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domingo, 5 de noviembre de 2023

Y MIENTRA ISRAEL CONTINUA SU GUERRA CONTRA GAZA ¿QUE HAY DE UCRANIA?

 

Mario J. Viera

 


En tanto Israel, o más bien el gobierno de ese sector ultranacionalista y xenófobo del sionismo que integra el partido Likud, continúa desolando a la Franja de Gaza con masivos bombardeos y hasta atacando caravanas de ambulancias sin poder impedir que Hamás continúe lanzando misiles sobre Tel Aviv y Jerusalén, Ucrania no solo ha pasado a segundo plano, sino que hasta ha sido dejada en el olvido.

Ahora la Unión Europea, Gran Bretaña, Canadá y Estados Unidos se concentran en como resolver el conflicto de esa parte del mundo al que los que vivimos en el hemisferio occidental denominamos Cercano Oriente, y el presidente de Estados Unidos ha solicitado al Congreso una partida de 14300 millones de dólares para equipamientos defensivos para Israel y aunque también solicitó un paquete de 61 400 millones de dólares para Ucrania, siempre esta última  cifra  no contará con todo el apoyo del sector más extremista del ala republicana pro rusa y pro la corriente reaccionaria del sionismo, como si lo recibirá la propuesta a favor de Israel y esto sin dejar de considerar que las capacidades tanto defensivas como ofensivas de Israel e muy superior que aquellas con las que cuenta Ucrania enfrentada a una potencia militar superior a la de todos los estados musulmanes del cercano oriente.

Se calcula que Israel cuenta con más de 1 300 tanques, unos 10 000 vehículos blindados 2 000 morteros de diferente calibre, más de 300 aviones de combate, además del sistema de defensa aérea que constituye su Cúpula de Hierro con una efectividad del 95 % para interceptar misiles. Por otra parte, de acuerdo con estimaciones del Instituto de Investigación para la Paz de Estocolmo, Israel poseería actualmente unas 90 ojivas nucleares. De acuerdo con el National Geographic. Estados Unidos la brinda a Israel una financiación anual de 3 300 millones de dólares y otros 500 millones destinados a la tecnología de defensa de misiles.

Dentro de estas actuales condiciones no es de extraña que Volodymiyr Zelensky, como lo reporta CNN esté agotado por el constante esfuerzo de convencer y persuadir a los aliados para que mantengan la fe. en una entrevista con Simon Shuster, de TIME, informa CNN, Zelensky afirma que "nadie cree en nuestra victoria como yo. Nadie". Pero añade que infundir esas creencias en los aliados de Ucrania "requiere todo tu poder, tu energía (…) El cansancio de la guerra es como una ola. Se ve en Estados Unidos, en Europa" ¿Afecta el conflicto israelí- Franja de Gaza a Ucrania? Zelensky considera que sí: "Por supuesto que salimos perdiendo con los acontecimientos en el Medio Oriente. La gente está muriendo, y allí se necesita la ayuda del mundo para salvar vidas".

Shuster, reporta CNN, cita a un asesor del presidente ucraniano que afirma que Zelensky se siente "traicionado por sus aliados occidentales. Lo han dejado sin medios para ganar la guerra, solo para sobrevivir a ella".

Si la mitad de los recursos de guerra con que cuenta Israel los tuviera Ucrania, su ofensiva le llevaría hasta Crimea; de lo contrario. Ucrania está corriendo el riesgo de perder la guerra.

sábado, 8 de febrero de 2020

A TRUMP LE IMPORTA UN CARAJO ISRAEL


Mario J. Viera



Donald Trump, lo poco que conoce del conflicto palestino-israelí, se lo debe a su queridísimo yerno, el presuntuoso Jared Kushner, al que algunos le denominan “el príncipe Kushner”. Es por ello que Kushner es el encargado por Trump de alcanzar un “acuerdo definitivo” que posibilite resolver el conflicto en Tierra Santa. De este modo, entre los manejos de Kushner, que de geopolítica apenas tiene un conocimiento de kindergarten, y el habilidoso y experimentado estadista Benjamín Netanyahu, Trump pudo anunciar el pasado 28 de enero su “acuerdo del siglo”, la panacea que resolvería por fin el problema. Antes, en contra de lo que establecen las resoluciones de la ONU, Trump reconoció a Jerusalén como la capital eterna de Israel y, por supuesto, concedió el reconocimiento de la soberanía israelí sobre los estratégicos Altos de Golán (Posiblemente desconozca que este importante punto estratégico está en Siria y que fuera ocupado por Israel durante la guerra de los Seis Días de 1967 y, definitivamente en la guerra de Yom Kipur de 1973).

Pero estas decisiones y acuerdos irresolutos de Trump, no son impulsados por un interés honesto por lo que pueda ocurrir en Israel. Él tiene puesta sus miras en algo más importante y que le permita obtener réditos electorales. Israel está bien lejos de los intereses trumpistas, su interés está en ganar el voto de ese medio millón de judíos que habitan en la Florida, arrebatarles a los demócratas el voto judío, con el que ellos siempre han contado. Es posible que la comunidad judía de la Florida caiga arrobada por la política de Trump con respecto a Israel sin hacer consideraciones a los verdaderos intereses de Trump. Él está en campaña electoral para asegurar su reelección, no ha dejado de estarlo desde las elecciones de medio término.

Son los votos lo que a Trump le interesa obtener; los votos de los judíos y los del exilio cubano y venezolano, por eso en su comparecencia ante el Congreso para el Estado de la Unión invitó a Guaidó y lo saludó con efusión; por eso, sus “todas las opciones sobre la mesa”. Campeón de la lucha por la democracia para Cuba; por eso aplicando fueres sanciones económicas, tan del agrado del denominado exilio histórico cubano, contra el régimen de la isla. Los ingenuos, todos les darán su voto. A Trump, le importa un carajo Israel, Cuba o Venezuela, lo que le importa es ganar la Florida con el voto de judíos, venezolanos y cubanos.

domingo, 10 de diciembre de 2017

“Hitler no fue quien inspiró la “solución final” y el holocausto judío...”

Mario J. Viera


Alarmante y escandalizador puede parecer el intitulado de este artículo. Ya saltarán exaltados pidiendo la cabeza del filo nazi antisemita autor de este libelo que osó declarar tal cosa, que Hitler no fue el inspirador del holocausto judío...; mas ¡aguarden un instante!, porque habría que agregar algo más al título de este artículo y decir que fueron los palestinos los que le dieron la idea a Hitler de “quemar” a todos los judíos que tuviera a mano y aclarar que no fue un palestino cualquiera el que hiciera la propuesta sino el mufti de Jerusalén Haj Amin al Husseini... porque "Hitler no quería exterminar a los judíos; quería expulsar a los judíos". Bueno quizá los más exaltados se relajen un poco y digan ¡Ah, bueno tenía que ser! Pero otros se exaltarán pidiendo que ruede mi cabeza, porque tengo que confesarlo, fui yo quien seleccionó el dichoso titular, pero también debo dejar claro que la frase que dio origen al título de marras no es mía, es de otro, de alguien mucho más importante que yo... La frase la declaró un israelí y no un israelí cualquiera, sino un muy destacado sionista, y no cualquier destacado sionista, sino el mismo Premier de Israel el sionista de extrema derecha Benjamín Netanyahu, el amigo de Donald Trump.

Así es que los que querían que rodaran cabezas por semejante herejía, ya tienen una a su alcance. En octubre de 2015, la prensa internacional reporto lo afirmado por Netanyahu en el Congreso Sionista Mundial: "Hitler no quería exterminar a los judíos; quería expulsar a los judíos". Fue el mufti, el líder espiritual musulmán dentro del Mandato Británico de Palestina, fue él.... porque según el super nacionalista Netanyahu, Husseini, aliado de Adolfo Hitler, se quejó ante este que no expulsara a los judíos, porque si lo hiciera “todos vendrán”. “¿Entonces qué debo hacer con ellos? Fue la pregunta que Hitler le planteó al mufti", dijo Netanyahu en su discurso. "Y Al Husseini respondió: "Quémenlos".

Y si se formó la “del dime tú”. BBC mundo recoge lo que al respecto en un comunicado expresara el secretario general de la Organización para la Liberación de Palestina, general Saeb Erekat: "Es un día triste en la historia cuando el líder del gobierno de Israel odia tanto a su prójimo que está dispuesto a absolver al más notorio criminal de guerra en la historia, Adolf Hitler, del asesinato de seis millones de judíos", sí porque Hitler solo “quería expulsar a los judíos”; pero no solo fue el palestino el que lamentara las declaraciones de Netanyahu, también el líder opositor israelí Isaac Herzog mostró en su página de Facebook su malestar al anotar: “Esta es una distorsión histórica peligrosa y exijo a Netanyahu corregirlo de inmediato ya que minimiza el Holocausto, el nazismo y el papel de Hitler en este terrible desastre de nuestro pueblo”.

Claro está, Netanyahu quiso matizar su declaración diciendo que no, vaya que, en definitiva “el Mufti sugirió a las autoridades nazis exterminar a los judíos. Lo consideraba una solución adecuada a la cuestión palestina”, nada, que alentó “a Hitler, Himmler y otros en el exterminio a los judíos en Europa”. Justificación esta que no convenció para nada al historiador israelí Meir Litback: "Es mentira y una deformación barata de la historia que servirá de munición para los negacionistas del Holocausto. Hitler no necesitaba al Mufti para convencerse de la solución final y ya en su famoso discurso en 1939 habló del exterminio de los judíos”.

Y El País reseña lo que agregara Isaac Herzog, sin disminuir las responsabilidades criminales del Mufti: “Nadie me enseñará a mí el odio del Mufti de Jerusalén, que era uno de los ayudantes de Hitler, hacia el pueblo de Israel. Él fue el que dio la orden de asesinar a mi abuelo, el rabino Herzog. Pero Netanyahu resta responsabilidad de Hitler y los nazis a la terrible tragedia de nuestro pueblo en la Shoa”. También la historiadora del Instituto Recordatorio del Holocausto Yad Vashem, situó el tema en su contexto histórico: “No se puede decir que fue el mufti quien dio a Hitler la idea de matar o quemar judíos. Eso no es cierto. El encuentro entre ambos fue luego de una serie de eventos que ya indicaban que ese era el camino de los nazis”. Y el diario El Tiempo precisa en fechas el encuentro entre al Husseini y Hitler: “Hitler y el mufti de Jerusalén se reunieron en Berlín en (28) noviembre de 1941. Pero las órdenes para la ‘solución final’, o sea el exterminio, fueron impartidas en julio. Y se hablaba de ello ya en 1939”.


El tema ya es periodísticamente viejo, pero vale para recordar, para no perder de vista de como se manifiesta la ultraderecha, ya sea en Europa, como en Estados Unidos como en Israel; vale para darnos cuenta de por qué no se llega a una solución dialogada a los conflictos presentes entre Israel y Palestina y para la formación de dos estados con iguales derechos.

sábado, 31 de diciembre de 2016

Vamos a ver... ¿Por qué la perreta de Netanyahu?

Mario J. Viera

Colonos judíos durante una manifestación en Israel. / JACK GUEZ (AFP)

En verdad Benjamin Netanyahu es un personaje muy interesante. De todos los primeros ministros de Israel, él ha sido el único nacido en territorio israelita tras la proclamación del Estado de Israel. Resulta que el hombre es también un héroe de guerra, participó en la guerra de los seis días de 1957, lideró un equipo de fuerzas especiales de la Sayeret Matkal. la unidad de élite de las Fuerzas de Defensa Israelíes; luego combatió en la Guerra de Desgaste contra Egipto y en la guerra de Yom Kipur en 1973. Un héroe de guerra, como lo fueran también los primero ministros Ariel Sharón e Isaac Rabin. Netanyahu es también un político, de hablar fuerte y enérgico, y es líder del Likud, ese partido de la derecha israelí que, bajo su dirección, se ha inclinado mucho más a la derecha; y Netanyahu por tres veces ha sido electo como primer ministro; así es que tiene sus méritos. Pero, por encima de cualquier asunto que se trate, Benjamin Netanyahu es un nacionalista y un soñador; sueña con ver realizado su anhelo de forjar un gran Israel, uno parecido al mítico reino de Salomón que describe el Tanaj; sin embargo...

¿Qué ocurre? ¿Qué ha provocado la furiosa reacción de Netanyahu contra el presidente Barack Obama y contra otros diez países que mantienen relaciones diplomáticas con Israel? “Profunda ira e insatisfacción” siente el gobierno del Likud, así lo expresó Emmanuel Nachshon portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores de Israel. Ira e indignación profundas contra todos aquellos que dieron su voto favorable a la Resolución 2334 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas (23 de diciembre de 2016) que considera sin validez legal los asentamientos de colonos israelíes en territorio de Cisjordania. Así se expresa en su primer punto: “No tiene validez legal, constituye una violación flagrante del derecho internacional y un obstáculo mayor para la solución de los dos Estados así como para una paz duradera, integradora y justa”. No, dice Nachshon, "No fue un voto a favor de la paz. Fue un voto contra Israel".

Para Netanyahu el “malo de la película” es Barack Obama y así, sin ningún tipo de ambages afirmó: “Por la información que tenemos, no tenemos dudas de que la administración Obama la inició, la respaldó, coordinó la redacción y exigió que fuera aprobada", para a continuación agregar: “Como le dije a John Kerry el jueves: los amigos no llevan a los amigos al Consejo de Seguridad”. Estados Unidos con su abstención en la reunión del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, no vetó la aprobación de la Resolución 2334, una resolución que adoptada bajo el capítulo sexto de la Carta de las Naciones Unidas (Solución Pacífica de Disputas) no posee carácter vinculante, es decir, no es de cumplimiento obligatorio, se trata solamente de recomendaciones, aunque expresadas en tonos severos.

Ante la denuncia de Netanyahu el asesor de seguridad de Obama Ben Rhodes declaró en rechazo de lo afirmado por el primer ministro israelí: "El historial del presidente Obama en cuanto a la seguridad de Israel es claro. Cualquiera lo puede revisar. Pero, de hecho, rechazo el lenguaje que sugiere que este era nuestro curso de acción preferido y que lo iniciamos". Sin embargo, antes Netanyahu había declarado ante la Asamblea General de las Naciones Unidas: “Aprecio el compromiso del Presidente Obama con esa política de larga data de Estados Unidos (de apoyo a Israel). De hecho, la única vez que Estados Unidos ejerció el veto en el Consejo de Seguridad de la ONU, durante la presidencia de Obama, fue sobre una resolución contra Israel en 2011. Como el presidente Obama declaró acertadamente en este podio, la paz no provendrá de declaraciones y resoluciones en las Naciones Unidas”.

A todas luces, lo que más ha encendido la profunda ira e insatisfacción de Netanyahu es el párrafo de la resolución donde se condenan “todas las medidas que tienen por objeto alterar la composición demográfica, el carácter y el estatuto del Territorio Palestino ocupado desde 1967, incluida Jerusalén Oriental, incluyendo, entre otras cosas, la construcción y expansión de los asentamientos, el traslado de colonos israelíes, la confiscación de tierras, la demolición de viviendas y el desplazamiento de civiles palestinos, en violación del derecho internacional humanitario y las resoluciones pertinentes”, y más específicamente el punto 3 que declara: “Subraya que (el Consejo de Seguridad) no reconocerá ningún cambio a las líneas del 4 de junio de 1967, incluso en lo que respecta a Jerusalén, que no sean los acordados por las partes mediante negociaciones”. He aquí pues el meollo del asunto: las fronteras existentes entre Israel y Palestina el día anterior al inicio de la guerra de los seis días cundo Israel haciendo uso de su legítimo derecho de autoconservación inició la guerra frente a la coalición enemiga formada por Egipto, Siria, Jordania e Irak. Israel derrotó al poderoso ejército egipcio, ocupó entonces todo el Sinaí, la franja de Gaza, la Cisjordania, los altos del Golán sirios y el Jerusalén oriental.

La Resolución hace incluso un recordatorio sobre la obligación que se había previsto en la hoja de ruta del Cuarteto, “de que Israel paralizara todas las actividades de asentamiento, incluido el “crecimiento natural”, y desmantelara todos los asentamientos de avanzada levantados desde marzo de 2001”. El 24 de junio de 2002 el Presidente de EE.UU., George W. Bush, había expresado la necesidad de llegar a un acuerdo amplio y definitivo que acabase con el conflicto palestino-israelí y la segunda intifada iniciada a finales de septiembre de 2000 con la puesta en práctica de diferentes resoluciones de las Naciones Unidas y la aplicación del plan de trabajo Tenet, un documento elaborado por la Agencia Central de Inteligencia con recomendaciones para ponerle fin a los actos de violencia de ambas partes durante la llamada Segunda Intifada: “Los servicios de seguridad del gobierno de Israel y la Autoridad Nacional Palestina tratarán de adoptar medidas concretas, efectivas y reales en el ámbito de la seguridad con el objeto de retomar la colaboración en este campo y su aplicación sobre el terreno tal y como ocurría antes de septiembre de 2000 (inicio de la Intifada actual)”.

El 30 de abril de 2003, Estados Unidos, la Unión Europea, Rusia y las Naciones Unidas (el Cuarteto) elaboraron una hoja de ruta dirigida a ponerle fin definitivamente al conflicto existente entre Israel y Palestina con la creación de un Estado palestino independiente para el año 2005. En la primera fase que contemplaba la Hoja de Ruta se planteaba como meta a cumplir para mayo de 2003, que “Israel se retira de las zonas palestinas ocupadas desde el 28 de septiembre de 2000 y ambas partes restablecen el statu quo que existía en aquel momento, mientras avanzan la cooperación y los resultados en materia de seguridad. Asimismo, Israel paraliza toda la actividad de los asentamientos”. Tanto el presidente de los Estados Unidos en aquellos años, George W. Bush como el de Rusia, Vladímir Putin sustentaron estos criterios, la retirada de Israel de las zonas palestinas ocupadas desde el 2000 y la paralización de los asentamientos de colonos israelís en aquellas zonas bajo ocupación.

Pero, retrocedamos al 1977. El Likud, entonces más moderado, gana las elecciones y Menájem Beguín ocupa el cargo de primer ministro. Ya antes, en 1975, el gobierno de Isaac Rabin había firmado un Acuerdo Provisional con el gobierno de Egipto, por el cual ambos estados se comprometieron a no realizar ninguna amenaza de apelar al uso de la fuerza, declarando que el conflicto entre ellos no se resolvería por la fuerza, sino por medios pacíficos. Este había sido el primer paso para la firma de paz entre las dos naciones que se concretarían el 17 de septiembre de 1978 en Camp Davis, luego de la visita de Anwar el Sadat a Israel, invitado por Menájem Beguin en noviembre de 1977. En 1979 se firmaría el Tratado de Paz y bajo sus términos, Israel devolvió la península de Sinaí a Egipto que había sido ocupada en la guerra de los seis días y por lo tanto, Israel desmanteló todos los asentamientos israelíes en la península. Los dos gobiernos convinieron en crear una autonomía par Palestina.

Esto nos lleva hasta 1993, cuando Isaac Rabin, primer ministro de Israel y Yasser Arafat, líder de la OLP se reunieran en Oslo con el propósito de “poner final a décadas de confrontación y conflicto, reconocer sus respectivos y legítimos derechos políticos, luchar para conseguir vivir en una coexistencia pacífica con dignidad recíproca y seguridad, alcanzar un extenso acuerdo de paz duradera y una reconciliación histórica mediante el proceso político acordado”. Los acuerdos alcanzados fueron: La retirada progresiva de las fuerzas israelíes de la Franja de Gaza y Cisjordania, el reconocimiento del derecho de los palestinos al autogobierno en esas zonas a través de la autoridad palestina y que Cisjordania y Gaza se dividen en tres zonas: Área A, bajo control completo de la autoridad palestina. Área B, bajo control civil de la Autoridad Palestina y control militar del ejército de Israel. Área C, bajo control israelí. El Profesor de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad de Alicante, Ignacio Alvarez-Ossorio dice (El Mundo, abril de 2003): “Entre las alternativas que se barajaron en Oslo figuraba la anexión israelí de las mayores concentraciones de asentamientos (entre un 8% y un 10% del territorio palestino) a cambio de una cesión de territorio israelí en el área fronteriza de Gaza. De esta manera, gran parte de los 200.000 colonos quedaría bajo soberanía israelí, mientras que otros 40.000 deberían elegir entre el retorno a Israel o vivir en un Estado palestino”. Quedaron pendientes para otra ocasión el control de Jerusalén, las fronteras y el retorno de los refugiados palestinos que tuvieron que huir de sus hogares cuando Israel fue establecido, en 1948.

La paz entre Israel y el reino de Jordania sería firmada en Aravá por el primer ministro israelí Isaac Rabin y el primer ministro jordano Abdelsalam al-Majali el 26 de octubre de 1994. Sobre estos acuerdos de paz con Egipto y con Jordania impulsados por figuras a las que siempre se opuso Netanyahu alardeó en la Asamblea General de la ONU en un discurso que pronunciara el 22 de septiembre de 2016, dijo: “Nuestros tratados de paz con Egipto y Jordania siguen siendo las anclas de estabilidad en la volátil zona de Medio Oriente. Pero tengo que decirles esto: Por primera vez en mi vida, muchos otros estados de la región reconocen que Israel no es su enemigo. Reconocen que Israel es su aliado. Nuestros enemigos comunes son Irán e ISIS. Nuestros objetivos comunes son la seguridad, la prosperidad y la paz. Creo que en los próximos años trabajaremos juntos para lograr estos objetivos, trabajaremos juntos abiertamente”. Netanyahu quiere cogerse para él la cosecha de lo que otros sembraron.

En Palestina Hamas y el Frente Popular para la Liberación de Palestina se opusieron a los acuerdos de Oslo y en Israel el principal crítico y opuesto a los mismos fue el partido de Benjamin Netanyahu, el Likud. Señala Shlomo Ben-Ami en Política Exterior no. 48, diciembre 1995-enero 1996, que “Desde los primeros días del gobierno laborista, el Likud no cesó de cuestionar la legitimidad democrática del proceso de paz barajando el argumento de que el gobierno de Rabin “carecía de mayoría judía” puesto que se apoyaba en escaños árabes en la Knéset (parlamento). Benjamin Netanyahu ha ido demasiado lejos en este peligroso camino; ha acercado el Likud demasiado a la extrema derecha”. A continuación, da una caracterización del primer ministro laborista Rabin: “Rabin fue siempre un fiel discípulo de Igal Alon (...) quien abogaba por una “separación” entre los palestinos y los israelíes de tal forma que Israel anexionaría una mínima parte de los territorios por razones de seguridad y dejaría la mayor parte del territorio en manos de los palestinos”.

Dos años después de la firma de los acuerdos de Oslo, Isaac Rabin sería abatido por los disparos de un joven estudiante de Derecho y fanático judío llamado Yigal Amir, miembro de un grupo fundamentalista denominado Irgún Iehudí Nokem (organización judía vengadora). Así dice Jean Daniel en El País, 8 de noviembre de 1995: “El joven estudiante de Derecho no estaba poseído por una especie de fuerza maléfica aislada que le inspiró un asesinato. Fue armado, animado, conducido hasta su víctima por unos enemigos irreductibles y un Likud cuyo comportamiento fue una vez democrático ─ y puede volver a serlo ─ pero a la que las alianzas con los místicos de las distintas sectas han convertido en irresponsable”. En 1996, el Likud ganaría las elecciones elevando a Benjamin Netanyahu, un fuerte opositor a los acuerdos de Oslo al cargo de primer ministro, con el resultado de que se paralizaran la ejecución de aquel convenio.

En 2005, Israel desmanteló unilateralmente sus asentamientos en la Franja de Gaza, en una decisión sin precedentes llamada Plan de retirada unilateral israelí o "Plan de desconexión". Este plan había sido propuesto por el primer ministro de Israel Ariel Sharón del partido centrista Kadima (Adelante). Sharón había obtenido el apoyo de los laboristas a su plan de evacuación de la franja de Gaza, formando con ellos un gobierno de unidad en 2004. Finalmente, el plan sería aprobado como ley por la Knéset y siempre con la oposición de Netanyahu. Israel entonces desmantelaría 21 asentamientos civiles israelíes en Gaza y cuatro en el norte de Cisjordania.

Obsesionado por su exacerbado nacionalismo que ya asume el síndrome de la paranoia, Netanyahu ha lanzado fuertes críticas hacia la Organización de las Naciones Unidas; el 22 de septiembre hablando ante la Asamblea General de la ONU afirmaría: “La ONU, que comenzó como una fuerza moral, se ha convertido en una farsa moral”. Ahora, tras la publicación de la Resolución 2334 insinúa claramente que impondrá sanciones contra la ONU: “He ordenado al Ministerio un estudio en el plazo de 30 días de nuestras relaciones con la ONU, tanto lo que tiene que ver con nuestra financiación de sus organismos como la presencia de representantes en Israel”. ¿Por qué, si el mismo ha asegurado que mantiene relaciones correctas con Egipto y con Jordania, y que muchos otros estados de la región reconocen que Israel no es su enemigo, que ellos reconocen a Israel como aliado? Y es verdad, con Egipto y con Jordania no existe peligro de una nueva conflagración, Irak ha dejado de ser un peligro para la estabilidad de Israel y se abandonó la ocupación del Sinaí y de la franja de Gaza. La ONU no le ha exigido a Israel que entregue las alturas del Golán a Siria, solo le reclama que no continúe con los asentamientos civiles en Cisjordania y que retome la hoja de ruta del Cuarteto. ¿Cuál es el peligro? Mantenerse en la intransigencia solo conlleva a restarle fuerza al gobierno de Mahmoud Abbas a favor del movimiento terrorista Hamas que domina en Gaza y a la continuidad de la violencia. La Resolución 2334 no condena a Israel, sus críticas van dirigidas hacia el gobierno del Likud presidido por Benjamin Netanyahu.


jueves, 22 de noviembre de 2012

Oriente Medio: Entre la guerra y la política


Fernando Mires. Blog POLIS

Otra vez con monótona maldad volaron misiles de lado a lado; el Gaza es un río de sangre; los daños colaterales son superiores a los militares. Otra vez las opiniones se dividen. Otra vez, quizás con una coma más, los especialistas publicarán lo mismo que durante la penúltima guerra. Otra vez el Hamás, cuyos cohetes apuntan militarmente hacia el sur de Israel pero políticamente en contra de Al Fatah, volverá a ganar elecciones en Palestina. Otra vez la derecha política vencerá en Israel. Otra vez la misma historia se repetirá en un par de años, quizás de modo más intenso y cruel todavía. Y otra vez deberé suspender por un tiempo mis contactos con amigos musulmanes y judíos pues discutir con ellos, bajo estas condiciones, es imposible.

Sin embargo, si bien los acontecimientos parecen repetirse, ellos están ocurriendo sobre un escenario que ya no es el mismo de siempre: Es el emergido como consecuencia de las rebeliones antidictatoriales que tuvieron lugar durante 2011 de las cuales la insurrección siria parece ser su último capítulo.

Concuerdo entonces con la opinión de una editorial del diario El País (17. Nov.2012) en donde se afirma que el momento del inicio de la guerra en Gaza no pudo ser peor elegido.

Efectivamente, cuando Israel decidió responder masivamente a las provocaciones del Hamás, el desordenado reordenamiento (valga la paradoja) del espacio árabe había alcanzado insospechados resultados: Las líneas divisorias estaban más definidas que nunca en torno al tema sirio.

Por una parte, la Liga Árabe formada por gobiernos que en su mayoría siguen al sector más moderado del Islam, condenaba por unanimidad a la tiranía de Assad. Por otra, la oposición siria había alcanzado su máximo grado de unidad, obteniendo incluso el reconocimiento oficial de Merkel, Hollande, Cameron  y Obama.

Israel ya había actuado unilateralmente al responder a proyectiles provenientes desde territorio sirio (12 de Noviembre) lo que evidentemente pareció favorecer las posiciones de Assad quien aprovechó la oportunidad ─ como una vez hizo Saddam Hussein en Irak ─ de jugar la carta anti-israelí a fin de aglutinar al mundo islámico en su torno. Lo asombroso fue que esta vez, a diferencia de lo ocurrido con Hussein, Assad no obtuvo acogida en lo gobiernos árabes: Sus llamados cayeron en el vacío.

La línea demarcatoria ya la había puesto ese gobernante que comienza a perfilarse como líder del mundo árabe, el egipcio Mohamed Morsi, quien en la conferencia de los “no alineados” en Teherán (fines de Agosto) acusó a Irán de apoyar en Siria a una de las más criminales dictaduras del planeta. De este modo, a la hora de la intervención israelí, el conflicto estaba centrado en dos ejes islámicos los cuales trascienden a la propia zona árabe.

A un lado el eje Siria-Irán apoyado indiscretamente por la Rusia de Putin. Al otro, un eje formado por Egipto como conductor político, Arabia Saudita como potencia económica y Turquía con ese poder militar del que dispone como socio de la NATO. Naturalmente, a mediano plazo el primer eje tiene todas las de perder, más si se tiene en cuenta que el segundo recibe apoyo de la UE y de los EE UU.

De más está decir que una victoria del segundo eje, en tanto aislaría a Irán, debería contar con el beneplácito de Israel. Por eso es muy sorprendente que el gobierno de ese país hubiera decidido descentralizar el conflicto con Siria para re-centrarlo en el clásico esquema Israel-Palestina. Al parecer ─ no cabe otra respuesta ─ en Israel la lógica militar reina por sobre la política. Las divisiones inter-islámicas no juegan en las decisiones militares ningún papel. Quizás prima en algunos círculos la opinión difundida en países occidentales de que, más allá de cualquiera divergencia, los gobiernos “islamistas” son una tropa de incapacitados políticos, proclives a la guerra y al terrorismo, quienes sólo pueden entender el lenguaje de la violencia.

Naturalmente los gobiernos árabes han solidarizado con Palestina (¿cabía esperar lo contrario?) pero ─ hecho sorpresivo ─ no con el Hamás, por lo menos no de modo explícito. Esa es la razón por la cual Merkel y Obama pidieron a Morsi que intercediera frente al Hamás. Eso no quiere decir, y ambos mandatarios lo saben muy bien, que el presidente egipcio sea un mediador.

Mohamed Morsi de acuerdo a su cultura y a su religión no oculta simpatías por Palestina, y quizás es bueno que así sea. Tampoco es un aliado ni estratégico ni táctico de Occidente. Pero ─ y la sutil diferencia es importante ─ sí es un muy válido interlocutor político. Esa es, por ejemplo, la diferencia entre Morsi y su antecesor Mubarak quien era aliado de Occidente pero por eso mismo no podía ser un interlocutor político para nadie. Ese hecho objetivo, además de sus notables cualidades políticas, son las razones por las cuales Morsi se está convirtiendo ─ si no en un Nasser islámico como adujo un ingenioso comentarista ─ en un líder indiscutido de la región.

La comunicación  de Morsi con las potencias occidentales es óptima. La sintonía con Erdogan en Turquía es perfecta. Tanto en Túnez como en Libia, tanto entre los difíciles jeques saudíes como en la resistencia siria, tanto en Jordania como en Líbano, su voz es escuchada con admiración y respeto.

Alguna vez deberá terminar esa guerra sin vencedores que es la de Gaza. Eso lo sabe Morsi. También lo sabe Obama. Y como los dos lo saben, actuaron juntos. Obama conversó con Benjamín Netanjahu. Morsi hizo lo mismo con Jaled Mashaale, líder del Hamás. El cese del fuego declarado el 20 de Noviembre fue un breve triunfo de la política por sobre la guerra.

No deja de ser interesante mencionar que en medio de la guerra Obama viajó a Birmania. ¿Intentó escapar del conflicto en Gaza? En ningún caso. Si uno observa con cierta detención la estadía de Obama en Birmania permite notar que ella está cargada de símbolos.

Desde un punto de vista comercial, Obama viajó a un país del sudeste asiático considerado como reservado natural de la economía china (¿Respuesta a la agresiva política económica de China en Europa y en América Latina?) Pero desde un punto de vista político viajó a un país que, pese a no ser todavía democrático, ha hecho muchos avances en materia de derechos humanos. Luego, el suyo es también un mensaje a los gobiernos árabes ─ incluyendo al que regirá en Siria en el futuro próximo ─ uno que dice más o menos así: “Podéis contar con nuestro apoyo siempre y cuando no intentéis erigir nuevas dictaduras”. Mensaje que deben haber entendido muy bien los musulmanes esclarecidos pues en Birmania miles de musulmanes han sido objeto de persecuciones llevadas a cabo por budistas

¿Detalles sin importancia? Quien sabe. Pero el dicho alemán que reza: “el diablo se esconde en detalles” ha probado ser válido en no pocas ocasiones. De tal modo que ese abrazo y beso que intercambiaron la admirable disidente Aung San Suu Kyl y el presidente Obama puede que no sea un detalle sin importancia. En todo caso es difícil imaginar a Aung abrazando a Bush; o a Romney.

Esos detalles son al fin los que llevan a los grandes acontecimientos de la historia, o lo que es lo mismo: cada gran acontecimiento está precedido por múltiples detalles.