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lunes, 27 de noviembre de 2017

Talibanes anticomunistas del Versailles

Mario J. Viera



En política como en religiones existe el fundamentalismo y, muy principalmente, en ese fragmento de la política, que ocupa la visión del vulgo, de la calle, bien diferente de la alta política e incluso de la misma politiquería, la política de los seguidores ─ inmensa mayoría de toda sociedad humana ─, conformada por los prejuicios de cada cual y los estereotipos que se han ido forjando en la mente junto con las ideologías y las creencias religiosas que se sustentan; y este conjunto de condiciones, primordialmente de carácter psicológico, cuando no se conduce por el criterio y la razón, deviene en fundamentalismo ideológico e incluso en fanatismo; y de este modo se puede conformar una mentalidad política de talibán.

Existen los talibanes anticomunistas como existe su contrapartida, la de los talibanes comunistas. Estos último no son de mi interés y, por tal razón. me centraré en los primeros, pues en cuanto se supone que estos se encuentren en el marco de la democracia conviene considerar cuán diferentes son a los del segundo grupo. Existe un factor psicológico o tal vez sociológico, no sé, que denomino fenómeno de conversión por contradicción y que determina que en la mente colectiva de aquellos que sufren una dictadura prolongada y absoluta siempre se asumirá una posición antitética con respecto a la misma. Por contradicción se rechaza el tinte político de esa dictadura, si de derecha, se asume una posición de izquierda; si de izquierda, se asumirá una posición de derecha. En sentido general, el exilio cubano se identifica con el partido de derechas, el Republicano, por contradicción con el sistema de los Castro. De este modo, una gran parte de los exiliados cubanos integrados en la derecha política comienzan a mirar con sospecha cualquier opinión o posición que difiera de aquello que para ellos es lo ortodoxo, lo correcto, “lo que debe ser”: la base del fundamentalismo anticomunista.

¡Pobre de aquel que en opinión de los fundamentalistas parezca un poco “liberal” o un tanto izquierdoso! Como los fanáticos comunistas ven a los opuestos, así los fundamentalistas anticomunistas ven a sus opuestos, aunque estos “opuestos” no sean ni comunistas ni socialistas. Coinciden con su antítesis en las mismas descalificaciones y ataques ofensivos, y como los comunistas reclaman, también ellos reclaman, “Si no te gusta, vete”. Talibanes, se creen como los portadores de la verdad indiscutible y en realidad, los más fundamentalistas, los más intransigentes de todo ese que se conoce como “exilio histórico” ─ no por cierto todos ─ son aquellos que vinculados al régimen de Fulgencio Batista huyeron de la isla en 1959 o aquellos otros que emigraron tras las expropiaciones de tierras, de negocios y de industrias, o los que emigraron por la vía del puerto de Camarioca en 1965, o los que lo hicieron por los “vuelos de la libertad” entre 1965 y 1973, sin que ninguno o muy pocos de ellos hubiera confrontado de alguna manera al régimen castrista; sin haber realizado algún acto de resistencia y solo rememoran ─ como reportara Luisa Yánez en El Nuevo Herald ─ “sus últimos días en Cuba; de cómo hoscos soldados venían a sus casas para anunciarles la salida de la familia, al otro día. De cómo el gobierno inventariaba todas sus pertenencias y no podían sacar ninguno de sus bienes. De cómo les sellaban la puerta de la casa para que nadie pudiera entrar”. Esto ciertamente es duro y genera rencor en quienes lo sufrieron, como también aquellos que fueron llevados a las injustas y discriminantes Unidades Militares de Ayuda a la Producción, más conocidas por sus siglas UMAP, guardan el rencor por los maltratos y vejámenes que en ellas recibieron; sin embargo, estos no son la generalidad que compone al exilio denominado histórico, como tampoco son mayoría los sobrevivientes del movimiento guerrillero anticastrista del Escambray, que enfrentaron al incipiente régimen totalitario con las armas y sufrieron largas condenas de prisión bajo terribles condiciones de subsistencia....

Hay que verles, a aquellos que solo se opusieron al castrismo con la fuga, con el autoexilio, agrupándose en torno del Restaurant Versailles con sus protegidas protestas anticastristas, atacando con furia inquisitorial a los que no comparten sus puntos de vista o rompiendo con una aplanadora discos y cd marcados como malditos en su particular Index Librorum Prohibitorum. Magníficos emigrantes que supieron abrirse paso en Miami, que con su esfuerzo hicieron de Miami una gran ciudad, que no olvidaron sus tradiciones cubanas, que no perdieron sus raíces; pero sus frustraciones, a muchos de ellos, les convirtieron en verdaderos talibanes, extremistas e intolerantes. En muchos de ellos, su anticastrismo, su anticomunismo es solo el lamento por sus propiedades robadas, “porque ─ como dijo el gran florentino ─ los hombres olvidan antes la muerte del padre que la pérdida del patrimonio”.

¡Pero, atención! No todos los talibanes anticomunistas proceden del denominado exilio histórico, ni todos los que forman ese exilio son tales talibanes; porque los hay de reciente arribo como emigrantes que nunca levantaron su voz en Cuba para condenar una injusticia, ni para reclamar un derecho; que nunca formaron filas dentro de alguna organización opositora a disidente, y llegados a puerto seguro se transforman en radicales anticastristas, furiosos anticomunistas que ven comunismo en todas partes, en toda opinión que no entiendan debidamente. Estos quizá sean los peores, pues inundan las redes sociales, hacen uso constante de los tuits e invaden Facebook y You Tube, por lo general se declaran, ¡claro está! convencidos republicanos, porque para ellos los demócratas son un hatajo de comunistas. Estos newcomers son favorecedores de la polarización que existe hoy dentro del exilio y de la emigración cubana en Estados Unidos y especialmente en el sur de la Florida. En la polarización no hay centro, los polos siempre están bien distantes del ecuador.

Pero cuando alguien citó en su página de Facebook al trovador chileno Victor Jara, de inmediato la riposta del inquisidor no se hizo esperar: “a Victor lo capturaron y le dieron chicharrón, uno menos, lo mismo que Lorca; ahora todo el mundo dice que son mártires, uno chivato de Allende el otro de la nefasta Republica”; es que a los comunistas hay que matarles sin piedad, sin importar que uno fuera cantor y el otro un poeta que simpatizó con la República española aunque nunca militó en el Partido Comunista de España y quien en sus propias palabras decía que “se sentía a su vez católico, comunista, anarquista, libertario, tradicionalista y monárquico”, que no ocultaba haber tenido amistad con José Antonio Primo de Rivera el padre de Falange Española: “¿Sabes que todos los viernes ceno con él? Solemos salir juntos en un taxi con las cortinillas bajadas, porque ni a él le conviene que le vean conmigo ni a mí me conviene que me vean con él”.

Así se manifiesta el talibán, si por él fuera, toda la obra artística y literaria de autores comunistas debía ser borrada para siempre. ¡Ah, las hogueras! Es algo así como la frase de Albert Leo Schlageter: "Cuando oigo la palabra cultura, echo mano a la pistola". Si el autor es comunista, la obra no es merecedora de respeto. Victor Jara cruelmente asesinado solo porque cantaba canciones “espantosas” como esa de “Las casitas del barrio alto”. Si el autor huele, pareciera como comunista, porque así lo ve un talibán anticomunista, bien merece ser fusilado como lo fue Federico García Lorca, a quien, en realidad, el franquismo no le mató por sus opiniones políticas sino por ser homosexual.

El concepto de democracia del talibán anticomunista se semeja más de lo que se pueda conjeturar al concepto de los mismos comunistas. Los comunistas condenan la obra cuando condenan al que consideran un enemigo de clase o de ideología. De igual modo el talibán cierra los ojos y se tapa los oídos, nunca escuchará los cantos de Atahualpa Yupanqui, ni a Mercedes Sosa cantando con esa su voz melodiosa y dulce, ni aceptará que en las canciones de Silvio Rodríguez hay poesía como en el Unicornio Azul, solo porque es un miserable que le canta a los Castro. ¿Puede borrarse, desconocerse las obras de escritores como Mario Benedetti, Ernesto Sabato, Pablo Neruda, Gabriel García Márquez, Rubén Martínez Villena y Nicolás Guillén, solo por sus convicciones comunistas? Imposible ignorar las obras literarias debidas a Máximo Gorki, Bertolt Brecht, Louis Aragón, Miguel Hernández, José Saramago, César Vallejo que militaban como comunistas. No podrán ser llevadas a las hogueras las obras pictóricas debidas a Pablo Picasso, Diego Rivera, Frida Kahlo.


Ha de llegar inexorable y necesariamente el cambio democrático en Cuba; atrás quedarán como un desgarre de la historia los años vividos bajo un sistema de comunismo estalinista. Vendrá el reacondicionamiento social e ideológico y tendremos que adquirir la cultura de la democracia, la capacidad de ver con mente amplia los avatares de la vida social y comprenderemos que nada es solo en blanco y negro, sino que todo está matizado. Entonces florecerán nuevas ideas y quizá aprendamos a no limitarnos viviendo en los extremos.

lunes, 13 de febrero de 2017

Amigos, aliados y enemigos: Un análisis crítico de la Era del castrismo. Capítulo LVII. El “Socialismo” castrista

Mario J. Viera



Sobre el pensamiento político de Castro


Existen elementos en las proyecciones de la política de Castro que debemos tomar en consideración para definir el meollo de su ideología político-económica:

Frustración histórica. Por muchos años el independentismo cubano había librado sangrientas batallas para separarse del dominio español. Se había conocido la amargura de firmar en 1878 un armisticio que ponía fin a diez años de acciones bélicas, que se conocería como Pacto del Zanjón. En 1895, en gran parte debido a la pasión de José Martí de unir a las emigraciones cubanas en Estados Unidos, se inicia, la que el denominaría “guerra necesaria”, el esfuerzo definitivo para alcanzar la independencia nacional. Sin embargo, los independentistas tienen que aceptar la humillación que constituiría la intervención de Estados Unidos en el conflicto y que pondría fin del dominio español sobre la isla. A las tropas del general mambí Calixto García, el mando militar americano, le prohíbe la entrada en Santiago de Cuba. Posteriormente, Primero de enero de 1899, se establece un gobierno interventor de Estados Unidos que estará vigente hasta el 20 de mayo de 1902 cuando asume la presidencia de la nación Tomás Estrada Palma luego que los constitucionalistas de 1901 se vieran obligados a aceptar una enmienda a la Constitución que le reconocía a Estados Unidos derecho de intervención en los asuntos internos de la nación. Castro, hijo de un quinto español que luchara en las filas ibéricas contra los mambises, había heredado de su padre la frustración del 98.

En su discurso inicial del primero de enero de 1959, Castro afirma: “Esta vez, por fortuna para Cuba, la Revolución llegará de verdad al poder.  No será como en el 95 que vinieron los americanos y se hicieron dueños de esto. Intervinieron a última hora y después ni siquiera dejaron entrar a Calixto García que había peleado durante 30 años, no quisieron que entrara en Santiago de Cuba (…) La República no fue libre en el 95 y el sueño de los mambises se frustró a última hora (…) Podemos decir con júbilo que en los cuatro siglos de fundada nuestra nación, por primera vez seremos enteramente libres, y la obra de los mambises se cumplirá”.

Este mismo concepto de frustración histórica lo volverá a expresar en su discurso ante el Club de Rotarios el 15 de enero de 1959: “…los mambises lucharon 30 años y, mala suerte, ¡mala suerte!, cuando se acabó la Guerra de Independencia se quedaron en la calle los voluntarios, los confidentes, los enemigos del país, y los que gobernaban la república no eran los cubanos, eran los extranjeros los que gobernaban la república. Esa ocupación extranjera fue la causa de muchos de nuestros males. (…) ¿qué hicieron? Privaron al pueblo de sus prerrogativas de gobernarse, privaron al pueblo de su soberanía (…) Y se implantó la Enmienda Platt, que, o nos portábamos bien — bien en el sentido y en el concepto que le interesaba al país extranjero —, o nosotros perdíamos nuestra soberanía, por el derecho de intervenir en Cuba”; luego agrega: “…los cubanos solitos, solitos, sin que nadie los ayudara, tuvieron que luchar. Y cuando reunían armas en Estados Unidos se las quitaban — como nos la quitaban ahora también —; y después de tanto tiempo luchando, al final, se les impide recoger el fruto de su victoria. A Calixto García ni siquiera lo dejaron entrar en Santiago de Cuba”.

Y recalca en tales hechos en el texto de la Segunda Declaración de La Habana (4 de febrero de 1962): “Cuba cayó también en las garras del imperialismo. Sus tropas ocuparon nuestro territorio. La Enmienda Platt fue impuesta a nuestra primera Constitución, como cláusula humillante que consagraba el odioso derecho de intervención extranjera. Nuestras riquezas pasaron a sus manos…”

Tercera vía: José Rodríguez Elizondo[1] hace notar la similitud existente entre el líder fundador del APRA, Víctor Haya de la Torre y Fidel Castro. Haya de la Torre “predicaba un radicalismo ‘indoamericano’, sin concomitancias con el comunismo, definido, simbólicamente, por la consigna ‘ni pan sin libertad, ni libertad sin pan’. La misma consigna ─ ¿casualmente? ─ que utiliza Fidel Castro en 1959, en su complicada visita a Nueva York”. En esa “complicada visita” Castro daría una categorización humanista a la revolución. En el discurso que pronunciara en Central Park, New York el 22 de abril de 1959 diría: “Nuestra revolución practica el principio democrático, por una democracia humanista. Humanismo quiere decir que para satisfacer las necesidades materiales del hombre no hay que sacrificar los anhelos más caros del hombre, que son sus libertades; y que las libertades más esenciales del hombre nada significan si no son satisfechas también sus necesidades materiales”, entonces agregaría, aquella frase tomada del líder del APRA: “Ni pan sin libertad, ni libertad sin pan; ni dictaduras del hombre, ni dictadura de clases, dictaduras de grupos, ni dictaduras de casta, ni oligarquías de clase: gobierno del pueblo sin dictaduras y sin oligarquías: libertad con pan sin terror; eso es humanismo”.

A penas un mes después, Castro habla en el Consejo Económico de los 21, que se celebraba en la Argentina. Allí advierte: “Si nosotros estamos sinceramente preocupados de que nuestros países vayan a caer en manos de dictaduras de izquierda, justo y honrado es que mostremos igual preocupación porque los pueblos no caigan en manos de dictaduras de derecha, porque, en definitiva, ese es el verdadero ideal democrático, lo que América Latina quiere, a lo que América Latina aspira, porque a los pueblos les mostramos una cara del mal y les ocultamos otra cara igualmente fea del mal”. Entonces se refiere a la falta de fe que entre los pueblos de América existe hacia la democracia; “a los pueblos ─ dice ─ les hablan de democracia los mismos que la escarnecen, los mismos que se la niegan y los pueblos no ven más que contradicciones por todas partes”. Es por ello que los pueblos han perdido la fe en la democracia y esa fe, en sus palabras, se hace necesaria para alcanzar el ideal democrático: “no para una democracia teórica, no para una democracia de hambre y miseria, no para una democracia bajo el terror y bajo la opresión, sino para una democracia verdadera” y agrega concluyendo esta idea con la misma frase prestada que empleara en New York: “una democracia verdadera, con absoluto respeto a la dignidad del hombre, donde prevalezcan todas las libertades humanas bajo un régimen de justicia social, porque los pueblos de América no quieren ni libertad sin pan ni pan sin libertad”.

Pero, además de la influencia de Haya de la Torre, es evidente que en Castro existían fuertes influencias del líder populista y carismático de Argentina Juan Domingo Perón hacia su posición de la tercera vía formulada sobre el distanciamiento tanto del capitalismo de Washington como del socialismo de Moscú. Castro plantea el mismo conflicto entre comunismo y capitalismo, tal como lo expuso el 21 de mayo de 1959: "El capitalismo deja abandonado al hombre; el comunismo, con sus conceptos totalitarios, sacrifica sus derechos. Nosotros no estamos de acuerdo ni con unos ni con otros. Nuestra revolucion no es roja, sino verde olivo. Lleva los colores del ejército rebelde de la Sierra Maestra". Su revolución “humanista” debería transitar por la tercera vía apartándose al mismo tiempo de ambos sistemas político-económicos, tal como el fascismo se definía a sí mismo en la palabra de Mussolini: “El fascismo rechaza frontalmente las doctrinas del liberalismo, tanto en el campo político como económico”.

Omnipotencia de la revolución: La Revolución es el Estado, en ella se insumen todos los poderes del Estado. Es fuente primordial de derecho, es la conductora de todas las actividades de la sociedad: “…dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada. Contra la Revolución nada, porque la Revolución tiene también sus derechos; y el primer derecho de la Revolución es el derecho a existir. Y frente al derecho de la Revolución de ser y de existir, nadie — por cuanto la Revolución comprende los intereses del pueblo, por cuanto la Revolución significa los intereses de la nación entera —, nadie puede alegar con razón un derecho contra ella[2].

El nuevo orden es nacido de la Revolución y de sus leyes, fuera de su principio de legalidad, ¡nada! Y dice Castro el 13 de marzo de 1959 en discurso pronunciado desde el Palacio Presidencial:

“…hay dos clases de leyes:  las leyes de antes — que las hicieron los intereses creados —, y las leyes de ahora —que las vamos a hacer nosotros.  Nosotros seremos muy respetuosos de las leyes, pero de las leyes revolucionarias.  Seremos muy respetuosos del derecho, pero del derecho revolucionario, no del derecho viejo, sino del derecho nuevo que vamos a hacer.  Para el derecho viejo, nada, ningún respeto; para el derecho nuevo, todo el respeto.  Para la ley vieja, ningún respeto; para la ley nueva, todo el respeto”.

Porque la revolución es una o se está a favor de ella o en contra de ella, porque ella es la solución a todos los problemas nacionales y Castro lo enfatiza: “la Revolución es una, y se está con ella o se está contra ella, porque aquí no hay margen para otras posiciones, porque a nosotros nadie nos va a superar la parada, porque creo que tenemos un récord en realizaciones en cuatro meses, y hemos apuntado hacia una revolución verdaderamente profunda, que cuando haya cumplido sus objetivos muy pocas cosas quedarán por hacer en nuestra patria[3].

Nacionalismo: El de Castro, un “nacionalismo revolucionario proto o paramarxista” lo calificaría el ya citado José Rodríguez Elizondo, en parte acertadamente y en parte no; de modo más simple lo define Luis Cino Álvarez[4] cuando lo denomina “enfermizo nacionalismo patriotero”. Los planes idílicos de Castro para el desarrollo, tanto de la agricultura como de otros sectores productivos tenían un marcado acento nacionalista: “si sembramos arroz, perjudicamos intereses extranjeros; si producimos grasa, perjudicamos intereses extranjeros; si producimos algodón, perjudicamos intereses extranjeros; si rebajamos las tarifas eléctricas, perjudicamos intereses extranjeros; si rebajamos las tarifas telefónicas, perjudicamos intereses extranjeros; si hacemos una reforma agraria, perjudicamos intereses extranjeros (…) porque hemos hecho leyes revolucionarias que perjudican privilegios nacionales y extranjeros es por lo que nos atacan, es por lo que nos llaman comunistas…”[5] Sin embargo, todos estos grandes proyectos de independencia económica resultaron irrealizable o terminaron en un completo desastre, y agregaría en este discurso, empleando sus acostumbrados epítetos ofensivos: “Entonces, ¿de qué nos acusan, miserables? ¿De qué nos pueden acusar sino de haber implantado medidas en beneficio de Cuba? ¿De qué nos acusan, descarados y cínicos, de qué nos acusan? ¿De qué nos acusan, criminales, de qué nos acusan, traidores, sino de hacer medidas cubanas y en beneficio de Cuba?” Su propuesta era un rechazo nacionalista a todo lo extranjero, un ataque nacionalista a las producciones extranjeras: “Los que no son cubanos son los monopolios extranjeros; la que no es cubana es la Compañía de Electricidad; la que no es cubana es la Compañía de Teléfonos; los que no son cubanos son esos latifundios de la United Fruit Company y la Atlántica del Golfo; los que no son cubanos son los barcos que traen nuestros productos; lo que no es cubano es el arroz, la mayor parte del arroz que consumimos, de la grasa que consumimos, de los tejidos que consumimos y de los artículos industriales que consumimos; los que no son cubanos son esos trusts que explotan nuestras minas y obtuvieron concesiones privilegiadas; los que no son cubanos son esos intereses que obtuvieron la regalía de la concesión de la mayor parte de nuestra área con posibilidad de producir petróleo…”  Es un nacionalismo enmarcado dentro de los conceptos del APRA de Haya de la Torre de formación de un Estado benefactor, lo suficientemente fuerte tanto para promover el desarrollo de la industria nacional como para hacer frente al imperialismo. Anti feudal y antimperialista que reclama “el derecho de los pueblos a disfrutar de sus riquezas naturales y disfrutar del fruto de su trabajo[6].

Y Castro sabe exaltar la fibra nacionalista de las muchedumbres que le escuchan con acatamiento sin razonamiento. Todo el conjunto nacional, todas sus instituciones estaban, según su concepto, sometido al control y a los intereses extranjeros y él y su revolución son los que estaban librando a la nación del dominio exterior: “¡El ejército era el instrumento de los intereses extranjeros y de los peores intereses nacionales, que por algo el ejército de Cuba tenía instructores extranjeros!” Y de nuevo insiste en esta indemostrable tesis, un mes después hablando en la Universidad de La Habana[7]: “No era un ejército nacional porque defendía intereses extranjeros, no era un ejército nacional porque tenía instructores extranjeros, no era un ejército nacional porque allí ciertamente no mandaban los intereses del país. Y aquello era perfectamente posible porque aquel ejército profesional no entraría nunca en conflicto con los intereses que representaban sus instructores y maestros (…) Ejércitos con instructores extranjeros, que raras veces pueden coincidir con los intereses del pueblo”. No obstante, movido por sus ambiciones de poder, hace a un lado esta tesis nacionalista y permite que el Ejército Rebelde, su ejército, reciba instructores soviéticos para su preparación militar, y hasta reforme sus estructuras militares y sus insignias para semejarlas a las estructuras e insignias propias del ejército soviético.

La identidad nacional y el rechazo a una supuesta aculturación por influencia de culturas extranjeras es un tema de identidad del pensamiento de Castro, En el discurso que pronuncia en la escalinata de la Universidad de La Habana, el 13 de marzo de 1960, expone:

“Tenemos nuestro temperamento, nuestra idiosincrasia, nuestro carácter nacional, nuestra manera de ser, a la cual habríamos tenido que renunciar hace rato, y a la cual habíamos renunciado en parte, porque ciertamente la influencia extraña, a través de todos los medios de divulgación, a través de la prensa, a través de revistas, a través de anuncios, a través de propaganda, a través de las películas, a través de los libros, había sido tan extraordinaria, que casi estaban ahogando el carácter nacional cubano, y los cubanos estábamos impotentes frente a eso, porque en realidad, casi casi nuestro pueblo iba renunciando a su carácter nacional, a su sentimiento nacional. (...) Así que, nuestro pueblo se vio sometido a un influjo extranjero constantemente, durante cincuenta años, sin que nadie se levantara a defender el espíritu nacional, a defender nuestra manera de ser, y eso realmente era terrible, porque con nuestro espíritu nacional habíamos renunciado a la defensa de nuestros intereses nacionales, y así, nos había llegado a parecer, como lo más natural del mundo que un guajira viviera con sus siete hijos a orilla de una guardarraya, mientras una compañía extranjera era dueña de miles y miles de caballerías de tierra. Nos había parecido natural que aquellos mayorales, que aquellos amos extranjeros de nuestra economía lo mismo arrojasen a las familias criollas a las guardarrayas que nos cobrasen los servicios públicos al precio que mejor les conviniera; que hubiesen convertido a nuestro país en una colonia, porque realmente habíamos perdido nuestro sentimiento nacionalista, que es para los pueblos el arma espiritual que los mantiene firmes en la defensa de sus intereses”.

Nacionalismo febril el de Castro confundiendo, con toda intención, las maquinaciones políticas de Fulgencio Batista para hacerse del poder con una conspiración extranjera. En este discurso del 27 de noviembre consideró que el golpe de estado del 10 de marzo de 1952 era solo “consecuencia del sistema implantado en nuestra patria desde los inicios de aquella semicolonia o colonia y media que se dieron en llamarle con eufemismo República de Cuba; de aquel sistema que no implantamos, sino que nos implantaron las consecuencias de aquella política que nos impusieron, de los intereses que nos impusieron…”

Él cree ver un destino que le corresponde a Cuba alcanzar y que solo puede lograr “en la misma medida en que nosotros mantengamos pura la atmósfera de nuestra patria y puros los ideales de nuestro pueblo, Cuba podrá llegar lejos y Cuba podrá cumplir al fin sus destinos[8]. Cuba será ejemplo de América y del mundo y gracias a la revolución que él impulsa: “…estamos aquí para hacer una patria nueva, sobre bases distintas, con medidas propias, que conduzcan a la felicidad de todos nosotros y que conviertan a Cuba en ejemplo de América y en ejemplo del mundo[9].

Pero Castro necesita la existencia de un “enemigo objetivo” que le facilite la agitación nacionalista; un enemigo sobre el cual cargar todas las frustraciones nacionales y todos los errores propios y ese “enemigo”, que justifica y legitima a su revolución, se lo ofrecerían las políticas erróneas del gobierno de los Estados Unidos; es como ha anotado Joaquín Roy;

 (La) lamentable política de Washington en tratar inicialmente con el “problema” cubano, luego dejarse dominar por la inercia de la Guerra Fría, y terminar atrapado en una impresionante explotación hecha por Castro de los errores norteamericanos. La política de Washington ante Cuba facilitó tremendamente la construcción de un enemigo sobre el que cimentar un neo-nacionalismo cubano, necesitado de una fuerza cohesionante que no le legó la independencia.[10]  

Antiparlamentarismo:
Se otorga carácter de órgano soberano de la voluntad del pueblo cubano (poder Parlamentario) a las concentraciones de muchedumbres tomadas como Asamblea General que aprueban a mano alzada y aclamaciones las propuestas de la dirección de la revolución (Declaraciones de La Habana I y II). Para él, el Congreso no representaba a la Nación, sino representantes de los propietarios de empresas y de tierras. Así dice el 8 de junio de 1959 hablando en el acto de celebración del Día del Jurista:

 “…aquellos representantes — no eran representantes del pueblo en una mayoría, o en un número considerable, sino representantes de la compañía tal o más cual, que les pagaba la campaña; representantes de los intereses tales o más cuales, que mantenían su vigencia política — jamás se decidirían a aprobar medidas que estuviesen contra esos intereses”.

Esas palabras constituyen un eco cercano de las ideas de Jorge Eliécer Gaitán: “Democracia. ¿Pero cuál? …la democracia que tenemos ahora es la de la mentira y el engaño. ¿Acaso no es negación de la democracia la práctica de los hombres que dicen representarla y que se sientan en el Senado o en la Cámara de Representantes y, a pesar de que han sido elegidos en la farsa electoral, luchan y votan precisamente contra los anhelos de la multitud?

No se reconoce el parlamentarismo, todo el Poder Legislativo y constituyente reside en el Consejo de Ministro. El Ejecutivo asumiendo la capacidad legislativa: “Es bueno sentar aquí que el Consejo de Ministros revolucionario, representativo de la inmensa mayoría del pueblo, es el poder constituyente de la República en estos instantes. Y que, si un artículo de la Constitución resulta demasiado viejo, si un artículo de la Constitución resulta inoperante, el Consejo de Ministros revolucionario, representativo de la inmensa mayoría del pueblo, transforma, modifica, cambia o sustituye ese precepto constitucional[11].

El Parlamento para Castro son las concentraciones multitudinarias de sus seguidores, en donde expone ideas, propuestas y medidas que, por la gracia de su oratoria, reciben el beneplácito de las turbas. Un remedo burdo de las ecclesias griegas; y dice, ante la concentración campesina que ha convocado para el 26 de julio de 1959:

Y una democracia tan pura y tan limpia, que la democracia engendrada en nuestra Revolución nos recuerda la primera democracia del mundo: la democracia griega, donde el pueblo, en la plaza pública, discutía y decidía sobre su destino”.

Pensamiento este de Castro coincidente con las mismas expresiones formuladas por Adolfo Hitler en su Mein Kampf:

El fórum más amplio, de auditorio directo, no está en el hemiciclo de un parlamento. Hay que buscarlo en la asamblea pública, porque allí hay miles de gentes que se arremolinan con el exclusivo fin de escuchar lo que el orador ha de decirles, en tanto que en el plenario de una Cámara de diputados se reúnen sólo unos pocos centenares de personas, congregadas allí, en su mayoría, para cobrar dietas y de ningún modo para dejarse iluminar por la sabiduría de uno u otro de los señores "representantes del pueblo".

El Führerprinzip o principio del liderazgo. Desde los mismos comienzos como jefe guerrillero, Castro impuso el principio de autoridad por el cual él sería el líder indiscutible. Como Comandante en Jefe colocaría, luego del fracaso de la huelga de abril, todo el movimiento revolucionario, tanto el guerrillero serrano como el de los miembros de la lucha insurreccional urbana, bajo su personal dirección. Este principio de obediencia a él como Comandante en Jefe y máximo líder generaría el fenómeno del culto a su persona, en igual carácter apoteósico que Rudolf Hess le concedía a Adolfo Hitler:

“Hitler es Alemania y Alemania es Hitler. Todo lo que él hace es necesario. Todo lo que él hace es un éxito. Sin atisbo de duda el Führer es una bendición divina”. 

Sus apasionados seguidores alabarían su “indiscutible visión”, y su capacidad como “soldado de las ideas” y hasta se le consideraría “trascendente” “paradigmático” y maestro de todos, como le alaba uno de esos periodistas tarifados de su prensa controlada, Alfonso Cadalzo Ruiz, anotando:

Con plena certeza puede afirmarse que Fidel Castro es el ser humano más trascendente de la segunda mitad del siglo XX y de lo que corre del siglo XXI. (…) En todos sus discursos ─ sin una sola excepción ─ así como en sus Reflexiones, aprendemos cada vez una nueva lección de historia, humanismo y ética. (…) Junto con Fidel pensamos y decidimos juntos en cada circunstancia histórica de nuestra vida patriótica por complicada que la situación haya sido”[12].

El Gemeinnutz geht vor Eigennutz (el bien común, prima sobre el interés personal)
Este es el principio del nacional socialismo, los intereses particulares se deponen ante los intereses de la Nación, del Estado, de la Causa. En Castro, la Revolución es prioritaria frente a los derechos de los individuos en particular. En el caso de las expropiaciones debidas a la Ley de Reforma Agraria, Castro se plantea la siguiente disyuntiva:

¿Qué quieren? ¿Que paguemos? ¿Y dónde está la plata para pagar? ¿Quién se robó la plata? (…) ¿Qué quieren? ¿O que paguemos — lo cual no podemos, no podemos pagar en efectivo ─, o que dejemos la reforma agraria?  No podemos pagar, pero entre no pagar en efectivo y dejar de hacer la reforma agraria, optamos por no pagar en efectivo y hacer la reforma agraria…”[13]

Poner el interés de la sociedad por encima del interés personal, porque: “Es que hay gente que no se da cuenta que una revolución está teniendo lugar en Cuba.  Incluso el pueblo muchas veces no se da cuenta.  Sí, porque si se dieran cuenta no meterían tantos problemas personales que no tienen que ver nada con los intereses de 6 millones de habitantes (…) Pero es que el pueblo está acostumbrado al favorcito pequeño, al favorcito que le hacían los políticos, los concejales y los sargentos, y tienen que prepararse, todos tenemos que adaptarnos[14].

Y Castro reafirma el principio del Gemeinnutz geht vor Eigennutz hablando en la clausura del Foro Nacional de Reforma Agraria el 12 de junio de 1959:

Y ese es el mérito principal de la obra revolucionaria: haber logrado poner los intereses de Cuba por encima de los intereses particulares, hacer que nuestros compatriotas se preocupen primero por Cuba que por sus intereses particulares”.

El cooperativismo, primer paso hacia el estado corporativo: “En las zonas que fomentemos trataremos de organizar cooperativas agrícolas. ¿Para qué? Para no sacrificar las ventajas de la gran producción…” (Fidel Castro, 4 de abril de 1959, Asamblea de los Colonos)

Contradicción: Existe una contradicción permanente y sincera en la personalidad ideológica de Castro. Reconociendo que dentro de la sociedad existen injusticias; quiere suprimir las injusticias y, para ello, a la injusticia social opone la injusticia revolucionaria. Comprende que hay corrupción en la vida política y para salvar tal situación apela a soluciones de antipolítica suprimiendo el debate político por la unanimidad dentro de un solo y único cuerpo político. La revolución debe ser defendida de sus enemigos y en tal razón no se detiene para dictar sentencias de muerte y suprimir todo derecho que no sea el derecho de la supervivencia de la revolución. No sopesa lo necesario de lo posible y en consecuencia impone la arbitrariedad. Conoce que dentro de la sociedad existen injustas diferencias y se decide por suprimir esas desigualdades generando la desigualdad en la, solo imaginaria, igualdad social. Está convencido de que únicamente él posee la llave de la felicidad y que cualquier otro en su lugar no conducirá sus grandes ideales de justicia, soberanía e igualdad social. Rechaza la dictadura y para suprimir las causas que originan a las dictaduras impone una nueva dictadura, aún más cerrada que la que antes combatiera.






[1] José Rodríguez Elizondo. Crisis y Renovación de las Izquierdas. De la revolución cubana a Chiapas, pasando por “el caso chileno”. Editorial Andrés Bello. Santiago, Chile, 1995
[2] Fidel Castro. Palabras a los intelectuales. Discurso pronunciado el 30 de junio de 1961
[3] Fidel Castro. Discurso en el Palacio de los Trabajadores en la inauguración del Congreso de la Federación Nacional de Trabajadores Azucareros, 22 de mayo de 1959
[4] Luis Cino Álvarez. “Una dictadura, pero, ¿de qué tipo?”. Cubanet, mayo 16, 2016
[5] Fidel Castro discurso del 26 de octubre de 1959 en concentración frente al Palacio Presidencial
[6] Fidel Castro. Discurso del 19 de mayo de 1961 al habérsele otorgado el Premio “Lenin por la Paz”
[7] Fidel Castro. Discurso en la Universidad de La Habana, 27 de noviembre de 1959
[8] Fidel Castro, 4 de abril de 1959, Asamblea de los Colonos
[9] Fidel Castro. Discurso del 22 de mayo de 1959 en el Congreso de la FNTA
[10] Joaquín Roy. Cuba: el papel de EEUU, América Latina y la UE. Universidad de Miami
[11] Fidel Castro. Discurso pronunciado desde el Palacio Presidencial 13 de marzo de 1959
[12] Alfonso Cadalzo Ruiz. Fidel: paradigma de una época. Radio Habana, 13 de agosto de 2016
[13] Fidel Castro. Discurso pronunciado en acto de celebración del Día del Jurista, La Habana 8 de junio de 1959
[14] Fidel Castro. Discurso pronunciado desde el Palacio Presidencial 13 de marzo de 1959

lunes, 7 de julio de 2014

Fantasma de Hugo Chávez acecha a España


Carlos Alberto Montaner. EL BLOG DE MONTANER (FIRMAS PRESS)


La idiotez política está al alcance de cualquier pueblo. Ninguna sociedad está libre de recorrer ese camino. Quien lo dude, debe pensar en la Alemania de Hitler, la Italia de Mussolini, la Cuba de los Castro o la Venezuela de Hugo Chávez. Sobran los ejemplos.
“Podemos” es un partido político chavista, oficialmente creado hace pocos meses en España. Pablo Iglesias es su cara más visible. Se trata de un joven profesor universitario, desaliñado, con barba rala y cola de caballo, quien no vacila en defender el uso de la guillotina para traerle la felicidad a la sociedad española.
El personaje y su partido han entrado en la vida pública española sorpresivamente. En las elecciones al Parlamento Europeo, la novísima organización obtuvo 1, 200,000 votos y cinco escaños. Esto ha desatado las alarmas.
El calificativo de chavista a “Podemos” no es gratuito, sino todo lo contrario. Ha sido muy costoso. De acuerdo con una investigación llevada a cabo por el diario El País, los directivos españoles de esa organización, por medio de una Fundación, han recibido unos cuatro millones de dólares a lo largo de los años en concepto de “asesorías” por parte de la Venezuela de Hugo Chávez.
Por el tipo de medidas llevadas a cabo por el chavismo se pueden deducir las creencias que prevalecen en “Podemos”. Forman parte del extendido grupo de fabricantes de miseria que militan tras las banderas del populismo. Cuando Chávez llegó al poder había seis millones y medio de pobres. Hoy existen más de nueve y el país padece todo tipo de escaseces en medio de la mayor violencia. En Caracas, dicen, ya no se contabilizan los habitantes sino los supervivientes.
¿Pueden semejantes personajes llegar al poder en España en un futuro próximo? El periodista Federico Jiménez Losantos, quien procede del Partido Comunista y ha evolucionado hacia el liberalismo, afirma que sí, y yo creo que tiene razón. Pudiera ocurrir.
Todos los elementos están dados para la tormenta perfecta. Los dos grandes partidos nacionales — los populares y los socialistas — se han desacreditado por culpa de la corrupción. Hay un 25% de desempleo, que alcanza el 50 entre los más jóvenes. El separatismo catalán y vasco va en aumento. La monarquía cuenta con un tibio respaldo. Muchos jóvenes bien preparados emigran hacia otras naciones porque no encuentran posibilidades de prosperar en España.
Las propuestas de “Podemos” son totalmente disparatadas, pero eso jamás ha sido un obstáculo para ganar elecciones en épocas de crisis. Prometen repartirlo todo porque, para esta gente, corta de entendederas, el problema no está en la limitada generación de riquezas por la debilidad del tejido empresarial, sino en la mala distribución de ella.
Creen que la forma de combatir el desempleo es repartir el trabajo “justamente”. Si el 100% de los trabajadores sólo trabajaran el 75% de la jornada laboral, el 25 que no encuentra empleo podría hallarlo.
Creen que, si se reduce la edad de la jubilación a los 60 años, en lugar de los 65 hoy vigentes, habría más empleos disponibles y más tiempo para disfrutar del ocio. (¿Por qué no a los 50?).
Creen que basta con despojar de sus excedentes a los que tienen, para otorgarle a toda persona radicada en la Península un subsidio “digno” que le permita vivir decorosamente.
Es decir, “Podemos” promete terminar con la crisis esforzándose menos, en lugar de más, que es lo que dictan el sentido común y la experiencia. Pero esas propuestas, que arruinan a cualquier sociedad, son gratas a los oídos de muchos electores.
¿Son demócratas los miembros de “Podemos’’? No lo creo. No se puede ser chavista y demócrata simultáneamente, de la misma manera que no se puede apoyar al fascismo o al comunismo y creer en la libertad. Es lo que los clásicos llamaban contradictio in terminis, algo así como un cuadrado redondo.
La vía electoral, eso sí, es la fórmula para llegar al poder y desde allí dinamitar las instituciones que sostienen el Estado de Derecho. Esto es lo que han llevado a cabo la Venezuela de Chávez y Maduro y, hasta cierto punto, el Ecuador de Rafael Correa.
¿Cómo pueden llegar al poder semejantes personajes? Jiménez Losantos piensa que mediante un pacto con los socialistas, los comunistas de Izquierda Unida y los separatistas más radicales de Cataluña y el País Vasco. Un nuevo Frente Popular que se inclinaría paulatinamente hacia el estatismo-colectivista-populista, que derrote al centro derecha en las urnas y precipite a España en una etapa revolucionaria.
¡Dios nos coja confesados!