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domingo, 2 de junio de 2019

LA CARTA DE AMLO A DONALD TRUMP – MI OPINION


Mario J. Viera



El pasado jueves, 30 de mayo, inopinadamente, Donald anunció vía Twitter su decisión de imponer cargas tributarias a todos los productos procedentes de México que entren en Estados Unidos bajo la exigencia de que ese país ayude reducir el número de inmigrantes indocumentados que llegan desde Centro América hasta la frontera sur estadounidense cruzando el territorio mexicano en largas caravanas.

El 10 de junio, Estados Unidos impondrá un arancel del 5% en todos los bienes que entran a nuestro país desde México, hasta el momento en que los inmigrantes ilegales que vienen a través de México hasta nuestro país, se DETENGA. La tarifa será incrementada gradualmente hasta que el problema de la Inmigración Ilegal se remedie…”, tuiteó Donald Trump. El pretexto para imponer tales cargas presupuestarias, lo dejó dicho, al siguiente día escribiendo en su cuenta de Twitter: "México se ha aprovechado de Estados Unidos durante décadas. Debido a los demócratas nuestras leyes de inmigración son malas (¿Habrá olvidado a Ronald Reagan y a George W. Bush?). México ha hecho una fortuna de los Estados Unidos por décadas, pueden solucionar este problema fácilmente. ¡Es hora de que finalmente hagan lo que se debe hacer!" Y dijo más Trump: "México debe recuperar su país de los cárteles y los narcotraficantes. Los aranceles son tanto para detener el tráfico de drogas como de migrantes ilegales". No propone un diálogo con vistas a la solución de ese conflicto, no envía a sus asesores ni representantes del Departamento de Estado a establecer un consenso con el gobierno de México para la solución del conflicto. Trump solo dicta un ultimátum, sin siquiera haberlo comunicado previamente por escrito al gobierno de ese país. Un claro caso de extorción.

Sí, Trump olvidó la Ley de Reforma y Control de Inmigración (IRCA) firmada por Ronald Reagan el 6 de noviembre de 1986; olvidó lo que entonces dijera Reagan: "Las futuras generaciones estadounidenses estarán agradecidos por nuestros esfuerzos para recuperar humanamente el control de nuestras fronteras y con ello preservar el valor de uno de los bienes más sagrados de nuestro pueblo: la ciudadanía estadounidense".

Casualmente, Donald Trump dio a conocer que el próximo 18 de junio iniciará su campaña presidencial para el 2020, algo que, en realidad, ha estado haciendo reiteradamente. Trump no ha dejado de estar en campaña electoral. Es evidente que su propuesta de frenar la inmigración masiva mediante sanciones económicas a México es parte de su paquete de campaña dirigida a su base política, predominantemente xenófoba, en especial, hacia los hispanos. Así lo entiende también Adolfo Laborde, profesor de relaciones internacionales e investigador de la Universidad Anáhuac (México) en declaraciones que le hiciera al canal de noticias de televisión ruso RT: “Como [Trump] no tiene una estrategia política que le pueda ayudar, está viendo a México como una opción electoral en un primer momento y como una acción de presión política para nuestro país para poder ceder en ciertos temas”. Así también lo ve el director del medio digital SDPnoticias, Federico Arreola cuando anota: “El presidente de Estados Unidos simplemente quiere un compromiso claro del gobierno de México en el sentido que Trump piensa más le beneficia en términos electorales. Un simple, contundente y reiterado ‘nos comprometemos a resolver ya el problema de la migración ilegal, haciendo todo lo que sea necesario para lograrlo’ habría bastado”.

Trump no se detiene a pensar en las consecuencias, que esa sanción económica impuesta sobre México, pudieran resultar sobre la transparencia de la economía estadounidense. Su objetivo es alcanzar la reelección y esquivar cualquier intento de Impeachment en su contra.

Y las consecuencias, todas son negativas. La revista Forbes expresó, tan pronto se conociera la amenaza de Donald Trump: “La bolsa de Nueva York registró una fuerte caída, golpeada por los temores de que la sorpresiva amenaza arancelaria del presidente Trump a México podría llevar a la mayor economía del mundo a una recesión”. De hecho, tal como se reportó en el diario español El País, Wall Street recibió el anuncio del gravamen general con una caída superior al 1% en tres de sus índices, aunque los valores más castigados fueron los de la industria automotriz. Jay Timmons, director general de la Asociación Nacional de la Industria Manufacturera de Estados Unidos, declaró: “Estos aranceles propuestos tendrían consecuencias devastadoras sobre las fábricas de Estados Unidos y sobre los consumidores estadounidenses. Hemos llevado nuestras inquietudes a los niveles más altos del gobierno, y los exhortamos vehementemente a considerar cuidadosamente el impacto de esta medida sobre las familias trabajadoras de todo el país”.

Por su parte, Neil Bradley, vicepresidente ejecutivo de la Cámara de Comercio de Estados Unidos, declaró: "Imponer aranceles en bienes provenientes de México es exactamente la decisión equivocada. Estos aranceles los pagarán las familias y empresas estadounidenses si no se hace algo para resolver los problemas reales en la frontera. En lugar de ello, el Congreso y el presidente necesitan trabajar juntos para solucionar los problemas serios en la frontera”. La Cámara de Comercio de EE UU está considerando demandar a la Administración Trump. En sus declaraciones, la Cámara de Comercio advierte que los aranceles pueden ser un obstáculo para la ratificación del tratado comercial, México-Estados Unidos-Canadá.  

En medio de este contexto se produce la carta de AMLO a Donald Trump. López Obrador no salió a convocar a sus seguidores a una concentración popular de rechazo al ultimátum de Trump, agitando conceptos nacionalistas como había acostumbrado hacer Fidel Castro; no le respondió a Trump manifestando su rechazo al imperativo de la Casa Blanca mediante el empleo de la concisión de un twitter. AMLO recurrió a un medio más decoroso: una comunicación por escrito dirigida al Presidente de Estados Unidos.

André Manuel López Obrador no es persona en especial que cuente con mis simpatías; sin embargo, he leído y hasta releído su misiva y sacado mis propias conclusiones al respecto. En mucho, concuerdo con los criterios expresados por Federico Arreola en su artículo “La carta de AMLO a Trump: brillantemente escrita, pero no llega al fondo del problema”. Ciertamente considero que es una carta brillantemente escrita, pero también que es un documento redactado con gran decoro. AMLO ante Trump actuó como un estadista, empleando un lenguaje mesurado y al mismo tiempo, admonitorio y firme.

No hubo diálogo antes de que Trump tomara tan irresoluta decisión y advierte López Obrador que no busca la confrontación, porque “ante cualquier conflicto en nuestras relaciones, por graves que sean, se recurra al diálogo y actuemos con prudencia y responsabilidad”. Consejo que no admitirá el residente de la Casa Blanca, como tampoco admitirá la sugerencia que AMLO le hace: “le propongo profundizar en el diálogo, buscar alternativas de fondo al problema migratorio [...] Creo que los hombres de Estado y aún más los de Nación, estamos obligados a buscar soluciones pacíficas a las controversias y a llevar a la práctica, por siempre, el bello ideal de la no-violencia”.

Intenta argumentar con los antecedentes históricos en las relaciones de México y Estados Unidos, habidas entre Benito Juárez y Lincoln o entre Lázaro Cárdenas y Roosevelt. Y aunque es cierto lo que al respecto señala Federico Arreola: “¿Hablarle a Trump de Juárez y Lincoln? Al primero, el presidente norteamericano probablemente no lo conoce. El segundo, seguramente le tiene sin cuidado”; pero AMLO le restriega en la cara a Trump, los principios democráticos que este pisotea, el derecho a la libertad de palabra; el derecho a la libertad de cultos; el derecho a vivir libres de temores; y el derecho a vivir libres de miserias; ¿No es acaso el reconocimiento de esos derechos sobre lo que se fundamenta la democracia estadounidense? AMLO, no grita, no vocifera consignas nacionalistas, AMLO rememora lo que parece olvidar el mandatario estadounidense. Así, simplemente.

Trump es patológicamente reacio a cualquier solución inteligente del fenómeno de la migración masiva, que ve como invasión, como turbas de criminales. “Los seres humanos no abandonan sus pueblos por gusto, sino por necesidad”, le aclara a Trump y le expone una solución a esas masivas caravanas de migrantes. ¿Quieres resolver este conflicto? Pues opta por “la cooperación para el desarrollo y ayudar a los países centroamericanos con inversiones productivas para crear empleos y resolver de fondo este penoso asunto”. Mucha culpa ha tenido Estados Unidos para que en esos países de Centro América estén en tales precarias condiciones que impulsan a sus ciudadanos a optar por la emigración con el historial de dictadores apoyados por las diferentes administraciones estadounidenses, principalmente republicanas, durante el periodo de la guerra fría y el sostén a la poderosa United Fruit que hizo de aquellos países verdadera Repúblicas Bananeras. “los problemas sociales no se resuelven con impuestos o medidas coercitivas”, le advierte AMLO a Trump. Sin embargo, ¿qué le importa a Trump esos problemas sociales si ni siquiera se preocupa por los existentes en casa?  

¿Por qué el ultimátum? “Usted sabe también que nosotros estamos cumpliendo con nuestra responsabilidad de evitar, en la medida de lo posible y sin violentar los derechos humanos, el paso por nuestro país”. ¡Sin violentar los derechos humanos! No como ocurre bajo la administración de Trump en Estados Unidos: “¿Cómo convertir de la noche a la mañana al país de la fraternidad para con los migrantes del mundo en un gueto, en un espacio cerrado, donde se estigmatiza, se maltrata, se persigue, se expulsa y se le cancela el derecho a la justicia a quienes buscan con esfuerzo y trabajo vivir libres de miseria? La Estatua de la Libertad no es un símbolo vacío”.  Aunque Arreola emplea una sátira sobre esto diciendo: “Para el colérico gobernante de aquel país (Estados Unidos), la Estatua de la Libertad es solo un atractivo turístico que genera divisas, venta de camisetas y llaveros y algo que mejora el paisaje para desarrollos inmobiliarios caros”.

No obstante, López Obrador, bajo una fórmula de cortesía y respeto, le da a Trump un repentino gancho de izquierda al hígado, “¡Uf, eso duele!” habrá tal vez exclamado Trump: “Con todo respeto ─ le dice ─, aunque tiene el derecho soberano de expresarlo, el lema “Estados Unidos primero” es una falacia porque hasta el fin de los tiempos, incluso, por encima de las fronteras nacionales, prevalecerán la justicia y la fraternidad universales”.

Dice AMLO que no busca confrontación, que no la quiere, pero le advierte: “recuerde que no me falta valor, que no soy cobarde ni timorato, sino que actúo por principios: creo en la política que, entre otras cosas, se inventó para evitar la confrontación y la guerra. No creo en la Ley del Talión, ni en el ‘diente por diente’ ni en el ‘ojo por ojo’ porque, si a esas vamos, todos nos quedaríamos chimuelos (es el que le falta uno o más dientes) o tuertos”. Es decir, que, si le obligan a la confrontación, él no será timorato y no le quedará más remedio que ambos, Estados Unidos y México se queden chimuelos o tuertos. Arreola considera que López Obrador no contestó “de manera proporcional a las amenazas de Trump”, y afirma: “Al presidente López Obrador le faltó decir con toda claridad que cada medida comercial de Estados Unidos que no favorezca a México será respondida con absoluta firmeza, esto es, que estamos más que dispuestos a entrar en la guerra comercial que él quiera. Y si ello le va a costar sufrimiento al pueblo de México, también generará desempleo y desequilibrios económicos en la sociedad estadounidense. El “ojo por ojo”, pues. Frente a los bravucones no hay de otra”. No obstante, de que esto es así, el tema quedó implícito en la carta firmada por López Obrador.

El penúltimo párrafo de la carta de AMLO, en mi opinión, al igual que en la de Arreola, fue un desacierto. No debió pedirle a Trump audiencia para el secretario de Relaciones Exteriores de México, Marcelo Ebrard. Como ha señalado Arreola: “¿Tenía sentido que el presidente de México pidiera al de Estados Unidos, ‘si para ello no tiene inconveniente’, instruir a sus funcionarios a atender a un grupo de representantes (del gobierno de México), encabezados por Marcelo Ebrard...?”, quienes viajarían a Washington “con la intención de llegar a acuerdos ‘en beneficio de ambas naciones’. ¿Es decir, Marcelo va a la capital de Estados Unidos sin cita? ¿Solo a sentarse por ahí a la espera de que alguien le abra un espacio para empezar a dialogar? ¿Y si no lo reciben? ¿Si la dan largas?

Lo que Trump debiera saber es que en Andrés Manuel López Obrador hay una buena cuota también de populismo y que dentro del pueblo mexicano existe un potencial enorme de nacionalismo. Debiera prestar oídos a lo afirmado por Jesús Seade, vicecanciller para América del Norte y negociador comercial mexicano: “Es algo desastroso, esa amenaza llevada a la acción sería gravísima (...). Si llegará a suceder debemos responder en forma enérgica. No nos vamos a quedar cruzados de brazos hasta el 10 de junio. Habrá que hablar duro con ellos y decir: ‘no se vale’”. O a lo que dijera José Antonio Meade Kuribreña, excanciller mexicano y excandidato presidencial del PRI en 2018 en un tuit: “Frente a la amenaza de @realDonaldTrump cerremos filas. La soberanía y dignidad de México nunca ha estado ni debe estar sujeto a negociación. Todo el apoyo. La soberanía y dignidad de México nunca ha estado ni debe estar sujeto a negociación. Todo el apoyo. ¿Creerá Trump que hacer pagar más a los americanos por sus importaciones de México resolverá el problema de la migración?"

miércoles, 17 de enero de 2018

¡Yo no nací en un país de mierda!

José Iturriaga. Cibercuba




Algunos, por suerte pocos, en su afán de sobrepasarse en su apoyo a Trump, gritan que nacieron o vienen de un país de mierda, se olvidan que a ellos tampoco los quieren aquí. Yo, al igual que muchos, no nací en un país de mierda; vengo de la tierra mas hermosa que ojos humanos han visto.

Estoy orgulloso hasta la última de mis células, hasta la última partícula subatómica que forma mi cuerpo, de ser cubano. Amo a mi Isla entrañablemente; todo cuanto soy se lo debo a ella. Soy cubano 100%, siento a Cuba en mi alma y en mi piel.

¿Cómo carajo alguien es capaz de querer incluirnos en la supuesta lista de “países de mierda”? ¿Quiénes hicieron a Miami? ¿Quiénes se inventaron una patria a 90 millas y con una fuerza y un tesón de tres pares se levantaron de la nada e hicieron historia? ¿Quiénes hicieron brillar la perla del Caribe? La patria la conforman sus hijos y a ella nos debemos.

Nadie, absolutamente nadie tiene el derecho de llamar a un país, “país de mierda”. Los países podrán tener gobiernos y presidentes de mierda, hay ejemplos que hablan por sí solos, pero nadie debe caer tan bajo de llamar a un país, país de mierda y menos al suyo, al que lo hizo hombre y lo preparó y formó para ser lo que es hoy, el país de sus padres, donde están guardadas sus primeras alegrías y tristezas, donde habitan recuerdos y vidas; nunca ningún país podrá ser un país de mierda. La esperanza y el futuro no huelen a mierda, aunque algunos se empeñen en ser personajes de la película cubana, “Alicia en el pueblo de maravillas”.

Siempre recuerdo las palabras del Arzobispo primado de Santiago de Cuba, Pedro Meurice Estiu, en aquella histórica misa durante la visita de Juan Pablo II, ”Le presento además, a un número creciente de cubanos que han confundido la Patria con un partido, la nación con el proceso histórico que hemos vivido en las últimas década y la cultura con una ideología“. Antes de llamar país de mierda a la patria, debemos repasar historias y conciencias y evitar en un alarde de apoyo a Trump, decir torpezas o sandeces.

Por suerte la Patria, madre al fin, es capaz de perdonarlo todo, hasta que la quieran salpicar de mierda en un salpafuera o desmadre de proTrumpistas a ultranza. La madre mayor viste su mejor bata cubana, roja, blanca y azul, mira sus hermosos paisajes, el azul de su cielo, las olas que rompen contra ella, mira al cielo y susurra; perdónalos señor, no saben lo que dicen.


Usted puede ser de ultraderecha y hasta fascistoide si quiere, pero compadre, no se autoembarre de caca llamando a Cuba, país de mierda. Los presidentes pasan y se olvidan, la patria es para siempre. ¡Viva Cuba, carajo! 

CARTA A TRUMP DESDE UN “SHITHOLE COUNTRY”

Paolo Luers. Blog POLIS



Estimado Donald

Usted preguntó por qué toda esta gente de “shithole countries”, o sea países de mierda, vienen a su país. Bueno, yo le tengo la respuesta: Ellos creen en los Estados Unidos más que usted. Usted no cree que Estados Unidos se hizo un gran país porque millones de gente de todo el mundo decidieron emigrar a Estados Unidos, dispuestos a trabajar duro para sus familias, incluyendo los que dejaron atrás. Usted no cree en el ideal americano de libertad e igualdad que continúa atrayendo gente que vive en países donde este ideal solo es realizable para una minoría privilegiada. Los que realmente creen en este ideal son los ciudadanos de países pobres, quienes arriesgan todo, incluso sus vidas, para llegar a los Estados Unidos. Gente hecho mierda de países mierda.

Bueno, Donald, ¿nunca se preguntó por qué su abuelo Friedrich Drumpf vino a Estados Unidos en 1885? Vino porque en aquel entonces Alemania fue un “shithole” incluso peor que El Salador y Haití ahora. ¿Por qué cree que millones de irlandeses, italianos, alemanes y noruegos abandonaron sus países para ir a Estados Unidos y convertirlo en el gran país que usted está tratando de destruir hoy? Llegaron a Estados Unidos, porque en sus “shitholes, como usted llama a los países pobres, no podían sobrevivir, ni mucho menos encontrar la libertad. Usted se hizo otra pregunta: En vez de toda esta chusma de “shitholes” como Haití o El Salvador, ¿por qué no traer a Estados Unidos a gente de Noruega? También es fácil de responder: Porque Noruega ya no es el “shithole” que fue cuando 4.5 millones de su población emigraron a Estados Unidos hace como 150 años. Tal vez le ofenda, pero hoy en día nadie va a emigrar de Noruega a Estados Unidos, porque este país ahora garantiza a sus ciudadanos un grado de libertad, prosperidad, seguridad, atención de salud e igualdad que usted solo puede soñar. Y así buena parte de Europa. Entonces, olvídese de masas de gente blanca y bien educada buscando Estados Unidos para hacerlo nuevamente un gran país. Tendrá que arreglárselo con gente de los “shitholes” del mundo. Y déjeme decirle: Son los más motivados a trabajar y para defender los “valores americanos”

Tiene razón usted: Tenemos un montón de mierda que pasa en nuestro país: corrupción, violencia, pésimo liderazgo… y a veces malas influencias desde los Estados Unidos. Por eso, muchas veces llamamos nuestro país peores cosas que “shithole”. Nosotros tenemos el derecho de hacerlo, usted no. Usted puede ─ y debería ─ denunciar a nuestros líderes por todo lo que hacen mal, pero no puede culpar ni mucho menos castigar a nuestros compatriotas, cuyo trabajo duro en Estados Unidos aporta más a nuestro país que el gobierno nuestro y el suyo juntos.


Saludos.

martes, 16 de septiembre de 2014

De rondón en el Gabacho

Mario J. Viera

El que ahora es un tema político más que manoseado en los Estados Unidos es, a no dudarlo, la reforma migratoria. Sí, se ha convertido en un estira y encoje entre los republicanos y los demócratas en la defensa de sus particulares opiniones. Todos, sin excepción, se declaran partidarios de la reforma; pero cada uno con sus muy propios matices, y, por tanto, sin llegar a un acuerdo definitivo. De este modo, la tan cacareada reforma migratoria  parece que finalmente terminará en el limbo de la legalidad. Allí donde mueren las esperanzas y existe el clamor y el crujir de dientes.

Sin embargo el asunto (la “inmigración ilegal”, “no ilegal”, sino, mejor usar el eufemismo “indocumentada” que, en definitiva y simplemente es furtiva o, según el término gubernamental, illegal alien) se va más allá de los debates y confrontaciones entre las cámaras alta y baja del Congreso y entre el Congreso y la Casa Blanca, para convertirse en debate nacional o cuasi nacional y casi casi en un conflicto étnico de enfrentamiento entre hispanos y anglos, como al menos así algunos activistas pro reforma migratoria parecen insinuarle.

Cuando por boca de organizaciones, como Fraternidad Americana, Consejo Nacional de la  Raza, Mujeres Pro reforma Migratoria y muchas otras de semejante carácter, se habla de inmigración furtiva, se piensa solo en la inmigración ilegal proveniente de Hispanoamérica. Nada se dice y nadie piensa en inmigrantes indocumentados e ilegales de Europa, de Asia y de África, solo se piensa en “hispanos”; y cuando se habla de hispanos, al menos por el clamor de las organizaciones mencionadas, se está pensando en mexicanos.

Ciertamente la mayor comunidad de inmigrantes furtivos hacia los Estados Unidos proviene de México, de ahí que los republicanos exigen que antes de hablar de reforma hay que “asegurar” la frontera sur.

¿Cuántos millones de mexicanos se encuentran viviendo en las sombras dentro del Gabacho, como ellos despectivamente denominan al país a donde, a riesgo de sus propias vidas, viajando en el tren terrible llamado “La Bestia”, cruzando a nado el Rio Bravo, atravesando los desiertos de Nuevo México y Arizona, desangrándose en manos de la delincuencia organizada de coyotes y polleros, intentan emigrar?

Ciertamente son muchos. Se calcula (Pew Hispanic Center) que en 2012 el 52 % de inmigrantes furtivos en Estados Unidos provenían de México. En 1996 se calculaba en aproximadamente 2 700 000 los inmigrantes ilegales o indocumentados mexicanos presentes en Estados Unidos.

Según esta misma organización en marzo de 2006 la “población no autorizada” era de 11.5 a 12 millones. En este informe de 2006, se establecía una población de inmigrantes ilegales provenientes de México en 6,2 millones o el 56% de todos los inmigrantes ilegales en Estados Unidos.

Procedentes de la América Latina, principalmente de Centro América, los inmigrantes ilegales alcanzaron una cifra de alrededor de 2,5 millones, para constituir el 22% de todos los inmigrantes ilegales.

De acuerdo con datos oficiales del Gobierno de los Estados Unidos en el 2009, el 62 % de los inmigrantes ilegales en Estados Unidos procedía de México para un total aproximado de 6 millones 650 mil. Procedentes de Centro América se contabilizó aproximadamente en 1 millón 42 mil, para un 12% del total de inmigrantes indocumentados.

Según el Departamento de Seguridad Nacional en el 2012 se hicieron ciudadanas de Estados Unidos 757,434 personas. Provenientes de América Latina y España un total de 298,326, lo que significa que un 39.38 por ciento de los naturalizados eran de origen hispano. De ellos 102,181 mexicanos alcanzaron la ciudadanía estadounidenses; es decir el 34.25%. Los cinco países que más ciudadanos hispanos aportaron al tejido estadounidense en 2012 son México (102,181 naturalizados), Republica Dominicana (33,351), Cuba (31,244), Colombia (23,972) y El Salvador (16,685).

La comunidad hispana en Estados Unidos es numerosa, se calcula que asciende a 50.5 millones de residentes (13% del total), con fuerte presencia en estados como Nuevo México (46.3%), California (37.6%), Texas (37.6%), Arizona (29,6%), Nevada (26,5%), Florida (22.5%), Colorado (20.7%). Sin embargo la comunidad hispana es políticamente débil, pues gran parte de sus miembros no se naturalizan como ciudadanos de Estados Unidos debido a las barreras idiomáticas y a los altos costos que representa económicamente el proceso de naturalización.

En los últimos comicios presidenciales solo el 24% (12.2 millones) de todos los hispanos ejercieron el derecho al voto; o si se compara con el total de hispanos con derecho al voto que, de acuerdo con el Centro Pew Hispano, es superior a los 21.7 millones, su participación fue del 56.2%.

En general y según considera la Asociación Nacional de Funcionarios Latinos Designados y Electos hay un gran problema de participación política en la comunidad latina. Ya sea por falta de leyes que promuevan el acceso al voto de las minorías o por falta de interés de los hispanos por salir a votar. Realmente esta última razón es la determinante en la participación del voto hispano, poco interés en ejercer el derecho al voto. Aquí radica la principal debilidad de toda la comunidad hispana.

¿Y el tema migratorio? Quizá los más interesados sean, precisamente, aquellos que no pueden ejercer el voto, los propios indocumentados o inmigrantes furtivos y principalmente aquellos de origen mexicano. Entre los votantes hispanos el tema de la inmigración no tiene un peso significativo dentro de sus prioridades electorales. Efectivamente en un sondeo realizado por Fox News Latino con vistas a las elecciones de 2012 se estableció que el 48% de los posibles votantes latinos consideró la economía como el asunto más importante que definiría su voto, mientras que sólo el 6% aseguraron que votaría en función del asunto migratorio. La inmigración se colocó en el quinto lugar de prioridades, detrás de preocupaciones como la economía (14%), la educación (11%), y los asuntos sociales (8%), mientras que la seguridad nacional y la defensa fueron mencionadas en sexto lugar, con un 5%.

Estas prioridades no difieren significativamente con los resultados de una encuesta realizada en abril de 2014 por el Public Religion Research Institute y The Brookings Institution, según los datos obtenidos, las prioridades en orden de importancia fueron: 1) empleos, 2) atención médica y déficit presupuestario, 3) valores morales, 4) inmigración y 5) cambio climático.  

Resulta patético escuchar las alegaciones de algunas organizaciones “pro inmigrantes” ilegales (principalmente de mexicanos). Unos dicen que esos inmigrantes han llegado para fortalecer la economía americana; otros dicen que aquellos que se oponen a una reforma integral de inmigración o aquellos que no son lo suficiente cálidos a favor de la misma están en contra de “nuestra comunidad”; muchos alegan que Estados Unidos es tierra de inmigrantes y hasta denominan al presidente Barack Obama como “deportador en jefe”.

Vemos muchas manifestaciones reclamando, más bien, exigiendo que se legalicen los indocumentados ─ los inmigrantes furtivos ─, y lo reclaman alegando que es su derecho, su derecho humano. Así se desfila en fechas significativas del comunismo como es la del Primero de Mayo o se presentan filmes como “Un día sin mexicanos”, o se organizan boicots en algunos estados. Todo un movimiento de reclamo en tierra extranjera.

Estados Unidos, ciertamente, es un país de inmigrantes, como lo han sido en sus inicios todos los países del continente. Estados Unidos es la meta ambicionada para todos los desesperados del mundo que sufren la agonía de sus economías. La miseria presente en muchas regiones de América Latina, en pueblos empobrecidos, sin adecuada asistencia médica, sin presencia de escuelas, con altos índices de desempleo y con empleos con paupérrimos salarios, unido a la violencia, al crecimiento de la delincuencia organizada junto a una escandalosa corrupción administrativa, impone a los más necesitados huir de sus países en busca de una considerable mejoría en sus condiciones de vida, y huyen ¿hacia dónde?, hacia los Estados Unidos, país con el que no sienten particular simpatía en la generalidad de los que en él buscan refugio.

Por supuesto a gobiernos como el de México, El Salvador, Honduras y Guatemala, la emigración masiva de sus países les conviene, les quita presión social, le reportan un buen ingreso de divisas provenientes de las remesas familiares de sus migrantes. En estos países existen cuatro industrias megamillonarias: el narcotráfico, los secuestros, el contrabando humano y las remesas desde el exterior. Realmente cuando en un país sus ciudadanos emigran masiva es porque existe en ese país un grave problema de gobernabilidad.

Llegan a arañar la tierra, a conseguirse un dólar a como sea, a reunir un poco para enviarlo a sus familias dejadas atrás en sus tierras y sin el menor esfuerzo para identificarse con los patrones de conducta, creencias y hábitos de la sociedad donde, de modo solapado, se han insertado. La gran mayoría de los que aquí llegan poseen bajos índices académicos y sin dominio del inglés obligándose a emplearse en trabajos de bajas calificaciones.

Estados Unidos es un país de leyes. Esto se repite hasta hacerse una frase trillada, pero es verdad, y el Ejecutivo de este país, como se supone para el Ejecutivo de cualquier otro país, está obligado, en primer lugar, a cumplir las leyes; en segundo lugar, a hacerlas cumplir. Entre otras leyes que un presidente de Estados Unidos está obligado a hacer cumplir, están las de inmigración que ordenan deportar a los que de modo ilegal han entrado al país.

De acuerdo con cifras divulgadas por la BBC (26 de marzo de 2014), en 2013 fueron deportadas 368.644 personas. Unos 133.000 deportados fueron aprehendidos en el interior del territorio estadounidense en tanto que 235.000 fueron detenciones en la frontera con México. Más de la mitad de los deportados, el 59% o un total de 216.810 estaban condenados por  un delito (crimen) anterior. La mayor parte de los deportados en ese año fueron los mexicanos con un total de 241. 493; guatemaltecos 47.769 y hondureños 37.049.

México no es Cuba, ni mucho menos Corea del Norte, donde se reprimen las manifestaciones de protestas, donde no existe prensa independiente del Estado, donde están ilegalizados los partidos de oposición y solo domina un poderoso Partido-Estado, que reprime con prisión y golpizas cualquier manifestación disidente.

Si con el mismo entusiasmo que los mexicanos exigen un derecho que no les corresponde en los Estados Unidos, en el Gabacho, exigieran en su país mejores condiciones de vida, mejores salarios, más oportunidades de prosperidad, eliminación de la corrupción en todas las estancias gubernamentales y judiciales, lucha efectiva contra la delincuencia organizada y la violencia, haciendo uso de las protestas masivas, agrupándose dentro de organizaciones que se creen para impulsar estos reclamos, exigiéndoles a los políticos locales con el ejercicio del voto, impulsando fuertes campañas a favor de las demandas sociales; exigiendo que desaparezcan las condiciones socio-económicas que incentivan a la emigración, quizá, tal vez, los mexicanos no se vean forzados a escapar de su país huyendo de la miseria, ni tener que entrar de rondón en el gabacho para vivir en un mundo de sombras y, entonces sí y solo así podrán proclamar su chovinismo gritando: “¡Viva México!”, “¡Como México no hay dos!” y puedan lanzar su eterna consigna de “¡Sí se puede!”.


No olviden que en México no está instaurado un régimen totalitario, aunque la democracia allí, todavía le falta mucho para ser una verdadera democracia. Allí pueden luchar sin necesidad de hacer reclamos en el Gabacho, en Gringolandia. 

viernes, 12 de septiembre de 2014

Ni traidor ni héroe


Sergio Muñoz  Bata. EL NUEVO HERALD

Los republicanos le acusan de actuar como si fuera rey y los activistas le reclaman por no gobernar por decreto. La verdad es que el presidente Barack Obama hace lo que puede y es en este sentido que debe verse su decisión de atender a las súplicas de algunos de los demócratas aspirantes a una curul en el Senado aplazando hasta después de las elecciones de noviembre la emisión de acciones ejecutivas para aliviar el status de ciertos grupos de indocumentados.

Dada la extrema politización del tema por parte de los republicanos en el Congreso, el presidente cree que sería dañino para la política migratoria y sus perspectivas a largo plazo anunciar acciones ejecutivas antes de la elección”, declaró a los medios una fuente anónima del gobierno.

El temor de Obama, según dicen sus voceros, es que si se asocia la derrota electoral de un puñado de senadores al tema migratorio, con o sin razón dada la variedad de temas difíciles en esta elección, la posibilidad de una reforma migratoria integral se esfumaría. No quieren que pase lo mismo que sucedió en 1994, cuando el tema de control de armas resultó fatal para los demócratas.

Por supuesto que el tema migratorio no es el único problema de la agenda doméstica que enfrentan los demócratas. La impopularidad del Presidente; la continuación de la implementación de la Ley Sanitaria; la pendiente decisión sobre el oleoducto Keystone son algunos de los temas más urgentes.

En lo referente a la política exterior, también habría que considerar la incertidumbre que existe en el electorado por la proliferación de crisis en Siria, Irak, Irán, Afganistán, Libia, Israel, Palestina, Ucrania y Rusia. Curiosamente, nada de esto ayuda a los demócratas porque los votantes en los distritos que están en juego parecen haber olvidado que fue un presidente republicano el que metió al país en el embrollo del Oriente Medio, y porque es más fácil juzgar al dirigente en turno.

Aun cuando en términos generales el flujo migratorio de América Latina a Estados Unidos ha disminuido debemos admitir que la crisis creada en la frontera con la llegada masiva de decenas de menores indocumentados de Centroamérica a comienzos del verano ha “politizado” más aún el tema.

El nuevo aplazamiento de las acciones ejecutivas ha provocado reacciones de ira en varios frentes. Con asombroso desparpajo que raya en el cinismo, el líder de la mayoría en la Cámara de Representantes, el republicano John Boehner ha dicho que, “la decisión de simplemente retrasar esta acción unilateral que es profundamente polémica y posiblemente inconstitucional hasta después de las elecciones — en lugar de abandonar la idea por completo — huele a pura política’’. ¡Qué sorpresa! Boehner empieza a descubrir que el quehacer de los políticos, como él, ¡es la política!

Algunas organizaciones defensoras de los inmigrantes también han criticado al presidente calificando su anuncio como una “traición” más a la promesa de lograr una reforma migratoria integral de ganar la presidencia.

Desde mi punto de vista el argumento central del presidente para posponer las medidas es irrefutable. Hacerlo ahora aumentaría el riesgo de perder la mayoría demócrata en el Senado y dejar las dos alas del Congreso en manos de los republicanos. El problema para los demócratas en el Senado es que la coalición que hizo posible el triunfo de Obama en el 2008 y el 2012, carece del músculo político necesario para ganar elecciones intermedias en los estados en los que las curules están en juego, por ejemplo en Arkansas, Alaska, Luisiana y Carolina del Norte.

Es cierto que Obama pudo hacer algo para evitar la deportación de miles de trabajadores que no eran criminales. Pero también hay que reconocerle que gracias al programa que suspende la deportación de jóvenes sin papeles y les permite trabajar temporalmente, miles de jóvenes han podido darle a sus vidas cierta estabilidad.


Hoy se acusa al presidente de ser oportunista por prometer cambios radicales a cambio de votos. Yo creo que la realidad es que el voto latino solo tiene cierta fuerza en ciertos estados como California y en elecciones presidenciales cuando se coaliga con otras fuerzas para mostrar que el voto urbano supera al voto rural. Exigirle resultados positivos cuando la realidad política no lo permite es un craso error. Esperemos a que pase la elección intermedia para exigirle que cumpla sus promesas. 

jueves, 3 de julio de 2014

EEUU se equivoca con niños migrantes


Andrés Oppenheimer. EL NUEVO HERALD

La promesa del presidente Barack Obama de firmar decretos ejecutivos para reformar el sistema de inmigración y detener la avalancha de niños centroamericanos a Estados Unidos es una buena noticia. Pero me temo que no ayudará mucho porque no ataca el problema de fondo, que es el hecho de que un 60% de los niños de Centroamérica no terminan la escuela secundaria, y están en las calles.
Obama anunció que, dada la negativa de los republicanos en la Cámara de Representantes a aprobar la reforma inmigratoria que ya fue aprobada por el Senado el año pasado, actuará de manera unilateral en las próximas semanas para tratar de resolver la crisis migratoria.
Obama fue impulsado a actuar luego de la crisis humanitaria disparada por los casi 50,000 niños centroamericanos que han cruzado la frontera sin sus padres, y sin documentos inmigratorios, desde el 1 de octubre. Casi todos ellos huyen de El Salvador, Guatemala y Honduras, por la violencia de las bandas del narcotráfico y por la desesperanza económica existente en sus países.
Pero el plan de Obama de detener la oleada de niños centroamericanos se centra casi exclusivamente en medidas policíacas, como la creación de nuevos centros de detención y controles en la frontera.
En una carta al Congreso del 30 de junio, Obama pidió “un incremento de seguridad en la frontera” y “una agresiva estrategia de disuasión”. La administración Obama ha dicho que destinará $161,500 millones este año a la Iniciativa de Seguridad Regional Centroamericana, para financiar los desafíos más urgentes de seguridad y gobernabilidad de la región.
¿Pero lograrán este tipo de medidas frenar el flujo de niños centroamericanos? Lo dudo mucho. Con suerte, contribuirán marginalmente a reducir las estadísticas a corto plazo.
La razón de fondo por la que tantos niños no acompañados de El Salvador, Guatemala y Honduras están cruzando la frontera de Estados Unidos es que abandonan la escuela y están viviendo en las calles, con pocas alternativas fuera de unirse a las pandillas del narcotráfico o convertirse en sus víctimas.
Recientemente me topé con una escalofriante estadística del Banco Interamericano de Desarrollo (BID): solo el 27% de los jóvenes de Guatemala, 40% de los de Honduras y 41% de los de El Salvador terminan la escuela secundaria.
Sí, leyeron bien: más del 60% de los adolescentes centroamericanos no van a la escuela, y están viviendo en la calle en algunos de los países con índices más elevado de homicidios del mundo.
No resulta sorprendente, entonces, que los padres de muchos de esos niños y niñas centroamericanos, temerosos de verlas violadas o asesinados por las pandillas, los insten a huir al exterior. Y no solo a Estados Unidos: se están yendo a otros países.
Según la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para Refugiados, aunque el número de migrantes — incluidos los niños — de El Salvador, Guatemala y Honduras que han pedido asilo en Estados Unidos ha subido un 757% desde el 2008, el número de migrantes de esos tres países que han pedido asilo en otras naciones de la región, como México y Panamá, ha subido un 712%.
Además de la violencia del narcotráfico, los niños centroamericanos no tienen perspectivas económicas. Las economías de sus países están congeladas en el tiempo, viviendo de un puñado de exportaciones agrícolas y de las remesas familiares provenientes de Estados Unidos.
En parte, por un absurdo nacionalismo que impide una integración centroamericana que permita que estas diminutas economías puedan complementarse y ser más competitivas, y por el pésimo nivel educativo que les impide elaborar productos más sofisticados, el futuro económico de Centroamérica es sombrío.
Gador Manzano, una especialista en educación del BID, me señaló que los estudios en el estado de Jalisco, México, y en otras partes del mundo han demostrado que cuanto más tiempo permanecen los niños en la escuela, es menos probable que emigren.
Ir más años a la escuela no garantiza que los niños centroamericanos no vayan a emigrar, pero disminuye las posibilidades”, me dijo Manzano. “Cuanto más años pasan en la escuela, tanto más probable es que se pongan de novios, o encuentren un trabajo, o echen más raíces en su país”.
Mi opinión: El plan de Obama de abrir nuevos centros de detención en la frontera, deportar más niños centroamericanos inmigrantes y darle más ayuda a los ejércitos y las policías centroamericanas puede contribuir a mitigar la última crisis migratoria, pero no demasiado.
En vez de centrarse casi exclusivamente en fortalecer la Iniciativa de Seguridad Regional Centroamericana y otros planes de ese tipo, Obama debería lanzar una Iniciativa de Educación Regional Centroamericana para ayudar a que los niños de esos países pasen más tiempo en la escuela, y menos en las calles. Sin un plan para mejorar la educación, los niños seguirán escapando de la realidad de sus países.