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martes, 20 de diciembre de 2022

LA HERENCIA TERRORISTA DEL REGIMEN DEL PARTIDO COMUNISTA

 

Mario J. Viera



Pues, sí señor, como al galgo le viene de herencia ser rabilargo, al actual régimen impuesto en Cuba por el Partido Comunista de Cuba (PCC) le viene de herencia ser “rabilargo”. El actual gobierno de Cuba, o mejor sería decir, toda la presente estructura del Estado, es la herencia, la continuación, aunque sin los áureos épicos de la gesta guerrillera de finales de la década de los años 50.

Los inmaculados héroes de aquella gesta no llegaron al poder por medios civilistas o por mecanismos electorales; ni siquiera por la puesta en marcha de un poderoso movimiento de resistencia noviolenta. Creo que todos, hasta el más desinformado en las antípodas, conocen como los guerrilleros del 26 de Julio, lograron el poder en 1959. La violencia fue el camino seguido; y la violencia estaba justificada, así lo considera el PCC, porque se luchaba contra una dictadura.

Pero hay más. El segundo párrafo del Art. 40, de la Constitución de 1940 establecía como postulado: “Es legítima la resistencia adecuada para la protección de los derechos individuales garantizados anteriormente”. El adjetivo que acompaña al derecho de resistencia era bien claro, la resistencia debía ser “adecuada”, que es lo mismo que ser apropiada y ajustada.

Ciertamente se dice que en Cuba existía un gobierno autoritario, o si se prefiere, una dictadura. Una dictadura que no era tan dura. Los medios masivos de información funcionaban, y muchos de ellos eran bien críticos del gobierno. Hasta Fidel Castro, luego de ser amnistiado por el gobierno, publicaba en algunos periódicos. No existía el partido de la dictadura como el único legalizado en el país; con todas sus deficiencias y virtudes el sistema de partidos funcionaba y en el Congreso ocupaban bancadas, legisladores, tanto del oficialismo como de la oposición. Está claro, no faltaban los hechos de sangre, ni tampoco faltaban ejecuciones extrajudiciales; pero estos hechos y estas ejecuciones eran compartidas tanto por el gobierno como por aquellos que lo enfrentaban.

Sí. Nadie puede negarlo, los guerrilleros del Movimiento 26 de julio llegaron al poder caminando sobre charcos de sangre y se consolidaron como poder político creando nuevos chacos de sangre.

La resistencia contra el gobierno surgido por un cuartelazo el 10 de marzo de 1952, no sería la más adecuada, apropiada y ajustada. El terrorismo nunca será un método de lucha apropiado, y ese fue el método empleado por los precederos del régimen que aún perdura en Cuba.   Y esto no es una opinión festinada de mi parte, sino ajustado a la definición jurídica del delito de terrorismo.

Para que nadie me acuse de falta de objetividad e imparcialidad, me referiré a esa obra cumbre surgida de los penalistas que han (re) redactado y (re) reformado el Código Penal cubano, que, por la Ley 151/2022 ha sido puesto en vigor. En el Art. 149.1 del Capítulo I del Título II del Código Penal, se definen como terrorismo, “los actos (…) que por su forma de ejecución, medios y métodos empleados, evidencien el propósito de intimidar u obligar, a un gobierno o a una organización internacional, a realizar un acto o abstenerse de realizarlo o, de igual manera, provocar estados de alarma, temor o terror en la población, en un grupo de personas o en determinada persona, poner en peligro inminente o afectar la vida, la integridad física o mental de las personas, provocar afectaciones a bienes de significativa consideración o importancia, el medio ambiente, la  paz internacional o la seguridad del Estado cubano”.

En el Art. 151. 1 del Capítulo  II del mismo Título II, se amplía esta figura delictiva para señalar como ejecutor del delito de terrorismo a aquel que, “fabrique, facilite, venda, transporte, remita, introduzca en el país o tenga en su poder armas, municiones o materias, sustancias o instrumentos inflamables, asfixiantes, tóxicos, explosivos plásticos o de cualquier otra clase o naturaleza, agentes químicos o biológicos, o cualquier otro elemento de cuya investigación, diseño o combinación puedan derivarse productos de la naturaleza descrita, cualquier otra sustancia similar o artefacto explosivo o mortífero…” El que (Art. 152) “entrega, coloca, arroja, disemina, detona o utiliza un artefacto explosivo o mortífero, u otro medio o sustancia de las descritas en el artículo anterior, contra: a) Un lugar de uso público; b) una instalación pública o gubernamental; c) una red de transporte público o cualquiera de sus componentes; o de transmisión de energía, de las telecomunicaciones y la información y la comunicación, sus servicios; d) una instalación de infraestructura; e) cosechas, bosques, pastos, ganado o aves; f) campamentos, depósitos, armamentos, construcciones o dependencias militares en general”.

Recuérdese el lanzamiento de fósforo vivo en algunos centros comerciales, las cien bombas colocadas por el Curita en lugares de uso público en La Habana, el intento fallido de Urselia Díaz de hacer estallar una bomba de tiempo en un baño del Teatro América; los sabotajes a plantas eléctricas; quemas de comercios y empresas privadas durante los sucesos del 9 de abril de 1958; los talleres para la fabricación de bombas artesanales y cócteles Molotov; el asalto armado a una armería en La Habana; la introducción de armas letales al interior del país procedentes de gobiernos condescendientes y del trato con contrabandistas de armamentos; los intentos de boicot de las elecciones de 1958 por medios violentos y empleo de armas y bombas y amenazas a los candidatos y al electorado. Esta es una muy breve lista de actos ejecutados por el Movimiento 26 de Julio en su lucha por alcanzar el poder, los cuales tipifican los enunciados del Título II del Código Penal vigente para calificar como terroristas todos aquellos actos.

El régimen actual en Cuba, aunque tenga al frente a un mediocre funcionario, como el Sr., o “compañero” Miguel Díaz-Canel Bermúdez viene de la casta del terrorismo y sigue siendo terrorista, aunque ahora sus métodos de terror político sean más sutiles que aquellos empleados por los “padres de la revolución” para adueñarse del poder. De la violencia surgió, por la violencia, al menos por el momento, se mantiene.

Los postulados del Capítulo II del Título II del “nuevo” Código Penal, no tienen posibilidad de ser aplicados en contra de Raúl Castro, de Ramiro Valdés, de José Ramón Machado Ventura, y de algunos otros que todavía alientan vida, porque las leyes penales no poseen carácter retroactivo; pero de hecho, esos postulados, permiten definir el origen de la dictadura del PCC, una dictadura levantada sobre los escombros de la que fuera dictadura de Fulgencio Batista.

lunes, 21 de agosto de 2017

Organizaciones de Odio = Organizaciones terroristas

Mario J. Viera



Preguntémonos, si a organizaciones como Al-Qaeda y el Estado Islámico, la Primera Enmienda de la Constitución de Estados Unidos pudiera reconocerles el derecho de reunión, de asociación y de divulgación de sus opiniones, si organizaran sus grupos dentro de las fronteras de este país. ¿Constitucionalmente esos grupos tendrían derecho a ser reconocidos como organizaciones de la sociedad civil? ¿Se pudiera alegar que tienen derecho de asamblea, de reunión pacífica y libertad de expresión...? No hay que ser un especialista en Derecho Constitucional para dar una respuesta adecuada a estos cuestionamientos: De ninguna manera se les reconocerá el derecho de asociación y de divulgar sus programas o plataformas políticas, porque son organizaciones que promueven el odio, que promueven la violencia y son intolerantes y fanáticas. Son organizaciones calificadas de terroristas como en su momento lo fuera el Ejército Popular Boricua-Macheteros, para ellas no rigen los postulados de la Primera Enmienda, implícitamente están excluidas del amparo de la Primera Enmienda. Los ciudadanos de Estados Unidos tienen prohibido prestarles ayuda material a cualquier organización que el Departamento de Estado categorice como organización terrorista; en este caso no rigen para nada los postulados de la Primera Enmienda.


En Estados Unidos, todos tenemos derecho a expresar nuestras opiniones, las que sean, aunque sean grandes estupideces, sin embargo, Andrés Gascón Cuenca, pone ante nosotros una idea inquietante en torno a este asunto cuando afirma: “Aunque parezca que los estadounidenses tienen derecho a decir lo que quieran, cuando quieran y como quieran, esto no es completamente correcto. Este derecho ha estado (o está en la actualidad) limitado por cuestiones de “seguridad nacional, moralidad pública o seguridad personal” (E. Bleich) La libertad de expresión, de acuerdo a la jurisprudencia de Estados Unidos puede ser limitada por “peligro claro y presente” (clear and present Danger). Gascón Cuenca explica que “en la sentencia Abrams v. United States, el Tribunal Supremo confirma la condena al acusado, en la que se limita la libertad de expresión respecto de la publicación de dos folletos, en los que se llamaba al alzamiento de las clases trabajadoras en contra de los abusos del capitalismo y a favor de la Revolución rusa”.


Otra excepción de la Primera Enmienda se considera con respecto a las denominadas “fighting words”, es decir, según el autor que he citado, “son aquellas (expresiones) que mediante su utilización, infligen un daño o tienden a incitar a una inminente ruptura de la paz”. En este sentido, toda organización de carácter terrorista no cuenta con el amparo de la Primera Enmienda, ni para la libertad de expresar sus opiniones, ni para el derecho de asociación. Pero ¿Cuál es la característica distintiva para que una organización pueda ser considerada terrorista?

La Real Academia Española, define terrorismo con tres acepciones: (1) “Dominación por terror”; (2) “Sucesión de actos de violencia ejecutados para infundir terror”; (3) “Actuación criminal de bandas organizadas que, reiteradamente y por lo común de modo indiscriminado, pretende crear alarma social con fines políticos”. Walter Laqueur, quien ha devenido un autor de referencia para el tema del terrorismo, en su “Terrorismo: una reseña histórica” se pregunta ¿qué es el terrorismo? Y responde diciendo: “Existen más de cien definiciones (...) Ninguna de ellas es enteramente satisfactoria (...) No se encontrará nunca una definición que lo abarque todo por la simple razón de que no existe un solo tipo de terrorismo, sino que ha habido muchos tipos de terrorismo, los que han diferido grandemente en el tiempo y el espacio, en motivación y en sus manifestaciones y roles”. El Buró Federal de Investigaciones (FBI), por otra parte, define el terrorismo como “un uso ilegal de la fuerza o violencia contra las personas o la propiedad para intimidar o ejercer coerción sobre un gobierno, la población civil o cualquier otro segmento, en búsqueda de objetivos sociales o políticos”.


 El Código Penal Argentino calificaría como organización terrorista a aquella “cuyo propósito sea, mediante la comisión de delitos, aterrorizar a la población u obligar a un gobierno o una organización internacional, a realizar un acto o abstenerse de hacerlo...”, y entre las características que ofrecía de las tales organizaciones terroristas está la de “tener un plan de acción destinado a la propagación del odio étnico, religioso o político”, y subrayo intencionalmente estas últimas expresiones, como característica clave de las organizaciones terroristas, junto a las manifestaciones de violencia contra las personas o la propiedad, ejercidas por bandas que actúan de modo irracional, imponiendo la coerción sobre el gobierno y la población civil para alcanzar sus demandas e imponer sus criterios ideológicos. De aquí que debemos considerar el odio irracional como el fundamento característico que iguala a todos los grupos u organizaciones terroristas. Las organizaciones de fondo islamita como Al-Qaeda y el Estado Islámico son organizaciones establecidas sobre los pilares del odio, son poderosos grupos de odio del terrorismo internacional.


De acuerdo con el Southern Poverty Law Center (SPLC) ─ organización que monitorea el estado de los derechos civiles y los crímenes de odio ─, los grupos de odio “son organizaciones de individuos cuyas creencias o prácticas atacan o difaman una clase de gente, típicamente por sus características inmutables, como la raza o la orientación sexual, pero a veces también por sus características mutables, como las creencias religiosas”: “propagación del odio étnico o religioso”.


Los grupos u organizaciones de odio incentivan los crímenes de odio, los que, como define Beatriz Vallet Gomar (Crímenes de odio. Crimipedia, 03/05/2016), un crimen de odio “es cualquier agresión contra una persona, un grupo de personas, o su propiedad, motivado por un prejuicio contra su raza, nacionalidad, etnicidad, orientación sexual, género, religión o discapacidad. Los motivos fundamentales por los que estos crímenes se diferencian de los ordinarios son los siguientes: (1) la víctima tiene un estatus simbólico, es decir, no se la ataca por quién es sino por lo que representa. Así, esta víctima podría ser intercambiable por cualquier otra que comparta las mismas características; (2) la intención de este tipo de violencia no es solamente herir a la víctima, sino transmitir a toda su comunidad el mensaje de que no son bienvenidos; (3) en estos crímenes suelen participar múltiples agresores”. El SPLC reporta que, en 2017, en Estados Unidos existen 197 grupos de estas características intransigentes en los que se incluyen organizaciones como el Ku Klux Klan, los grupos neonazis, entre los que se destacan por su agresividad los Skinhead, los ultranacionalistas blancos y los neo confederados, todos ellos definidos como supremacistas blancos afiliados políticamente con la derecha alternativa (léase “ultra derecha”), y los separatistas negros. Todos estos grupos en mayor o menor cuantía asumen posiciones de carácter terrorista; en esencia constituyen dentro de Estados Unidos una red interactuante de terrorismo doméstico. En opinión de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa (OSCE) los crímenes de odio incontrolados plantean para los gobiernos un serio reto a la seguridad, los que como actos individuales ascienden en espiral hasta convertirse en trastornos civiles, llegando, en las situaciones más extremas, a conducir a conflictos dentro y fuera de las fronteras nacionales. Aunque todos los crímenes de odio no son ejecutados por miembros de organizaciones o grupos específicos, estos grupos, no obstante, son motivadores para la ejecución de tales crímenes por individuos influidos por la propaganda que los grupos de odio impulsan, las “fighting words” o “hate speech” que pueden considerarse excluibles del derecho que se concibe por la Primera Enmienda, teniendo en cuenta que los llamados a la incitación de la violencia son considerados como delito por una gran cantidad de Estados occidentales.


En muchos países, las leyes criminalizan también la comunicación oral, escrita o simbólica que promueva o incite al odio basado en la discriminación. Por otra parte, el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos reconoce la limitación del ejercicio de los derechos de asociación y de libertad de expresión en determinadas condiciones. El artículo 19.3 del Pacto Internacional establece que el derecho a la libertad de expresión “entraña deberes y responsabilidades especiales” y, por tanto, sujeto a ciertas restricciones para asegurar “el respeto a los derechos o a la reputación de los demás” y a la protección de “la seguridad nacional, el orden público o la salud o la moral públicas”. En su artículo 20 expresa: “Toda apología del odio nacional, racial o religioso que constituya incitación a la discriminación, la hostilidad o la violencia estará prohibida por la ley”. En cuanto al ejercicio del derecho de asociación el Pacto Internacional reconoce que este derecho “sólo podrá estar sujeto a las restricciones previstas por la ley que sean necesarias en una sociedad democrática, en interés de la seguridad nacional, de la seguridad pública o del orden público, o para proteger la salud o la moral públicas o los derechos y libertades de los demás”.


No obstante, la primera enmienda de la Constitución le prohíbe al Congreso dictar leyes que limiten la libertad de expresión, de prensa y del derecho de reunión pacífica, y bajo este criterio, los grupos extremistas de Estados Unidos se escudan para reclamar su derecho de existir y de propagar sus ideas de odio y de discriminación racial y de este modo, individuos detestables como el “Imperial Wizard” de los Leales Caballeros Blancos del Ku Klux Klan, Chris Barker, puede blasonar su odio y decirle a la periodista que le entrevista, Ilia Calderón: “Matamos 6 millones de judíos, 11 millones (de indocumentados) no son nada” y antes le expresara: “Me enoja haberte visto, y a todos los de tu tipo que veo cada día… Para mí eres mongoloide”. Esta bestia con figura humana y que reside en Yanceyville (Carolina del Norte), demostrando su incapacidad de razonar diría más tarde, hablando de los negros, “Dios los maldijo para que sean servidores y esclavos. Las personas de raza negra siguen siendo salvajes cuyo cerebro no se desarrolló” y refiriéndose a los homosexuales expresó: “El homosexualismo no es una condición natural. Los gays deben morir y por eso Dios se inventó el sida”.


Los grupos supremacistas, nazis, KKK y neo-confederados, sintiéndose alentados por la retórica ultranacionalista y xenofóbica de Donald Trump, decidieron mostrar sus fuerzas en un acto provocativo y racista en la ciudad de Charlottesville en Virginia, convocado a través de los medios sociales y que contó con la participación de entre 2 mil a 6 mil personas procedentes de diferentes partes de Estados Unidos, todas reunidas bajo la consigna de “Unite the Right”. Allí presente se encontraba el ex dirigente máximo del KKK, David Duke, un hombre que se ha caracterizado por su antisemitismo y por su proximidad con el nazismo. De este, el Presidente George H. W. Bush diría: “Cuando alguien asegura que el Holocausto nunca tuvo lugar, entonces no creo que esa persona merezca nunca un ápice de confianza pública. Cuando alguien recientemente ha endosado el nazismo, es inconcebible que ese alguien pueda razonablemente aspirar a liderar un papel dentro de una sociedad libre”. Ese mismo Duke, en la concentración de Charlottesville afirmaba: “Vamos a cumplir con las promesas del presidente Donald Trump y retomar el país”.


Armados con instrumentos contundentes, portando, además de los carteles racistas y de corte fascista, escudos y cascos de guerra, como una milicia fuertemente armada, los manifestantes de la ultraderecha, al grito de "Un pueblo, una nación, terminemos con la inmigración" invadieron el campus de la Universidad de Virginia y rodearon a un pequeño grupo de estudiantes que se oponían al supremacismo blanco, lanzándoles antorchas y agrediéndoles físicamente, tal como lo informaría en un comunicado la Presidenta de la Universidad Teresa Sullivan quien además expresaría: “Estoy profundamente entristecida y perturbada por el odioso comportamiento desplegado esta pasada noche en nuestro recinto por estos manifestantes. Condeno enérgicamente el asalto que han perpetrado, sin mediar provocación alguna, contra miembros de nuestra comunidad que intentaban mantener el orden”. Y David Duke y ese furioso partidario de Donald Trump y figura destacada de la ultra derecha Jack Posobiec, acusaron a los contra manifestantes como “terroristas domésticos”. Allí en el acto provocativo de los supremacistas blancos se encontraba el creador del título de Alt-right para referirse a la ultraderecha, Richard Spencer, quien ya antes, en el mes de mayo condujo una marcha con antorchas al estilo nazi en Charlottesville en rechazo del acuerdo del consejo municipal de esa ciudad de retirar la estatua ecuestre del general confederado Robert Edward Lee y partidario de lo que denomina una “limpieza étnica pacífica”. La provocación, el reto de los ultraderechistas, provoca la respuesta airada de los que se oponen al racismo y al fascismo y se desata la confrontación al calor de aquellos actos un joven, con su mente turbia de racismo y de propaganda nazi, James Alex Fields Jr. Sube a su auto y a toda velocidad lo lanza contra los contramanifestantes provocando la muerte de una joven, Heather Heyer y numerosos lesionados en un acto que el mismo Fiscal General del Gobierno de Trump, Jeff Sessions calificó como “terrorismo doméstico” pero que para Justin Moore, el Gran Dragón de los Leales Caballeros Blancos del Ku Klux Klan, era un motivo de alegría: “Me alegra que esa gente fueron golpeadas y me alegra que esa chica muriera. Eran un montón de comunistas protestando contra la libertad de expresión de alguien, por eso a mí no me importa que todos ellos sufrieran daños. Pienso que veremos más cosas como esta que está pasando en los eventos de blancos nacionalistas”.


El odio es el distintivo de la organización a la que representan Chris Barker, Justin Moore y David Duke, el Ku Klux Klan, la más antigua de las organizaciones de odio fundada en 1865. El odio es la marca distintiva de los grupos nazistas; el odio y la intolerancia son los rasgos representativos de toda la fauna de supremacistas blancos. Deben ser declaradas organizaciones terroristas tanto los grupos nazi como las asociaciones del Klan. Debemos exigir se dicten leyes que persigan a los instigadores del odio racial; debemos criticar firmemente el doble estándar de Donald Trump al igualar a los fascistas con los demócratas, a los racistas con los integracionistas y saludar las palabras proferidas por el senador republicano por Carolina del Sur, Lindsey Graham: "Yo, junto con muchos otros, no respaldamos esta equivalencia moral. Muchos republicanos lucharán contra la idea de que el Partido de Lincoln tiene una alfombra de bienvenida para los David Duke del mundo”, o las dichas por el senador republicano por Arizona Jeff Flake cuando declaró al respecto: "No podemos aceptar excusas sobre la supremacía blanca y los actos de terrorismo interno. Debemos condenar. Punto”.



Tal como se señala en el Censo Anual del SPLC, "La carrera de Trump electrizó a la derecha radical, que vio en él alguien que promovería la idea de que Estados Unidos es fundamentalmente el país del hombre blanco", y añade acerca del polémico asesor de Trump, ahora suprimido, y sus ideas racistas: "En Steve Bannon, estos extremistas creen que finalmente tienen un aliado con capacidad de influir al presidente". Pero como bien lo ha expresado el destacado atleta negro americano: “El odio siempre ha existido en América. ¡Sí, eso lo sabemos, pero Donald Trump lo ha vuelto a poner de moda! ¡Las estatuas ya no tiene nada que ver con nosotros!” 

viernes, 14 de abril de 2017

LA BOMBA MADRE SOBRE AFGANISTAN. LO POSITIVO Y LO NEGATIVO

Algunos comentarios que expresara en Facebook y otros datos

Mario J. Viera



Bueno, ¿qué decir? Esta bomba, la GBU-43/B Massive Ordnance Air Blast (MOAB), lanzada sobre áreas del distrito de Achin, en la provincia de Nangarhar, muy cerca de la frontera con Pakistán, ocupadas por las fuerzas del Estado Islámico en Afganistán, posee un poder aterrador. Es capaz de destruir totalmente complejos de cavernas y túneles excavados, donde tanto las fuerzas talibanas como las de Estado Islámico encuentran refugio. La población del distrito de Achín ─ una fortaleza de los muyahidines durante la ocupación soviética de Afganistán ─ es totalmente de etnia Pastún la que, según Wikipedia, ganó “la atención del mundo durante el crecimiento y posterior caída del talibán, dado que eran el principal grupo étnico del movimiento”. El distrito de Achin en Nangarhar constituía un "importante refugio" para los combatientes del EI en Afganistán y "un gran número de miembros clave del EI" han muerto en la operación de las fuerzas armadas estadounidenses, informó a Efe Attaullah Khogyanai, el portavoz del gobernador de Nangarhar. La provincia de Nangarhar es muy escarpada y una de las zonas donde se sospechaba que pudo haberse escondido Osama bin Laden.

De acuerdo con un reporte de EFE, el Gobierno afgano afirmó que estaba en contacto con Estados Unidos e informado del lanzamiento en Nangarhar del gran artefacto militar.

El Estado Islámico, esas bandas de asesinos y terroristas fanáticos “notorio por su actividad en Siria e Irak, comenzó en años recientes a expandirse por Afganistán, donde logró atraer a numerosos seguidores de los grupos Talibanes en la región, así como islamistas de origen uzbeko”. Sus crímenes son espantosos por la crueldad con que acometen las ejecuciones de cientos de personas que consideran infieles. Si la “madre de las bombas” los convierten en cenizas, no tengo por qué condenar su lanzamiento en Afganistán. Los yihadistas, del talibán de Al Qaeda y del Estado Islámico deben ser eliminados, destruidos y convertidos en cenizas. Y aunque fuentes de la OTAN estiman que a inicios del 2016 el EI entrenaba unos 3,000 combatientes en Afganistán, en tanto que en los momentos actuales ese número parece haber disminuido a un nivel entre 600 y 800 hombres en armas, esos elementos terroristas deben ser finalmente liquidados. En este caso, tal vez algunos me lo tomen a mal, no tengo por qué condenar esta acción violenta y estremecedora ordenada por D.T.  

Siempre he estado en contra de Donald Trump, porque le considero un cáncer político; nunca le daré mi apoyo, pero lanzar una tan terrible bomba sobre los talibanes, esas bestias sedientas de sangre, llenos de odio por todos los valores humanos y enemigos de la paz, de la convivencia, de la tolerancia, no lo tengo a mal. Los terroristas del Estado Islámico deben ser borrados definitivamente de la faz de la tierra.

Es cierto que, en el fondo y en el propósito del lanzamiento de tan terrible artefacto de guerra está la intención de D.T. de una demostración de fuerza, contra Corea del Norte y quizá contra Irán. Una demostración de fuerzas tal y como la del presidente demócrata Harry S. Truman cuando arrojara el 6 de agosto de 1945 su primera bomba atómica sobre la ciudad japonesa de Hiroshima y tres días después la segunda el 9 de agosto sobre Nagasaki, con el pretexto de que Japón resistiría hasta su último hombre sin aceptar la rendición incondicional. Con estos horrorosos ataques Truman estaba dando una demostración del poderío militar de Estados Unidos a la Unión Soviética. Detesto a D.T. y a su política neofascista, pero más detesto a los terroristas del Estado Islámico y aunque la intención sea torcida, no condeno un ataque poderoso y destructivo contra el Estado Islámico y los talibanes que hubiera sido lanzado con iguales propósitos por Georg W. Bush, Barack Obama o por el payaso de Donald Trump.


Lo torcido de D.T. en el lanzamiento de esta gran bomba contra los talibanes es el mensaje oculto de malas intenciones que contiene. Quiere imponer el miedo en todo el mundo, quiere retar al loco de Corea del Norte, intimidar a China y eso sí es altamente peligroso. Contra los yihadistas está bien, pero de ahí a pasar a una fase de provocación a países con capacidad de respuesta nuclear ya es otra cosa ¡Cuidado Donald Trump! Cuidado no comprometa a Estados Unidos en una devastadora guerra con Corea del Norte, con China, con Irán y con Rusia eso sería el gran holocausto de la humanidad si antes no lo sacan de la Casa Blanca a donde nunca debió llegar.

martes, 14 de junio de 2016

El derecho constitucional a portar armas de fuego

Mario J. Viera


Hace 226 años, los constitucionalistas de los Trece Estados de América aprobaron las diez primeras enmiendas de la Constitución, las cuales constituyen la Declaración de Derechos de los ciudadanos de Estados Unidos. Una de ellas, la Segunda Enmienda, consagró el derecho del pueblo a tener y portar armas. Ante el temor de que un gobierno presidencialista, como el que se acababa de formar luego de alcanzar la independencia de la Corona Inglesa, pudiera degenera en una tiranía, el legislador propuso la creación de “una milicia bien regulada necesaria para la seguridad de un estado libre” lo que implicaba “el derecho del Pueblo a tener y portar armas” derecho este que no sería vulnerado. 

El bien jurídico que la Enmienda protegía era la seguridad de un estado libre y por extensión la seguridad de la libertad del pueblo. Así, la Enmienda Segunda preveía la existencia de una milicia dentro de una condición sine que non: “bien regulada”. Una milicia, formación militar formada por civiles, bien regulada, es aquella que cuenta con una determinada estructura de mando y sujeta a disciplina. Con los años la idea de una milicia armada en defensa del estado libre, se hizo obsoleta[1] y la tónica de la Segunda Enmienda se centró solo en el reconocimiento del derecho a tener y a portar armas. Un derecho sin cortapisas y sin regulaciones. Las leyes de armas en Estados Unidos son muy permisivas, las más permisivas de todo el mundo y muy ambiguas, aunque se han hecho intentos fallidos para el control de armas en posesión de civiles que han enfrentado al poder de la NRA, la Asociación Nacional del Rifle con todo un ejército bien pagado de lobbistas que presionan sobre los congresistas que han recibido fondos de la NRA para sus campañas.

Los que se oponen a cualquier regulación sobre las armas alegan, en apoyo de sus argumentos, que el derecho a la posesión de armas es un derecho individual y por tanto amparado además por el enunciado de la Novena Enmienda: “La enumeración en la Constitución de ciertos derechos no ha de interpretarse como que niega o menosprecia otros que retiene el pueblo” y entre estos derechos, se aduce, se incluye el corolario de la Segunda Enmienda que establece como derecho que retiene el pueblo y por tanto fuera del fuero de los gobiernos federal y estatal, “el derecho a tener y portar armas”.

Sobre la base de una amplia investigación a nivel global y bien documentad por diferentes fuentes, la GunPolicy.org sostenida por la Sydney School of Public Health, de la University of Sydney ofrece los siguientes datos sobre la posesión de armas en Estados Unidos[2]:

Total estimado de armas de fuego (tanto licitas como ilícitas) pertenecientes a civiles es entre 270.000.000 y 310.000.000.

Número de fusiles/rifles en posesión de civiles es 110.000.000.

Número de escopetas en posesión de civiles es 86.000.000.

Número de armas cortas en posesión de civiles es 114.000.000.

Cualquiera en Estados Unidos puede adquirir legalmente un arma de asalto; solo se requiere tener el límite mínimo requerido de edad, poseer una licencia de conducción y llenar un formulario.  En California, los requerimientos para la adquisición de armas de fuego establecen que una persona debe tener al menos 18 años de edad para comprar un rifle o una escopeta. Para comprar una pistola, la persona tiene que tener al menos 21 años de edad y además tener un HSC (Certificado de seguridad de pistolas) y haber completado satisfactoriamente una demostración de seguridad con la pistola que se desea adquirir; debe además poseer una adecuada identificación como, por ejemplo, una licencia de conducción. En la Florida para comprar una escopeta o un fusil se requiere una edad mínima de 18 años; ser un delincuente convicto, sin antecedentes de violencia doméstica, no debe consumir drogas o alcohol y sin antecedentes de enfermedad mental. Además, deberá presentarse una identificación actualizada con foto, llenar un formulario de revisión de antecedentes. Para la compra de un arma corta se requiere una edad mínima de 21 años.

Debemos prestar atención a una sutileza jurídica en cuanto al derecho que ampara la Segunda Enmienda, para su correcta interpretación. El derecho a portar armas no es un derecho humano, no encuadra dentro del concepto iusnaturalista, es un derecho esencialmente civil. Los derechos humanos son intocables, no son concesiones de gracia otorgados por el poder estatal y por tanto no admiten regulaciones para su ejercicio. Los derechos civiles, como el derecho a elegir y a ser electo a puestos públicos, el derecho al sufragio son derechos civiles y por tanto se pueden regular por la ley es por ello que derechos como estos son regulados por los códigos electorales que cada país pone en vigor. La Primera Enmienda expresa taxativamente una limitación al Congreso prohibiéndole hacer alguna ley “con respecto al establecimiento de la religión”, o que prohíba “la libre práctica” de la religión; o que limite la libertad de expresión, de prensa y el derecho a la asamblea pacífica de las personas. En tanto, por el enunciado de la Segunda Enmienda. no existe prohibición tajante al Congreso para legislar con respecto al ejercicio del derecho de portar armas; solo dice que ese derecho “no será vulnerado”. Vulnerar quiere decir, en este caso, que este derecho no pueda ser quebrantado, pero nada implica en este concepto una prohibición para que pueda ser regulado legalmente.

Derecho a portar armas no significa necesariamente, derecho a crear un arsenal particular de armamento. Muchas personas, por motivos de conciencia, se niegan a hacer uso del derecho civil que les otorga la Segunda Enmienda. La mayoría ve en ese derecho el derecho a su defensa personal; otros ven las armas como útiles en el deporte de la cacería; sin embargo, la defensa personal se define bajo precisos condicionales del Derecho Penal y el ejercicio de la cacería se rige por determinadas normas legales para su autorización.

No obstante, en 2008, Tribunal Supremo de Estados Unidos falló, por 5 votos a favor y 4 en contra, que la segunda enmienda garantiza el derecho de cada ciudadano estadounidense a poseer y usar armas de fuego con propósitos tradicionalmente legales: “La simple enumeración de los derechos quita de las manos del gobierno, incluso de la tercera rama del gobierno, el poder de decidir caso por caso si vale la pena insistir en el derecho. Una garantía constitucional cuya utilidad quede sujeta a la futura evaluación por parte de los jueces no es una garantía constitucional en absoluto. Los derechos constitucionales están consagrados con el alcance con que se les entendió al ser adoptados, sin importar que futuros legisladores o incluso futuros jueces piensen que el alcance es demasiado amplio”.

Los opositores a cualquier tipo de reglamentación o regulación del derecho civil a portar armas, principalmente la poderosa NRA expresan de un modo exageradamente pueril que no son las armas las que matan; pero las armas, cualesquiera que sean, no se fabrican para tenerlas en exposición o como adorno; se fabrican con un solo objetivo: Matar.

No es lo mismo un arma personal, un revolver o una pistola que un fusil de asalto, que como pudiera ser el fusil AR-15 o los fusiles AK-47 y M16 y el sub fusil Uzi con poder de fuego selectivo ─ automático o semiautomático ─ son poderosas armas letales. Según reportara la cadena CNN, en Estados Unidos se vendieron alrededor de 1,5 millones de fusiles AR-15 en los últimos cinco años.

Un intento para limitar el uso por los civiles de las armas de asalto fue la prohibición federal de armas de asalto, denominada oficialmente como Ley de Protección de la Seguridad Pública y el Uso de Armas Recreacionales (Public Safety and Recreational Firearms Use Protection Act) incluida como una sub sección de la Ley Contra el Crimen Violento y la Aplicación de la Ley (Violent Crime Control and Law Enforcement Act) aprobada por el Congreso y ratificada por el Presidente Bill Clinton el 13 de septiembre de 1994 donde se incluía la prohibición de fabricar armas de asalto semiautomáticas, así como de algunos depósitos de municiones considerados como de gran capacidad. Esta Ley, por la cláusula sunset se mantendría vigente por solo diez años. Nuevos intentos por renovar esta ley han sido infructuosos.

Las armas matan, para eso se han creado. Ahora con la masacre de Orlando, una masacre terrorista y de odio que acabara con la vida de 50 víctimas inocentes a manos de un islamista extremista ha vuelto a poner sobre la mesa el tema del control de armas y mucho más, cuando este hecho criminal ocurriera a pocos meses de la matanza de San Bernardino perpetrada por dos terroristas vinculados al Estado Islámico el 2 de diciembre de 2015 causando el asesinato de 14 personas que participaban en un banquete del Departamento de Salud Pública del condado de San Bernardino de California y procurando heridas de balas a 21 de los presentes. El arma homicida sería, en ambos casos, un fusil de asalto AR-15.

Para Donald Trump esta masacre en el Club Pulse, en Orlando, Florida le da credibilidad a sus posiciones anti musulmanas. En un Twitter que escribiera, Trump, haciendo gala de un despreciable oportunismo, diría: "Gracias por las felicitaciones por tener razón sobre el terrorismo islámico radical. No quiero felicitaciones, quiero firmeza y vigilancia. ¡Tenemos que ser inteligentes!" y en otro mensaje diría: “Lo que ha pasado en Orlando es solo el principio. Nuestros líderes son débiles. Lo dije y pedí la prohibición. Hay que ser duro”. Sin embargo, Trump es opuesto firmemente a cualquier intento de control sobre las armas de asalto, control que al no existir les facilita a los terroristas islámicos radicales tener acceso a esas armas de asalto. Ciertamente, tal como acaba de decir el presidente Obama “nuestra misión es destruir a ISIS” e ISIS se está desmoronando en Irak y Siria. Estados Unidos, sin que medie Donald Trump, aniquilará al terror del Estado Islámico y anulará las acciones de los terroristas nativos.

Las matanzas de Orlando y la de San Bernardino impactan en la mente por su vinculación con el terrorismo; pero en Estados Unidos se han producido masacres que sin ser actos del terrorismo asociados con los extremistas islámicos son, en todas sus manifestaciones, actos psicopáticos y terrorista todo al mismo tiempo. Hago una selección de estos casos a continuación:

Masacre del McDonald's de San Isidro, San Diego, California ocurrida el miércoles 18 de julio de 1984, en un restaurante de la cadena McDonald's localizado en San Ysidro, San Diego, California perpetrado por James Oliver Huberty. Huberty utilizó en el restaurante un Uzi 9 mm semi-automática, una escopeta Winchester de bombeo calibre 12, y una Browning HP 9 mm, matando a 21 personas e hiriendo a otras 19. De sus víctimas la mayoría eran predominantemente mexicanos y méxico-americanos con edades comprendidas entre 8 meses y 74 años. La matanza duró 77 minutos. Huberty había gastado 257 rondas de municiones antes de que él recibiera un disparo letal por un francotirador del equipo SWAT.

Matanza en Killeen, Texas, 16 de octubre de 1991: George Hennard mató a 22 personas en un restaurante de Killeen (Texas) y dejó heridas a otras 20. Luego se mató él mismo con un tiro en la cabeza.

Atentado en Pearl (Mississippi), 1 de octubre de 1997, un adolescente de 16 años abrió fuego en su escuela, matando a dos estudiantes y dejando a otros seis heridos. Antes había matado a su madre cortándole el cuello. Fue condenado a cadena perpetua.

Masacre de Jonesboro, Arkansas. Mitchell Johnson y Andrew Golden unos adolescentes de solo 11 y 13 años respectivamente fueron los autores de los asesinatos del 24 de marzo de 1998. La causa generadora de aquel atentado fue desaire que una condiscípula le hace a Mitchell que le rechazaría cuando éste le pidió que fuera su novia. Él y su primo Andrew toman las armas de sus padres, cientos de municiones y se visten con uniformes militares de camuflaje. Matan a 5 personas (cuatro alumnas y una maestra) y hieren a 10 más, antes de ser sometidos por la policía. Condenados a prisión, los dos son liberados al cumplir dieciocho años.

Masacre de la Escuela Secundaria de Columbine fue un asesinato masivo que tuvo lugar el 20 de abril de 1999 en las instalaciones del Columbine High School, en Columbine, Colorado, cerca de Denver y Littleton. Murieron un total de 15 personas y 24 resultaron heridas, siendo la peor matanza en un centro de educación secundaria en la historia de Estados Unidos y la quinta peor masacre en un centro educativo en EEUU. Los autores de la matanza fueron Eric Harris y Dylan Klebold, dos estudiantes del centro que se suicidaron tras el tiroteo. Al parecer Harris había desarrollado una psicopatía, mientras que Klebold sufría una profunda depresión.

Masacre de la escuela amish se refiere al ataque ocurrido en la escuela West Nickel Mines, una escuela amish en el pueblo de Bart Township en el condado de Lancaster, Pensilvania, Estados Unidos, el 2 de octubre de 2006. Un hombre armado, Charles Carl Roberts IV de 32 años, tomó como rehenes y finalmente tiroteó y mató a cinco niñas (de entre 6 y 13 años) antes de suicidarse en la misma escuela.

Masacre de Virginia Tech. El 16 de abril de 2007 el estudiante surcoreano Cho Seung Hui mató a 32 estudiantes y profesores en la Universidad Politécnica de Virginia e hirió a 29 personas, luego se suicidó.

Masacre del Cine Aurora del 20 de julio de 2012 fue un caso de asesinato masivo que tuvo lugar durante el estreno de la película The Dark Knight Rises (El caballero de la noche asciende) de la saga Batman, en el condado de Aurora (Colorado, Estados Unidos). Fue un ataque armado en un cine Century 16, el cual dejó doce muertos y otros cincuenta y nueve heridos.

Masacre de la Escuela Primaria de Sandy Hook el 14 de diciembre de 2012 en la escuela primaria local Sandy Hook (Sandy Hook Elementary School7) de Newtown, Connecticut, Estados Unidos, perpetrada por Adam Lanza. Un total de 28 víctimas dejó el atentado perpetrado por Adam Lanza: 20 niños, 6 adultos, Nancy Lanza (madre del perpetrador) y el mismo autor.

Masacre o tiroteo de la iglesia de Charleston fue un suceso que tuvo lugar el 17 de junio de 2015 en la Iglesia Metodista Episcopal Africana Emanuel, en Charleston, Carolina del Sur. Ese día un joven accedió al templo y empezó a disparar contra los fieles cobrándose nueve vidas (incluido el Reverendo y Senador: Clementa C. Pinckney) y un herido. El atacante, Dylann Storm Roof, un hombre blanco, rubio de cerca 21 años y de 1,75 de estatura.

Todos estos asesinos, salvo el surcoreano Cho Seung Hui, eran blancos anglo-sajones protestantes (WASP), ninguno era, ni mexicano, ni de origen hispano; ninguno era musulmán. Pero todos tenían, de un modo u otro, acceso a armas de asalto. Desde el ataque terrorista aéreo contra las torres gemelas solo se han cometido tres atentados terroristas cuyos ejecutores eran musulmanes, Boston, 15 de abril de 2013; San Bernardino, 2 de diciembre de 2015; Orlando, 12 de junio de 2016.



[1] No obstante, en la década de los 90, grupos de extrema derecha han organizado milicias armadas principalmente de carácter xenófobo en 32 estados como Alabama, Alaska, Arizona, Arkansas, California, Colorado, Florida, Georgia, Idaho, Illinois. Indiana, Kansas, Kentucky, Louisiana, Maine, Maryland, Michigan, Minnesota, Mississippi, Missouri, Montana, New Hampshire, New Jersey, New York, North Caroline, Ohio, Oregon, Tennessee, Texas, Utah, Virginia y Washington 

martes, 18 de noviembre de 2014

Ni es Estado ni es Islámico: 'Daes', terroristas

Fernando Lázaro. Blog Bajos Fondos. EL MUNDO
Terroristas de 'Daes', junto a sus víctimas.

Durante muchos, demasiados, año, los terroristas lograron imponer su lenguaje en España. Durante muchos, demasiados años, los periodistas nos dejamos seducir por términos como lucha armada, aparato militar, aparato logístico, comandos, acciones... todo un lenguaje de guerra, que era justo lo que buscaban los 'malos', que no se les tratara como como lo que son: asesinos, terroristas. Caímos en la trampa, como si hubiera una guerra y hubiera bandos. Y eso nos pasó con ETA.

Ahora, de nuevo, en el siglo XXI, vuelve el debate, vuelve la controversia. Ni es un Estado, ni es Islámico. Los terroristas, los herederos de Osama Ben Laden, aquellos que han logrado fagocitar a Al Qaeda, han logrado también trasladar su lenguaje. Cuantas veces se habla de inmolación para describir un atentado suicida, cuantas veces hablamos de la yihad con la connotación religiosa que tiene, cuando simple y llanamente es un atentado criminal... Ahora, tratan de vendernos que son Estado Islámico, que son algo más que un complejo y completo grupo de terroristas organizados como si fueran un Ejército. 

Una pandilla (muy numerosa) de carniceros cuyos objetivos están claros: primero crearse un estado y después ir saldando lo que consideran que son sus deudas históricas. Y desde el minuto uno, tratando de sembrar el miedo, con sus vídeos de crueldad difícilmente superable.

Por eso es importante que la batalla del lenguaje no la ganen. Como de forma clarificadora explica la investigadora del IEEES (Instituto Español de Estudios Estratégicos) Blanca Palacián de Inza, la denominación de Estado Islámico no es acogida de forma unánime y sigue siendo controvertida.

Y pone como ejemplo las decisiones adoptadas por el Gobierno francés, que ha preferido tomar el nombre que utilizan algunos medios de comunicación ─ como al-Arabiya ─, con idea de no legitimar a este grupo ni el califato que ha declarado. Esta investigadora constata que el gobierno galo considera que EI no es una denominación adecuada puesto que se trata de un grupo terrorista y no de un Estado, y además no representa al Islam.

Por este motivo se refieren a este grupo con el nombre de Daesh o Da'ish, que es la transcripción al alfabeto latino del acrónimo árabe de Al Dawla al Islamyia fil Irak Wa'al Sham. Se considera un término peyorativo por la cercanía fonética de palabras como "Daes", que significa "el que aplasta algo bajo sus pies" o Dahes: "el que mete cizaña". Además, en su forma plural, "Daw'aish" define a una agrupación de intolerantes que impone su punto de vista sobre los otros. Dahes también hace referencia a un periodo de caos y guerra entre las tribus árabes que tuvo lugar en el siglo VII.

"Daesh", por lo tanto, tiene bastantes connotaciones negativas por lo que se puede adivinar la intención del gobierno francés de utilizar este término como arma lingüística. Ni que decir tiene que el grupo terrorista ha expresado su disgusto con este término y ha amenazado al quien lo utilice, aclara Blanca Palacián de Inza.

Pero la batalla iniciada por los responsables de la seguridad de Francia no es aislada. Son muchos los servicios de inteligencia que tratan de dar y de ganar esta batalla: la consideran clave. Y no les falta razón. El lenguaje es fundamental. Si los terroristas logran confundir con su terminología, lo tendrán más fácil para que su propaganda empape.

jueves, 18 de septiembre de 2014

Yihad contra Yihad

Mario J. Viera

¿Pensarán los musulmanes, cualesquiera que ellos sean, moderados, ortodoxos o fundamentalistas, que los actos de violencia fanática y criminal que practican muchos fervorosos musulmanes no pueden volverse contra ellos mismos y contra todo aquello que parezca musulmán?

¿Creen los musulmanes, los pacíficos, los yihadistas solapados, los temerosos, que no merecen ser vistos todos ellos como sospechosos de terrorismo?

¿Acaso en Occidente no pudiera surgir un movimiento del tipo yihadista contra los yihadistas del mundo musulmán que estuviera dispuesto a pagarles con la misma moneda de ellos y aplicarles la ley del talión bendita en el Coram?

¿Acaso el yihadismo, con su aberrante intolerancia hacia otros credos religiosos, su empecinado anhelo del califato mundial, con sus guerras sucias en el Medio Oriente, no están invitando a una poderosa coalición de las potencias de occidente a enfrentarle cual una nueva cruzada?

¿Creen los musulmanes de cualquier pelaje que Allah o que su profeta Mohammed les protegerá y les conducirá a la victoria frente al tremendo potencial militar de occidente?

¿No pudieran pensar los musulmanes, los que pasan por buenos y los que se presentan como duros, que ya el mundo se está cansando de ellos y que pudieran aparecer manifestaciones de represalias populares contra sus adeptos en los países donde existen comunidades de inmigrantes musulmanes?

¿Por qué los musulmanes, que dicen no ser yihadistas, no han condenado, perseguido y destruidos a esas facciones y a los imanes que predican la islamización del mundo por la fuerza?

¿Hasta cuándo la fidelidad que muestra el mundo occidental hacia la democracia, la libertad de opinión y la libertad de credo estará cobijando alimañas que intentan minar desde dentro de sus sociedades las libertades ciudadanas e imponer un credo retrógrado, e intolerante?


Los musulmanes yihadistas han declarado la guerra a la civilización y se hace imprescindible que el mundo civilizado le declare la guerra a muerte, la guerra de exterminio, sin piedad, al yihadismo musulmán aunque se tenga que recurrir a los métodos más expeditos.

jueves, 11 de septiembre de 2014

“Cruzada” inevitable


Vicente Echerri. EL NUEVO HERALD

Salvo por los nuevos armamentos y tecnologías, el anuncio de la reciente coalición que encabeza Estados Unidos contra el agresivo califato islámico, establecido por el terror en parte de Siria e Irak, tiene un sabor antiguo. No se ha llamado una “cruzada” porque ese nombre produce un instintivo repelús entre los musulmanes con los cuales, desde luego, hay que contar para esta campaña; pero de algo parecido se trata. No es una guerra religiosa, pero sí un choque de civilizaciones, entre Occidente, que es hoy más una cosmovisión que un concepto geográfico, y estos movimientos que se proponen la vuelta a la Edad Media a través de la violencia. El escenario tiene abolengo: Siria y Mesopotamia, donde se nos ha dicho que empezó la Historia y donde, según las religiones del Libro, tuvo su sede el Paraíso.

¿Por qué el fundamentalismo musulmán encuentra esta cantera de fanáticos —aunque se trate de una minoría entre los más de mil millones de mahometanos — dispuestos a cometer unas atrocidades (degüellos, lapidaciones, tortura, imposición exclusiva de su fe) que los avances científicos y tecnológicos del mundo reducen a primitivos actos de barbarie? ¿Cómo pueden estos jóvenes nacidos en la era espacial y de las vertiginosas comunicaciones — de las cuales se valen, además, para su propaganda — aspirar al establecimiento de un despotismo arcaico en medio de un desierto? Y algo más importante aún, ¿por qué Occidente, ápice de la cultura del mundo, tiene el deber de combatir este fenómeno hasta su erradicación?

La respuesta a todas estas interrogantes es una sola: la globalización; que el mundo se haya reducido en grado notable, y que apenas queden resquicios donde no se ejerzan los medios y arbitrios de Occidente, provoca un profundo sentido de frustración y de acoso entre estos beduinos que ven sus “valores” amenazados y preteridos por la pujante sociedad de consumo que dicta el orden universal. La religión tradicional, sea ésta cual fuere, es la primera víctima de la desafiante contemporaneidad, que la despoja de sentido y la reduce a un cascarón litúrgico. El cristianismo tiene, por su propia naturaleza sincrética, mayor elasticidad para enfrentar este reto. El islam, en su desnuda elementalidad, ve en ese nuevo orden un peligro mortal, al menos por boca de sus portavoces más enfáticos que quieren ampararse en la pureza de una religión que perciben culturalmente sometida. La militancia terrorista es la expresión desesperada de una fe que no se resigna al folclore en que la convierte el mundo actual.

Por la misma razón de vivir en un planeta que se nos ha empequeñecido y en el que nuestra sociedad dicta las pautas (democracia, respeto a los derechos humanos, libertad de comercio, etc.), Occidente tiene la obligación de enfrentar y aniquilar estos brotes de barbarie dondequiera que aparezcan, y de los cuales el llamado Estado Islámico presenta actualmente la mayor virulencia. Dicho de otra manera, este califato surge no tanto contra el tiránico régimen de Siria o el débil, desunido y corrupto gobierno de Irak, sino contra el orden occidental, que impone sus reglas en todas partes. De ahí por qué el secretario de Estado John Kerry dijera esta semana que el mundo no puede observar pasivamente la propagación del “mal” que representa el Estado Islámico y que era preciso poner en vigor un “plan global” para derrotar lo que, por su parte, el nuevo primer ministro iraquí catalogó de “cáncer”.

Pese a la claridad con que se presenta este desafío, sigue habiendo voces en Occidente — tanto en Europa como en Estados Unidos — que, en nombre de un pacifismo a ultranza o mal entendido, insisten en que nos mantengamos al margen de cualquier ejercicio bélico. A esta gente le repugnan las bombas americanas que están cayendo nuevamente en Irak — y que caerán muy pronto en Siria — para ayudar a la liquidación de un fenómeno cuya sola existencia amenaza el sistema que nuestras sociedades encarnan. Algunos hasta han llegado a decir que tendríamos que hacernos a la idea de convivir con ese califato.


Esperemos que el aldeanismo de ciertos políticos no logre descarrilar la obligación — que el presidente Obama ha empezado a ver con claridad — de combatir y derrotar, dondequiera que se presente, al extremismo islámico que, como dijera Borges del nazismo, “adolece de irrealidad […] es inhabitable”.

miércoles, 2 de julio de 2014

Otras protestas en el Maidan


Álvaro Alba. DIARIO LAS AMERICAS

De nuevo el Maidan fue escenario de protestas en Kiev. Los manifestantes son los mismos que ahí estuvieron hace meses, pero las demandas son diferentes. Ondean banderas de Ucrania y la Unión Europea al tiempo que exigían el fin del cese al fuego, imponer la ley marcial, dar armamentos a los voluntarios y continuar la operación antiterrorista en el este del país, en especial en las regiones de Donetsk y Lugansk.
Un poco más de 1.000 voluntarios de los batallones Donbass, Aidar, Dnepr y las centurias que defendieron el Maidan durante el pasado invierno, se proclamaron en Asamblea Popular y exigieron al electo gobernante más acción contra los separatistas. Éstas no son unidades regulares, son grupos de voluntarios armados, muchos de ellos defensores del Maidan contra las arremetidas de la Policía de Yanukóvich y con deseos de asistir al Ejército en su campaña de recuperación de territorios.
El primer vicepresidente de la administración presidencial recibió la petición de los combatientes y prometió que el mandatario lo estudiaría. Aunque no representan una amenaza para Poroshenko, bien podrían crear malestar en la sociedad que les vio sacrificarse de noviembre del 2013 a febrero del 2014 y que han socorrido a los ucranianos en zonas controladas por los partidarios de Rusia.
La tregua proclamada por Poroshenko no se cumplió ni un solo día. En total, durante el armisticio, en 108 ocasiones se rompió la tregua, fallecieron 27 ucranianos y 69 resultaron heridos. Un helicóptero fue abatido y nueve militares ucranianos fallecieron. Las demandas expresadas en el Maidan es el clamor de la mayoría de los ucranianos que desean ver a un Gobierno con firmeza ante la beligerancia rusa.
El nuevo alcalde Vitali Klitshko, aliado de Poroshenko pidió a todas las organizaciones políticas que están en el Maidan que deben de desalojar la plaza, para que sirva de ejemplo en otras ciudades y regrese la vida a su normalidad.