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domingo, 2 de junio de 2019

LA OTRA CARA DE UN HOSPITAL


Amarilis Cortina Rey



Aquello que eufemísticamente el castrismo denominó “Potencia Médica” tras el desastre del campo del socialismo real quedó convertida en una trágica máscara teatral, Amarilis Cortina Rey, en este artículo de agosto de 1999 expuso la realidad de lo que fuera la frustrada Potencia Médica”, y todo esto agravado con la exportación de galenos cubanos a otros países como si fueran mercancías con las cuales el gobierno castrista trata de lucrar.

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Uno de los problemas más graves que afecta al cubano de hoy es enfermarse. La falta de medicamentos y la predisposición del personal médico y paramédico debido a las dificultades de todo tipo que deben enfrentar a diario, hacen que la persona enferma sufra doblemente las consecuencias de su estado.

Si bien es cierto que muchos galenos hacen un esfuerzo sobrehumano para atender a sus pacientes, también es cierto que en ocasiones se encuentran extenuados y deprimidos, debido a la falta de condiciones, tanto en su vida profesional como personal.

La imposibilidad de contar con los medicamentos adecuados en el momento en que se necesitan crea una relación insegura entre el paciente y el médico.
En ocasiones, el médico expresa: "Aquí no tenemos nada que mandarte. Mira a ver si por la calle lo puedes comprar".

Se ha hecho común que los medicamentos inexistentes, o "en falta", en la red comercial del Ministerio de Salud Pública se puedan adquirir a mayor precio de personas que se dedican a este negocio.

Sería imposible explicar que, en una ciudad que tiene una posta médica en cada cuadra, a veces resulte prácticamente una hazaña encontrar un médico que pueda tomar una presión arterial o una enfermera que pueda poner una inyección, debido a la carencia de equipos.

La ausencia de agua en muchos hospitales, así como el deterioro de las instalaciones debido a la falta de mantenimiento ofrecen un aspecto muy desagradable a quienes tienen que acudir a ellos.

Los médicos cubanos se caracterizan por su dedicación y solidaridad. Según el periódico Granma, son varios los países donde estos galenos ayudan a salvar vidas humanas en condiciones excepcionales. Pueden hasta curar enfermedades como una malaria avanzada gracias a medicamentos llevados de Cuba, según el propio rotativo.

Todos sentimos admiración por tales gestos, pero es necesario que no olviden al cubano del patio, a ése que tiene que comprar una medicina o esperar dólares llegados del extranjero que le puedan servir para adquirir en su país el medicamento necesitado.

miércoles, 1 de noviembre de 2017

Pueblo virtual

Mario J. Viera. Cuba Voz



Reproduzco este artículo que redacté para Cubanet y que fuera publicado el 3 de mayo de 2000, ya hace 17 años, pero que en esencia no ha perdido actualidad.


LA HABANA, mayo - Vivo en un reparto muy populoso de La Habana. Hago fila ante la panadería. Me muevo a pie en la ciudad. Y normalmente viajo en ómnibus y camellos. No es de extrañar que por tales razones tenga necesariamente contacto con la población. Aquí y allá hablo con la gente o, menos activamente, les escucho conversar. Lo que se llama pueblo constantemente me rodea, choca y se comunica conmigo en las calles, en alguna tienda o en la Iglesia a la que, de cuando en vez, concurro. Sin embargo, en medio del pueblo no logro encontrar a ese pueblo del que cons-tan-te-men-te hablan Castro, los personeros del PCC y el clamoroso Hassán Pérez y el bien alimentado Otto Rivero, los dos eminentes prototipos de la actual joven generación de "revolucionarios".

Este pueblo unido a la "revolución" (así, con minúsculas y entre comillas), ese pueblo que junto a los trabajadores "libra una gran batalla para salvar su revolución sin hacer una sola concesión de principios ni perder una sola de sus conquistas fundamentales", para citar palabras tomadas de la Convocatoria al XVIII Congreso de la CTC (Central de Trabajadores de Cuba) ¿o será mejor decir Ministerio de Gobierno para el Control de los Trabajadores Cubanos? Ese pueblo, en fin, no lo encuentro ni en la fila del pan ni en las calles, comercios o camellos. Y no obstante, parece que existe, pero sólo como masa reunida en tribuna abierta, en marchas llamadas "combatientes" frente a la sede de la Sección de Intereses de Estados Unidos o sudando copiosamente durante el espectáculo carnavalesco del desfile por el primero de mayo.

Aparece fugazmente en esas ocasiones. Luego da la impresión de que se volatiliza y que se desvanece para luego reaparecer en el cuerpo de un individuo determinado, aislado, único, en alguna cuadra, vociferando consignas, rechazando con intolerancia cualquier idea que no se avenga con los eslóganes que tan exuberantemente brotan del venero ideológico del Comité Central y al que el resto de los vecinos de la cuadra lo miran como si se tratara de un extraterrestre o como un anacronismo, o mejor: como si fuera un revivido y peligroso dinosaurio.

Yo no encuentro en ninguna parte ese pueblo de "patria o muerte", de "socialismo hasta el patíbulo", de "comandante en jefe ordene", y a pesar de ello se le ve por la televisión, se le lee en los periódicos. El pueblo de la unidad en torno al Partido Comunista, a la CTC, a la FMC, que nuclea en el CDR, que se paramilitariza en las Milicias de Tropas Territoriales (MTT), existe y al mismo tiempo no existe. Es sólo una construcción virtual, una elaboración retórica, una licencia literaria.

Y esto tiene que ser de este modo porque tomando individualmente a muchos de los que forman masa en una tribuna abierta y se les escucha opinar fuera del alcance del oído del responsable de vigilancia del CDR lo que sustentan es todo lo contrario de lo que parecía que apoyaban durante la última tribuna abierta, porque te dicen que fueron llevados por el centro de trabajo o por la escuela a la que asisten porque hay que asegurar el ingreso a la Universidad o porque "tengo mi 'bisnes' y no lo voy a chivar".

Hace apenas unos días conversaba con el hijo de un amigo en su casa. Tiene 28 años, administra una tienda de víveres. Un tío suyo y su hermano mayor residen en Estados Unidos luego de ganar el concurso de visas que organiza ese país. El joven me confesó que el mayor anhelo de su vida es emigrar hacia Estados Unidos. "Aquí no hay futuro", me declaró, y luego afirmó: "Detesto este sistema, ya casi no soporto la hipocresía que tengo que vivir". Pero como vive todavía en Cuba y administra un comercio "del que saco para vivir", no le queda más remedio que demostrar fidelidad, y por esa razón milita en el CDR, en las MTT y es miembro de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC).


Entonces uno enciende el televisor y los ve desfilando frente al monumento a José Martí en la plaza que un día se llamó "cívica", y que un tirano construyera para que sin habérselo propuesto le sirviera de escenario de primera mano a los espectáculos políticos de aquél que habría de derrocarlo. Y cuando se ve a esa gran muchedumbre, a ese pueblo virtual, portando pancartas y telas y banderitas, uno tiene que preguntarse: ¿dónde diablos se esconde ese pueblo dentro de la ciudad que por más que se le busque uno nunca puede encontrarlo?

martes, 8 de septiembre de 2015

Transición hacia la transición

Mario J. Viera

El profesor Fernando Mires[1], ha creído ver que, tras la reanudación de las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba, junto al proceso “reformista” iniciado por Raúl Castro, y con el fin del mito de la revolución castrista, tal vez en Cuba está comenzando  una “transición hacia la transición”. No comparto tal opinión, aunque ciertamente hay que reconocer que el gobierno de Cuba está en el preámbulo de una transición, pero no como fase primaria hacia la transición democrática, sino como la transición del totalitarismo del Estado comunista hacia el totalitarismo-capitalista-monopartidista con todo el poder concentrado en el Consejo de Estado y en el Buró Político del Partido Comunista.

En la nueva política de Estados Unidos hacia Cuba existe un propósito no muy claro, y evidentemente no se corresponde con lo que se ha argumentado para justificar el acercamiento a ese derelicto de la guerra fría que es el castrismo. No creo que se trate de una táctica política dirigida a enmendar el supuesto fracasado modelo de aislamiento y confrontación que por cinco décadas había mantenido Estados Unidos frente a los usurpadores del poder en Cuba. Tal vez el objetivo sea de carácter geopolítico dirigido a mejorar la imagen de los Estados Unidos ante los países de América Latina, con miras a debilitar la hegemonía del Alba en el subcontinente.

La democratización de Cuba no se producirá como consecuencia del restablecimiento de sus lazos diplomáticos con Estados Unidos, como no ha ocurrido en Arabia Saudí, ni en Viet Nam, ni mucho menos en China, países con los cuales Estados Unidos mantiene amplias relaciones diplomáticas. Venezuela, Nicaragua, Bolivia y Ecuador con vínculos diplomáticos con la potencia del Norte han emprendido un camino que les aproxima al totalitarismo y donde los derechos humanos son papel mojado.

Tal vez Obama quiera reeditar la argucia que Ulises utilizó en Troya con el propósito de hacer caer a la inconmovible Ilión. Si este es el objetivo oculto de Obama será un total fracaso, porque el régimen cubano no abrirá sus puertas para recibir ingenuamente al caballo de Troya y se mantendrá en su posición hegemónica y de control de toda la sociedad.

Coincido con Mires, al decir que “Raúl Castro, a diferencias de su hermano, pasará a la historia no como el fundador de un mito sino como quien puso punto final a la vigencia del mito fundacional. A partir de Raúl la revolución que derribó a Batista ha sido convertida en un simple hecho histórico, todo lo importante que se quiera, pero no más que eso”; y ciertamente si el mito que ha conformado la llamada revolución cubana desaparece, con él cambia, como causa y efecto, “el destino de la historia situada sobre ese mito”.

Sin embargo, Raúl Castro tiene sus propios planes. Su objetivo es garantizar la inamovilidad del régimen de poder fundado sobre el dominio del Partido Comunista y de las Fuerzas Armadas. A él no le interesa, o no está capacitado, para mantener el mito revolucionario. Él quiere garantizar la continuidad en el tiempo del régimen y salvar los intereses de sus colaboradores y los propios de su familia. Para lograr estos propósitos requiere, mal que le pese, mejorar sus relaciones con los Estados Unidos. Sin una apertura hacia el Potomac, el régimen comunista está condenado al colapso. Para sobrevivir se requiere un vuelco hacia el modelo chino; pero para ello necesita fatalmente de la inyección de los capitales de Wall Street; sin las inversiones del capital americano no hay posibilidades de implantar el sistema socio político chino en la isla.

El restablecimiento de relaciones diplomática, para los castristas es la antesala, el primer paso hacia su meta principal: el levantamiento del embargo comercial. Entonces se hace necesario quitarle fuego a la retórica “antimperialista” y moderar el discurso de “plaza sitiada”. De este modo, el mito fundacional se debilitará aún más, sacrificado ante la necesidad que impone el pragmatismo, frío y cruel.  

El destino previsible para Cuba a corto y mediano plazo es el mismo de la granja orwelliana. Si finalmente el embargo es levantado, el brioso corcel del capitalismo salvaje encontrará en Cuba un espléndido pastizal. Un sistema de mercado con licencia para actuar, siempre que no toque ni con el pétalo de un clavel el rostro rijoso del poder incompartible del Partido Comunista. Un paraíso para los inversionistas que no tendrán que confrontar reclamaciones sindicales, ni protestas, ni huelgas, donde los derechos laborales constituyen solo deberes para el trabajador y muchos serán los derechos para los empresarios, siempre y constreñido dentro de lo económico.

La prensa libre continuará amordazada; todos los poderes públicos controlados por el Consejo de Estado. Los órganos represivos del Ministerio del Interior contarán con más recursos financieros y tecnológicos para continuar haciendo lo que mejor saben hacer, espiar a la población y reprimir cualquier manifestación de protesta o cualquier opinión considerada no ortodoxa según los moldes ideológicos del castrismo. Mientras tanto Cuba seguirá siendo el burdel más barato del Caribe. Y las mejoras salariales no sobrepasarán los niveles que establecen los parámetros internacionales de la pobreza extrema. El gallo desplumado del estalinismo recibirá un poco más de maíz pero continuará siendo solo un gallo desplumado.

Un nuevo sistema socio político surgirá, de capitalismo salvaje, limitado solo a la esfera económica, de gobierno de un solo y hegemónico partido político y de totalitarismo rígido como sistema de gobierno. La transición hacia la democracia deberá todavía esperar tal vez por una tropical “Operación Walkiria” o por  una Plaza de Tahrir, o quizá por la aparición de algún Gorbachov criollo, todas estas, posibilidades de momento nada previsibles.

La verdadera oposición cubana, en medio de las actuales condiciones, tendrá que adecuarse al momento político y dar limitada importancia a las declaraciones teóricas y filosóficas, solo de interés mediático, para darle prioridad al activismo político, dirigido a crear la necesidad del cambio en las conciencias de la población, utilizando todos los medios que tenga a su disposición por muy limitados que sean, penetrando las secciones sindicales con activistas de la oposición; penetrando incluso los CDR y exponiendo las exigencias sociales dentro del marco de las asambleas de rendición de cuentas de los delegados de circunscripciones.


[1] Fernando Mires. El fin del mito de la revolución cubana. Blog POLIS. (30 de agosto de 2015)

domingo, 28 de diciembre de 2014

“Contra los yanquis estábamos mejor”

Carlos Alberto Montaner. BLOG DE MONTANER

La frase fue famosa en España: “Contra Franco vivíamos mejor”. La escuché y leí mil veces durante la transición española hacia la democracia. Me imagino que Raúl Castro debe haberla adaptado a la circunstancia cubana en medio de una mezcla de enojo y melancolía.

Son las consecuencias inesperadas de las victorias. El presidente Obama, en efecto, capituló, como deseaba La Habana. Se acogió, sin exigir contrapartidas, a la política del abrazo (engagement) y renunció a las medidas de “contención” (containment) hacia Cuba, típicas de la Guerra Fría.

Se comprometió, además, a restaurar totalmente las relaciones, pese a que el senado posiblemente no apruebe la designación de ningún embajador. Lo aseguró, amenazante, el senador Lindsey Graham. También tramitará el fin del embargo ante un Congreso republicano que probablemente ni siquiera acepte discutir la medida, como ya anunció el speaker John Boehner. Será una cadena de frustraciones.

El equívoco está fundado en lo que en inglés llaman wishful thinking o juicio basado en ilusiones. El sorpresivo anuncio de Obama y Raúl Castro era el inicio de un largo, complejo y deseado proceso de deshielo, y casi todos los factores afectados dieron por hecho que la reconciliación ya se había producido y, en consecuencia, la transición hacia la democracia había comenzado. La percepción ha sido de final de partida, no de comienzo.

Pura confusión. Los curas en La Habana, literalmente, echaron a volar las campanas de los templos anunciando la buena nueva, como hacían en tiempos de la colonia cuando se retiraban los piratas.

Miles de cubanos desempolvaron las banderitas y algunos se abrazaban en las calles llenos de felicidad. Para ellos, mágicamente, la miseria llegaba a su fin. La prosperidad estaba a la vuelta de la esquina.

Las cabezas más representativas de la oposición democrática, esperanzadas, se reunieron en la casa de Yoani Sánchez y, muy civilizadamente, fueron capaces de ponerse de acuerdo y demandar espacios para esa magullada sociedad civil que el país va pariendo trabajosamente al margen del corset totalitario impuesto por el Partido Comunista.

Las Damas de Blanco, flores en mano, como suelen hacer, recorrieron algunas calles cercanas a la parroquia donde se congregan pidiendo libertad. Esta vez no las aporrearon. Hubiera sido una flagrante contradicción con el espíritu de apertura subrepticiamente instalado en el país.  

Los representantes ante la OEA de los países latinoamericanos, reunidos en Washington, le dieron la bienvenida a la nueva etapa, pese a las objeciones de Bolivia, Venezuela y Nicaragua, secretamente impulsados por Cuba, que deseaban incluir una mención del embargo, moción rechazada por el resto de los países. Canadá, a cambio, se abstuvo de mencionar el tema de los Derechos Humanos, que hubiera sido como mentar la soga en la casa del ahorcado.

Raúl Castro, muy preocupado, despachó a su hija Mariela al extranjero, embajadora oficiosa del régimen, a explicar que el comunismo era el destino permanente de los cubanos, algo así como una enfermedad incurable y crónica. Nadie debía confundir el cambio de Washington con la postura inconmovible de La Habana. En la Cuba de Mariela Castro se podía cambiar de sexo, pero no de sistema. Ese ─ el sistema – ya había sido elegido por los cubanos hasta el fin de los tiempos.

El mismo Raúl Castro, como si fuera un mantra, lo repitió en la Asamblea Nacional del Poder Popular, un coro afinado de sicofantes que hace las veces de Parlamento. Reiteró que no había más dios que el colectivismo ni más profeta que Fidel Castro, y así sería para siempre. Al final, fieramente, gritó “patria o muerte”. Todos lo aplaudieron disciplinadamente, incluidos los cinco espías liberados.

¿Por qué tantas muestras de adhesión incondicional a una vieja y desacreditada dictadura, próxima a iniciar su 57 aniversario? Precisamente, porque Raúl no ignora el peso de las autoprofecías que, a fuerza de repetición, acaban por cumplirse. Misterios del caprichoso mundillo de las percepciones.

Especialmente en un país en el que casi nadie cree en los presupuestos teóricos del sistema. Todos saben que el marxismo leninismo fracasó rotundamente y la nación se está cayendo a pedazos. Nadie desconoce que las reformas de Raúl, los cacareados “lineamientos”, ni han dado ni darán resultados.

A estas alturas, la mayor parte de los cubanos, como los soviéticos en la etapa final de Mijail Gorbachov, están convencidos de que el sistema no es reformable y hay que reemplazarlo.


En ese desesperado punto de la historia. Obama, por las razones equivocadas, toca la trompeta y todos piensan que es una señal de los cielos y que ha llegado la hora. Menos Raúl, Mariela y el resto de la sagrada familia, que, desesperados, salen a desmentirlo, pero nadie los cree. La percepción es más poderosa.

martes, 5 de noviembre de 2013

Elecciones libres y sin partido único


Juan González Febles. CUBA ACTUALIDAD (PD)

Habaneros votando en 1944
En 1948 tuvieron lugar en Cuba las últimas elecciones en las que el pueblo cubano eligió directamente a su presidente.

Han pasado sesenta y cinco años de aquel momento y han crecido varias generaciones de cubanos que no tienen idea de que es efectivamente elegir a un presidente que cumpla con un periodo y se marche para dar paso a otro mandatario.

La buena noticia es que un concepto tan elemental y palmariamente sencillo como la elección directa del presidente asciende desde las barbacoas, villas miseria y espacios marginales, como por arte de magia. Desde la entraña popular un consenso se corporiza y este consenso afirma que "esta gente", como llama el pueblo al partido-gobierno en el poder por imposición vitalicia, nunca hará cosa alguna que le beneficie y que ya es hora de salir de ellos.

La mejor entre las noticias es que son jóvenes muy lastimados moral y emocionalmente los portadores principales del nuevo discurso.

Por el momento, el miedo juega con éxito la partida. Pero hasta para el miedo, hoy aparecen fisuras. Quienes más han hecho por acentuarlas han sido las Damas de Blanco con sus gladiolos libertarios. Cada marcha dominical acelera el fin de un miedo sembrado desde hace más de cinco décadas. El centenar y más o menos personas que cada domingo demandan libertad –solo en la capital- y los que se suman cada domingo a lo largo de toda la Isla, erosionan el miedo y lo han convertido de un sentimiento compartido a otro vergonzoso y reprobable. Ya crece entre los hombres un sentimiento de vergüenza por sentir miedo. ¡Esta es una buena noticia!

Otra cosa que se destiñó definitivamente de la 'fe pública' es que alguien crea que los sindicatos oficiales responden o responderán a las aspiraciones reales de sus afiliados. Esto es algo que perdió toda la poca credibilidad que algún día tuvo, si es que la tuvo efectivamente. Los últimos choques con los inversionistas privados –mal llamados cuentapropistas- han marcado una diferencia y el resultado es lamentablemente irreversible. El pueblo de Cuba dejó de creer definitivamente en esta gente y sin decirlo de forma explícita, todos se vuelven irreversiblemente anti castristas.

Difícil es la reconciliación con quien esconde un palo para golpearte y se apresta a participar en el mitin de repudio en tu contra. ¿Cómo perdonar a quien no pide ni concede perdones? ¿Cómo, con nuestra deficiente educación machista, sería posible mirar en condición de igualdad al esbirro que golpea mujeres?

El gobierno militar del actual general-presidente defraudó al imaginario popular cubano. Aunque hayan logrado emputecer a la Isla, no lo lograron con todos los cubanos. Ni siquiera entre los militares, puede decirse que todos están en condición y disposición de golpear mujeres u opositores pacíficos desarmados.

La mejor de todas las noticias es que desde la más profunda entraña popular de la marginalidad y la miseria, el discurso popular aspira a elegir a un presidente y rechaza la exclusión y el privilegio impuestos por 'esta gente'. Lo mejor entre todo lo nuevo es que el sentimiento compartido ya oscila entre salir de Cuba o salir de 'esta gente'.

El doble discurso que alienta desde los medios controlados por el gobierno, manifestaciones fuera de Cuba, ya sea en Madrid, New York o Atenas, alienta dudas y estimula exigencias. Si por allá está bien salir a la calle a protestar, ¿por qué aquí no? La respuesta que flota en el ambiente, duele. Se acaban los paliativos y las medias verdades. El pueblo comenzó a confrontar el miedo y a reconocer nuevas identidades y necesidades. ¡Que para bien sea!

jueves, 17 de octubre de 2013

Los bravucones de barrios marginales en La Habana


Iván García. DIARIO LAS AMERICAS.

Los guapos de barrio. Foto DLA
Hay una nueva estirpe de guapo cubano que pulula actualmente en los barrios marginales de La Habana: los bravucones baratos. La edad: entre 14 y 30 años, no más. Suelen utilizar jeans y pulóvers ceñidos al cuerpo.

Recurren a cortes de cabellos extravagantes. El yonqui, la cresta de gallo, el estilo mohicano y demasiado gel en el pelo. Gafas onda retro. Zapatillas Puma, Nike o Reebok de corte bajo con puntera afilada.

Suelen vivir en auténticos antros. Edificios superpoblados en peligro de derrumbe. Solares donde las riñas son un estilo de vida. Familias rotas. Padres desconocidos. Y desde la adolescencia la cárcel es su segunda casa.

Comen poco y mal. Beben mucho. Ron pendenciero y cerveza de quinta categoría. Tragan píldoras a granel. Anfetaminas, sedantes o cualquier otro medicamento que les "cambie el cuerpo".

Cuando tienen dinero lo despilfarran en discotecas, “matadoras de jugadas” (prostitutas baratas) y, por supuesto, drogas. Según el bolsillo, en cualquier cuartería de la zona vieja de La Habana compran un gramo de melca a 70 pesos convertibles (cuc).

También marihuana. Criolla a 20 pesos el porro o una yerba que se vende como “yuma” a cinco cuc. Luego hacen un “bazuco”, espolvoreando un poco de “polvo” en la traza del cigarrillo.

Y se “vuelan”. Es su manera de evadirse. El futuro para un marginal de arrabal es algo abstracto. Viven del invento. Delinquiendo.

Navaja en mano se dedican a asaltar transeúntes, arrancar una cadena de oro a alguna señora desprevenida o con violencia quitarle una camiseta del Barça a un chico recién salido de la discoteca.

Les encanta el reguetón. Enrolarse en la religión abakuá. Labrarse una historia de tipo duro, repartiendo bofetones y así darse a conocer en el bajo mundo capitalino. Los problemas entre ellos se resuelven a tiros o a punta de machete.

Entre los guapos no se aceptan homosexuales. Aunque no pocos son sodomitas consuetudinarios cuando están tras las rejas. La mayoría son jóvenes negros o mestizos.

Dentro del “ambiente”, se ve con buenos ojos tener varias “jebitas”. Ser machista es un cuño. Su filosofía de vida es simple. Fiestas, todas las que puedan. Para ellos la calle es una jungla, donde los más fuertes y audaces se imponen.

La política ni les va ni les viene. Se consideran los olvidados de siempre. Con o sin democracia, creen que nunca tendrán un espacio dentro de la sociedad. Su meta es sobrevivir. Como se pueda. Y a su manera.

lunes, 23 de septiembre de 2013

Edmundo y Robertico: El oportunista y el oportuno


Miriam Celaya. CUBANET

Edmundo Garcia: el oportunista
Edmundo García, acérrimo defensor y soldado extraterritorial de la dictadura cubana,  conduce en Miami – ¡nada menos que en Miami! – un programa de radio que constituye una extensión de la Mesa Redonda. Sus denuestos contra el imperialismo y contra los “contrarrevolucionarios anticubanos”, así como sus rendidas loas al castrismo, son la demostración más fehaciente de que el inefable Edmundo goza de las oportunidades que la libertad de expresión propia de un país democrático le permiten, las que no disfrutamos los opositores pacíficos en Cuba, porque el régimen que tanto él defiende nos las niega.

Edmundo desbarra públicamente contra los críticos del castrismo, visita la Isla para solazarse en restaurantes e instalaciones turísticas en las que la mayoría de sus “compatriotas” no tienen la posibilidad de asomar siquiera la nariz y, tan fresco como una lechuga, se pasea por aquellas norteñas y estas sureñas calles sin ser detenido o reprimido, lo cual –dicho sea de paso– me parece muy bien.

Muchos cubanos se preguntan qué razones impulsarían al señor García a marcharse de su país natal, donde ─ a juzgar por sus propias declaraciones ─ rigen el sistema más justo del mundo y el gobierno que cualquier nación democrática envidiaría, para instalarse justamente en la nación más infernal e imperfecta del planeta donde, para más señas, campean rampantes los terroristas y gobiernan los peores enemigos de la Humanidad y de Cuba. Pero esto parece ser un misterio que solo podrían develar el propio bilioso alabardero y – por supuesto – el gobierno cubano. Mientras, Edmundo continúa predicando en calzoncillos, porque él es la viva encarnación del oportunista.

Robertico Carcassés: el Oportuno
Es por eso que se proyecta en otros y califica de “desafortunada”, “oportunista” e “irrespetuosa” la actuación del artista Robertico Carcassés en la recientemente celebrada gala por la liberación de los espías cubanos que cumplen largas condenas en EE.UU. En la improvisación, Carcassés declaró sus deseos de tener libre acceso a la información, del fin del bloqueo y del auto-bloqueo, de poder elegir al presidente de manera directa (“y no por otra vía”) y pidió “libertad para los cinco y también para María”, lanzando también una frase altamente radiactiva en Cuba: “ni militantes, ni disidentes, cubanos todos con los mismos derechos”.

La audacia del artista consiste no solo en el hecho de haber expresado públicamente los deseos de la inmensa mayoría de los cubanos, sin que ello signifique pertenencia al sector opositor o constituya alguna trasgresión de la legalidad – todo un flagrante desafío a las autoridades de la Isla –, sino en haberlo hecho precisamente en el Protestódromo, frente a la SINA, el escenario castrista-antimperialista por antonomasia, y en el marco de una “actividad” convocada con antelación y con gran fanfarria por los medios oficiales, en la que supuestamente todo el elenco debería responder con fidelidad absoluta a las directrices de la cúpula gobernante.

Y, por supuesto que Robertico Carcassés no fue por ello un oportunista. Muy por el contrario, fue maravillosamente oportuno. Tanto, que – con independencia de que en algún futuro mediato los testaferros del régimen, haciendo uso de sus habituales recursos de convencimiento ideológico, lograran que se desdiga públicamente – sus (nuestras) verdades, grandes como templos, ya fueron dichas. Más aún: es la primera vez que tanta esperanza contenida y tantos anhelos compartidos por millones de cubanos son dichos de viva voz y tan claramente en un escenario oficial. Y esto es lo más peligroso para los dueños de Edmundo García. Si la oposición hubiese tenido el micrófono, no lo hubiese hecho mejor.

Porque, y he aquí lo que debe ser una lección para todos, nada resulta tan impactante y efectivo como expresar sencilla y llanamente las esperanzas de toda una nación, no desde el encendido discurso patriotero o desde los sectores de la oposición – tan demonizados y temidos por el gobierno como poco conocidos por la sociedad –, sin menoscabo del derecho que a éstos les asiste, sino desde la valentía y la vergüenza de un individuo no sujeto a compromisos ideológicos. Eso es honestidad, todo lo contrario del oportunismo. Nos hacen falta en Cuba muchos  Robertico Carcassés, con o sin micrófonos.

Por unos breves minutos, este artista demostró, quizás sin proponérselo, que las calles, las plazas, las tribunas y los micrófonos no son “de los revolucionarios”, sino de los cubanos. Si solo para eso hubiera valido su audacia, realmente mereció la pena. ¡Bendita sea su manera de aprovechar la oportunidad! Por el regalo de esos instantes de libertad pública ejercida desde los medios oficiales habría que dar las gracias al joven Carcassés, de todo corazón.

viernes, 16 de agosto de 2013

En La Habana el Diablo anda suelto


Reinaldo Emilio Cosano Alén. CUBANET

Yoandry Acosta Torres, de veinticuatro años está grave en el Hospital Naval. Fue atacado por cinco individuos de Guanabo, población al este de La Habana donde vive. Yoandry labora como custodio en la fábrica Ceseta en Guanabo y reside cerca, en Campo Florido.

Alrededor de las 11:30 PM del 30 de julio Yoandry acompañó al policlínico a Dáluam Cabrera, compañero de trabajo quien se cayó, sangraba y clavícula partida. En el centro asistencial presenta hipoglucemia y presión arterial baja. El médico recomienda beber refresco de cola. Yoandry va a comprarlo a un bar cerca. Regresó minutos después, pero no por sus pies. Inconsciente, gravemente herido víctima de una agresión a patadas, cuchillazos.

Al sacar el dinero del bolsillo se le cayó una moneda de diez centavos. Uno de los provocadores pone el pie encima. Yoandry quiso recogerla. Por respuesta ofensas, empujones. Controla a un atacante pero no puede contra todos, muy  violentos. Cae, recibe  patadas y heridas profundas. Los atacantes huyen. La policía los detiene”, cuenta Rigoberto Sobrado Ramos, de Campo Florido, amigo de Yoandry y Dáluam.

No hubo ofensa de Yoandry, tampoco vieja enemistad, rencilla, deudas, diferencias laborales. No se conocían. ¿Qué originó el ataque? ¡Nada! ¡Aparentemente nada!

Cuenta Horacio Marrero, residente en el barrio capitalino Puentes Grandes: “Dos delincuentes recientemente amarraron y asesinaron en su vivienda a un anciano de este barrio. Suponían que tenía mucho dinero, que no pudieron encontrar porque el jubilado malvivía de su pobre pensión, completada con propinas de vecinos a quienes servía como mensajero”.

Frente a la gravedad, tipos de delitos, violencia, robos, ilegalidades, fraudes incluso académicos, el  gobierno se ha visto precisado a denunciar el extendido problema, eufemísticamente calificado de Indisciplinas Sociales.

Raúl Castro dijo ante la Asamblea Nacional el 7 de julio: “Graves grietas de carácter familiar y escolar en que la participación de padres y maestros contribuye a resquebrajar la educación de niños y adolescentes, pues el hogar y la escuela son las principales fuentes de formación del individuo en función de la sociedad […] No debemos restringirnos a debatir con toda crudeza la realidad si lo que nos motiva es el más firme propósito de rebasar el ambiente de indisciplina que se ha arraigado en nuestra sociedad y ocasiona daños morales y materiales nada despreciables”.

¿Grietas en el Paraíso?

Se creyó que Cuba era el Paraíso terrenal. A partir de 1959 se eliminaron casinos, máquinas de juego, lotería, vallas y peleas de gallos, casas de cita. La prensa exaltó a bisoños soldados matrimoniados con ex prostitutas.  Toda alusión de crónica roja fue suprimida. Detrás del Suceso, sección de la revista Bohemia y el programa radial La Guantanamera, que informaban y aleccionaban se eliminaron siguiendo el apotegma que contar crímenes era incitar a cometerlos.

Hechos de sangre y accidentes que aún la prensa oficialista, medio siglo después, generalmente oculta.

El nicho eliminado ocultado ─  lo ocupó la violencia política. Lenguaje incendiario, insultante contra reales o supuestos enemigos. Aparecen los comités de vigilancia. Desenfrenados excesos contrarios a las buenas normas. Mal gusto al hablar, chabacano. Cultura de la mala palabra, del ron. Apabullada la Iglesia, silenciada. Politización de la Enseñanza. Tradiciones patrias eliminadas del calendario o trastrocadas. Deslave de las buenas costumbres. Declive de la educación.    Borrosas fronteras entre la violencia y la decencia, respeto al prójimo, edad, categoría social.

Los apáticos al régimen reciben los peores calificativos y persecución, que no cesan. Demeritar tildándolos de gusanos, lacayos del imperialismo, escoria social, vendepatria. Nación sajada.

¿Qué pasa?

¿Se mata por diez centavos? El clima de violencia, pesado vaho envuelve la isla. Como tempestad, con razón, sin ninguna razón, se forma en cualquier momento y lugar. Rayos impredecibles que nadie imagina dónde o sobre quien caerán.

La violencia acecha al comprar una coca cola, viajar en ómnibus, caminar por calles, campos, solazarse en parque, discoteca, fiesta pública, carnaval. En prisiones. Entre conductores de vehículos, vecinos, colegas de trabajo, escuela, becarios, niños, adolescentes, hombres, mujeres, jóvenes, ancianos. Violencia intrafamiliar. Violación sexual, de domicilios, de la propiedad, de la privacidad ciudadana. Fraudes de todo tipo, cohecho a todos los niveles.

Si Yoandry se salva, ¿en qué condiciones físicas y mentales quedará? Cualquier cubano puede ser Yoandry o el anciano asesinado. La violencia no tiene rostro, campea por todas partes. El diablo anda suelto, dice el refrán. ¿Quién lo amarra?

jueves, 15 de agosto de 2013

Juicios públicos, un mensaje claro a la ciudadanía


Alejandro Tur Valladares. CUBANET

Escena de juicio en la calle. Foto de Alejandro Tur
Como si de una novela seriada se tratase, los Juicios Públicos en la ciudad de Cienfuegos acaban de editar lo que pudiéramos decir su tercera temporada, cuando el pasado 6 de agosto dos ciudadanos fueron procesados y condenados en uno de estos aquelarres, por haber apedreado un ómnibus de pasajeros, teniendo como anfiteatro la populosa avenida Calzada de Dolores.

La práctica de sancionar a presuntos quebrantadores de la ley  fuera del salón del tribunal no es nueva, se remonta al inicio del gobierno comunista a fínales de los años cincuenta, cuando elementos vinculados al aparato represivo de la dictadura batistiana, primero, y opositores políticos emanados de las filas del Ejército Rebelde o de organizaciones afines al 26 de Julio,  después, eran presentados en plazas públicas para que la masa enardecida les gritase, frenética: “Paredón, Paredón”, sin que contasen con las más elementales garantías procesales. La verdad que esto poco importaba y poco importa ahora, pues el cometido principal de estos procesos es ayudar a instaurar el terror revolucionario sobre determinado sector poblacional, no el  de impartir justicia.

Durante la década de los años 90, la herramienta represiva fue desenfundada nuevamente, esta vez buscaba acallar el disenso popular que crecía  a raíz del hambre, los desabastecimientos extremos y los inacabables apagones que oscurecían la isla de un extremo a otro durante lo que ha sido conocido como “Periodo Especial”. Decenas de individuos que buscando un desahogo la emprendieron a pedradas contra vidrieras de comercios, ómnibus de pasajeros o que simplemente causaron daño a la telefonía pública, fueron expuestos como animales de feria ante un público ahora menos efusivo y comprometido con el poder, que se limitó a mirar callado sin atreverse a enunciar su desacuerdo con la forma en que se ejecutaba el proceso.

El juicio que acaba de concluir se enmarca en la nueva campaña gubernamental llamada a combatir las indisciplinas sociales, cuyo tiro de arrancada fue dado tras el discurso de Raúl Castro el pasado 26 de Julio. Desde entonces, se observa un marcado interés por revivir viejos métodos de coacción social dirigidos a embalsar las aguas, ya no solo del legítimo descontento, sobre todo de comportamientos francamente antisociales que están en alza dada la pérdida de valores que aquejan nuestra sociedad,  y en esta estrategia,  los Juicios Públicos, juegan un rol fundamental según consideran  ideólogos del castrismo.

No trato aquí de justificar comportamientos malsanos como dañar un ómnibus, a todas luces un bien social, máxime si quienes lo ejecutan poseen un amplio record delictivo y confiesan haber actuado motivados por el consumo del alcohol y al calor de una riña. Se trata de comprender que la justicia debe tener como prioridad la reeducación  social del individuo, en última instancia, aislarle de la colectividad a la que causa perjuicio, sin que esto suponga, como carga adicional, el asesinato moral de quien delinque.

En definitiva, si lo pensamos detenidamente veremos que esta distorsionada forma de impartir justicia supone algo más que una denigrante modalidad de enjuiciamiento. No se trata tan solo de que las garantías procesales del incriminado sean endebles, o que la celebración en plena vía pública ante centenares de transeúntes implique una pena adicional fuera del marco sancionador que estipulan las leyes, por el costo moral que infringe al procesado, o que aun antes de ser juzgados, la presunción de inocencia sea echada al cesto de la basura, pues no conozco ninguna experiencia similar en que los implicados hayan sido declarados inocentes; de lo que se trata en realidad es enviar un mensaje que se oiga claro y fuerte dentro de la sociedad, para que entienda el costo que puede acarrearle cualquier intento por quebrantar el orden socialista. Este tratamiento será dado  lo mismo al que delinque por vocación, que quien lo hace por necesidad; al sujeto descontento que rompe una vidriera o pone un cartel disidente como acto único de desahogo, que al opositor político que desobedece leyes sistemáticamente por considerar que violan derechos reconocidos universalmente.

Así lo entiende la población. No por casualidad uno de los presentes en el lugar me comentó disgustado: “Esto nos lo hacen a los muertos de hambre. ¿Por qué no hicieron un juicio similar a los corruptos de Felipe Pérez Roque o Carlos Lage? ¿Por qué cuando un primer secretario del partido es expulsado de su puesto por robar no se le da igual tratamiento?”.

Los abogados hicieron su mayor énfasis tratando de demostrar el carácter “revolucionario” de sus defendidos, en pedir clemencia pues estaban afiliados a los CDR y pagaban su cotización.

Se contentaron con remitir sus esfuerzos al intento por ganar el favor de la “magnánima justicia revolucionaria”. Nada de defensa brillante o de alegatos suspicaces. Todo siguiendo un guion preestablecido. Los acusados antes de transitar por aquella avenida para tener su cita con la doncella ciega de la balanza justiciera ya se sabían condenados.

miércoles, 14 de agosto de 2013

¿Cuándo perdimos la brújula?


David Samaniego Torres. EL UNIVERSO

Cristina García Rodero: Caminos de lluvia, Cuba 2007. Centro de Arte Alcobendas
Leí hace unos días las declaraciones de Raúl Castro Ruz, presidente de los Consejos de Estado y de Ministros de Cuba; estas son sus palabras: “Hemos percibido con dolor, a lo largo de más de 20 años de periodo especial, el acrecentado deterioro de valores morales y cívicos, como la honestidad, la decencia, la vergüenza, el decoro, la honradez y la sensibilidad ante los problemas de los demás. Así, una parte de la sociedad ha pasado a ver normal el robo al Estado. Se propagaron con relativa impunidad las construcciones ilegales, la ocupación no autorizada de viviendas, la comercialización ilícita de bienes y servicios, el incumplimiento de los horarios en los centros laborales, el acaparamiento de productos deficitarios y su reventa a precios superiores, la participación en juegos al margen de la ley, la aceptación de sobornos y prebendas, el asedio al turista” (Sin tapujos, Eugenio Lloret O, El Tiempo, Cuenca, 01-08-2013).

-El camino hacia el buen vivir, en toda sociedad que se precie, se construye desde una sólida base de resoluciones de la colectividad que, en uso de sus derechos, prefiere ciertos principios y lineamientos a otros. Una vez encontrado ese ‘código’ –término significativo de fácil comprensión– los responsables de la conducción de una sociedad, están obligados a hacer uso de las mejores estrategias para que dicho ‘código’ se haga realidad y que verdaderamente conduzca al buen vivir. Cuando esto no sucede es imperioso volver a las fuentes y orígenes de la comunidad y reafirmar o reformar los principios y valores en vigencia.

-Un gobernante tiene en sus manos una misión de enorme trascendencia: sus aciertos pueden producir paz, felicidad y progreso; sus desaciertos pueden conducir a la disolución, a la pérdida de horizontes, a la destrucción. Conducir un país anclado en aplausos, buenos deseos, lisonjas, obras materiales, mayorías irrefutables, sueños y algo más, no es, necesariamente, presagio de progreso y buen vivir.

-Aquí calzan como anillo al dedo las declaraciones de Raúl Castro, arriba mencionadas. Los regímenes totalitarios suelen ocultar falencias y sobredimensionar aciertos. Esta vez el hermano de Fidel, Raúl, toma al toro por los cuernos y destapa a sus compatriotas, a los militantes de su partido y al mundo una epidemia moral de graves consecuencias que azota al pueblo cubano. Él no se explica cuándo ni cómo se originó el flagelo, pero sabe que la descomposición moral, en diversos estratos de la vida social y personal, es una lacra que debe borrarse porque ennegrece los anhelos de la revolución.

-Dicen que la conciencia humana es testigo, fiscal y juez de sus propios comportamientos. Si la conciencia carece de un patrón que se apegue a los valores que la humanidad los ha decantado y etiquetado a lo largo de los milenios tras probar su bondad, entonces bien puede darse un caminar hacia el vacío, carentes de brújula y de un destino. ¿Conservamos aún la brújula?

 

Un derecho no es lo que alguien te debe dar. Un derecho es lo que nadie te debe quitar

(A. E. Roosevelt).

martes, 13 de agosto de 2013

Feneciendo en lo vivido


Mario J. Viera.

Aunque no le considero con la grandiosidad que le confiere el oficialismo en Cuba, a ratos leo a Luis Sexto, premio nacional José Martí de periodismo que le confirieran aquellos que del periodismo han hecho un folletín de propaganda y un manual de acríticas opiniones. Su estilo muchas veces ampuloso; en ocasiones oscuro, no carece, en general de elegancia y virtud, véase como ejemplo algunos de sus artículos como Mis límites,  Entre las sombras, ¿Oficio o profesión? y Apostillas ingenuas sobre un manager y un periodista.

Cuando leo lo que entrelíneas expresa en muchos de sus artículos se me ocurre ver que hay dos Luis Sexto; el primero, el público, ese que escribe elogios al sistema castrista; el segundo, el privado, el que se esconde en su intimidad y parece dudar de lo que asegura ser una de sus creencias: “Entre mis creencias ─ dijo de sí mismo en una ocasión ─ milita la fe en la obra que defienden mi patria y mi pueblo. Es lo que más conozco”. Valga como ejemplo sus artículos: Diatriba contra los lugares comunes,  Entre lo audaz y lo pusilánime  o lo por él argumentado en el Dossier de Espacio Laical Propuestas para una refundación de la prensa cubana.

Como quiera que sea, de vez en vez leo lo que escribe para el oficialista Juventud Rebelde, que de rebelde nada tiene y de juventud solo el nombre. Lo último que he leído de Sexto es su reciente artículo aparecido en el libelo castrista bajo el título de  Vida en lo vivido, un artículo que por su estilo de redacción, oscuro y críptico para tratar un asunto corriente me coloca en la duda de si Sexto lo escribió de motu proprio o si lo hizo por encargo. El tema: lo referido por Raúl Castro en la Primera Sesión Ordinaria de la VIII Legislatura de la Asamblea Nacional del Poder Popular, el 7 de julio de 2013, discurso que podría titularse como “Palabras sobre el orden, la disciplina y la exigencia” dicho desde las perspectivas de un gobierno que ha sido la causa eficiente de las malas conductas y actitudes presentes en la sociedad cubana ahora “descubiertas” y denunciadas por el presidente-general.

Castro, el pequeño, adelantando una justificación para el fracaso de sus denominadas “reformas” dirigidas a la actualización del obsoleto régimen político-social que el azar le hizo dirigir, descarga sobre la población y sobre funcionarios del aparato burocrático la culpa de ese previsible fracaso. Si los lineamientos no llegaran a cumplirse será por la mala actitud presente en la sociedad caracterizada por “el acrecentado deterioro de valores morales y cívicos, como la honestidad, la decencia, la vergüenza, el decoro, la honradez y la sensibilidad ante los problemas de los demás”; porque “una parte de la sociedad ha pasado a ver normal el robo al Estado”; por la propagación de “las construcciones ilegales, además en lugares indebidos, la ocupación no autorizada de viviendas, la comercialización ilícita de bienes y servicios, el incumplimiento de los horarios en los centros laborales, el hurto y sacrificio ilegal de ganado”. Y conjuntamente a todo ello la manifestación de conductas, que dijo eran “propias de la marginalidad, como gritar a viva voz en plena calle, el uso indiscriminado de   palabras obscenas y la chabacanería al hablar…”

Luis Sexto se identifica con las críticas de Castro. El mal está ─ según esta concepción ─ en que “falta virtud en muchos de nosotros”, según afirmación de Sexto; y ya desde el primer párrafo de su artículo ─ haciendo referencia a las enseñanzas del presbítero Félix Varela ─ asevera: “No hay patria sin virtud”. Varela el que de acuerdo con el maestro José de la Luz Caballero fue el que primero enseñó a pensar a los cubanos es casi un nombre sin significado para cualquier escolar cubano que haya alcanzado el sexto grado de la enseñanza primaria que se rige por los patrones ideológicos del castrismo. ¡Ah, para Sexto no todo está perdido! ¿o está todo perdido? Desde el principio de su nacionalidad ─ considera ─ el cubano “no ha dado la espalda a la virtud como fundamento de nuestra historia” y luego se enreda en un guirigay de ideas diciendo: “Tenemos una autoimagen, y en términos utilizados por el poeta Roberto Manzano, si vivimos en un cuerpo espiritual con cuerpo geográfico de nación, es porque la patria se mantuvo apegada a la doctrina de sus precursores”.

Agrega entonces: “Más tarde, Martí (…) reavivó la virtud” a partir de la cultura “como medio y forma de ser libres de extraños y de la propia perversión”. Sin transición pasa a afirmar que el dictadorzuelo “identificó con exactitud las tablas carcomidas de nuestro piso moral y legal”. Entonces los cubanos ¿se han mantenido apegados a la doctrina de virtud de sus precursores o definitivamente algo ha ocurrido para que se haya descompuesto su “piso moral y legal” y despegado de la virtud histórica? Partamos de que sea cierto lo que asegura Sexto que “enumerar nuestros quebrantos desde la jefatura del Estado y del Gobierno, resulta más elocuente y preciso por abarcador que la percepción individual”, entonces hay que indagar ¿por qué esos quebrantos? ¿Cuál ha sido la causa que les ha propiciado? Ni Luis Sexto, ni, por supuesto, Raúl Castro nos dan respuestas a estos dos cuestionamientos. Simplemente, Sexto se apega “al criterio de que ese reconocimiento ─ el de Raúl Castro ─ sin almíbar compone un acicate para el optimismo (…) Peor hubiera sido si no hubiéramos oído la descripción de cuanto enrarece nuestro ambiente social”, dice conformándose con el rechazo a ciertas “teorías del descoco” que establecen que “las circunstancias materiales justifican la inmoralidad, la indisciplina, el descomprometimiento”.

Las circunstancias materiales, las circunstancias sociales e ideológicas, la carencia de futuro personal, la pobreza generalizada ─ Sexto la considera “tan poco absoluta de Cuba” ─ no justifican en realidad una actitud indecorosa; la miseria no justifica el ejercicio de la prostitución, el desempleo no justifica que se robe, es cierto; pero esas circunstancias son las causas propiciatorias de esas actitudes negativas, contrarias a la virtud. Sin entrar en lo esencial, en lo que un periodista tiene que profundizar, investigar, criticar, enjuiciar Luis Sexto solo se conforma con hacernos una autocrítica, “hemos de hallar ─ aconseja sin ir a la raíz de los males ─ irresponsabilidad y culpabilidad entre nosotros mismos, como seres conscientes de nuestros actos. Y también en instituciones donde, en los últimos 20 años, se cobijaron el deshonor, la indisciplina, la indiferencia, incluso la pusilanimidad. Y dejaron de actuar, y facilitaron, incluso con la vista gorda cómplice, obras y acciones negativas. Necesitan, pues, de una autocrítica que rescate y reanime su naturaleza de veladoras de la armonía y de la limpieza legal y moral”.

¿En qué mundo vegetaba Sexto? La corrupción en todas las instancias de Cuba bajo el castrismo no es un fenómeno de los últimos 20 años como él asegura; esa corrupción ha estado presente casi desde el mismo inicio del poder castrista. Algo que pierde de vista ─ o no quiere ver ─ Sexto, como las desigualdades sociales que se han ido pronunciando entre una casta elitista ─ formada por altos funcionarios gubernamentales, altos oficiales de las fuerzas armadas, altos funcionarios del Partido Comunista y sus correspondientes familiares más cercanos, gozando de privilegios y comodidades exclusivas ─ y la población.

Cuando un gobierno controla, domina todos los poderes del Estado; cuando tiene bajo su control toda la economía nacional se crea un enorme ejército de burócratas que se consideran inamovibles y poderosos, el resultado es la corrupción, la venta de influencias y de beneficios y, como cita Sexto, el deshonor, la indiferencia, incluso la pusilanimidad.

El desprecio a la propiedad privada genera el desprecio a toda propiedad incluida la del Estado. La educación bajo principios ideologizados que exalta la gesta revolucionaria y a sus personeros, genera la deformación moral y cívica de los educandos. El desabastecimiento de los bienes esenciales genera el egoísmo y la falta de solidaridad humana.

Hemos de insistir en la educación” afirma Luis Sexto olvidando que las condiciones existenciales son las que forman o deforman a los ciudadanos. Sin libertad individual no hay educación que forme ciudadanos. Sin una prensa libre no hay cultura política y cívica. Esto lo sabe muy bien Luis Sexto. Así en lugar de considerar que “la escuela tendrá que renunciar a impartir una historia para ser oída, y escenificar y dramatizar la historia para ser revivida y reasumida” debiera decidirse por el establecimiento de una sociedad abierta, donde el gobierno no se considere el hacedor de la historia, donde fluyan libremente las ideas, donde la economía no sea propiedad del gobierno sino ejercicio de la actividad privada, donde exista plena libertad de opinión y de expresión de las ideas. Entonces, cuando esto sea conseguido, Luis Sexto no me verá como enemigo suyo por pensar contrario a como piensa él, y yo pueda extenderle la mano amistosamente sin importar que él sea marxista y yo no crea en las falacias de Karl Marx.

Entonces, nosotros, el pueblo, no feneceremos en lo vivido y sí, podremos tener vida en lo vivido.