sábado, 7 de mayo de 2011

Ecuador y el fantoche constitucional

EDITORIAL del IMPARCIAL. España.

Este sábado más de 11 millones de ciudadanos ecuatorianos votaran a favor o en contra de una reforma de su Constitución. La última iniciativa puesta en marcha por el presidente Rafael Correa, con el propósito de garantizar su estancia en el poder, tras haber superado el trauma,- dudamos si del todo-, de la revuelta policial del pasado mes de septiembre a la que ha calificado en infinitas ocasiones de intento de Golpe de Estado.

Parece evidente que el estrés “postraumático” ha hecho que el mandatario quiera retocar una Carta Magna que tan sólo tiene tres años de vigencia. Curiosamente los aspectos constitucionales que se verían comprometidos tienen que ver con el sistema judicial del país suramericano y la legislación sobre la libertad de información y los medios de comunicación. Todo esto adornado con otros puntos como la legalidad de los juegos de azar, el enriquecimiento privado o las corridas de toros, que para los efectos ninguno de ellos ejerce un impacto significativo sobre los problemas reales del país.

Lo que pone de manifiesto los objetivos fundamentales por los cuales Correa ha vendido el voto del “Sí” como la llave a la consolidación del modelo socialista ecuatoriano, cuando no es otra cosa que la llave de acceso para que él pueda poner a su servicio, el sistema judicial y colocarle una mordaza a los periodistas y medios críticos con su gestión. La historia es más que conocida. Todo un calco del caso de Venezuela o de Bolivia.

Lamentablemente, la facción opositora del “No”, en vez de instar al electorado a reflexionar sobre las implicaciones de una reforma constitucional que resulta más un fantoche que la necesidad de reparar los vacíos que puedan haber en ella para garantizar el orden institucional, ha caído en el juego que el gobernante le gusta jugar: la confrontación. En las últimas semanas ambas partes se han enfrentado en una guerra propagandista visceral y sentimentalista, que ha alejado la atención sobre el verdadero objetivo de una consulta de este tipo.

Un alto porcentaje de los ecuatorianos no tienen muy claro de qué va este plebiscito. Sólo saben que el “sí” es el equivalente a apoyar el Gobierno y el “no”, a oponerse a él. Por lo que muchos ecuatorianos acudirán a los centros de votación más motivados por una imagen simplista que por la necesidad de reflexionar y decidir sobre si legitima la Carta Magna de 2008 o la pone en revisión. Lo de este sábado no es una cita con la democracia ecuatoriana, sino un censo de quienes están o no a favor de Correa.

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