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jueves, 11 de mayo de 2023

¿“Rusofobia”, Sr. Putin?

Mario J. Viera


 

El autócrata ruso Vladimir Putin dice que Occidente está librando una “verdadera guerra” contra Rusia y, al mismo tiempo alentando el odio y la “rusofobia”. "Se está librando una verdadera guerra contra nuestra patria”, Putin dixit.

“Rusofobia” y “verdadera guerra” contra Rusia, dos argumentos para él útiles pero que lo capacitan como un aplicado alumno de Goebbels en cuanto hacer que la mentira parezca ser verdad. Es que Putin, como bien lo calificara el escritor ruso Viktor Erofeev es un verdadero “gopnik’, sustantivo que traducido al español significa algo así como “delincuente callejero”; un matón callejero que busca reapropiarse del mundo; que intenta amenazar a todos los que no estén dentro de sus esferas de influencia alzando el hacha atómica. Para este gopnik con aspiraciones zaristas, Ucrania no existe como nación independiente, sino un despojo que se le ha hecho a la Santa Rusia

¿Y qué dice Putin de Ucrania?: “La nación ucraniana se ha convertido en rehén de un golpe de Estado que condujo a un régimen criminal dirigido por sus amos occidentales. Se ha convertido en un peón de sus planes crueles y egoístas”. Pero es que, tras la desintegración de la Unión Soviética, por una falta de visión política del beodo Yeltsin, este la transfirió el poder al exoficial de la KGB para iniciar un verdadero régimen criminal que se deshace de los opositores por envenenamientos y encarcelamientos de largas penas de prisión. Es cierto que Putin no es peón de nadie, porque él es el que controla el tablero de ajedrez ruso para urdir sus propios planes crueles y egoístas.

Ah, pero Putin ha podido aparecer por ser un descabellado producto de la política tradicional rusa; la de un país que jamás ha conocido la democracia. Desde los tiempos de Oleg de Nóvgorod (867), pasando por la invasión mongola en el siglo XIII y su Horda Dorada, siguiendo luego por el absolutismo de Iván el terrible, y la implantación de la dinastía Romanov que se mantuvo con todo su poder desde 1613, con la llegada al poder del zar Mijaíl Romanov, hasta la fecha de la revolución bolchevique en 1917 y el inicio de la Unión de República Socialistas Soviéticas un remedo de todo el imperio zarista. Nada de derechos civiles y políticos, todo el poder en manos de dictadores como Stalin y Brézhnev. Luego de las políticas de la perestroika y el glásnost y la desaparición del imperio soviético, los rusos conocieron un pequeño periodo democrático que solo sirvió para generar una casta de oligarcas advenedizos que han sido fieles sostenedores del régimen de Putin.

¿Rusofobia? ¿Es acaso la OTAN y los países democráticos de Occidente los que han generado este sentimiento o ha sido el mismo Putin el propiciador de esa fobia? ¿De qué modo diferente puede pensar el pueblo de Chechenia, cuando intentó declarar su independencia de la Federación Rusa, Yeltsin lanzó la invasión al territorio y el asedio a la ciudad de Grozni con bombardeos indiscriminados que dejaron como estela la muerte de unos 35 mil civiles? Posteriormente se islamizó el territorio checheno lo que motivó a Putin iniciar su primera etapa bélica. Con la invasión a Chechenia Putin restableció el poder del Kremlin en todo el territorio instaurando un gobierno pro ruso en el país, bajo el poder del exguerrrillero checheno Ajmat Kadirov, muerto en un atentado cuatro años después y sustituido en el poder por su hijo, el sanguinario Ramzán Kadirov un autócrata fiel a Putin.

¿Pueden acaso los georgianos pensar de modo diferente luego de que Medvedev lanzara contra Georgia su “misión pacificadora” interviniendo en el conflicto interno entre Georgia y la separatista provincia de Osetia del Sur, con mayoría étnica rusa? La “misión de paz” de los rusos dio como resultado entre otros desastres la destrucción total de varios pueblos de etnia georgiana en Osetia del Sur.

¿Acaso los ucranianos pudieran estar libre de sentimientos antirrusos después de la guerra despiadada que Putin arrojara sobre la Ucrania independiente?

No, Sr, Putin, la ruso fobia es obra exclusiva y registrada de Rusia. Es Rusia, y es Putin, los que están llevando a cabo una verdadera guerra en Ucrania y apuntando hacia todo el mundo democrático del Occidente. Rusia no puede prevalecer en Ucrania, como pudo Hitler en Polonia para iniciar la Segunda Guerra Mundial.

Putin insiste que fue solo la Unión Soviética la que derrotó al nazismo, dejando a un lado la heroica participación de Gran Bretaña en contra del hitlerismo, desde inicio de la guerra, cuando en Rusia se firmó el Pacto de no agresión Molotov- Ribbentrop y la repartición de Polonia entre la Alemania Nazi y la Rusia de Stalin. No menciona para nada el golpe contundente contra el nazismo que fuera el desembarco por Normandía. Putin ignora de puro nacionalismo, que Rusia no fue la única nación que contribuyó al fin de la Segunda Guerra Mundial. Ante el interesado olvido de Putin de las fuerzas de Estados Unidos y Gran Bretaña, el presidente Zelensky lo dijo bien claro: “No permitiremos que (Rusia) se apropie la victoria conjunta de las naciones de la coalición anti Hitler y no permitiremos mentiras como si la victoria hubiera podido ocurrir sin la participación de ningún país o nación”.  

De Rusia nada se puede esperar, solo cabría una mínima esperanza de que los rusos lleguen algún día a vivir en democracia y a que Rusia se convierta en una nación abierta al mundo y a la paz internacional; pero para eso se requiere una poderosa revolución civilista en la tierra de Tolstoi.


martes, 11 de octubre de 2022

El desespero de Putin

 

Mario J. Viera

 


En la guerra no se puede actuar por impulsos emocionales. Se requiere alcanzar objetivos que debiliten al enemigo sin sacrificar potencia propia. No se puede perder la ecuanimidad, y esto es lo que le está ocurriendo ahora mismo al dictador ruso, Vladimir Putin. Está desesperado, no logra hacer avanzar su “operación militar especial” en Ucrania, Se van acumulando reveces a las fuerzas rusas, los ucranios continúan su contraofensiva en el Donbás. Los armamentos aliados han fortalecido la capacidad ofensiva-defensiva de Ucrania.

Putin ordena una movilización parcial de hombres para la guerra. Corre ansioso para mostrarse “vencedor” y organiza un referendo de anexión a punta de fusil en las provincias ocupadas, un referendo que ni él mismo se lo cree.

Los partisanos ucranios acosan en las zonas ocupadas, atentados y sabotajes. Nada está seguro para los rusos. Le lanza a la alianza atlántica la bravuconada de recurrir al armamento atómico. Unos lo ponen en duda; Biden, en cambio lo toma en serio y advierte a Putin que si Rusia emplea armas tácticas atómicas en Ucrania recibirá una fuerte represalia. Hace bien, pero haría mejor, no aflojar la mano y decidirse a dotar a Ucrania con una poderosa fuerza aérea, con lanzadores de misiles poderosos y tanques de guerra muchos tanques de guerra, para fortalecer el potencial ofensivo del ejército ucraniano.

Un colosal golpe a su ego lo sufre Putin con la explosión de su querido puente que enlaza Rusia con la península de Crimea. No lo soporta, no le importa si fue un hecho casual, o si fue Ucrania quien tuvo la iniciativa, prefiere acusar a Ucrania de “terrorista”, sin embargo, si la acción fue conducida por los servicios de inteligencia ucranianos, justificada está, sería la respuesta legítima de un país agredido contra los medios del invasor. Se enfurece Putin y comienza a desperdiciar misiles lanzándolos sobre objetivos, principalmente civiles, en Kiev y en otras ciudades de Ucrania.

Hacen daño esos misiles, acto criminal contrario a las leyes sobre la guerra, pero no afectan en mucho a la capacidad militar ucraniana y enardece más a los ucranios para enfrentarse al Atila ruso que, con sus caballos coheteriles pretende no hacer crecer la hierba en suelo ucraniano. Es la desesperada respuesta de quien sabe que está perdiendo la partida. Palos a ciegas que pueden volverse en contra suya. Putin con ese volar de buitres de acero sobre cielos ucranianos está de hecho, reconociendo su derrota.

martes, 23 de agosto de 2022

¡ABAJO LA DICTADURA!

 

Fernando Mires. Blog Polis: Política y Cultura

 


La guerra de invasión a Ucrania ha creado una línea divisoria. Es la que separa a las democracias de las antidemocracias. Es también el nuevo orden político mundial anunciado por el dictador de Rusia. Ya en el encuentro de los megadictadores en los juegos Olímpicos de invierno, tanto Putin como Xi Jinping concordaron en un fin: la creación de un nuevo orden mundial que para el chino deberá ser económico (con China a la cabeza). Pero el ruso tenía otras ambiciones. Sabiendo que en la escala económica mundial Rusia ocupa un precario onceavo lugar -probablemente seguirá bajando durante y después de la guerra a Ucrania- “su” orden mundial tiene un carácter militar y político. Diferencia que hizo decir a Kissinger que la alianza ruso-china no puede ser de larga duración. La economía china necesita de las economías occidentales como las venas de la sangre.

Una debacle económica de Occidente arrastraría a China hacia el abismo. No así a Rusia. Por eso China puede acompañar a Rusia solo hasta la puerta del cementerio. Más allá, no. Razón para que las potencias occidentales al mismo tiempo que practican una estrategia de (necesaria) tensión hacia Rusia se decidan a practicar una estrategia de (también necesaria) distensión hacia China, manteniendo discrepancias en la mesa económica y no en la militar. Sobre este tema me extenderé en otra ocasión. El objetivo de este artículo apunta a la contradicción que busca incentivar Putin, a saber, la que se da a nivel mundial entre las formaciones políticas democráticas y las antidemocráticas.

 

AMÉRICA LATINA ESTÁ EN EL MUNDO

Aunque parezca raro, Putin concuerda con Biden en que la contradicción principal de nuestro tiempo es la que se da entre democracias y autocracias. La diferencia es que mientras Biden toma partido a favor de las democracias, Putin lo hace a favor de las dictaduras. Por eso no se ha cansado de repetir que Ucrania es solo un eslabón que llevará a la derrota final de Occidente, entendiendo por ello al conjunto de democracias organizadas en la UE y en la OTAN.

La división es clara: la mayoría de las autocracias del mundo ha dado su apoyo a la Rusia de Putin. Al revés también: todas las democracias del mundo apoyan al bloque occidental. Una contradicción que no solo tiene lugar entre las naciones sino también al interior de ellas. De ahí que cada triunfo que obtengan los sectores antidemocráticos en cualquier lugar, será celebrado por Putin con suma alegría. Pues bien, y a ese punto voy, esa contradicción incluye también a las naciones latinoamericanas. Inclusión que explica por qué Putin ha estrechado al máximo sus relaciones con el trío antidemocrático de América Latina formado por Cuba, Nicaragua y Venezuela, agregando a su lista al Brasil del trumpista Bolsonaro.

La mayoría de los analistas latinoamericanos imaginan que las contiendas que tienen lugar en sus países son puramente locales. No así para Putin ni para Biden. Un triunfo de las democracias o de las anti-democracias, en cualquier punto del orbe, tiene para ellos una importancia mundial. Las políticas locales son hoy globales. Conclusión que me indujo a leer con sumo interés la versión preliminar del libro (en PDF) que me hiciera llegar el escritor cubano Mario J. Viera, cuyo título es Cuba, resistencia no Violenta.

Durante gran parte de la era castrista, Cuba ocupó para el conjunto de las izquierdas un lugar privilegiado, algo así como una Meca ideológica y política de la revolución continental. La atracción que despertó durante la era de la Guerra Fría ha desparecido, por cierto, pero de ese fuego “antimperialista”, algunos rescoldos quedan. El mismo canciller de Putin, Sergei Ryabkov, no vaciló, en vísperas de la invasión a Ucrania, mencionar a Cuba, junto con la Venezuela de Maduro, como uno de los países en los cuales podría realizar acciones militares en contra de los EE UU. De más está decir que ni Maduro ni Díaz Canel emitieron la más mínima protesta.

Después de tantos años de dominación dictatorial, pensar en una deserción de Cuba del espacio anti-democrático podría ser visto como una fantasía tropical. No obstante, permítaseme otra apreciación. Como bien demuestra Viera, desde el momento en que murió Fidel, Cuba perdió gran parte de su proyección imaginaria. Mientras la de Fidel fue una dictadura de tipo mesiánico, la de Raúl fue burocrática y militar. Con Díaz Canel desapareció del poder la generación que actuó en la revolución y así Cuba dejaría de ser la isla utópica de las izquierdas latinoamericanas. Su revolución ya no está en el futuro sino en un pasado cada vez más lejano.

La crisis económica que comenzó a vivir el país con el derrumbe del mundo comunista fue paliada en parte por el aparecimiento de la Venezuela de Chávez. Pero después que Chávez y hoy Maduro convirtieran a la ayer próspera Venezuela en un mierdal económico, Cuba ha quedado de nuevo librada a su suerte. La isla está aislada. No es raro entonces que Putin la esté mirando, junto a Venezuela, como aliado potencial: dos enclaves anti- occidentales en los bordes del lejano Occidente. Como sea, los habitantes que aún quedan en la Isla saben que su suerte no mejorará bajo el alero de Putin. Razones que hacen pensar a algunos cubanos que, ahora sí, se están dando condiciones para impulsar movimientos de democratización.

Manejando con pericia las conocidas tesis de Gene Sharp, sobre todo las que se desprenden de su libro clásico From Dictatorship to Democracy, Viera emprende un examen exhaustivo de los recientes movimientos contestarios de Cuba, sobre todo de aquel que comenzó a desarrollarse en el 2021, conocido como el movimiento San Isidro, desde donde, a pesar de su fracaso en la marcha del 15 de noviembre del 2021 (que hizo cifrar muchas expectativas) el estado de creciente malestar social y cultural que le dio origen, continúa presente. De ese y otros movimientos busca Viera extraer enseñanzas para las jornadas que se avecinan.

La dictadura de partido bajo Díaz Canel no goza de apoyo de masas, no tiene perspectivas históricas, carece de potencial utópico. Díaz Canel representa el poder por el poder, no más. Las condiciones objetivas están dadas para un cambio decisivo en las relaciones de poder, parece pensar Viera. Incluso va más allá: según su opinión no se trata solo de propiciar un cambio de gobierno en la isla, sino de revocar un sistema de dominación al que él llama totalitario. Pues bien, ahí reside una diferencia entre el autor del libro y quien escribe estas líneas.

 

TOTALITARISMO SIN TOTALIDAD

El sistema de dominación que impera en Cuba ya no puede, según mi opinión, ser calificado como totalitario. Las razones las da el mismo Viera. El régimen carece de apoyo de masas y de un proyecto de futuro (o dicho de modo lacaniano: carece de poder simbólico y de poder imaginario). Mostrarse impotente frente a las manifestaciones de descontento, más la estridente apatía política de la población, no son características de un sistema totalitario. No basta, en efecto, que un orden político se mantenga mediante el terror para hablar de totalitarismo.

En una escala de regímenes de dominación antidemocrática, distinguíamos en otro texto los siguientes peldaños: autoritarismo, autocracia, dictadura militar y/o burocrática, y totalitarismo. En cada una de estas formaciones anti-democráticas encontramos gérmenes y momentos totalitarios. Pero para hablar de totalitarismo requerimos que el poder sea total y, definitivamente, en Cuba, el poder de la clase dominante de estado, ya no lo es. No porque exista un anti-poder sino simplemente porque el poder establecido no goza de aprobación, ni de consenso, ni de legitimidad.

Siguiendo a Hannah Arendt y a otros pensadores del fenómeno totalitario como Carl Joachim Friedrich y Zbigniew Brzezinski, tres son las características que llevan a determinar la existencia del poder totalitario. El terror, una ideología totalitaria, y la sustitución de lo íntimo por lo público. De esa triada, solo se mantiene el terror. Ideología política no hay, y lo íntimo no ha logrado ser usurpado por lo público. Todo lo contrario. Si uno sigue las crónicas de Yoani Sánchez, o las narraciones de Leonardo Padura, podemos observar en Cuba un retiro hacia lo íntimo y lo privado en desmedro de lo público, tal como ocurría en las “democracias populares” controladas po el imperio soviético. Haciendo un paralelo con la ex URSS, podríamos afirmar que hubo totalitarismo bajo Stalin pero, como precisó Arendt, bajo Jruschev ya no lo hubo. Mucho menos lo hubo bajo Breschnev en el periodo conocido como “la estagnación”. Ahora bien, bajo Fidel Castro el régimen cubano de dominación también habría podido ser definido como totalitario. Pero bajo Díaz Canel, cuando más, como semi-totalitario o, si se prefiere, post-totalitario.

Fidel no solo era temido, sino también, como el Gran Hermano de Orwell, amado. Patria o Muerte quería decir para muchos, entregar la vida si es que fuera necesario, por la revolución. ¿Quién quisiera entregar la vida por Díaz Canel o por esa miseria sin fondo a la que él llama revolución? Quizás solo los parientes más cercanos del oscuro dictador. Podríamos entonces decir: el régimen de gobierno en Cuba carece de la grandeza demoníaca del totalitarismo. Y bien, precisamente son estas carencias totalitarias las que permiten iniciar en Cuba una operación de rescate de la democracia. Luchar en contra y a la vez dentro de un sistema totalitario, es imposible.

Más allá de ese desacuerdo conceptual, el libro de Viera contiene valiosas enseñanzas para quienes estén dispuestos a apoyar la lucha por la democracia en Cuba. Pienso, además, que ofrece perspectivas a otros países, no solo latinoamericanos, caídos bajo la férula de gobiernos anti-democráticos. Conocedor de la historia de su nación y a la vez provisto de un excelente arsenal analítico, establece Viera, de modo categórico, que la lucha por la democracia en Cuba deberá ser pacífica o no ser. Es entendible: quienes están más interesados en un enfrentamiento violento son los personeros del régimen. Militar y policialmente el régimen es fuerte. Políticamente es débil.

 

PARTISANOS NO VIOLENTOS

Para que la lucha política sea viable, es importante que sus actores sean ciudadanos que padecen y conocen la dictadura en la vida cotidiana. Eso supone renunciar a cuatro creencias que hasta ahora han caracterizado a la incipiente oposición cubana.

La primera creencia dice que el régimen podría caer si desde el exterior son aplicadas fuertes sanciones económicas. Viera demuestra en cambio que las sanciones han producido el efecto contrario. Todas las deficiencias, desajustes y fracasos del gobierno encuentran justificación en el “bloqueo”, y los más afectados son los sectores más empobrecidos del pueblo, nunca la nomenclatura dominante.

La segunda creencia supone que, por contar con mejores medios económicos, parte de la conducción de la lucha debe yacer en las manos de grupos en el exilio. Conocedor de la impotencia de las políticas de exilio, Viera argumenta diciendo que los dirigentes políticos en el exterior no están ligados a los intereses de las masas cubanas, ignoran su realidad, y por lo mismo diseñan planes de acuerdo al dictado de abstractas fantasías.

La tercera creencia es la que supone que el régimen puede caer gracias a la iniciativa del gobierno de los EE. UU. Quienes así piensan, aclara Viera, olvidan que los EE. UU no actúan por filantropía sino solo cuando su soberanía o la de sus aliados se ve amenazada por otra potencia externa, o cuando sus intereses económicos o geoestratégicos se encuentran en peligro.

La cuarta creencia es la que imagina que hay que privilegiar la política hacia el interior de los cuarteles militares, alentando la posibilidad de un golpe de estado “democrático”. De acuerdo a Viera, el ejército cubano es parte de un complejo de poder articulado social e ideológicamente al interior del estado. Pero, aún si se diera el caso de una intervención militar, solo habría que esperar la sustitución de una dictadura por otra.

Viera no cree mucho en la espontaneidad de las masas. Estas pueden aparecer ocasionalmente y pronto diluirse si los actores carecen de una mínima organización. La historia de la oposición cubana está llena de apariciones disruptivas que, sin continuidad en el tiempo, desaparecen como luces pasajeras en medio de la noche. Por eso mismo su texto ha sido escrito, en primera línea, para los activistas de la democracia. Partisanos no violentos, los llama. Tiene razón. Hay que despedirse de una vez por todas de esas imágenes fílmicas que nos presentan la caída de las tiranías como producto del levantamiento de masas irredentas gritando al unísono: ¡abajo la dictadura! Esas son solo imágenes cultivadas por las mitológicas izquierdas del pasado reciente. Las realidades son distintas.

Las dictaduras no caen como consecuencia de movimientos espontáneos de masas, ni mucho menos por su propio peso. Por lo general terminan cuando previamente ya han sido derrotadas en múltiples procesos que han llevado a su desgaste y a su división interna, atravesando a veces por largos y complicados procesos de transición. 

Las últimas revoluciones que hemos conocido, por ejemplo, las que pusieron fin al comunismo, solo fueron posibles cuando el eje de rotación que daba vida a los regímenes comunistas entró en crisis gracias a las reformas de Gorbachov. Recién después de la Perestroika las organizaciones democráticas de lo países sometidos a la URSS pudieron irrumpir exigiendo su reconocimiento público. 

Y bien, de eso se trata la lucha pacífica: de crear una institucionalidad alternativa que sea reconocida por el poder establecido. Como consignó una vez el dirigente de Solidarnosc, Joseph Kuron: “Nunca quemes un local del partido comunista. Funda otro partido”. Gracias a ese espíritu constructivo, Solidarnosc se convirtió, de simple iniciativa obrera, en un movimiento de masas, y luego en el partido de la revolución, para terminar siendo un partido de gobierno. 

Un proceso similar, vivirían las múltiples organizaciones disidentes formadas en los países de la periferia soviética. No así en Rusia, donde el cambio, al provenir desde arriba, no logró echar raíces al interior del pueblo. Por eso, mientras los países occidentales dependientes de Rusia llegaron a convertirse en democracias, Rusia, aún con Jelzin, no pudo salir nunca del modo autocrático de gobierno. Putin, desde esa perspectiva, se encuentra en plena continuidad con el autocratismo que lo precedió, reconvirtiéndolo en lo que fue durante Stalin: un régimen totalitario.

Aparentemente Cuba sobrevivió al tsunami democrático de 1989-1990, pero al precio de convertirse en una isla ya no geográfica sino histórica y política. Las dádivas recibidas desde la Venezuela chavista nunca pudieron superar la crisis en la que quedó sumida. Crisis crónica y múltiple: política, económica y moral. El socialismo cubano es hoy un cuerpo corroído que apesta. Sin poder simbólico ni imaginario, Cuba no representa un futuro para nadie. 

Sin embargo, nuevas generaciones, liberadas del pasado castrista, están apareciendo. Movimientos contestarios como el de San Isidro, volverán a resurgir por doquier. La canción Patria y Vida ya sustituyó a la simbología necrófila del régimen de la patria y de la muerte. El castrismo, si es que todavía existe, ha perdido la batalla de las ideas. Ni los más dogmáticos dinosaurios intelectuales se atreverían hoy a proponer a Cuba como un “modelo a seguir”. 

Puede ser que el largo proceso que llevará la democracia a Cuba no cautive los corazones de las nuevas generaciones políticas latinoamericanas como sucedió con la revolución fidelista. Pero sin duda será muy importante para aventar a los fantasmas ati-democráticos que aún asolan en los países latinoamericanos.

Solo cuando la democracia llegue a Cuba habremos dejado definitivamente atrás una historia horrible. Y para que eso ocurra, como muestra el texto de Viera, las condiciones, si no están dadas, están comenzando a darse.

domingo, 17 de abril de 2022

ANTE LAS BRAVATAS DE PUTIN…¿QUEDARSE CALLADOS?

 


Mario J. Viera

 

Constantemente Putin, el pequeño que se cree gigante, amenaza a Occidente con bravatas de que, cualquier pretensión de fortalecer las defensas ucranias “tendrá graves consecuencias”, y no se inhibe para enseñar su potencial atómico. Occidente, guarda silencio; solo impone el bumerang de las extenuantes sanciones económicas y quizá alguna que otra poco relativas sanciones diplomáticas.

Europa, Estados Unidos y Gran Bretaña, aparentan ante Putin ser timoratos, porque hay que evitar un enfrentamiento directo con las tropas de Putin, lo que desataría una guerra de incalculables consecuencias. El presidente Biden, muy cauteloso ha rechazado la propuesta polaca de entregar a Ucrania sus viejos aviones Mig; porque eso sería como retar a Putin, y Putin está loco. Pero desde Bielorrusia parten aviones de combate rusos y bombarderos sobre el territorio ucranio. Europa, Estados Unidos y Gran Bretaña, en respuesta, imponen sanciones económicas a Bielorrusia.

Putin, y sus perros falderos del Kremlin, continúa enviando sus bravatas… de hecho su ideología del euroasiatismo y del paneslavismo es un reto a todo el mundo democrático de marcado tinte nacionalsocialista (nazi). Y acumula más tropas para el asalto final a Ucrania; sin embargo, Occidente no concentra un importante número de tropas en las fronteras de Rusia para estar listas ante esas “graves consecuencias” con las que amenaza el oficial de la KGB. Hay que acantonar tropas, tanques, aviones de combate, artillería pesada, todo el necesario arsenal para afrontar esas “graves consecuencias”. Putin tiene que comprender que las graves consecuencias con las cuales amenaza pueden causarles a él otras graves consecuencias.

La Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) debiera también hacerle advertencias a Putin sobre “graves consecuencias” si continúa su guerra de exterminio en Ucrania. Si Putin hace gala de su poderío atómico, la OTAN debe recordarle a Putin que la Alianza también posee poderío atómico. Europa, Estados Unidos y Gran Bretaña deben exigirle a Putin que retire sus tropas del territorio de Ucrania, de todo el Donbás y si no lo hiciera, Europa, Estados Unidos y Gran Bretaña, en razón de solidaridad con una nación independiente y democrática que está siendo agredida por una gran potencia, decidirán participar militarmente en territorio ucranio y, en soporte de la independencia de Ucrania. En definitiva, más temprano que tarde Putin y sus empeños imperiales provocará de una manera u otra el estallido de la tercera guerra mundial, ya sea por una agresión a Finlandia o a Georgia.

sábado, 16 de abril de 2022

UCRANIA: POLÍTICA Y MORAL

 

Fernando Mires Blog POLIS

 


Conmoción produjo en los medios de comunicación alemana el hecho de que el Presidente Zelenski de Ucrania no hubiera admitido la participación del presidente de Alemania, Frank-Walter Steinmeier, en la comitiva visitante formada por Polonia y los tres países bálticos. El hecho de que el presidente alemán hubiese sido “irrespetado” desde Kiev, no fue precisamente – según gran parte de la prensa alemana ─ una demostración de tacto diplomático. Tampoco las razones aducidas. Steinmeier, afirman los críticos de Zelenski, ya se había disculpado públicamente de su larga participación en el proyecto Gasprom-2 que llevaría a Alemania a una ominosa dependencia estratégica con respecto a la Rusia de Putin.

Nadie puede arrogarse el derecho a repartir culpabilidades por hechos ocurridos en el pasado, aunque estos hubiesen incidido en el presente. Nadie sabe tampoco hacia dónde conducirán los sucesos de hoy. Nadie, en fin, puede ser declarado responsable por lo que no ha previsto. El camino que conduce al infierno está sembrado de buenas intenciones, ha demostrado ser un dicho muy sabio.

Por los motivos expuestos, no parece entonces fuera de órbita pensar en que lo sucedido no fue una consecuencia de la actitud exageradamente condescendiente que mantuvo el presidente Steinmeier durante más de veinte años con la Rusia de Putin, sino de razones más recientes. Una pista nos la dio el mismo Zelenski al señalar que él estaría muy contento de recibir en Kiev al canciller Scholz. Evidentemente, no se trata de una preferencia personal de Zelenski por Scholz. O de una animosidad también personal en contra de Steinmeier. Después de todo, Scholz y Steinmeier pertenecen al mismo partido. Las implicaciones en los negocios del gas entre Rusia y Alemania comprometen no solo al actual presidente, también a una cantidad de funcionarios socialdemócratas y democristianos, comenzado por el propio ex canciller Gerhard Schöeder (hoy afincado en Moscú) y quizás al mismo Olaf Scholz. Podemos pensar así que para Zelenski, más gravitantes que los acontecimientos del pasado, son las actuaciones recientes de la clase política alemana a la que Steinmeier representa. Y entre ellas, la más grave es la de no haber apoyado desde un comienzo y de un modo contundente a la lucha de liberación nacional que libran los patriotas ucranianos en contra del invasor ruso.

Basta decir que en materia de envío de armas a Ucrania, Alemania figura en el quinto lugar, posición muy penosa para un país considerado como la primera potencia de Europa. La ayuda de Alemania, comparada con la de otros países europeos, ha sido tardía, indecisa, y lenta. Eso lo dicen abiertamente los políticos europeos. De ahí que, probablemente, al no aceptar la presencia de Steinmeier y sí la de Scholz, Zelenski intentó hacer una diferencia simbólica que, evidentemente, no entendió la clase política y mucho menos la prensa alemana. Esa diferencia deriva de las distintas funciones que cumplen Steinmeier y Scholz.

Mientras Steinmeier representaría a la autoridad moral del Estado, Scholz, en tanto canciller, representa a la autoridad política. Como es obvio, Zelenski está obligado a mantener relaciones políticas con el gobierno alemán. No así con su representación moral. Traduciendo la simbología de Zelenski a un lenguaje político, podemos decir que el presidente ucraniano intentó hacer una separación entre la Alemania moral y la Alemania política. Hilando más fino, Zelenski habría querido demostrar que, en el caso de Alemania, la moral y la política no caminan tomadas de la mano o, lo que es parecido: que hay una disociación entre moral y política no advertida en los burocratizados círculos de poder alemán.

Esa disociación entre política y moral a la que apunta Zelenski es grave, y lo es tanto para la política como para la moral. Cerrar esa disociación es, en consecuencia, uno de los imperativos categóricos para la realización de una buena política y de una buena moral. Así lo estableció Immanuel Kant en uno de sus más conocidos y célebres dictámenes. “La verdadera política” – escribió el gran filósofo- “no puede dar ningún paso sin pagar tributo a la moral. Y si la política es un arte muy difícil, unir la moral y la política no es ningún arte pues ambas forman un nudo que no se puede desatar en tanto ambas (política y moral) no entren en conflicto”. (Paz Perpetua, 1795)

Si seguimos las palabras de Kant, es evidente que para el presidente de Ucrania existe en Alemania un conflicto entre política y moral, un conflicto negado desde Alemania por una parte de su clase política. El argumento de esa negación es que Alemania ha solidarizado económica y militarmente con Ucrania, aunque no al precio de poner en peligro su economía o el bienestar de sus habitantes. Como dijo en un foro televisivo un representante de gobierno: para seguir ayudando a Ucrania y a otras naciones no podemos arruinar nuestra economía. Desde un punto de vista formal, suena bien. Y sin duda sería una posición correcta si partiéramos de la premisa de que se trata solo de ayudar a un país caído en desgracia frente a un brutal invasor. Sin embargo, esa, como han advertido con vehemencia tres miembros del partido Verde –Anton Hofreiter, Marieluise Beck y Ralf Fücks- es una falsa premisa.

No se trata de que, la hecha a Ucrania, sea una agresión a un país europeo que no es miembro de la NATO ni de la UE, sino a todo el Occidente político, como no ha tratado de ocultarlo el mismo Putin. En otras palabras, en Ucrania está teniendo lugar en estos momentos una guerra en contra de toda la Europa democrática. Los ucranianos están defendiendo a su país, pero también a todos los acuerdos y leyes nacionales e internacionales que hicieron posible a la Europa de hoy. Como dijo claramente Zelenski en un mensaje dirigido a los gobiernos europeos: “nosotros estamos conteniendo a un enemigo mortal para que ustedes vivan en paz. La ayuda que exigimos no es solo para nosotros, es también para ustedes”. 

En fin, estamos hablando de una guerra que no solo compromete a Ucrania, las instituciones y gobiernos europeos, sino a todo el mundo democrático.

No es casualidad que los gobiernos que apoyan a Putin sean todos autocráticos o dictatoriales. La Rusia de Putin es la vanguardia mundial de una contrarrevolución antidemocrática que tiene lugar en diferentes puntos del planeta. Dentro de Rusia, también. No deja de llamar la atención de que mucho mejor que Alemania lo entendió un país tan alejado de Europa como Australia que, sin ser miembro de la NATO, supo lo que estaba en juego y no vaciló en enviar armas a Ucrania.

Ucrania está situada en la primera línea de una batalla internacional, hay que decirlo de una vez. Son generales ucranianos, no alemanes, los que deben determinar cuáles y cuantas son las armas que necesitan para combatir al enemigo invasor. Toda Europa democrática debe ponerse a su disposición e incluso, si es necesario, bajo sus órdenes. Incluso desde el punto de vista de la pura razón económica, la que parece ser dominante en la política alemana, los gobiernos europeos deberían calcular que gastar el máximo posible en la defensa de Ucrania puede ser un buen precio comparado con lo que toda Europa tendría que pagar en caso de que Putin logre hacerse de Ucrania. Putin, que nadie lo dude, apuntará a Moldavia, Rumania, Polonia, Bosnia y Herzegovina, Finlandia, Estonia, Lituania y Letonia.

La disociación entre política y moral sobre la que alertaba Kant, ha sido llevada por Putin hacia sus máximos extremos. Putin ya es la persona más odiada del mundo. Pero eso no le interesa, mientras sea la más temida. Putin ha perdido todas sus batallas políticas. Eso tampoco le interesa: su único objetivo es ganar las batallas militares y de ellas, las más decisivas, tienen lugar en Ucrania.

De nada servirá a Occidente un triunfo moral y político si pierde la guerra militar. La libertad se defiende, y en este momento con armas y en Ucrania. Ese y no otro fue el llamado de atención que quiso estatuir Zelenski: Sacar a Alemania de su abulia burocrática y economicista para hacerla regresar al mundo real que en estos momentos no es el de la paz sino el de la guerra. 

Al no aceptar la presencia del presidente alemán en Kiev, Zelenski tuvo sus razones. Alemania debe cerrar de una vez por todas la brecha entre política y moral (o atar el nudo desatado entre política y moral, para usar la expresión de Kant) y romper así con la costra anti-política formada bajo la sombra de Angela Merkel.

Al fin y al cabo, Immanuel Kant era alemán (prusiano). La ciudad en la que nació y vivió toda su vida, Könisberg, fue anexada por el imperio ruso en 1946 y hoy lleva el nombre de Kaliningrado.

domingo, 20 de marzo de 2022

TODO TIENE UN LIMITE

Mario J. Viera



Todo, en verdad, tiene un límite, a partir del cual, no existe un “más allá”; un límite que no se puede traspasar. Todo tiene un límite, y hay que hacer todo lo posible para no llegar a ese límite del “non plus ultra”. La criminal guerra que sufre Ucrania bajo las botas, las orugas y los misiles rusos tiene un límite inadmisible: La claudicación de Ucrania ante el avance de las tropas rusas. ¡Hasta ahí no se puede llegar!

Toda Ucrania se ha alzado en defensa de su soberanía ofreciendo una, que puede calificarse de, heroica resistencia frente a los invasores.

Putin ha accedido a realizar conversaciones ruso-ucranianas sin hacer un alto al fuego. Con esa decisión el dictador ruso pretende dar la imagen de estar abierto al diálogo, cuando en realidad lo que busca es, tal como lo definió el analista político y editor Winfried Schneider-Deters y lo ratificó la ministra británica de Asuntos Exteriores, Liz Truss, levantar un “cortina de humo” para ganar tiempo y para reagrupar tropas con las que acometer una mayor ofensiva.

En la sexta ronda de conversaciones, el régimen putinista ha presentado un proyecto de reclamos humillantes para Ucrania. Impone como condicionante para alcanzar una imaginaria paz, primero, la renuncia de Ucrania a integrarse como miembro de la OTAN; segundo, reconocer la anexión de Crimea por parte de Rusia; tercero, reconocer la independencia de las “repúblicas populares” de Donetsk y Lugansk; cuarto desarme de Ucrania; declararse Ucrania neutral al estilo de Suecia y Austria.

Ante estos reclamos de Putin, el presidente Zelensky ha dejado en claro cual es la posición de Ucrania: “Mis prioridades en las negociaciones son absolutamente claras: el fin de la guerra, las garantías de seguridad, la soberanía, la restauración de la integridad territorial, las garantías reales para nuestro país, la protección real para nuestro país”.

Esto deja bien en claro lo que sufriría la soberanía de Ucrania, si Putin logra doblegar la resistencia que está enfrentando. Ucrania, no puede rendirse; no puede caer bajo la esfera rusa. Para alcanzar este propósito el compromiso de Occidente con Ucrania debe ser contundente, decidido, firme. Hay que hacerle ver a Putin que Occidente no esté dispuesto llegar a ese límite del no retorno, del no más allá.

Y ese límite ya lo ha impuesto la encarnizada guerra de agresión de Rusia contra Ucrania. ¿Conversaciones? ¿Hasta cuándo hay que continuar conversando con Putin? Todo tiene un límite. Como lo declaró el representante demócrata de Massachusetts, Stephen Lynch, durante una visita bipartidista de Estados Unidos en Polonia, que mientras Putin continúe con la agresión, “sólo hay una manera de responder a eso y es la fuerza militar”, El de ahora es un “momento crucial para el mundo”, como lo expuso el primer ministro británico Boris Johnson; es también el comienzo de “una nueva era de intimidación”, si Putin logra vencer en Ucrania. “Un Putin victorioso ─ consideró Johnson ─ no se detendrá en Ucrania. Y el fin de la libertad en Ucrania significará la extinción de toda esperanza de libertad en Georgia y después Moldavia, significará el comienzo de una nueva era de intimidación en toda Europa oriental, desde el Báltico hasta el mar Negro”.

Por el momento, como asegura Lynch. “La acción más urgente que podemos realizar es asegurarnos de que los combatientes ucranianos —esos valientes patriotas que luchan por su libertad — tengan todo el equipamiento, todos los suministros y todo el apoyo que podamos ofrecerles”. Por el momento, como lo dijo Zelensky el día 23 de la invasión: "Esta es la única oportunidad para que Rusia reduzca el daño de sus propios errores. Quiero que todo el mundo me escuche ahora, especialmente en Moscú. Es hora de reunirnos, es hora de hablar, es hora de restaurar la integridad territorial y la justicia para Ucrania. De lo contrario, las pérdidas de Rusia serán tales que necesitará varias generaciones para recuperarse. Hemos ofrecido diálogo, hemos ofrecido soluciones de paz”. Ya se ha llegado al límite y hay que imponer una línea roja.  Estados Unidos, Gran Bretaña, Canadá, la Unión Europea y la OTAN tiene que imponerle un ultimátum a Putin para sacar sus tropas de Ucrania y respetar su integridad territorial. Si a Putin no se le enfrenta militarmente, no se detendrá.

Es importante, sí, como lo reconoce Volodymiyr Zelensky que. si solo hay un uno por ciento de posibilidades para detener la guerra, Ucrania debe aprovechas esa oportunidad. “Las fuerzas rusas ─ explicó Zelensky a la CNN ─ han venido a exterminarnos, matarnos. Y podemos demostrarlo con la dignidad de nuestro ejército que somos capaces de asestar un golpe poderoso. Somos capaces de devolver el golpe. Pero desafortunadamente, nuestra dignidad no va a preservar las vidas”. Es correcto, es útil que Ucrania utilice “en cualquier oportunidad para tener la posibilidad de negociar, la posibilidad de hablar con Putin”. Pero si todos estos diálogos, todas esas negociaciones, por culpa de Putin, fracasan, entonces, eso como lo avizora Zelensky, “significaría que esto es una tercera guerra mundial”.


jueves, 17 de marzo de 2022

Cautos y Astutos

 

Mario J. Viera

 


Un país internamente polarizado, como lo es actualmente Estados Unidos, es un país débil para impulsar su política exterior. La administración Biden enfrenta en estos momentos una situación internacional extremadamente peligrosa, a partir de la agresión del régimen de Putin contra Ucrania. Rusia ha lanzado un poderoso reto a los Estados Unidos; y Estados Unidos tiene que demostrar su capacidad de liderazgo para hacer frente al reto y vencer.

Joe Biden tiene que moverse sobre un terreno resbaladizo. Por un lado, enfrentar al enemigo externo y por otro, saber dar respuesta, en lo interno, al reto electoralista que le impone la ultraderecha del partido Republicano, dirigido a alcanzar la mayoría congresional. Putin, por su parte, se mueve con mayor libertad de acción; no tiene que enfrentar a una delirante oposición que intente desestabilizar su poder ni tiene que enfrentar el escrutinio de la prensa independiente.

En estas condiciones viene a cuento la frase atribuida a Jesús de Nazaret: “Ser cautos como las palomas y astutos como las serpientes”. China, como he expresado en otra ocasión está al acecho, y Corea del Norte e Irán se mantiene a la expectativa de lo que pueda alcanzar Estados Unidos en el actual conflicto en Ucrania. A Estados Unidos no le queda otro recurso que ser cauteloso en cuanto a los obstáculos que los republicanos están decididos a imponerle al presidente Biden; y ser lo suficiente astuto para arrancarles posibles apoyos a Putin y minimizar los efectos que en la economía interna pueda producir el veto a las exportaciones de petróleo y gas de Rusia. Si hay que llegar a formular acuerdos provisionales hasta con el mismo diablo hay que hacerlo, pues en este caso sí, el fin justifica los medios.

Putin se mueve en las sombras y lo hace con China y con Irán; acude al auxilio de mercenarios sirios del régimen de Bashar al-Ásad al que siempre ha respaldado. Mientras tanto, China se acerca a Arabia Saudí para, como afirmó The Wall Street Journal, fijar el precio de algunas de las ventas de petróleo de la nación del Golfo en yuanes en lugar de dólares o euros. Arabia Saudí ya no es el socio confiable de Estados Unidos, se siente molesta por las negociaciones nucleares de Estados Unidos con Irán y su falta de respaldo a la operación militar de Arabia Saudita en el vecino Yemen. Además, China le ha prestado ayuda en la construcción de misiles balísticos y consulta sobre energía nuclear. Y Arabia Saudí es un importantísimo factor en la producción de petróleo. En tanto, el mayor receptor de ayuda económica de Estados Unidos, Israel, no se ha sumado a las acciones de muchos países de imponer sanciones económicas contra Rusia. Su posición ha sido tímida, apenas una crítica por la agresión a Ucrania.

La Casa Blanca ha mantenido conversaciones con Venezuela con el propósito de que ese país aumente su extracción petrolera con el fin de reducir los precios de la gasolina en Estados Unidos; un acto claramente definido como Realpolitik; es decir el acto diplomático que se basa en consideraciones de circunstancias y factores dados, en lugar de nociones ideológicas explícitas o premisas éticas y morales. Sin embargo, la realpolitiquería de la troika floridana del partido Republicano, Marco Rubio, Mario Díaz-Balart y María Elvira Salazar, saltan indignados por un acto que califican hasta de traición; pero nada dijeron cuando Trump afirmaba lazos de Arabia Saudí, a pesar de las graves violaciones de los derechos humanos que se cometen en Riad.

Hoy Estados Unidos debe no solo ser cauto y astuto, debe tener la visión del águila y la fuerza y agilidad del jaguar, sin permitir que políticos inescrupulosos le corten las alas al águila del Potomac. Ni permitir que la autocracia rusa pueda prevalecer. Es hacer tal como le expresara Zelensky a Biden: "No es suficiente ser el líder de la nación. Hoy se necesita ser el líder del mundo. Ser el líder del mundo significa ser el líder de la paz. La paz en tu país ya no depende solo de ti y de tu gente. Depende de los que están a tu lado y de los que son fuertes".

Biden debe comprender que el reto criminal de Putin al desatar una guerra de agresión contra Ucrania, no va solo dirigido contra la democracia de ese país ni siquiera de manera exclusiva hacia la OTAN y la Unión Europea sino de manera directa hacia la administración demócrata de la Casa Blanca. Esto viene ya de larga data.

Cuando durante la campaña presidencial de 2008, las encuestas daban a Barack Obama como posible ganador de las elecciones, Putin invadió a la República de Georgia el 7 de agosto de 2008, iniciando el ataque tras la proclamación de la independencia de los territorios secesionistas prorrusos de Abjasia y Osetia del Sur. Entonces como ahora Putin, quien era el verdadero poder en Rusia hizo alardes de su poder nuclear con el lanzamiento un misil intercontinental capaz de superar cualquier sistema de defensa antimisiles; el RS-12M Tópol con ojiva atómica. Como hoy, entonces, el presidente de Estados Unidos no cruzó la línea roja de un enfrentamiento directo con las fuerzas rusas, tal como como lo expuso el periodista Edward Lucas en el New York Times del 9 de agosto de 2008, “Bush, un presidente al final de su reinado no va a arriesgarse con la Tercera Guerra Mundial por Georgia”. En esa ocasión Putin veía como más peligroso para sus intereses a John McCain que, para él, el más débil Obama. El 23 de noviembre de 2011, Rusia amenazó abandonar el tratado de No Proliferación de Armas de Destrucción Masiva START III ─ firmado por Barack Obama y Dmitri Medvédev y vigente desde 2011 ─ si Estados Unidos no revertía la instalación de defensa antimisiles en Europa pues consideraba que representaban una amenaza para su seguridad; el mismo alegato que ahora emplea Putin para agredir a Ucrania. Hillary Clinton que ocupaba la cartera de la Secretaría de Estado le respondió a Rusia que la OTAN continuaría con su sistema de defensa antimisiles en territorio europeo lo cual estaba emplazado contra Rusia sino para defenderse de una posible agresión por parte de Irán. Este acuerdo posteriormente fue prorrogado en 2021 por Joe Biden y Vladimir Putin y se extendería hasta 2026.

En 2014 rebeldes prorrusos con el apoyo de Putin declaran como independientes los territorios ucranios de Donetsk y Lugansk y la anexión de la península de Crimea que, reconocida por Rusia como perteneciente a la República de Ucrania. En esa ocasión Barack Obama declaró: "Rusia está del lado equivocado de la historia, Los hechos sobre el terreno en Crimea son perturbadores (...) pero con el tiempo, esto será una propuesta costosa para Rusia. Es el momento para que consideren si pueden servir sus intereses de una manera diplomática en vez de por la fuerza". Al mismo tiempo, Obama anunció una serie de sanciones económicas contra personalidades rusas a las cuales se reconocen como responsable de la crisis que se presentaba. El resultado de aquellas sanciones no detuvo las aspiraciones rusas sobre Ucrania.

La reacción de Putin fue la de sabotear por todos los medios que tuviera a su alcance la elección de Hillary Clinton e, 2016, lo cual posibilitó, en gran medida la llegada de Donad Trump a la presidencia.

Trump inició una política de rechazo a la Unión Europea y a la OTAN, cuestiones estas que iban en paralelo con los objetivos político de Vladimir Putin. El 2 de agosto de 2019, supuestamente debido a los incumplimientos de Rusia con los términos del desarme de misiles largo y mediano alcance INF, por el cual las superpotencias acordaron eliminar toda una categoría de armas nucleares y realizar amplias inspecciones para asegurarse de que ambas partes cumplieran las normas acordadas. Al siguiente día Putin anunciaría su retiro del INF. La medida le daba manos libres a Putin para aumentar su arsenal de misiles de alcance de 500 y 5 500 kilómetros.

Al año siguiente Trump ordenó el retiro de miles de efectivos militares estadounidenses de Alemania.

Biden desde el inicio de su presidencia ha alcanzado el fortalecimiento de la Alianza Atlántica, y dado firme apoyo a la Unión Europea. Los efectivos militares estadounidenses hasta 100 mil soldados. Putin necesita limitar el liderazgo de Biden, de modo que esperó hasta la llegada de su oportunidad en febrero cuando Biden ha perdido apoyo en las encuestas y tiene que enfrentarse a los problemas planteados por la pandemia del COVID-19.

Biden ahora está obligado a ser el líder de la nación líder a nivel internacional. Ya no puede ser tan cauto en el caso de Ucrania, su respuesta ante el reto de Putin tiene que ser decidido, como el jaguar. No debe desoír los reclamos que plantea Mitch McConnell de ampliar el alcance de la ayuda letal de Estados Unidos a Ucrania para incluir capacidades de defensa aérea de largo alcance más efectivas; desplegar más fuerzas estadounidenses para reforzar el flanco oriental de la OTAN y usar nuevas autoridades para endurecer las defensas de los aliados de primera línea.

En este sentido Biden ha declarado: “"A petición del presidente Zelensky, hemos identificado y estamos ayudando a Ucrania a adquirir sistemas antiaéreos adicionales de mayor alcance y municiones para esos sistemas, Y esto incluirá drones que demuestran nuestro compromiso de enviar nuestros sistemas más avanzados a Ucrania para su defensa". Entre el paquete de armamentos que Estados Unidos se ha comprometido enviara a Ucrania "para que puedan continuar defendiendo su espacio” se menciona, 9.000 sistemas antiblindaje, 7.000 armas pequeñas, 800 sistemas antiaéreos Stinger, 20 millones de rondas de municiones y 100 drones; pero nada se dijo sobre lo solicitado por Zelensky de dotar a Ucrania con sistemas de lanzamiento de misiles para el transporte de misiles de corto, medio y largo alcance, tipo "Tierra-aire", para interceptar objetivos aéreos  S-300 y otras armas similares para defender sus cielos. Además ¿Por qué no equipar con una fuerza aérea a Ucrania? Los aviones de combate pueden ingresar por diferentes regiones del sur de Ucrania piloteados por aviadores ucranianos

En un editorial The Washington Examiner se pregunta “¿Pero, ¿por qué Biden solo está dispuesto a enviar 100 [drones]? Dada la urgencia de la situación, ¿por qué no enviar dos o tres veces más?”

Putin siempre amenazador declaró, por boca de la portavoz de la diplomacia rusa, María Zajárova: “Si se adopta esta decisión, y esto se refiere no solo a Eslovaquia, sino también a otros países, crean problemas a sí mismos... Crean problemas directos a sí mismos con sus propias manos”.

Biden debiera suscribir la sentencia de la Corte Internacional de Justicia, por la cual se ordena que Rusia debe suspender de inmediato las operaciones militares en Ucrania: “La Federación rusa ─ afirmó la presidenta de la CIJ, Joan Donoghue, en la lectura pública de la orden judicial ─ debe asegurarse de que cualquier unidad militar o grupo armado irregular que apoye (…) evite tomar pasos que fomenten las operaciones militares”. Estados Unidos puede, en consecuencia, plantear un ultimátum a Putin para que detenga el avance de las tropas rusas en territorio ucranio so pena de internacionalizar el conflicto. La OTAN debe fortalecer las fronteras de todos los países de la Unión Europea y de aquellos que han solicitado su ingreso a la misma como Georgia y Moldavia.  

viernes, 11 de marzo de 2022

¡CUIDADO, CHINA ESTA AL ACECHO!

 

Mario J. Viera


 

Existe el reclamo de los comunistas chinos de UNA SOLA CHINA; ¿acaso no es el idéntico propósito de Putin de UNA SOLA FEDERACION RUSA?

China está al acecho, y China es una potencia nuclear.  China observa la reacción de occidente ante el caso ucranio. Si Occidente no actúa para detener la masacre en Ucrania; si Putin se sale con la suya de destruir la democracia de Ucrania, China sacará sus propias conclusiones. Ya le da todo su respaldo a Putin y se adhiere a la denuncia sin fundamento de Putin de que en Ucrania existen laboratorios de armas químicas y biológicas.

Existe el dicho de que “A río revuelto, ganancia de pescadores”, y China tiene la misma paciencia que un pescador de ribera. Taiwán está en sus miras y espera, para poder pescar a la isla disidente, que las aguas se revuelvan a favor de las ambiciones de Putin. Si occidente solo se contenta con imponer sanciones económicas contra el régimen de Putin, si occidente no sube su parada de evitación de una conflagración mundial sin intervenir militarmente a favor de Ucrania, China verá a occidente como débil y a los débiles ¿quién les respeta? ¡Se lanzará contra Taiwán! Para los comunistas y los fascistas la vida humana nada significa.

Si Putin logra sus propósitos en Ucrania, nada le impedirá atacar a Georgia y a Moldavia. Si Putin, a despecho de la condena internacional, logra doblegar la resistencia ucrania, China no se inhibirá de lanzar su zarpazo contra Taiwán… Entonces, la gran guerra que se intenta evitar ya se habrá iniciado.

¡Cuidado, China acecha!

sábado, 5 de marzo de 2022

GRACIAS PUTIN, HAS SALVADO A EUROPA

Guy Sorman

 


En 1991, cuando Boris Yeltsin, visionario y demócrata, disolvió la URSS, Europa respiró; la Guerra Fría había terminado. Desde luego, el mundo seguía siendo peligroso por naturaleza, pero los estrategas occidentales se plantearon entonces incorporar Rusia a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN por sus siglas en inglés) frente a un posible adversario futuro, como China, por ejemplo. ¿O quizá se debería disolver la Alianza Atlántica, cuya razón de ser ha desaparecido? Pero los vecinos inmediatos de Rusia, que tienen buena memoria, nos recordaron oportunamente que detrás de la URSS se escondía una potencia expansionista, desde el reinado de Catalina II. Los países bálticos y Polonia, en particular, recuerdan haber sido anexionados no por la URSS, sino por la antigua Rusia. Los rumanos, los búlgaros y los turcos también recuerdan esta larga historia cuando el Ejército ruso, presionando en las fronteras, intentó llegar al mar Negro y apoderarse de Constantinopla. De modo que, gracias esencialmente a la memoria de esta Europa del Este y de los Balcanes, la OTAN se salvó. Salvada, pero ocupada en desgarrarse internamente. Turquía seguía formando parte de ella mientras perseguía a Grecia y adquiría armas rusas en lugar de estadounidenses.

¿Deseaba realmente la OTAN intervenir en Afganistán, con el pretexto de que los talibanes estaban atacando a toda la democracia occidental? Más tarde, Barack Obama, y aún más Donald Trump, perdieron el interés por Europa y la OTAN, al considerar que, en adelante, el futuro del mundo se jugaría en Asia y que la Alianza era demasiado cara para proteger a una Europa aparentemente sin enemigos. Donald Trump no intervino jamás en las reuniones de la OTAN, excepto para pedir un aumento de las contribuciones económicas de los europeos; sus recriminaciones parecían justificadas, especialmente las dirigidas a Alemania, pero olvidó que la Alianza reforzaba la supremacía mundial de Estados Unidos y la Pax Americana.

La naturaleza de estos debates internos y algo teóricos entre geopolíticos ha cambiado radicalmente desde la aparición en escena de Vladímir Putin, el gran alborotador. Putin desprecia hasta tal punto las democracias que no es seguro que se esperara esta firmeza por parte de la OTAN. Pero las democracias solo son débiles en apariencia y resultan indestructibles cuando están aliadas y amenazadas. Putin es un mal jugador de ajedrez, pues desconoce la verdadera naturaleza de su adversario.

Los occidentales también han comprendido que no están tratando con el fantasma renacido de la URSS, sino con un enemigo ruso, no soviético. Putin, a diferencia de Stalin o Brezhnev, no reivindica ninguna ideología universalista; no exporta ninguna idea con vocación universal. Su único argumento es la raza. Afirma que la geografía de una nación debe coincidir con la raza, lo que recuerda un precedente histórico, no soviético, sino nazi. La raza y el espacio vital fueron los fundamentos del belicismo hitleriano y constituyen los cimientos del delirio putiniano. Según Putin, las amenazas contra los ucranios y los bálticos están justificadas por la protección de las minorías rusas que allí residen. Este exactamente fue el argumento de Hitler para que los occidentales le cedieran los Sudetes en Múnich en 1938 y no reaccionaran a la conquista de Austria.

Hay políticos de extrema derecha en Francia que apoyan a Putin precisamente porque es un dictador racista. También sería necesario definir la raza rusa, una noción tan inabordable como una raza francesa o española. Además, las naciones, al menos desde 1945, ya no se definen por la raza, sino por la voluntad de convivir en un espacio político, no étnico. Por lo tanto, los argumentos de Putin no tienen ninguna legitimidad, ni científica ni histórica. Nadie en Occidente se deja engañar: el precedente de la situación actual no es Stalin, es Hitler. Y el otro antecedente de las exigencias de Putin es Múnich en 1938. Dado que los dirigentes francés y británico, Edouard Daladier y Neville Chamberlain, creyeron que estaban comprando la paz al abandonar Checoslovaquia, los líderes occidentales actuales no cederán ni un palmo de terreno a Putin. Pasar por ‘muniqués’ es la peor vergüenza que puede amenazar hoy a un jefe de Gobierno en Europa y Estados Unidos.

¿Cómo puede Putin ignorar hasta tal punto la historia contemporánea? Indudablemente las explicaciones son de orden psicológico: el dictador envejecido y aislado no se decide a dirigir solo una potencia pobre, porque de la Gran Rusia hoy subsiste únicamente un pueblo empobrecido, alcohólico y canoso. Solo le queda el gas, los oligarcas que invierten su botín en Londres y Nueva York, y un Ejército capaz de hacer daño, pero sin propósito. Lamentablemente, no hay nada más difícil que negociar con un dictador que ha perdido la razón (ABC)


viernes, 25 de febrero de 2022

Ucrania es el Mundo

 

Mario J. Viera

 


Sí, hoy Ucrania es el Mundo, como lo fuera en 1939 Polonia. Hoy, la agresión de Rusia a Ucrania no es solo un desastre para Ucrania, será también un desastre para todo el mundo. La política de apaciguamiento hacia la serpiente rusa, Vladímir Putin ha fracasado, como fracasó en 1939 la política de apaciguamiento que Francia y principalmente Gran Bretaña mantenía con respecto a Adolfo Hitler.

En 1938, Hitler puso sobre la escena el reclamo de los territorios denominados Sudetes, una región que formaba parte de Checoslovaquia, pero con una población de unos tres millones de habitantes que, en su mayor parte era de origen alemán. El pronazi Konrad Heinlein, asumió el liderazgo de aquella mayoría de alemanes exigiendo la autonomía de los Sudetes. En 2014, tras la caída del gobierno prorruso del presidente ucraniano Víctor Yanukóvich, en la región ucraniana del Donbás, donde existe una mayoría de la población ruso parlante los líderes Denis Pushilin en el territorio de Donetsk y Leonid Pasechnik en Lugansk se convirtieron en nuevos Heinlein, pero a favor de Rusia declarándose en rebeldía en contra del gobierno ucraniano ─ en ese entonces presidido por Petró Poroshenko ─ con apoyo militar ruso.

Aprovechando el conflicto del Donbás, Putin se apoderó de la península de Crimea anexando su territorio a Rusia. El mundo, sobre todo la Unión Europea opacamente condenó aquel acto agresivo cometido por el autócrata Vladimir Putin. En respuesta a la anexión de Crimea, el presidente de Estados Unidos Barack Obama impulsó una serie de sanciones económicas contra Rusia, alegando, como ahora hace le gobierno de Biden, que serían las medidas más duras adoptadas contra Rusia desde el fin de la Guerra Fría. Putin se rió de las sanciones y Crimea y Sebastopol quedaron bajo la soberanía del imperio ruso. Crimea compensaba cualquier sanción económica. Por otra parte, la guerra de secesión prorrusa en el Donbás ─ la zona más industrializada de Ucrania ─ constituía una afectación económica considerable para el ex estado de la Unión Soviética.

Acuerdos de Minsk

Con el propósito de poner un fin a la guerra en el Donbás, el 5 de septiembre de 2014 se firmó un primer acuerdo de paz en la ciudad de Minsk en Bielorrusia, entre representantes de Ucrania (Petró Poroshenko), Rusia (Vladimir Putin) y los rebeldes prorrusos de las denominadas, República Popular de Donetsk (Alexander Zajarchenko) y la República Popular de Lugansk (Ígor Plotnitski). Sin embargo, ambas partes violaban el cese al fuego, Se recurrió entonces a una nueva ronda de negociaciones en 2015 para acordar un segundo acuerdo de Minsk; esta vez auspiciado por el presidente de Francia Francois Hollande, y la canciller alemana, Angela Merkel.  

En Minsk I se aprobaron 12 puntos que obligaban a ambas partes; algunos conflictivos. En el segundo Minsk, se agregó un nuevo punto a los doce primeros dentro de la denominada “Serie de medidas para el cumplimiento de los Acuerdos de Minsk”: 1. Alto el fuego inmediato en ciertas zonas y su estricto cumplimiento a partir de las 00.00 horas (hora de Kiev) del 15 de febrero de 2015 (22.00 GMT). 2. Retirada de todo el armamento pesado (establece una zona de seguridad de 50 kilómetros para la artillería de 100 milímetros de calibre o más).  3. La Organización para la Seguridad y la Cooperación en Europa (OSCE) será la encargada de verificar el cumplimiento del alto el fuego y la retirada del armamento pesado. 4. Inicio de un diálogo para la convocatoria de elecciones locales en las zonas bajo control rebelde en consonancia con la legislación ucraniana y la ley de autogobierno aprobada en 2014 (lo que equivalía a la descentralización del gobierno de Kiev restándole fuerzas de decisión). 5. Amnistía general para todos los participantes en el conflicto en las regiones de Donetsk y Lugansk. 6. Liberación de todos los rehenes y canje de prisioneros de guerra. 7. Creación de corredores humanitarios para garantizar el suministro de ayuda humanitaria a través de un mecanismo internacional. 8. Acordar un programa de restablecimiento de las relaciones económicas entre Ucrania y esas regiones, incluido la reanudación de los pagos sociales, pensiones y de los servicios bancarios. 9. Restablecer el pleno control estatal de la frontera ruso-ucraniana en la zona de conflicto por parte del Estado ucraniano para fines de 2015 (condicionada al cumplimiento del punto 11).  10. Retirada y desarme de todas las formaciones armadas extranjeras, armamento y también mercenarios del territorio de Ucrania bajo la supervisión de la OSCE. 11. Reforma constitucional (como condicionante para asegurar el cumplimiento del punto 9: Constitución que prevea la “descentralización de Ucrania” como punto clave y la aprobación de una ley permanente sobre el estatus particular de determinadas zonas de las regiones de Donetsk y Lugansk. 12. Celebración de elecciones locales en las regiones de Donetsk y Lugansk que debe ser consensuada entre el Gobierno ucraniano y los representantes de esas zonas rebeldes, con supervisión de los observadores de la OSCE. 13. Crear grupos de trabajo en el marco del Grupo de Contacto, que integra a Kiev, los separatistas prorrusos y Rusia y la OSCE como mediadores, para la implementación de estas medidas.

Un tratado este mal concebido y mal definido y sin que se obligara a Rusia a respetar la soberanía ucraniana. Es increíble que los representantes europeos no incluyeran en estos acuerdos la incorporación de un cuerpo de paz de las Naciones Unidas para asegurar el cumplimiento efectivo de los puntos 1, 2 y 3. Un cuerpo de paz de la ONU en Ucrania habría impedido la agresión de Rusia.

Ucrania abandonada en un limbo defensivo

Las aspiraciones hegemonistas y expansionistas de Putin se verían frustradas si Ucrania se incorporaba como el Estado 28 de la Unión Europea y la posibilidad de que en el futuro fuera parte de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) por lo que se decidió por una solución ucrónica: Invadir a Ucrania, ocuparla y poder establecer un gobierno de facto partidario de Rusia, tal como lo fue Yanukóvich.

La agresión era previsible desde el mismo momento cuando se conoció de las agrupaciones de fuerzas militares rusas frente a las fronteras ucranianas. Ucrania no tiene firmado un tratado de defensa con ninguna potencia occidental, pero todo se dejó a los resultados que pudieran alcanzarse mediante la acción diplomática para el apaciguamiento de Putin; el mismo error de 1939 con Hitler y sus pretensiones sobre Checoslovaquia.

La diplomacia en caso de peligro de guerra debe ir acompañada de medidas más allá de lo estrictamente diplomático. Si se preveía que Putin estaba decidido a agredir a Ucrania, había, necesariamente, que asegurar la capacidad defensiva ucraniana, suministrarle armamento de defensa antiaérea y antimisiles, y artillería pesada. No se hizo y Putin ha podido lanzar su blitzkrieg sobre un país dotado de defensas militares pobres. Hay que escuchar el pedido del presidente Volodímir Zelenski de ayuda internacional para frenar el ataque ruso: “Si no nos ayudan ahora, si no ofrecen una ayuda potente a Ucrania, mañana la guerra llamará a su puerta”. Es un error dejar en soledad a Ucrania. No bastan solo las sanciones económicas en contra del agresor. Hay que ponerle cara a Putin y decirle que si él ha invadido a Ucrania, el mundo democrático cuenta con el derecho de prestarle ayuda en armamento y fuerzas militares. Putin ha lanzado un reto a Europa y a la OTAN, si no se le detiene, las consecuencias serán catastróficas para toda la humanidad.

Si Putin se sale con la suya en Ucrania, ¿Qué impedirá que China haga lo mismo sobre Taiwán?

Se pretende evitar una tercera guerra mundial, pero si no se da un golpe poderoso contra Putin y su régimen, la tercera guerra mundial estará ya a las puertas, Ucrania hoy es el Mundo.