar aliado. ("Me encantan los gráficos", me dijo Stoltenberg).

También piensa que valen la pena las rondas interminables de negociación sobre la política de alianzas, porque en última instancia el resultado es un mayor sentido de compromiso. A aquellos que dicen que la OTAN es menos eficiente, les pregunta: "¿Menos eficiente que qué? ¿Comparado con qué?" Es cierto que si no tienes la OTAN, "no tienes un proceso de decisión lento". Pero eso es porque si no tienes la OTAN, no tienes ningún proceso de decisión en absoluto, al menos no un proceso de decisión colectiva. "Creo en la defensa colectiva; Creo en uno para todos y todos para uno, que el ataque a un aliado desencadenará una respuesta de los demás". Y esto, dice, no es sólo "bueno para las naciones pequeñas"; Es "bueno para las grandes naciones también". Todo el mundo necesita amigos, incluso los estadounidenses.
Estrictamente hablando, Stoltenberg no es un burócrata no electo; en ningún caso, dado que ahora ha sido "elegido" cuatro veces por los jefes de estado de la OTAN, dos veces para mandatos regulares en el cargo y dos veces para extensiones. También pasó muchos años como político electo. Como primer ministro de Noruega (de 2000 a 2001 y nuevamente de 2005 a 2013), dirigió regularmente gobiernos de coalición, por lo que se acostumbró a forjar compromisos. Como hijo de otro político noruego (su padre era ministro de Defensa y ministro de Relaciones Exteriores), creció desayunando con líderes mundiales, entre ellos Nelson Mandela, y así aprendió el valor de los contactos personales. Una vez le dijo a una estación de radio que no se había dado cuenta hasta muchos años después de que en realidad no es normal que los ministros de Relaciones Exteriores inviten a líderes extranjeros a su cocina.

El desayuno no siempre es práctico, hoy en día, por lo que, según quienes lo rodean, lo compensa con ráfagas de mensajes de texto y una ronda constante de visitas a las capitales de la OTAN. Asistió a la toma de posesión del presidente turco Recep Tayyip Erdoğan el mes pasado, pasó más tiempo en Estambul, llevó a su esposa y entabló algunas conversaciones sobre la adhesión de Suecia. En las 48 horas anteriores a que lo viera, se había reunido con los primeros ministros de Dinamarca y Bulgaria, así como con el presidente de Francia. Había asistido a un ejercicio de formación en Lituania el fin de semana anterior, y a una reunión del Consejo Europeo, que incluye a todos los jefes de Estado de la Unión Europea, esa mañana. 

Si estaba cansado de este carrusel interminable, no lo dijo. Pero en este momento en particular, lo que realmente califica a Stoltenberg para este trabajo es su claridad sobre los peligros planteados por Rusia y una afinidad especial por Ucrania. Aquí estoy pisando con delicadeza, porque todavía no conocemos todos los detalles del paquete que la OTAN ofrecerá a Ucrania en una cumbre en Vilnius, Lituania, la próxima semana. Los ucranianos están pidiendo la plena membresía de la OTAN, lo cual no es nada nuevo: este tema se discutió seriamente por primera vez en una cumbre de la OTAN en 2008. La decisión tomada en ese momento, de negar a Ucrania un camino hacia la admisión pero implicar que podría concederse en el futuro, fue la peor posible, porque dejó a Ucrania en una zona gris, aspirando a unirse a Occidente pero sin ninguna garantía de seguridad occidental. El mundo ha cambiado desde entonces, y muchos más países están ahora abiertos a la idea de la adhesión de Ucrania. Aunque el gobierno de los Estados Unidos es reacio a apoyar eso mientras la guerra continúa, por temor a que los soldados estadounidenses se vean inmediatamente arrastrados al conflicto, la administración Biden podría eventualmente considerarlo también. 

Por el momento, la OTAN ofrecerá una serie de propuestas para la integración militar y la ayuda a largo plazo. Ucrania pasará de los sistemas de armas soviéticos a los occidentales y se le ofrecerán nuevos arreglos institucionales, incluida la creación de un consejo OTAN-Ucrania, que no suena como mucho fuera de la burbuja de Bruselas, pero significa mucho para la gente dentro. También se están considerando planes para acelerar eventualmente el proceso (Ucrania, al igual que Finlandia y Suecia, eventualmente se le puede permitir unirse sin un extenso "plan de acción de membresía"). En última instancia, algunos países también pueden ofrecer garantías bilaterales. Naturalmente, Stoltenberg no me dijo qué países ocupan qué posiciones, a pesar de que se informa ampliamente sobre ellas. "Mi tarea principal", dijo, "no es dar respuestas interesantes, sino garantizar que avancemos en la cuestión de la adhesión de Ucrania". Julianne Smith, embajadora de Estados Unidos ante la OTAN, me dijo que Stoltenberg no ha estado buscando "el mínimo común denominador" en sus negociaciones, sino que está tratando de forjar el mejor acuerdo posible para Ucrania. 

Tal vez este sea un giro estadounidense antes de la cumbre, pero si es así, tiene un punto más amplio. Debido a que el presidente ruso, Vladimir Putin, cree que el tiempo está de su lado, una de las tareas centrales de la OTAN es convencerlo de que el tiempo no está de su lado, que la alianza occidental seguirá respaldando a Ucrania, indefinidamente. La expresión a largo plazo aparece en muchas conversaciones transatlánticas sobre Ucrania. También lo hace la palabra permanente. La durabilidad de Stoltenberg también es parte de ese mensaje. Pero, ¿por qué un ex líder del Partido Laborista Noruego (y joven activista contra la guerra) debería estar tan dedicado a esta tarea? 

Vi a Stoltenberg hablar con gran emoción sobre Ucrania en un evento privado hace unos meses, y la semana pasada le pregunté sobre eso también. Me dijo que esto era el resultado de una experiencia personal. Visitó la entonces comunista Europa del Este durante la Guerra Fría, y vio marcados contrastes entre sus habitantes y sus contrapartes en Occidente. "Pensé que eran personas totalmente diferentes", recordó. "Tienen ropa diferente, todo huele diferente ... Y estaba realmente oscuro, y estaba tan lejos. Pero ahora voy a Riga o a Tallin, acabo de estar en Vilnius, y estas son ciudades muy modernas; en todo caso, son más modernas, más modernos y más creativos que en Escandinavia". La gente no era diferente después de todo: "Esto se trataba de política, las reglas bajo las que vivían, y me avergüenza no haberme dado cuenta de eso antes. Y hasta cierto punto, también cometí el mismo error sobre Ucrania". 

Para Stoltenberg, como para tantos europeos, la guerra actual despertó algunos recuerdos aún más antiguos. Volviendo a la pared de su oficina, Stoltenberg señaló una fotografía (en blanco y negro, de acuerdo con la estética austera) de su abuelo a los 100 años, un ex capitán del ejército noruego que estuvo en un momento en cautiverio alemán. Tanto sus padres como sus abuelos solían caminar por Oslo y señalar lugares de eventos de guerra: "Hubo una explosión allí, un ataque de sabotaje aquí; la resistencia solía esconderse en ese piso", y conoce tan bien esta gira que puede hacerlo con sus propios hijos. Los ucranianos, me dijo, "están luchando la misma lucha que luchamos contra el nazismo". 

Esta doble comprensión -que los ucranianos no son tan diferentes de los occidentales, y que están luchando un tipo familiar de guerra- no es exclusiva de Stoltenberg. Por el contrario, bastantes líderes europeos, y para el caso europeos comunes, han recorrido el mismo viaje, por lo que él y otros dentro y alrededor de la OTAN parecen tan confiados en su compromiso "a largo plazo" y "permanente" con Ucrania. Insiste en que esta transformación comenzó no el año pasado, sino al comienzo de su mandato en 2014, cuando la OTAN acababa de ser sorprendida y confundida por la invasión rusa de Crimea y Donbás. Después de eso, el gasto aumentó y los planes estratégicos cambiaron. En 2016, la alianza acordó establecer grupos de batalla, liderados por estadounidenses en Polonia, alemanes en Lituania, británicos en Estonia y canadienses en Letonia. Para el 24 de febrero de 2022, "la OTAN estaba preparada. 

Tuvimos toda la mayor preparación, tuvimos todo el aumento del gasto en defensa, habíamos desplegado fuerzas en la frontera oriental y habíamos acordado planes de defensa, nuevos planes de defensa, que activamos esa mañana". No todo el mundo se había tomado en serio este cambio. En 2019, el presidente francés, Emmanuel Macron, describió a la OTAN como "muerte cerebral". El desprecio del presidente ruso por la OTAN y sus líderes tuvo consecuencias mucho mayores. Putin afirmó sentirse ofendido por la presencia de la OTAN en su frontera occidental, pero en la práctica no le molestó, y ciertamente no le disuadió. Si realmente hubiera creído en el compromiso transatlántico con Ucrania, o si realmente hubiera temido la agresión de la OTAN, seguramente no habría invadido en absoluto. Pero aunque los historiadores discutirán sobre si la OTAN podría haber hecho más para disuadir a Rusia, ya está claro que la OTAN hizo mucho más para ayudar a Ucrania de lo que Putin esperaba una vez que comenzó la guerra. Putin no sólo subestimó a Ucrania; también subestimó a los Hombres Multilaterales, los funcionarios que, como Jens Stoltenberg y sus homólogos de la Unión Europea, ayudaron a la Casa Blanca a armar la respuesta militar, política y diplomática. 

Putin creyó en su propia propaganda, la misma propaganda utilizada por la extrema derecha transatlántica: las democracias son débiles, los autócratas son fuertes y las personas que usan un lenguaje cortés y diplomático no se defenderán. Esto resultó ser erróneo. "Las democracias han demostrado ser mucho más resistentes, mucho más fuertes de lo que creen nuestros adversarios", me dijo Stoltenberg. Y las autocracias son más frágiles: "Como acabamos de ver, los sistemas autoritarios pueden, de repente, colapsar". Aquí hay una predicción: durante el próximo año, y este, todos juran, realmente es el último, Stoltenberg no hará ningún discurso carismático sobre Ucrania o la OTAN. No se unirá a la refriega, comenzará discusiones o aparecerá en televisión a menos que él también lo haya hecho. 

En cambio, seguirá hablando de un "programa de varios años para mover a Ucrania de las doctrinas soviéticas de estándares y equipos a los estándares y doctrinas de la OTAN", seguirá reuniéndose con primeros ministros y ministros de Relaciones Exteriores, seguirá trabajando en la integración de Ucrania en Europa. Y entonces, un día, habrá sucedido. (MSN)

jueves, 11 de mayo de 2023

¿“Rusofobia”, Sr. Putin?

Mario J. Viera


 

El autócrata ruso Vladimir Putin dice que Occidente está librando una “verdadera guerra” contra Rusia y, al mismo tiempo alentando el odio y la “rusofobia”. "Se está librando una verdadera guerra contra nuestra patria”, Putin dixit.

“Rusofobia” y “verdadera guerra” contra Rusia, dos argumentos para él útiles pero que lo capacitan como un aplicado alumno de Goebbels en cuanto hacer que la mentira parezca ser verdad. Es que Putin, como bien lo calificara el escritor ruso Viktor Erofeev es un verdadero “gopnik’, sustantivo que traducido al español significa algo así como “delincuente callejero”; un matón callejero que busca reapropiarse del mundo; que intenta amenazar a todos los que no estén dentro de sus esferas de influencia alzando el hacha atómica. Para este gopnik con aspiraciones zaristas, Ucrania no existe como nación independiente, sino un despojo que se le ha hecho a la Santa Rusia

¿Y qué dice Putin de Ucrania?: “La nación ucraniana se ha convertido en rehén de un golpe de Estado que condujo a un régimen criminal dirigido por sus amos occidentales. Se ha convertido en un peón de sus planes crueles y egoístas”. Pero es que, tras la desintegración de la Unión Soviética, por una falta de visión política del beodo Yeltsin, este la transfirió el poder al exoficial de la KGB para iniciar un verdadero régimen criminal que se deshace de los opositores por envenenamientos y encarcelamientos de largas penas de prisión. Es cierto que Putin no es peón de nadie, porque él es el que controla el tablero de ajedrez ruso para urdir sus propios planes crueles y egoístas.

Ah, pero Putin ha podido aparecer por ser un descabellado producto de la política tradicional rusa; la de un país que jamás ha conocido la democracia. Desde los tiempos de Oleg de Nóvgorod (867), pasando por la invasión mongola en el siglo XIII y su Horda Dorada, siguiendo luego por el absolutismo de Iván el terrible, y la implantación de la dinastía Romanov que se mantuvo con todo su poder desde 1613, con la llegada al poder del zar Mijaíl Romanov, hasta la fecha de la revolución bolchevique en 1917 y el inicio de la Unión de República Socialistas Soviéticas un remedo de todo el imperio zarista. Nada de derechos civiles y políticos, todo el poder en manos de dictadores como Stalin y Brézhnev. Luego de las políticas de la perestroika y el glásnost y la desaparición del imperio soviético, los rusos conocieron un pequeño periodo democrático que solo sirvió para generar una casta de oligarcas advenedizos que han sido fieles sostenedores del régimen de Putin.

¿Rusofobia? ¿Es acaso la OTAN y los países democráticos de Occidente los que han generado este sentimiento o ha sido el mismo Putin el propiciador de esa fobia? ¿De qué modo diferente puede pensar el pueblo de Chechenia, cuando intentó declarar su independencia de la Federación Rusa, Yeltsin lanzó la invasión al territorio y el asedio a la ciudad de Grozni con bombardeos indiscriminados que dejaron como estela la muerte de unos 35 mil civiles? Posteriormente se islamizó el territorio checheno lo que motivó a Putin iniciar su primera etapa bélica. Con la invasión a Chechenia Putin restableció el poder del Kremlin en todo el territorio instaurando un gobierno pro ruso en el país, bajo el poder del exguerrrillero checheno Ajmat Kadirov, muerto en un atentado cuatro años después y sustituido en el poder por su hijo, el sanguinario Ramzán Kadirov un autócrata fiel a Putin.

¿Pueden acaso los georgianos pensar de modo diferente luego de que Medvedev lanzara contra Georgia su “misión pacificadora” interviniendo en el conflicto interno entre Georgia y la separatista provincia de Osetia del Sur, con mayoría étnica rusa? La “misión de paz” de los rusos dio como resultado entre otros desastres la destrucción total de varios pueblos de etnia georgiana en Osetia del Sur.

¿Acaso los ucranianos pudieran estar libre de sentimientos antirrusos después de la guerra despiadada que Putin arrojara sobre la Ucrania independiente?

No, Sr, Putin, la ruso fobia es obra exclusiva y registrada de Rusia. Es Rusia, y es Putin, los que están llevando a cabo una verdadera guerra en Ucrania y apuntando hacia todo el mundo democrático del Occidente. Rusia no puede prevalecer en Ucrania, como pudo Hitler en Polonia para iniciar la Segunda Guerra Mundial.

Putin insiste que fue solo la Unión Soviética la que derrotó al nazismo, dejando a un lado la heroica participación de Gran Bretaña en contra del hitlerismo, desde inicio de la guerra, cuando en Rusia se firmó el Pacto de no agresión Molotov- Ribbentrop y la repartición de Polonia entre la Alemania Nazi y la Rusia de Stalin. No menciona para nada el golpe contundente contra el nazismo que fuera el desembarco por Normandía. Putin ignora de puro nacionalismo, que Rusia no fue la única nación que contribuyó al fin de la Segunda Guerra Mundial. Ante el interesado olvido de Putin de las fuerzas de Estados Unidos y Gran Bretaña, el presidente Zelensky lo dijo bien claro: “No permitiremos que (Rusia) se apropie la victoria conjunta de las naciones de la coalición anti Hitler y no permitiremos mentiras como si la victoria hubiera podido ocurrir sin la participación de ningún país o nación”.  

De Rusia nada se puede esperar, solo cabría una mínima esperanza de que los rusos lleguen algún día a vivir en democracia y a que Rusia se convierta en una nación abierta al mundo y a la paz internacional; pero para eso se requiere una poderosa revolución civilista en la tierra de Tolstoi.


domingo, 23 de abril de 2023

¿QUE PAZ EN EUROPA PRETENDE LULA DA SILVA?

Mario J. Viera



Luiz Inácio Lula da Silva, este distinguido personaje que actualmente es presidente del Brasil; éste, al que muchos le otorgan el apelativo de “progresista” o lo reconocen como uno de los principales líderes de la izquierda iberoamericana, le ha salido su vocación de “pacificador”. No sé hasta qué punto da Silva sea progresista; tal vez al interior de su país pueda otorgársele tal condición. Eso es asunto a definir por los brasileños; pero en el plano internacional, en su política exterior dudo que se le pueda considerar como progresista.

¿Cuán progresista pueda ser considerado un líder político que mantenga estrechas relaciones de “amistad y cooperación” con regímenes reaccionarios y decadentes como el que rige en Cuba, primero bajo la estricta hegemonía de Fidel Castro y posteriormente por la tan estricta del PCC? ¿Qué decir sobre el progresismo de alguien que, como Lula da Silva, tan solo llegar a la presidencia de su país se apure para retomar la amistad y la colaboración con la dictadura de Nicolás Maduro, de Venezuela? ¿Hasta dónde se puede considerar como progresista un jefe de Gobierno que rechaza firmar una resolución de la ONU condenando los abusos de los derechos humanos en Nicaragua? Ciertamente, más tarde, el gobierno de Lula expresó que estaba “extremadamente preocupado” por las denuncias procedentes de Nicaragua y prometió acoger en Brasil a aquellos refugiados nicaragüenses a los cuales el régimen de Ortega les despojó de su nacionalidad. Solo extremadamente preocupado; pero sin emitir un rechazo a la dictadura Ortega-Murillo.

Brasil forma parte del grupo de países organizados bajo el acrónimo BRIC, es decir Brasil, Rusia, India y China, fundado en 2006, durante el primer periodo presidencial de Lula da Silva y bajo la sombra protectora del canciller de Putin, Serguéi Lavrov. Ahora Brasil retoma su papel dentro del BRIC y es tan alentador este, que, en la gira latinoamericana del “compañero” Lavrov, fuera Brasil el primero en la lista del canciller del imperio ruso, entre los que se encontraban Venezuela, Nicaragua y Cuba. El propósito aparente de tal visita es la de estrechar los lazos diplomáticos entre esos países y la Rusia de Putin, aunque lo real es fortalecer el apoyo que estos cuatro países le brindan, tanto de manera enfática (Venezuela, Nicaragua, Cuba) o disimulada (Brasil de Lula) a los intereses de Putin en su guerra contra Ucrania.

Ya se había producido la visita de Lula da Silva a la China comunista de Xi Jinping, y ya había anunciado su misión pacificadora, en sintonía con el proyecto de paz chino, y tan elegantemente expuesta, que Lavrov, no se midió en su visita al Brasil para declarar sin tapujos: “La guerra que intentamos detener fue lanzada contra nosotros, utilizando a la población ucraniana”. Ahora bien, ¿qué tipo de paz propone Lula? Ya antes de su visita a China Lula había sido bien claro cuando rechazó enviar armas a Ucrania para su defensa frente a la invasión rusa: “Si mando munición ─ dijo ─, entro en la guerra y yo lo que quiero es acabar con la guerra”. ¿Parece lógico? Sí, pero hasta cierto punto, porque sin el suministro de municiones a Ucrania es posible que se acabe la guerra, pero al precio de la derrota militar de Ucrania.

Luego de su visita a China, Lula viajó a Emiratos Árabes Unidos y se entrevistó con el jeque Mohammed ben Zayed al Nahyan. Antes de regresar a Brasil le declararía a una rueda de periodistas: "Ayer hablé con el jeque sobre la guerra. Hablé con Xi Jinping sobre la paz. Y creo que estamos encontrando un conjunto de personas que prefiere hablar de paz que de guerra. Creo que tendremos éxito”. Entonces introduce el prólogo de su propuesta como mediador en la guerra en Europa: "El presidente ruso, Vladímir Putin, no toma la iniciativa de parar, el presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, no toma la iniciativa de parar. Europa y Estado. Unidos siguen contribuyendo a la continuidad de esa guerra. Tenemos que sentarlos en la mesa y decirles 'ya basta'". Sentenció entonces: “La decisión de la guerra la tomaron dos países”.

Habría que aclararle al pacificador, diciéndole: “No, Sr. Lula da Silva, la decisión de la guerra la tomó solo el dictador ruso; a Ucrania solo le quedó la decisión de defenderse de la agresión. Sr. Lula, no se puede igualar a Ucrania con Rusia. No se puede igualar al agredido con el agresor. Y agrega Lula diciendo sibilinamente: “Y ahora lo que estamos tratando de construir es un grupo de países que no tienen nada que ver con la guerra, que no quieren la guerra, que quieren construir la paz en el mundo ─ ¿Acaso como Cuba, Venezuela, o Nicaragua? ─, para que podamos hablar tanto con Rusia como con Ucrania. ¿Hablar con Ucrania, Sr Lula? Nada hay que hablar con Ucrania; con quien hay que hablar, y en términos fuertes, es con Rusia. Ucrania no atentó contra la seguridad de Rusia; Ucrania quería solo fundirse en el europeísmo, mantenerse independiente y soberana.

Y dijo Lula: “Europa y Estados Unidos acaban contribuyendo a la continuación de esta guerra”. ¿Por qué, por el suministro de armas a Ucrania? Lo que pretende el Sr.  Lula es dejar desarmada a Ucrania frente al agresor; es dejar, que una nación quede a merced del poderío de otra más poderosa, de aquella que cuenta con más recursos militares, que cuenta hasta con un arsenal atómico. Las declaraciones de Lula o son estúpidas o son simple, llana, y tajantemente sínicas. “Creo que tenemos que sentarnos en la mesa y decir: basta ya”, ¡correcto, hay que decir basta ya! Pero no como lo ve Lula y como desea que otros lo vean. Hay que decirle a Putin “basta ya”; y basta ya porque él es el agresor; porque en sus delirios nacionalistas no puede concebir que Ucrania sea un país verdadero; basta ya, porque tiene que detener el desastre humanitario que ha generado en Ucrania; y decirle, o basta ya, o todos los países democráticos del mundo echaremos a Rusia al tanque de los desperdicios, a su total aislamiento internacional.

Y vuelve al asalto, este sábado 22 de abril, Luiz Inácio Lula da Silva diciendo que está dedicado a la labor de restablecer la paz entre Rusia (la agresora) y Ucrania (la agredida), buscando a un grupo de países que faciliten las negociaciones, y lo cree así porque “es mejor encontrar una salida en una mesa que intentar encontrar una salida en el campo de batalla”.     

La única salida, no es una mesa de negociaciones entre agresores y agredidos. Para detener la guerra imperialista que Putin ha lanzado contra un país soberano, es, en primer lugar, condenar la agresión sin hacerle concesiones a Rusia a cambio de intercambios comerciales con el imperio ruso, de lo contrario, la salida se encuentra fatal y necesariamente en el campo de batalla con la derrota de los invasores por Ucrania.

La idea ─ afirma el carioca ─ es que pare la guerra, se sienten a negociar y conversen” ¡Vaya propuesta esta! ¿Qué tiene que negociar Ucrania con Rusia? ¡Nada! Exigir es lo que le corresponde a Ucrania, con todo el apoyo del mundo democrático, incluido Brasil, de que las tropas rusas abandonen el territorio ocupado en Ucrania, el acatamiento de sus fronteras y el reintegro del territorio de Crimea ─ anexado por la fuerza por Rusia─ a la soberanía del Estado Ucraniano. Otra cosa en contrario es tartufismo político de la peor especie.


martes, 11 de octubre de 2022

El desespero de Putin

 

Mario J. Viera

 


En la guerra no se puede actuar por impulsos emocionales. Se requiere alcanzar objetivos que debiliten al enemigo sin sacrificar potencia propia. No se puede perder la ecuanimidad, y esto es lo que le está ocurriendo ahora mismo al dictador ruso, Vladimir Putin. Está desesperado, no logra hacer avanzar su “operación militar especial” en Ucrania, Se van acumulando reveces a las fuerzas rusas, los ucranios continúan su contraofensiva en el Donbás. Los armamentos aliados han fortalecido la capacidad ofensiva-defensiva de Ucrania.

Putin ordena una movilización parcial de hombres para la guerra. Corre ansioso para mostrarse “vencedor” y organiza un referendo de anexión a punta de fusil en las provincias ocupadas, un referendo que ni él mismo se lo cree.

Los partisanos ucranios acosan en las zonas ocupadas, atentados y sabotajes. Nada está seguro para los rusos. Le lanza a la alianza atlántica la bravuconada de recurrir al armamento atómico. Unos lo ponen en duda; Biden, en cambio lo toma en serio y advierte a Putin que si Rusia emplea armas tácticas atómicas en Ucrania recibirá una fuerte represalia. Hace bien, pero haría mejor, no aflojar la mano y decidirse a dotar a Ucrania con una poderosa fuerza aérea, con lanzadores de misiles poderosos y tanques de guerra muchos tanques de guerra, para fortalecer el potencial ofensivo del ejército ucraniano.

Un colosal golpe a su ego lo sufre Putin con la explosión de su querido puente que enlaza Rusia con la península de Crimea. No lo soporta, no le importa si fue un hecho casual, o si fue Ucrania quien tuvo la iniciativa, prefiere acusar a Ucrania de “terrorista”, sin embargo, si la acción fue conducida por los servicios de inteligencia ucranianos, justificada está, sería la respuesta legítima de un país agredido contra los medios del invasor. Se enfurece Putin y comienza a desperdiciar misiles lanzándolos sobre objetivos, principalmente civiles, en Kiev y en otras ciudades de Ucrania.

Hacen daño esos misiles, acto criminal contrario a las leyes sobre la guerra, pero no afectan en mucho a la capacidad militar ucraniana y enardece más a los ucranios para enfrentarse al Atila ruso que, con sus caballos coheteriles pretende no hacer crecer la hierba en suelo ucraniano. Es la desesperada respuesta de quien sabe que está perdiendo la partida. Palos a ciegas que pueden volverse en contra suya. Putin con ese volar de buitres de acero sobre cielos ucranianos está de hecho, reconociendo su derrota.

martes, 23 de agosto de 2022

¡ABAJO LA DICTADURA!

 

Fernando Mires. Blog Polis: Política y Cultura

 


La guerra de invasión a Ucrania ha creado una línea divisoria. Es la que separa a las democracias de las antidemocracias. Es también el nuevo orden político mundial anunciado por el dictador de Rusia. Ya en el encuentro de los megadictadores en los juegos Olímpicos de invierno, tanto Putin como Xi Jinping concordaron en un fin: la creación de un nuevo orden mundial que para el chino deberá ser económico (con China a la cabeza). Pero el ruso tenía otras ambiciones. Sabiendo que en la escala económica mundial Rusia ocupa un precario onceavo lugar -probablemente seguirá bajando durante y después de la guerra a Ucrania- “su” orden mundial tiene un carácter militar y político. Diferencia que hizo decir a Kissinger que la alianza ruso-china no puede ser de larga duración. La economía china necesita de las economías occidentales como las venas de la sangre.

Una debacle económica de Occidente arrastraría a China hacia el abismo. No así a Rusia. Por eso China puede acompañar a Rusia solo hasta la puerta del cementerio. Más allá, no. Razón para que las potencias occidentales al mismo tiempo que practican una estrategia de (necesaria) tensión hacia Rusia se decidan a practicar una estrategia de (también necesaria) distensión hacia China, manteniendo discrepancias en la mesa económica y no en la militar. Sobre este tema me extenderé en otra ocasión. El objetivo de este artículo apunta a la contradicción que busca incentivar Putin, a saber, la que se da a nivel mundial entre las formaciones políticas democráticas y las antidemocráticas.

 

AMÉRICA LATINA ESTÁ EN EL MUNDO

Aunque parezca raro, Putin concuerda con Biden en que la contradicción principal de nuestro tiempo es la que se da entre democracias y autocracias. La diferencia es que mientras Biden toma partido a favor de las democracias, Putin lo hace a favor de las dictaduras. Por eso no se ha cansado de repetir que Ucrania es solo un eslabón que llevará a la derrota final de Occidente, entendiendo por ello al conjunto de democracias organizadas en la UE y en la OTAN.

La división es clara: la mayoría de las autocracias del mundo ha dado su apoyo a la Rusia de Putin. Al revés también: todas las democracias del mundo apoyan al bloque occidental. Una contradicción que no solo tiene lugar entre las naciones sino también al interior de ellas. De ahí que cada triunfo que obtengan los sectores antidemocráticos en cualquier lugar, será celebrado por Putin con suma alegría. Pues bien, y a ese punto voy, esa contradicción incluye también a las naciones latinoamericanas. Inclusión que explica por qué Putin ha estrechado al máximo sus relaciones con el trío antidemocrático de América Latina formado por Cuba, Nicaragua y Venezuela, agregando a su lista al Brasil del trumpista Bolsonaro.

La mayoría de los analistas latinoamericanos imaginan que las contiendas que tienen lugar en sus países son puramente locales. No así para Putin ni para Biden. Un triunfo de las democracias o de las anti-democracias, en cualquier punto del orbe, tiene para ellos una importancia mundial. Las políticas locales son hoy globales. Conclusión que me indujo a leer con sumo interés la versión preliminar del libro (en PDF) que me hiciera llegar el escritor cubano Mario J. Viera, cuyo título es Cuba, resistencia no Violenta.

Durante gran parte de la era castrista, Cuba ocupó para el conjunto de las izquierdas un lugar privilegiado, algo así como una Meca ideológica y política de la revolución continental. La atracción que despertó durante la era de la Guerra Fría ha desparecido, por cierto, pero de ese fuego “antimperialista”, algunos rescoldos quedan. El mismo canciller de Putin, Sergei Ryabkov, no vaciló, en vísperas de la invasión a Ucrania, mencionar a Cuba, junto con la Venezuela de Maduro, como uno de los países en los cuales podría realizar acciones militares en contra de los EE UU. De más está decir que ni Maduro ni Díaz Canel emitieron la más mínima protesta.

Después de tantos años de dominación dictatorial, pensar en una deserción de Cuba del espacio anti-democrático podría ser visto como una fantasía tropical. No obstante, permítaseme otra apreciación. Como bien demuestra Viera, desde el momento en que murió Fidel, Cuba perdió gran parte de su proyección imaginaria. Mientras la de Fidel fue una dictadura de tipo mesiánico, la de Raúl fue burocrática y militar. Con Díaz Canel desapareció del poder la generación que actuó en la revolución y así Cuba dejaría de ser la isla utópica de las izquierdas latinoamericanas. Su revolución ya no está en el futuro sino en un pasado cada vez más lejano.

La crisis económica que comenzó a vivir el país con el derrumbe del mundo comunista fue paliada en parte por el aparecimiento de la Venezuela de Chávez. Pero después que Chávez y hoy Maduro convirtieran a la ayer próspera Venezuela en un mierdal económico, Cuba ha quedado de nuevo librada a su suerte. La isla está aislada. No es raro entonces que Putin la esté mirando, junto a Venezuela, como aliado potencial: dos enclaves anti- occidentales en los bordes del lejano Occidente. Como sea, los habitantes que aún quedan en la Isla saben que su suerte no mejorará bajo el alero de Putin. Razones que hacen pensar a algunos cubanos que, ahora sí, se están dando condiciones para impulsar movimientos de democratización.

Manejando con pericia las conocidas tesis de Gene Sharp, sobre todo las que se desprenden de su libro clásico From Dictatorship to Democracy, Viera emprende un examen exhaustivo de los recientes movimientos contestarios de Cuba, sobre todo de aquel que comenzó a desarrollarse en el 2021, conocido como el movimiento San Isidro, desde donde, a pesar de su fracaso en la marcha del 15 de noviembre del 2021 (que hizo cifrar muchas expectativas) el estado de creciente malestar social y cultural que le dio origen, continúa presente. De ese y otros movimientos busca Viera extraer enseñanzas para las jornadas que se avecinan.

La dictadura de partido bajo Díaz Canel no goza de apoyo de masas, no tiene perspectivas históricas, carece de potencial utópico. Díaz Canel representa el poder por el poder, no más. Las condiciones objetivas están dadas para un cambio decisivo en las relaciones de poder, parece pensar Viera. Incluso va más allá: según su opinión no se trata solo de propiciar un cambio de gobierno en la isla, sino de revocar un sistema de dominación al que él llama totalitario. Pues bien, ahí reside una diferencia entre el autor del libro y quien escribe estas líneas.

 

TOTALITARISMO SIN TOTALIDAD

El sistema de dominación que impera en Cuba ya no puede, según mi opinión, ser calificado como totalitario. Las razones las da el mismo Viera. El régimen carece de apoyo de masas y de un proyecto de futuro (o dicho de modo lacaniano: carece de poder simbólico y de poder imaginario). Mostrarse impotente frente a las manifestaciones de descontento, más la estridente apatía política de la población, no son características de un sistema totalitario. No basta, en efecto, que un orden político se mantenga mediante el terror para hablar de totalitarismo.

En una escala de regímenes de dominación antidemocrática, distinguíamos en otro texto los siguientes peldaños: autoritarismo, autocracia, dictadura militar y/o burocrática, y totalitarismo. En cada una de estas formaciones anti-democráticas encontramos gérmenes y momentos totalitarios. Pero para hablar de totalitarismo requerimos que el poder sea total y, definitivamente, en Cuba, el poder de la clase dominante de estado, ya no lo es. No porque exista un anti-poder sino simplemente porque el poder establecido no goza de aprobación, ni de consenso, ni de legitimidad.

Siguiendo a Hannah Arendt y a otros pensadores del fenómeno totalitario como Carl Joachim Friedrich y Zbigniew Brzezinski, tres son las características que llevan a determinar la existencia del poder totalitario. El terror, una ideología totalitaria, y la sustitución de lo íntimo por lo público. De esa triada, solo se mantiene el terror. Ideología política no hay, y lo íntimo no ha logrado ser usurpado por lo público. Todo lo contrario. Si uno sigue las crónicas de Yoani Sánchez, o las narraciones de Leonardo Padura, podemos observar en Cuba un retiro hacia lo íntimo y lo privado en desmedro de lo público, tal como ocurría en las “democracias populares” controladas po el imperio soviético. Haciendo un paralelo con la ex URSS, podríamos afirmar que hubo totalitarismo bajo Stalin pero, como precisó Arendt, bajo Jruschev ya no lo hubo. Mucho menos lo hubo bajo Breschnev en el periodo conocido como “la estagnación”. Ahora bien, bajo Fidel Castro el régimen cubano de dominación también habría podido ser definido como totalitario. Pero bajo Díaz Canel, cuando más, como semi-totalitario o, si se prefiere, post-totalitario.

Fidel no solo era temido, sino también, como el Gran Hermano de Orwell, amado. Patria o Muerte quería decir para muchos, entregar la vida si es que fuera necesario, por la revolución. ¿Quién quisiera entregar la vida por Díaz Canel o por esa miseria sin fondo a la que él llama revolución? Quizás solo los parientes más cercanos del oscuro dictador. Podríamos entonces decir: el régimen de gobierno en Cuba carece de la grandeza demoníaca del totalitarismo. Y bien, precisamente son estas carencias totalitarias las que permiten iniciar en Cuba una operación de rescate de la democracia. Luchar en contra y a la vez dentro de un sistema totalitario, es imposible.

Más allá de ese desacuerdo conceptual, el libro de Viera contiene valiosas enseñanzas para quienes estén dispuestos a apoyar la lucha por la democracia en Cuba. Pienso, además, que ofrece perspectivas a otros países, no solo latinoamericanos, caídos bajo la férula de gobiernos anti-democráticos. Conocedor de la historia de su nación y a la vez provisto de un excelente arsenal analítico, establece Viera, de modo categórico, que la lucha por la democracia en Cuba deberá ser pacífica o no ser. Es entendible: quienes están más interesados en un enfrentamiento violento son los personeros del régimen. Militar y policialmente el régimen es fuerte. Políticamente es débil.

 

PARTISANOS NO VIOLENTOS

Para que la lucha política sea viable, es importante que sus actores sean ciudadanos que padecen y conocen la dictadura en la vida cotidiana. Eso supone renunciar a cuatro creencias que hasta ahora han caracterizado a la incipiente oposición cubana.

La primera creencia dice que el régimen podría caer si desde el exterior son aplicadas fuertes sanciones económicas. Viera demuestra en cambio que las sanciones han producido el efecto contrario. Todas las deficiencias, desajustes y fracasos del gobierno encuentran justificación en el “bloqueo”, y los más afectados son los sectores más empobrecidos del pueblo, nunca la nomenclatura dominante.

La segunda creencia supone que, por contar con mejores medios económicos, parte de la conducción de la lucha debe yacer en las manos de grupos en el exilio. Conocedor de la impotencia de las políticas de exilio, Viera argumenta diciendo que los dirigentes políticos en el exterior no están ligados a los intereses de las masas cubanas, ignoran su realidad, y por lo mismo diseñan planes de acuerdo al dictado de abstractas fantasías.

La tercera creencia es la que supone que el régimen puede caer gracias a la iniciativa del gobierno de los EE. UU. Quienes así piensan, aclara Viera, olvidan que los EE. UU no actúan por filantropía sino solo cuando su soberanía o la de sus aliados se ve amenazada por otra potencia externa, o cuando sus intereses económicos o geoestratégicos se encuentran en peligro.

La cuarta creencia es la que imagina que hay que privilegiar la política hacia el interior de los cuarteles militares, alentando la posibilidad de un golpe de estado “democrático”. De acuerdo a Viera, el ejército cubano es parte de un complejo de poder articulado social e ideológicamente al interior del estado. Pero, aún si se diera el caso de una intervención militar, solo habría que esperar la sustitución de una dictadura por otra.

Viera no cree mucho en la espontaneidad de las masas. Estas pueden aparecer ocasionalmente y pronto diluirse si los actores carecen de una mínima organización. La historia de la oposición cubana está llena de apariciones disruptivas que, sin continuidad en el tiempo, desaparecen como luces pasajeras en medio de la noche. Por eso mismo su texto ha sido escrito, en primera línea, para los activistas de la democracia. Partisanos no violentos, los llama. Tiene razón. Hay que despedirse de una vez por todas de esas imágenes fílmicas que nos presentan la caída de las tiranías como producto del levantamiento de masas irredentas gritando al unísono: ¡abajo la dictadura! Esas son solo imágenes cultivadas por las mitológicas izquierdas del pasado reciente. Las realidades son distintas.

Las dictaduras no caen como consecuencia de movimientos espontáneos de masas, ni mucho menos por su propio peso. Por lo general terminan cuando previamente ya han sido derrotadas en múltiples procesos que han llevado a su desgaste y a su división interna, atravesando a veces por largos y complicados procesos de transición. 

Las últimas revoluciones que hemos conocido, por ejemplo, las que pusieron fin al comunismo, solo fueron posibles cuando el eje de rotación que daba vida a los regímenes comunistas entró en crisis gracias a las reformas de Gorbachov. Recién después de la Perestroika las organizaciones democráticas de lo países sometidos a la URSS pudieron irrumpir exigiendo su reconocimiento público. 

Y bien, de eso se trata la lucha pacífica: de crear una institucionalidad alternativa que sea reconocida por el poder establecido. Como consignó una vez el dirigente de Solidarnosc, Joseph Kuron: “Nunca quemes un local del partido comunista. Funda otro partido”. Gracias a ese espíritu constructivo, Solidarnosc se convirtió, de simple iniciativa obrera, en un movimiento de masas, y luego en el partido de la revolución, para terminar siendo un partido de gobierno. 

Un proceso similar, vivirían las múltiples organizaciones disidentes formadas en los países de la periferia soviética. No así en Rusia, donde el cambio, al provenir desde arriba, no logró echar raíces al interior del pueblo. Por eso, mientras los países occidentales dependientes de Rusia llegaron a convertirse en democracias, Rusia, aún con Jelzin, no pudo salir nunca del modo autocrático de gobierno. Putin, desde esa perspectiva, se encuentra en plena continuidad con el autocratismo que lo precedió, reconvirtiéndolo en lo que fue durante Stalin: un régimen totalitario.

Aparentemente Cuba sobrevivió al tsunami democrático de 1989-1990, pero al precio de convertirse en una isla ya no geográfica sino histórica y política. Las dádivas recibidas desde la Venezuela chavista nunca pudieron superar la crisis en la que quedó sumida. Crisis crónica y múltiple: política, económica y moral. El socialismo cubano es hoy un cuerpo corroído que apesta. Sin poder simbólico ni imaginario, Cuba no representa un futuro para nadie

Sin embargo, nuevas generaciones, liberadas del pasado castrista, están apareciendo. Movimientos contestarios como el de San Isidro, volverán a resurgir por doquier. La canción Patria y Vida ya sustituyó a la simbología necrófila del régimen de la patria y de la muerte. El castrismo, si es que todavía existe, ha perdido la batalla de las ideas. Ni los más dogmáticos dinosaurios intelectuales se atreverían hoy a proponer a Cuba como un “modelo a seguir”. 

Puede ser que el largo proceso que llevará la democracia a Cuba no cautive los corazones de las nuevas generaciones políticas latinoamericanas como sucedió con la revolución fidelista. Pero sin duda será muy importante para aventar a los fantasmas ati-democráticos que aún asolan en los países latinoamericanos.

Solo cuando la democracia llegue a Cuba habremos dejado definitivamente atrás una historia horrible. Y para que eso ocurra, como muestra el texto de Viera, las condiciones, si no están dadas, están comenzando a darse.

domingo, 17 de abril de 2022

ANTE LAS BRAVATAS DE PUTIN…¿QUEDARSE CALLADOS?

 


Mario J. Viera

 

Constantemente Putin, el pequeño que se cree gigante, amenaza a Occidente con bravatas de que, cualquier pretensión de fortalecer las defensas ucranias “tendrá graves consecuencias”, y no se inhibe para enseñar su potencial atómico. Occidente, guarda silencio; solo impone el bumerang de las extenuantes sanciones económicas y quizá alguna que otra poco relativas sanciones diplomáticas.

Europa, Estados Unidos y Gran Bretaña, aparentan ante Putin ser timoratos, porque hay que evitar un enfrentamiento directo con las tropas de Putin, lo que desataría una guerra de incalculables consecuencias. El presidente Biden, muy cauteloso ha rechazado la propuesta polaca de entregar a Ucrania sus viejos aviones Mig; porque eso sería como retar a Putin, y Putin está loco. Pero desde Bielorrusia parten aviones de combate rusos y bombarderos sobre el territorio ucranio. Europa, Estados Unidos y Gran Bretaña, en respuesta, imponen sanciones económicas a Bielorrusia.

Putin, y sus perros falderos del Kremlin, continúa enviando sus bravatas… de hecho su ideología del euroasiatismo y del paneslavismo es un reto a todo el mundo democrático de marcado tinte nacionalsocialista (nazi). Y acumula más tropas para el asalto final a Ucrania; sin embargo, Occidente no concentra un importante número de tropas en las fronteras de Rusia para estar listas ante esas “graves consecuencias” con las que amenaza el oficial de la KGB. Hay que acantonar tropas, tanques, aviones de combate, artillería pesada, todo el necesario arsenal para afrontar esas “graves consecuencias”. Putin tiene que comprender que las graves consecuencias con las cuales amenaza pueden causarles a él otras graves consecuencias.

La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) debiera también hacerle advertencias a Putin sobre “graves consecuencias” si continúa su guerra de exterminio en Ucrania. Si Putin hace gala de su poderío atómico, la OTAN debe recordarle a Putin que la Alianza también posee poderío atómico. Europa, Estados Unidos y Gran Bretaña deben exigirle a Putin que retire sus tropas del territorio de Ucrania, de todo el Donbás y si no lo hiciera, Europa, Estados Unidos y Gran Bretaña, en razón de solidaridad con una nación independiente y democrática que está siendo agredida por una gran potencia, decidirán participar militarmente en territorio ucranio y, en soporte de la independencia de Ucrania. En definitiva, más temprano que tarde Putin y sus empeños imperiales provocará de una manera u otra el estallido de la tercera guerra mundial, ya sea por una agresión a Finlandia o a Georgia.

sábado, 16 de abril de 2022

EL 9 DE MAYO ESTA PROXIMO…PUTIN SE DESESPERA

 

Mario J. Viera

16 de abril, día 52 de la agresión de Putin en Ucrania

 


El День Победы, (Den Pobédy) el Día de la Victoria, está a solo tres escasas semanas. El tiempo es implacable, no se detiene. Putin anhela un glorioso Dia de la Victoria, para él mostrarse como el gran adalid de la Rusia que quiere elevar hasta la condición de un poderosos imperio, más extenso que el que poseía el zarismo y más poderoso que su añorada Unión Soviética ya desaparecida. Piensa en sus estudios sobre su amada Rusia que él podría llegar hasta opacar el recuerdo del gran bogatir, Ilyá Múromets, aunque para su desaliento, Múromets y los otros 6 grandes bogatires, eran originarios de la Rus de Kiev.  

Putin lanzó su planeada agresión contra Ucrania el 24 de febrero. Quería impedir que esta se uniera a la Unión Europea y mucho más impedir que se armara con la espada del gigante Sviatógor, la OTAN. Calculó, acabaría con el presidente Volodímir Zelensky y anexaría a toda Ucrania en cuestión de cinco días o si acaso una semana. Pero Zelenski se mantuvo firme y fue poderosa la resistencia ucrania. Las fuerzas rusas se estancaban, no lograban tener avances significativos y Kiev no pudo ser ocupado.

En Rusia las cosas no marchan como lo hubiera deseado Putin, las sanciones económicas son devastadoras. En Moscú y San Petersburgo se producen protestas masivas contra la guerra que son acalladas por una poderosa represión. Europa se ha unido en un frente de oposición a la agresión de Putin; la OTAN se ha consolidado. Estados Unidos y Gran Bretaña se levantan como abanderados del Occidente. Ofrecen ayuda militar y humanitaria a Ucrania, aunque no ha sido, hasta ahora, todo el abastecimiento militar que necesitan los combatientes ucranios. Ninguna unidad militar de la OTAN se ha desplazado hacia la zona de conflicto; se teme el desencadenamiento de un conflicto militar que puede extenderse a todo el mundo y existe el peligro de un ataque nuclear. De Putin se puede esperar cualquier cosa; ¡qué le importan las vidas humanas, ni las de su ejército!

El frente ruso se estanca. Putin necesita alcanzar alguna victoria significativa necesita vencer en Mariúpol, al este, para ganar el control de uno de los puertos más grandes de Ucrania, pero la ciudad resiste. Al oeste no logra llegar hasta Odesa. Las fuerzas rusas de Putin han logrado tomar la ciudad de Jersón ─ la única gran ciudad de Ucrania que han podido ocupar ─, en camino hacia Odesa, y avanzaron hasta Myikolaiv, pero la ciudad se ha mantenido firme.

¡Nada, se requiere rediseñar el plan táctico-estratégico!, para lo cual se decidió un repliegue de tropas hacia el este para concentrarse en la ofensiva sobre el Donbás con el apoyo de los traidores pro-Putin del Donetsk y Luhansk. El 10 de abril, Putin designa como comandante general de todas las fuerzas armadas rusas que operan en Ucrania a un general, que él mismo ha condecorado como héroe de Rusia; el general Alexander Dvornikov, “el carnicero de Siria”. Putin necesita conquistar el este de Ucrania, necesita la gran victoria de consolidar definitivamente el dominio ruso en el Donetsk y Luhansk. Hasta ahora, el carnicero de Siria no ha alcanzado lo que se esperaba de él, aunque se espera bajo sus órdenes y con refuerzos militares ruso despliegue una gran ofensiva. Esto, y el hundimiento buque Moskva, nave insignia de la armada rusa en el Mar Negro, ha generado la ira de Putin. Le lanza bravatas a Occidente, en especial al presidente Joe Biden, amenazando que si no deja de proveer armamento a Ucrania, habrá "consecuencias imprevisibles", y anuncia arremeter con mayor fuerza contra Kiev. Está desesperado. Si antes del 9 de mayo no ha destruido la resistencia ucraniana su prestigio como liderazgo estará mortalmente dañado y eso lo sabe muy bien; y eso lo irrita.

Este de ahora es el momento crucial para Ucrania, todo depende de su capacidad de armamentos, aviones, tanques, artillería pesada, equipamiento antimisiles y misiles tierra aire. Si no le llega esta ayuda, quizá Putin pueda celebrar felizmente su desfile del 9 de mayo. Si el armamento se le suministra a Ucrania, haciendo caso omiso a las bravatas de Putin, el panorama del 9 de mayo será muy diferente y muy desconsolador para el mediocre agente de la KGB convertido en presidente cuasi vitalicio de Rusia, Vladimir Putin.

domingo, 27 de marzo de 2022

EL MOMENTO PROPICIO PARA FORTALECER A UCRANIA

 

Mario J. Viera



Ha llegado la primavera, la nieve en los campos comienza a derretirse, llega con ella un aliado de gran valor para Ucrania. Ha llegado la raspútitsa en Ucrania; los negros suelos chernozem se hacen intransitables para el avance de equipos pesados y fuerzas de combate; es un momento difícil para el avance ruso que se ve obligado a hacerlo por las vías asfaltadas, lo que hace que sus carros de combate puedan ser objetivos fáciles para el ataque de la aviación ucrania.

Las tropas que asedian a Kiev, se detienen, comienzan a cavar trincheras; no avanzan y el alto mando ruso decide detener su ofensiva al sur del territorio ucraniano. Justifica diciendo que la primera etapa contemplada dentro de su estrategia de “operación militar especial” la ha concluido. Una excusa, porque dentro de su estrategia se contemplaba un avance arrollador antes de la llegada de la primavera. Putin concentró miles de efectivos principalmente al este de la frontera ucrania y esperaba por la reacción de occidente; tenía que decidirse a propinar la agresión durante el invierno.

La respuesta de occidente la dio en el mes de enero, y al mes siguiente, el 12 de febrero, Estados Unidos recalcó: "Si Rusia perpetra una invasión aún mayor de Ucrania, Estados Unidos junto a nuestros aliados y socios responderá con decisión e impondrá costes rápidos y graves a Rusia", Ya en diciembre de 2021, el secretario de estado, Antony Blinken había declarado en una entrevista para Euronews: “Ha sido muy importante para mí y para todos nosotros comunicar a Rusia, de manera clara, el error que supondría volver a cometer una agresión contra Ucrania. Ha sido importante comunicar las graves consecuencias que tendría esa agresión y nuestra convicción de que, sean cuales sean las diferencias, la mejor manera de resolverlas es a través de la diplomacia, especialmente mediante la aplicación de los acuerdos de Minsk, que nunca se han llegado a aplicar”,

Diplomacia y sanciones económicas para evitar el conflicto. Putin tomó nota de la respuesta dada por occidente, La diplomacia no va con su carácter; las sanciones económicas, ya había enfrentado sanciones en 2014 cuando anexó el territorio ucranio de Crimea. Europa depende en gran parte de los suministros ruso de petróleo y gas. Solo podría detenerle la única respuesta que occidente no le planteó, si Rusia invade a Ucrania, la OTAN respondería militarmente. Quedaba poco tiempo para la llegada de la primavera y no podía seguir esperando. Ante él, el poderoso, que hasta hacía insinuaciones del uso de las armas nucleares, Occidente se le antojaba débil y el 24 de febrero, invade a Ucrania.

Todo se resolvería en cuestión de días dentro de la concepción estratégica del estado mayor de las fuerzas rusas. Superioridad en armamentos, aviación vehículos blindados, misiles y hombres. La invasión se lanzaría por el este de Ucrania, por el Donbás donde existe mayoría ruso parlante. Cuantitativamente los factores estaban a su favor, pero descartó el elemento subjetivo presente en la determinación de los ucranianos, tanto los ruso parlantes como los ucranios parlantes, de defender al país con toda determinación. El ejército de Ucrania le ofreció tenaz resistencia y el gobierno ucraniano no huyó ante la abatida. El gobierno ucraniano se mantuvo firme y su presidente, Volodímir Zelensky ha demostrado una destacada capacidad de liderazgo.

Ahora el coronel general Serguéi Rudskói, jefe adjunto del Estado Mayor General de las Fuerzas Armadas de Rusia, declara: “"En general, las principales misiones de la primera etapa de la operación han sido cumplidas". Aunque considerando, por razones solo de propaganda, que la capacidad de combate de las Fuerzas Armadas de Ucrania “se ha reducido considerablemente”, afirma que se ha decidido "concentrar los esfuerzos en la consecución del objetivo principal: la liberación del Donbás".  Pero la realidad es otra. Hay fuertes indicios de que la supuesta “operación militar especial” de Putin no va por buen camino; y que la moral combativa de las fuerzas rusas está muy baja. Esto es lo que hay detrás de la decisión del dictador ruso de firmar una ley que equipara a los soldados de la expedición contra Ucrania con los veteranos de Afganistán y Siria; una condición que les garantiza, como lo ha señalado EFE, derecho a pagos mensuales y beneficios fiscales, viajes gratuitos en trenes, atención médica fuera de turno, además de beneficios para el pago de servicios públicos y otras medidas de protección social. ¿Por qué si no, firmar esta ley sobre veteranos, cuando aún no ha concluido una guerra difícil como la de Ucrania?: El intento de elevar la moral del soldado ruso en Ucrania con estímulos que los convierten en mercenarios.

Por otra parte, ABC News reportó las declaraciones de un oficial del Pentágono refiriéndose al nuevo movimiento ruso en el Donbás: "Creemos que están tratando no solo de asegurar algún tipo de ganancias más sustanciales allí como una posible táctica de negociación en la mesa, sino también de cortar las fuerzas ucranianas en la parte oriental del país. La agachada defensiva que ahora están tomando en Kiev, creemos que es consistente con su deseo ahora de estar más a la ofensiva y ser más agresivos en el este y Donbás”.

Este actual teatro de las operaciones rusas hace necesario hacer los mayores esfuerzos para fortalecer el equipamiento defensivo de las fuerzas ucranianas. Los resultados de la última reunión en Bruselas de la OTAN no han sido muy alentadores a favor de Ucrania; es tal como lo ve Michael Bociurkiw, en un artículo de opinión para la CNN: Si los líderes occidentales reunidos en Bruselas el jueves pensaron que habían producido un huracán de políticas — incluidas promesas de reforzar las defensas de la OTAN contra las armas químicas, biológicas y nucleares de destrucción masiva — cuando la noticia llegó a Ucrania, era poco más que una distracción del horror que se desarrollaba en su puerta”. El principal acuerdo del encuentro en Bruselas de los dirigentes de la OTAN fue el de activar sus unidades de defensa química y nuclear ante un posible ataque químico de las fuerzas rusas en Ucrania y el reforzamiento de su flanco oriental en Europa.

Jens Stoltenberg, jefe de la OTAN declaró que se continuará suministrando a Ucrania sistemas avanzados de defensa aérea, armas antitanques, municiones y combustible; pero junto a esta promesa, fue tajante en un punto, la OTAN no enviará tropas ni cerraría el espacio aéreo de Ucrania y, de este modo, evitar un enfrentamiento con las tropas rusas conducente a una guerra entre la OTAN y Rusia. Esto constituye una brecha muy estresante, como lo consideró, en declaraciones a DW, el vicepresidente del Fondo Alemán Marshall de Estados Unidos en Bruselas, Ian Lesser. “entre lo que a Ucrania le gustaría ver que proporcionaran los aliados de la OTAN y lo que a muchos en Occidente les gustaría ver que Occidente haga, sin provocar una respuesta abrumadora de Rusia”.

Todo esfuerzo diplomático con Putin es inocuo. Posee el privilegio del veto dentro del Consejo de Seguridad de la ONU, que le aporta la capacidad de anular cualquier resolución de condena que se le plantee en ese órgano. Así Volodímir Zelensky, lo expresó en la apertura del Foro de Doha: “Necesitamos una auténtica reforma de las instituciones internacionales de manera que un país no pueda hacer lo que quiera (…) Necesitamos mecanismos para asegurar que países 28 veces mayores no puedan hacer lo que quieran (…) La intimidación con las armas nucleares es una amenaza para todo el planeta Rusia está alardeando deliberadamente que puede destruir con sus armas nucleares, no solamente un país en particular, sino el planeta entero (…) Necesitamos garantizar que las capacidades nucleares de un país no se usen para cometer injusticias contra otras naciones”.   

Todo esto solo puede ser posible reformando al Consejo de Seguridad de la ONU, limitando la capacidad del veto o privando a Rusia de figurar como miembro permanente del Consejo de Seguridad. Sin embargo, ¿Qué es lo imprescindible ahora, lo inmediato?

Analicemos primero la coyuntura actual. Zelensky comprende que ha llegado el momento cuando se requiere con urgencia el fortalecimiento de sus capacidades defensivas y pasar a la ofensiva para expulsar a las tropas de Putin que acechan en las cercanías de Kiev y contener el fortalecimiento ruso en el Donbás, y arremete en contra del “vaivén sobre quién y cómo debe proporcionar aviones y otras armas defensivas”, De acuerdo con un reporte de la AP, Zelensky en un mensaje en video el domingo por la noche, declaró: “He hablado hoy con los defensores de Mariúpol. Estoy en contacto constante con ellos. Su determinación, heroísmo y firmeza son extraordinarios. Ojalá los que llevan 31 días pensando en cómo entregar docenas de aviones y tanques tuvieran el 1% de su valor”. Se requiere el envío urgente de aviones de combate para equipar a la fuerza aérea ucraniana; una propuesta esta, de transferir aviones polacos a Ucrania a través de Estados Unidos fue cancelada por preocupaciones de la OTAN de verse arrastrada a un conflicto militar con Rusia. Al respecto, se pregunta Zelensky: “De modo que, ¿quién está al mando de la comunidad euroatlántica? ¿Sigue siendo Moscú, gracias a sus tácticas de miedo? Nuestros socios deben aumentar su ayuda a Ucrania. Nuestros socios deben aumentar su ayuda a Ucrania”.

No se puede descartar la posibilidad, adelantada por muchos analistas, de que, un acto mal calculado por las fuerzas rusas, misiles rusos pudieran impactar sobre algún territorio aliado a la OTAN, lo cual conllevaría un enfrentamiento militar.

Por lo pronto, se debe continuar con la política de más sanciones económicas y diplomáticas a Rusia y suministra a Ucrania tanto los aviones cuya entrega fuera descartada, como el equipamiento de los necesarios e imprescindibles medios defensivos. Deberán tomarse acciones firmes contra Bielorrusia que incluyan la opción militar si esta nación continúa facilitando su territorio para acciones contra el territorio de Ucrania, bien sea permitiendo que tropas rusas se concentres en la frontera que comparte Bielorrusia con Ucrania o permita que fuerzas bielorrusas se unan a la ofensiva de Putin.