miércoles, 3 de octubre de 2012

Si Chávez continúa ¡Adiós a Venezuela!


Mercedes Montero. DIARIO DE AMERICA

Chávez tiene sus seguidores, gente que siguiendo las enseñanzas transmitidas por su discurso de odio y división siembran temor y muerte en pueblos y ciudades, principalmente en las clases populares. También hay gente que realmente esta convencida con las ideas del mandatario, pero que al parecer no ve el desastre, el robo descarado y la violencia con la que se vive en Venezuela. Aquellos que han llenado alforjas con la riqueza producto de la corrupción administrativa; aquellos  que han hecho negocios que no son precisamente beneficiosos para el país, que de ser gente humilde, sin fortuna,  hoy en día son multimillonarios; entre estos último se encuentran toda la familia de Chávez y demás personeros del gobierno. También hay gente que no les gusta el primer mandatario nacional, pero que declaran ser oposición de corazón, pero chavistas de bolsillo,  sin sentir pena alguna, es decir aman más al dinero que a su patria.

Son hechos públicos y notorios, la dilapidación de la riqueza petrolera. La destrucción de las empresas de Guayana. La destrucción de la economía y propiedad privada, con el subsiguiente empobrecimiento del país y del pueblo. El endeudamiento en el que ha metido Chávez a Venezuela, el cual empeña y compromete el futuro de todos los venezolanos de cualquier edad. El desempleo creciente ya que no se están creando nuevas industrias, ya que el canibalismo económico no es incentivo para la inversión.  Hay una inflación paralizante.

Desabastecimiento en todos los renglones de la industria. Perdida de la soberanía alimentaria e importación de todos los alimentos, los cuales además se dejan perder y han dado origen al escandalo de la comida podrida, en un país en el cual la desnutrición campea. No hablemos de la depredación de nuestros recursos naturales, que van desde la deforestación de nuestra parte de la selva amazónica,  entre otros los garimpeiros brasileros y los chinos interesados en maderas raras. Los regalos hechos a todos los vividores del mundo, empezando por los hermanos Castro en Cuba; continuando con los aliados  del ALBA (hasta una refinería de MM.600 le ha sido ofrecida a  Nicaragua a pesar de la tragedia ocurrida en la refinería de Amuay).

El abandono del mantenimiento de toda la infraestructura por parte de un gobierno que solo ve en el país una fuente (ya casi seca) de riqueza nos ha dejado con un país deteriorado, que  ni siquiera cuenta con remiendos. La superficie de nuestro territorio esta llena de puentes caídos, carreteras ahuecadas, túneles derrumbados, edificios derruidos, en mal estado, caos urbanístico, cloacas abiertas. Las escuelas no tienen mantenimiento. Los hospitales necesitarían ser hospitalizados. Los parques descuidados. Las canchas de deportes están en las últimas condiciones. Las casas construidas de cualquier manera, por chinos y bielorusos se agrietan y carecen de todos los servicios  públicos, los cuales además están  en permanente estado de crisis; no hay luz, no hay agua, el aseo urbano no recoge la basura, hay desechos por todas partes.

Ni hablar de la inseguridad, sería semejante al hablar de la soga en la casa del ahorcado, en el país de las 160.000 muertes violentas en los 14 años del gobierno chavista, entre las cuales se cuentan la de cientos de niños. Unas cárceles dominadas por los delincuentes. Asesinato casi a diario de policías y/o  líderes sindicales. Un poder judicial que no juzga sino que condena para salvaguardar los intereses de la revolución; que permite la existencia de presos y perseguidos políticos.

También la Venezuela de Chávez esta permanentemente amenazada por parte de sus  vecinos interesados en apoderarse de territorios fronterizos. Cuando no es por la Guajira, es por Amazonas, por Guyana, o hasta por los territorios insulares, hasta a la Isla de las Aves le tienen el ojo puesto. Pero al parecer el ojo de la Cancillería venezolana se ha quedado ciego, a este respecto.

Ante el proceso electoral del 7 de Octubre muy próximo, por si las moscas como dicen; chinos y rusos quieren que se les paguen las enormes deudas contraídas por el gobierno de Hugo Chávez, para darle vida a sus fabulas. Es así pues que a los chinos se les dieron a precio irrisorio toneladas del oro de la mina de Las Cristinas y a los rusos la explotación de la Faja Petrolífera del Orinoco. Los Castro no se quieren quedar por fuera; no que Venezuela le haya pedido prestado a Cuba, cuyo dictador ha mantenido un ejército de ocupación en Venezuela, con el disfraz de médicos, educadores (adoctrinadores), asesores militares, entrenadores deportivos.  No se pueden quedar escondidos los bielorusos, que lo único que pueden haber traído a Venezuela son lecciones de dictadura. Hasta las obras de arte, como son los cuadros de Armando Reverón que están siendo sacados del país. Estemos claros desde que le “gobierno revolucionario” llegó al poder, los museos y colecciones públicas de obras de arte han sido saqueadas.

El continuismo de todo lo mencionado es lo que le espera a Venezuela y los venezolanos de continuar con Chávez en el poder. El pueblo venezolano esta cansado del desastre en todos los sentidos que representa un gobernante que de quedarse en el poder, nos obligaría a  decirle ADIOS a VENEZUELA.

Se va el viejo


Saúl Godoy Gómez. ABC DE LA SEMANA

Ya era tiempo, estuvo demasiado tiempo en el poder prometiendo cambios que nunca logró, diciendo unas cosas y haciendo otras, imponiendo su socialismo periclitado y falso, haciéndose el gracioso ante las penurias del país en cadena nacional… que se vaya a lamerse las heridas de su inmensa derrota, a escribir sus memorias, a ponderar sus catastróficos errores, porque nada en él fue pequeño ni sencillo, todo lo que pensaba y hacía tenía consecuencias de cataclismo, afectando a mucha gente, conmoviendo al país entero, lo que se le ocurría lo convertían sus cómplices en políticas públicas, sin que mediaran estudios, discusiones o críticas, todo, absolutamente todo giraba en su entorno y con el gusto de la venganza, estampaba su rúbrica en rojo para los “ejecútese”.

Él era la democracia pues se creía el sumun del pueblo, él era la independencia pues era un libertador, él era la soberanía porque hacía lo que le daba la gana y tenía las armas; en el socialismo que mostraba como una gran revolución, jamás conoció oposición ni controles a sus designios, excepto lo que la gente valiente de mi patria le planteó en las marchas multitudinarias, en las elecciones donde le dijeron “No” y se ganaban trincheras, en la resistencia valiente de periodistas y medios que jamás se doblegaron, en mártires que pagaron con sus vidas y encarcelamiento el fruto divino de la libertad, con partidos políticos que lograron concretar lo que parecía un imposible, la unidad.

Trece años después, como Atila el Huno, deja al país arrasado, alumbrándonos con velas y lámpara de kerosene, comprando comida a otros países para poder alimentarnos, las ciudades destrozadas y en ruinas, el hampa asechando en los caminos, las epidemias desatadas, el agua envenenada…

Se va el viejo, se va como vino, insultando y amenazando, prometiendo la violencia de los suyos que parecen no enterarse de sus imperdonables crímenes, se va el viejo de Barinas, creyendo que dormirá al lado de la tumba de Simón Bolívar, que sus gracias sobre nuestros símbolos patrios perdurarán en la eternidad, que sus colonias de chinos, iraníes y cubanos harán de nuestro país la nueva Masada en contra de los gringos.

Por fin pudimos derrotar al hegemón que quería perpetuarse en el poder, que nos impuso la tesis absurda de que todo era de todos, que por si no han caído en cuenta, se trata de hacer de los bienes y actividades de la sociedad, un bien público, y como el bien público se sustenta en que allá afuera existe un ente colectivo, unitario, desasistido, sin cuerpo, por lo tanto incapaz, que explica porque necesita estar en manos de un pequeño grupo de burócratas que reclama para sí las riquezas del país en su nombre.  Tal ente colectivo no existe, la palabra “público” se utiliza para designar a un grupo de individuos reunidos, con derechos y deberes propios, con personalidad jurídica en reunión, se trata de la suma de ciudadanos que hacen sus propias decisiones, que es variado, plural y el hecho de estar juntos no los convierte en otra cosa, lo que es “público” son los espacios que todos compartimos porque pagamos por ellos con nuestros impuestos, porque decidimos que espacios iban a tener esa naturaleza, cuya forma y uso fueron ejecutados por funcionarios a nuestro servicio.

El viejo era un comunista por lo que todas estas fantasías colectivistas las impuso al país para expropiar, nacionalizar, o simplemente quitar a los ciudadanos de sus industrias y bienes, para luego entregarlos como regalos a un grupo afecto a su ideología para que hiciesen con ellos lo que quisieran, y destruirlos fue lo que hicieron, y como si fuera una plaga de langostas, estos revolucionarios enfermos de la cabeza con estas ideas, se dieron a la tarea de saquear el país, llamando a esto, socialismo bolivariano.

Pero allí están estos revolucionarios, sus jefes y líderes, con apartamentos lujosos en Miami, con castillos y viñedos en la Toscana, con posadas de lujo en Argentina, preciosos pisitos en Madrid y Río diseñados por decoradores de interiores muy pero muy “chic”, no le sobra a algunos yates en las marinas de Puerto La Cruz, hoteles en Margarita, aviones en Panamá, haciendas equipadas y con animales importados, para ellos nada faltó gracias a que medraron de lo público hasta reventar, ¿no es esa la idea de ser un fiel comunista con su líder y con el partido?  Para esto, tuvieron que montarse encima de los hombros de muchísima gente, engañarlos, traicionarlos, no importa, atrás quedó el reguero de miseria y de niños con hambre, ellos estarán muy lejos, apartados del mundanal ruido, bebiendo y comiendo bien, por lo menos eso es lo que creen… ¿Saben lo que es triste?, pasar la vejez en medio de demandas y pleitos judiciales, perseguido, señalado, vivir esos años con miedo e inquieto, en vez de disfrutar el merecido descanso con los nietos, en paz… podrán decirnos cínicamente que nadie podrá quitarles lo “bailao”… pero de que pagan, pagan.

Capriles va a ganar


Fernando Mires. Blog POLIS

No avalado por cálculos, menos por estadísticas, en ningún caso por encuestas, ha crecido en Venezuela un entusiasmo indescriptible en torno a la figura de Henrique Capriles convertido en centro, ya no sólo de un movimiento electoral, sino de un amplio frente social y político en el cual convergen al menos tres tendencias.

Una tendencia busca ampliar los espacios de libertad restringidos por el régimen, abrir los diques que bloquean la circulación de ideas, y vitalizar una de las premisas de toda democracia: la separación de los poderes públicos, sobre todo la del judicial con respecto al ejecutivo, separación sin la cual la vida de cada ciudadano es sometida a la arbitrariedad del personaje que detenta el poder.

Otra tendencia, más política que social, busca desplazar a un grupo enquistado en el poder, una “nomenklatura” o clase estatal dominante formada al interior de los aparatos del Estado y resguardada ─ incluso en su indesmentible corrupción ─ bajo la imagen del líder supremo.

Efectivamente, durante el chavismo Venezuela ha asistido a una toma del poder, pero no del pueblo hacia el Estado sino del Estado hacia el pueblo. O dicho así: lo que ha tenido lugar en la Venezuela de Chávez no es más que el progresivo secuestro de la sociedad por parte de una oligarquía estatal con un núcleo central, menos que militar, militarista. Con la dramática excepción de Cuba, el último de su especie en todo un continente.

La tercera tendencia es social más que política y ella se encuentra inserta en el muy completo programa presidencial de la MUD. Ahí confluyen ideas relativas a una economía social de mercado en el marco de un programa social más profundo que el del propio chavismo al que se atienen, punto por punto, todas las promesas de Capriles. Promesas ─ así lo percibe la opinión pública ─ que no provienen de visiones meta-históricas sino de la inmediata realidad.

Capriles no va a cambiar el mundo, tampoco lo propone. Pero sus promesas -y esa es una de  las razones por las cuales el apoyo a su persona sigue aumentando- son perfectamente realizables. Eso quiere decir: la suya no es una utopía anidada en un futuro ignoto, como es la de Chávez  a quien, (textual): “No importan los apagones; lo que está en juego es la Patria”. Capriles sabe, en cambio, que con apagones la propia Patria se apaga.

En torno a Capriles ha sido construida una unidad política casi perfecta. De todas las oposiciones existentes en Latinoamérica, la venezolana es la más organizada. Cubre un amplio y multicolor espacio que refleja, como en un espejo, la correlación de fuerzas que impera a nivel nacional. Allí tiene cabida una minoritaria derecha, un amplio centro político y una izquierda que en líneas generales apunta a un proyecto democrático y social en algunos puntos similar al que impera en países como Chile, Uruguay, Brasil, Perú y Colombia, entre otros. En fin, la solidez y coherencia programática, la figura de un líder catalizador y, sobre todo, un entusiasmo avasallante, hace decir a muchos electores: “Capriles va a ganar”.

La esperanza del triunfo comenzó a vislumbrarse en las propias primarias. En efecto, nadie pensaba, ni siquiera los más optimistas, que en esas primarias votarían más de tres millones de personas. Mucho menos imaginaron que dos millones votarían a favor de Capriles. Leyendo las opiniones de la mayoría de los analistas opositores se tenía incluso la impresión de que el vencedor(a) iba a ser otro(a). La brecha entre las opiniones intelectuales y lo que el pueblo estaba buscando era en esos días tan amplia como la que hoy muestran ominosas empresas encuestadoras y lo que cada uno ve en las calles. Evidentemente, la energía que daría como triunfador a Capriles cursaba canales subterráneos, inaccesibles a la lógica de las encuestas. Es la misma energía que hoy hace decir a tantos: “Capriles va a ganar”.

El origen profundamente democrático de la postulación de Capriles no tardaría en reflejarse en la propia campaña. Pocas veces Venezuela ha asistido a una comunicación tan intensa entre pueblo y candidato, hasta el punto que es posible afirmar que el discurso de Capriles no es sólo de Capriles sino del diálogo que ha tenido lugar entre fracciones del pueblo con Capriles.

Las concentraciones a favor de Capriles se han convertido en verdaderas asambleas populares.

La asamblea es la más antigua y a la vez la más recurrente de las expresiones populares. A través de la asamblea, esto es, de las voces de los representantes del pueblo, la democracia adquiere su expresión más radical. Bien aconsejado estaría Capriles entonces si durante su gobierno esas asambleas que espontáneamente nacieron gracias a su candidatura, pudieran seguir existiendo. Pues a través de la asamblea, la política se convierte en cosa real y no ideológica. O también: gracias a la asamblea, la política tiene lugar en espacios y tiempos determinados. No fue por tanto casualidad que desde esas asambleas surgiera la creencia: “Capriles va a ganar”.

A través de incansables recorridos, Capriles ocupó las calles: el espacio nacional. Y mediante un discurso polémico, mas no agraviante, logró poner al chavismo en el lugar al que pertenece: el pasado. Eso quiere decir que en las elecciones del 07. de Octubre tendrá lugar una confrontación entre dos tiempos históricos: el que primaba  durante la Guerra Fría del cual el discurso de Chávez es uno de sus últimos restos (quizás el último) y el del futuro. Más aún, a través de la reiterada mención a la idea de “progreso”, Capriles ha dado a entender que el suyo será el gobierno del futuro. Y porque la gente necesita creer en el futuro más que en el pasado, muchos piensan con razón: “Capriles va a ganar”.

La lucha entre el pasado y el presente se expresa, como ha formulado Teodoro Petkoff, en “dos modos de vivir la vida”. A esa vida pertenece la política, sin duda. Pero no toda la vida es política, como ha hecho creer el chavismo. La política es sólo una franja entre varias que constituyen la vida. Eso significa: los enemigos políticos no tienen por qué ser enemigos personales como ha llegado a ocurrir durante la era chavista.

La reconciliación, uno de los temas centrales del discurso de Capriles, no eliminará las diferencias de pensamiento. Pero sí creará un espacio para que esas diferencias sean dirimidas políticamente, es decir, sin insultos ni violencia, con las palabras de la decencia y no con las del odio, que son las de Chávez y los suyos.

Esa idea de “reconciliación en la diferencia” implica otro “modo de vivir la vida” a la que después de 14 años de hipertensión tienen derecho todos los venezolanos, sean antichavistas o chavistas. Y quizás, más que la lucha por la seguridad, más que los temas sociales, más que toda ideología, la idea de la “reconciliación en la diferencia” – a la que incluso algunos antichavistas son reacios ─ ha llegado a convertirse en el hilo conductor del discurso de Capriles. Y, por cierto, en otra de las razones ─ quizás la más decisiva ─ que lleva a decir a muchos: “Capriles va a ganar”.

El bravo pueblo despierta


Plinio Apuleyo Mendoza

Hay realidades que uno sólo percibe al observarlas de cerca. Me ocurrió cuando, luego de vivir casi veinte años en París, decidí regresar a Colombia y ver en sus ámbitos más remotos – Caquetá, Guaviare, Vichada, Arauca, Sur de Bolívar, Urabá y otros – lo que allí se estaba viviendo. Descubrí entonces una realidad estremecedora que la refinada Bogotá de cócteles, inauguraciones, foros y seminarios suele ignorar.

Algo parecido me acaba de ocurrir al ver de cerca, tras una breve visita a Caracas, cómo vive Venezuela la campaña electoral que culmina en las elecciones del próximo 7 de octubre. No es lo que imaginábamos. O mejor, lo que yo mismo había percibido meses atrás. Entonces, Chávez parecía invencible. Tenía todo en sus manos para asegurar una nueva reelección. Todas las esperanzas de la oposición radicaban en su frágil estado de salud. De resto, uno veía en la opinión adversa a su régimen una amarga resignación. El miedo acallaba protestas.

Pues bien, basta llegar a Caracas para darse cuenta de que la realidad que hoy vive Venezuela es otra. El descontento general ha revertido las tendencias. Después de haber recorrido dos veces el país hasta los más remotos caseríos y de haber presidido en Caracas multitudinarias marchas, Capriles Radonski ha logrado desterrar el miedo y convertirlo ahora en alegría, entusiasmo y decisión. Cuanta persona uno encuentra habla a favor suyo. Afiches con su imagen cuelgan de todos los postes de la ciudad. Jóvenes estudiantes reparten en las calles sus hojas de propaganda. Los barrios populares, como Catia o el 23 de Enero, ya no son terreno vedado para el candidato de la oposición.

No sucede lo mismo con el Chávez candidato. Si bien dóciles seguidores suyos acuden a sus mítines con franelas y gorras rojas, uno no percibe en ellos espontaneidad alguna. Se siente que cumplen más bien con una obligación remunerada. Y, cosa realmente triste, en las palabras de Chávez se advierte algo parecido a un toque de despedida. Su enfermedad ya no es el tema alrededor del cual giran todas las expectativas del país.

Detrás de esta nueva situación no está sólo el carisma evidente de Capriles y la esperanza que representa, sino, sobre todo, el descontento que hoy provocan catorce años de desastres. Son visibles. Por ejemplo, la inseguridad: 19.300 asesinatos se registraron el año pasado. Caracas es la ciudad más violenta e insegura del continente. Cualquier conductor corre el riesgo de que al lado de su vehículo se detengan dos motorizados y golpeen el vidrio con sus pistolas exigiéndole la entrega de su celular.

Otros problemas alarmantes: el despilfarro de los recursos nacionales por cuenta de un presidente manirroto; también la corrupción, la incompetencia estatal, el deterioro de las vías y, sobre todo, el empobrecimiento. Como bien lo anota Carlos Alberto Montaner, aunque los salarios, por obra y gracia de la demagogia populista, aumentaron un 571 por ciento en los últimos once años, los precios subieron un 733 por ciento. Al mismo tiempo, la escasez de productos básicos provoca en uno desconcierto. En todo el barrio de Las Mercedes – donde me encontraba alojado – no se consigue un huevo. Es un artículo tan exótico como el caviar.

Sí, la necesidad de un cambio se hace sentir como nunca en Venezuela. Trampas pueden presentarse para desconocer el muy probable triunfo de Capriles.

Chávez ha puesto toda suerte de cerrojos en el sistema electoral, hasta el punto de obtener que el CNE (Consejo Nacional Electoral) se niegue a recibir observadores internacionales. Pero no será fácil que una oposición en plena efervescencia, como lo he visto, acepte un fraude oficial con mansedumbre. El bravo pueblo está despertando.

Nadie quiere poner el muerto


José Hugo Fernández. CUBANET

Muchos en el exterior, cubanos incluidos, parecen resistirse a la idea de que Fidel Castro apenas cuenta ya para la mayoría de la gente de a pie en Cuba. Tal vez por eso especulan en torno a posibles rebeliones populares, una vez dada a conocer la muerte del dictador. Es curioso: tal y como aquí vivimos por lo general de espaldas a las más importantes ocurrencias del mundo, también los de afuera están casi siempre detrás del palo en cuanto a nuestra verdadera realidad.

La muerte de Fidel Castro será un contratiempo (crispante pero pasajero) para la cúpula del poder en la Isla, también puede ser una triste noticia para sus viudas y estultos idólatras del extranjero, pero, más allá del show solemne en los medios oficiales, y del refuerzo policial en las calles (que es la parte oscura del show) para fingir fuerza, los cubanos corrientes no sufriremos ni gozaremos en particular con la noticia, porque, para nosotros, Fidel murió desde hace tiempo.

Si el pueblo no se ha sublevado en masa contra el régimen (al menos hasta hoy, lo cual no descarta la posibilidad de que lo haga, pues todo tiene un límite), para nada influye a estas alturas que Fidel se mantenga respirando. Por difícil que resulte de entender para algunos, la verdad es que los cubanos prefieren optar por el caos y la miseria antes que por el drama de la guerra fratricida.

Claro que es factible y aun razonable hacer otros análisis y formular otras hipótesis, para los cuales nunca va a faltar el examen de las socorridas condicionantes históricas. Pero siempre regresaremos a este punto, que es la base: la gente de aquí está desinflada por la política, descreída, cataléptica, sumida en el limbo de sus meros requerimientos fisiológicos, y nos guste o no, nos parezca o no un comportamiento cuerdo, nada les motiva menos que el proyecto de lanzarse a las calles a enfrentar la aún potente maquinaria represiva.

Luego de haberlo perdido todo, luchando por sobrevivir bajo los embates del ciclón totalitario, lo único que les queda es la vida. Y al parecer, no están dispuestos a perderla a cambio de la dudosa esperanza de mejorar la vida de otros.

Nadie quiere poner el muerto. Y a mí no me parece que sea una actitud cínica o gratuitamente miedosa, sino una reacción bien natural. En todo caso, el cinismo tal vez radica en mi manera de decirlo, pero no me queda sino describir el paisaje.

Tampoco esta posición significa, en lo más mínimo, que a la gente le reste alguna esperanza en lo que pueda hacer el régimen para frenar el desbarranque. Las evidencias indican que ni el propio Raúl Castro tiene ya esperanzas.

Supongamos que en los primeros días de su gobierno nominal, haya creído sinceramente que aún estaba a tiempo de enderezar algunas de las múltiples jorobas ocasionadas por su hermano en las estructuras económicas y culturales de la nación cubana. Supongamos que haya tenido la disposición de intentarlo, aunque no fuese más que por fidelidad parental. Pero a la luz de hoy, las pocas neuronas que le quedan en activo deben haberle alcanzado para comprender que no está en sus manos cambiar nada, porque no tiene el poder.

Raúl Castro está más muerto que Fidel en lo que se refiere a la política y al poder real.

Por más que se esfuerce por demostrar lo contrario, y por más que su corte de generales haga el conveniente juego de propiciarle una imagen pública de líder, Raúl Castro no ostenta el poder real en Cuba. Para saberlo, no hay que ser adivino, ni es necesario contar con fuentes de información en la cúspide. Basta con la simple observación de que no puede materializar ni una sola de sus promesas.

Ante esa impotencia suya, y ante su nulidad como líder, se ha visto obligado a admitir que el poder real (que es el de las élites de las fuerzas armadas y el Ministerio del Interior) se reparta tranquilamente el rastrojo de la cosecha de su hermano, a cambio de defender hasta sus peores consecuencias las ruinas del reino.

Este cuadro también podría responder de antemano a la pregunta: ¿Y si no es el pueblo, entonces serán las élites las que se rebelen cuando muera Fidel? Pero, ¿por qué tendrían hacerlo? No lo necesitan, si ya ostentan el poder real. Sería absurdo que alguno de ellos, a su edad, quisiera poner el muerto, sin necesitarlo.

En cuanto a los viejos políticos estalinistas del Comité Central del Partido, esos nunca han puesto el muerto, en ningún caso, porque son cobardes congénitos. Además, lo único que les asusta son los cambios en las estructuras políticas. Y en ello coinciden con las élites del poder real, de modo que con no estorbarles les basta para seguir tirando con la cara en sus puestos los pocos años que les quedan.

Las nuevas camadas de fidelistas, así como los ideólogos perfeccionadores del socialismo, no se rebelarían ni en sueños, porque en lo esencial son trepadores con espíritu de cortesanos, moldeados para obedecer sin traumas a quien mande, adecuando el discurso cada vez que sea necesario para mantener sus estatus.

En fin, si los que necesitan rebelarse, no quieren o no pueden hacerlo, y los que pueden, no lo necesitan, ¿cuál es en concreto la sustentación de quienes especulan en torno a una inminente rebelión masiva en Cuba, tan pronto muera Fidel Castro?

La rebelión popular de los cubanos siempre será posible, y puede llegar el día en que sea inevitable. Incluso el detonante, o el pretexto, podrían ser accidentales, y hasta fortuitos, pero yo no le apuesto un centavo a la hipótesis de que será provocada por la muerte de un hombre que hoy por hoy sólo está vivo en el recuerdo de su familia o de sus más rancios idólatras, pero no para el pueblo.

 

martes, 2 de octubre de 2012

A un paso de lo imposible


Alonso Moleiro. TALCUALDIGITAL

Coronando con éxito una brillante y disciplinada estrategia de comunicación, que ha implicado un notable esfuerzo personal, Henrique Capriles Radonski se aproxima al final de la actual campaña electoral con una amplísima posibilidad de ganar las elecciones este domingo.

En este punto del desarrollo de la contienda podemos distinguir dos fuerzas de un tamaño relativamente aproximado, cada una de las cuales, sin embargo, vive dos circunstancias distintas: una de ellas, de acuerdo a todos los sondeos, avanza con claridad, se apodera de la voluntad de los indecisos y replica dos actos multitudinarios por día. La otra, la oficialista, con todo su arraigo, permanece estática. Sus amagos lucen repetidos, sus consignas recalentadas, la asistencia a sus actos irregulares, y su frecuencia bastante inferior.

En otra ocasión comentábamos que uno de los haberes fundamentales de Capriles ha sido el de metabolizar el discurso y el desempeño cualitativo de la oposición. A diferencia de lo que ha ocurrido en otros eventos, la creación del Comando Venezuela como plataforma política y electoral de la Unidad Democrática ha hecho realidad una directriz estratégica considerablemente depurada, cuya sola existencia supera con claridad toda la realidad preexistente.

Llegamos a la víspera del 7 de octubre y la encomienda está hecha: la Unidad Democrática está en su mejor momento. Ningún detalle ha quedado fuera: un discurso bordado con claves populares, que ha logrado domesticar a los cínicos y conoció un crecimiento espectacular con el paso de las semanas. Una postura inequívocamente cuestionadora en torno al desastroso estado de cosas actual, que no deja de hacer hincapié en restaurar los valores de la convivencia civil consagrados en la Constitución Nacional.

Una puesta en escena sencilla, estructurada con los motivos de la bandera nacional, sin aditamentos que la adulteren, con una consigna, "Hay un camino", que se adhiere con facilidad a cualquier voluntad para ser presentada en la calle como santo y seña.

Todo lo cual es el resultado de una estrategia previa que ya tiene unos dos años de duración, también claramente exitosa: la creación de la Mesa de la Unidad Democrática (instancia a la cual algunas miopías crónicas se empeñaron en regatearle sus méritos y posibilidades con tozuda mezquindad) como seno del comando político de las fuerzas democráticas; la consolidación de la estrategia unitaria de las elecciones parlamentarias; la exitosa consulta de las elecciones primarias de febrero de este año y la presentación del programa de gobierno de la Unidad, que tuvo lugar un poco antes.

Es este el corolario que nos ha colocado a un paso de aquello que, hace apenas unos años, lucía imposible: el desarrollo de una estrategia pacífica, constitucional y democrática que haga realidad la urgente necesidad de cambiar de gobierno. Un paso adelante para normalizar la vida nacional y hacer efectiva la meta de la reconciliación política con el chavismo.

El que quiera puede pasarle somera revisión al calamitoso estado de toda la oposición en un año tan cercano como el 2005 para calibrar cuánto se ha avanzado. Solemos olvidarlo: aquella oposición que tantos quebraderos de cabeza la trajo a la ciudadanía en virtud de la inoperancia, es hoy, gracias a esta secuencia de aciertos, una temible maquinaria que viene de menos a más, que todos los días capta nuevos adeptos y está hoy a un paso de ganar las elecciones.

Con un añadido: también a diferencia de lo que antes sucedía, gracias al vertiginoso crecimiento personal que ha experimentado Capriles como líder del descontento popular, hoy podemos afirmar que es, además, una oposición con liderazgo.

El país democrático, en este momento mayoritario, no tiene un abanderado exclusivo para ejercer contrapeso a un proyecto fraudulento y rupturista que le irrita y le perturba. Está acompañando a un líder al que respeta y en el cual cree de manera firme. Independientemente, incluso, de cuál sea el resultado de la semana que viene. En el desarrollo de la fragua, acompañado por literalmente todo el país nacional, Capriles Radonski se ha ido ganando la "auctoritas" necesaria para ser reconocido como el conductor político que los ciudadanos no tenían.

 La Grita, Valencia, Maturín, Maracay. Capriles Radonski ha dejado electrizados a todas las ciudades y pueblos que recorre. Su campaña electoral, con su ambiciosa y penetrante seguidilla de giras, será recordada como una de las más acertadas y completas de la historia electoral de este país.

 Mientras hago el recuento, me vienen a la memoria las apreciaciones del director de una firma encuestadora que tiene al Palacio de Miraflores como su principal cliente, y la de una conocida profesora universitaria de comunicación que quiere hacer pasar sus pasiones políticas por verdades académicas reveladas, afirmando que la coalición de fuerzas democráticas "no emociona a la población"; es "un jardín sin flores" o "no tiene proyecto de país".

La verdad es que, en un momento como este, cuesta no contener la risa ante estas enormidades. Se quieren hacer pasar por científicos y fundamentados, pero es obvio que están muy preocupados.

Si pierde Chávez


Jorge Ramos. EL NUEVO HERALD

Esta será la elección más difícil en la vida política de Hugo Chávez. Nunca se ha enfrentado a una oposición unida con un solo candidato: Henrique Capriles. A pesar del abrumador y abusivo control de Chávez sobre prácticamente todo el aparato del estado venezolano – incluyendo al organismo que cuenta los votos ─ existe la posibilidad real de que Chávez pierda. Pero una cosa es que Capriles obtenga más votos y otra muy distinta es que Chávez lo reconozca.

Chávez no está acostumbrado a perder. Desde la elección que lo puso en el poder en 1998, Chávez solo ha perdido dos veces; una en el 2007 cuando la mayoría de los venezolanos votó contra su reelección indefinida y otra en el 2010 cuando la oposición obtuvo el 52 por ciento de los votos para la Asamblea. Esta pudiera ser su tercera y definitiva derrota.

Las encuestas no son claras. La mayoría aún pone a Chávez por delante de Capriles. Pero hay varios sondeos que predicen un cerrado triunfo de la oposición. Habrá que esperar, entonces, al domingo 7 de octubre.

¿Por qué puede perder Chávez la elección presidencial? Por principio, se ha desgastado en el poder. Muchos venezolanos están hoy peor que hace 13 años y el país ha dejado de ser una democracia. Pero hay más.

Venezuela es uno de los países más peligrosos del mundo. En el 2011 hubo 19,336 asesinatos. Ha sido el año más violento en la historia de Venezuela, según el Observatorio Venezolano de Violencia. El 2010 también fue muy violento con 13,080 asesinatos, según Naciones Unidas (UNOD). Chávez, diga lo que diga, no ha podido contra el crimen.

A pesar de los supuestos avances contra la pobreza, la inflación se ha encargado de hacer más pobres a casi todos los venezolanos. En el 2009, 2010 y 2011 la inflación alcanzó casi el 30 por ciento anualmente, según el Banco Central de Venezuela y el Fondo Monetario Internacional. Chávez no ha sido un buen administrador de la riqueza petrolera del país.

Venezuela es una de las naciones más corruptas del planeta, según Transparencia Internacional. Ocupó el lugar 172 de 183 países estudiados en el 2011. En una escala de 0 (muy corrupto) a 10 (muy transparente), Venezuela apenas alcanzó 1.9 puntos. El socialismo del siglo XXI, que quiere implementar Chávez, está lleno de sobornos por debajo de la mesa.

La concentración del poder de Chávez, y las amenazas a quienes se oponen a él, ponen en peligro la democracia en Venezuela, según concluyó recientemente un reporte de la organización Human Rights Watch. El informe dice que bajo Chávez han sufrido los derechos humanos y las instituciones democráticas en Venezuela, desde las cortes y los medios de comunicación hasta los activistas que denuncian los abusos del chavismo. Cuando una persona decide por 29 millones, eso no es democracia.

Chávez rompió las promesas que hizo en 1998. Antes de ser elegido la primera vez, me dijo en una entrevista que entregaría el poder en cinco años o menos, que no nacionalizaría ninguna empresa y que respetaría a todos los medios de comunicación. Eso no lo cumplió y en la internet son conocidas como “las tres mentiras de Chávez”. Precisamente para eso son las elecciones; para sacar a los políticos y a los partidos que no cumplen sus promesas. Chávez ha roto muchas.

Por estas razones pudiera perder Chávez las elecciones. Y él lo sabe. Por eso ha apelado al miedo para ganar. “¿Qué les conviene? ¿Una guerra civil?” dijo a principios de septiembre a los que pensaban votar contra él. La advertencia de Chávez es clara. Si pierde habrá violencia.

Pero la pregunta es si, aun perdiendo, reconocería su derrota. Como él controla casi todo en el país ¿podría realizar un fraude y desconocer el resultado final de las elecciones?

Imposible saberlo por ahora. Pero hay dos precedentes que nos ayudan a entender qué pasa cuando una dictadura o un gobierno autoritario pierde unas elecciones. En 1988 los chilenos le dijeron NO al dictador Augusto Pinochet, luego de 16 años y medio de régimen totalitario y sangriento. El rechazo a Pinochet fue abrumador (55% del NO frente a 44% del SI) y no tuvo más remedio que dejar el poder.

En Nicaragua en 1990 los sandinistas tuvieron que entregar el poder a la candidata opositora Violeta Barrios de Chamorro. Muchos nicaragüenses escondieron su preferencia a los encuestadores y a la hora de votar lo hicieron por Violeta. Los sandinistas se tardaron en reconocer su derrota pero, finalmente, entregaron el poder luego de 11 años.

Igual que con Chávez, muchos dudaban que Pinochet o los Sandinistas entregarían el poder. Pero la presión interna e internacional evitó que se quedaran en el poder. El problema en Venezuela es que no hay plena confianza en la independencia del Consejo Nacional Electoral y en su presidenta, Tibisay Lucena, quien el domingo por la noche o el lunes en la madrugada debería anunciar al ganador. ¿Se atreverá a ir en contra del jefe?

Venezuela tiene una oportunidad histórica de cambiar de rumbo. Y si lo hace será a contracorriente, venciendo todo tipo de trampas, y a pesar del abuso del presupuesto nacional para la reelección. Si pierde Chávez      ─ como ocurrió con Pinochet y los sandinistas ─ no entregará el poder. Se lo tendrán que arrancar voto por voto.

La dictadura se aprovecha de la democracia


Andy P. Villa CUBANET

Recientemente han estado de moda varios ejemplos de como la dictadura   cubana se aprovecha de la democracia, a la que tanto critica, en beneficio de sus mezquinos intereses. He aquí diez de ellos:

- Lograron que el espía (confeso) René González, sentenciado a prisión en los Estados Unidos, y sin la más mínima muestra de arrepentimiento,  se beneficie de las bondades del sistema judicial norteamericano y le permitan viajar a Cuba a visitar a un familiar enfermo; mientras que a Alan Gross, acusado igualmente de espionaje (sin pruebas) y condenado a prisión, no le permiten viajar a su país para visitar a su madre, igualmente enferma de cáncer.

- Colocan carteles en céntricas avenidas de Miami, abogando por la libertad de los cinco espías enjuiciados y cumpliendo condenas en prisiones norteamericanas. Pero no permiten que se coloque ningún tipo de propaganda en apoyo de ningún opositor preso en Cuba.

- Publican sendos artículos pagados en importantes periódicos en los Estados Unidos, como el Washington Post, abogando porque termine la “injusta prisión” de los “cinco héroes prisioneros del Imperio”. Pero es imposible publicar ni una pequeña nota en favor de la liberación de los presos políticos cubanos o sobre ningún otro tema que no sea alabar a la dictadura, en ninguno de los periódicos que circulan en Cuba, todos ellos propiedad del Gobierno Comunista.

- Envían a sus músicos y otros artistas, como el grupo “La Colmenita”, a presentarse en Estados Unidos y de paso a hacer labor política proselitista en favor del régimen comunista de La Habana. Pero no permiten que los artistas cubanos radicados fuera de la Isla se presenten en Cuba.

- Mantienen a varios de sus “embajadores” o “voceros” trabajando para ellos en La Florida, que se dedican a criticar continuamente al exilio y defender los argumentos de la dictadura en sus programas de radio y televisión. Pero en Cuba prohíben el acceso a todos los medios de comunicación a nadie que disienta del régimen.

- Algunos de sus voceros o defensores son invitados a debatir o exponer sus puntos de vista, en igualdad de condiciones, en programas de televisión de gran audiencia, como: “A Mano Limpia” del Canal 41 de Miami; mientras que jamás ningún opositor ha tenido la oportunidad de presentarse en “La Mesa Redonda” cubana, a pesar de que el Gobierno de Cuba llama a esas cantaletas: “Batalla de Ideas”. Más bien son monólogos de ideas, ya que una batalla implica que haya por lo menos dos contrincantes.

- Sus activistas internacionales en la campaña mediática por la liberación de los cinco espías viajan a Estados Unidos para visitar el Capitolio, donde se reúnen con 40 congresistas y se toman fotos a la entrada de ese recinto; mientras que el Gobierno de Cuba no recibe a ninguna comisión de apoyo a los presos políticos y constantemente presiona a los visitantes extranjeros para que no se reúnan con los disidentes.

- Envían a Mariela Castro (hija del dictador cubano) y a Eusebio Leal (miembro del Comité Central del Partido Comunista de Cuba) a impartir conferencias en los Estados Unidos para hacer labor proselitista en favor del Gobierno de la Isla y criticar al exilio cubano, incluso teniendo la desvergüenza de pedir dinero a los exiliados cubanos para invertirlo en arreglar el desastre en que han convertido la Ciudad de La Habana. Pero nadie puede ir a Cuba a impartir conferencias libremente a favor de la democracia o criticar al Gobierno.

- Convocan abiertamente y oficialmente, a través de su Oficina de Intereses en Washington, a cubanos emigrados seleccionados por su “buena conducta para con el régimen” a participar en una reunión de cubanos residentes en Estados Unidos, donde se critica políticamente y en todos los sentidos a los Estados Unidos. Pero cuando la Oficina de Intereses Norteamericana hace algo similar e invita a disidentes en La Habana, estos son acusados de ser “mercenarios” y “agentes de la CIA”, ofendidos, secuestrados, reprimidos, y hasta encarcelados.

- Tienen un ejército de personas que su único trabajo consiste en entrar en las páginas de Internet del mundo democrático para participar en discusiones, foros, blogs, chats, comentarios sobre artículos, etc, para de esa forma exponer sus argumentos, o simplemente sabotear esos espacios democráticos de participación. Pero en los sitios propiedad del Gobierno de Cuba, como Cubadebate.cu, se publican cientos de comentarios que son moderados de forma que solo aparezcan los que alaben a la Revolución Cubana y a los hermanos Castro.

En el pasado hubo otro excelente ejemplo de esta situación, que incluso alcanzó repercusión a nivel mundial, cuando Fidel Castro logró, a través de una intensa y costosa campaña mediática, la devolución del niño Elián González a Cuba para vivir con su padre; pero durante décadas ha impedido que cientos de niños cubanos se reúnan con sus padres, como cruel venganza política, mientras él se exhibe públicamente con el infante para que nadie dude de que fue el gran ganador en esa batalla.

Serían muchos los ejemplos de como la dictadura critica a los países democráticos hasta la saciedad, pero se beneficia de sus leyes, de su sistema, de sus principios y valores, pisoteando a su vez todos los derechos humanos de sus ciudadanos.

lunes, 1 de octubre de 2012

Votar o botar


Fernando Sánchez Arias. EL UNIVERSAL

 

"El político se convierte en estadista cuando comienza a pensar

en las próximas generaciones y no en las próximas elecciones."

- Winston Churchill



Estamos a escasos días de ejercer uno de los derechos más valiosos de cualquier ciudadano: votar para elegir a sus gobernantes. El votar es un derecho que suele pasar, en algunos lugares y momentos, como algo que nos quita tiempo, que no guarda importancia, pues mensajes como "un voto no hace la diferencia" o "para qué votar si está todo ya arreglado", le restan el valor y la importancia que tiene el derecho al voto.

Al votar, tenemos una gran responsabilidad: estudiar la vida de cada candidato, su experiencia y preparación; evaluar qué tan consistente y congruente es en la práctica lo que dice en su prédica; analizar cautelosamente sus propuestas y promesas y, por último, proyectar en una matriz de decisión lo que cada candidato ha hecho, hace y promete que hará. Esto permite una toma de decisiones con muchísima más conciencia y seguridad.

Lamentablemente pocos ciudadanos se toman el tiempo y la energía necesarios para analizar muy concienzudamente quiénes son y qué proponen los candidatos. Normalmente se dejan influir por campañas políticas, líneas de partido o corrientes ideológicas. Al votar, es nuestro deber, saber cuál candidato es la mejor opción, pero para fines colectivos y generacionales y no para aquellos cortoplacistas y oportunistas que sólo buscan un objetivo de poder y no de servicio a sus electores.

Quienes hagan lo sugerido, sea que salga o no favorecido su candidato, habrán cumplido con su responsabilidad ciudadana. Quienes no actúen conforme esta importante tarea, serán parte de los habitantes que no son dignos de llamarse ciudadanos. Vaya el llamado, entonces, a ser electores conscientes e inteligentes. Cada uno de nosotros el próximo 7 de octubre debe elegir si votará o botará la oportunidad de elegir a sus futuros líderes.

Crueldad o dinero


Sabina Covo. EL NUEVO HERALD

En el año 2007 una mujer embarazada llamada Heather Wiseman que trabajaba en una tienda de una cadena de Estados Unidos fue despedida. La razón fue bien concisa. Debido a una infección urinaria la mujer tenía que cargar una botellita con agua y por políticas de la tienda los únicos que podían llevar agua a deshoras eran las cajeras. La mujer presentó un certificado médico pero no consiguió nada. La mujer demandó y perdió la demanda. Y aunque suene sorpresivo, porque uno creería que las leyes que protegen a las mujeres embarazadas son bien estrictas, la manera en la que el Congreso de Estados Unidos redactó la ley no protege muchos casos. No dejar a una mujer embarazada tomar agua cuando sea necesario, es crueldad.

Existe una Ley Contra la Discriminación de Mujeres Embarazadas enmendada desde el año 1978. Bajo esta legislación una mujer no puede ser discriminada por haber quedado embarazada. La protección mas importante que ofrece esta medida es la que le asegura a la mujer que no verá una reducción en sus beneficios. Y está la Ley para Deshabilitados, que ofrece protección si se necesita cuidado específico. En pleno siglo XXI, la mayoría de los ginecólogos está de acuerdo en que una mujer embarazada no es deshabilitada. Pero ojo, el primer trimestre de embarazo es sumamente delicado por el peligro de aborto espontáneo, y en el tercer trimestre está probado que si las mujeres no tienen las comodidades adecuadas, podrían dar a luz a un bebé antes del término normal del embarazo o con menos peso.

La mayoría de las mujeres que toman 12 semanas de maternidad para cuidar de sus recién nacidos lo hacen bajo la Ley de Ausencia Médica y de Familia, una ley que garantiza que si te enfermas o tienes una emergencia de familia puedes dejar tu trabajo por 3 meses. Estados Unidos es el último en la lista de países desarrollados que ofrece beneficios a las mujeres embarazadas: ofrece cero beneficios. Gran Bretaña, por ejemplo, paga el 80% de la maternidad; Alemania paga el 100% de 12 semanas; y Francia el 100% de 16 semanas, solo por dar algunos ejemplos.

¿Como es posible que en el Congreso de Estados Unidos, que se gasta el tiempo decidiendo que debe o no debe hacer una mujer con su cuerpo, no se haya promulgado una ley que aclare, defina y defienda los beneficios de una mujer embarazada? Y que proteja a las mujeres embarazadas para que se les dé las comodidades necesarias, se les pague por sus días de maternidad y se les proteja para que puedan cuidar de sus recién nacidos de una manera sana, mental y emocionalmente.

Basta con mirar cuantos hombres hay en el Congreso, sus partidos, sus edades. Y cuantos han votado que no a legislaciones integrales para la mujer. ¿Cuántos de verdad pensarán que hay igualdad entre una mujer y un hombre en la fuerza laboral?

Los proyectos de ley que han sido presentados en diferentes ocasiones para llegar a un acuerdo de igualdad y antidiscriminación para mujeres embarazadas han sido rechazados con el argumento, según informa el diario Huffington Post, de no poner a las empresas en el riesgo de bajar la producción, o sus ganancias, para acomodar mujeres en embarazo. Un argumento absolutamente absurdo, si tenemos en cuenta que el embarazo es una parte fundamental de la evolución humana y que con una administración inteligente, las compañías pueden ajustar su fuerza laboral a cambios momentáneos.

¿O será que prefieren contratar solo a hombres y que las mujeres tengan que quedarse en casa como en siglos pasados y esa es la excusa? Definitivamente la creencia de que la evolución no existe en algunos miembros de nuestro Congreso se refleja en muchas de las acciones mediocres que toman. Viva Yahoo que contrató como CEO este año a una mujer embarazada. Lamentablemente la evolución de esta empresa no es el reflejo del país.

En busca de la verdad y el decoro


Leonardo Calvo Cárdenas. CUBANET
Hospital Infantil "Pedro Borrás Astorga", Vedado, La Habana

Hace pocos días un grupo de especialistas del servicio de cirugía del hospital Calixto García de la capital cubana, en un acto sin precedentes, dirigieron una carta abierta al presidente cubano general de ejército Raúl Castro, en la cual expusieron sus malestares e inquietudes por las deplorables condiciones que muestran los servicios de salud, la indolencia de las autoridades y la irresponsabilidad gubernamental ante la tragedia.

Los firmantes del documento, sin afeites verbales, sin edulcoramientos argumentales, exponen en su misiva las graves carencias materiales que degradan el servicio y la atención hospitalaria, el lastimoso estado constructivo de las instalaciones, las deficientes reparaciones, así como las insostenibles condiciones de trabajo que convierten al sistema de salud en un trauma doloroso para pacientes y trabajadores, a pesar de las loas cotidianas que a él cantan los funcionarios y voceros del gobierno.

En su misiva, con sólidos argumentos e ilustrativas descripciones, los galenos reafirman su compromiso con su misión profesional, pero responsabilizan al gobierno con el desastre que denuncian y alertan de las graves consecuencias que pueden derivarse de la continuidad de la posición acrítica y complaciente con que desde el poder se atienden los problemas del sistema de salud.

En 1959 la revolución encontró, sobre todo en la capital del país, una sólida red hospitalaria, con un alto por ciento de camas por habitantes, un sistema de salud diversificado que incluía la medicina privada, la mutualista, la cooperativa y la pública y sobre todo una pléyade de profesionales, técnicos y paramédicos reconocidos por su calidad, entrega y vocación que brindaban sus servicios en cada uno de esos espacios facultativos.

Para 1968 ya todo el sistema de salud había sido estatizado y junto a la extensión de la cobertura hospitalaria a algunas zonas rurales más desprotegidas, comenzaron a manifestarse los males de la monopolización gubernamental del sector. Muy a tiempo, para su conveniencia, las autoridades establecieron un bien estructurado apartheid médico con centros bien equipados y garantizada excelencia para atender las necesidades de la élite gobernante y los extranjeros residentes o de paso por la Isla.

En la década de los ochenta el máximo líder escapó hacia delante de los inocultables problemas que ya presentaba el sistema, impulsando su megalómana campaña que presentaba a Cuba como una “potencia médica mundial”, sin tener en cuenta que la garantía de un sistema de salud es su permanente cuestionamiento y crítica.

Las campanas al viento, la lejanía de las autoridades de los verdaderos problemas ― ellos tienen sus propios hospitales ― la ausencia de cultura cívica y jurídica de los ciudadanos para impugnar adecuadamente las reiteradas negligencias e indolencias, el peso de la crisis económica que durante las últimas dos décadas ha destruido la infraestructura y limitado en extremo los recursos, la deficiente preparación de algunos facultativos y técnicos, la falta de rigor y seriedad en las labores constructivas y de reparación, que han convertido estas inversiones en una sangría de recursos desviados ilícitamente, se unen a la exportación de casi treinta mil especialistas y técnicos del sector, devenidos, por obra y gracia del desastre económico del modelo, en casi la única fuente de divisas para el estado; para convertir al sistema de salud cubano, más allá del desenfreno propagandístico, en un verdadero e incurable dolor de cabeza para pacientes y trabajadores.

Durante muchos años los cubanos vienen padeciendo los rigores del vía crucis que constituye acceder a los servicios del deteriorado sistema nacional de salud, sin dejar de escuchar el cuento de sus imaginarias bondades, que no se ven por ninguna parte, y que ahora se refuerza con la “brillante” idea de informar y recordar a los ciudadanos el supuesto costo en dinero de los servicios y atenciones que reciben, presumiblemente de manera gratuita, gracias a la magnanimidad del Estado. No caben dudas de que los gobernantes cubanos han perdido no solo la vergüenza, sino también la razón.

Mientras el Estado cubano brinda esmerada atención a miles de extranjeros que vienen a curarse en Cuba o construye decenas de hospitales en pequeñas localidades de Bolivia, muchos municipios del país con decenas de miles de habitantes carecen de adecuadas instalaciones de salud, lo cual se agrava por las dificultades de transporte, alojamiento y carestía de la vida en las capitales de provincia a donde deben acudir estos para atender sus enfermedades.

Los trabajadores de la salud, con los mismos problemas socioeconómicos y tan mal remunerados como la casi totalidad de los cubanos, deben enfrentar cada día el dolor, el sufrimiento y la muerte en esas terribles condiciones que parecen haber llevado a los especialistas del centenario hospital Calixto García al límite de gritar en el rostro del señor presidente lo que todos estamos padeciendo y hasta ahora muy pocos nos atrevemos a decir abiertamente.

Ojalá este acto de valor y responsabilidad colectiva constituya el inicio de un despertar de la conciencia cívica de los profesionales cubanos, por tanto tiempo dormida por la demagogia, la incultura, la coerción y el chantaje. Ojalá el presidente Castro no responda esta vez con la indolencia, la demagogia y la represión que han caracterizado su desastroso mandato. Ojalá, por lo sensible del tema y los peligros que implica, se decida a encontrarse, al fin, con la verdad y tenga el decoro necesario para asumir la responsabilidad y los retos que su posición demandan.