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lunes, 20 de marzo de 2023

“ACTO DE REPUDIO” EN EL ESTADIO DE LOS MARLINS

Mario J. Viera


  En el juego político de pelota, no podemos irnos con la de trapo y Miami siempre se va con la de trapo. Este domingo se celebró un encuentro decisivo entre los equipos de Cuba y de Estados Unidos en las semifinales del V Clásico Mundial de Béisbol. Los resultados fueron una apabullante derrota del equipo isleño ante la selección estadounidense.

Como las televisoras hispanas de Telemundo y Univisión no transmitieron el partido, no pude ver el encuentro. ¿Jugó mal el equipo cubano? No lo sé. Los resultados muestran que la selección estadounidense fue extraordinaria; pero sigo preguntándome ¿Jugaron mal los cubanos o fueron otras las causas que dieron por resultado su humillante derrota? Los partidos deportivos se ganan en el terreno y en la gradería. El apoyo entusiasta de los simpatizantes de un equipo juega mucho a favor de sus resultados. Y este apoyo moral de la fanaticada estuvo totalmente ausente para la selección cubana.

El momento era oportuno para que el exilio cubano de Miami mostrara toda su energía en defensa de su derecho de expresión y de repudio a la dictadura comunista; eso no está mal, las tiranías tienen que ser denunciadas y repudiadas con todo el vigor de los pueblos, de frente, cara a cara, luchando porque bien se ha dicho, los derechos se conquistan con la acción. Sin embargo, hay un detalle que no podemos pasar por alto: allí, ayer, en el Loan Depot Park de Miami, el estadio de los Marlins no estaban Díaz-Canel, ni Machado Ventura, ni Raúl Castro; no había en el encuentro un equipo del Ministerio del Interior, no estaban los represores, los bandoleros de la respuesta rápida.

¿Acaso tiene razón Mark DeRosa, el mánager del conjunto estadounidense cuando expresó: “El equipo (cubano) más o menos representa al gobierno, y hay gente que no está muy contenta al respecto”? También se pudiera alegar que el equipo cubano “más o menos representa a Cuba”.

Un entusiasta cintillo apareció en la edición de hoy del Diario de Cuba: “El mensaje del exilio contra el régimen se escuchó fuerte y claro en toda la Isla a través de la televisión oficial”. ¿Fue así, en realidad? Tal vez sí, pero… ¿Sorprendió ese mensaje al pueblo de Cuba? Eso, la gente en Cuba lo da por hecho, ya están acostumbrados los cubanos de la isla a los mensajes del exilio. ¿Influirá tal mensaje para animar a los electores en Cuba  a abstenerse de manera masiva en las elecciones programadas en Cuba para el 26 de marzo? ¡Para nada! Ya la gente en Cuba ha tomado su decisión para esa fecha. Muchos lo dicen, no votarán y es posible que el porcentaje de abstencionismo electoral será, esta vez tan contundente como fuera la derrota del equipo cubano frente a Estados Unidos de 14 carreras contra 2 de Cuba.

No faltaron “actos heroicos” en el encuentro Cuba -Estados Unidos. El grafitero Danilo Maldonado "El Sexto", se lanzó al terreno en la sexta entrada por el jardín central durante el turno de la novena cubana, desplegando una tela con el mensaje "Libertad para los presos cubanos del 11J". Esto me hizo recordar un hecho semejante ocurrido el 26 de noviembre de 1952 cando José Antonio Echeverría, José Hidalgo Peraza, Danilo Baeza Sánchez y Fructuoso Rodríguez penetraron dentro del terreno del estadio del Cerro, durante el encuentro de los equipos de béisbol Almendares y Habana, portando una sábana blanca donde se condenaba al golpe de estado. La diferencia es que ahora El Sexto no tuvo que enfrentar la agresión violenta de la policía de la dictadura batistiana.

Previo al encuentro el mánager del equipo Cuba, Armando Johnson, había declarado a la prensa:  "Aquí nosotros venimos a jugar béisbol. No nos preocupan los que vengan a provocar a los jugadores", ¿Provocar a los jugadores? Tal vez esa no fuera la intención de los estridentes, pero, en realidad todo parecía que así fuera, que se estaba replicando uno de los métodos aplicados por la dictadura del PCC en contra de los disidentes, un acto de repudio afectando a los jugadores cubanos. Portar camisetas con el mensaje de Patria y Vida, vale, colocar algún cartel haciéndole llegar el mensaje a los peloteros cubanos que se protestaba en contra de la dictadura, no está mal, aunque mejor debiera ser lo que hizo el reguetonero cubano Ovidio Crespo “Ovi“, quien, en su cuenta de Instagram, llamó a dar apoyo al equipo Cuba y al deporte, "pero no a la dictadura ni al comunismo".. Este hubiera sido el mejor mensaje de cubanos a cubanos; el mensaje que dejara claramente expuesto que se protestaba contra el intento del dictador de turno Díaz-Canel de politizar el partido de pelota para promover su campaña a favor de las elecciones del próximo 26 y que la protesta no iba contra del equipo Cuba. Había que hacerle claro a esos peloteros que el exilio cubano como a cubanos, los respetaban y exponer en un cartel un reclamo: “¡Jueguen por Cuba, no por Díaz-Canel!” 

Nada de esto se hizo, las gradas se llenaron no para disfrutar un partido de béisbol, sino para darle rienda suelta a las frustraciones. No se trataba de una manifestación espontánea era claro que dirigentes del exilio organizaron el espectáculo. Allí estaban presentes “Somos Más”, “Cuba Decide” y hasta el complaciente ─ evito usar el peyorativo “detestable ─ Otaola ganando imagen que las amables cámaras de Telemundo le regalan, para él poder seguir viviendo del cuento.


viernes, 14 de octubre de 2022

LO QUE NOS ENSEÑAN LAS PROTESTA EN IRAN

 

Mario J. Viera

 


Podemos, los cubanos extraer importantes enseñanzas de las protestas y del sentido de estas que se está produciendo en Irán, para cotejarlas con la realidad cubana. Tomo a colación, un reporte de la agencia EFE que trata sobre las actuales protestas iraníes, presentado bajo el titular “Protestas en Irán: ¿estamos ante una nueva revolución?

En este artículo que firma Jaime León, el reportero toma como base para sus conclusiones los recuerdos del periodista polaco Ryszard Kapucinski quien en 1979 se encontraba en Irán y fuera testigo de los acontecimientos de la revolución popular que derrocara el gobierno del último sah de Persia, Mohamad Reza Pahlavi.

Kapucinski en su libro “El Sha o la desmesura del poder”, escribió que aquella revolución comenzó cuando un hombre dejó de tener miedo frente a un policía que le encaraba a gritos, el hombre, participante en una protesta ocurrida la ciudad santa de Qom, se mantuvo impávido frente a los gritos del policía mirándole de manera desafiante a los ojos: “No sabemos si el policía y el hombre de la multitud se han dado cuenta de lo que acaba de ocurrir. De que el hombre de la multitud ha dejado de tener miedo y de que esto es el principio de una revolución”, así reproduce León las palabras de Kapucinski.

Anotemos, la revolución iraní, en 1979 comenzó cuando se perdió el miedo; ¿Acaso eso mismo no se está presentando en Cuba, la pérdida del miedo? Muchos cubanos protestan y como el hombre de Kapucinski, retan a los policías y no se retiran. Kapucinski recuerda que durante las manifestaciones iraníes de 1979 la multitud coreaba, “el sah debe marcharse” y “muerte al sah”; lo mismo resuena ahora cuando se grita en las calles “muerte al dictador” en referencia al líder supremo Ali Jameneí; ¿Acaso estos gritos no tienen la misma semejanza con los clamores de las protestas cubanas de “Díaz Canel, singao”?

En Irán la consigna del momento es la de “mujer, vida libertad” que parece como el eco de la consigna sencilla que se gritó en las manifestaciones del 11 de julio, “Patria y Vida”. Ciertamente existen similitudes entre los reclamos iraníes y los de los cubanos que protestan y exigen.

Kapucinski, como lo reporta EFE, presenció en aquel entonces de 1979, “una anchísima y agitada marea humana, que no tiene fin y que fluye por la calle principal desde la madrugada hasta la noche” de gente protestando. Y acota León que ahora, en Irán, “no hay ‘mareas humanas’, muy lejos de ello”. Las protestas han ido evolucionando, hace notar León, ahora se centran más en pequeñas concentraciones, esporádicas y dispersas. ¿No es esto lo mismo que ocurre en Cuba? Durante las protestas sindicales y protestas populares que se lanzaron en 1933 contra el gobierno autoritario del presidente Gerardo Machado se produjeron unas verdaderas marejadas de protestas. Esto, hasta ahora, tal como las protestas de Irán en 1979, en Cuba, no representa “una anchísima y agitada marejada humana”.

Constata León que solo una pequeña parte de la población se ha sumado a las protestas, sobre todo adolescentes y universitarios. ¡Sobre todo adolescentes y universitarios! En Cuba, durante las protestas actuales y las del 11 de julio, todas de carácter espontáneo, contaron entre sus manifestantes a muchos adolescentes, pero el reclamo no ha llegado a las universidades ni a los centros de enseñanza secundaria, estudiantes y universitarios no han marcado pauta dentro de las protestas; y esto es algo imprescindible que hay que lograr.

León hace la siguiente observación: “En algunas zonas de protestas de Teherán, los conductores hacen sonar sus cláxones en una muestra de apoyo a los jóvenes, pero no se bajan de los coches porque no todo el mundo ha perdido el miedo”. En las últimas protestas ocurridas actualmente en Cuba se han producido cacerolazos; pero no todos las han secundado, “porque no todo el mundo ha perdido el miedo”. En Irán las llamadas a las huelgas no han tenido mucho efecto. En Cuba ni siquiera esto se ha producido. No ha habido una respuesta obrera, tampoco se ha llamado a los trabajadores para que se declaren en huelga en reclamo de sus derechos.

¿Se está produciendo una revolución en Irán o en Cuba? La respuesta es un simple no. Faltan elementos claves para generar un estado de revolución; entre ellos el más importante, la carencia de liderazgo, la aparición de un líder como fuera el ayatola Jomeini, uno como lo describe Kapucinski, con un “inquebrantable rostro de un hombre de gran determinación, de voluntad implacable y contundente que no conoce la vuelta atrás y, tal vez, ni siquiera la vacilación”. Pero tampoco se cuenta, ni en Irán ni en Cuba, con el liderazgo de una organización que encauce el enfado de los jóvenes, de los obreros, de los campesinos y del pueblo en general que quieren libertades.  Sin un liderazgo de conducción, no hay revolución, solo protestas que, a la larga, no representan una amenaza existencial para la dictadura cubana.

León cierra su artículo con lo expresado por una joven iraní: “Esto no es aún una revolución, pero podría ser la semilla de una revolución”. Es la semilla de la revolución, pero toda semilla para que germine requiere de cuidados, requiere de un cultivador que la nutra y cuide.

sábado, 3 de septiembre de 2022

FRUSTRACION Y PROTESTAS. EL ACTUAL PANORAMA DE CUBA

Mario J. Viera

 


A propósito de un artículo de Yunior García Aguilera, titulado “El enemigo de Cuba está en la Plaza de la Revolución”, aparecido en la edición del 3 de septiembre de 2022 de 14 y Medio, elaboré un comentario para tratar sobre el tema. Dado el necesario ahorro de espacio que se requiere para un comentario dentro de un medio informativo, traté de ajustarme al mínimo de extensión que requería el tema.

Ya antes de leer el artículo de García Aguilera había pensado en redactar uno enmarcado dentro del enunciado de este título, que ahora presento.

Luego de las impactantes manifestaciones populares de protestas a lo largo y ancho de todo el país, producidas el 11 de julio de 2021, se infundieron ilusiones y esperanzas en gran parte del pueblo cubano, incluyendo al exilio en Estados Unidos. Muchos vieron a la decadente dictadura ya en fase terminal. Pasada la euforia se produjo entonces un momento de perplejidad, cuando las manifestaciones fueron disolviéndose y el régimen comunista realizara una concienzuda represión en contra de una gran mayoría de los manifestantes. Poco después, renacieron nuevas esperanzas, cuando, desde la plataforma digital Archipiélago, se convocó a la realización nacional de una marcha cívica por el cambio en Cuba, y apoyada en la isla por algunos representantes de la disidencia interna. Inicialmente la marcha se había propuesto para el día 20 de noviembre, pero ante el intento del gobierno de militarizar el país en ese día, Archipiélago decidió adelantar en cinco días la marcha.

De haberse llevado a cabo la convocatoria, esta manifestación o manifestaciones, no serían propiamente consideradas como espontáneas, aunque tampoco un movimiento organizado. No respondía al esfuerzo de una labor de aglutinamiento de fuerzas previo, ni a la elaboración de un proyecto estratégico; pero, de ningún modo, podía ser considerada como acción clandestina y mucho menos sediciosa, por cuanto sus promotores le habían comunicado la convocatoria de la marcha y sus ubicaciones a las autoridades nacionales.

Desde el exilio algunos consideramos que la Marcha Cívica no llegaría a ser posible dado su previa comunicación al gobierno. Sabíamos que si Díaz-Canel durante el 11 J había convocado a todos los “revolucionarios” salir a enfrentar a los manifestantes, ahora, ya no tomado por sorpresa, pondría en alerta todo su aparato represivo para impedir su ejecución, pero le dimos nuestro apoyo a la convocatoria, más que nada, por solidaridad.

El miedo salió a la superficie. El régimen había hecho uso de su arma más poderos, la de inspirar temor. Todos vieron la triste suerte alcanzada por los manifestantes del 11 J; todos vieron las puertas de las prisiones como se abrieron para aislarlos. El resultado: la frustración y la estampida de miles de cubanos hacia el autodestierro, desilusionados de sus propias potencialidades. El silencio de la oposición interna retumba. La impresión que se tiene desde la distancia, es que ya, solo es un apagado eco. Sin embargo, actualmente se producen esporádicas manifestaciones de protesta, de cuando en vez aparecen grafitis y pintadas provocadoras que van en contra de los funcionarios del gobierno y en especial de Miguel Díaz-Canel.  

Siempre hay un rayito de esperanza, pero todavía, como dice la trillada expresión, sin ver la luz al final del túnel.

Hay varios conceptos que se manejan en cuanto a la contradicción dictadura/pueblo, uno de ellos muy cierto, el que plantea, por ejemplo, que “la misma dictadura está provocando un verdadero alzamiento popular y sin duda alguna en cualquier momento se produce”. Muy cierto es también lo expresado por Yunior García en su artículo, cuando afirma que los sustitutos del antiguo “cacicazgo que se autolegitimó, por peripecias históricas”, constituyen “una cuadrilla de burócratas carentes de leyenda” que “no heredó el carisma de sus referentes, ni cuenta con respaldo popular, ni recibe siquiera el beneficio de la duda”. Esto dicho así, no es del todo exacto.

Todavía quedan restos de humedad, como dice la canción de Pablo Milanés. No se trata ya del apoyo incondicional de masas, tal como las que seguían ciegamente a Fidel Castro; todavía en lo interno del pueblo hay muchos que creen los mitos “revolucionarios” y muchos dispuestos a defender al sistema, aunque sea con piedras y garrotes para aplastar el disenso, y no son estos precisamente miembros de la élite política ni solo ancianos resentidos y agriados que se organizan dentro de las brigadas de respuesta rápida. El partido comunista se mantiene con una militancia fiel, organizada en todos los niveles del Estado y de la sociedad y junto a este contingente está la Unión de Jóvenes Comunistas que controlan todos los espacios universitarios, El régimen además cuenta conta con la fidelidad de las fuerzas armadas y de todo el aparato del Ministerio del Interior. Cuenta también con la complicidad de un número importantes de artistas e intelectuales agrupados en la UNEAC y de los periodistas oficialistas siempre dispuestos a deformar la verdad o a su ocultación. La nocooperación del pueblo con el régimen todavía no llega a niveles críticos, y si no, véanse los desfiles del Primero de Mayo y de otros actos convocados por el PCC.

No obstante, es necesario hacer precisiones. La primera de ella, la dictadura que rige en Cuba, no es, ni ha sido, una semejante a las que prevalecieron por décadas en América Latina; en nada se asemeja a la dictadura de Fulgencio Batista, ni a la de Leónidas Trujillo, ni las de los Somoza y los Duvalier, ni la tenebrosa dictadura de Augusto Pinochet. ¿Brutales? Sí. Esas dictaduras pisoteaban los derechos humanos, violaban las leyes, hacían caso omiso de los principios constitucionales y, al mismo tiempo, admitían la existencia de partidos políticos opositores, despreciaban al periodismo independiente pero no los prohibían tajantemente; de alguna manera más o menos independiente actuaba la sociedad civil; dentro de esos regímenes funcionaba un Poder Judicial y actuaba el Congreso, ¿Limitados? Sí, pero no totalmente absorbidos por el poder dictatorial.

La de Cuba es otro tipo de dictadura, es una dictadura totalitaria, bajo la fuente del poder de la hegemonía política de un ente supra social y supra estatal, el Partido Comunista. Si en las dictaduras, que podemos definir como clásicas no existía el poder aglutinador de una ideología única y dominante, en el régimen de Cuba si existe esa fuerza dominante que determina todas las estructuras estatales. Todo dentro de la revolución, nada contra la revolución. Partido y Estado una misma identidad. Si las dictaduras clásicas se burlan de las leyes, la dictadura totalitaria actúa de acuerdo con sus propias leyes, por lo que sus actos a la luz del Derecho se pudieran ver como legales; no violan sus leyes, aunque pueden modificarlas a su gusto y antojo en determinados momentos.

Las dictaduras clásicas caen solo al impulso de la rebeldía y las protestas populares. Cae el gobierno y la dictadura desaparece. Pero esto no funciona bajo un Estado Totalitario. En un Estado totalitario existe una dualidad de funciones, un gobierno aparente, con un presidente, un primer ministro y un consejo de ministros, y un poder real, que reside dentro de las estructuras del partido único, dentro de su Buró Político y dentro de su Secretariado y colocado por encima de la sociedad y el Estado. Las protestas espontáneas del pueblo, pueden poner en crisis al gobierno aparente, pero no afectan a la fuente básica del poder del Estado totalitario, la hegemonía política.

Díaz-Canel, aun ostentando el cargo de Secretario General del PCC es una figura desechable. Ante el peligro de una profunda crisis política, la mano invisible de la hegemonía política restablecerá el equilibrio, destituyendo a Díaz-Canel y nombrando a otro “cuadro” del Partido Comunista. El gobierno de Díaz-Canel puede caer, pero no desaparece la dictadura totalitaria.

Ante este razonamiento ¿está todo perdido? No, de ninguna manera. La masa está fermentando ante los abusos del poder; pero no se le puede dejar al azar, a lo espontáneo. Protestas espontáneas pueden producirse aisladamente provocadas por los apagones, por la carestía de la vida, por diversas situaciones. Estallan, y luego se disuelven por su propia dinámica; y esto puede ocurrir hasta con protestas poderosas y multitudinarias, como ocurrió el 11 de julio. Se requiere, primero, liberarse del síndrome de la frustración y generar la confianza en el poder de todo un pueblo, solo posible con la existencia de liderazgo y organización; se requiere, además, una voluntad de acción unida; se requiere mantener una disciplina consciente de resistencia; se requieren objetivos precisos y claros; se requiere definir cuál es el enemigo objetivo, debilitar al poder real, destruir la hegemonía política.

Enfrentar al gobierno aparente, es correcto, pero solo como paso previo para ir contra el poder principal. Se requiere la coordinación de muchos sectores, obreros, campesinos, juventudes y estudiantes, artistas, intelectuales y emprendedores. Se requiere ganar el apoyo de las iglesias, de las organizaciones fraternales, y planear objetivamente todas las acciones de resistencia. Este papel de organizar le corresponde a la disidencia interna. Solo así, con organización, liderazgo y disciplina se puede plantear el gran reto a la dictadura totalitaria y vencerle.


martes, 24 de agosto de 2021

Lo prioritario; más que palabras, proselitismo

 

Mario J. Viera

 


Ya va siendo sintomático y sistemático, dentro del movimiento disidente interno en Cuba, la elaboración de enjundiosos proyectos, plataformas, comunicados; todos muy bien elaborados y muy bien expresados, y todos, y cada uno de esos proyectos, plataformas y declaraciones, repiten, con diferentes tonos, las mismas conclusiones, que el régimen dictatorial impuesto por el PCC es decadente, equivocado y violador de los derechos humanos. La realidad no puede ocultarse, y esa realidad plantea que se requieren cambios; pero ¿quién desconoce en Cuba la necesidad de hacer cambios? Tal vez algún que otro ingenuo, que siempre los hay; o algún que otro cómplice del régimen; pero ¿la mayoría?

 

Existe, siempre ha existido, una muestra poblacional compuesta por aquellos que guardan silencio y rumian sus frustraciones en la intimidad del hogar por el lógico temor a la represión; pero también están los miles que emigran desesperados ante su situación económica, sin importar medios y recursos para lograrlo, y los miles de jóvenes que, como todo relevo generacional, es rebelde y no se vincula con una historia que, para ellos es solo tiempo pasado; y los miles que se atreven a vincularse abiertamente a la disidencia y, sobre todo, esos miles que, de modo espontáneo, protagonizaron las revueltas del 11 de julio. Esa gran mayoría está consciente de la necesidad de un cambio, porque está presente en sus propias vidas. ¿Convencer al convencido de que hay que hacer cambios, tanto sociales, políticos y económicos?

Ya ha dejado de ser prioritaria la labor de convencimiento. En ningún país existe una mayoría de intelectuales, por tanto, cuando se intenta adelantar un proyecto político, sobran las propuestas intelectuales; se requiere hablar claro para que todos entiendan. La ilustración en Francia sentó las bases de la necesidad del cambio, inspiró; pero no ejecutó la Revolución, sin el apoyo de los sans-culottes no habría habido Revolución Francesa; sin los granjeros de las Trece Colonias, no habría habido la revolución americana; sin el apoyo de los llaneros no habría tenido éxito Simón Bolívar; sin apoyo de la gran masa de campesinos y de negros esclavos no se hubiera podido formar el ejército mambí en Cuba; y hasta la revolución bolchevique en Rusia no se hubiera producido si no se contara con las masas de obreros y soldados que nada conocían de plusvalía ni de dialéctica.

 

La gran masa nacional en Cuba no se moviliza con propuestas de “libertad de empresa”, “equilibrio presupuestario”, de planes especiales “a la compensación por las expropiaciones” y de “compromisos transparentes de pago de la deuda externa”. Nada de esto moviliza a los pueblos. Más influencia movilizadora tuvo el tema de una canción que todas las propuestas intelectualoides. El 11 de julio la gente en la isla salió al reclamo de Patria y Vida.

 

Más que palabras rimbombantes, lo prioritario hoy es hacer proselitismo directo, persona a persona, haciendo solo uso de las páginas sociales del internet como medio auxiliar. Lo prioritario ahora es organizar al pueblo, conducción de masas, y liderazgo horizontal. En una palabra, moverse dentro de las entrañas del pueblo. El régimen luego de la acometida del 11 de julio ha comenzado a moverse, se va a los barrios y a las universidades con el propósito de consolidar sus bases. Esto también debe acometerse por la disidencia convertida en fuerza opositora, ir al pueblo para consolidar la base necesaria para impulsar un movimiento de resistencia no violenta bien organizado que rete a la dictadura y la obligue a parlamentar.

domingo, 19 de noviembre de 2017

ESCUPIR PARA ARRIBA

María José Ferreiro. Blog POLIS
Muchos que me leen me conocen personalmente, saben que divido mi tiempo entre Bogotá y Caracas por motivos de trabajo. Para el 2018, tendré que añadir un nuevo país: Perú. Me gusta viajar, pero sufro de aerofobia. Créanme que no es fácil dominar una fobia. Leo a mucha gente en Twitter, no hago lo mismo en Facebook o Instagram, ya que considero el mundo de las redes sociales como una burbuja adictiva, donde uno entra y sale por distintos motivos.
     Viví en primera persona gran parte de las protestas de este año, vi lo que sucedió en las calles, y vi lo que sucedió frente a mi casa cuando la GNB nos dispensó una “cordial” visita: ese día puse a prueba mi extenso repertorio de maldiciones y groserías. También vi a los guarimberos saboteando marchas, vi a la resistencia, la de verdad, enfrentando a la GNB, tragué una que otra dosis de “gas del bueno”, saqué fotos, hice denuncias, conversé con gente, me senté con chavistas para saber que pensaban. He escrito varias veces en mi cuenta de twitter que tengo amigos chavistas, y eso me ha ganado muchos insultos. De estos amigos cuento con una mano, y me sobran dedos los que aún apoyan a este régimen. En cada uno de esos días de protestas, había una pregunta que me repetía mentalmente: ¿cuánto más se podrá aguantar? No era sólo el cansancio, la parálisis de tantas actividades, lo más grave eran los asesinatos por los esbirros, los miles de heridos (algunos sin recuperarse todavía) los miles de detenidos juzgados sin justicia, el llanto, el dolor y desesperación de las familias, los asaltos a domicilios de madrugada, y una vez más: “haz esta cola, llegó el arroz, no hay pan.” Día, tras día, sin descanso. Jamás, nunca, se estuvo en la calle por o para la MUD, y aquí hago énfasis en el uso de las preposiciones, que algunos en su ligera e ignorante lectura pasan por alto: POR, PARA. Convocar, no es un para o por. De hecho, también leía a quienes le exigían a la MUD mayor conducción en las protestas. Hubo un momento en que ya ni los puntos de concentración se cumplían. Y llegó un momento en que la GNB ya no permitía concentrarse en ningún punto, la represión no lo permitía. Esos fueron los peores días. También vi con el desgaste de la gente y la horrible represión, como pequeños grupos vandálicos iban tomando protagonismo: llegaban, rompían todo, amenazaban a la gente, asaltaban vehículos, merodeaban, y ninguno terminaba detenido. Grupos que aún hoy en día aparecen y desaparecen, sin que se sepa de donde vienen, si responden a algún interés, o como es que operan. No, estos grupos no son la resistencia que yo vi y reconozco.

     Es increíble como desde Miami, España, Argentina, México y otros países, dicen que la calle se desmanteló ¿La calle es una casa de lego que se desmantela? Que la callé se enfrió. Claro que se enfrió, la sangre enfría, el cansancio enfría, el dolor enfría, el miedo enfría, sobre todo cuando después de 4 meses quieres ver algo más que un batallón de la GNB pateándote, disparándote, y arrastrándote a una celda. La más absurda de todas las quejas, favorita de los off shores: la MUD enfrió la calle. Esto es un insulto para miles de personas que protestaron en todo el país, que tragaron gas, que vieron sus hogares asaltados de madrugada por los esbirros de la GNB. ¿Creen realmente que la MUD giró una orden y listo, obedecimos como borreguitos escuchando a su comandante? Hay que tener mucha soberbia y poca capacidad de discernimiento para pensar semejante desfachatez. 
    Cuando se convocaron a elecciones regionales, elecciones que el régimen suspendió ilegalmente en el 2016, y no quería realizar, ya la calle estaba sola por razones lógicas que algunos no quieren ver. Estos mismos levantan su queja desde el teclado porque no se siguió adelante “epa, sal a la calle, tienes que hacer esto...que estás esperando, es que no tienen bolas, así no se va a salir de la tiranía”. Para mandar a hacer, el ser humano es muy diligente. Les pregunto a estas personas ¿no sería más noble, valiente y solidario de su parte, ayudar con medicamentos a los cientos de heridos por la represión y que todavía no se recuperan? ¿Aportar con comida a los cientos de detenidos en las cárceles? Y es aquí donde insisto en un factor común: la mayoría de quienes escriben los reclamos de calle, ya no viven en Venezuela, no todos, obviamente, pero sí una gran parte que se expresa en las redes sociales. A estos tengo algo que decirles con respeto, y honestidad. Sepan, que nadie, sino ustedes mismos, son los responsables de esa frustración que rumian porque se fueron. Sepan, que el dolor que sienten por haberse tenido que ir de su país, para tener una vida mejor, a la cual tienen derecho, no los hace especiales, únicos, o los reyes del lugar que hay que consolar porque les duele mucho. Sepan, que su “dictadura no sale con votos” es una cachetada a millones de personas que no se van a ir de Venezuela, que no tienen a donde ir, o no tienen como irse. Sepan, que su derecho a opinar no está por encima del derecho a responderles. Sepan, que esto es demasiado doloroso para que ustedes, yo, o el otro pisoteen las heridas. Sepan, que la MUD no es perfecta, que es un manojo de errores, pero que a nivel político es lo mejor que hay. Sepan, que tienen razones comprensibles para sentirse como se sienten, pero también deben aprender a valorar a quienes están en otra posición, sintiéndose, quizás, igual a ustedes, o hasta peor porque no saben si van a tener que comer en la noche o tienen a un ser querido injustamente detenido. 

     No, la MUD no enfrió la calle, ¿cómo podría hacerlo? Si usted es el que dice que con las elecciones regionales se enfríó la calle, entonces está diciendo que la gente que estaba en la calle solo quería elecciones regionales y por eso se retiró. Piense, no duele, es un ejercicio muy útil. Por nada en el mundo me pondría en el lugar de cualquier dirigente político, porque su responsabilidad es muy, muy difícil de calzar. Y me refiero a la dirigencia que asume responsabilidades, no la de adorno o consignas que se dedica a reaccionar contra lo que otros hacen. La calle se enfrió porque somos humanos y la calle duele, sangra, se muere en ella, y si terminas en una cárcel, es mejor que te encomiendes a todos los santos, porque ya no serás dueño de tu vida, los militares lo serán. Ellos decidirán si vives o mueres, ellos decidirán hasta tus horas para ir al baño, si es que hay un baño. Ellos decidirán si te rapan el pelo, si agonizas por unos días, o si te dejan un rato más en una celda inmunda antes de que vuelvas a ver la luz del sol. ¿Quién está dispuesto a eso? Decirle a la gente que haga lo que no se está dispuesto a hacer, es una bajeza. 

El régimen por supuesto que no saldrá sólo por el voto, tiene que haber una conjugación de muchos factores, y poner todos a funcionar con efectividad, sin que uno excluya al otro, es una tarea titánica. Esto no va a cambiar hasta que se alcance el punto máximo de oscuridad, y ahí estamos entrando con el fraude del domingo 15 de Octubre: así que, abróchense los cinturones. Si usted es el que se levanta y pone una foto de una marcha de hace 8 o 6 años diciendo que perdió el tiempo porque Chávez no se fue: usted no conoce a su país, ni lo que ha pasado en el. Sufrir consecuencias, no significa necesariamente conocimiento. Jamás entenderé como repitiendo con tono fuerte que el régimen es una narco dictadura, puede al mismo tiempo quejarse de que fue a una marcha y el régimen no cambió, o fue a 100 marchas, y el gobierno no cayó. ¿No le parece que hay contradicción en eso? Piense, es muy útil. Al final, su frustración, no es una competencia con la mía. Su vivencia, no está por encima de la de otro, y lo que usted dice: “se sabía”, aún quien actúa distinto a usted, también lo sabe. 

     La vida es difícil, la vida duele, la vida no es rosa, la vida puede ser muy gris, y a pesar de eso, hay que levantarse todos los días y salir adelante. La vida no responde a lo que queremos, sino a lo que construimos en consecuencia de las decisiones que tomamos. Unas veces nos equivocamos, y toca volver a empezar, otras veces nos va bien, otras no tanto: pero seguimos, seguimos hasta que dejamos este mundo, es sólo en ese momento en que se terminan todas las opciones.


Maria José Ferreiro. @mjferreiro 
Escritora-guionista-autora

domingo, 14 de mayo de 2017

Venezuela: Más allá de las Palabras

Fernando Yurman. Blog POLIS




¨Nadie sabe lo que puede un cuerpo¨ Baruch Spinoza


Después de semanas de épica resistencia de ciudadanos venezolanos contra la mayor desgracia de su era republicana, es difícil disimular las escamas del engendro. Una criatura informe que creció con la complicidad de muchísimos gobiernos y mafias que circulaban en su misma red de corrupción. Esa simpatía diplomática, un capitulo mayor en la Historia Latinoamericana de la Infamia, ahora destaca en su negro esplendor. Una entidad monstruosa que desde los delirantes orígenes chavistas evolucionó deformada de verborragia socialista, musculatura fascista, apropiación capitalista salvaje y vocación gangsteril. Su malignidad fue tenazmente desconocida por las figuras oportunistas de Podemos en España, la ultraizquierda fascista de Francia, la izquierda caviar de intelectuales necrofílicos de Argentina, la izquierda fascistizada por los oportunismos populistas que impregnaron el continente, la espiritualidad pragmática de un Papa saludador, y los románticos de café que suelen tener orgasmos con las imaginarias revoluciones latinoamericanas. Difícil entender el rango ético en las contorsiones a que arribó esa fauna. Sus posiciones, que años atrás preservaban cierta moralidad racional, una apuesta vaga por el bien genérico, justificaron abiertamente un maltrato cuya sangre les salpica en la cara.


La envoltura ideológica de izquierda, una referencia de la cultura occidental, amaga terminar en religión enfermiza, algo que otorga un suplemento de identidad, como las sectas o las certezas místicas. Carente de eficiencia, hace tiempo que rebota en la oquedad, un vacío que solo aplaca una dosis exaltada de pasión fascista. Solo eso explica la bonhomía ideológica persistente que guardan con los verdugos de un pueblo inerme. 


Cuando se leen artículos sin firmar que sugieren que hay dos bandos en las calles de Caracas, no un pueblo solo contra la monstruosa maquinaria asesina, se sabe que son escribas comprados. Equiparan la ciudadanía desarmada con la Guardia Nacional, la gente con el ejército corrompido y los sicarios pagos del gobierno.  Procuran una mirada mesurada, que preserve el equilibrio, como si estuvieran evaluando la puja de dos cantones suizos y no las calles sangrientas de un pueblo hambriento. 


Es sabido el esfuerzo de este régimen por construir el discurso de una guerra imperialista de cartón pintado, un panorama verbal que excuse el saqueo y los asesinatos a mansalva. Pero cuando la evidencia es dudada en niveles superiores, en plumas y voces que aparentan idoneidad y conocimiento, que parecen saber de una verdadera ¨guerra económica¨, y del terrible “imperialismo¨, y de la ¨formal democracia¨, uno se pregunta sobre la hondura de esos seres. Serán vocacionalmente brutos o infames, y vacilamos, no pueden ser tan infames, deben ser muy brutos, y luego, no pueden ser tan brutos, deben ser muy infames. Quizás sean equitativamente las dos cosas, pero lo cierto es que ven un pueblo aplastado por delincuentes reconocidos y solamente pueden hacer especulaciones adolescentes desde la ¨belle indiference¨ de su aparato ideologico. 


Harto de palabrería, un pueblo reunido por las redes digitales, salió a la calle casi sin líderes, con la honda certeza de su inermidad y su razón justa contra un gobierno forajido. No ¨amaneció de bala¨, como decía un verso legendario de la vieja izquierda, sino con decisión de resistir. Fué la represión, el acoso, el hambre programado, contra una voluntad popular tan difusa como genuina. Sin comida, usando un poco del excremento posible, las bombas llamadas poputov defienden y también ilustran simbólicamente ese lugar rebelde del cuerpo, el hambre que no los ha doblegado, y les permite echar a los opresores su verdadera sustancia. El ¨pupu¨, nombre venezolano del excremento, pone afuera la verdad desnuda de esta confrontación. 


Ya había aparecido un manifestante desnudo, luego una mujer mayor que ofrendaba su debilidad a una tanqueta, ahora son bombas de excremento, un testimonio del furioso interior y un rechazo del palabrerío ideológico. Es la zona desconocida del cuerpo social que sucede metafóricamente más allá de la palabra.


Cabe recordar que uno de los mejores cuentos fantásticos venezolanos se llama ¨La máquina de hacer Pupu¨, una suerte de ironía sobre las primeras y sombrías décadas del siglo XX, y ahora convertida en una ironía profética. El petróleo, a su vez, fue llamado literariamente ¨el excremento del diablo¨, y los balancines que pican la tierra de los yacimientos ¨los buitres carroñeros¨. También la corrupción pertenece a esa química de la fermentación, una administración delictiva que se pudre, y ha sido comparada con la falta de control de esfínteres, porque compulsa sin reglas y no diferencia afuera y adentro, lo propio y lo ajeno. Esta dimensión metafórica intestinal, que también expresa la convicción ¨hicieron mierda el país¨, está hoy en el aire, aunque no se nombre en un discurso. Sucede en una simbolización silenciosa, implícita e incesante.


Aquella pintura de Delacroix, ¨La libertad guiando al pueblo¨, y las fugas en ¨Los miserables¨ de Victor Hugo, difundieron las metáforas de barricadas y turbas del siglo XIX incluso entre los que jamás oyeron hablar de ellos. La corriente de gente impedida por el dique del poder, subyace en esas primeras gestas urbanas. Las calles son el lugar del tránsito público, no había barricadas en las guerras campesinas, y ese tránsito impedido a las ¨masas¨ se volvió también una metáfora. Casi todas las ideologías populares la sostienen sin explicitar, el pueblo como correntada y el poder como represa, en frases como ¨La marea de protestas anego el poder¨, ¨canalizaron el descontento¨, ¨no pudieron obstruir la confluencia de los pueblos¨, ¨ La voluntad política se abrió un cauce¨, ¨la represión impidió¨ , que suponen una corriente y un impedimento. Esa metáfora era tanto ideológica como urbana, basta recordar ¨El hombre de las multitudes¨ de Edgard A Poe, casi coetáneo con los tumultos de Paris en los ¨treinta¨ de ese siglo. Casi doscientos años viajaron esas metáforas en folletines y tratados, y cuando se agotaron malversadas (metáfora de la metáfora), y el cuerpo real no tuvo representación que lo manifieste, fue el excremento, como en la histeria el vómito, lo que trató de expresarse. En Caracas, donde los manifestantes tenían que escapar por la cloaca del Guaire, como Jean Valjean por las alcantarillas de Paris, es el excremento lo que guía al pueblo, un testimonio cabal del cuerpo sin banderas que está expulsando el mal envuelto en sus declaraciones mentirosas. Perdido el símbolo, es el signo físico lo que circula en esa violencia.



Walter Benjamin sostenía que la alegoría es al lenguaje lo que las ruinas son a las cosas, y Venezuela, una sociedad en ruinas, con un lenguaje pervertido por la mentira y la falsa emotividad ideológica, no puede sino alegorizar con su cuerpo, hasta que las palabras vuelvan a ser sustantivas. Las primeras protestas se llamaban ¨guarimbas¨, nombre que deriva de un juego de calle infantil, y que extiende en la protesta sus reglas de juego. La actuales, incesantes, impredecibles, temerarias, abandonaron ese nombre y están buscando el suyo. Las ¨poputov¨ son las primeras letras. 

martes, 16 de septiembre de 2014

De rondón en el Gabacho

Mario J. Viera

El que ahora es un tema político más que manoseado en los Estados Unidos es, a no dudarlo, la reforma migratoria. Sí, se ha convertido en un estira y encoje entre los republicanos y los demócratas en la defensa de sus particulares opiniones. Todos, sin excepción, se declaran partidarios de la reforma; pero cada uno con sus muy propios matices, y, por tanto, sin llegar a un acuerdo definitivo. De este modo, la tan cacareada reforma migratoria  parece que finalmente terminará en el limbo de la legalidad. Allí donde mueren las esperanzas y existe el clamor y el crujir de dientes.

Sin embargo el asunto (la “inmigración ilegal”, “no ilegal”, sino, mejor usar el eufemismo “indocumentada” que, en definitiva y simplemente es furtiva o, según el término gubernamental, illegal alien) se va más allá de los debates y confrontaciones entre las cámaras alta y baja del Congreso y entre el Congreso y la Casa Blanca, para convertirse en debate nacional o cuasi nacional y casi casi en un conflicto étnico de enfrentamiento entre hispanos y anglos, como al menos así algunos activistas pro reforma migratoria parecen insinuarle.

Cuando por boca de organizaciones, como Fraternidad Americana, Consejo Nacional de la  Raza, Mujeres Pro reforma Migratoria y muchas otras de semejante carácter, se habla de inmigración furtiva, se piensa solo en la inmigración ilegal proveniente de Hispanoamérica. Nada se dice y nadie piensa en inmigrantes indocumentados e ilegales de Europa, de Asia y de África, solo se piensa en “hispanos”; y cuando se habla de hispanos, al menos por el clamor de las organizaciones mencionadas, se está pensando en mexicanos.

Ciertamente la mayor comunidad de inmigrantes furtivos hacia los Estados Unidos proviene de México, de ahí que los republicanos exigen que antes de hablar de reforma hay que “asegurar” la frontera sur.

¿Cuántos millones de mexicanos se encuentran viviendo en las sombras dentro del Gabacho, como ellos despectivamente denominan al país a donde, a riesgo de sus propias vidas, viajando en el tren terrible llamado “La Bestia”, cruzando a nado el Rio Bravo, atravesando los desiertos de Nuevo México y Arizona, desangrándose en manos de la delincuencia organizada de coyotes y polleros, intentan emigrar?

Ciertamente son muchos. Se calcula (Pew Hispanic Center) que en 2012 el 52 % de inmigrantes furtivos en Estados Unidos provenían de México. En 1996 se calculaba en aproximadamente 2 700 000 los inmigrantes ilegales o indocumentados mexicanos presentes en Estados Unidos.

Según esta misma organización en marzo de 2006 la “población no autorizada” era de 11.5 a 12 millones. En este informe de 2006, se establecía una población de inmigrantes ilegales provenientes de México en 6,2 millones o el 56% de todos los inmigrantes ilegales en Estados Unidos.

Procedentes de la América Latina, principalmente de Centro América, los inmigrantes ilegales alcanzaron una cifra de alrededor de 2,5 millones, para constituir el 22% de todos los inmigrantes ilegales.

De acuerdo con datos oficiales del Gobierno de los Estados Unidos en el 2009, el 62 % de los inmigrantes ilegales en Estados Unidos procedía de México para un total aproximado de 6 millones 650 mil. Procedentes de Centro América se contabilizó aproximadamente en 1 millón 42 mil, para un 12% del total de inmigrantes indocumentados.

Según el Departamento de Seguridad Nacional en el 2012 se hicieron ciudadanas de Estados Unidos 757,434 personas. Provenientes de América Latina y España un total de 298,326, lo que significa que un 39.38 por ciento de los naturalizados eran de origen hispano. De ellos 102,181 mexicanos alcanzaron la ciudadanía estadounidenses; es decir el 34.25%. Los cinco países que más ciudadanos hispanos aportaron al tejido estadounidense en 2012 son México (102,181 naturalizados), Republica Dominicana (33,351), Cuba (31,244), Colombia (23,972) y El Salvador (16,685).

La comunidad hispana en Estados Unidos es numerosa, se calcula que asciende a 50.5 millones de residentes (13% del total), con fuerte presencia en estados como Nuevo México (46.3%), California (37.6%), Texas (37.6%), Arizona (29,6%), Nevada (26,5%), Florida (22.5%), Colorado (20.7%). Sin embargo la comunidad hispana es políticamente débil, pues gran parte de sus miembros no se naturalizan como ciudadanos de Estados Unidos debido a las barreras idiomáticas y a los altos costos que representa económicamente el proceso de naturalización.

En los últimos comicios presidenciales solo el 24% (12.2 millones) de todos los hispanos ejercieron el derecho al voto; o si se compara con el total de hispanos con derecho al voto que, de acuerdo con el Centro Pew Hispano, es superior a los 21.7 millones, su participación fue del 56.2%.

En general y según considera la Asociación Nacional de Funcionarios Latinos Designados y Electos hay un gran problema de participación política en la comunidad latina. Ya sea por falta de leyes que promuevan el acceso al voto de las minorías o por falta de interés de los hispanos por salir a votar. Realmente esta última razón es la determinante en la participación del voto hispano, poco interés en ejercer el derecho al voto. Aquí radica la principal debilidad de toda la comunidad hispana.

¿Y el tema migratorio? Quizá los más interesados sean, precisamente, aquellos que no pueden ejercer el voto, los propios indocumentados o inmigrantes furtivos y principalmente aquellos de origen mexicano. Entre los votantes hispanos el tema de la inmigración no tiene un peso significativo dentro de sus prioridades electorales. Efectivamente en un sondeo realizado por Fox News Latino con vistas a las elecciones de 2012 se estableció que el 48% de los posibles votantes latinos consideró la economía como el asunto más importante que definiría su voto, mientras que sólo el 6% aseguraron que votaría en función del asunto migratorio. La inmigración se colocó en el quinto lugar de prioridades, detrás de preocupaciones como la economía (14%), la educación (11%), y los asuntos sociales (8%), mientras que la seguridad nacional y la defensa fueron mencionadas en sexto lugar, con un 5%.

Estas prioridades no difieren significativamente con los resultados de una encuesta realizada en abril de 2014 por el Public Religion Research Institute y The Brookings Institution, según los datos obtenidos, las prioridades en orden de importancia fueron: 1) empleos, 2) atención médica y déficit presupuestario, 3) valores morales, 4) inmigración y 5) cambio climático.  

Resulta patético escuchar las alegaciones de algunas organizaciones “pro inmigrantes” ilegales (principalmente de mexicanos). Unos dicen que esos inmigrantes han llegado para fortalecer la economía americana; otros dicen que aquellos que se oponen a una reforma integral de inmigración o aquellos que no son lo suficiente cálidos a favor de la misma están en contra de “nuestra comunidad”; muchos alegan que Estados Unidos es tierra de inmigrantes y hasta denominan al presidente Barack Obama como “deportador en jefe”.

Vemos muchas manifestaciones reclamando, más bien, exigiendo que se legalicen los indocumentados ─ los inmigrantes furtivos ─, y lo reclaman alegando que es su derecho, su derecho humano. Así se desfila en fechas significativas del comunismo como es la del Primero de Mayo o se presentan filmes como “Un día sin mexicanos”, o se organizan boicots en algunos estados. Todo un movimiento de reclamo en tierra extranjera.

Estados Unidos, ciertamente, es un país de inmigrantes, como lo han sido en sus inicios todos los países del continente. Estados Unidos es la meta ambicionada para todos los desesperados del mundo que sufren la agonía de sus economías. La miseria presente en muchas regiones de América Latina, en pueblos empobrecidos, sin adecuada asistencia médica, sin presencia de escuelas, con altos índices de desempleo y con empleos con paupérrimos salarios, unido a la violencia, al crecimiento de la delincuencia organizada junto a una escandalosa corrupción administrativa, impone a los más necesitados huir de sus países en busca de una considerable mejoría en sus condiciones de vida, y huyen ¿hacia dónde?, hacia los Estados Unidos, país con el que no sienten particular simpatía en la generalidad de los que en él buscan refugio.

Por supuesto a gobiernos como el de México, El Salvador, Honduras y Guatemala, la emigración masiva de sus países les conviene, les quita presión social, le reportan un buen ingreso de divisas provenientes de las remesas familiares de sus migrantes. En estos países existen cuatro industrias megamillonarias: el narcotráfico, los secuestros, el contrabando humano y las remesas desde el exterior. Realmente cuando en un país sus ciudadanos emigran masiva es porque existe en ese país un grave problema de gobernabilidad.

Llegan a arañar la tierra, a conseguirse un dólar a como sea, a reunir un poco para enviarlo a sus familias dejadas atrás en sus tierras y sin el menor esfuerzo para identificarse con los patrones de conducta, creencias y hábitos de la sociedad donde, de modo solapado, se han insertado. La gran mayoría de los que aquí llegan poseen bajos índices académicos y sin dominio del inglés obligándose a emplearse en trabajos de bajas calificaciones.

Estados Unidos es un país de leyes. Esto se repite hasta hacerse una frase trillada, pero es verdad, y el Ejecutivo de este país, como se supone para el Ejecutivo de cualquier otro país, está obligado, en primer lugar, a cumplir las leyes; en segundo lugar, a hacerlas cumplir. Entre otras leyes que un presidente de Estados Unidos está obligado a hacer cumplir, están las de inmigración que ordenan deportar a los que de modo ilegal han entrado al país.

De acuerdo con cifras divulgadas por la BBC (26 de marzo de 2014), en 2013 fueron deportadas 368.644 personas. Unos 133.000 deportados fueron aprehendidos en el interior del territorio estadounidense en tanto que 235.000 fueron detenciones en la frontera con México. Más de la mitad de los deportados, el 59% o un total de 216.810 estaban condenados por  un delito (crimen) anterior. La mayor parte de los deportados en ese año fueron los mexicanos con un total de 241. 493; guatemaltecos 47.769 y hondureños 37.049.

México no es Cuba, ni mucho menos Corea del Norte, donde se reprimen las manifestaciones de protestas, donde no existe prensa independiente del Estado, donde están ilegalizados los partidos de oposición y solo domina un poderoso Partido-Estado, que reprime con prisión y golpizas cualquier manifestación disidente.

Si con el mismo entusiasmo que los mexicanos exigen un derecho que no les corresponde en los Estados Unidos, en el Gabacho, exigieran en su país mejores condiciones de vida, mejores salarios, más oportunidades de prosperidad, eliminación de la corrupción en todas las estancias gubernamentales y judiciales, lucha efectiva contra la delincuencia organizada y la violencia, haciendo uso de las protestas masivas, agrupándose dentro de organizaciones que se creen para impulsar estos reclamos, exigiéndoles a los políticos locales con el ejercicio del voto, impulsando fuertes campañas a favor de las demandas sociales; exigiendo que desaparezcan las condiciones socio-económicas que incentivan a la emigración, quizá, tal vez, los mexicanos no se vean forzados a escapar de su país huyendo de la miseria, ni tener que entrar de rondón en el gabacho para vivir en un mundo de sombras y, entonces sí y solo así podrán proclamar su chovinismo gritando: “¡Viva México!”, “¡Como México no hay dos!” y puedan lanzar su eterna consigna de “¡Sí se puede!”.


No olviden que en México no está instaurado un régimen totalitario, aunque la democracia allí, todavía le falta mucho para ser una verdadera democracia. Allí pueden luchar sin necesidad de hacer reclamos en el Gabacho, en Gringolandia. 

jueves, 27 de febrero de 2014

Venezuela: ¿Hacia una guerra civil?




Oscar Arnal. EL UNIVERSAL


Para Venezuela el peor escenario sería una guerra civil. Ya tuvimos una, que se llamó la guerra larga o federal, y que trajo cinco años de dolor, devastación y sangre. El odio se esparció entre nosotros. Se gritaron consignas absurdas: "que mueran los blancos y todo aquel que sepa leer y escribir"... "Tierra y hombre libres"... "Horror a la oligarquía"... Finalizada, Antonio Leocadio Guzmán, uno de sus principales instigadores afirmó que ellos habían levantado las banderas del federalismo porque el grupo gobernante era centralista, pero si hubiera sido al revés, argumentaban lo contrario. Se trataba solo de tomar el poder por el poder. Al final no hubo cambios y todo siguió igual. El siglo XIX fue el tiempo de las montoneras, las revoluciones y los caudillos alzados. Al final el estribillo que se cantaba era aquel que exclamaba: "ya Venezuela no quiere guerra, porque esta tierra se va a acabar, militares, generales, coroneles, sinvergüenzas, no la dejan descansar". La guerra federal terminó con la dictadura de Páez. En la autobiografía del centauro, un libro obligado para cualquier historiador o político venezolano, Páez señala que nada puede ser peor que una guerra entre compatriotas. Páez se fue con el tratado de Coche y nunca más volvió a residenciarse en Venezuela. El propio presidente Caldera, siempre contaba una anécdota, señalando que nada como la paz, aunque ésta fuera tuerta y hasta de malos augurios.


En los últimos días, hemos vivido muchas tragedias, con un saldo de más de una decena de muertos, heridos y más de quinientos detenidos. Algunos de los asesinatos y parte de la violencia se han producido en circunstancias muy extrañas, que dejan muchas interrogantes. La protesta tiene su foco en sectores de clase media y se han causado grandes destrozos a la propiedad pública y privada. Las pérdidas humanas sobre todo, pero también las materiales son inmensas. La educación se ha semiparalizado con graves consecuencias para quienes son el futuro del país. Muchas de nuestras calles se trancan con barricadas e incendios. El caos se siente especialmente en los vecindarios de las clases más favorecidas.


Por las redes sociales, hay un mensaje reiterado que apela a una salida ya y a las guarimbas. Acusan a este gobierno de ser una dictadura, pero muchos sin darse cuenta claman por otra y por una guerra. Por un golpe que saque a quienes gobiernan del poder. No se dan cuenta, que sí eso se llegará a producir, en ese nuevo gobierno, nunca de facto podrían estar quienes están en la línea opositora al frente, porque el país explotaría en mil pedazos. El PSUV ganó veinte gobernaciones, la oposición solo tres, y once de los gobernadores oficialistas son militares. Controlan casi todo el país rural, con un poco más del 70% de las alcaldías en su poder. En las zonas más populares de la capital el chavismo sigue siendo mayoría. Algunos ingenuamente, dicen que el nuevo gobierno llamaría a elecciones. A mí no me extraña, que en ese remoto escenario, producto de la victimización, las vuelvan a ganar como lo hizo Perón en Argentina o los sandinistas en Nicaragua.


La protesta es vital. Es un derecho y debe ser permanente. Pero siempre pacífica, llamando a la paz y con propuestas firmes. Nuestros hermanos colombianos se han matado durante más de 50 años, en una guerra civil absurda, que hoy gracias a Dios languidece. En países con tiranías horribles, a la de Pinochet en Chile o a la del Partido Comunista en Polonia, se las derrotó con amplitud en las urnas. Durante la llamada "republica civil", Luis Herrera Campins con Copei y Caldera, venció a AD, en medio de un boom económico sin precedentes. No es el caso del actual gobierno, el modelo económico seguirá colapsando si no hay grandes rectificaciones. La inflación, la escasez y la inseguridad están desbordadas. El pueblo como siempre lo hizo antes, apostará muy duro en otra dirección, será el momento de una Constituyente y del revocatorio para cambiarlo todo. El año que viene son las parlamentarias, que servirán para volver a medir las fuerzas populares. Basta ya de acelerar una salida incierta, donde el remedio siempre en medio de la violencia, quemándonos entre nosotros mismos, es mucho peor que la enfermedad.