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jueves, 13 de abril de 2023

¿QUE SE DESPIERTE EL PUEBLO DE CUBA…?

 

Mario J. Viera



Muy a menudo veo ese reclamo de pedirle a los cubanos, a los que viven o malviven en la isla, que despierten. Por supuesto, ese pedido, ese reclamo proviene de Miami, de algún que otro que, antes, en Cuba, se mantenía durmiendo, pero ahora, con el barullo de Miami se despierta, abre los ojos y, entonces les pide a los que allá quedaron, que despierten, lo cual es una forma abreviada de reclamarle a los cubanos en Cuba a salir del engaño en que, supuestamente, viven.

Sí porque parece que todos en Cuba están engañados con los cuentos de hadas de los fabuladores del PCC. Bueno sí, la gran mayoría, o quizá no tan gran mayoría, estuvo en el engaño total hasta 1968 o se acomodaban a vivir la vida en la mentira. Luego vino el periodo especial y comenzaba la pesadilla; y la pesadilla siguió hasta las vísperas del 11 de julio de 2021; y las pesadillas despiertan a los que las sueñan.

Hoy en Cuba son pocos los que están dormidos, de los que viven felices en el engaño; y entre esos pocos, se cuentan los idiotas y los hijos de buenas señoras que gozan con medallas de hojalata, cargan arrugas y nos les importan vivir en la miseria porque siguen durmiendo y soñando con la llegada del paraíso terrenal; algún que otro chivatón, algún que otro que se alinea en las bandas de baladrones de la Respuesta Rápida. Pero la mayoría tiene los ojos bien abiertos mirando hacia el horizonte, hacia la lejanía o esperando porque saben, confían que siempre el bien vence sobre el mal.

Pero, sí, es correcto llamar a que despierte, no el pueblo, sino a esos líderes de la disidencia que siguen soñando con que, un día, no se sabe cuándo, los mayimbes del PCC se decidan a dialogar, y acepten las muy cívicas propuestas de reformas que esos líderes soñadores de la disidencia les plantean, permitir elecciones libres, elección directa del presidente, nueva Ley Electoral, llevar a cabo un plebiscito “vinculante” y otras muchas quijotadas civilistas.

Sí, pedirles que despierten porque ya la gran mayoría ─ dicho esto sin exagerar ─ ya está despierta y solo aguarda por un liderazgo, no de pamplinas, sino de decisión de conducir multitudes en reclamos noviolentos por los cambios, por la única reforma necesaria, la caída del poder del Partido Comunista y de su régimen dictatorial, cerrado, excluyente y totalitario.

viernes, 7 de octubre de 2022

¿ESTA DERROTADO EL REGIMEN DEL PCC?

 

Mario J. Viera



La comentarista de Diario de Cuba, Rafaela Cruz, se formula la siguiente pregunta, con la cual intitula su último artículo: “¿Cómo puede el régimen cubano resurgir cuando parece derrotado?” Refiriéndose a las puntuales manifestaciones últimamente ocurridas en Cuba por causa de los apagones, ella anota: “En algunos meses, los apagones habrán cesado y la maquinaria propagandista del régimen sacará pecho ante otra supuesta ‘victoria frente al bloqueo imperialista’, y hará mofa de aquellos que dieron por muerta a la Revolución. Así pasó con la fiebre porcina, el dengue hemorrágico y con cada ciclón desde el Flora y, en general, así ha sucedido cada vez que el Gobierno logra contener alguno de los recurrentes agravamientos de la crisis comenzada el 1º de enero de 1959”; y tiene razón al decir esto.

Sí, tal como ella afirma, el Gobierno (yo mejor diría, el Partido Comunista de Cuba) manteniendo su control estricto sobre los medios masivos de comunicación es capaz de confiscar la verdad y ofrecer el sustitutivo de una “edulcorada versión propia” de los hechos, para, de manera retórica, presentar las derrotas como victorias. Señala acertadamente Cruz que, “la economía centralizada le permite [al Gobierno] acceso irrestricto a todos los bienes” y “concentrar recursos económicos en aquello que, puntualmente, necesite resolver, aun a costa de que, a largo plazo, el remedio sea peor que la enfermedad”. 

Así lo ha estado haciendo el régimen desde 1959 para sobrevivir y lo seguirá haciendo, sin abandono del recurso represivo, ante las esporádicas y espontáneas manifestaciones de protesta populares, por los ilimitados apagones y por el desabastecimiento de los productos básicos alimentarios.

Rafaela Cruz concluye su artículo con un muy interesante y sugestivo, párrafo; que me ha motivado redactar las siguientes líneas. Expresa Cruz: “Así, cuando la propaganda estatal esté celebrando la superación de la crisis energética como otro gran trofeo, y el desaliento cunda entre las filas opositoras que, atónitas, sentirán que el día anhelado se escabulle una vez más, recordemos que el Gobierno, como el general Pirro ante sus huestes, sabrá que ‘otra victoria como ésta, y estará vencido’".

Es importante destacar la referencia que Cruz hace sobre las atónitas filas opositoras, sintiendo “que el día anhelado se escabulle una vez más”; y seguirá así, y continuarán viendo cómo, a pesar de las esporádicas protestas espontáneas, el régimen del PCC, no está derrotado, y ni siquiera se encuentra en una subjetiva fase terminal.

Antes del 11 de julio de 2021, la disidencia interna y el bullicioso exilio de Miami se quejaban de que el pueblo no salía a tomar las calles para protestar en contra de la opresión de la dictadura. Desde Miami se acostumbraba a calificar al pueblo cubano como cobarde, acomodado, parasitando de las remesas y las recargas de celulares; ahora, en cambio, esperan que el pueblo les haga su trabajo y derroque al sistema, que dé tal sacudida, para que ellos, los miembros de la disidencia interna y los personeros del exilio se arrojen en masa sobre los despojos del gobierno comunista.

Sin organización ni plan ni liderazgo se puede alcanzar la victoria sobre un régimen totalitario. Estas tres condiciones deben presentarse simultáneamente. Existe el descontento generalizado, pero no se puede dejar que este se enfríe, hay que hacer agitación política continuamente, apoyar las protestas con agitadores políticos que alienten su continuidad, y de los reclamos puramente economicistas se pase a los políticos. Ahora, no es momento de esperar por la reacción de reclamos del pueblo; lo de ahora es dirigir a los descontentos, movilizarlos, organizarlos en un objetivo común. El pueblo está presente, está reaccionando, aunque de manera desorganizada y espontánea.

Ya nos encontramos en el punto de inflexión; en ese punto donde ya las condiciones objetivas no están dislocadas de las condiciones subjetivas que plantean la necesidad del cambio. Se está perdiendo el miedo, y se requiere aprovechar este instante para impulsar la agenda política de la disidencia convertida en realidad opositora; en realidad de resistencia y enfrentamiento a la dictadura por medios esencialmente de carácter noviolento.

La oposición política no puede asumir una posición expectante quedándose a la espera de lo que pudiera suceder, tiene que actuar y colocarse a la cabeza de las manifestaciones de protestas. Ya es momento para que la oposición, o una determinada organización disidente, elabore un plan estratégico de lucha, objetivo, ajustado a las realidades, que centralice la conducción de la resistencia y estimule el liderazgo horizontal; un proyecto con fines bien definidos y claramente expuestos. Hay que entender que no se trata solo de hacer caer a un gobierno dictatorial sino de provocar la derogación de un sistema, de la transformación de la estructura actual del Estado totalitario.

Si estos principios no se acometen, seguiremos viendo como ese día anhelado, como lo ve Rafaela Cruz, se nos escabulle una vez más.

lunes, 2 de agosto de 2021

De los “patriotas” que piden intervención militar extranjera

 

Mario J. Viera

 


¿Patriotas? Lo dudo, y diré por qué no son patriotas.

 

Patriota es todo aquel que se entrega en fuerza y alma a favor de su patria. Patriota es el soldado que muere en las trincheras y en campo abierto defendiendo a su patria de cualquier ejército extranjero que la intente hollar. Patriota es aquel, dispuesto a darlo todo para que en su patria exista democracia y justicia, que se respeten todos los derechos a los que son merecedores sus compatriotas; que es capaz de enfrentarse a una dictadura aún al precio de su libertad o de su vida. Patriota es aquel que da su conocimiento, sus virtudes intelectuales, para hacer grande el nombre de la tierra donde nació., el artista, el poeta, el intelectual, el científico que solo tiene compromiso para con su nación.

 

Sea la excusa que se quiera dar para exigir que, una potencia extranjera se lance en una guerra contra la nación donde se nació, de ningún modo es patriotismo; ¿liberar al país de una dictadura? ¿Sin el propio esfuerzo? Eso solo sería cobardía, o peor aún, Alta Traición.

 

Ya por más de seis décadas rige en Cuba una dictadura totalitaria e intolerante. Una dictadura que exige obediencia absoluta de todos, so pena de persecución, marginalización o cárcel a quien no obedezca, que incluso es capaz de masacrar al pueblo en caso de ver peligrar su poder. En fin, una dictadura que debe ser derrocada, y liquidadas todas sus fuentes de poder. Esto es cierto, y necesario. Hay que demoler el sistema tiránico impuesto por el Partido Comunista de Cuba. En la mente de muchos timoratos, esa dictadura es imbatible, y como tal es su condición, se decide por el ostracismo, por la huida, por el escape, por enfrentar el peligro de la muerte en los corredores del suicidio que es el Estrecho de la Florida.

 

La impotencia del no hacer en Cuba, en la diáspora segura en tierras de libertad, se torna en furia y el furor se transforma en odio; y se grita y clamorea diciendo “¡Abajo el comunismo!”; que no llegue recurso alguno a la isla, sin envíos de remesas, sin ningún tipo de ayuda a los que se quedaron en la isla, que, al fin de todo, se resignaron a continuar sobreviviendo bajo la dictadura. Pero cuando ocurre lo impensable en la isla, el levantamiento de miles de cubanos protestando por las carencias de abastecimientos, por el azote de la pandemia y reclamando libertad; entonces el timorato, que nada hizo en contra de la tiranía cuando allá vivía, se emociona y ya ve próxima la caída del régimen que siempre creyeron imbatible.

 

Entonces el timorato, unido a una turba de iguales timoratos, revuelve dentro de sus intestinos su patriotismo furioso y sale a protestar y a reclamar en Washington DC, al influjo de oportunista y manipuladores politiqueros, porque en estas tierras a nadie persiguen por protestar contra un presidente. Y exige al presidente de Estados Unidos que invada militarmente a la isla para acabar con la odiada dictadura. Y los timoratos, junto a los tontos, que siempre existen, y los políticos, que se dicen cubanos solo porque son hijos o descendientes de cubanos que, años atrás, huyeron de Cuba, organizan caravanas de automóviles que van de aquí a allá, en “solidaridad” con los que tuvieron, lo que a ellos les faltó, para manifestarse masivamente reclamando derechos y libertades.

 

Vean sus furiosos rostros, sus ademanes, sus coléricas palabras que transmiten las cámaras de televisión. Hay ancianos y hay jóvenes, muchos, partidarios de Donald Trump, y de todos ellos, la mayoría quiere un blitzkrieg en Cuba para acabar con el comunismo. Pero tenemos que preguntarnos si ellos conocen adecuadamente lo que reclaman. Por supuesto que la Casa Blanca y el Pentágono conocen muy bien lo que significaría un ataque de sus fuerzas contra Cuba, conocen muy bien el desastre que provocarían en la isla y las consecuencias políticas que esa agresión acarrearía.

 

Hagamos un esfuerzo de imaginación y aceptemos que Joe Biden se deje llevar por la tentación de los votos de los cubano-americanos de la Florida ─ siempre esos votos han ido a favor de los republicanos ─ y decrete una invasión militar a Cuba. Primero se deberá elaborar una estrategia de combate y, segundo buscar apoyo dentro de la Organización de Estados Americanos (OEA). Imaginemos que decida omitir este segundo paso y lance la operación militar sin previas consultas.

 

Cuba cuenta con unas poderosas y bien entrenadas fuerzas armadas, armamentos antiaéreos, y una importante flotilla de aviones de combate, tiene además la capacidad de movilizar en solo un día a un millón de efectivos militares. Además, Cuba es una isla. No existe posibilidad de una invasión terrestre, salvo por la base de Guantánamo, poco eficiente. Para posibilitar el desembarque de la fuerza expedicionaria, se requeriría lanzar ataques aéreos masivos sobre La Habana; bombardear la base aérea de San Antonio de los Baños y las ubicadas en las regiones central y oriental. Apoyar con un ablandamiento artillero desde naves de guerra surtos mar adentro el desembarque de tropas de infantería. Sería lógico que la dirección central del ataque fuera precisamente la ciudad de La Habana. La dictadura, rápidamente anularía la quinta columna que representarían para ella los grupos de opositores, cuyos dirigentes y activistas de inmediato serían masacrados. La ciudad de La Habana quedaría arrasada como Varsovia cuando la Segunda Guerra Mundial; miles serías las víctimas civiles. ¿Es esto lo que desean?

 

¿Cuánto duraría la resistencia de las fuerzas armadas cubanas? Eso sería especulativo, lo suficiente como para conseguir una resolución en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas promovida por Rusia y China. Por su parte, Rusia no desaprovecharía la oportunidad de ocupar Ucrania. 

 

No hay que descartar que, entre los promotores de la guerra “humanitaria” contra Cuba, estén actuando agentes provocadores del gobierno de Cuba con el objetivo de demostrar ─ sabiendo que Estados Unidos no se decidiría por tales acciones ─, que existe un plan agresivo contra la seguridad nacional, y así poder justificar, cualquier acción represiva contra los inconformes en Cuba. Esta propuesta le viene muy bien a la coartada del régimen para restarle legitimidad a las propuestas del exilio cubano y a las mismas de la disidencia interna. Todo puede suceder, en los temas de inteligencia no existen casualidades.

 

Hay de todo en la viña de la diáspora cubana, desde frustrados y oportunistas, hasta provocadores de los agentes de la inteligencia del régimen cubano.

lunes, 19 de julio de 2021

POR CUBA, UNA SOLA VOZ, SIN DEMAGOGIAS

 

Mario J. Viera


 

Me cuesta trabajo ordenar mis ideas. La ira me enturbia el pensamiento. Quiero ser objetivo; pero no sé si es posible. El querer hacer y el no poder, es angustiante. Ver lo que acontece y guardar silencio, no es posible. Saltan a borbotones ideas que se enfrentan entre ellas expresándolas en palabras con distintos calibres, medidas unas, inapropiadas otras… ¡No es fácil!

 

Hay ocasiones, que a veces me asaltan, de cerrar los ojos, de voltear la página, de negarme leer los periódicos, de escuchar las noticias, y entretener mis ansiedades en juegos fútiles de internet o recreándome viendo una película tonta o una serie de Netflix. Pero no puedo evitarlo tengo que volver al tema como el perro vuelve a su vómito. Cuba duele.

 

Y pienso, y me cuestiono si yo, de haber estado en Cuba cuando estalló la revuelta, hubiera tenido el suficiente valor para unirme al gran tumulto de protestas del día 11. ¡Quizá sí, quizá me hubiera tragado el temor, el mismo que se tragaron los miles que desfilaron gritando, exigiendo “Patria y Vida”! Pero, ¡coño, qué puedo decir desde la distancia, desde la tranquilidad del exilio! Desde aquí, desde este tranquilo exilio ¿Qué me cuesta gritar libertad y patria y vida? ¿Salir a protestar en el Versalles para demostrar que soy cubano y que exijo libertad? Eso es fácil, si hasta pudiera verlo como una fiesta, o como un modo más de romper la rutina. Frente a mí no tendría una jauría de agresivos “boinas negras” y de sicarios mercenarios de la seguridad del estado, o de turbas furiosas de agresores, armados con bates y hasta con armas de fuego.

 

Por supuesto que es correcto, y más que correcto, necesario, demostrar públicamente que apoyamos a los que osan en Cuba alzar la voz; que en Cuba vean que estamos con ellos. Manifestemos nuestro apoyo; pero que nadie, aprovechando la revuelta popular en Cuba, nos manipule para adelantar intereses espurios o políticos.

 

Allá, en Cuba se desata la represión, respuesta lógica de un régimen tiránico en decadencia. ¿Cuántos dignos cubanos ya se encuentran desaparecidos o encerrados en celdas de Cien y Aldabó y en Villa Maristas? ¿Cuántos han sufrido golpizas propinada, a la par por varios rufianes de los órganos represivos? ¿Y los heridos con armas de fuego o heridos en sus viviendas luego de ser asaltados sus domicilios? No habrá piedad por parte de la tiranía. Así lo ha dejado bien claro. Como esa cosa con figura femenina  con grados de coronel de nombre Moraima Bravet Garófalo, jefa de la Dirección General de Investigación Criminal del Ministerio del Interior, declaró: “En este proceso desarrollamos un conjunto de acciones investigativas, de instrucción, periciales y operativas para demostrar que los actos del pasado domingo constituyen un delito (…) Estamos convencidos de que detrás de estos hechos está la mano del enemigo, y vamos a llegar hasta los instigadores y los organizadores”. El derecho de opinar, el derecho de manifestación es delito. Debemos considerar algo sobre lo que ha dicho esta señora coronel, que detrás de todos esos hechos, está la mano del enemigo, sí, el hambre, la miseria, el azote mal manejado de la pandemia, y la falta de derechos que sufre el pueblo cubano, esa es la mano detrás de las protestas y sus instigadores es el propio régimen del PCC.

 

Y ese muñeco de paja, con capacidad de dirección propia de cualquier empleadillo de oficina de correos, pero devenido presidente por su probada sumisión a los grandes, a los mayimbes y cuyo nombre, que preferiría omitir, pero no queda más remedio que señalar; ese tal Miguel Díaz-Canel, dijo: “Paz y tranquilidad ciudadana, respeto, solidaridad entre compatriotas y hacia los otros necesitados del mundo, salvando a Cuba para seguir construyendo, creciendo, soñando y alcanzando la mayor prosperidad posible. Ese es nuestro mensaje para nuestro pueblo”. La paz y la tranquilidad de los sepulcros, la solidaridad de los sicarios para soporte de la dictadura. Esto no se trata de pura demagogia, esto solo es cinismo.  

 

Y agrega, refiriéndose a los supuestos esfuerzos que su “gobierno” ha venido acometiendo en la extracción de petróleo y en el proceso inversionista en el sector turístico: “con el recrudecimiento del bloqueo y las 243 medidas, se cortan todas las fuentes de ingreso que propiciaban esas oportunidades y potencialidades que hemos ido desarrollando”. ¿Las 243 medidas de Donald Trump fueron la causa eficiente para el estallido de la protesta social en Cuba? Yunior García, del 27N podría rebatir lo dicho por el hombre de paja, cuando, luego de ser puesto en libertad, se refirió a su arresto en L y 23 en el Vedado: “…dejamos clarísima nuestra posición y nuestras ideas de cambio, en un país que no frena su caída al barranco, con una aguda crisis sanitaria, sin medicamentos ni comida, con una inflación galopante, una deuda impagable, tiendas en moneda extranjera que se expanden como pulpos, un país que se llena de hoteles mientras el fondo habitacional sufre un perenne peligro de derrumbe y los hospitales no dan abasto. Un pueblo donde crece el descontento, el desabastecimiento crónico, los apagones, los presos de conciencia”.

 

Habría que agregar también, un país donde la agricultura es un fracaso por los métodos burocráticos de su gestión, por las prácticas incorrectas de laboreo de las tierras, el regadío y el cultivo. Un país donde más del 75% de sus suelos agrícolas sufren profundas degradaciones, de erosión laminar y eólica, y de salinización. Un país donde su gobierno destruyó su antes poderosa industria azucarera; un país que arruinó su ganadería; un país cuyo gobierno se mantenía por los subsidios que le brindaba un imperio extranjero, que no supo capitalizar recursos; pero con recursos para levantar prisiones por todo el país, para invertir parte de su presupuesto en propaganda política y en la manutención de sus órganos de prensa y televisivos, y vive del producto de las remesas de los cubanos en el extranjero, y de los recursos que provienen del turismo.

 

Las medidas de Trump fueron un elemento, pero no el fundamental de la crisis económica por la que atraviesa el país, esa ruina viene desde los inicios del régimen.

 

¿Qué se supone debe hacer el presidente de una república democrática ante masivas manifestaciones de protestas populares? Buscar el diálogo sin recurrir a la represión, aunque esto no siempre se cumple, como ha sido el caso, en Colombia y en Chile, durante los pasados disturbios populares de protestas en esos países. No obstante, ni el presidente Iván Duque, ni el presidente Sebastián Piñera osaron hacer lo que el hombre de paja de Cuba, Miguel Díaz-Canel se atrevió, hacer un llamado para enfrentar al pueblo contra el pueblo: "Estamos convocando a todos los revolucionarios del país, a todos los comunistas, a que salgan a las calles y vayan a los lugares donde vayan a ocurrir estas provocaciones (…) La orden de combate está dada: a la calle los revolucionarios".

 

De inmediato, actuó. Puso en movimiento a las brigadas de respuesta rápida, movilizaron a los militantes del PCC de cada centro laboral, confeccionaron rápidamente bates de madera, y llevaron en ómnibus a toda esa gentuza para salir a la calle y agredir a sus propios hermanos. ¿Qué hubo de común en las protestas en Colombia y Chile? ¡La desigualdad social! En ambos casos, debida a las políticas económicas impuestas por el neoliberalismo. ¿Qué diferencia o similitud hubo entre las protestas chilenas y colombianas con el estallido de protestas en Cuba? Similitud, la desigualdad social debida al fracaso económico del sistema comunista; diferencias, ¡muchas! En Colombia y en Chile no existe un Estado policiaco, existe el derecho a la opinión, el derecho de manifestación, el derecho de libre organización política, existe el periodismo libre, existe una sociedad civil que puede expresarse libremente; ¡Nada de eso existe en Cuba! En Chile y en Colombia, los detenidos en movimientos de protestas son puestos en libertad de inmediato; en Cuba hay varios centenares de detenidos, muchos de ellos se desconoce su paradero y todos, están expuestos a la venganza de la tiranía; serán llevados a los tribunales y sometidos a juicios sin las debidas garantías procesales y sin el asesoramiento de abogados.

 

El New York Times, refiriéndose al caso chileno cita a John Polga-Hecimovich, experto en América Latina de la Academia Naval de Estados Unidos, cuando este dijo que los disturbios en Chile y las crisis similares que han sacudido a la región en los últimos meses deberían alertar a las élites políticas: “Esta podría ser la llamada de atención que algunos de estos gobiernos y partidos políticos necesitan para mejorar su representación y gobernanza”; algo de lo que absolutamente carece el régimen totalitario del PCC.

 

Ante la respuesta del régimen cubano de perseguir y criminalizar a los que osaron pedir cambios y libertad, la comunidad cubana en Estados Unidos respondió con manifestaciones de rechazo. Indignación e ira había entre los cubanos. Se repetía lo mismo en diferentes ciudades del mundo donde existen comunidades cubanas. En Washington, frente a la sede de la embajada cubana, amaneció una enorme pintada de CUBA LIBRE sobre la calle que da acceso a esa sede. ¿Una sola voz de repudio? Solo en apariencias, porque la comunidad cubana está dividida en cuanto a la respuesta que Estados Unidos debe darle al régimen de La Habana.

 

Están aquellos que exigen imponer medidas extremas contra la dictadura cubana, y están aquellos que rechazan tales propuestas y solicitan el levantamiento, no solo de las extremas sanciones económicas impuestas por Trump contra Cuba, sino también del embargo que Estados Unidos mantiene desde 1962. Los primeros, una abigarrada mayoría; los segundos, minoritarios. Y ambos grupos reclaman y le exigen a Joe Biden que acceda a sus peticiones. Los primeros, los más publicitados, como publicitados son los líderes inamovibles de las organizaciones de exiliados, que aparecen ante las cámaras de la televisión vistiendo de saco y corbata, acompañados de políticos de corte republicana y fuera de la multitud; no descienden de los estrados para fundirse con la gente que dicen representar. Detrás de sus propuestas se esconde un interés político, bien lejos de lo esencialmente cubano.

 

Así aparece Ron DeSantis, el gobernador de la Florida, con una propuesta interesante para bloquear el apagón de internet impuesto por el régimen del PCC para silenciar las denuncias durante los disturbios populares, y, de inmediato, la congresista republicana María Elvira Salazar suelta su gota de veneno: “Necesitamos la voluntad política del gobierno de Biden” ─ soltó, para luego agregar ─ “Y si el gobierno federal considera que no puede pagar los recursos, lo hará la comunidad cubana-estadounidense”. Biden responde entonces: "Cuba es, desafortunadamente, un estado fallido y está reprimiendo a sus ciudadanos. Han cortado el acceso a internet. Estamos evaluando si tenemos la capacidad tecnológica para restaurar ese acceso".

 

El sector moderado de la comunidad cubana le reclama a la Casa Blanca que cumpla sus promesas de aperturas hacia Cuba, aunque, en realidad este nunca dijo tal cosa, y hasta ahora no ha levantado las sanciones impuestas por su antecesor en el cargo; y declara: "Hay una serie de cosas que consideraríamos hacer para ayudar al pueblo de Cuba, pero requeriría una circunstancia diferente o una garantía de que el gobierno no se aprovecharía de ellos. Por ejemplo, la capacidad de enviar remesas a Cuba. No haríamos eso ahora porque es muy probable que el régimen confisque esas remesas o grandes porciones. (…) Estaría dispuesto a dar cantidades significativas de vacunas, si de hecho se me asegurara que una organización internacional administraría esas vacunas”. Claramente ha sido su respuesta; y esa respuestas la entiende bien el régimen del PCC.

 

Todos aquellos que, como amigos virtuales, me siguen en Facebook, o en las páginas de este blog, me conocen como un pertinaz detractor de las sanciones económicas no selectivas que Donad Trump impusiera sobre Cuba, porque las consideraba como más perjudiciales para el pueblo raso de Cuba, que para el régimen dictatorial. Pero, en estos momentos, si Biden accede a cumplir los deseos de aquellos que le reclaman el levantamiento de todas las medidas impuestas por Donald Trump, sería el peor error político que cometiera; sería como darle carta blanca a la tiranía del PCC para acometer tranquilamente todos los actos de violencia represiva que ha estado empleando para ahogar las protestas.

 

Pretender que el movimiento de protestas generado en la isla es consecuencia del endurecimiento del embargo, simplemente es un intento de descalificar la razón de las protestas. Si bien las medidas implantadas por Trump son un factor más de la ecuación social en Cuba, no es el determinante, como he expuesto más arriba. El régimen, de un portazo, ha cerrado las puertas a un relajamiento de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba. Como en 1996, cuando Bill Clinton se planteaba vetar la Ley Helms-Burton, el régimen de la isla, ante el reto que le planteaba Concilio Cubano, para dar un escarmiento, derribó a dos avionetas no artilladas de Hermanos al Rescate, obligando a Clinton a firmar el proyecto aprobado por el Congreso; ahora hace lo mismo, ante el espanto que le causaron las protestas multitudinaria, prefirió actuar violentamente sin importarle para nada, que ese acto eliminaría la posibilidad de un nuevo relajamiento en las relaciones entre los dos estados, colocando a Biden en una encrucijada política. El régimen del PCC ha minado y hecho estallar los “puentes de amor” que algunos cándidos y timoratos pretendían erigir, supuestamente a favor del pueblo cubano.

 

Por estas razones, resulta insultante el comunicado que recientemente publicara el capítulo de Florida del Black Lives Matter (BLM), un movimiento en respuesta a la violencia policiaca y al racismo. "Esta cruel e inhumana política instituida con la explícita intención de desestabilizar el país y socavar el derecho de los cubanos a escoger su propio gobierno, está en el corazón de la actual crisis cubana” ─ se afirma en el comunicado del BLM. Sin embargo, BLM habla sin sentido, haciendo omisión del hecho de que, el derecho de los cubanos a escoger su propio gobierno ha sido conculcado por la rigidez de un partido único que se mantiene en el poder sin la legitimidad que confieren las elecciones libres, competitivas y transparentes.

 

Y continúa el comunicado de BLM afirmando: “Desde 1962, los EEUU han provocado dolor y sufrimiento al pueblo de Cuba cortando el suministro de comida y medicinas, costando a la pequeña Isla un estimado de 130 billones de dólares". Sin embargo, los redactores del comunicado pecan por ignorancia o por convergencia ideológica con el régimen implantado en Cuba. En primer lugar, aceptan como bueno, sin un análisis crítico, el cálculo de afectaciones que ofrece el gobierno del PCC; pasan por alto un detalle; precisamente en lo del suministro de comida y medicinas, cuando, en realidad, dentro de las líneas del embargo está permitido el envío de ayuda humanitaria, así como la exportación de alimentos, aunque, en este caso, se exige el pago previo; además, está autorizada la venta de medicamentos aunque cumpliendo con determinadas condiciones de transacción.

 

Parece que no han tomado nota de lo asegurado por Erika Guevara-Rosas, directora para las Américas de Amnistía Internacional a la BBC Mundo: "Ellos [el gobierno cubano] han generado una narrativa como si se tratara de un bloqueo completo y se trata de un embargo económico y financiero, con todas las implicaciones que eso tiene en la vida de las personas". Precisó que, en la actualidad Estados Unidos es el principal exportador de alimentos y medicamentos a Cuba; y destacó que el 80% del consumo de carne y pollo de la isla proviene de Estados Unidos, aunque omitió decir que estos productos solo son accesibles para los cubanos en las tiendas MLC que hacen sus ventas ─ luego de satisfacer las necesidades de los altos mandos del Partido Comunista, las Fuerzas Armadas y el Gobierno ─.. en divisas y a precios elevados. Este es uno de los factores que más incidieron en la revuelta nacional.

 

Para concluir, en el comunicado de BLM se declara: "Cuba ha demostrado solidaridad históricamente con pueblos oprimidos descendientes de africanos, protegido a revolucionarios negros [por ejemplo la militante del Black Panters, Assata Shakur, condenada en Estados Unidos condenada por matar a un policía en Nueva Jersey en 1973], garantizándole asilo, apoyado las luchas de liberación negras en Angola, Mozambique, Guinea Bissau y Sudáfrica". Los líderes de BLM no toman en cuenta que el PCC ha mantenido siempre una política de discriminación hacia los negros, se ha repetido en los descalificativos que ha hecho de los miembros del Movimiento San Isidro; y no solo discrimina a los negros, sino también a todo aquel que disienta de la línea oficial, sin importar que sea negro, mulato o blanco, Los únicos que son considerados como personas, para el partido comunista, son los partidarios de la dictadura, los “revolucionarios”, para los cuales son las calles y las universidades. Realmente, cuando BLM se alinea a favor de la dictadura del PCC, toda su labor, toda su lucha, como organización, queda descalificada.  

 

Del otro lado de los moderados de la diáspora cubana ─ no hay puntos medios ─, están los “duros”, los inclaudicables, los que reclaman con mayor fuerza, los que piden acciones radicales en contra de la dictadura y hasta proponen, en un documento dirigido a la Casa Blanca acompañado de una inusitada cantidad de firmas, bombardeos “humanitarios” sobre La Habana. Y se van a Washington a presionar al presidente de Estados Unidos, so pena de que, si este no cumple con lo exigido, no contará con sus votos en la próxima campaña electoral, algo que, por supuesto, no le impedirá a Biden conciliar el sueño; bien conoce que muchos, prácticamente la mayoría de los procedentes de Miami, firmantes del documento de marras y de aquellos concentrados ante la Casa Blanca, no votaron por él, que son ardientes seguidores de Donald Trump, que en Miami  hicieron actos de protesta alegando, como Trump, que se había cometido fraude electoral y que le acusaban de ser hasta comunista. Bien saben que Estados Unidos no invadirán a Cuba con sus tropas; así lo hicieron saber los senadores Bob Menéndez, demócrata y Marco Rubio, republicano.

 

Aunque Estados Unidos ha ejecutado operaciones militares sin el aprobado del Congreso, como fue la invasión a Panamá para derrocar al general Noriega y la invasión a Granada, también Estados Unidos se han inhibido de intervenir en otros países para restaurar “la justicia”. Trump, aparte de sus “todas las opciones sobre la mesa” no envió a los marines contra Venezuela a pesar de que durante las protestas populares del 2017 hubo entre 127 y 157 muertes; ni tampoco contra Nicaragua, donde en siete meses de protestas contra el régimen de Daniel Ortega se produjeron 535 muertos. En Birmania luego del golpe de estado propinado por el ejército, la soldadesca acribilló a los manifestantes no violentos con un saldo de 110 víctimas; Estados Unidos no intervino militarmente, como no intervino en Tailandia, como no intervino en Bielorrusia donde, durante las protestas populares, se hicieron 35 000 arrestos y miles fueron golpeados por los sicarios de Aleksandr Lukashenko. Ellos lo saben, pero están frente a la Casa Blanca siguiendo el libreto que otros les han trazado. Indigna ver que haya quienes se aprovechan del dolor y de la ira de la diáspora cubana en Estados Unidos para adelantar sus propias agendas políticas, o impulsar ruines intereses personales. Por Cuba se requiere una voz, fuerte, enérgica, independiente y sin la demagogia de algunos políticos. Una voz unitaria, no los clamores de los oportunistas de siempre. Una voz, en fin, que se pronuncie en cubano.