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viernes, 11 de octubre de 2013

Venezuela: Estamos mal y vamos mal


Esta será una habilitante para la persecución política, incluso a quienes en las filas del régimen disientan de sus políticas porque ellos no aceptan críticas ni sugerencias de nadie.

Hugo José Maestre. TALCUAL

Este gobierno es una pesadilla de la cual mucha gente del pueblo no quiere despertar, y el país, se hunde cada día más. El de Maduro, es un gobierno tira flechas, al estilo del personaje de la novela "Por estas calles", Eudomar Santos, un sujeto sin orientación que respondía "bueno, como vaya viniendo vamos viendo".

Si usted dirige una embarcación y no sabe a qué puerto se dirige, ningún viento le es favorable y se mantendrá a la deriva.

Para Maduro, si ocurre una explosión en una refinería, dice que fue por unos tornillos flojos; un apagón afecta a 14 estados del país, entonces apela a la tesis del saboteo, en otros apagones culpaban a una iguana, a un ratón, al fenómeno "El Niño"; Jessi Chacón prometió resolver la crisis eléctrica en 100 días o renunciaba, pues ni lo ha resuelto ni renuncia; pasaron los 100 días y sigue allí sin vergüenza alguna ni él, ni el Presidente que lo nombró.

Será un error garrafal darle una Ley Habilitante a Nicolás Maduro supuestamente para luchar contra la corrupción porque no se van a poner presos ellos mismos. Si la deuda del país sobrepasa los 200 mil millones de dólares, a pesar que lo recibieron en 1998 con menos de 30 mil millones, Maduro tendría que investigar dónde está ese dineral, qué han hecho sus camaradas socialistas o comunistas venezolanos, cubanos o chinos con tanta plata; cuántos contratos que debieron ser licitados, están otorgados a dedo.

Cuántos contratistas recibieron el dinero y no ejecutaron las obras y entonces descubriría la cloaca de cuyo hedor todos nos tapamos la nariz y que ellos también conocen, pero se hacen los locos. Toda esta corruptela, ni con la habilitante Maduro la va a investigar.

Donde es mayor es el flechero que tira el gobierno es en la política económica, van para la quinta devaluación, nadie sabe qué precios maneja el gobierno en el SICAD, ni a quién le dan esos dólares; entonces, si estos hechos fácilmente ubicables como corrupción condujeran a la aplicación de penas, se tendrían que poner presos ellos mismos.

Venezuela está entrampada entre el supuesto derecho del régimen a disponer de los dólares para expandir el comunismo por el mundo, la politiquería del patrioterismo y la cultura del asalto al erario público por funcionarios del gobierno venezolano y del régimen cubano.

Maduro en cuatro meses en Miraflores, ya lleva como cinco visitas a Cuba, él es fiel seguidor de las directrices de Fidel, de Raúl Castro y del régimen cubano, modelo a implantar en Venezuela.

Esta será una habilitante para la persecución política, incluso a quienes en las filas del régimen disientan de sus políticas porque ellos no aceptan críticas ni sugerencias de nadie.

Perdido en el poder


Armando Briquet  Mármol. ULTIMAS NOTICIAS

Está perdido en el poder. Solo esta frase puede explicarnos la alocución que realizó Nicolás Maduro el martes 8 de octubre en la sesión especial de la AN en la que solicitó una ley habilitante. 

Entre citas e insultos, ocultó lo que realmente debía explicar al país. Por ejemplo, ¿por qué tenemos cargamentos de alimentos en descomposición en algunos depósitos mientras en el país hay escasez de todos los rubros?, ¿por qué vivimos con una inflación de 50%?, ¿por qué el pueblo sigue pagando la ineficiencia de quienes tienen 15 años gobernando?

Su objetivo no es la lucha social, sino evitar que la Asamblea Nacional, la voz de todos los sectores y regiones del país, deje de dar la discusión sobre los verdaderos problemas que nos tienen azotados.

Más y más excusas.

Controlan los poderes, quebrantaron las instituciones, compraron medios y conciencias, pero siguen culpando a la oposición de los errores que, por su ineficiencia y mezquindad, nos han traído a la crisis social y económica que hoy atravesamos.

Devaluaron la moneda, empobrecieron al pueblo y privilegiaron a los guiseros. Y ahora nos vienen con la excusa de una ley habilitante por 12 meses para paliar la crisis. ¿Para qué 12 meses concentrando más poder? La crisis la vivimos hoy y ahora mientras los responsables siguen en sus mismos puestos de trabajo tomando las erradas decisiones de siempre.

Hasta ahora, en el Parlamento se discuten y debaten los grandes asuntos de la nación. Imagínese usted a los mismos que ocultaron toda la verdad sobre el estado de salud del presidente Chávez con una ley habilitante en sus manos.

En vez de convocar a todos los sectores sociales, económicos y políticos, se empeñan en seguir concentrando el poder entre unos pocos. Esto, por supuesto, le otorga un matiz aún más oscuro a las verdaderas intenciones de la Ley Habilitante.

Quien no la debe no la teme.

Nada nos detiene a contarnos, el pueblo debe ser quien decida si quiere darle más poder a Nicolás. Que sea el pueblo quien decida si debe otorgársele una ley habilitante. Sin chantajes ni amenazas.

¿Qué es la habilitante?


La potencialidad absolutista del mandamás de turno habilitado siempre se encuentra con las órdenes, líneas políticas y las acuciantes necesidades económicas de los expertos comandantes cubanos

Álvaro Requena. EL NACIONAL

No espere el lector encontrar aquí la definición última de “habilitante”, ni tampoco una explicación de por qué tales leyes son solicitadas por el gobernante de turno. En primer lugar yo no sé de leyes ni de poderes, asambleas o política, y todavía menos de administración de los recursos del Estado. Así que sólo puedo hablar de lo que siento. Que además parece que es lo que siente mucha gente.

En mi concepto, una ley habilitante es la máxima demostración de desprecio y desconfianza que puede enrostrarle un gobernante a una Asamblea democráticamente elegida. Su aprobación indica un muy bajo nivel de autoestima por parte de los legisladores y, por tanto, aceptación tácita y obsecuente de un gobernante que al humillarles les convierte en subyugados mandaderos y ciegos observantes de su propia anulación.

Hay algo más, al saltarse el paso de las discusiones de la Asamblea, el gobernante de turno consigue introducir en esas leyes previsiones seguras para generar y apoyar la complicidad en su camino al despotismo y al gobierno autocrático, que solíamos llamar dictadura, pero ahora se conoce con variados nombres que defienden algún punto oscuro de las libertades y muchas esperanzas sociales de los votantes. Eso no es nada nuevo, al finado general J. V. Gómez le inventaron títulos que lo definían como un ser necesario, imprescindible: “Rehabilitador de Venezuela”, “Ilustre caudillo”, “Benemérito”, etc. Franco en España hizo lo mismo. Stalin, también.

Recientemente, se exaltaron los epítetos hasta el punto de expandirse las famas y glorias del gobernante a otras fronteras, islas, continentes y galaxias. Así mismo le fueron asignadas tareas de reconstrucción, creación, estructuración y formalización de un modelo ideológico único y actualizado al siglo presente.

Paralelamente, sus acólitos y otros seguidores se dieron a la tarea inmensa de construir una forma de respeto devocional religioso, que convierte al gobernante en alguien poco menos que infalible. De esa imposibilidad de fallar, de errar en sus decisiones, surge la necesidad de afianzarse en la mente del votante como ser omnipresente, omnisciente, infalible y absolutamente desprovisto de la necesidad de consultar a nadie, además de ser moralmente puro y expresión humana de los más altos y no discutibles valores éticos.

Eso es, apreciados lectores, lo que significa “habilitante”.

Claro que en Venezuela, donde las cosas no siempre son como parecen, la potencialidad absolutista del mandamás de turno habilitado siempre se encuentra con las órdenes, líneas políticas y las acuciantes necesidades económicas de los expertos comandantes cubanos y lo que era un halo de santidad y prueba de su incomparable y único destino, se convierte en una mascarada triste de obsequioso iluminado ante su avasallante maestro.

Venezuela: ¿Quién habilita a la habilitante?


Fernando Mires. Blog POLIS

El tema de Octubre en Venezuela ha sido la petición del mandatario Nicolás Maduro a la Asamblea Nacional para que se le conceda una Ley Habilitante a fin ─ dice él ─ de luchar en contra de la corrupción y practicar la guerra económica declarada ya no se sabe a quién. Tanto desea la Habilitante Maduro, que no trepidaría en aceptar la compra de algún parlamentario suplente, expediente de por sí tan corrupto que en cualquier país normal inhabilitaría moralmente a cualquier habilitado.

¿Para qué una Habilitante? Es la pregunta que nos hacemos desde fuera quienes estamos preocupados por el acontecer venezolano. ¿No es el de Venezuela el gobierno que cuenta con más poder fáctico en todo el continente latinoamericano?

Todos los poderes públicos en Venezuela han llegado a ser habilitantes; toda la prensa televisiva es habilitante; todo el aparato represivo es habilitante. Todo el Estado venezolano está habilitado para satisfacer los deseos del gobernante, quien, por si fuera poco, ha terminado por militarizar hasta los supermercados  ¿Para qué una Habilitante entonces?

Creo que la respuesta más acertada ha sido dada por Simón Bocanegra en un artículo publicado en Tal Cual. La Habilitante no concede poder de facto porque de hecho el ejecutivo lo tiene todo, pero sí concedería ─ supuestamente ─ poder simbólico.

¿Qué es el poder simbólico en política?

A diferencia del poder de facto, que es el que se tiene, el poder simbólico es el que se representa, aunque no se tenga. Eso quiere decir que el inmenso poder fáctico de Maduro carece de consagración simbólica. Pues bien, en política el poder simbólico tiene una enorme importancia.

De tal manera, lo que Maduro quiere conseguir no es tener poder por sobre la Asamblea, lo que de hecho tiene, sino que la Asamblea le conceda "legalmente" el poder que esa misma Asamblea no tiene. Así Maduro emergería bajo la luz pública ostentando el certificado de un poder situado por sobre el poder, por sobre la Asamblea, por sobre Diosdado Cabello (este parece ser un objetivo muy importante), por sobre la Constitución, por sobre la Ley, por sobre todo. En otras palabras, Maduro aparecería representando definitivamente el poder que una vez tuvo Chávez. Un presidente hecho monarca por desgracia de Dios.

Si esa es la lógica del gobierno, y parece que esa es, hay que consignar una diferencia notable con las habilitaciones que recibía periódicamente Chávez de esa Asamblea sobre la cual ejercía absoluta dominación. La diferencia es que el poder simbólico de Chávez no venía de una Habilitante, sino de una inmensa mayoría popular que lo respaldaba. Las Habilitantes obtenidas por Chávez eran, en ese sentido, solo la certificación institucional de su habilitación popular. Y bien, Maduro ─ un populista sin pueblo ─ recorre el mismo camino, pero al revés: En lugar de conquistar el poder popular para luego habilitarlo constitucionalmente, intenta conseguir la Habilitante para desde ahí, a fuerza de golpes, obtener el poder popular. Y todo eso a menos de dos meses de las decisivas elecciones de Diciembre.

De tal modo, con la petición de una Habilitante, Maduro intenta sustituir pro-forma un poder que Chávez obtenía directamente del pueblo. O dicho en estilo más fino: Mientras las Habilitantes de Chávez formalizaban un poder popular que se tenía, la Habilitante de Maduro formalizaría un poder popular que no se tiene. La Habilitante entonces, solo sería un símbolo vacío, pero un símbolo al fin. ¿O será la Habilitante que exige Maduro un instrumento destinado a aplicarse en contra de sus enemigos endógenos? Hay cosas que solo sabe el diablo.

Sin embargo, hay algo en Venezuela que todos saben. La única Habilitante que tendrá vigencia será la que surja del mandato popular expresado el 8.12.

La oposición organizada desde la MUD y liderada por Capriles ya ha trazado su camino. Las condiciones históricas para la habilitación política de una nueva mayoría ya están dadas. La crisis económica producida por las locuras ideológicas del régimen ha alcanzado sus más altos niveles. Lo mismo ocurre con la corrupción generalizada en los estamentos estatales, tan grande debe ser que el mismo Maduro la dio a conocer en su discurso en la Asamblea, atacando uno de los bastiones de la economía chavista, el CADIVI (para los no venezólogos, "comisión de administración de divisas").

La unidad en torno a la MUD en cambio, es casi perfecta. Y si el descontrolado presidente continúa insultando a más de la mitad del país, esa mayoría que según toda encuesta clama por una reconciliación nacional, le va a pasar la cuenta. De tal modo, si es que no hay una desgraciada interrupción anticonstitucional ─ bajo el post-chavismo todo es posible ─ se cumplirán en Diciembre las palabras escritas en una pared de un barrio de Caracas: "Con Habilitante o sin Habilitante, seguiremos adelante". Pudo haberlas escrito un chavista. Da lo mismo.