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martes, 19 de noviembre de 2019

SI VAMOS A HABLAR DE JESUS, PUES HABLEMOS DE JESUS


La Contradicción entre Religión y Política, a la luz del Cristianismo




Mario J. Viera

Muchos, en los tiempos que corren, son los cristeros que se empeñan en mezclar sus creencias fundamentalistas con el ejercicio del gobierno de un Estado. En apoyo de sus criterios ortodoxos buscan justificaciones en el Nuevo Testamento de la Biblia cristiana. Si nos atenemos a una adecuada hermenéutica de los textos del Nuevo Testamento, con la comparación del idioma en los que fueron redactados (el griego koiné o vulgar) y nos situamos en el momento histórico-cultural donde transcurre el relato, podemos adelantar un criterio más o menos ajustado a los propósitos que animaban a los evangelistas.

Podemos concluir que Jesús, en toda su peregrinación entre la Galilea (la Galilea de los gentiles como se le denominaba) y Judea, no pretendió crear una nueva religión, ni instituir un cuerpo sacerdotal que se ocupara de sus enseñanzas para convertirlas en dogmas inamovibles de fe. Recorría montes y desiertos y nunca buscó amparo en los poderes del Gobierno. No se sometió a Herodes y ante él no pronunció ni siquiera una palabra. Muchos del pueblo creían que él los conduciría a la liberación de Roma y que alzaría, sobre las tierras del antiguo Israel, un reino más poderoso que el de Salomón. Pero su reinado no existía. Él era la Palabra, el mensaje de un nuevo mundo espiritual, un nuevo Βασιλεὺς, reinado, abierto dentro de cada persona. Llegado el momento, la gente defraudada, porque él no se declaró Melej rey, se apartó de su lado al verle abatido por el poder imperial y clamó a favor del rebelde que peleaba, espada en mano contra los romanos, “¡Queremos a Bar Abbas!”

El creía, y lo predicaba, que hay cosas separadas, lo de Dios y lo del poder mundano. Ninguna contaminación de lo espiritual con los intereses políticos del poder. Cuando algunos provocadores, enviados por los sacerdotes y los escribas, fueron ante él, para hacerle tropezar con una palabra que, en política, pareciera una toma de posesión frente al imperio romano, y le preguntan “¿Nos es lícito dar tributo al César, o no?” Su respuesta fue contundente, “¿Por qué tratan de provocarme?”    

Lc. 20: 25 “Entonces, Él les dijo: Pues dad al César lo que es del César, y a Dios lo que es de Dios”. [ὁ δὲ εἶπεν πρὸς αὐτούς Τοίνυν ἀπόδοτε τὰ Καίσαρος Καίσαρι καὶ τὰ τοῦ Θεοῦ τῷ Θεῷ]. “Y él les dijo a ellos, por tanto, den lo del César al César, y también lo de Dios a Dios”. Es decir, una cosa son los asuntos de política y otra la religión. Lo que es de la política, dejarla a los políticos; lo que pertenece a la esfera de la religión que se ciña a lo religioso. Todo creyente puede participar en política, pero nadie tiene derecho a imponer a otros sus convicciones y dogmas religiosos.

Él se proponía una reforma de las prácticas que, en su tiempo y en su medio geográfico, se venían siguiendo. Todo, enmarcado dentro de los principios de una nueva moral que debía fundarse en la vida dentro de la verdad. Y el evangelista Juan cita sus palabras en el capítulo 3 de su evangelio: “Porque todo aquel que hace lo malo, aborrece la luz y no viene a la luz, para que sus obras no sean reprendidas. Mas el que practica la verdad viene a la luz, para que sea manifiesto que sus obras son hechas en Dios”. Es decir, trata de vivir honestamente, limpiamente, tú. Y vive en tu verdad; pero esto no quiere decir que intentes imponer tu verdad a los otros. El mensaje va dirigido a ti; piensa, ¿qué intentas ocultar de ti mismo?, ¿qué hay de turbio en ti que no quieres que salga a la luz? “Practica la verdad”; pero ¿qué es la verdad? Esa es la pregunta que Pilato le formula a Jesús, luego de que este dijera “Todo aquel que es de la verdad, oye mi voz”; pero ¿qué es la verdad? Esa es la pregunta que queda sin respuesta.

Pero Juan en el capítulo 12: 46 – 48, da una pista de lo que en Jesús significa la verdad: “Yo, la luz, he venido al mundo, para que todo aquel que cree en mí no permanezca en tinieblas. Al que oye mis palabras, y no las guarda, yo no le juzgo; porque no he venido a juzgar al mundo, sino a salvar al mundo. El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue...” La verdad es vivir en medio de la luz, tú, yo, aquel... Pero no juzgues a otros por lo que tú interpretas como verdad; vive según esa verdad, pero no intentes imponérmela, no me juzgues, júzgate a ti mismo. Si crees que alguien, si muchos, no recibe las palabras de Jesús... ¡No juzgues! Si crees de verdad en las enseñanzas de Jesús, no juzgues a otros, ellos ya tienen quien les juzgue; no intentes, desde las esferas gubernamentales, imponer tu verdad. ¿Qué sucedió cuando la iglesia se imponía sobre los poderes terrenales, defendiendo “su” verdad? Intolerancia hacia las opiniones de otros, que también adelantaban su propia verdad, y guerras y ¡Hasta la Santa Inquisición, que de santa nada tenía!

¡Ah, dicen algunos, Jesús es Cristo Rey, y todas las naciones deben rendirse ante Cristo Rey! Como Jesús es Cristo Rey, los cristeros proclaman que hay que llevar su majestad, con su trono colocado junto a la silla presidencial. La idea de Jesús como rey se funda, principal y erróneamente en la interpretación del capítulo 18 del texto evangélico de Juan, donde desarrolla un supuesto diálogo entre el procurador romano Poncio Pilato y Jesús. Aunque debe notarse un detalle importante: Juan no pudo de ningún modo ser un testigo presencial de este diálogo entre Jesús y Pilato, porque este se desarrolló dentro del Pretorio (πραιτώριον) ya que para los judíos penetrar en la residencia de un gentil representaba impureza. Sin embargo, Juan recrea, como enseñanza catequística, el supuesto diálogo.

Jn 18: 33 “Entonces Pilato volvió a entrar al Pretorio, y llamó a Jesús y le dijo: ¿Eres tú el Basileus (rey) de los judíos? [Εἰσῆλθεν (entró) οὖν (entonces) πάλιν (de nuevo) εἰς τὸ πραιτώριον (al pretorio) ὁ Πιλᾶτος* καὶ ἐφώνησεν (llamó) τὸν Ἰησοῦν καὶ εἶπε αὐτῷ Σὺ εἶ ὁ Βασιλεὺς (Basileus, rey) τῶν Ἰουδαίων (de los judíos)]; 34 Jesús respondió: ¿Esto lo dices por tí, o porque otros te lo han dicho de mí? (...) 36 Jesús respondió: Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, entonces mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; mas ahora mi reino no es de aquí”.

Para Juan, Jesús es el rey ungido, el Melej Hamashíaj, el líder judío que redimiría a Israel en el fin de los días; pero lo ve de una manera trascendentalista, es decir por encima del ámbito terrenal, “pero mi reino no es de este mundo”. Jesús se eleva al plano espiritual; es el Mashíaj esperado, el que debía aparecer al final de los días, y Juan creía que ya el final de los días estaba cercano. Es que ni siquiera Jesús es rey en el sentido que normalmente se le confiere al término. Juan escribe en griego y emplea la palabra Βασιλεύς, que luego es traducida en español como “rey”; pero el basileus, o rey entre los griegos, es también aquel que obtiene su autoridad por Dios. Jesús, para Juan, es el receptor de la voluntad de Dios y lo deja bien claro cuando, para que no haya confusión, le atribuye la frase de “mi reino no es de este mundo”. Jesús, por tanto, no es Rey, no ha venido al mundo para gobernar. Él es el λóγος, la palabra, el pensamiento. Los sacerdotes del templo y los fariseos han acusado a Jesús ante Pilato de pretender proclamarse como rey, como basileus, como melej, en fin, como enemigo de Roma, pero Jesús solo es el “ungido” por Dios para la enseñanza, como la Palabra misma de Dios, no un rey.

Juan, según la habitual traducción del texto, en el versículo 36 de ese capítulo 18, agrega: “Jesús respondió: Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, entonces mis servidores pelearían para que yo no fuera entregado a los judíos; mas ahora mi reino no es de aquí”. No obstante, en el texto griego se lee: “ἀπεκρίθη Ἰησοῦς (respondió Jesús): Ἡ βασιλεία (reinado) ἡ ἐμὴ (mí) οὐκ ἔστιν (no existe) ἐκ τοῦ κόσμου τούτου (en este mundo): εἰ ἐκ τοῦ κόσμου τούτου (ese mundo existe) ἦν ἡ  βασιλεία    ἐμή,  οἱ  ὑπηρέται  ἄν   «οἱ  ἐμοὶ  ἠγωνίζοντο»,  ἵνα  μὴ  παραδοθῶ  τοῖς  Ἰουδαίοις·  νῦν  δὲ    βασιλεία    ἐμὴ  οὐκ  ἔστιν  ἐντεῦθεν (pero ese reinado mío no existe aquí)” lo que podría traducirse del siguiente modo: “Mi reinado no existe en este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, entonces mis servidores pelearían para que yo no fuera traicionado por los judíos; pero ahora mi reinado no existe aquí”.

Claramente queda expresado: “Mi reinado no existe”, y lo demuestra agregando que si existiera en este mundo el habría sido defendido por sus servidores; pero su “reinado no existe aquí”. Jesús, el Mesías, el Cristo, no es rey.

La advocación por la cual se le denomina Cristo Rey, no tiene valimiento dentro del cristianismo no adulterado por las reformas de Pablo de Tarsos. A Jesús se le “corona” como Rey, en diciembre de 1926 por decisión del Papa Pío XI ejerciendo el derecho del papado de ungir a los monarcas del mundo cristiano. ¿Cristo Rey, con corona colocada sobre su frente por un pontífice romano? ¿Por qué equiparar la humildad de Jesús, que es su principal distinción, con el poder de un soberano absoluto? “Bienaventurados los humildes, pues ellos heredarán la tierra”. Toda palabra, justa y cierta. tiene poder, conmueve e impulsa, pero no impone. Y en Juan 13. Se muestra la humildad de Jesús, cuando se inclina ante sus discípulos y les lava los pies, y les dice: “Vosotros me llamáis el Maestro y el Señor (Κύριος – kírios), y ciertamente como decís, en verdad lo soy. Sí, no obstante, yo, el Señor y el Maestro, he lavado vuestros pies, vosotros debéis lavaros los pies los unos a los otros”.

Debe anotarse que kírios es un apelativo que los griegos usaban de común para referirse a un hombre, como el Sr., que se emplea en español, o el Mr., como se usa en inglés. Podría referirse como una expresión de respeto, para referirse a un jefe, un amo o un soberano; pero Juan le da otra equivalencia, la misma empleada en la Septuaginta para Adonai, empleaba en sustitución de la palabra Dios. Con el título que Juan le da a Jesús de Kirios, con mayúscula inicial, resaltaba la divinidad de Jesús. Jesús no es rey. No hay tal Cristo Rey.

Los fundamentalistas, leen, pero no comprenden, leen lo que el traductor consideró sería la mejor versión del texto que tradujera; leen y no se colocan a considerar la época en la que fuera redactado el texto. Entonces justifican sus fobias, sus prejuicios con citas de los libros sagrados. Por ejemplo, los homófobos, quieren que el gobierno reconozca como deformaciones mentales el homosexualismo y rechazan la unión matrimonial entre los mismo, quieren que el gobierno imponga leyes antiabortistas. Cuando no hay ni la menor referencia en contra del homosexualismo en las palabras de Jesús que se citan en los evangelios, ni siquiera la menor referencia en el libro del judeizante Mateo.

Entonces el cristero saca a relucir. fuera de contexto, el versículo 21 de Marcos 7: “Porque de adentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, fornicaciones (esto, en algún que otro texto la traducción es, en lugar de fornicaciones, se dice, “inmoralidades sexuales”) robos, homicidios, adulterios”. Analicemos: El texto se refiere a la respuesta que Jesús diera a los fariseos que le criticaban que comiera sin antes lavarse las manos como era la costumbre. El texto en griego koiné emplea la palabra πορνεῖαι (pornéia) que en algunos textos se traduce, no solo como “fornicaciones”, sino también como “relaciones sexuales indecorosas” y hasta por el término ya citado de “inmoralidades sexuales” y que da pie a muchas interpretaciones. Sin embargo, pornéia es una derivación de la palabra πόρνη (pórne) que quiere decir, prostituta, se trata entonces de las relaciones sexuales practicadas con prostitutas o, incluso, con prostitutos [ἀρσενοκοῖται (arsenokoitai)].

Pero el fundamentalista replicará y te dirá: “¡Ahí está 1 de Corintios 6: 9 de Pablo!” Y te recita de memoria el versículo: “¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No os dejéis engañar: ni los inmorales, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados, ni los homosexuales”. Reproduciré el versículo, intercalándole los sinónimos del idioma en que fue redactado: “¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No os dejéis engañar: ni los inmorales (πόρνοι), ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los afeminados [μαλακοὶ (malakoi)], ni los homosexuales [ἀρσενοκοῖται (arsenokoitai)]”. Cedo entonces, la palabra al lingüista e historiador estadounidense John Eastburn Boswell, refiriéndose a la palabra malakoi, dice: “es una palabra griega harto común; aparece en muchos pasajes del Nuevo Testamento con el sentido de ‘enfermo’ y en los escritos patrísticos con sentidos tan variados como ‘líquido’, ‘cobarde’, ‘refinado’, ‘abúlico’, ‘delicado’, ‘amable’ y ‘libertino’. Muchas veces, en un contexto específicamente moral, significa ‘licencioso’, ‘disoluto’, ‘carente de autocontrol’. En un nivel más amplio, podría traducirse como ‘desenfrenado’ o ‘lascivo’, pero es absolutamente gratuito suponer que alguno de estos conceptos se aplica necesariamente a los gays”.

Analicemos el término arsenokoitai que emplea Pablo y que los traductores del texto bíblico emplean por homosexual. En Grecia, y en los territorios de habla griega del Imperio romano, se aplicaba ese término para identificar a los hombres que practicaban la prostitución, algo que era muy común en ese entonces y que debió alarmar al puritanismo paulista. La palabra, en definitiva, es una compuesta, ἀρσενο (arseno) que significa varón y κοίτης (Koites), palabra de la que deriva la palabra coito, es decir, coito con hombre o varón-cama. Los hombres que ejercían la prostitución y esta podría ser tanto con hombres como mujeres. Por otra parte, el término homosexual es prácticamente de uso reciente, a partir de 1869.

Entonces. podemos reconstruir la cita paulina diciendo: “¿No sabéis que los injustos no heredarán el reino de Dios? No os dejéis engañar: ni los inmorales, ni los idólatras, ni los adúlteros, ni los lascivos, ni los hombres que se prostituyen”.

Pero los cristeros, católicos y protestante, interpretando lo que no explicita el texto bíblico, ponen como “palabra de Dios” el rechazo a la interrupción del parto. Entonces citan el Salmo 139, versículos 13 a 16:

13 Porque tú formaste mis entrañas; Tú me hiciste en el vientre de mi madre. 14 Te alabaré; porque formidables, maravillosas son tus obras; (...)15 No fue encubierto de ti mi cuerpo, Bien que en oculto fui formado, (...) 16 Mi embrión vieron tus ojos, Y en tu libro estaban escritas todas aquellas cosas Que fueron luego formadas, Sin faltar una de ellas.

Y justificando lo que consideran malvado, hacen una trasnochada interpretación de lo dicho en Éxodo 21:22-23:

22 Si algunos riñeren, e hirieren a mujer embarazada, y ésta abortare, pero sin haber muerte, serán penados conforme a lo que les impusiere el marido de la mujer y juzgaren los jueces. 23 Mas si hubiere muerte, entonces pagarás vida por vida...

Se trata de una de las tantas formulaciones de la Ley del Talión, de ojo por ojo, mano por mano y vida por vida. Pero, el texto no era un llamado en contra del aborto, sino un amparo del derecho de propiedad del patriarca. Si la mujer abortaba, estaba perdiendo él su propiedad.

Hay tanta hipocresía en esos alegatos que hasta se olvidan de otras “enseñanzas” bíblicas. ¿Qué sucedió en Jericó? El exterminio total de su población, sin respetar niños ni mujeres embarazadas. Solo se salvó de la muerte una prostituta que traicionó a su pueblo cuando acogió en su casa a unos espías hebreos. ¿Somos imagen y semejanza de Dios, y ese Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, no se inmutó para darle muerte a cuarenta y dos muchachos que se burlaban de un profeta?

2 Reyes. 2: 23 y 24 Después Eliseo se fue de allí a Betel. Cuando subía por el camino, un grupo de muchachos de la ciudad salió y comenzó a burlarse de él. Le gritaban: “¡Sube, calvo! ¡Sube, calvo!” Eliseo se volvió hacia ellos, los miró y los maldijo en el nombre del Señor. Al instante salieron dos osos del bosque y despedazaron a cuarenta y dos de ellos.

¿Pro-vida? ¿Derecho a la vida? Y si una mujer, no un hombre, cometía adulterio, ¿qué dictaba la ley bíblica? ¡La muerte por apedreamiento! Pero Jesús, el Cristo, no actuaba como los cristeros de estos tiempos. La sanción de muerte podría estar amparada legalmente, pero él no lo entendía así. La ley puede existir, pero lo que importa, más que lo que dicte la Ley, es el principio de justicia. En Juan 8: 1 – 11, un grupo de hombres, entre los que se encontraban Maestros de la Ley y fariseo, presentaron ante Jesús, quien sentado en el patio del templo estaba hablando con el pueblo, a una mujer sorprendida en adulterio, y le dijeron a Jesús: “Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices?” Ellos buscaban comprometer a Jesús, porque los romanos les habían prohibido a los judíos dictar sentencias de muerte, si reconocía la sentencia estaría violando lo dispuesto por Roma, y si se oponía al cumplimiento de aquella disposición, estaría faltándole al mismo Moisés.

Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo. Y como insistieran en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella. E inclinándose de nuevo hacia el suelo, siguió escribiendo en tierra”. Los hombres, guardaron silencio y avergonzados dejaban caer de sus manos las piedras y se marcharon dejando solo a la mujer y a Jesús. “Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más”.

“Ni yo te condeno”, ¿habrán meditado los cristeros en la profundidad de esta simple sentencia gramatical?

domingo, 30 de septiembre de 2018

A PROPÓSITO DE FACHOS Y MAL-DONADOS


Fernando Mires. Blor POLIS



Nota: nuevamente mi persona ha sido atacada a través de las redes por un oscuro personaje: su nombre es Victor Maldonado, reciéntemente (auto) popularizado por sus intentos de desacreditar a todos quienes no coinciden con sus gustos musicales. Dicho personaje, pese a ser académico, al igual que yo, jamás ha buscado la controversia ideológica conmigo. Tampoco el debate político. Pero sí se ha concentrado del modo más vulgar en agredirme por razones biológicas, por mi lugar de residencia, por mi nacionalidad. Ha llegado incluso a la calumnia más vil, aduciendo, sin mostrar un solo indicio, que yo recibo “emolumentos” por emitir  ideas contrarias a las suyas.  En mi opinión, procede exactamente como los plumarios de la dictadura a la que dice contradecir.  Por cierto, algunos amigos me aconsejan que no le de importancia, que lo deje pasar. Yo tengo, sin embargo, otra opinión. Siempre he pensado que es muy importante defenderse de toda agresión, sea física o verbal. Pues el amor propio, o autoestima, no siempre es expresión de narcisismo. La autoestima es condición de integridad y, por lo mismo, de ciudadanía.

Hace algún tiempo escribí un artículo titulado “chusma tuitera” a la que  pertenece Maldonado, en mi opinión un “facho”, lo que no es lo mismo que un fascista. Reproduzco una parte del texto.

Debo aclarar: un “facho” es un tipo psico-cultural y el fascista un militante político. O lo que es igual: si bien todos los fascistas son fachos, no todos los fachos son fascistas.

Fue Hannah Arendt quien descubrió que el fascismo surgió como resultado de la que ella entendió como “alianza entre la chusma (Mob) y las elites”. Para Arendt la chusma provenía de la “desintegración de la sociedad de clases”. Bajo el término “elites”, a su vez, Arendt hacia referencias a grupos que ocupaban un papel dominante en la economía y en la política. La “chusma”, por el contrario, estaba formada por personas des-individualizadas, disueltas en el magma de la masa.

Claro está: en los tiempos de Arendt no existía la internet. Si hubiera sido así, Arendt habría descubierto que hoy la chusma no se hace tanto presente en las calles como en las redes digitales, particularmente en twitter. “Chusma tuitera” la he denominado en algunos textos.

“Chusma tuitera”: miles y miles de personajes oscuros que usan las nuevas formas de comunicación para difamar, mentir y sobre todo insultar al prójimo, mediante vocablos racistas, sexistas, machistas y –ultimamente- en contra de personas de edad avanzada.

Al igual que los fascistas de ayer, los fachos de hoy son esencialmente biologistas. Algunos creen pertenecer a las elites, ocupan puestos universitarios y se hacen llamar a sí mismos, intelectuales. Pero al facho que llevan dentro no lo pueden controlar. Se les sale apenas se sienten cuestionados por alguien que los supera no solo en edad, sino en conocimientos y cultura. Entonces te mandan a la geriatría –por lo menos- aunque esos sosos y mal donados saben que gozas de mejor salud física y mental que ellos.

Al mencionar estos hechos, recuerdo que hace un par de meses Mario Vargas Llosa publicó un interesante texto en contra del nacionalismo catalán. Me llamó la atención la larguísima lista de “lectores” que comentaron esa publicación. Cientos y cientos. Por mera curiosidad comencé a leerlos. Puedo asegurar: más del noventa por ciento dedicaba sus comentarios a insultar al escritor con epítetos sexistas y gerontofóbicos, como si Vargas Llosa hubiera cometido un crimen al atreverse a opinar en sus muy bien llevados ochenta años. Debo reconocer que un sentimiento de ira me invadió. ¿Qué se habrá imaginado esa sarta de iletrados, seres incultos, desgraciados mentales, al ofender de ese modo al laureado escritor? Al final llegué a una conclusión: son fachos, simplemente fachos.

Los fachos comparten con los fascistas las mismas fobias. Suelen ser homofóbicos, xenofóbicos, misóginos, y por supuesto, gerontofóbicos. En todos esos casos son biologistas-políticos. Es decir, se trata de gente incapaz de soportar la miseria espiritual de sus vidas y por lo mismo la de los cuerpos que las portan. El odio a la vejez de Vargas Llosa manifestado por sus “lectores” no podía ocultar el miedo a ellos mismos y a sus pobres vidas. Sobre todo el miedo a la muerte. Y como se supone que por cronología los viejos están más cerca de la muerte que de la vida, los viejos –como representantes simbólicos de la muerte- deben ser aislados o sacados de la escena pública. El fascismo, sobre todo el de Hitler, supo servirse perfectamente de los miedos a la vejez y al envejecer.

El llamado “arte nacional socialista” exaltaba en sus pinturas y esculturas la vitalidad atlética y la salud de los cuerpos jóvenes, pero no su erótica, sino solo sus músculos. Por el contrario, llama la atención que en las miles de caricaturas donde los nazis representaban a los judíos, casi nunca aparecen judíos jóvenes. Tampoco mujeres. Solo viejos con las narices y las uñas largas.

El racismo y la gerontofobia son dos plagas que suelen venir unidas. Son las dos caras de una misma moneda. Y queramos o no, estamos rodeados de fachos por todos lados. La chusma tuitera es solo un ejemplo. El problema, por lo mismo, no es ese. El problema es que en un momento determinado esos fachos pueden llegar a ser nuevamente manipulados por líderes y caudillos políticos.


 ¿Quién por ejemplo no ha visto a Putin cuando se hace fotografiar con el torso desnudo y un fusil? El mensaje simbólico es clarísimo: soy un hombre vital, fuerte y poderoso. No como esos liberales y “progres” que defienden a maricones y lesbianas. Yo en cambio defiendo los valores de la patria en contra de sus enemigos: los decadentes que anhelan destruir nuestra  juventud, nuestra virilidad, nuestras familias, nuestro honor. ¿No hace al fin lo mismo el ex futbolista Erdogan cuando manda apalear a los homosexuales en las calles? Trump, en cambio, pone el acento en su odio a los intelectuales y a los extranjeros (sobre todo en contra de los latinos pobres.)  Y como no puede fotografiarse con el torso desnudo, a lo Putin, para exaltar su supuesta virilidad debe conformarse con un ridículo tupé.

Y hasta el mismo dictador Maduro, cuando baila salsa como si fuera un elefante de circo ¿no intenta transmitir a “su” pueblo hambriento un mensaje de alegría, juventud y virilidad? Esos personajes ─ hay muchos más ─  han sido todos cortados con la misma tijera. En cierto modo representan en sus personas la alianza entre las elites y la chusma de la que nos hablaba Hannah Arendt. Elites porque controlan el poder. Chusma porque hacen ostentación pública de sus infinitas vulgaridades.

Los fachos, vale decir, esos tipos psico-culturales que profesan diversas ideologías y creencias, esos seres odiantes acomplejados y resentidos que pululan en todos los partidos (incluyendo los democráticos) y hoy en la inextricable jungla tuitera, solo esperan el momento para convertirse en lo que pueden llegar a ser si logran articularse con determinadas elites de la economía y de la política: reaccionarios exponentes de los paradigmas de la pre-modernidad en pleno corazón de la post-modernidad.

No son fascistas. Son fachos. O, si se quiere, fascistas en potencia.