Mostrando las entradas con la etiqueta Discriminación. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Discriminación. Mostrar todas las entradas

miércoles, 25 de agosto de 2021

Racismo en Cuba, un tema controvertido

 

Mario J. Viera

 


Este es un artículo del 5 de abril de 2000, que redacté desde La Habana para Cubanet. Ahora lo reproduzco porque, de cierto modo mantiene actualidad.

El tema del racismo en Cuba o del prejuicio racial es uno de los más escabrosos en el actual contexto sociológico del país. El gobierno socialista afirma rotundamente que la discriminación racial ha sido definitivamente suprimida por la aplicación de su política de igualdad.

Dentro del ordenamiento jurídico del socialismo cubano el racismo, o más bien su manifestación como acto discriminatorio, constituye un hecho delictivo. El artículo 42 de la ley suprema del Estado socialista declara: "La discriminación por motivo de raza, color de la piel, sexo, origen nacional, creencia religiosa y cualquier otra lesiva a la dignidad humana, está proscrita y es sancionada por la ley" (Constitución de 1976).

Por otra parte, el Código Penal o Ley 62 establece en su artículo 295 una sanción de seis meses a dos años de privación de libertad o multa de 200 a 500 cuotas, o ambas, al que discrimine a otra persona o incite a la discriminación o difunda ideas basadas en la superioridad u odio racial o cometa actos de violencia o incite a cometerlos contra cualquier raza o grupo de personas de otro color u origen étnico. Sanción ésta, no obstante, muy benévola si se la compara con la prevista para el muy sui generis delito de "propaganda enemiga" sancionado hasta con ocho años de privación de libertad; o con la de hasta tres años de prisión por el denominado delito de desacato al presidente del Consejo de Estado, al presidente de la Asamblea Nacional y a los miembros de los Consejos de Estado y de Ministros o a los diputados de la Asamblea Nacional.

Estas previsiones jurídicas sobre el problema de la discriminación racial o étnica aparentemente constituyen un progreso dentro de la tradición jurídica cubana. Si bien es cierto que la Constitución Republicana de 1940 declaró punible en su artículo 20 “toda discriminación por motivo de sexo, raza, color o clase y cualquiera otra lesiva a la dignidad humana”, también es cierto que, en su ley penal objetiva, el Código de Defensa Social, no se recogió ninguna norma semejante a la del artículo 295 del Código Penal, actualmente en vigencia. Sin embargo, ¿se puede negar objetivamente y con pleno ajuste a la realidad social que en Cuba no haya manifestaciones de racismo y discriminación racial o prejuicios raciales?

La respuesta a esta interrogante conlleva cierta complejidad. Cuba es un país en el que predominan casi exclusivamente dos etnias: la raza europoide y la negra, originada en el África y establecida en el país por la trata negrera que mantuvo la esclavitud hasta muy avanzado el siglo XIX. La convivencia de ambos grupos raciales atravesó por diferentes etapas que no son materia de este artículo, y marcaron las relaciones de aceptación y rechazo entre un grupo y otro. Sin embargo, desde las guerras de independencia hasta la fecha, Cuba no se caracterizó por ser un país racista como pudo ser el Sur profundo de los Estados Unidos o la Suráfrica del apartheid.

Cuando es derrocado el gobierno de Fulgencio Batista, un mulato de origen humilde que llegó a ser jefe del ejército, presidente constitucional y tirano, el gobierno que asumió entonces la dirección del país, manipuló exageradamente el tema de la discriminación racial para apoyar sus proyecciones populistas y ganarse el apoyo incondicional de los negros cubanos con el fin de reforzar sus posiciones frente a las clases cultas y acomodadas del país.

Cuarenta años después muchos negros se consideran discriminados. Pero cuando se les pide argumentos que demuestren la certeza de su discriminación, sólo pueden referirse a situaciones excepcionales aisladas o a criterios muy subjetivos. No obstante, la población penal en Cuba es mayoritariamente negra, y en el gabinete cubano hay menos negros que en el de los Estados Unidos. Son pocos también los negros presentes en los niveles más altos del partido gobernante, y su presencia es escasa entre los secretarios generales de las organizaciones provinciales de ese partido. Este es un fenómeno al que muchos se han referido; sin embargo, por sí sólo no es una prueba irrefutable de la existencia de la discriminación oficial del negro.

El racismo es un fenómeno cultural, forma parte de la ideología. Su componente subjetivo es la etnofobia, el rechazo a los miembros de todo aquel que no pertenezca a la propia etnia, y esta clase de racismo existe en Cuba, de blancos hacia negros y de negros hacia blancos. Y es un fenómeno de reciente resurgimiento en Cuba o de formación nueva adoptando formas que no se conocieron en la época republicana.

Manipulando al negro, el gobierno exageró el racismo de la República y se presentó como si fuera el emancipador de los negros de toda discriminación. La insistencia en el tema de la discriminación racial presentó como a culpables a los blancos ante los ojos de toda la población negra: si los negros habían sido discriminados la conclusión lógica sería porque los blancos los habían discriminados. La concatenación de ideas llevaría a provocar la desconfianza de los negros hacia los blancos, considerados como antiguos racistas y enemigos de la gente no blanca.

Esta situación ha generado tensiones entre las dos etnias básicas de la población cubana y echado por el suelo el ideal de instauración de una verdadera sociedad daltónica. El negro “liberado” del socialismo ha servido como propaganda de uso externo, y de ahí, la palpable discriminación de los no negros en los equipos deportivos nacionales. Se necesitan las “morenas del Caribe”, a los balompedistas y jugadores de basket negros, para consumo del África que siempre aporta sus votos a favor del régimen de La Habana.

A la pregunta ¿hay racismo en Cuba? no se puede dar respuesta en circunloquios ni esquivarla, sino contestar llanamente: Sí, en Cuba hay racismo. Al menos esa parte psicológica que hemos dado en llamar etnofobia. Este racismo presente en Cuba tiene componentes muy diferentes al tipo que existía antes de 1959, que se manifestaba preponderantemente dentro de algunos sectores sociales y en determinados estratos de la clase media y de la élite social. Ahora la etnofobia es acción y reacción. Un doble vector que apunta hacia un grupo y otro. Es un choque silencioso entre las dos razas con matices gregarios; por lo general, los negros prefieren asociarse entre sí, aislándose de los blancos en actividades sociales comunes, en fiestas, reuniones de amigos, en el intercambio de tragos; y lo mismo se manifiesta entre los blancos. Cada uno por separado, pero sin llegar a una definida segregación al estilo de Atlanta año 1950. El racismo en Cuba no va más allá de un agudo prejuicio racial planteado en términos del “somos distintos”.

Sin embargo, negros y blancos sufren una idéntica discriminación de carácter étnica y que les coloca socialmente por debajo de las prerrogativas que gozan los extranjeros en el país. Ambos grupos están privados por igual del acceso a los mejores hoteles, al disfrute de las mejores playas y balnearios, a la interdicción territorial de lugares exclusivos para los extranjeros como los cayos Coco y Largo, y esta es una humillante realidad, una, que sufren, tanto los negros como los blancos cubanos: la discriminación de todo un pueblo.

El cubano es un pueblo apasionado, ardiente, a veces intolerante, pero es un pueblo que se quiere a sí mismo, que es capaz de llamarse uno a otro como hermano, que no se deja arrastrar por el fanatismo y el odio, y que es una verdadera mezcla de razas y culturas. Es un pueblo que es capaz de apretarse en un fuerte abrazo sin importar la raza o el color de la piel, y un día, cuando se le eduque verdaderamente en la cultura de la democracia, ya no habrá cabida en este país para los prejuicios raciales. Cuba algún día será, sin hipocresías ni tartufismos, una verdadera sociedad daltónica incapaz de distinguir colores.

sábado, 14 de diciembre de 2013

Obama, Raúl Castro y Sudáfrica


Carlos Alberto Montaner. EL BLOG DE MONTANER

Granma no reprodujo el discurso de Barack Obama en Sudáfrica. Era humillante para Raúl Castro. Tras el protocolar apretón de manos, Obama explicó que no se debía invocar en vano el nombre de Mandela. No era aceptable celebrar la vida y la obra del líder desaparecido y perseguir a quienes sostienen ideas diferentes a las oficiales. Eso se llama hipocresía.

Raúl, cuando leyó su discurso, sin proponérselo, le dio la razón a Obama. Sin ningún recato celebró la diversidad como si él presidiera la Confederación Helvética. Mientras hablaba, en Cuba se recrudecía la represión contra los demócratas a golpes, patadas y calabozos. El espectáculo encarnaba la idea platónica de la hipocresía.

Para entender a Cuba es razonable acercarse a Sudáfrica. Hay muchas similitudes entre el desaparecido apartheid y la dictadura de los Castro. Los dos sistemas se erigieron sobre disparatadas teorías que conducían al atropello y el autoritarismo.

El apartheid sudafricano se nutría de la vergonzosa tradición norteamericana de la segregación racial, edificada sobre  el sofisma de “dos sociedades iguales, pero separadas”, modelo originado en la pretendida superioridad de los blancos, forjado con la copiosa “legislación de Jim Crow” en la mano. Cuando el Partido Nacional de Sudáfrica, en 1948, hizo suya esa filosofía, y posteriormente fragmentó el país en bantustanes, echó las bases del horror.  

La dictadura cubana, a su vez, se sustenta en las supersticiones del marxismo-leninismo. Los comunistas tienen el privilegio exclusivo de organizar la convivencia cubana. Lo dice, incluso, la Constitución. Los ampara la certeza de la superioridad “científica”. No puede haber otras voces, porque ellos, a través del Partido, son la vanguardia del proletariado, esa clase sobre la que se articula, no se sabe por qué, el devenir de la historia. 

Aquella infame Sudáfrica, felizmente desaparecida, estaba básicamente dividida en dos castas raciales: de una parte los blancos, con todos los derechos y privilegios, y de la otra los negros y mestizos, súbditos de segunda categoría (ni siquiera eran ciudadanos).

Cuba está dividida en dos castas ideológicas: los comunistas y sus simpatizantes “revolucionarios”, dotados de todos los derechos, frente a los indiferentes y los opositores, calificados como gusanos o escoria, y tratados y maltratados con el mayor desprecio. Incluso, se les veda el acceso a los estudios universitarios porque se ha proclamado, insistentemente, que “la universidad es para los revolucionarios”.     

Los defensores de la segregación racial y del apartheid sudafricano legislaron sobre los sentimientos de las personas. No se podía amar a una persona de otra raza. No se podía tener relaciones sexuales con ella. No era posible el matrimonio interracial. Ni siquiera las caricias y los besos.

Los defensores de la dictadura cubana decretaron que no se podía tener vínculos afectuosos con exiliados, presos políticos u opositores. Se rompieron los lazos entre padres e hijos, entre hermanos, entre amigos. A veces se quebraron las parejas. Los matrimonios con extranjeros no eran bien vistos. Se creó la extraña categoría del “desafecto”. La policía política vigilaba a las mujeres de los cabecillas comunistas, civiles y militares, para notificarles a los maridos cualquier adulterio. La revolución también era la dueña de la entrepierna de las mujeres.

Frente al horror del apartheid, numerosos países comenzaron a presionar para producir un cambio de régimen. Había que hacerlo. Era lo decente: acabar con esa viscosa bazofia y sustituirla pacíficamente por un sistema plural basado en el consenso, la democracia y la igualdad ante la ley. Para lograrlo se produjo un embargo económico auspiciado por la ONU.

Ante ese acoso internacional, el gobierno blanco de Pretoria puso el grito en el cielo e invocó sus leyes y su constitución peculiares. Decía ejercer su derecho soberano a la autodeterminación, pero no le hicieron caso. Por encima de esa vil coartada “nacionalista” estaba la decencia: no se podía maltratar impunemente a la población negra, como si estuviera compuesta por animales.

Estados Unidos, que vaciló, cobardemente, ante el embargo internacional contra Sudáfrica (finalmente se sumó), en el caso cubano es uno de los pocos países del planeta que presiona en el terreno económico con el objeto de cambiar un régimen totalitario e injusto por otro democrático, plural e incluyente.

Eso es lo coherente. Contribuir a que ese pueblo se libere, como sucedió en Sudáfrica. Supongo que, según Obama, esa es la mejor manera de honrar a Mandela.

sábado, 20 de julio de 2013

Sí, en el fondo: prejuicio racial


Mario J. Viera

Es de noche. El vecindario ya duerme; pero no todos se han recogido al descanso en el interior de un apartamento. Alguien vigila, alguien que asume el rol de protector de la comunidad. De pronto su acuciante mirada capta una figura que camina por la acera y se cubre el rostro con la capucha de su suéter. Observa con atención: “Es un negro ─ se dice ─ No lo conozco… no le he visto antes por aquí… Es un muchacho… Probablemente intente robar en cualquier domicilio… ¡Voy a seguirle!”

Así, de esta y no de forma diferente, la noche del 26 de febrero de 2012 debió pensar George Zimmerman al ver al adolescente negro que caminaba tranquilamente por una calle de la comunidad residencial de Sanford. De tratarse de un adolescente blanco ¿habría abrigado la misma preocupación? No lo creo.

La operadora del 911 le advierte a Zimmerman que no persiga al adolescente; pero el vigilante no hace caso de la advertencia. Él se cree policía, cree que tiene un deber irrenunciable con la comunidad para garantizarle su seguridad. Es un súper héroe, una versión americana del cederista cubano. De mantenerse “con la guardia en alto”.

Zimmerman actúa bajo un esquema de prejuicio racial que crea el estereotipo de que todo negro es sospechoso de actividad criminal. Quizá influido por el creciente número de asaltos y atracos cometidos por muchos jóvenes y adolescentes de la raza negra le surge la sospecha de aquel adolescente, Trayvon Martin,  que veía vagando por una calle de Sanford, pudiera ser un potencial criminal. Esta actitud prejuiciada que impulsa a sospechar de una comunidad racial, la rememora Barack Obama cuando hablando a título personal dijo: “Hay muy pocos afroamericanos que no hayan tenido la experiencia de ser perseguidos en una tienda, y eso me incluye a mí. (...) Caminar por una calle y escuchar cómo se iban cerrando las puertas de los coches. Eso me pasó antes de ser senador”.

Zimmerman comenzó a perseguir a Trayvon. Le seguía detrás con su auto. Cualquiera que tenga la sensación de ser perseguido por un carro sin insignias policiacas y en plena noche puede sentirse preocupado. ¿Qué hacer en ese caso? Hay dos opciones, huir de la escena o decidirse a confrontar al acosador. Esto último fue lo que optó Trayvon Martin: enfrentar a su perseguidor para defenderse de una supuesta agresión; de una supuesta amenaza a su vida. No estaba armado, solo contaba con sus puños para defenderse. Fue un fatal error; un error que le costó la existencia.

Zimmerman pudo entonces alegar que actuó en defensa propia. La ley le amparaba; lo protegía esa absurda ley Stand your ground  que apoyan republicanos y la poderosa  Asociación Nacional del Rifle.

Obama llama a una reflexión e indica: “Solo le pido a la gente que considere: si Trayvon Martin hubiese sido mayor de edad y hubiese estado armado, ¿habría podido defenderse en esa acera? ¿Y creemos verdaderamente que hubiera estado justificado que disparase a Zimmerman, porque lo había perseguido antes en un coche y se sintió amenazado?”

Esta ley en su esencia establece que cualquiera que presuma en peligro su propiedad o su vida no debe retroceder sino hacer uso de un arma letal y, además señala, que una persona que no esté envuelta en una actividad ilícita y que sea atacada en cualquier lugar donde tenga el derecho de estar, no tiene que huir para evitar el peligro teniendo el derecho de defenderse con empleo de la fuerza, aunque provoque la muerte de otra persona, si verdaderamente lo cree necesario para salvar su vida.

En virtud de esta ley a la que se acogiera posteriormente George Zimmerman, Trayvon Martin tenía el derecho de atacar a su perseguidor ya que no había evidencia alguna de que estuviera envuelto en una actividad ilegal  y nada le prohibía que caminara por aquella calle de Sanford en horas de la noche.

George Zimmerman fue declarado no culpable de la muerte de Trayvon por un jurado de seis mujeres, cinco anglosajonas y una hispana, y puesto en libertad, pero de hecho fue el responsable de la muerte del adolescente negro al perseguirle sin autoridad para hacerlo y provocar su reacción violenta. Cuando el muchacho le enfrentó con sus puños, Zimmerman perdió el valor, sintió miedo, y a pesar que le superaba en corpulencia, no fue capaz de ripostar a golpes e hizo uso de su arma.

No creo que el jurado deliberó de la mejor manera. No consideró que Trayvon poseía también la legitimidad de agredir, de acuerdo con la Ley de la Florida, a quien consideraba que podía ser una amenaza para su seguridad. Influido por la defensa que de Zimmerman hiciera su abogado Mark O’Mara el jurado se planteó una duda lógica. No había testigos oculares que pudieran aportar un juicio fuera de duda. Renunció el jurado al ejercicio del sentido común, tal como se lo sugiriera O’Mara: “Tengan cuidado con su sentido común porque el sentido común es la forma en que conducimos nuestra vida diaria, la forma en que tomamos decisiones rápidas y lo hacemos todos los días. No otorguen a nadie el beneficio de la duda excepto a George Zimmerman, él no es culpable de nada exceptuando de proteger su propia vida”. El mismo argumento hubiera sido válido también a favor de Trayvon Martin.

Alguien formuló una pregunta que yo también me hago y no quisiera darle respuesta: ¿Qué hubiera ocurrido si un Zimmerman que fuera de la raza negra, hubiera matado en “defensa propia” a un Trayvon Martin que fuera blanco?

martes, 16 de julio de 2013

La verdad de Zimmerman


Guillermo Descalzi. EL NUEVO HERALD

Not guilty. No culpable no es lo mismo que inocente. A Zimmerman no se le encontró culpable, punto, y es una decisión que nos debe dejar serenos.

Rechazar lo juzgado es alimentar el descontento de gente que se siente maltratada por la ley. Vale criticar, sí, pero si la crítica alienta la expresión física del resentimiento, esa crítica es otro crimen en potencia. Por otro lado, alegrarse del resultado sería insultar la memoria del jovencito de 17 años, todavía de muchas maneras niño, que salió a comprar caramelos y soda y resultó muerto en el proceso.

Ha sido un caso complicado, primero porque en él se mezclaron el derecho a defenderse, el derecho a las armas y nuestros prejuicios raciales, culturales y sociales. En segundo lugar porque la verdad, siendo única, una y nada más que una, también es individual y cada uno tiene su verdad. Es una paradoja. La verdad es una y cambia de persona en persona.

En este juicio hubo dos verdades, la de Zimmerman y la del difunto, lo que lleva a la tercera razón por la que este caso fue tan complicado. En nuestro sistema judicial cabe solo una verdad, la de uno o la del otro, y en la vida las cosas no son así. Vivimos con verdades entreveradas, pero los tribunales exigen separarlas y que se declare la supremacía de una y solo una de ellas, nada más. Veritas prima, la primera verdad, eso es lo que busca la justicia, y en caso de duda ninguna verdad es mejor que una verdad ‘insegura’. ¿Y las otras verdades? En nuestro sistema cabe solo una.

La verdad de Zimmerman es su verdad, así haya sido pintada y definida por él. Su verdad sobre su actuación en defensa propia se fundamenta en que Trayvon Martin le pegó un puño en la nariz, lo echó al suelo y comenzó a golpear su cabeza en el cemento, por lo que tuvo que dispararle. Su verdad es válida y debe ser aceptada siempre y cuando sea verdadera. Parecerá redundancia, eso de verdad verdadera, pero el mundo está lleno de verdades fingidas y ficticias.

La verdad de Trayvon Martin, interpretada por la fiscalía, se fundamenta en que un adolescente de 17 años, todavía de muchas maneras niño, tiene derecho a regresar de la bodega del vecindario sin ser seguido por alguien que asuma que es un maleante por caminar siendo negro y con capucha en una temprana noche lluviosa. Ese alguien que lo siguió, Zimmerman, estaba como vigilante armado en espera de gente sospechosa.

El solo veredicto de no culpable no le va a garantizar mucha tranquilidad al acusado, que posiblemente arrastre lo ocurrido hasta el fin de sus días. Para librarse de su peso necesitará abrazar su verdad y perdonarse a sí mismo por su parte en lo ocurrido. Si lo ha hecho, enhorabuena. Si no, no le será fácil.

El asesino de Harvey Milk y el alcalde Moscone en el San Francisco de 1978, fue declarado inocente de los cargos principales y cuando salió se suicidó. No pudo aceptar su propia verdad y perdonarse. Zimmerman necesita su propia verdad y perdón.

La vida no es un juego donde de unos imponen su verdad sobre otros, pero eso es lo que hacemos o tratamos de hacer. Peor aún, las que más tratamos de imponer son verdades fingidas en el sentimiento y ficticias en su esquema verbal.

Fingir y crear una ficción no es lo mismo que filtrar la verdad. El filtro es inevitable porque percibimos todo a través nuestro. Somos el filtro. Sincero es sin-ser, sin el filtro de nuestro ser, casi un imposible… casi. Nuestra realidad es una mezcla de lo que es y lo que percibimos. Nos proyectamos sobre la realidad y la hacemos nuestra. Somos complicados y muchos somos prisioneros de nuestras proyecciones.

Luego, y hablando de la realidad, el siguiente comentario fue hecho tras el veredicto: “I want to know what makes people angry enough to attack someone the way Trayvon Martin did”. “Quiero saber que enoja tanto a una persona para que ataque a otra de la manera como lo hizo Trayvon Martin.” Hello, reality check, como dicen en inglés. Despierten, vuelvan a la realidad. Ese comentario, así de destemplado e irreal, lo dio Robert Zimmerman, hermano de George, a Don Lemon de CNN. Debe haberse originado en alguna realidad alterna.

El not guilty es importante, pero para Zimmerman tendrá más importancia el juicio que él pase sobre sí mismo. De poco le servirá el not guilty si su verdad es ficticia y fingida. Ficticia y fingida para él, no para los demás. Él es el que cuenta en su exoneración, y nadie anda libre de sí mismo sin tener abiertas las puertas de su verdad.

lunes, 15 de julio de 2013

Ni blanco, ni negro


Helen Aguirre Ferré. DIARIO LAS AMERICAS         

No son muchos los jurados que regresan con un veredicto de no culpable, pero en Sanford, Florida, seis mujeres, una de ellas hispana, lo hicieron absolviendo al vigilante George Zimmerman de asesinato en segundo grado y asesinato involuntario en la muerte del joven afro americano Trayvon Martin.               

Los detalles del caso son más que conocidos. George Zimmerman se impuso la responsabilidad de ser el vigilante del complejo de apartamentos en donde vivía con su esposa. Era conocido por todos y nadie tenía una palabra despectiva acerca de él, todo lo contrario, lo describían como un hombre servicial. También era un hombre armado. Tenía permiso para aportar un arma oculta.              

Martin, de 17 años estaba visitando a su padre en el complejo. Era un joven típico buscando su camino entre los retos de la agresiva vida urbana en donde el uso de la mariguana aumenta y la cultura más ruda domina. Trayvon tenía problemas en la escuela pero no por violencia sino por mariguana y su madre, que vive en Miami, creía que su hijo estaría mejor con su padre en Sanford. El resto es historia. Regresando de comprar unos dulces y un refresco es observado por Zimmerman quien lo ve sospechoso. El joven vestía con un “hoodie” y era negro, dos detalles que para el vigilante representaban un peligro; así vestían unos ladrones que habían robado en el vecindario en semanas previas. Pidiendo ayuda de la policía para parar a Martin, Zimmerman ignora la orden de ellos de no perseguir al joven ya que ellos se encargarían.                      

Martin, por su parte, le decía por su celular a una amiga que le seguía un sureño, usando una descripción despectiva hacia Zimmerman. El muchacho no estaba armado e intuía que el que lo perseguía le era hostil. Lo único que se sabe con certeza de lo que ocurrió luego es que Zimmerman disparó su revólver matando a Trayvon Martin.       

Se cree que la muerte de Trayvon Martin deja un legado. Ciertamente abre un nuevo debate sobre las tensiones raciales en Estados Unidos y el uso de las armas. No son temas nuevos. Ha habido enormes avances en la vida cultural y legal en el país desde las leyes discriminatorias conocidas como “Jim Crow” en el sur con todas sus consecuencias. Pero el hecho de que tanto Zimmerman como Martin se hayan sentido amenazados por motivo de prejuicios raciales es evidencia de que en muchas partes del país, ciertamente en la Florida, las divisiones sociales son muy marcadas. A la vez, todo esto ocurre cuando el país votó a favor de la reelección del primer presidente negro de la nación.            

Si realmente estuviésemos preocupados por las víctimas de crímenes contra los negros y la proliferación del uso rampante de las armas podríamos enfocarnos en la ciudad de Chicago. Durante el fin de semana del cuatro de julio, 72 personas fueron baleadas y 12 de ellas murieron, la gran mayoría negros. En solo las últimas veinticuatro horas, entre este sábado y domingo pasado, 12 personas fueron heridas, dos de ellas murieron a consecuencia de sus heridas. Mucha de esta violencia es por causa de guerras entre pandillas pero igualmente preocupante es que la gran mayoría es afroamericana y también se ve un aumento en la participación hispana. El silencio nacional sobre lo que está pasando en Chicago dice mucho.              

Qué bien que estemos conversando sobre el juicio de Zimmerman. Igualmente importante es analizar el sistema judicial cuando muere un joven desarmado sin provocación. ¿Puede un jurado que no tiene a un solo negro presentar una manera de ver la evidencia distinta a las demás? ¿Es la justicia verdaderamente ciega?     

No obstante hay algo claro. Casos como el de Zimmerman no son tan comunes, ¡a Dios gracias! Pero la violencia y el crimen de negro contra negro, como se ve en Chicago, sí lo es. Ojalá que los que claman por justicia para Trayvon Martin aprovechen la oportunidad con la fuerza de la atención de los medios a su alrededor para ver cómo podemos todos hacer más por salvar a nuestros jóvenes negros, hispanos, anglos y asiáticos, del culto a la droga y la violencia que crea mayores huellas y acaba con más vidas que un vigilante irresponsable con pretensiones policiacas.                

Lo que hizo George Zimmerman fue trágico y difícil de perdonar. No lo quisiera de cuidador de mi vecindario. Tampoco pienso que encontrará la paz que seguro anhela y la cual los padres de Trayvon tampoco tendrán.          

lunes, 1 de octubre de 2012

Crueldad o dinero


Sabina Covo. EL NUEVO HERALD

En el año 2007 una mujer embarazada llamada Heather Wiseman que trabajaba en una tienda de una cadena de Estados Unidos fue despedida. La razón fue bien concisa. Debido a una infección urinaria la mujer tenía que cargar una botellita con agua y por políticas de la tienda los únicos que podían llevar agua a deshoras eran las cajeras. La mujer presentó un certificado médico pero no consiguió nada. La mujer demandó y perdió la demanda. Y aunque suene sorpresivo, porque uno creería que las leyes que protegen a las mujeres embarazadas son bien estrictas, la manera en la que el Congreso de Estados Unidos redactó la ley no protege muchos casos. No dejar a una mujer embarazada tomar agua cuando sea necesario, es crueldad.

Existe una Ley Contra la Discriminación de Mujeres Embarazadas enmendada desde el año 1978. Bajo esta legislación una mujer no puede ser discriminada por haber quedado embarazada. La protección mas importante que ofrece esta medida es la que le asegura a la mujer que no verá una reducción en sus beneficios. Y está la Ley para Deshabilitados, que ofrece protección si se necesita cuidado específico. En pleno siglo XXI, la mayoría de los ginecólogos está de acuerdo en que una mujer embarazada no es deshabilitada. Pero ojo, el primer trimestre de embarazo es sumamente delicado por el peligro de aborto espontáneo, y en el tercer trimestre está probado que si las mujeres no tienen las comodidades adecuadas, podrían dar a luz a un bebé antes del término normal del embarazo o con menos peso.

La mayoría de las mujeres que toman 12 semanas de maternidad para cuidar de sus recién nacidos lo hacen bajo la Ley de Ausencia Médica y de Familia, una ley que garantiza que si te enfermas o tienes una emergencia de familia puedes dejar tu trabajo por 3 meses. Estados Unidos es el último en la lista de países desarrollados que ofrece beneficios a las mujeres embarazadas: ofrece cero beneficios. Gran Bretaña, por ejemplo, paga el 80% de la maternidad; Alemania paga el 100% de 12 semanas; y Francia el 100% de 16 semanas, solo por dar algunos ejemplos.

¿Como es posible que en el Congreso de Estados Unidos, que se gasta el tiempo decidiendo que debe o no debe hacer una mujer con su cuerpo, no se haya promulgado una ley que aclare, defina y defienda los beneficios de una mujer embarazada? Y que proteja a las mujeres embarazadas para que se les dé las comodidades necesarias, se les pague por sus días de maternidad y se les proteja para que puedan cuidar de sus recién nacidos de una manera sana, mental y emocionalmente.

Basta con mirar cuantos hombres hay en el Congreso, sus partidos, sus edades. Y cuantos han votado que no a legislaciones integrales para la mujer. ¿Cuántos de verdad pensarán que hay igualdad entre una mujer y un hombre en la fuerza laboral?

Los proyectos de ley que han sido presentados en diferentes ocasiones para llegar a un acuerdo de igualdad y antidiscriminación para mujeres embarazadas han sido rechazados con el argumento, según informa el diario Huffington Post, de no poner a las empresas en el riesgo de bajar la producción, o sus ganancias, para acomodar mujeres en embarazo. Un argumento absolutamente absurdo, si tenemos en cuenta que el embarazo es una parte fundamental de la evolución humana y que con una administración inteligente, las compañías pueden ajustar su fuerza laboral a cambios momentáneos.

¿O será que prefieren contratar solo a hombres y que las mujeres tengan que quedarse en casa como en siglos pasados y esa es la excusa? Definitivamente la creencia de que la evolución no existe en algunos miembros de nuestro Congreso se refleja en muchas de las acciones mediocres que toman. Viva Yahoo que contrató como CEO este año a una mujer embarazada. Lamentablemente la evolución de esta empresa no es el reflejo del país.

martes, 6 de diciembre de 2011

Nada, que para encontrar cretinos solo se requiere ir al condado Gastonia en Carolina del Norte

Niño de 9 años suspendido en escuela elemental por “acoso sexual” a maestra por el uso de la expresión “cute”
Mario J. Viera
Emanyea Lockett

Ciertamente, si Ud. quiere tener un buen ejemplo de estupidez, si quiere encontrar un verdadero cretino solo tiene que ir hasta el condado Gastonia en Carolina del Norte y más exactamente visitar la Escuela Elemental Brookside. Toque a la puerta del director del plantel y ¡Ya, delante de Ud. tendrá a un cretino!
Hay que ser imbécil para suspender por dos días a un niño de nueve años de asistir a clases tan solo porque una maestra suplente le escuchara decirle a un amiguito refiriéndose a ella diciendo que Miss Taylor es “cute”, es decir, linda, o es  decir “es una monada” y acusar al menor de acoso sexual.
El asombroso hecho lo dio a conocer WSOCTV.com y pronto fue recogido por medios televisivos.
Sorpresivamente la madre del menor Chiquita Lockett, había recibido una carta del plantel donde se le comunicaba la decisión de suspender a su hijo Emanyea Lockett de asistir a clase por dos días debido a comportamiento inapropiado y por haber dicho de una maestra que era linda (cute), una forma de acoso sexual.
El caso es que el niño no le dijo directamente a la maestra que ella es cute, suponiendo que esa expresión, que cualquiera puede emplear sin provocar el sonrojo femenino, se considere inapropiada. La maestra escuchó que Emanyea lo comentaba con otro escolar. Luego alegaron que lo que él dijo fue que “Miss Taylor está ‘fine’”, lo que pudiera trasladarse al español como diciendo: “Miss Taylor está buena”. Bueno ¿y qué? El no acosó a la mística maestra suplente.
Como afirmara su madre: “"No es que él le fuera arriba a la mujer e intentara agarrarla o tocarla en forma sexual. Entonces, ¿por qué tendría que ser suspendido por dos días?"
En una encuesta realizada por WSOCTV.com preguntando si se estaba de acuerdo con la medida de suspensión dictada se obtuvo 25,838  votos por el No, un 94% en tanto que los que dijeron estar de acuerdo fueron solo 1,696, es decir solo el 6%.                     
Personalmente no creo que se trate de un acto de extremo pudor por parte de la dirección de la escuela, ni exagerado celo por el Código de Conducta de los escolares lo que motivó la suspensión del pequeño. No lo creo; pienso que esa decisión tiene otra dimensión. No olvidemos que Carolina del Norte es un estado del Sur, no olvidemos que en Carolina del Norte el Ku Klux Klan está levantando cabeza y no pasemos por alto que el niño Emanyea Lockett es negro.
Es que el Sur Confederado sigue siendo Sur.

jueves, 1 de septiembre de 2011

El nieto racista de Raúl Castro

“Mi nieto es una belleza de mármol, un coloso con cara de niño”.
Juan Juan Almeida, en Martí Noticias.

No pretendo criticar a los hijos por ser hijos, ni a los nietos por ser nietos, sólo hablaré de un sector que no por ser desconocido deja de estar enmohecido. Hoy contesto a las preguntas sobre Raúl Guillermo Rodríguez Castro, el hijo de Deborah Castro Espín y Luis Alberto Rodríguez López Callejas.

El matrimonio de Vilma y Raúl fue el más iconográfico del que haya presumido la revolución cubana. Él personificaba al héroe, y ella su heroico papel de compañera, voluntaria, sumisa, y funcionaria del partido. De la unión Castro-Espín nacieron cuatro hijos preciosos que luego afearon con el tiempo. El primero de los nietos, el pequeño Rodríguez Castro, de bebé era solitario, travieso, alegre y testarudo, ya entonces se adivinaba en su comportamiento una lógica tendencia autoritaria.

Haber nacido varón, con la habilidad calculadora del padre, y un sexto dedo heredado por línea materna, despertaron en el abuelo Raúl lo que podríamos describir como una mezcla de amor, regocijo y compasión. Raulito se convirtió en el favorito. Y no en pocas ocasiones El General jubiloso lo presentó con una frase que por cursi provocaba burla en lugar de admiración “Mi nieto es una belleza de mármol, un coloso con cara de niño”. La creatividad de El General, aunque había mejorado bastante, continuaba invadida por conceptos grandiosos y épicos.

Seguramente esperanzados en construir un dechado de virtudes, los familiares hicieron de este pequeño angelito un inútil mamarracho. Así, cuando matriculó en lo que fue su escuela primaria “Gustavo y Joaquín Ferrer”, sólo andaba acompañado de inseparables halagos y de un escolta insoportable que provocaba entre los chicos de su edad un desagradable encanto.

Rodeado, o quizás concurrido por su escandalosa soledad, arribó a la secundaria básica “Josué País”. A la sazón ya era un jovenzuelo a quien le gustaba molestar, y le disgustaba lo demás. Alérgico a todo el espectro del respeto, se sentía el santo grial del dominio y disfrutaba cierto morbo sabiéndose el protagonista de pesadillas ajenas. El excentricismo de la edad, más la constante visión de su entorno familiar, lo empujaron a beber, a fumar, a caminar por senderos que algunos mayores llaman “malos pasos”, y a adoptar una actitud vehementemente racista que por momentos lograba poner en aprietos a sus más leales amigos, familiares y benefactores. Por respeto no menciono el nombre de la muchachita que expulsaron del aula por negra, o mejor dicho, porque el Nieto de General implantó su decreto de no compartir el mismo espacio con aquella condiscípula porque - según él - los negros además de feos y brutos, hieden.

Por esa época, la palabra gracias también había sido erradicada de su diminuto diccionario. Absolutamente comprensible, Cuba padece un sistema feudo liberal con una cúpula dictatorial y anarquista; no tenía por qué agradecer lo que por derecho cree suyo. Nadie aprende a decir gracias si no está realmente agradecido.

Desagradecido, sin frenos, y justo en el momento que hablar de economía era tema de moda, Raulito, el hoy escolta presidencial, decide estudiar en la Facultad de Economía de La Universidad de La Habana. Es común, e incluso razonable, que deportistas de alto rendimiento estudien Licenciatura en Deporte y las competencias internacionales sean sus exámenes estatales. Usando este mismo principio, y después de un convencimiento que incluyó alguna presión, la rectoría del plantel universitario al quedarse sin opción, entendió que al alumno en cuestión, alto, rubio, de fuerte complexión y zafios modales, se le debían otorgar honoríficas calificaciones debido a su participación como invitado especial a paseos gubernamentales. Su reiterada ausencia a clases no fue tomada como un deterioro intelectual, sino como ayuda al patrimonio nacional.

Corrían aires de cambio, el mapamundi trasmutaba sus colores y esta familia, por ordenes de su patriarca, necesitaba unirse más. En un acto de humildad y sacrificio, el tío Alejandro Castro, conocido por El Coronel con menos grasa corporal que materia gris en el cerebro, se apareó con una ex novia de su sobrino Raulito y así enarbolaron la extraña pasión familiar por la propiedad común. De manera que, los domingos, el clan disfruta de los exóticos manjares que aún prepara el viejo Chute (el cocinero Jesús); y el resto de la semana, sobrino y tío revisaban su propio código conductual compartiendo la misma mujer. Puede parecer inmoral, pero nada novedoso; se sabe que Vladimir Ilich Lenin y su esposa Nadiezhda Konstantinova Krupshaya, paseaban, vivían, y se entretenían con Elizabeth D’Herenville (Inessa). Claro, existen las diferencias, al líder de los bolcheviques, su pareja, y la mutua concubina, no los unían lazos de consanguinidad.

El jefe del Departamento de Seguridad Personal del Ministerio del Interior, y algunos otros a su mando, al sentirse amenazados por la posibilidad real de ser cruelmente suplantados por un sano y poderoso retoñito familiar, con muchísimo cuidado lo intentan ridiculizar echando a correr algunas frases que con sutileza ponen en boca de la opinión popular: “Escolta 2”, “no se sabe si el nieto cuida al abuelo o si el abuelo cuida al nieto”, “a uno tengo que cuidar, y al otro debo vigilar”,… En fin, que el muchacho es criticado, pero intocable.

Raulito se casó, y en la boda se escucharon los acordes contagiosos de La Charanga Habanera, una orquesta que, como otras, decide intercambiar talento por caricias de poder. Tiempo después se divorció, dejó una niña en camino, y anda en planes de otra boda.

El Linaje Castro Espín es como una organización benéfica en post de la mezquindad donde el sentido común es el menos común de los sentidos. Raulito es una víctima que no alcanzó a ser diferente. Hoy se autodefine patriota y defensor de esas ideas que quizás por enaltecidas inspiran saqueos y revolución. Le recrea un ardor enfermizo por impresionar a las personas que están por debajo de su condición social. Es paranoico y, como únicamente ha leído algunas páginas alternas de la vida de Julio César; está realmente convencido de que el final de su abuelo Raúl se reducirá al asesinato en un acto de venganza por parte de su propia escolta. Decir más, sería redundar.

martes, 12 de octubre de 2010

Retorno a la homofobia. Mario J. Viera

La conciencia jurídica de muchas naciones ha abandonado vetustos prejuicios referidos a la condición de homosexualidad y ha codificado el derecho a la protección contra la discriminación extendiéndola hasta la referida a la preferencia sexual. En la conciencia social, en este aspecto, no ha habido, en sentido general, mucho avance en la tolerancia hacia los que presentan una conducta sexual diferente a la ortodoxa.
Esta conciencia social que rechaza al “diferente” tiene, en la cultura occidental,  sus raíces hundidas en las tradiciones judeo-cristianas que catalogan la homosexualidad como una aberración satánica.
Aunque la mayoría de los estudiosos de ese comportamiento sexual han coincidido que el homosexualismo es una variante de la sexualidad humana y no una desviación moral, muchas personas todavía asumen una intransigente actitud homofóbica.
En la Cuba socialista fueron muchos los ataques contra la comunidad homosexual y aunque Fidel Castro reconociera que esa etapa constituyó un error de la revolución aún continúa la persecución policiaca contra los homosexuales como ha denunciado reiteradamente el activista por los derechos de los homosexuales cubanos Aliomar Janjaque Chivaz.
En México se han producido crueles ataque y asesinatos contra homosexuales y en Serbia el odio hacia los homosexuales se manifestó recientemente cuando alrededor de unos seis mil jóvenes homofóbicos provocaron una verdadera revuelta en contra de la marcha del orgullo gay en Belgrado al grito de “la caza ha empezado” y “muerte a los maricones” dejando un saldo de 124 heridos entre las fuerzas del orden.
En Estados Unidos el movimiento llamado “populista” del Tea Party, a veces de forma velada y otras de modo directo ha realizado manifestaciones homofóbicas respaldadas por el fundamentalismo religioso de muchos de sus integrantes.
El candidato republicano para la gobernación de New York, Carl Paladino, justo cuando se produjera un acto criminal de odio llevado a cabo por jóvenes miembros de una pandilla newyorkina en contra de dos adolescentes homosexuales de 17 años y un adulto de 30 años de edad, hizo manifestaciones homofóbicas ante líderes rabinos.
Paladino declaró que no aceptaba que los niños fueran sometidos  a “un lavado de cerebro” para que lleguen a pensar que la homosexualidad  sea aceptable. El mensaje es evidente. De acuerdo con esa opinión parecería que el homosexualismo es cuestión de contagio, de influencia, que lleva a los adolescentes a caer en el “vicio” de la homosexualidad, cuando la verdad es que nadie elige ser homosexual; nadie se inclina voluntariamente a someterse a una condición de persona de tercera categoría, despreciada y vilipendiada. Aunque Paladino se declaró a sí mismo como no homofóbico dejó bien claro su actitud de tal cuando dijo que no entendía como alguien podía sentirse orgulloso por ser gay. Se declaró contrario al matrimonio de personas del mismo sexo.
Uno puede estar en contra de un matrimonio homosexual, tomando como base que el matrimonio es una institución creada para la protección de la familia nuclear, pero no es admisible que se aliente la discriminación contra una minoría que no es culpable de su condición sexual.
El acoso homofóbico en las escuelas va creciendo significativamente y dejado una estela de suicidios en adolescentes homosexuales. En cambio, no existe la misma actitud en relación con los adictos a las drogas o hacia los que, aún en las escuelas, se dedican al comercio de los narcóticos.
El avance en los derechos civiles de raza, nacionalidad, procedencia social, de credo, de sexo, y de preferencia sexual está al borde de un peligroso retroceso. Se comienza con la intolerancia hacia un sector y se concluirá con la intolerancia hacia cualquiera que no sea igual.