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lunes, 2 de agosto de 2021

De los “patriotas” que piden intervención militar extranjera

 

Mario J. Viera

 


¿Patriotas? Lo dudo, y diré por qué no son patriotas.

 

Patriota es todo aquel que se entrega en fuerza y alma a favor de su patria. Patriota es el soldado que muere en las trincheras y en campo abierto defendiendo a su patria de cualquier ejército extranjero que la intente hollar. Patriota es aquel, dispuesto a darlo todo para que en su patria exista democracia y justicia, que se respeten todos los derechos a los que son merecedores sus compatriotas; que es capaz de enfrentarse a una dictadura aún al precio de su libertad o de su vida. Patriota es aquel que da su conocimiento, sus virtudes intelectuales, para hacer grande el nombre de la tierra donde nació., el artista, el poeta, el intelectual, el científico que solo tiene compromiso para con su nación.

 

Sea la excusa que se quiera dar para exigir que, una potencia extranjera se lance en una guerra contra la nación donde se nació, de ningún modo es patriotismo; ¿liberar al país de una dictadura? ¿Sin el propio esfuerzo? Eso solo sería cobardía, o peor aún, Alta Traición.

 

Ya por más de seis décadas rige en Cuba una dictadura totalitaria e intolerante. Una dictadura que exige obediencia absoluta de todos, so pena de persecución, marginalización o cárcel a quien no obedezca, que incluso es capaz de masacrar al pueblo en caso de ver peligrar su poder. En fin, una dictadura que debe ser derrocada, y liquidadas todas sus fuentes de poder. Esto es cierto, y necesario. Hay que demoler el sistema tiránico impuesto por el Partido Comunista de Cuba. En la mente de muchos timoratos, esa dictadura es imbatible, y como tal es su condición, se decide por el ostracismo, por la huida, por el escape, por enfrentar el peligro de la muerte en los corredores del suicidio que es el Estrecho de la Florida.

 

La impotencia del no hacer en Cuba, en la diáspora segura en tierras de libertad, se torna en furia y el furor se transforma en odio; y se grita y clamorea diciendo “¡Abajo el comunismo!”; que no llegue recurso alguno a la isla, sin envíos de remesas, sin ningún tipo de ayuda a los que se quedaron en la isla, que, al fin de todo, se resignaron a continuar sobreviviendo bajo la dictadura. Pero cuando ocurre lo impensable en la isla, el levantamiento de miles de cubanos protestando por las carencias de abastecimientos, por el azote de la pandemia y reclamando libertad; entonces el timorato, que nada hizo en contra de la tiranía cuando allá vivía, se emociona y ya ve próxima la caída del régimen que siempre creyeron imbatible.

 

Entonces el timorato, unido a una turba de iguales timoratos, revuelve dentro de sus intestinos su patriotismo furioso y sale a protestar y a reclamar en Washington DC, al influjo de oportunista y manipuladores politiqueros, porque en estas tierras a nadie persiguen por protestar contra un presidente. Y exige al presidente de Estados Unidos que invada militarmente a la isla para acabar con la odiada dictadura. Y los timoratos, junto a los tontos, que siempre existen, y los políticos, que se dicen cubanos solo porque son hijos o descendientes de cubanos que, años atrás, huyeron de Cuba, organizan caravanas de automóviles que van de aquí a allá, en “solidaridad” con los que tuvieron, lo que a ellos les faltó, para manifestarse masivamente reclamando derechos y libertades.

 

Vean sus furiosos rostros, sus ademanes, sus coléricas palabras que transmiten las cámaras de televisión. Hay ancianos y hay jóvenes, muchos, partidarios de Donald Trump, y de todos ellos, la mayoría quiere un blitzkrieg en Cuba para acabar con el comunismo. Pero tenemos que preguntarnos si ellos conocen adecuadamente lo que reclaman. Por supuesto que la Casa Blanca y el Pentágono conocen muy bien lo que significaría un ataque de sus fuerzas contra Cuba, conocen muy bien el desastre que provocarían en la isla y las consecuencias políticas que esa agresión acarrearía.

 

Hagamos un esfuerzo de imaginación y aceptemos que Joe Biden se deje llevar por la tentación de los votos de los cubano-americanos de la Florida ─ siempre esos votos han ido a favor de los republicanos ─ y decrete una invasión militar a Cuba. Primero se deberá elaborar una estrategia de combate y, segundo buscar apoyo dentro de la Organización de Estados Americanos (OEA). Imaginemos que decida omitir este segundo paso y lance la operación militar sin previas consultas.

 

Cuba cuenta con unas poderosas y bien entrenadas fuerzas armadas, armamentos antiaéreos, y una importante flotilla de aviones de combate, tiene además la capacidad de movilizar en solo un día a un millón de efectivos militares. Además, Cuba es una isla. No existe posibilidad de una invasión terrestre, salvo por la base de Guantánamo, poco eficiente. Para posibilitar el desembarque de la fuerza expedicionaria, se requeriría lanzar ataques aéreos masivos sobre La Habana; bombardear la base aérea de San Antonio de los Baños y las ubicadas en las regiones central y oriental. Apoyar con un ablandamiento artillero desde naves de guerra surtos mar adentro el desembarque de tropas de infantería. Sería lógico que la dirección central del ataque fuera precisamente la ciudad de La Habana. La dictadura, rápidamente anularía la quinta columna que representarían para ella los grupos de opositores, cuyos dirigentes y activistas de inmediato serían masacrados. La ciudad de La Habana quedaría arrasada como Varsovia cuando la Segunda Guerra Mundial; miles serías las víctimas civiles. ¿Es esto lo que desean?

 

¿Cuánto duraría la resistencia de las fuerzas armadas cubanas? Eso sería especulativo, lo suficiente como para conseguir una resolución en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas promovida por Rusia y China. Por su parte, Rusia no desaprovecharía la oportunidad de ocupar Ucrania. 

 

No hay que descartar que, entre los promotores de la guerra “humanitaria” contra Cuba, estén actuando agentes provocadores del gobierno de Cuba con el objetivo de demostrar ─ sabiendo que Estados Unidos no se decidiría por tales acciones ─, que existe un plan agresivo contra la seguridad nacional, y así poder justificar, cualquier acción represiva contra los inconformes en Cuba. Esta propuesta le viene muy bien a la coartada del régimen para restarle legitimidad a las propuestas del exilio cubano y a las mismas de la disidencia interna. Todo puede suceder, en los temas de inteligencia no existen casualidades.

 

Hay de todo en la viña de la diáspora cubana, desde frustrados y oportunistas, hasta provocadores de los agentes de la inteligencia del régimen cubano.

jueves, 11 de marzo de 2021

ANTHONY BLINKEN QUIERE CONSULTAR Y COMPROMETERSE CON LOS CUBANOAMERICANOS

 Mario J. Viera

 


Me preocupa la respuesta que el Secretario de Estado Anthony Blinken le diera a la representante republicana María Elvira Salazar: "Vamos a consultar y comprometernos con los cubanoamericanos en cualquier cosa que tenga que ver con Cuba", Me pregunto ¿cuáles son esos cubanoamericanos con los cuales consultará y se comprometerá para “cualquier cosa que tenga que ver con Cuba”?

 

¿La fuente de información para Blinken serán los representantes por Florida Mario Díaz-Balart, María Elvira Salazar y Carlos Giménez y el senador republicano por Florida Marco Rubio? ¿Acaso consultará con Orlando Gutiérrez-Boronat director del Directorio Democrático, o Rosa María Payá, quizá Eliécer Ávila o tal vez el lamentable Alex Otaola?

 

¿Consultará, para instruir la política hacia Cuba, a los sectores de la ultraderecha de la comunidad cubanoamericana, partidarios fervientes del expresidente Donald Trump, que acusan al partido Demócrata de estar penetrado por el comunismo?

 

¿Acaso Blinken desconoce que existe una mayoría de la comunidad cubanoamericana de exiliados y emigrantes, de moderados y progresistas, que se oponen al sector trumpista de esa comunidad y que masivamente dieron su voto a favor de la candidatura Biden-Harris? ¿Con ese sector de la comunidad cubanoamericana no consultará ni se comprometerá “en cualquier cosa que tenga que ver con Cuba?

 

¿Acaso Blinken abandonará el procedimiento de suspender la vigencia de los capítulos III y IV de la Ley Helms-Burton, seguido por las administraciones Clinton, Bush y Obama y mantener su vigencia tal como lo hizo Trump para ganar los votos del sector más reaccionario y de extrema derecha de la comunidad cubanoamericana?

 

¿Acaso Blinken titubea para suspender las sanciones económicas no selectivas que Trump impuso sobre Cuba, sin considerar el daño colateral que tales sanciones provocan sobre el cubano común y corriente, sufriendo el doble embargo que pesa sobre ellos, el interno y el externo?

 

El gobierno de Biden, para el cual, según lo declaró la vocera de la Casa Blanca, Jen Psaki, un cambio en la política sobre Cuba no está actualmente dentro de sus prioridades y la seguridad que diera de estar “comprometidos a hacer de los derechos humanos un pilar central de nuestra política y revisamos cuidadosamente las decisiones políticas tomadas por la Administración previa, incluyendo la decisión de designar a Cuba como un Estado promotor del terrorismo", debe enfocar su política exterior según sus propios intereses políticos y los intereses geopolíticos y de seguridad nacional de Estados Unidos, sin hacer concesiones a los voceros un partido que hará todo lo posible para dificultar y descarrilar todas las iniciativas de su administración.

 

No se trata de hacerle a la dictadura cubana concesiones unilaterales sin nada a cambio; pero, eliminar las limitaciones al envío de remesas y los vuelos de EEUU a Cuba, de completar el cuerpo consular de la embajada de Estados Unidos en Cuba para que los cubanos puedan tramitar sus visas en territorio cubano, suspender la vigencia de los capítulos III y IV de la Ley Helms-Burton no constituyen de por sí hacerle concesiones al régimen del PCC.

 

Pienso que se impone la necesidad de redactar una carta abierta al secretario de Estado.

viernes, 19 de febrero de 2021

LA CONSTANTE LLUVIA DE CONFETIS

Mario J. Viera

 


Cual una lluvia de confetis en un día de final de año, ahora le llueve a la Casa Blanca un diluvio de cartas, solicitando, casi exigiendo a Joe Biden, que se ajuste a lo que cada cual, en sus cartas, crea ser mejor para “salvar a Cuba”. El aguacero de cartas y consejos se inició, el 18 de diciembre de 2020, antes de la toma de posesión de la presidencia por Joe Biden, con el proyecto del Centro para la Democracia en las Américas y la Oficina de Washington sobre América Latina; continuó con los “puentes de amor”, y a seguidas, con la arremetida de la Joven Cuba, para ahora presentarse una nueva propuesta insertada en un documento o Carta Cuba-Estados Unidos.

 

Cuando se hace una primera lectura a la Carta Cuba-Estados Unidos, reproducida en el sitio CiberCuba, resulta interesante; sus propuestas captan al lector. Sin embargo, cuando en un documento se trata el tema cubano, el conflicto gobierno/ciudadanía, no podemos conformarnos con una primera simple lectura. Hay que pensar; hay que analizar, y esto es lo que me propongo hacer en las siguientes líneas.

 

Aunque la nueva carta se dirige más a exigencias al gobierno que actúa bajo las directivas y controles del Partido Comunista de Cuba (PCC), también incluye propuestas a seguir por el gobierno de Estados Unidos. Y reclama determinadas condiciones que, a juicio de los ponentes del documento, deberán cumplirse a lo largo de todo el proceso negociador entre los gobiernos de Estados Unidos y Cuba. Entre estas condiciones se destacan: una amplia participación y representación de la sociedad cubana; transparencia, con acceso equitativo a medios oficiales e independientes cubanos, así como a la prensa internacional; ningún acuerdo podrá tomarse a espaldas de la ciudadanía cubana y estadounidense; participación durante las negociaciones de mediadores de credibilidad y experiencia como el Vaticano, Noruega y el Parlamento Europeo; carácter escalonado para el proceso de negociación y los acuerdos resultantes; creación de mecanismos periódicos de revisión incluyendo el acompañamiento, monitoreo e incidencia de la sociedad civil, siguiendo buenas prácticas de otros procesos internacionales; el avance de las negociaciones a fases superiores o su interrupción en caso de incumplimientos deberán depender de los resultados de las evaluaciones; liberación inmediata ─ sin exilio condicionado ─ de los presos políticos y la legalización de todas las organizaciones de la sociedad civil y del sector privado que van a estar representadas en las conversaciones, junto con el cese de la represión política y las restricciones económicas a la ciudadanía como condición preliminar para el inicio de las negociaciones”.

 

Todos, reclamos muy justos si se quiere, salvo que no es así como funcionan los convenios diplomáticos de acuerdo con la Conversión de Viena sobre relaciones diplomáticas de 18 de abril de 1961, y en la práctica internacional. Quizá por desinformación han confudido las negociaciones diplomáticas con las negociaciones, que, en crisis políticas internas, se promueven entre un gobierno y su oposición política, como han sido las negociasciones que, durante un tiempo, se llevaron a cabo entre el gobierno de Nicolás Maduro y la oposición venezolana, o como las negociaciones,  llevadas a cabo en Cuba, entre el gobierno colombiano y las guerrillas de las FARC y el ELN, las cuales exigían transparencia y la participación de mediadores; en el caso venezolano, Noruega en la isla de Barbados, el 9 de julio de 2019; y en el caso colombiano  los mediadores fueron Cuba y Noruega.

 

Si la oposición cubana al interior del país promoviera una fuerte resistencia civil, con gran participación de las masas populares, poniendo en crisis a la dictadura, esta se vería obligada a negociar. Es entonces cuando la oposición podría reclamar, para ir a la mesa de diálogo, todas las condicionantes que lo redactores de la Carta Cuba-Estados Unidos han planteado. Exigir que fueran mediadores en el diálogo el Vaticano, Noruega y el Parlamento Europeo; reclamar el cese de la represión, y la liberación de todos los presos políticos, y la legalización de todas las organizaciones de la sociedad civil y del sector privado.

 

Entre dos estados, según el Derecho Diplomático, la mediación solo concurre como “Intervención amistosa de un tercer estado entre dos (o más) que se hallan en conflicto (armado o no) proponiendo una solución que pueda ser aceptable para todos los litigantes”. Como ejemplo de mediación entre dos naciones envueltas en conflictos, fueron los acuerdos de Camp Davis, firmados por el presidente egipcio Anwar el-Sadat y el primer ministro israelí Menachem Begin, el 17 de septiembre de 1978, con la mediación del presidente de Estados Unidos Jimmy Carter, como tercer estado, para resolver las reclamaciones, el conflicto, de ambas partes sobre la península del Sinaí. Este no es el caso presente en las relaciones entre Cuba y Estado Unidos, que hasta tal punto requiera de la buena mediación de otro país para resolver los conflictos entre ambos países. El posible acercamiento del gobierno de Biden hacia nuevas relaciones dipolomáticas con Cuba es un reprochement, un término francés que significa reconciliación o aproximación, y que se utiliza para describir las gestiones o la política que, para tales fines, se llevan a cabo entre dos o más estados, después de un periodo de fricción o distanciamiento, según se define en Derecho Diplomático.

 

En este tipo de negociaciones no se requiere el concurso o la participación de elementos diferentes a los negociadores diplomáticos de las dos naciones. Todo equipo negociador está equipado con un grupo más o menos grande, integrado por especialistas en derecho internacional, economía y política. De acuerdo con especialistas en el Derecho Diplomático en “las relaciones internacionales, existen situaciones o datos que motivan en cada caso a actuar de determinada manera para poder llevar a cabo ciertos fines. Estas situaciones o datos se pueden denominar condiciones fácticas que influyen en las relaciones diplomáticas. Las condiciones fácticas a tomar en cuenta en las relaciones diplomáticas son de carácter político, sociológico o económico, ya sea de manera aislada o en combinación de unos y otros

 

La motivación económica por sí misma es, hoy en día, razón suficiente para establecer relaciones entre Estados. Entre estas condiciones se destacan el comercio bilateral, o la oportunidad de descubrir nuevos mercados; el establecimiento de empresas estatales en el otro Estado(Rosa Adriana Figueroa Álvarez. Propuesta para la regulación del proceso· de normalización de las relaciones diplomáticas de México). Aunque al final, la decisión del establecimiento de relaciones diplomáticas, es de carácter político.

 

Ahora bien artículo 2 de la Convención de Viena sobre Relaciones Diplomáticas, señala que, el establecimiento de las relaciones diplomáticas ha de hacerse por consentimiento mutuo; y se deben centrar en lo que es común entre las partes, no en las diferencias existentes. Esas negociaciones, además, no tienen que ser públicas, aunque diferentes factores políticos, de ambos estados, puedan expresar sus rechazos y hasta presentar sus cuestionamientos  en el Congreso o en los medios informativos; pero esto no cambia los resultados. Con Cuba, Estados Unidos estará actuando de acuerdo con sus intereses económicos pero, por encima de cualquier objeción, según sus intereses políticos. que no necesariamente coincidirán con los intereses del gobierno cubano. Este fue, por ejemplo, las negociaciones para el establecimiento de relaciones diplomáticas de Estados Unidos con la China comunista, iniciadas durante el gobierno de Richard Nixon y concluidas durante la administración de Jimmy Carter, lo que trajo como consecuencia la expulsión de Taiwan del Consejo de Seguridad de la ONU y la ruptura de sus relaciones diplomáticas con Estados Unidos.

 

La carta, propuesta, reclamo o lo que sea, se inicia explicando que la misma, “es fruto de una iniciativa ciudadana de cubanos de diferentes posiciones políticas, guiados por el anhelo de una Cuba democrática y respetuosa de todos los derechos para todas las personas”. Y bien que es bastante variopinta la lista de sus firmantes y, como en la Viña del Señor, hay de todo los tipos, desde presos políticos, artistas e intelectuales hasta conocidos simpatizantes de Donald Trump y de sus políticas, y algún que otro oportunista que, para mostrarse duros frente a la dictadura, firman cualquier carta que se les ponga delante, Adelantan también una exigencia al régimen del PCC: “El gobierno de Cuba debe normalizar las relaciones con sus ciudadanos, como premisa para normalizarlas con el mundo”. El problema es que, querrámoslo o no, el régimen, sin haber normalizado “las relaciones con sus ciudadanos”, ya tiene relaciones diplomáticas con la mayoría de los estados del continente americano, de Europa, de Asia y de Africa; y lo puede hacer porque en Cuba no hay un movimiento de resistencia interna consolidado y retador que confronte al régimen ante la opinión pública internacional. Con carticas más o menos y con canciones contestarias, no se derrocan dictaduras.

 

Es así que, ante “la posibilidad de un nuevo acercamiento entre los gobiernos de Cuba y Estados Unidos” los redactores del documento desean transmitir sus impresiones sobre el tema. Comienzan entonces una serie de advertencias, que parecen dirigidas al mismo Joe Biden y suenan como si fuera un regaño.

 

El primer reclamo admonitorio dirigido al gobierno de Biden, aparece en su inciso a): “La soberanía de Cuba como nación independiente no puede ser monopolizada por un gobierno. No se debe confundir empoderamiento de la sociedad con el apoyo a la agenda del régimen y de grupos autorizados por este para representar a la sociedad civil”. Error. Todo gobierno es representante de la soberanía de una Nación como Estado independiente con respecto a la soberanía de otras naciones. Lo que un gobierno no puede monopolizar es la soberanía que reside en el pueblo y del cual dimanan todos los poderes del Estado; soberanía esta que ha sido secuestrada, no por el gobierno sino por el PCC y depositada en su Buró Político. La Constitución de 1940 planteaba las dos condiciones de soberanía. En el Art. 1, se estipula: “Cuba es un Estado independiente y soberano” (Nación), y en su Art. 2, planteaba: “La soberanía reside en el pueblo y de éste dimanan todos los poderes públicos” (auto determinación); por ptra parte, la Convención de Viena ofrece un marco completo para el establecimiento, mantenimiento y terminación de las relaciones diplomáticas basado en el consentimiento entre Estados soberanos.

 

El inciso b), aunque me cuesta tener que admirlo, constituye una falacia lógica, algo que, en todo documento que enfoque un tema político se debe evitar, teniendo mucho cuidado en la elección de los términos o premisas lógicas del análisis. Sobre la tesis verdadera de que el régimen implantado en Cuba niega los derechos fundamentales y criminaliza el disenso y excluye la participación autónoma (primera premisa lógica); y se argumenta correctamente, que “atenta contra estándares internacionales de derechos humanos” (Segunda premisa lógica), se concluye diciendo: “es legítimo que la comunidad internacional asuma posicionamientos ante la desprotección en que se encuentran los ciudadanos del país”. La conclusión a la que se arriba no se desprende de las dos premisas lógicas empleadas.

 

La desprotección en que se encuentran los ciudadanos de Cuba, no resulta aparente ante la opinión internacional. Tanto es así que esa comunidad internacional le ha concedido al régimen del PCC un asiento en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU. En Cuba no se han producido las convulsiones político y sociales como las que se produjeron en Venezuela con las masivas protestas y manifestaciones populares en contra del régimen de Nicolás Maduro que dejaron un saldo grande de ciudadanos muertos. No han ocurrido las protestas y manifestaciones pacíficas de Nicaragua reclamando la renuncia del gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo enfrentándose a la brutal y sangrienta represión, tambien con saldos de muertes violentas de ciudadanos. Nada similar se ha producido en Cuba a las manifestaciones multitudinarias de Bielorrusia, ni los actos de desobediencia civil en Hong Kong, ni las multitudes que en Birmania rechazan el golpe de estado por parte del ejército enfrentádose valientemente a las fuerzas militares que les reprimen de manera violenta; ni las las protestas multitudinarias producidas en Rusia a favor del opositor Alexei Navalny.

 

Donde no hay una fuerte confrontacion pueblo/dictadura con un movimiento de resistencia bien organizado y actuante, la comunidad internacional vuelve la vista hacia lugares de mayor conflictividad. Faltó precisamente esa tercera premisa para que la conclusión que se obtuviera no constituyera una falacia lógica.

 

Los siguientes cuatro incisos se dedican  a demostrar, según los redactores de la Carta Cuba-Estados Unidos, el fracaso del proceso de normalizacion de las relaciones entre ambos estados impulsada por Barack Obama, con los mismos argumentos que los detractores de la política exterior obamista han empleado desde los primeros meses del deshiele diplomático. Inciso c) “no se experimentaron en la Isla avances en los derechos humanos”; d) “La represión es consustancial a la naturaleza totalitaria del sistema […] No depende de la actitud del gobierno de Estados Unidos, como demuestra este primer mes de la presidencia de Biden (¿?) […] se ha expandido y diversificado la represión incluso contra nuevos actores como los activistas de poblaciones en situación de vulnerabilidad, artistas, ambientalistas, protectores de animales, intelectuales de orientación progresista; e) Las reformas económicas realizadas por el gobierno de Cuba durante la normalización de Obama fueron mínimas y sufrieron congelamiento o reversión incluso antes de la administración Trump. Inexacto. Las tímidas reformas económicas del gobierno de Cuba se iniciaron entre el 2008 y el 2010, entrega en usufructo de tierras estatales ociosas para su explotación por parte de campesinos y cooperativas; despido masivo de em­pleados estatales excedentes, que a partir de ese momento deberían ser ocupados en nuevos trabajos privados; au­torización de la compraventa de viviendas y de automóviles, y, en 2013 la eliminación de los permisos de salida para viajar al extranjero. El inciso f) declara: “Durante el deshielo anterior, es cierto que creció cierta clase media urbana que mantuvo una actitud de no confrontación o colaboración con el régimen, pero la mayoría empobrecida del país no se benefició de la normalización”.

 

La carta fue remitida al Gobierno ─ ¿reconocimiento implícito de que el gobierno es parte en el debate? ─ Mientras se recogían firmas de apoyo a la Carta Cuba-Estados Unidos, se informa en un artículo aparecido en Cubanet, que “sin previa consulta, el documento fue expuesto (…) en el Noticiero Nacional de Televisión por Humberto López, quien la utilizó para exponer algunas de las gestiones de ‘personas que promueven acciones de desobediencia y contrarrevolución’”. Falta por conocer lo que el Departamento de Estado considerará sobre la propuesta, reclamo o Carta Cuba-Estados Unidos. 

miércoles, 3 de febrero de 2021

CUBA, ¿REALMENTE UN ESTADO PATROCINADOR DEL TERRORISMO?

Mario J. Viera

 


Para un cubano refugiado político en Estados Unidos y residente en el sur de la Florida, no le resulta muy cómodo, fácil y exento de polémicas, dar un enfoque objetivo al tema de la reinclusión de Cuba en la lista negra de los Estados Patrocinadores del terrorismo.

 

El pasado 11 de enero, solo a muy pocos días del fin del periodo presidencial de Donald Trump, Estados Unidos, volvía a incluir a Cuba en la selecta lista de los Estados patrocinadores del terrorismo ─ Corea del Norte, Irán y Siria, luego de la exclusión de esta lista de Sudán tras haber reconocido al estado de Israel ─ bajo la acusación al régimen de La Habana de "brindar apoyo repetidamente a actos de terrorismo internacional", además de albergar, desde la década de los 70, a fugitivos estadounidenses como los militantes del Black Power, Ronald (Ishmael) LaBeet, Charles Lee Hill y Joanne Chesimard, también conocida como Assata Shakur,  y a dirigentes de grupos rebeldes colombianos.

 

El anuncio de esta decisión lo dio a conocer Mike Pompeo, en un mensaje de su cuenta de Twitter donde exponía: “El continuo apoyo de Cuba al terrorismo en el hemisferio occidental debe detenerse. Hoy Estados Unidos está devolviendo a Cuba a la lista de Estados Patrocinadores de Terrorismo para responsabilizar al régimen de Castro por su comportamiento maligno”; para luego agregar en un comunicado: "Durante décadas, el gobierno cubano ha alimentado, alojado y brindado atención médica a asesinos, fabricantes de bombas y secuestradores, mientras que muchos cubanos pasan hambre, se quedan sin hogar y no tienen medicamentos básicos". Alegaba, además, Pompeo como una de las bases para sustentar el ingreso de Cuba, nuevamente como Estado patrocinador del terrorismo, es la negativa cubana de extraditar a Colombia a los negociadores del Ejército de Liberación Nacional (ELN) de Colombia, tras la ruptura de las negociaciones de paz al producirse el atentado con bombas por parte del ELN contra una academia policial de Bogotá donde murieron 22 personas.

 

Se alegaba también el apoyo que el gobierno de Cuba le ha estado prestando al gobierno de Nicolás Maduro; gobierno que ha sido señalado de violaciones a los derechos humanos por parte de la comunidad internacional, acusando a Cuba de crear "un ambiente permisivo para que los terroristas internacionales vivan y prosperen dentro de Venezuela". No obstante, hay una evidente exclusión, ya que Venezuela, donde “los terroristas internacionales” viven y prosperan, no fue incluida por la administración Trump en la lista de Estados patrocinadores del terrorismo. No obstante, al inicio de la administración Trump en 2017, Cuba se mantenía fuera de la lista de patrocinadores del terrorismo.

 

Desde 1982 Cuba formaba parte de la lista hasta el 2015 cuando, durante la administración de Obama, se decidió excluirla de la lista. De acuerdo con la información recogida por Radio y Televisión Martí, el 14 de abril de ese año, el presidente Obama, tras su reunión con Raúl Castro, en Panamá durante la celebración Cumbre de las Américas, anunció su decisión de eliminar a Cuba de lista negra, “Las razones por las que Washington mantenía a Cuba junto a Irán, Sudán y Siria, en la lista negra ─ según informó entonces Radio Televisión Martí ─ eran su presunta acogida a miembros de la organización terrorista vasca ETA, de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y algunos fugitivos de la justicia estadounidense. El portavoz del Departamento de Estado, Jeff Rathke, explicó en un comunicado que "la rescisión de la designación de Cuba como Estado patrocinador del terrorismo refleja nuestra evaluación de que Cuba cumple con los criterios legales para la rescisión", que "si bien Estados Unidos tiene importantes preocupaciones y desacuerdos con una amplia gama de políticas y conductas de Cuba, estas son ajenas a los criterios pertinentes para la rescisión de la designación de un Estado como patrocinador del terrorismo".

 

En marzo de 2016, no obstante, la organización anticastrista del exilio cubano, Centro para una Cuba Libre, presidida por Frank Calzón elaboró un informe dirigido a los funcionarios del gobierno de Obama, Ben Rhodes, Consejero de Seguridad Nacional; Roberta Jacobson, secretaria de Estado adjunta para Latinoamérica; y Jeffrey DeLaurentis, embajador en La Habana, un listado de “terroristas” para que, “tan pronto como sea posible” llamaran la atención de Barack Obama, entre los que incluía a ciudadanos estadounidenses como, Joanne Chesimard, alias Assata Shakur;  Charlie Hill; los puertorriqueño Víctor Manuel Gerena y William Morales; e Ishmael LaBeet. En julio de 2017, el Centro por una Cuba Libre no desiste en su empeño de revertir la política que, hacia Cuba, el gobierno de Obama abría, y hace un llamamiento al presidente Trump acompañado de la firma de más de 100 ex embajadores estadounidenses, académicos, expresos políticos cubanos, líderes empresariales y escritores, teniendo en cuenta las leyes y los estatutos de este país. Motivado por este llamamiento, Trump, el 9 de julio de 2017, anunció un freno parcial al deshielo con Cuba si no se cumplían ciertas condiciones, como elecciones libres y justas, que se permitiera la oposición política y una apertura económica, y, en primer lugar, la extradición de todos los convictos estadounidenses que huyeron a Cuba en busca de asilo.

 

Pero, como bien apunta el New York Times, los “expertos sostienen que, si Estados Unidos solicita la extradición de esas personas, Cuba puede hacer lo mismo. Eso podría incluir la entrega de Luis Posada Carriles, un cubano relacionado con la CIA que vive en Estados Unidos, pero es buscado por el gobierno cubano debido a, entre otras cosas, su posible participación en el ataque con una bomba que mató a 73 personas en un avión cubano de pasajeros”. Posada Carriles fallecería, casi un año después, el 23 de mayo de 2018. Con independencia de lo apuntado por el New York Times, Cuba podría alegar que, además de Posada Carriles, Estados Unidos dio refugio a oficiales del derrocado gobierno de Batista que eran reclamados por el gobierno de la isla por numerosos hechos de sangre, y nunca fueron extraditados, como los connotados Esteban Ventura, Pilar García y Rolando Masferrer.

 

Con fecha 19 de julio de 2017, seis meses después de la toma de posesión de Donald Trump como presidente de Estados Unidos, Radio y Televisión Martí, informó: “El Departamento de Estado (en esa fecha), denunció que Venezuela siguió albergando a individuos ligados a las FARC, al grupo terrorista español ETA y a simpatizantes de la milicia libanesa Hizbulá, y que ‘por undécimo año consecutivo’, Caracas ‘no cooperó adecuadamente con los esfuerzos antiterroristas de EEUU’". Sin embargo, a diferencia de Cuba, que, por las mismas razones en 1982, fuera incluida en la lista de los patrocinadores del terrorismo, no se incluyó a Venezuela en esa lista y aún sigue sin su inclusión como Estado patrocinador del terrorismo.    

 

En rechazo a la reinserción de Cuba en la lista de patrocinadores del terrorismo, el expresidente de Colombia, Juan Manuel Santos, respaldado, según el diario español El País, por el grupo de líderes mundiales reunidos en la organización The Elders, le solicitó a Joe Biden que revoque la designación de Cuba como “Estado patrocinador del terrorismo”. “Rechazo inequívocamente la decisión de la Administración estadounidense anterior de redesignar a Cuba como Estado patrocinador del terrorismo. El presidente Biden debería comenzar de inmediato el proceso de revisión para revocar esto. Cuba debe ser aplaudida por la función crucial que desempeñó para ayudar a poner fin a décadas de conflicto y facilitar la reconciliación en Colombia, y no enfrentar sanciones por haberlo hecho. Los países que facilitan los procesos de paz merecen nuestro agradecimiento y reconocimiento”, expresó Santos en declaraciones recogidas por The Elders.

 

The Elders es una organización internacional no gubernamental, formada por un grupo de conocidos líderes globales, defensores de la paz, y de los derechos humanos, y cuyo propósito es contribuir a resolver problemas mundiales, como el cambio climático, el VIH / SIDA, el hambre y la pobreza, así como a "utilizar su independencia política para ayudar a resolver algunos de los conflictos más difíciles del mundo". Como informa el diario colombiano El Tiempo, para formar parte de “este selecto grupo porque solo tiene 18 miembros, de los cuales 2 ya fallecieron, la persona debe contar con una importante confianza de la comunidad internacional, haber construido una reputación por su liderazgo inclusivo y progresivo y, debe encontrarse actualmente apartada de cargos públicos”.

 

Entre los miembros de The Elders, se cuentan personalidades como, Martti Ahtisaari, expresidente de Finlandia, Premio Nobel de la Paz; Gro Harlem Brundtland, ex Primera Ministro de Noruega; Fernando Henrique Cardoso, expresidente de Brasil; Jimmy Carter, expresidente de los Estados Unidos, Premio Nobel de la Paz; Ricardo Lagos, expresidente de Chile; Mary Robinson, expresidente de Irlanda y ex Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos; Ernesto Zedillo, expresidente de México; Juan Manuel Santos, expresidente de Colombia, Premio Nobel de la Paz;  Aung San Suu Kyi, Birmania líder de la oposición y Secretaria General de la Liga Nacional para la Democracia que fue presa política en Birmania y es Premio Nobel de la Paz; Ellen Johnson Sirleaf, ex Presidenta de Liberia y Premio Nobel de la Paz 2011; y Zeid Raad Al Hussein, alto comisionado de las Naciones Unidas para los derechos humanos entre 2012 y 2014.

 

Aunque el gobierno del presidente colombiano Iván Duque Márquez exige  la extradición del grupo de comandantes del ELN que participaban en las rotas negociaciones de paz con su gobierno ha elevado la tensión en las relaciones con Cuba que se niega a las extradiciones, la organización The Elders, advierte: “Los negociadores del ELN habían recibido garantías formales de un regreso seguro, de acuerdo con los protocolos estándares para las negociaciones de paz, que el Gobierno cubano debe defender”. Por otra parte, Humberto de la Calle, jefe del Equipo Negociador por parte del Gobierno de Juan Manuel Santos en el Proceso de Paz con las FARC, y Sergio Jaramillo, quien entre 2010 y 2012 ejerció el cargo de Alto Asesor Presidencial de Seguridad Nacional, del gobierno Santos, y a los cuales se les considera como los arquitectos del acuerdo con las FARC, declararon:

 

Es entonces un despropósito y un acto de ingratitud estatal sin par con la República de Cuba que, en el marco de negociaciones similares con el ELN, el Gobierno de Iván Duque haya exigido la entrega a las autoridades colombianas de los miembros de esa delegación, en contra de los protocolos firmados por el Gobierno de Colombia y los garantes internacionales, que exigen regresar a los negociadores del ELN a sus lugares de origen en caso de rompimiento de las conversaciones. El hecho de que el ELN hubiera cometido un acto de terrorismo atroz en la Escuela de Cadetes de la Policía Nacional en Bogotá – que condenamos con la mayor vehemencia – y de que el Gobierno, como es su derecho, hubiera abandonado la negociación, no cambia los términos de lo acordado formalmente por Colombia en el marco del proceso de paz”.

 

Noruega, como pone de relieve El País, el otro garante del proceso con las FARC, ha señalado que, si los países que facilitan esfuerzos de paz corren el riesgo de terminar incluidos en la lista negra de patrocinadores del terrorismo, lo van a pensar dos veces antes de apoyar esos esfuerzos”.

 

Cuando se compara a Cuba con el trío de asociados dentro de la lista de Estados patrocinadores del terrorismo, hoy por hoy, se puede concluir que no cumple con los mismos méritos ─si mérito se pudiera calificar a toda acción detestable ─ que esos estados, Corea del Norte, Irán y Siria, poseen. El régimen del Partido Comunista de Cuba (PCC) no es para nada un modelo digno de seguir ni de defender. Sin embargo, nada semejan sus métodos represivos con el terrorismo de estado que practican esos gobiernos insertos en la lista de Estados patrocinadores del terrorismo. En Cuba se aplicó la Ley 88 que condenaba con largos años de prisión a activistas y periodistas independientes, pero nada como la aplicación del delito de desacato que el 21 de noviembre de 2008 condenó en Birmania al comediante U Maung Thura a 45 años de privación de libertad, solo por criticar la mala gestión del gobierno ante los destrozos provocados por un huracán.

 

No es necesario elaborar una leyenda negra para condenar al régimen del PCC. Mucho se puede alegar en su contra, como los sucesos del remolcador Trece de Marzo y del río Canimar y el derribo de las avionetas de Hermanos al rescate sobre aguas internacionales. Se puede condenar al régimen por su pésima conducción de la economía nacional, por su desprecio y persecución a la opinión disidente, por esto y por mucho más. Valdría más reclamar la expulsión de Cuba del Consejo de Derechos Humanos de la ONU que ocupa ilegítimamente.

 

La inclusión de Cuba, nuevamente en la lista de estados patrocinadores del terrorismo, por parte de la administración trumpista, conlleva dos posibles propósitos, contentar al sector ultraderechista de la comunidad cubana con vistas a una probable candidatura de Trump para el 2024 y, dificultarle a la administración Biden dar pasos en su propósito de mejorar las relaciones diplomáticas con el Estado cubano.

sábado, 23 de enero de 2021

RAZONAMIENTOS EN TORNO DE UN ARTICULO DE DIARIO DE CUBA

 

Mario J. Viera

 


El artículo “¿Es útil el embargo a Cuba?”, debido a Rafaela Cruz y aparecido en la edición del 23 de enero de 2021 de Diario de Cuba, me motiva a hacer algunos razonamientos sobre el tema de la renovación de las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba y sobre el embargo. El artículo, en cuestión, es un análisis muy interesante que aborda la problemática del embargo económico que Estados Unidos mantiene contra el gobierno de Cuba. Al mismo tiempo, el artículo pudiera verse como un jarro de agua helada arrojado al rostro del plattismo corriente.



 

¿Es conveniente mantener el embargo riguroso contra Cuba o sería mejor levantarlo?

 

Antes de abordar este, que es el núcleo central del artículo se Rafaela Cruz, es conveniente adelantar algunas reflexiones sobre la normalización de relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba, paso antecedente al asunto del embargo económico.

 

Puede que a muchos cubanos del exilio les resulte molesto y hasta escandaloso que Estados Unidos se avenga a normalizar las relaciones diplomáticas entre ambas naciones, suspendidas en 1960 durante la administración de Eisenhower, retomadas después por el gobierno de Barack Obama y enfriadas durante el cuatrienio de Donald Trump. En primer lugar, hay que dejar por sentado, que el asunto del establecimiento o ruptura de relaciones diplomáticas es un ejercicio de la soberanía que todo Estado posee en cuanto a su política exterior y decisión de su Gobierno teniendo en cuenta intereses nacionales, tanto comerciales, como de seguridad interna o geopolíticas. No se trata de ideología, sino de la realpolitik. Si se tratara de razones puramente ideológicas Estados Unidos no tendría relaciones diplomáticas ni embajadas con países como China, Rusia, Pakistán, Tailandia, Arabia Saudí y Egipto, por ejemplo; en cambio algunos de estos países se consideran como aliados estratégicos extra OTAN, por ejemplo, Egipto, Pakistán. Tailandia y Arabia Saudí.

 

Un sector significativo de la comunidad cubana de emigrados y exiliados se considera traicionado por Obama y en extensión por Biden, por la reapertura de relaciones Cuba-Estados Unidos. Sin embargo, ese sector de la comunidad cubana no es representativo numéricamente dentro del conjunto de la población total de Estados Unidos como para imponerle la línea de su política internacional. Ninguna administración estadounidense ha firmado un tratado con el exilio cubano donde se comprometa en mantener aislado al gobierno cubano en tanto y en cuanto no haga reformas amplias en los temas de derechos humanos, civiles y políticos, liberación de los presos políticos y elecciones libres y competitivas. El único instrumento legal que obliga al gobierno estadounidense con respecto a Cuba de no levantar el embargo económico, si no se cumplen las consideraciones anteriores, es la Ley conocida como Helms-Burton, denominada así por sus promotores.

 

Si ese sector de la comunidad cubana en Estados Unidos que se siente defraudado por el acercamiento a Cuba, debería también sentirse defraudado y, ¿por qué no?, traicionado conociendo que, todos los países del continente americano, con la salvedad de Estados Unidos, mantienen relaciones diplomáticas y comerciales con la isla; debe sentirse traicionado también por la Unión Europea, que incluso un alto cargo de la misma reconoce a Cuba como “Estado democrático de un solo partido político”. Todo su descontento, toda su furia es la frustración de la mentalidad plattista tan generalizada dentro de ese sector de la comunidad cubana, que piensa que el cambió de régimen en Cuba solo puede provenir de la acción de un gobierno estadounidense. Por eso, ese sector se identificó con Donald Trump tratando de asfixiar al régimen del PCC por la vía del endurecimiento del embargo, y hasta soñaba con una solución de intervención armada de las tropas de marines entrando en Cuba. Por eso ese sector, movido por la propaganda electorera de Trump sataniza a los gobiernos demócratas

 

El Estado de Florida es una pieza ambicionada por todo candidato a la presidencia de Estados Unidos, generando 29 votos electorales. ¿Qué candidato presidencial se inhibirá de prometer una “Cuba Libre” al emotivo sector de la comunidad cubana de emigrados y exiliados? Sin embargo, este sector cada vez se reduce más y cada vez pierde peso en las decisiones electorales estadounidenses. En las elecciones de 2016, Hillary Clinton se impuso sobre Trump en los resultados electorales del condado de Miami Dade con un alto porcentaje favorable de los votos emitidos y, en las elecciones del 2020, Trump perdió Miami, aunque en esta ocasión el candidato demócrata se impusiera por un porcentaje menor que el obtenido antes por la Clinton y esto fue así por la sucia propaganda trumpista de presentar a los demócratas como controlados por la izquierda radical y el miedo al socialismo. Es previsible que, para las elecciones del 2024, ningún candidato presidencial se irá por el Versalles, por el acostumbrado Cuba Libre.

 

Retornado al artículo de Rafaela Cruz, la columnista reconoce que la miseria generalizada en Cuba, se debe en primer lugar al sistema económico que impone el PCC, o dicho en sus palabras, un "desastre castristamente provocado"; pero el embargo, por su parte, es condicionante del mismo. Según la autora, la presión del embargo ha logrado un éxito muy parcial por cuanto el régimen se ha visto obligado a conceder determinadas libertades al pueblo, libertades. por cierto, muy limitadas, tales "como usar celular, entrar a hoteles, comprar en un agromercado no estatal, viajar sin tener que solicitar "permiso de salida" o regentar un diminuto negocio", libertades que en nada cambia la condición de servidumbre nacional.

 

A partir de este antecedente, no hay que creer que el régimen, para palear el embargo, conceda más derechos a los ciudadanos o pensar que "más miseria con más disgusto" pueda conducir a una rebelión, razonamiento este que "no ha demostrado efectividad".

 

Rafaela Cruz señala en su artículo, y lo expresa muy acertadamente que el régimen del PCC ha "comprendido mejor que las sucesivas administraciones de Washington cuáles son los resortes sociológicos detrás de las protestas populares. Entendieron que la miseria del siempre miserable no despierta la ira que lanza a los pueblos a las calles". Algo esto, que la mentalidad plattista no acaba de colegir.

 

¿Qué se requiere para que un pueblo se lance a protestar masivamente? Según Cruz, lo que impulsa a las protestas es el sentimiento de "que le están arrebatando algo, que lo están despojando de lo que hoy posee"; un "escenario ─ agrega ─ que en la pobreza crónica cubana no existe"; y no existe porque no existe el referente de la memoria de vivir en un país próspero; porque los cubanos "no se sienten dueños de nada. El despojo material, sicológico y de dignidad sucedió hace demasiado tiempo",

 

Ciertamente, como ella alega, cuando no existe "esperanzas de futuro, positividad e ilusión, no hay posibilidad de un estallido popular, por tumultuosas que sean las colas o difícil que esté el transporte. La gente seguirá aguantando, pues no son capaces de imaginarse a sí mismos de otro modo".

 

¿Y cómo se soluciona este conflicto? La autora, en este caso no se muestra optimista; para ella, primero se requerirá que "surja y se solidifique un estrato capitalista (...) capaz de ahorrar e invertir excedentes de capital en la confianza de que su propiedad será respetada, como sucedía antes de 1959". Esta conclusión, en mi criterio, es algo iluso. Y lo considero iluso, partiendo de la psicología política del régimen cubano, totalmente refractario a la iniciativa privada, a conceder el derecho de la propiedad privada en la producción de bienes y servicios, y en su definida alergia al "enriquecimiento" de un sector importante de la población; porque el régimen sabe, ya lo ha visto suceder, que abrir una espita de libertad de tal envergadura podría provocar el colapso de su poder.

 

Para la autora de este artículo, llegar a alcanzar el surgimiento de ese estrato capitalista se requerirá de la negociación, utilizando el embargo como "la baza más importante con la que se podría negociar hoy con un financieramente agonizante —pero aun en total control político— Gobierno cubano". Entonces surge la pregunta que la autora se formula: "¿Es posible que la utilidad del embargo no esté ya en su mantenimiento sino en el negociado de su desaparición?" La respuesta que ella adelanta, es la negociación; una que pudiera "comenzar a desentrañar la madeja totalitaria. Ahora que el ocaso-castrismo está en su hora más oscura podrían sacárseles espacios para empoderar a una sociedad inerte, comenzando por las libertades económicas que formen la base para un estrato autónomo e internacionalmente conectado dentro de la sociedad cubana",

 

Pero ¿negociar?; ¿quiénes serán las partes comprometidas en esa negociación? La autora no las identifica por nombres, pero es evidente que se esté refiriendo a un encuentro del Gobierno de Estados Unidos con el gobierno de Cuba. A todas luces es una concesión a la mentalidad plattista de "en Cuba nada se resuelve sino se cuenta con la decisión de Estados Unidos".

 

Es muy cierto lo que alega la autora cuando dice: "Quien espere que el embargo y la miseria generen protestas populares, debería entender que los pobres, los desesperanzados, los desilusionados de todo no se inmutan ante la perspectiva de más pobreza, desesperanza y desilusión". No obstante, con solo levantar el embargo, que de hecho es también beneficioso para los intereses comerciales de Estados Unidos poco se podrá alcanzar en liberación, en respeto hacia los derechos políticos de los cubanos. Si se mantiene el embargo, nada se conseguirá para que el pueblo, motivado por la miseria, se lance a las calles reclamando derechos y libertades. Un verdadero círculo vicioso.

 

Larga y abrumadora serán las negociaciones entre Cuba y Estados Unidos. Contradicciones y desencuentros marcará esas decisiones., que quizá lleguen a un acuerdo favorable para ambas partes con posterioridad a la realización del Octavo Congreso del PCC y el retiro de Raúl Castro de la escena política, con la posibilidad de elevar a Miguel Díaz-Canel a la máxima dirección del PCC, por medio de una solución de corte gorvachoviana.

 

Estados Unidos podría vivir tranquilamente con un vecino que fuera menos estridente, más abierto a la cooperación con las políticas de Washington, y a la inversión de capital estadounidense, aunque en su política interior mantuviera un régimen policiaco y de restricciones de los derechos civiles de sus ciudadanos; algo que se mantiene con regímenes como Arabia Saudí, Tailandia y China donde los derechos humanos se violan sistemáticamente.

 

La solución legítima del caso cubano no viene del acuerdo de intereses extranjeros con el gobierno de Cuba. No vino de la mano de Obama, ni vino de Trump, ni vendrá de la mano de Biden. La solución, la única y verdadera, debe partir de nosotros, los cubanos, por medio de una resistencia noviolenta impulsada por una oposición que sepa asumir sus responsabilidades políticas de manera autóctona, sin influencia externas, sin esperar por soluciones venidas de fuera o impulsadas por un exilio tóxico; por una oposición política decidida a captar apoyo y fuerza numérica dentro del pueblo para lanzar el reto, la confrontación con el régimen, de manera inteligente, bien organizada y llevada a cabo por activistas entrenados en las técnicas de la resistencia noviolenta frente a una dictadura. Lo que no significa rechazar un mejoramiento de las relaciones diplomáticas de Estados Unidos con Cuba; sino sacar provecho del mejoramiento de esas relaciones diplomáticas.

sábado, 26 de octubre de 2019

¿SOLUCION PARA CUBA? ¿APRETARLE EL CINTURON A LOS CUBANOS?


Mario J. Viera




Maria A. Aguila le responde a Oscar Peña por la crítica que este hiciera en contra de las últimas medidas de presión económica que ha impuesto Trump contra el régimen castrista, y le confronta diciendo:

Oscar Peña, tú que eres una gran persona y tienes la bola mágica danos porfa, el alumbrón de como quitar a la dictadura del poder, la voluntad del pueblo existe, pero no tienen los medios y están sofocados por la dictadura, cuál sería tu plan, exactamente paso a paso, para el cambio, ya sabemos que el régimen no sede un paso, ni va a hacer elecciones donde participen otros partidos, ni harían un plebiscito, entonces, cuál sería la manera, si tu sugerencia es el sometimiento del pueblo de por vida, o que sugieres una intervención americana para que alguien diga que es inferencia extranjera, la verdad no entiendo...”

Decidí dar mi opinión en respuesta a las interrogantes de Maria A. Aguila:

No sé qué responderá Oscar Peña a esa interesante pregunta. Esa pregunta es la misma que muchos se hacen, y parece que no le encuentran respuesta adecuada. Trataré de dar mi opinión sobre el tema que, la Sra. Aguila, lleva a discusión: “de como quitar a la dictadura del poder” teniendo presente que “la voluntad del pueblo existe, pero no tienen los medios y están sofocados por la dictadura”.

Algunos, tal vez muchos, creen, como cree el Sr. Mauricio Claver Carone, que las presiones económicas, llevadas hasta la saciedad contra el régimen fascista-comunista que impera en Cuba, bastarán para propiciar su caída. El mensaje subliminar de estas propuestas es simple, hacer que el hambre de los cubanos obligue a una revuelta, de tal envergadura, que conmocione al gobierno castrista. Sin embargo, existe un pero en cuanto al mensaje, y ese pero, lo da la Historia. Nunca el hambre ha impulsado revoluciones o revueltas.

No fue el hambre el motor impulsor para la Revolución Francesa de 1778, sino los intereses afectados del Tercer Estado por parte de la aristocracia. No fue el hambre, lo que antes impulsara en Inglaterra el estallido de la Revolución Gloriosa de Gran Bretaña de 1688, no fue el hambre y las miserias del pueblo, sino los intereses políticos de un sector de la aristocracia británica. No fue el hambre la que redactó la Declaración de Independencia de las Trece Colonias en América del Norte en 1776. No fue el hambre lo que impulsó a los españoles en 1808 a iniciar la Guerra de Independencia contra el dominio napoleónico, sino el resentimiento de la población por las exigencias de manutención y los desmanes de las tropas francesas. No fue el hambre del pueblo lo que motivó la lucha independista de Simón Bolívar en 1810. No fue el hambre lo que propició que el 10 de octubre de 1868, el hacendado bayamés Carlos Manuel de Céspedes diera el grito de independencia, sino los intereses políticos y económicos de los criollos. Tampoco fue el hambre lo que motivara a José Martí a iniciar “la guerra necesaria” de 1895.

Es más. no fue el hambre el motor que impulsó a las juventudes alemanas del sector oriental, a derribar el Muro de Berlín, sino la defensa de sus derechos civiles y su identidad como alemanes; como fueron las huelgas en Polonia promovidas por el Sindicato Solidaridad o en Bulgaria, la huelga general que llevara a cabo la oposición anticomunista. No fue el hambre lo que con la resistencia en Túnez se iniciara el periodo de la Primavera Arabe.

El hambre y la miseria no genera héroes. Entonces ¿Qué se debe hacer?

Primero debo enfocar un tema que influye sociológica y políticamente en la actividad de las organizaciones opositoras/disidentes al interior de la isla. Cuando las organizaciones ultra opositoras del exilio cubano en Estados Unidos, junto a individuos como Marco Rubio, los hermanos Díaz Balart, Lincoln y Mario, Mauricio Claver Carone, Marcell Felipe y Orlando Gutiérrez-Boronat, promueven como factor de desestabilización y derrocamiento del poder castrista por medio de sanciones económicas y su asfixia financiera, lo que favorecen, en realidad, es un estado de impasse, de quietismo y conformismo dentro de los sectores oposicionistas internos, que, a la espera del desastre total de la economía en Cuba, solo se dedicarán a mantenerse actuales con declaraciones y acciones de bajo nivel, confiados de que el régimen castrista o neo castrista se desplomará irremisiblemente.  ¡Error garrafal desde el punto de vista político! Es que ninguno de estos cabilderos de las medidas “duras” tienen la más elemental idea sobre la resistencia frente a un régimen totalitario; incluso, ninguno de ellos, tiene ni siquiera una idea aproximada de las realidades cubanas.

Entonces, pregunto de nuevo: ¿Qué se debe hacer? Así, aceptando como cierto lo anotado por la Sra. Aguila que “la voluntad del pueblo existe, pero no tienen los medios y están sofocados por la dictadura”, debemos plantearnos, el qué se debe hacer.

No desconozco que, cuando existe un movimiento de resistencia activo y consolidado en un país sometido a una dictadura despótica, las sanciones económicas unidas a las diplomáticas, pueden jugar un valioso medio auxiliar de apoyo a las demandas de la resistencia, y siempre que estas sean de carácter multinacional y no exclusivamente unilaterales. ¿Qué ocurrió en Venezuela cuando se entrometieron en el desarrollo de la resistencia interna el equipo Bolton- Claver Carone- Pompeo-Trump y su propuesta de “todas las opciones sobre la mesa”? Si el 10 de enero, cuando Juan Guaidó se proclamó Presidente Encargado de Venezuela, fue el “alumbrón” que hizo despertar a la durmiente oposición venezolana, luego de las propuestas de los cuatro jinetes del Apocalipsis, en plan electoralista, se produjo el “apagón” de todo ese movimiento de resistencia. Y pregunto, ¿qué se consiguió con las sanciones económicas a Nicaragua? Daniel Ortega continúa gozando de buena salud; ¡Nada!

Entonces alguno dice que, con esas medidas de carácter económico, que la administración Trump impone sobre la dictadura fascista-comunista, se puede impedir para que la Seguridad del Estado consiga técnicas más sofisticadas para reprimir al pueblo. Esto es falso, con los recursos que la Seguridad del Estado cuenta en este momento, le basta son suficientes para continuar su labor represiva.

Ahora bien, analicemos las conclusiones que plantea la Sra. Aguila de que “la voluntad del pueblo existe, pero no tienen los medios y están sofocados por la dictadura”. Según la Real Academia Española, voluntad significa, en una de sus acepciones: “Intención, ánimo o resolución de hacer algo”. Hoy por hoy, hablando en sentido general, en el pueblo no existe tal voluntad; existe descontento, sí, pero no existe la resolución de “hacer algo”, la conciencia de la necesidad del cambio. El pueblo no tiene los medios para el cambio. Esto es debatible. ¿Que está sofocado por la dictadura? Es cierto, y estará más sofocado por la dictadura si continúan los ya demostrado fracasados planes de asfixiar la economía del régimen. Sesenta años con lo mismo y nada ha cambiado. Ni cuando la caída del bloque soviético el régimen castrista pudo ser socavado. Declararon el Periodo Especial para cargar sobre las espaldas del pueblo todo el sacrificio y las penurias y sobrevivir al embate del desastre económico que representó la pérdida total de los subsidios soviéticos.

¿Medios? Si por ello se entienden los recursos necesarios para generar una revuelta armada, tengo que reconocer que no existen esos medios. El aparato represivo del régimen está preparado para enfrentar tal contingencia. ¿Qué sucedió con el intento de revuelta armada en La Habana y otras provincias, de la conspiración del 30 de agosto de 1962? Fue el concierto de todas las organizaciones anticastristas de aquel momento, Frente Anticomunista de Liberación (FAL), Frente Revolucionario Unido (FRU), Movimiento Montecristi, Movimiento de Recuperación Revolucionaria (MRR) y el Movimiento 30 de Noviembre (MR-30-11). El resultado: el G-2 penetró varias de estas organizaciones, detuvo a algunos y lanzó un fuerte operativo en la misma fecha en que se planeaba el levantamiento, culminado con el fusilamiento de más de doscientos implicados en el movimiento. ¿Alzamiento armado? ¿En las serranías del país? ¿Empleando qué armamentos que puedan enfrentar al equipamiento de las FAR? Las fuerzas armadas del régimen poseen un buen entrenamiento en operaciones anti insurreccionales que haría de todo imposible el establecimiento de un frente guerrillero en las zonas rurales y montañosas del país. ¿Qué ocurrió con el movimiento guerrillero anticastrista en el Escambray, con todo el apoyo y los recursos que le ofrecía la CIA?

¿Medios? Sí, existen y variados. Los medios propios de la resistencia civil noviolenta. Pero, lo primero que se requiere es que exista la voluntad política de la oposición/disidencia de emprender un movimiento de resistencia cívica no violenta, incluyente, donde tengan cabida todas las posiciones de derecha, de centro y de izquierda, que animen el propósito de lanzar el reto político al Partido Comunista de Cuba y con activistas capaces de canalizar el descontento popular hacia la acción cívica y la promoción de la conciencia del cambio, de la necesidad de hacer. Segundo, existencia de un liderazgo horizontal decidido a elaborar una estrategia consensuada e inteligente para impulsar la resistencia. Tercero, centrarse en la problemática de la realidad cubana y sin esperar por la ayuda de salvadores extranjeros y actuar sin someterse a las directivas de los grupos del exilio, todos de corte derechista, republicanos y trumpistas. No resulta fácil pero no es del todo imposible, solo se requiere decisión y empeño, sin precipitaciones, pero también sin titubeos.

Cuando el movimiento de resistencia estalle y enfrente a los represores, entonces sí y solo sí será bienvenida el auxilio de la comunidad internacional y las sanciones económicas y diplomáticas multinacionales para aislar y ahogar al régimen de opresión.