miércoles, 22 de agosto de 2012

Las drogas, otro problema


Luis Cino Alvarez. CUBANET

Dicen que la ketamina es capaz de tumbar a un caballo. Y es cierto: los veterinarios la utilizan como anestésico. Aseguran que no crea adicción, que te pone eufórico enseguida. Pero a algunos les causa estados de pánico o ansiedad. De cualquier modo, lo peor viene después, cuando pasa la euforia inicial y empieza el dolor de cabeza, los vómitos y los mareos. A veces, la sobredosis puede resultar letal.

Pero la coca no está al alcance de todos los junkies. En Cuba, las diferencias sociales también se sienten entre los adictos a las drogas. “Halar polvo” es un lujo que solo se pueden dar algunos pudientes: macetas,  jineteras, músicos, hijos de papá. El resto se tiene que conformar con las anfetaminas o la marihuana.

En los últimos años, la ketamina –o kit-kat, como también la llaman-  compite con la  amitriptilina y el parkisonil (“el paco”), que se venden de 15 a 20 pesos la pastilla en el mercado negro (en las farmacias sólo se venden por prescripción médica).

En Cuba, desde hace más de cuatro décadas, estas pastillas son utilizadas por algunos adolescentes y jóvenes para “arrebatarse”.

En los años 70 la más utilizada era el desartedrón, que se tomaba con cerveza o ron para acelerar y reforzar su efecto.

El fenómeno de la droga, pese a  las periódicas redadas policiales y las severas sanciones del Código Penal, nunca se erradicó del todo, como pregonaba hasta hace una década la propaganda oficial. Ni siquiera lo consiguió la Operación Coraza, a inicios del año 2003.

Al menos la marihuana nunca ha faltado. En los años 80 un cigarro costaba 10 pesos.  Hoy cuesta el doble y hasta el triple, pero la calidad es mejor. Ya casi no circula la llamada “yerba de parque”  que tanto defraudaba a los “que sabían”. Desde hace unos años, los adictos se refieren a la “marihuana yuma” (¿colombiana?), “la buena”, y desdeñan la nacional. La primera cuesta no menos de dos CUC el cigarro; la otra se consigue a la mitad.

En casi todos los barrios hay alguien que  vende marihuana. Y los compradores no son únicamente  rastas y  freakies, como aseguran ciertas leyendas urbanas.

Tropas Guardafronteras, con bayonetas y perros, y los cederistas de los Destacamentos Mirando el Mar vigilan las costas en pos de los frecuentes recalos, procedentes  fundamentalmente de Jamaica y Colombia.

Existen  clínicas de desintoxicación, los spots televisivos advierten del peligro de las drogas  y funciona desde hace unos años una Línea de Ayuda para los adictos, que muy pocos utilizan, porque no confían en la total discreción que dice garantizar.

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