lunes, 6 de agosto de 2018

El sesgado Preámbulo del Proyecto Constitucional del Castrismo.


Cada pueblo se cura conforme a su naturaleza, Que pide diversos grados de la medicina, según falte este u otro factor en el mal, o medicina diferente. Ni Saint Simon, ni Karl Marx, ni Marlo, ni Bakunin. Las reformas que nos vengan al cuerpo.
José Martí


Mario J. Viera 




Cuando se hacen estudios sobre un texto constitucional, en muchas ocasiones, se deja fuera del análisis general, un aspecto que parece de menor trascendencia por no constituir una fórmula estrictamente normativa; me refiero al Preámbulo que encabeza un elevado número de textos constitucionales y mayoritariamente, en las constituciones de los Estados latinoamericanos. Sin embargo, ese breve exordio que encabeza al texto constitucional, posee una importancia significativa para captar todo el contenido político e ideológico sobre el cual se organiza el Estado y la sociedad. Es una síntesis de la propia Constitución. En palabras de Javier Tajadura Tejada (La Función Política de los Preámbulos Constitucionales. UNAM. Número 5, Julio-Diciembre 2001), el Preámbulo “nos permite captar inmediatamente la totalidad de la Constitución [...] en cuanto introducción del texto articulado nos anticipa ya su contenido... Se trata de una solemne carta de presentación de la nueva Constitución. Nos pone de manifiesto el sentido último de todo el texto, los presupuestos filosóficos e ideológicos de que parte, en una palabra, nos anticipa el espíritu de la Constitución”.

Ya desde que leemos un preámbulo constitucional estamos capacitados para captar tanto la fórmula política como el techo ideológico que conforman al texto constitucional. Desde el inicio de su lectura podemos tener la base de comprensión de las formulaciones constitucionales y definir el carácter del Estado que organiza. Para Pablo Lucas Verdú, citado por Tajadura Tejada, la fórmula política es: "La expresión ideológica jurídicamente organizada en una estructura social". Además, y según el mismo Lucas Verdú, la fórmula política es el núcleo de la Constitución. “No hay Constitución ─ nos dice ─ sin fórmula política, lo cual no significa que esta ha de estar contenida expresamente en el texto fundamental”, se encuentra inserta dentro del conjunto de la Constitución, al quedar establecidos tanto la fórmula de gobierno como el régimen económico, lo que definirá al Estado como organizado dentro de un marco liberal, o social demócrata o socialista; si su forma de gobierno es la de un Estado democrático sujeto a la Constitución y las leyes o si el Estado estructurado por la Ley Fundamental es uno de carácter totalitario. Para Leopoldo Canosa Usera, “…la fórmula constituye el núcleo esencial de la Constitución tanto en sentido formal como material, su sostenimiento, vía interpretación, reunirá en sí mismo las finalidades trazadas por la constitución”.

En cuanto al techo ideológico presente en toda Constitución, el constitucionalista costarricense, Fernando Zamora (Constitución e ideologías. La Nación, 13 de julio de 2015) anota: “la Constitución de una nación no debe ser la camisa de fuerza que obligue a los gobiernos a dirigir sus políticas gubernamentales en una u otra dirección ideológica” y esto es así porque la ideología que informa todo el texto constitucional es el conjunto de todas las ideologías, todos los sistemas de pensamiento políticos presentes en una sociedad y no el particular de una determinada y excluyente organización política o de un determinado grupo de poder. Para ese autor la ideología de un texto normativo “solo puede estar compuesta de valores, ya que las normas no son susceptibles de tener relevancia ideológica”. No se trata de la ideología que Maximiliano Rafael Calderón (La Ideología y Axiología de la Constitución Nacional Argentina. Revista Telemática de Filosofía del Derecho, nº 6, 2002/2003) denomina “Ideología como cosmovisión” y que define como aquella que “identifica a la ideología con una doctrina determinada en cuanto a la idea del Estado y el poder, y la define como el sistema de ideas y creencias constitutivas de una línea de pensamientos dada, aglutinados en torno a ciertos dogmas fundamentales (Vgr. Liberalismo, iusnaturalismo, marxismo, etc.)”. El conjunto de todos los credos políticos armonizados en la composición del texto constitucional y su fundamento es “el resultado de la confluencia de variadas doctrinas y tendencias que, reducidas a una unidad indivisible, se funden para conformar un solo sistema de valores”, es decir la formulación de una Ideología transaccional o, dicho de otra manera, la orientación ideológica polifacética de toda Constitución verdaderamente democrática.

La Asamblea Constituyente que aprobaría el texto de la Constitución de 1940 formó su techo ideológico con la integración de 77 delegados elegidos democráticamente por la ciudadanía, entre los diferentes partidos que concurrieron a las elecciones. Nueve partidos políticos tuvieron representación en la constituyente. Cinco partidos por el bloque gubernamental (favorables a Fulgencio Batista): Liberal (16 delegados), Unión Nacionalista (9 delegados), Conjunto Nacional Democrático (3 delegados), Nacional Revolucionario (Realistas) (1 delegado), Popular Cubano y Unión Revolucionaria Comunista (6 delegados), para un total de 35 delegados; y por el bloque opositor cuatro partidos ocuparon asientos en la Constituyente: Partido Revolucionario Cubano (Auténtico) (18 delegados), Demócrata Republicano (15 delegados), Acción Republicana (5 delegados) y ABC (4 delegados), para un total de 42 delegados.

Así, en la confluencia de todas las tendencias que representaban esos diferentes partidos políticos presentes en la Asamblea Constituyente se conformó ese “sistema de valores” del que habla Maximiliano Rafael Calderón, en el texto constitucional de 1940.

El actual Proyecto se ha redactado bajo los criterios de una comisión ad hoc integrada por solo 32 delegados ─ apenas el 42 % de los que formaron la Constitucional del 40 ─ de un único partido político, el Partido Comunista de Cuba.

El Preámbulo presentado en el Proyecto de Constitución expone los criterios y las bases fundamentales del Partido Comunista. La fórmula política que le rige está claramente expresada, en este largo y monótono Preámbulo de 404 palabras, en la decisión, se dice, de “llevar adelante la Revolución triunfadora del Moncada y del Granma, de la Sierra y de Girón”; en el reconocimiento de que “en la edificación del socialismo, el liderazgo del Partido Comunista de Cuba (...) y la unidad nacional, constituyen pilares fundamentales y garantías (del) orden político, económico y social”. El techo ideológico que da cubierta al texto está claramente expuesto en la conjunción arbitrariamente elaborada del “ideario y el ejemplo de Martí y Fidel, y las ideas político-sociales de Marx, Engels y Lenin” que se dice le sirve como guía. Comete el Preámbulo la inaceptable presunción de igualar en su dimensión histórica a José Martí con la figura de Fidel Castro, idearios y ejemplos antagónicos. Martí explícita e implícitamente rechazó como fuente de inspiración para la República tanto las corrientes socialista utópicas como el comunismo o el anarquismo. En su Cuaderno de Apuntes 18 esboza su concepto con respecto a las diferentes manifestaciones socialistas:

“Socialismo ─ Lo primero que hay que saber es de qué clase de socialismo se trata: si de la Icaria cristiana de Cabet [una utopía que se fundaba sobre principios comunistas], o las visiones socráticas de Alcott [Alcott fundó la comunidad utópica socialista experimental de breve duración, Fruitlands, en Harvard, Massachusetts. La intención de la comunidad era establecer una "familia coasociada" y seguir un estilo de vida idealista y agraria que no privaría a animales o humanos de la vida, la libertad o propiedad; o el mutualismo]; de Prudhomme [anarquista francés], o el familisterio de Guisa [comunidades rurales autosuficientes, que serían la base de la transformación social fundadas por Charles Fourier en Guisa, Francia], o el Colinsismo de Bélgica [Colins de Ham, barón de Colins, fundador del Socialismo racional (colinsismo)].  o el de los jóvenes hegelianos de Alemania [movimiento de izquierda de inspiración hegeliana donde mezclaban el elitismo crítico de Bruno Bauer, el comunismo de Hess, Engels y Marx, el anarco-comunismo de Bakunin y el individualismo radical de Stirner]: ─ aunque bien puede verse, ahondando un poco, que todos ellos convienen en una base general, el programa de nacionalizar la tierra y los elementos de producción; y como pre-requisito indispensable de toda su organización “the land of the country and all other instruments of production shall be made the joint property of the community, and the conduct of all industrial operations be placed under the direct admnistration of the State”.

Para poner en manifiesto las diferencias presentes en el Preámbulo del Proyecto y los preámbulos de otras constituciones, es conveniente señalar algunos ejemplos:

Preámbulo de la Constitución de España. Un preámbulo de 134 palabras:

La Nación española, deseando establecer la justicia, la libertad y la seguridad y promover el bien de cuantos la integran, en uso de su soberanía, proclama su voluntad de:
Garantizar la convivencia democrática dentro de la Constitución y de las leyes conforme a un orden económico y social justo. Consolidar un Estado de Derecho que asegure el imperio de la ley como expresión de la voluntad popular. Proteger a todos los españoles y pueblos de España en el ejercicio de los derechos humanos, sus culturas y tradiciones, lenguas e instituciones. Promover el progreso de la cultura y de la economía para asegurar a todos, una digna calidad de vida. Establecer una sociedad democrática avanzada, y Colaborar en el fortalecimiento de unas relaciones pacíficas y de eficaz cooperación entre todos los pueblos de la Tierra. (Subrayados expresan la fórmula política que anima a la Constitución)

Preámbulo de la Constitución de Colombia (de 96 palabras):

El pueblo de Colombia, En ejercicio de su poder soberano, representado por sus delegatarios a la Asamblea Nacional Constituyente, invocando la protección de Dios, y con el fin de fortalecer la unidad de la Nación y asegurar a sus integrantes la vida, la convivencia, el trabajo , la justicia, la igualdad, el conocimiento, la libertad y la paz, dentro de un marco jurídico, democrático y participativo que garantice un orden político, económico y social justo, y comprometido a impulsar la integración de la comunidad latino americana, decreta, sanciona y promulga la siguiente: Constitución Política de Colombia.

 Preámbulo de la Constitución de Panamá (de 45 palabras):

Con el fin supremo de fortalecer la Nación, garantizar la libertad, asegurar la democracia y la estabilidad institucional, exaltar la dignidad humana, promover la justicia social, el bienestar general y la integración regional, e invocando la protección de Dios, decretamos la Constitución Política de Panamá.

Y para comparar con un ejemplo más próximo, copio el Preámbulo de la Constitución de 1940 de solo 54 palabras:

Nosotros los delegados del pueblo de Cuba, reunidos en Convención Constituyente, a fin de dotarlo de una nueva Ley fundamental que consolide su organización como Estado independiente y soberano, apto para asegurar la libertad y la justicia, mantener el orden y promover el bienestar general, acordamos, invocando el favor de Dios, la siguiente Constitución.

En la mitología política del Partido Comunista está siempre presente la Ley de Jano, ese dios romano de dos caras que siempre mira con una de sus caras hacia un pasado histórico surrealista, pretendiendo la legitimación en el pasado, y la otra cara, dirigida hacia el hipotético futuro de una nunca alcanzada utopía, pretendiendo ser portador de la esperanza. Así, en este sesgado Preámbulo se intenta subsumir toda la historia de la nación dentro de los preceptos del Partido hegemónico al presentarle como si en él concluyera la Historia. El Preámbulo no deja lugar a dudas: Estamos ante la presencia de un ordenamiento jurídico propio de un Estado Totalitario, cuyas reformas solo se dirigen a un reordenamiento de los intereses totalitarios del régimen castrista y de su Partido Comunista de Cuba sin verdaderas concesiones a favor de los derechos civiles y sociales y a sus garantías.

miércoles, 25 de julio de 2018

En vísperas de un nuevo engendro constitucional


Una sociedad en la que la garantía de los derechos no está asegurada, ni la separación de poderes determinada, no tiene Constitución.
Asamblea Nacional Constituyente (Francia), 26 de agosto de 1789.



Mario J. Viera

El castrismo quiere “renovarse” y atemperarse a los tiempos, y en tal propósito, desde la cúpula del Buró Político del Partido comunista, surgió la iniciativa de elaborar un proyecto de Constitución política que reformara, prácticamente de manera, total la vigente constitución de corte estalinista. Así después de muchos análisis dentro del Buró Político y dentro del Consejo de Estado, que para el caso es casi lo mismo, quedó elaborado un anteproyecto de Carta Magna, que posteriormente, luego de una sesión de solo tres días de la Asamblea Nacional del Poder Popular fué unánimemente aprobado como proyecto constitucional.

Ahora, el proyecto se someterá muy “democráticamente” a la “consulta popular” en un maratón de agotadoras y aburridas reuniones de CDR, asambleas laborales, nucleos del partido y secciones sindicales a lo largo de tres meses, desde el 13 de agosto hasta el 15 de noviembre. Quizá en esos encuentros, alguien dará lectura a los 224 artículos del proyecto agrupados dentro de 11 títulos, 24 capítulos y 16 secciones; algunos no podrán disimular un bostezo de aburrimiento o se distraerán conversando de cualquier cosa con el que a su lado se siente; pero luego, todos levantarán la mano cuando se pida: “El que esté de acuerdo con el Proyecto que levante la mano”. ¡Magnífico, el proyecto se aprueba por unanimidad! No obstante, en algún que otro sector más intelectualizado alguien pronunciará alguna propuesta, quizá para mejorar el estilo o para redondear una de las ideas expresadas en el documento.

Según el oficialista Granma, un denominado “Grupo de Trabajo”, bajo la dirección de Raúl Castro y la “asesoría de varios especialistas” se dispuso a darle cumplimiento al acuerdo tomado el 29 de junio del 2014 por el Buró Político del Partido Comunista con vistas a elaborar “las bases legislativas” para la reforma de la Constitución. Luego de someterse al criterio del Buró Político y al Pleno del Comité Central, el 2 de junio del presente año la Asamblea Nacional accedió que se iniciara “el proceso de Reforma Constitucional y aprobar como primer paso la creación de una Comisión para estos fines”. Por supuesto para tal comisión, fueron seleccionados y aprobados 33 diputados de la Asamblea Nacional. No hacía falta convocar a una Asamblea Constituyente, porque, al fin y al cabo, la Asamblea Nacional tiene tanto la potestad legislativa como la constituyente.

Para la gran mayoría de los especialistas en Derecho Público y Constitucional, la Constitución política de un Estado es la manifestación de un contrato social que ejerce el pueblo en uso de su soberanía. En este caso concreto de reforma constitucional no es el pueblo el soberano; porque no está representado en todos sus diversos componentes políticos e ideológicos al ejercitarse el poder constituyente y solo una parte del mismo está representado en la voluntad del Partido comunista. Como H. Heller, citado por Elisur Arteaga Nava (Temas de teoría constitucional), indica: “La soberanía supone (...) un sujeto de derecho capaz de voluntad y de obrar que se impone regularmente a todos los poderes organizado o no que existen en el territorio; lo que significa que tiene que ser un poder de ordenamiento territorial de carácter supremo y exclusivo...”, y en este caso ese poder se concentra en el Buró Político del Partido comunista, colocado por encima del Consejo de Estado del Consejo de Ministros y, sobre todo, por encima de la sociedad.

El Proyecto define al Estado castrista como un estado socialista de derecho, democrático, independiente y soberano, organizado con todos y para el bien de todos, como república unitaria e indivisible, fundada en el trabajo, la dignidad y la ética de sus ciudadanos, que tiene como objetivos esenciales el disfrute de la libertad política (sic)      

Es del todo incorrecto calificar de democrático al “estado socialista de derecho” existente en Cuba, colocado bajo la férula del Partido Comunista, cuando en él se proscribe la oposición política y cualquier otra ideología u opiniones que contradigan a la posición oficial; se trata, por tanto, no de una democracia, sino de una monocracia, la del poder incompartido y absoluto del Buró Político del Partido Comunista. Aunque refiriéndose a la constituyente que ha impuesto Nicolás Maduro para reformar la Constitución de 1999, el experto en derecho constitucional venezolano Allan Brewer-Carías declaró en entrevista para Diario Las Américas 16 de mayo de 2017: “¿por qué se va a rechazar la participación de los partidos políticos? Los partidos están llamados a orientar la vida política de un país y tienen derecho de participar como cualquier ciudadano. No se puede establecer una Constituyente con base a una visión exclusivista y discriminatoria”.

Miguel Díaz-Canel Bermúdez, también según el Granma, declaró ante la Asamblea Nacional, el pasado 2 de junio, que el cometido de la comisión era tratar de “analizar el impacto que en el orden constitucional tienen los cambios (¿?) que se han venido experimentando, de evaluar cuestiones que se requieren incorporar al texto constitucional, en virtud de nuestras experiencias en la construcción del socialismo, y de estudiar procesos constitucionales desarrollados en diversos países, así como de profundizar en aspectos de nuestra historia y tradición constitucional”. Se trata, como dijera Castro el pequeño, de un intento de “dejar atrás el lastre de la vieja mentalidad (...) sin abandonar, ni por un instante, el legado martiano y la doctrina del marxismo-leninismo que constituyen el principal fundamento ideológico de nuestro proceso revolucionario”.

Creo que debo hacer una acotación a lo referido en el párrafo anterior. Hablar en estos tiempos sobre las experiencias en la construcción del socialismo, algo que, colmado de fracasos, nunca se ha llegado a su conclusión, como si se tratara del martirio de Tántalo, siempre amenazado de ser aplastado por la roca que pende sobre él y siempre imposibilitado de tomar una fruta o sorber un poco de agua porque al intentarlo de él se apartaban. Es totalmente ridículo. ¿Y cuáles son los procesos constitucionales que se emplearon como elementos en la composición del nuevo engendro constitucional? El propio Granma lo aclara: en primer lugar, las constituciones, del entorno latinoamericano, como las de Venezuela, Bolivia y Ecuador, surgidas del frustrado movimiento del Socialismo Siglo XXI, que consideran como “lo más avanzado del constitucionalismo en la región”. Otros modelos constitucionales fueron base de estudio para el remozamiento de la sovietizante Constitución de 1976, “como el de Vietnam y China”. Es como lo que el politólogo e historiador cubano miembro de Amnistía Internacional y profesor de la Universidad de Guanajuato Armando Chaguaceda le expresara al diario El País: “La reforma es cambio y continuidad, pero con más continuidad que cambio. El régimen político no tiene visos de cambio y no se toca el corazón del sistema monopartidista”.

Parece ser que Miguel Díaz-Canel no tiene ni la mínima idea de lo que está diciendo cuando refiere que se pretende profundizar en la tradición constitucional de Cuba, aunque el Granma matizó este aspecto cuando anotó que de “manera particular esta labor conllevó un estudio de nuestra historia constitucional, especialmente de la Constitución de 1940, la Ley Fundamental de 1959 y la actual Constitución de la República”. Siempre la Constitución de 1940 como referente obligatorio para hacer más digerible el bodrio constitucional. La tradición constitucional a la que se refirió Díaz-Canel es solo la surgida a posteriori de l959, cuando, de manera inconstitucional se impusieron numerosas reformas a la Constitución de 1940 y, también de manera inconstitucional, sustituyeron la carta del 40 por la denominada Ley Fundamental para, posteriormente reincidir en la inconstitucionalidad en la redacción de la vergonzosa Constitución de 1976.

Parece ser una crítica planteada por el Castro pequeño al modo de gobernar de su hermano cuando pidió “dejar atrás el lastre de la vieja mentalidad”. Él es ahora el máximo y quiere dejar planteada su propia impronta y dejar un legado de pragmatismo, y todo ello “sin abandonar, ni por un instante, el legado martiano y la doctrina del marxismo-leninismo”. ¿El legado martiano? Parece olvidar, cuando insiste en la doctrina del obsoleto marxismo-leninismo, que Martí rechazó una tal idea para ser plasmada en un texto constitucional.

En Escenas Americanas, un texto donde Martí ponderaba positivamente la Constitución de los Estados, había anotado, de manera tajante: “Una Constitución es una ley viva y práctica que no puede construirse con elementos ideológicos”. Hipócritamente en el Preámbulo de la vigente Constitución se reproduce aquella afirmación martiana dicha en el discurso que pronunciara en el Liceo Cubano en Tampa el 26 de noviembre de 1891: “yo quiero que la ley primera de nuestra república sea el culto de los cubanos a la dignidad plena del hombre”, quizá esta frase se reproduzca en el nuevo proyecto constitucional. Es que el Apóstol entiende por dignidad plena el rechazo al “peligro grave de seguir a ciegas, en nombre de la libertad, a los que se valen del anhelo de ella para desviarla en beneficio propio”; dignidad es el respeto a la “opinión franca y libre por sobre todas las cosas”, lo que condena el castrismo que solo permite como legítima su propia opinión. Y afirmó Martí: “O la república tiene por base el carácter entero de cada uno de sus hijos, el hábito de trabajar con sus manos y pensar por sí propio, el ejercicio íntegro de sí y el respeto, como de honor de familia, al ejercicio íntegro de los demás; la pasión, en fin, por el decoro del hombre, o la república no vale una lágrima de nuestras mujeres ni una sola gota de sangre de nuestros bravos”. Y dice Martí en este mismo discurso: “Para verdades trabajamos, y no para sueños. Para libertar a los cubanos trabajamos, y no para acorralarlos. ¡Para ajustar en la paz y en la equidad los intereses y derechos de los habitantes leales de Cuba trabajamos, y no para erigir, a la boca del continente, de la república, la mayordomía espantada de Veintimilla, o la hacienda sangrienta de Rosas, o el Paraguay, lúgubre de Francia!” Y dijo más Martí, y se refirió a “aquel robo al hombre que consiste en pretender imperar en nombre de la libertad por violencias en que se prescinde del derecho de los demás a las garantías y los métodos de ella. [...] ¡Valiera más que no se desplegara esa bandera de su mástil, si no hubiera de amparar por igual a todas las cabezas!” Y esto es lo que él entiende que la República sea “con todos y para el bien de todos”.

Y sobre Marx ¿qué dijo José Martí?: “Como se puso del lado de los débiles merece honor. Pero no hace bien el que señala el daño y arde en ansias temerosas de ponerle remedio, sino el que enseña remedio blanco al daño”. Luego, refiriéndose a la lucha de clases, agrega el Apóstol: “Espanta la tarea de echar a los hombres sobre los hombres”. Y sobre el socialismo ¿qué dijo? Se adhirió a los criterios de Herbert Spencer y anotó: “La Futura Esclavitud se llama este tratado de Herbert Spencer. Esa futura esclavitud, (...) estudia Spencer, es el socialismo. [...] De ser siervo de sí mismo, pasaría el hombre a ser siervo del Estado. De ser esclavo de los capitalistas, como se llama ahora, iría a ser esclavo de los funcionarios. Esclavo es todo aquel que trabaja para otro que tiene dominio sobre él; y en ese sistema socialista dominaría la comunidad al hombre, que a la comunidad entregaría todo su trabajo”. Entonces ¿de qué legado martiano se está hablando?

¿Propuestas nuevas en el Proyecto de Constitución? Se habla, en materia de justicia y el debido proceso, la presunción de inocencia, el proceso de Habeas Corpus elevado a categoría constitucional y la necesidad de asistencia jurídica para la defensa. Así como “la reinserción social de las personas privadas de libertad; ser tratados con respeto a su dignidad e integridad síquica, física y moral, así como ser procesado y condenado por tribunal competente, independiente, imparcial (¿?) y preestablecido legalmente”. Por otra parte, se ratifica que el Tribunal Supremo Popular rinde cuenta ante la Asamblea Nacional del Poder Popular de los resultados de su trabajo y que los magistrados y jueces legos del Tribunal Supremo Popular son elegidos por la Asamblea Nacional del Poder Popular o el Consejo de Estado. Entonces, ¿cómo se puede hablar de independencia e imparcialidad de los tribunales. Nada se dice sobre el establecimiento de un Tribunal Constitucional. De hecho, en la Constitución base se establece que la interpretación de las leyes y la decisión de inconstitucionalidad les corresponde a la Asamblea Nacional del Poder Popular. En Manual de Derecho Constitucional, Juan Vicente Sola, refiriéndose a las cortes o tribunales constitucionales, expone:

“Una Constitución sin una corte de Justicia que imponga su interpretación y la efectividad de la misma aun en los casos cuestionados, es una Constitución sin un contenido jurídico estricto, que asocia su suerte a la del partido en el poder que impone, por simple prevalencia fáctica, la interpretación que en ese momento le conviene”.

(Continuará)

domingo, 8 de julio de 2018

AMLO: ¿LA NUEVA REVOLUCIÓN MEXICANA?


Fernando Mires, Blog POLIS




Andrés Manuel López Obrador (AMLO) no es el Chávez mexicano sino un líder de izquierda-centro, uno de los tantos que hubo antes y que habrá después de Chávez. Pues imaginar una política sin izquierdas es tan absurdo como imaginar una sin derechas. El peligro es otro. El peligro es que en México estamos asistiendo a la implosión de todo un sistema político. Implosión que comenzó a tener lugar antes de la victoria de AMLO.

Ordenando la relación de factores, no fue la victoria de AMLO el hecho que provocó la implosión del sistema político, sino esto último llevó al ascenso de AMLO. Veamos los resultados. Ese 53% (record mexicano) obtenido sobre sus seguidores más inmediatos, el candidato continuista José Antonio Meade y el híbrido conservador Ricardo Amaya (candidato de derecha e izquierda a la vez) fue una victoria frente al vacío. Vacío de programa, vacío de política, vacío de todo. Frente a lo que esas candidaturas llegaron a representar, no solo AMLO, cualquier candidato que hubiera levantado una alternativa en contra de la corrupción, del gangsterismo estatal, de la delincuencia organizada por los partidos, habría podido vencer. Más todavía si ese candidato ha dado pruebas de seriedad (la alcaldía de de Ciudad de México fue administrada con relativa eficiencia por AMLO) virtud muy escasa en la clase política mexicana.

No, no se trata de una nueva derrota del PRI como cuando llegó a la presidencia Vicente Fox (2000). Se trata más bien de la relación de complicidad compartida entre el PRI y los demás partidos del sistema. De un sistema caracterizado, en lo fundamental, por una suerte de corporativismo político que durante largas décadas representó el PRI y después fuera ampliado hacia otros partidos como el PAN, y el propio PRD. Pues, hablando en términos polítológicos, lo que primaba en México era, en estricto sentido, una partidocracia. Ahora bien, en contra de esa partidocracia, hundida en los más turbios escándalos que es posible imaginar, levantó AMLO su candidatura. De ahí que, objetivamente, y haciendo abstracción de la retórica revolucionaria del nuevo presidente, su futuro gobierno aparece ante los ojos de muchos mexicanos como un factor de normalización y estabilidad.  Y AMLO como el hombre en condiciones de salvar la integridad de la política frente a la corrupción institucional y a la anomia social.

No sin cierta razón algunos publicistas han escrito que AMLO y su partido MORENA no solo encarnan un momento fundacional sino uno re-fundacional, vale decir, el de la fundación de un nuevo PRI. Pero las apariencias engañan. A pesar de todas las semejanzas que puedan existir entre el viejo PRI y el nuevo MORENA, hay dos grandes diferencias. La primera es que El PRI fundado por el militar Plutarco Elías Calle nació con el objetivo de institucionalizar – o cerrar ─ la revolución nacida en el 1910. MORENA en cambio, dicho con las propias palabras de AMLO, nació para comenzar una nueva revolución. Efectivamente, AMLO habla del inicio de una cuarta revolución: la de la Independencia (Hidalgo), la Gran Revolución (Madero) y la de la Reforma (Benito Juárez) son las tres primeras. La cuarta sería la revolución social de AMLO. Las tres primeras están unidas por dos características: en todas, las grandes masas escaparon a la conducción de sus líderes y todas, fueran sangrientas. Esperemos que la de AMLO, si de verdad hace una revolución, sea algo diferente. México es el país latinoamericano que más muertos ha entregado a sus grandes causas.

La segunda diferencia es que MORENA es el partido de AMLO, es decir, es propiedad de AMLO, fundado, organizado y liderado por AMLO. El PRI en cambio era una asociación de políticos y si alguna vez tuvo grandes líderes -Lázaro Cárdenas y Miguel Alemán entre otros- estos fueron siempre fieles a la línea de su partido. En cambio MORENA es solo fiel a la línea de AMLO. Sin AMLO no hay MORENA. MORENA es la prolongación de AMLO. En otras palabras, estamos asistiendo a un nuevo fenómeno: el fin del principio del corporativismo político y el comienzo del principio del caudillismo nacional. Porque, lo quiera o no, AMLO es un caudillo nacional.  Más nacional aún si se tiene en cuenta que México, como consecuencia de los insultos racistas de Trump y del oprobioso muro, arrastra el dolor de una profunda herida narcisista.

Gracias o por culpa de AMLO la política de México ha entrado en un proceso de sudamericanización. La “dictadura perfecta” (Vargas Llosa), sin caudillo, ha cedido el paso al caudillaje del líder. Desde ahora en adelante el gobierno de México será personal, personalista y personalizado. Si logra éxitos, el honor será para AMLO. Si fracasa, el fracaso será de AMLO.

El futuro dirá si AMLO utiliza el personalismo caudillista para reformar las instituciones y ampliar la sociedad civil o simplemente se convierte en un nuevo autócrata latinoamericano. Para ambas vías hay condiciones. Pero algunos indicios hablan a favor de la primera: México no es una isla como Cuba y una dictadura vecina a los EE UU no parece ser una posibilidad geopolíticamente realizable. El mismo AMLO, conocido por su pragmatismo, ha optado, en lo económico, por seguir dentro del TLCAN.  Además, el mismo sabe que si ganó ampliamente en los comicios del 2018, no fue por ser el “candidato del sur pobre y empobrecido” como lo fue en anteriores elecciones, sino por haber recibido el apoyo del norte próspero, empresarial e industrial. Por cierto, AMLO siempre será un presidente que aboga por la justicia social. Pero si entiende que no hay mayor justicia social que el mantenimiento y ampliación de las libertades políticas, podría tener ante sí un futuro auspicioso.  

Desde una perspectiva latinoamericana sería conveniente pensar las elecciones mexicanas en términos paralelos a las colombianas, las dos últimas que han tenido lugar en la región. Mientras en las colombianas la derecha-centro se impuso alrededor del candidato tecnócrata Duque al candidato de izquierda centro, Petro, en México ocurrió exactamente al revés: los dos candidatos tecnócratas de la centroderecha fueron derrotados ampliamente y sin apelaciones por el candidato de izquierda-centro. Dos direcciones no solo diferentes. Además, definitivamente opuestas. Así, mientras el centro fue ocupado en Colombia por la derecha, en México fue ocupado por la izquierda. Sin embargo, ambas elecciones tienen un punto en común. En las dos, más en México que en Colombia, quedó evidenciada la ausencia de un centro democrático y liberal, autónomo e independiente, en condiciones de ejercer hegemonía sobre ambos extremos.
Pero ¿no ha sido y es esa ausencia el gran vacío histórico de la política latinoamericana?

miércoles, 4 de julio de 2018

LOPEZ OBRADOR INSPIRA RECELOS



Mario J. Viera

Quizá el líder de Morena sea el tan ansiado mesías de los mexicanos, aquel que llegue al rescate de México y el demoledor de injusticias; ¡Quizá! Sin embargo, para cualquier observador no mexicano, la figura y la trayectoria política de López Obrador inspira recelos. Simbólico fue el gesto suyo de votar en estas elecciones no por sí mismo, sino por una activista de derechos humanos que siempre estuvo vinculada al Partido Comunista de México, me refiero a Rosario Ibarra de Piedra, quien se destacó por su enfrentamiento a los regímenes priistas de Gustavo Díaz Ordaz y Luis Echeverría y fundara en 1977 el Comité Pro Defensa de Presos, Perseguidos, Desaparecidos y Exiliados Políticos, también conocido como Comité ¡Eureka!, luego de que el 18 de abril de 1975, bajo el gobierno priista de Luis Echeverría, su hijo Jesús Piedra Ibarra, fuera secuestrado por razones políticas. El Comité fundado por Rosario Ibarra exigía, bajo la consigna de “¡Vivos se los llevaron, vivos los queremos!”, que el Estado presentara con vida a los desaparecidos políticos, consigna esta que ha sido retomadas por padres y familiares de los 43 jóvenes normalistas desaparecidos de Ayotzinapa en septiembre de 2014.

Como resultado de la lucha emprendida por Rosario Ibarra, en septiembre de 1978, bajo el gobierno priista de José López Portillo, se aprobó una ley de amnistía que puso en libertad a 1,500 presos políticos, permitiendo el regreso de 57 exiliados al país y el desistimiento de 2,000 órdenes de aprehensión.

Debe destacarse que durante el gobierno priista de Gustavo Díaz Ordaz (1964 – 1970) se produjo la que se conoció como masacre de Tlatelolco. Según un informe del Fiscal Especial para Movimientos Sociales y Políticos del Pasado (FEMOSPP), Dr. Ignacio Carrillo Prieto, librado el 26 de febrero de 2006, se detallaron los crímenes cometidos “durante las administraciones de Gustavo Díaz Ordaz (1964-1970), Luis Echeverría Álvarez (1970-1976) y José López Portillo (1976-1982). Durante esos sexenios, cientos de ciudadanos mexicanos - tanto civiles inocentes como militantes armados-fueron asesinados o "desaparecidos" por fuerzas militares y de seguridad. Miles más fueron torturados, ilegalmente detenidos, o sujetos a hostigamiento y vigilancia por parte de las autoridades”. En este informe “se constata que el Estado mexicano, a los más altos niveles de mando, impidió, criminalizó y combatió a diversos sectores de la población que se organizaron para exigir mayor participación democrática en las decisiones que les afectaban, y de aquellos que quisieron poner coto al autoritarismo, al patrimonialismo, a las estructuras de mediación y a la opresión. El combate que el Estado emprendió en contra de estos grupos nacionales –que se organizaron en los movimientos estudiantiles, y en la insurgencia popular- se salió del marco legal e incurrió en crímenes de lesa humanidad que culminaron en masacres, desapariciones forzadas, tortura sistemática, crímenes de guerra y genocidio –al intentar destruir a este sector de la sociedad al que consideró ideológicamente como su enemigo- [...] Los principales hechos que consideramos que deben ser esclarecidos, en respuesta a las demandas de la sociedad, es lo sucedido en torno al movimiento estudiantil de 1968 y las políticas de Estado que ocasionaron la represión del movimiento estudiantil, la suerte de los detenidos que fueron desaparecidos durante la llamada ‘guerra sucia’, el trato que recibieron los detenidos que fueron señalados de apoyar la guerrilla y las políticas de contrainsurgencia que siguió el Estado mexicano llegando, incluso, a la ejecución extrajudicial de detenidos, así como los delitos de lesa humanidad que instrumentó en contra de su propia población”.

No está de más destacar que esos crímenes cometidos durante esos gobiernos priistas, principalmente el caso de Tlatelolco, no solo nunca fueron condenados por el régimen de Fidel Castro en Cuba, sino que también fueron silenciados por la prensa oficialista del castrismo. Fidel Castro mantenía estrechísimas relaciones con los gobiernos del PRI.

Desde la época de Lázaro Cárdenas ha estado funcionando en México una especie muy a la mexicana del Estado Corporativo, influencia del fascismo italiano que intentaría calcar Fidel Castro al inicio de su hegemonía. Así el informe de la fiscalía que estamos analizando expresa: “En México, el movimiento social es mediatizado y corporativizado por el Estado. Los sectores campesino, obrero y popular son organizados como ‘estructuras de mediación’. La defensa legítima de los intereses de los trabajadores se penaliza en un ordenamiento legal que la criminaliza. Las organizaciones sociales que el Estado no logra mediatizar son tratadas como subversivas; sus líderes son encarcelados acusados de este nuevo delito o son eliminados selectivamente. La represión de que fueron objeto los sectores combativos, la huella de impotencia que estas organizaciones dejaron en sus agremiados por no defender sus intereses –ya sea porque fueron corrompidas o porque fueron reprimidas-, el descrédito de las organizaciones sociales que eliminaron a sus dirigentes más honestos y, los sindicatos del sector público y gubernamental que terminaron por corromper las propias organizaciones educativas o productivas o de servicios dieron como resultado un escenario de desencanto y desmovilización con un poder de organización independiente prácticamente nulo”.

El PRI constituyó una verdadera dictadura disfrazada de democracia, una “dictadura perfecta” como la denominara Mario Vargas Llosa en 1990 cuando en una conferencia de prensa en la ciudad de México expresara: "México es la dictadura perfecta. La dictadura perfecta no es el comunismo. No es la URSS. No es Fidel Castro. La dictadura perfecta es México".

El PRI, por otra parte, implementó los principios del neoliberalismo como teoría rectora de la economía nacional. Los resultados fueron un gran crecimiento industrial aliado a una elevada diferenciación social, haciendo de los ricos, más ricos y más empobrecidos a los de menos recursos. Es el capitalismo salvaje donde el patrón posee todos los derechos con merma de los derechos laborales. En este marco el poder político queda prisionero del poder económico, una forma de intervencionismo, no la del Estado en la economía, sino la de la economía en el Estado.

Cuando se conocen estos antecedentes de la política de México y sus agudas contradicciones sociales, nada puede resultar ilógico que una abrumadora mayoría de mexicanos le dieran su respaldo electoral a AMLO.

Otro de los personajes con los que se ha relacionado López Obrador es esa patética figura, caricatura ridícula de Mao y Ernesto Guevara, el Subcomandante Marcos; sin embargo, ambos ya se han distanciado desde el 2013, cuando López Obrador dijera: "Puede haber diferencias, que las hay. De parte nuestra te diría que no tenemos pleito con la dirección [del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN)]”; luego apuntó: “No tenemos pleito con la dirección del EZLN, pero ellos siempre dicen que sí hay problemas con nosotros”. Luego con fecha 15 de octubre de 2016, en un tuit López Obrador criticó al EZLN refiriéndose a la postulación de la dirigente indígena María de Jesús Patricio Martínez, Marichuy:

El EZLN en 2006: era "el huevo de la serpiente". Luego, muy "radicales" han llamado a no votar y ahora postularán candidata independiente.

La respuesta del subcomandante Galeano (antes Marcos) fue: “Si somos una creación del salinismo, si nuestra apuesta era dividir el voto, ¿por qué el innombrable malo no movió sus gentes para meter las firmas”.

Muchos de los que sienten recelos con respecto a AMLO ─ incluido yo mismo ─ están motivados por la idea de su supuesto chavismo. Sobre este tema, Adrián Espallargas, del diario El Confidencial señala:

“López Obrador, por mucho que se insista, no es Chávez, ni el México de 2018 es la Venezuela de hace veinte años. Los orígenes de estos carismáticos políticos latinoamericanos son diametralmente opuestos. Chávez era un militar totalmente desconocido para el público venezolano hasta que dio aquél fallido golpe de Estado en 1992. Tras ser indultado, ganó popularidad y se metió en política para arrasar en las elecciones de 1998. AMLO, en cambio, lleva casi cuatro décadas en política e incluso fue alcalde de la Ciudad de México durante cinco años, un pasado que permite radiografiar el tipo de gobernante que es.

“En sus cinco años como jefe de gobierno del entonces DF (ahora CDMX), López Obrador no se caracterizó por el despilfarro ni demonización de la empresa privada. De hecho, la inversión extranjera se mantuvo a niveles similares a anteriores y posteriores, mientras que la deuda creció un 26,3% entre 2000 y 2005, un aumento considerable pero dentro de unos límites normales. Es más, Moody’s y S&P daban calificación AAA a la deuda del DF, su nota más alta, en el último año de AMLO como alcalde. Y, para más inri, en 2004 fue elegido segundo mejor alcalde del mundo por la organización City Mayor, la misma que eligió a Iñaki Azkuna, fallecido edil de Bilbao, mejor alcalde en 2012.

“Los programas sociales fueron el mayor logro de AMLO. Su gran éxito fue la creación de una pequeña pensión de para mayores de 70 años, una medida que al poco tiempo fue adoptada a nivel nacional. Dio ayudas a madres solteras y personas de bajos recursos. También hubo desarrollos de infraestructuras de transporte público, el Metrobús, y construcción de carreteras de peaje.

“Chávez y López Obrador, sin embargo, sí que guardan ciertas similitudes como su discurso dirigido a las clases menos pudientes. Primero, el continuo uso de figuras históricas para venerar un pasado glorioso. Para Chávez y Maduro, el héroe es Simón Bolívar. Para AMLO ese es Lázaro Cárdenas, quien en 1938 nacionalizó los activos petroleros en manos de empresas extranjeras y los dejó en manos de Pemex (...) AMLO no es un recién llegado a la política mexicana, pero se nutre de ese cansancio del pueblo con las élites para lograr al fin la victoria en su tercer asalto a Los Pinos, residencia oficial del presidente de México. Si no logra ganar los comicios, ya ha asegurado que se irá a La Chingada, nombre de su finca -y que en mexicano significa ‘irse a la mierda’-.”

No obstante, hay algo que me mantiene en alerta ante su futuro gobierno, y es aquella frase suya, dicha en el discurso de celebración, tras su victoria electoral; una frase que me recuerda un poco a la manera de pronunciarse Fidel Castro: “Llamo a todos los mexicanos a no poner por encima los intereses personales por legítimos que sean. Hay que poner por encima el interés superior”. Este un eslogan propio del fascismo italiano. La renuncia a los interese personales ante los intereses de toda la sociedad. Y sí se es fiel a este concepto se puede llegar hasta el punto de negar los derechos individuales recogidos en la Declaración Universal de los Derechos Humanos.

jueves, 14 de junio de 2018

Novela en preparación: Una casita a la orilla del mar


Mario J. Viera


I

Todas las mañanas, antes de que el sol caliente demasiado, voy hasta la playa. No queda muy lejos de donde vivo, pero, no obstante, voy en mi viejo carro. Cuando llego a la playa, camino un poco por la blanca y húmeda arena, disfrutando la brisa marina y el adormecedor rumor de las suaves olas que se mueren en la orilla. Acostumbro siempre a sentarme en el mismo banco pintado de verde colocado bajo un uvero, y allí me quedo contemplando la azul distancia del horizonte y las aves marinas que vuelan en torno. A estas horas, pocos son los que concurren a este apacible lugar. Dicen, me dice la gente joven sonriendo, que son manías de viejo esta costumbre mía de acercarme al mar. Pero a mi nada me importa lo que puedan decir, porque ese par de horas que paso en la tranquilidad playera, me confortan y me ayudan a meditar, y pensar en las cosas del día y, también, recordar.

Quizá esto sea lo más importante: recordar. Y aferrarse a los recuerdos que, con el transcurrir de tiempo, se van haciendo borrosos o se confunden con los vividos en otras circunstancias. En ocasiones intento, y muchas veces fallo, agrupar cronológicamente las memorias de mi vida, distinguir las épocas y las fechas de mis vivencias. Las fechas... Algunos piensan que son muy importantes, y tal vez lo sean para los textos de historia, pero para los simples recuerdos, que llegan en torbellino y también en torbellino se escapan, no son ─ así lo creo ─ de importancia para uno que solo recapitula retazos de su vida. Puedo recordar los cumpleaños de mis hijos sin importarme mucho en qué años nacieron. Pero recuerdo muy bien, como si hubiera sido ayer mismo, dónde me encontraba y qué estaba haciendo, cuando nació mi primer hijo... ¡Cómo olvidarlo!

Fue aquella una época complicada, aquella cuando nació mi primer hijo. Yo estaba por cumplir mis 24 años... ¡Quién me habría dicho entonces que podría alcanzar la edad con que ahora cuento! ¡Ochenta y cinco años! ¡Sí, tantos!, pero todavía mi mente es clara y puedo pensar y puedo recordar, si hasta a veces, me olvido de la edad que tengo... Pero no me engaño, ¡ya no tengo aquellos años que tenía cuando nació Alfredito! Eso de ponerle Alfredo a mi primogénito, fue ocurrencia de mi mujer, por eso de mi nombre de Alfredo, pero Alfredo no es mi nombre. Me llamo Esteban Alfredo, no simplemente Alfredo, aunque todos los conocidos míos y hasta mis padres y mi esposa, siempre me llamaron por mí segundo nombre, Alfredo... ¡No sé por qué! Aunque realmente, para todos, ni siquiera me llamaba Alfredo, sino Alfre. Puede que este trastrueque de nombre se deba a que mi abuelo materno se llamaba Esteban, y... ¡claro está, ese nombre no podía ser del agrado de mi padre...! Si es que ese abuelo mío, el padre de mi madre, siempre estuvo opuesto al matrimonio de mi madre con mi padre. Y la razón era porque mi padre fue un sencillo empleado de ómnibus, un hombre pobre, sin una educación superior, y para mayores contratiempos, era comunista, y eso, mi abuelo no lo podía admitir y, nunca le perdonó a mi madre que se hubiera casado con mi padre. 

¡Qué tipo era ese mi abuelo! Un catalán coloradote dueño de una gran ferretería y propietario de dos edificios de apartamentos, y una pequeña casa que a nadie rentaba, además de tener, por Quivicán, unas buenas tierras rojas de cultivo. No era rico, pero se lo creía ser. Y con todos sus pujos, creo que ese abuelo mío era un putañero de los de primera, y, con más, bastante agarrete. Pero mi abuela, era una mujer opaca que, por más solvente que estuvieran, no dejaría nunca de ser una acuciosa ama de casa. Con ella todo tenía que estar bien limpio y bien ordenado. Sus sábanas al sol encandilaban a quien las mirara de tan blanca que eran. Las camas con sus sobrecamas bien estiradas, casi con la exigencia de un cuartel militar.

Siempre la recuerdo menudita y piadosa, mascullando oraciones sobre las cuentas negras de su rosario de azabache, y sentada en aquella mecedora criolla forrada de almohadones perfumados de lavanda. Su adorno más distintivo era su modo de conversar apacible y delicado, con ese donaire propio de las personas instruidas. Si junto a su cama nunca faltó un Imitación de Cristo de Kempis, tampoco dejaban de estar presentes, La Divina comedia de Dante Alighieri, algunos de los tomos de los Episodios Nacionales de Benito Pérez Galdós y hasta un voluminoso ejemplar de La Guerra y la Paz de León Tolstoi y, ¿por qué no?, también una edición en rústica de las Rimas de Gustavo Adolfo Bécquer. Recuerdo que una de sus máximas favoritas, y que nos soltaba de vez en vez era aquella de: “Nuestra estimación y nuestro sentimiento, a menudo nos engañan, y conocen poco”, extraída del Kempis. Era todo lo contrario al ignaro de su marido cuyo único talento intelectual parecía que fuera el de contar dinero.

Mis abuelos paternos diferían en mucho de los maternos. Procedían de las Canarias, y habían llegado a Cuba, allá por el 1908, siguiendo a mis bisabuelos, los que, buscando mejores condiciones de vida, habían llegado dos años antes. En la provincia de Camagüey, mi bisabuelo adquirió diez caballerías de buenas tierras de labor, que, en aquella época, según me contaron, se vendían a muy bajo precio.

Pero mi abuelo no era hombre que se sintiera cómodo laborando en el campo. Él prefería las zonas urbanas y se quedó a residir en La Habana en un cuarto que un paisano suyo le había facilitado. Cuenta mi abuela que tenían dos hijos pequeños en aquel entonces y que ella se encontrada embarazada. Mi abuelo quiso ser albañil, o más bien, quiso continuar trabajando en la albañilería como lo hacía en la isla de Tenerife. Logró conseguir empleo en una brigada de constructores y salió muy dispuesto el primer día para emprender la labor. ¡Ah, él pensaba destacarse en aquel empleo! No le faltaba experiencia y habilidad, pero..., la albañilería en Cuba difería en mucho de la que él practicaba en su isla de origen. ¡Se empleaba ladrillos, cal, arena y cemento! Y de eso no tenía la menor idea, ya que siempre trabajó en construcciones de paredes de piedra que se cementaban empleando como mortero lodo y paja, ¡nada de cemento, arena ni cal!

Pero no se amilanó, ¡qué va! Era muy despierto y muy osado. Prestó atención en cómo hacían los albañiles criollos, y como sabía manejar muy bien la escuadra y la plomada..., le agarró el golpe al modo de hacer. En muy poco tiempo se convirtió en un hábil operario con la cuchara, la plana y la llana. No, si hasta llegó a ser, al cabo de pocos años, un experto maestro de obras... Y el dinero comenzó a llegarle y a mejorar algo su modo de vida. Pero si agarrete era mi abuelo materno, este otro, mi paterno abuelo, era un completo botarate y lo que le entraba por una mano se le escapaba por la otra.

Sabía hacer negocios y sacar buenos dividendos de los encargos que recibía y moverse dentro del mundo de las apariencias en los negocios; si hasta viviendo en una cuartería barata de La Habana Vieja se había encargado de tener a su servicio a un chofer particular, hasta con uniforme, y eso que no tenía auto propio, pero siempre había alguno que le prestaba el vehículo para que gestionara algún encargo o algún contrato. Mi abuela, Doña Carmen fruncía el ceño y murmuraba con enfado por toda aquella parafernalia que mi abuelo construía en torno suyo, pero él se echaba a reír y continuaba viviendo sus fantasías.

De este modo, todos los domingos, mientras mi abuela no dejaba de acudir a la misa, en la catedral, tampoco él dejaba de acudir a su lugar favorito, el bar del Hotel Ambos Mundos en la esquina de las calles Obispo y Mercaderes. Allá acudía vistiendo su traje de dril cien y su habitual, su sempiterno sombrero de jipijapa (nunca le gustaron los sombreros de pajilla, tan de moda en aquellos años treinta), bueno, se trataba de un lujo que gustaba darse... Las apariencias, que, pretendiendo a engañar a otros, terminan por engañar a uno mismo. Se trataba, por parte de mi abuelo, de conservar la “buena opinión”. Apenas le recuerdo, murió cuando escasamente yo había cumplido los ocho años de edad, pero en mi memoria guardo aquella jovialidad suya, aquella su alegría de vivir y su faceta de cuentero, no del cuentero que relata chismes, sino aquel capaz de fabular, de contar historias hilarantes de ficción, nacidas de su exuberante imaginación, que hacía de su Tenerife natal un mundo de fantasías, de lo real maravilloso, plagado de simpáticas brujas que volaban entre las nubes: “Abuelo, ¿y por qué en Cuba no hay brujas voladoras?” “Por las palmas que crecen en todas partes y, cuando su cogollo se abre, es como si en lo alto se abriera una cruz; es por eso que en Cuba no vuelan brujas, porque las brujas no pueden volar delante de la cruz”.

Doña Carmen, mi abuela paterna, siempre la recuerdo, de figura recta y de carácter aún mucho más recto. Una mujer que nunca se rendía; que poseía más madurez en sus años mozos, que la que hubiera podido alcanzar su marido en todos sus años. Sabía ahorrar. Siempre tenía guardado algún dinerito, de lo poco o lo mucho que lograba salvar, antes que mi abuelo lo despilfarrara. Así, en los momentos difíciles, siempre podía contar con algo para enfrentar la mala racha. Para ella lo superfluo siempre sería superfluo, gastar en bagatelas era como escupirle al rosario; mejor comprarles ropas a los críos, que gastar dinero en juguetes; ¿por qué hacer una cena de Navidad con exceso de golosinas y asados, con mucho arroz blanco y congrí y variedades de licores, si se podría celebrar la fecha con una modesta cena en familia? ¡Y no era una persona a la que pudiera llamarle de tacaña! Era una mujer pragmática, que ante la necesidad de algunos de sus cercanos no se prohibía negarle cualquier ayuda financiera, ¡para eso es el dinero!

En la viudez, viviendo sola, no se arredró y se fue a vivir en medio del campo, en el pedazo de tierra labrantía que heredara de su padre y atendía personalmente su plantío de caña y su plantación de plátanos. Ella misma, con solo el auxilio de un jornalero canario, desyerbaba con azadón, atendía al regadío y controlaba las cosechas. Y no temía vivir en la soledad del campo, porque “quien tiene a Dios, no siente temor y anda en buena compañía. ¡Nunca se está en completa soledad!”

lunes, 23 de abril de 2018

¿SABES DE QUÉ TENGO GANAS?


Fernando Mires. Blog POLIS

¿Sabes de qué tengo ganas?
Intérprete. Olga Guillot. Autor: Salvador Vásquez


¿Sabes de qué tengo ganas?/ de perderme en esta noche/ y entregarme a tu cariño/ ¿Sabes de qué tengo ganas?/ De dormir desde este viernes/ y despertar el domingo/ ¿Sabes de qué tengo ganas?/ De que el sol salga esta noche/ del amor hacer derroche/ hasta hacerte enloquecer/ De adorarte sin medida/ aunque después de esos días/ pasen dos o tres semanas/ sin mirarnos otra vez/ No me niegues lo que pido/ quiero ser feliz contigo/ entregarme a tu cariño/ entregarme sin medida/ ¿Sabes de qué tengo ganas?

La expresión “tengo ganas” puede ser ordinaria, pero de ser sincera, lo es. “Tener ganas” es la expresión vulgar de tener un deseo, del mismo modo que tener un deseo es la expresión vulgar de tener un anhelo. Resultaría muy cursi decir, por ejemplo, tengo anhelos de comer un bife. Los anhelos son deseos del alma; los deseos, anhelos del cuerpo; y las ganas, deseos más acuciosos del cuerpo (comer, beber, copular). De tal modo que lo que da forma al anhelo, al deseo y a las ganas es, antes que nada, el objeto del placer. El objeto determina, si no al sujeto, la forma del sujeto, o lo que es parecido: su modo gramático de representación. Si bien las ganas, los deseos, o los anhelos anteceden al objeto del placer, adquieren su “modo de ser” cuando aparece el objeto. El objeto del placer no crea el placer, pero le da sentido, lo ordena, lo configura y, en cierto modo, lo detiene.

Los placeres y sus objetos han sido temas predilectos de la filosofía, sobre todo de la filosofía moral. Y es evidente, porque si no existieran los placeres tampoco existiría la moral ya que el sentido de la moral es regular los placeres como también dictaminar cuáles nos están permitidos y cuáles no. La moral está hecha de renuncias y a lo que se renuncia es a lo que nos gusta, puesto que si no nos gustara no tendría sentido renunciar y la moral estaría de más. Y si hablamos de moral con relación a los placeres que nos depara la vida, más que recurrir a Kant, hay que dirigirse a Aristóteles quien es el filósofo moral por excelencia, hasta el punto de que para Aristóteles, el sentido primero y último de toda filosofía, era la moral. O mejor dicho: la ética.

La moral es imperativa y cuando ya está pre-escrita -sobre todo en mandamientos y leyes- es inapelable. La ética en cambio es discursiva, y surge como resultado no de un mandato sino del uso de la razón. Ahora, con relación al placer, Aristóteles diferenciaba entre los placeres que él llamaba “necesarios” y aquellos que consideraba optativos. Los placeres necesarios son los naturales y vienen del cuerpo y del alma (comer, amar, pensar); los optativos, como su nombre lo dice, tienen que ver más bien con la vida social (tener éxito, vestir bien, hacer riquezas). En los dos casos, el placer viene del displacer y el displacer es ausencia de placer. Todo displacer es “tener- un-no-tener placer”.

Siempre deseamos lo que no tenemos y lo que no tenemos y deseamos nos produce displacer y al mismo tiempo “ganas” de tener placer. Las “ganas”, con toda su vulgaridad, adquieren en este bolero una dimensión altamente erótica. Mediante el recurso de “tener ganas” el deseo de amor se transforma en un asunto de vida o muerte, lo que puede que no sea cierto, pero así expresado son las “ganas” semi-metáforas mediante las cuales Olga Guillot intenta hacer inteligible sus deseos de amor. Para ella como para Aristóteles, los placeres del cuerpo son “valores” que hay que conseguir como si fueran alimentos.

Aristóteles no habría sido griego si no hubiese acordado a los placeres un lugar importante en la vida. Sin embargo, como además de griego era filósofo, abogaba por una regulación ética de los placeres y en ese proyecto encuentra que los llamados displaceres pueden ayudar a dicha regulación. La ilimitación de los placeres, el así llamado “desenfreno”, puede ser, y lo ha sido en muchos casos -tanto para los individuos, como para las culturas- algo muy destructivo. De ahí deduce Aristóteles que los placeres deben ser condimentados con determinadas cuotas de displacer. Más aún, opinaba que bajo las condiciones de la regulación del placer que impone el displacer el goce del placer puede ser incluso más intenso que si no tuviera frenos. Esa paradoja la conocía Olga Guillot. No por casualidad ella anuncia que por un lado, tiene ganas. Pero, ojo: ella ha propuesto limitar sus ganas en el tiempo, a saber: desde el viernes hasta el domingo. Nada más que un fin de semana. Todas sus “ganas” serán concentradas en un simple week-end.

¿Por qué no prolonga sus ganas hasta el lunes o martes? Yo sé lo que me respondería mi amiga Diotima, la Cubana: “Pero chico, Olga tiene que trabajar el lunes”. De ahí entonces que las ganas de Olga aparecen, aún en este apasionado bolero, limitadas en su extensión temporal.

Ahora, supongamos por un momento que es cierto que Olga Guillot tiene que ir a trabajar el lunes. El trabajo es una obligación y asistir puntualmente al trabajo es también una obligación moral. Como decía Oscar Wilde: “todo lo que no hacemos por amor, es una obligación". Luego, entre las ganas amorosas de Olga y la obligación moral surge un compromiso: dedicarse intensivamente al amor desde el viernes hasta el domingo, y nada más.

Por cierto, el amor de Olga Guillot, como todo amor, quisiera prolongarse a lo largo de la vida y si fuera posible, más allá también. Pero una obligación, o lo que es casi igual, un displacer, detiene en este caso el avance del placer y al mismo tiempo evita el displacer que surge como consecuencia de un exceso de placer. Faltar el día lunes sin una justificación puede producir un displacer muy intenso en el lugar de trabajo. De acuerdo a este caso, el displacer ha sido puesto por Olga al servicio del placer. Del amor hacer un derroche, sí, incluso enloquecer, pero hasta el domingo y nada más. Punto. La limitación del placer en el tiempo puede llevar en muchos casos a un aumento de la intensidad del placer.

A veces pienso que es la limitación temporal la razón principal del placer. Pero no sólo del placer. Contaba Sigmund Freud que algunos pacientes hablaban vaguedades durante la consulta, hasta el momento en que Freud miraba el reloj y anunciaba: “Restan cinco minutos”. Entonces, en esos cinco minutos, el paciente contaba todo lo que no había querido o podido contar en cincuenta minutos. Así sucede con nuestras vidas. Si alguien nos asegura que el próximo mes vamos a morir, haríamos y diríamos en este mes lo que no hemos hecho ni dicho en toda una vida. La disminución del tiempo requerido puede ser en algunos casos condición de ganancia. Esa es la diferencia entre la economía clásica y la economía del amor. Y la palabra ganancia, no lo olvidemos, tiene también algo que ver con “tener ganas”.

La verdad es que la mayor parte de los placeres naturales son expansivos, en algunos casos, imperialistas, y la tendencia de los placeres es convertirnos en vasallos de su goce. El placer es placer del vivir y el vivir no quiere morir, de modo que el vivir busca extenderse más allá de la muerte. Frente a las tendencias expansivas del vivir no tenemos otra alternativa que oponer cuotas de displacer, y el displacer es la representación de la muerte. Por lo tanto, estamos obligados a dosificar el placer como el displacer, estableciendo, como Olga Guillot, relaciones de compromiso de los unos con los otros, intentando poner el principio de la muerte al servicio de el de la vida. No siempre logramos ese objetivo. Hay muchos que hacen un mal compromiso y la muerte termina imponiéndose. Al fin y al cabo, hacer buenos compromisos es casi un arte político.

Es cierto que no hay nada más alejado del amor que la política pero también es cierto que si queremos vivir sin sobresaltos, debemos practicar una política personal, mediando permanentemente entre nuestros deseos y nuestros deberes. Aristóteles recomendaba a sus oyentes (estuve a punto de escribir pacientes) elevar sus deseos hacia los placeres que proporciona el pensamiento pues el pensamiento -al anidar en las almas, y al ser las almas eternas- tiene muchos menos límites que el cuerpo, de modo que el goce espiritual puede ser mayor que aquellos que nos proporciona el cuerpo. Pero de todas maneras, recomendaba Aristóteles, no hay que abandonar a nuestro cuerpo. Sin ese cuerpo no podríamos pensar jamás. El problema central de toda ética, desde Aristóteles hasta hoy, es como lograr una armonía entre lo que no debemos y deseamos hacer y lo que debemos y no deseamos hacer.

No voy a citar esta vez a Diotima, la Cubana. Pero sí citaré a alguien que nos es muy familiar: Mafalda, la del famoso Quino. Decía una vez Mafalda: “El problema es que todas las cosas buenas de la vida tienen un “pero”: son ilegales; son inmorales o engordan”.

Referencias:

Aristóteles Nikomachische Ethik, Reclam, Sttutgart, 2004a
Aristóteles Topik, Reclam, Stuttgart 2004.