martes, 8 de diciembre de 2020

¿RECUERDAN 1957-58…?

Mario J. Viera

 


Cubadebate denuncia las “Falsas analogías”, y se presta para ello, un redactor de nombre Yunier Javier Sifonte Díaz, Y dice Sifonte Díaz que hay “un pequeño sector” que muestra en las redes unos argumentos que espantan”; vamos, “que comparan el asalto al Cuartel Moncada, a Radio Reloj, y las acciones del Directorio Revolucionario durante la lucha clandestina, con los llamados a tomar ahora estaciones de radio y televisión, romper tiendas o promover la violencia en las calles”. Sifonte Díaz está perplejo no sabe, dice, si se trata de “un desconocimiento absoluto de la historia, un oportunismo atroz o una falsa ingenuidad”, el igualar ambos escenarios, pero se decide por la última opción. La de la “falsa ingenuidad”.

 

Si se comparan ambos escenarios, el existente, por ejemplo, en 1957-58, con el actual, con el que se está viviendo en la Cuba de ahora, el reportero, cronista, redactor o alabardero de Cubadebate, llega a la siguiente conclusión: “Todos darían argumentos suficientes para contrarrestar el sinstentido (Sic)”. ¡Claro está que es un sinsentido tratar de igualar ambos escenarios! ¡No faltaba más! Parece ser que este Yunier, de quien se dice es graduado de periodismo en la Universidad Central "Marta Abreu" de Las Villas en el año 2016; que es, además, periodista de Telecubanacán y colaborador o (esto no se agrega a su nota identificativa) reportero o cronista o redactor o alabardero de la nómina de Cubadebate, nacido después de 1959. De lo ocurrido en 1958, solo conoce lo que le han contado, lo que le han enseñado en la escuela o en la universidad, y, por tanto, demuestra, en lo que escribe y deforma que responde a “un desconocimiento absoluto de la historia”, o a “un oportunismo atroz o una falsa ingenuidad”, que quizá sea, muy probablemente, todo esto junto.

 

¿Los objetivos? El redactor de Cubadebate pretende analizar los objetivos diferenciales de los dos escenarios que analiza, y plantea los siguientes interrogantes que resalta en negrita: “¿Qué perseguía la Generación del Centenario? ¿Qué construyó cuando llegó al poder? ¿Contra qué proyecto de país luchaba?” La respuesta que se le dé a tales preguntas. para el redactor, cronista, colaborador o alabardero de Cubadebate, “implica llegar a una historia de verdadera lucha por la libertad, por la dignidad de la Patria y por la inclusión social, entre otros muchísimos logros”. En primer lugar, no existía como organización ninguna “generación del centenario” eso solo existe como eslogan del castrismo.

 

Pero aceptemos lo de “generación del centenario” como hipótesis para centrarnos en qué perseguían aquellos jóvenes que formaban parte del Directorio Revolucionario, del Movimiento Revolucionario 26 de Julio y, también, los que integraban la Organización Auténtica, que también existía, aunque ahora algunos alabarderos del régimen, como este Yunier, pretenden como desconocer, quizá, por una falsa ingenuidad. En primer lugar, el rescate de la Constitución de 1940, pisoteada por el golpe de estado del 10 de marzo de 1952; pero también se luchaba contra la corrupción del gobierno batistiano, e incluso también de la corrupción presente en gobiernos anteriores al golpe de estado; se luchaba contra los excesos de la policía y las fuerzas armadas, puestas al servicio del gobierno usurpador, tal como ahora, coincidentemente, ocurre en Cuba; se buscaba el rescate de los derechos humanos violados por la dictadura batistiana, tal como coincidentemente, es lo mismo por lo que ahora se lucha en Cuba; se luchaba por la libertad de opinión, de libertad de prensa sin censura, como coincidentemente ocurre en la actualidad cubana; se luchaba por el respeto de la autonomía universitaria, que el castrismo en el poder con un firmazo suprimió; se luchaba por la independencia económica de Cuba, dependiente de un solo mercado externo, por la redistribución de la tierra ociosa a favor de campesinos libres, no por la propiedad de la tierra por el Estado.

 

Recordemos el asalto al Palacio Presidencial. Acto tremendo, violento, para asesinar al dictador en su misma madriguera, y para quitarle a Fidel Castro su protagonismo caudillista. El asalto al Palacio Presidencial, una acción coordinada entre estudiantes universitarios y miembros del Partido Revolucionario Cubano (auténtico), la gran mayoría, católicos y anticomunistas, donde resaltaba la figura del presidente de la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU) y del Directorio Revolucionario, José Antonio Echeverría.

 

Recordemos 1958; recordemos aquel detestable alabardero del batistato de nombre Otto Meruelo, que rompía lanzas a favor del régimen en su programa diario por la TV cubana, alabardero como hoy tantos han aparecido para alabar a un régimen impuesto sin acatamiento popular en un sistema donde floreciera la diversidad política. Hoy los Otto Meruelo se encuentran multiplicados en los noticieros de la TV, en los periódicos, todos bajo la égida de un solo y único partido político.

 

Es patético Yunier cuando expresa: “¿A quién ya se le olvidó la mirada de José Luis Tassende, la muerte de José Antonio, la brutalidad contra Lidia y Clodomira, los muchachos de Humboldt 7, la vida de Frank, los ojos de Abel? ¿En serio vamos a comparar tanta grandeza?” Era esa la brutalidad de un régimen dictatorial. Tassende, asesinado tras ser apresado vivo en el interior del cuartel Moncada; pero Tassende había asaltado aquel cuartel en la asonada de Fidel Castro, vistiendo el mismo uniforme de los asaltados y disparando contra los soldados, provocando la furia homicida de la soldadesca que buscaba venganza por la muerte de algunos de los suyos.

 

¿Y Frank Pais? ¿La vida de Frank País? ¿Qué sabe Yunier de la vida de Frank Pais, bautista de religión y anticomunista?; en él se unía el hombre práctico, civilista, junto al revolucionario capaz de hacer cumplir el llamado del ojo por ojo; que chocó con Castro por la independencia del movimiento en el Llano de la comandancia de la Sierra. ¿Qué sabe de su muerte? Yunier solo conoce lo dicho por Castro. Nada sabe sobre las sospechas de la actuación de Vilma Espín en la delación conducente al asesinato del gran líder del Llano.

 

Yunier menciona “Los llamados a tomar ahora estaciones de radio y televisión, romper tiendas o promover la violencia en las calles” supuestamente presentes en la oposición al PCC. ¿De dónde extrae Yunier estas conclusiones? Nada determinante dentro de las actividades de la oposición de corte no violento de Cuba. ¡Claro está que no existen analogías entre unos casos esporádicos de acciones de vandalismo y los actos cometidos por el Movimiento 26 de Julio en 1957-58, utilizando métodos que, muy bien ahora, pueden considerarse actos de terrorismo! ¿Qué algún exaltado arroje piedras contra los cristales de una tienda que opera solo en moneda libremente convertible? Solo se trata de algún hecho aislado. Recordemos 1957-58:

 

El 8 de noviembre, pero de 1957 Sergio González López, el Curita, que era católico, hizo detonar 100 bombas en La Habana, pero también los miembros del Irish Republican Army (IRA) eran católicos, pero no dejaban de realizar actos terroristas. En 1958, se produjo la mal llamada Huelga de Abril. Faustino Pérez, en 2009 hizo un recuento de las acciones de violencia que se realizaron en aquel día: “el asalto a la armería de La Habana Vieja, la voladura de registros de electricidad, los paros y sabotajes en varias terminales del transporte, la quema de gasolineras y de vehículos, la interrupción del tránsito de entrada y salida de la capital, los sabotajes, acciones y paros en Guanabacoa, el Cotorro, Madruga, el asalto a la emisora de Matanzas dirigido por Enrique Hart, el descarrilamiento de trenes en Jovellanos, el ataque al cuartel de Quemado de Güines y la interrupción de la Carretera Central en Manacas, las acciones del Condado en Santa Clara, la paralización y el dominio absoluto de Sagua la Grande, el asalto y sabotaje a la planta eléctrica de Vicente en Ciego de Ávila, acciones diversas en Camagüey, y la paralización prácticamente completa de todo Oriente por la acción combinada de las fuerzas guerrilleras y de la clandestinidad…” No fueron estos, hechos aislados que algún exaltado acometiera; se trató de acciones planeadas y ejecutadas de manera organizada. El Contralmirante (R) José Luis Cuza Téllez de Girón, historiador oficialista, hizo recordar lo ocurrido en Santiago de Cuba: “La represión no pudo impedir que se le diera candela a la fábrica de ron Rovira, a la fábrica de alpargatas Rubio y que se incendiara una tienda de ropas en la céntrica calle Enramadas y San Agustín”; no eran estas, acciones puestas en práctica por algún solitario exaltado, fueron actos netamente de vandalismo dirigidos, no contra posiciones militares del régimen de Batista, sino a empresas privadas que daban empleo a numerosos trabajadores.

 

¿Qué decir del desastre del vuelo 495 de Cubana de Aviación ocurrido el primero de noviembre de 1958, cuando miembros del Movimiento 26 de julio desviaron aquel vuelo hacia la Sierra Maestra, llevando equipamiento militar para la guerrilla serrana? Por errores y falta de planeamiento, el avión desviado se estrellaría en las cercanías del central Preston a orillas de la bahía de Nipe provocando la muerte de la tripulación ─ piloto, copiloto, sobrecargo y la azafata ─ y diez personas más, incluidos tres niños.

 

Ciertamente no existen analogías con aquel tiempo y el de ahora.

 

El 3 de septiembre de 1957 se produjo otro acto terrorista, cuando Urselia Díaz Báez, una muchachita de apenas 17 años, que ya antes había participado en acciones como lanzar cocteles molotov y romper vidrieras en centros comerciales, cuando muere al intentar hacer estallar una bomba de tiempo en el baño para Damas en el Cine Teatro América de la calle Galiano en Centro Habana.

 

Uno se pregunta ¿cómo pueden existir gente, como el colaborador, cronista, redactor o alabardero de Cubadebate, Yunier Javier Sifonte Díaz, afirmando: “Intentar legitimar la delincuencia, la doble moral y el entreguismo a partir de comparaciones como las vistas en los últimos días en las redes sociales implica, sobre todo, desconocer a un país y su gente”? Aunque parezca increíble, no lo es; siempre hay alguno que, por oportunismo, por ignorancia o por mala fe, entrega su pluma al servicio de una dictadura. Es increíble que, quien sí practica la doble moral, denomine como delincuentes, o como entreguistas, a todo un conjunto de personas por solo pensar, opinar diferente a como obliga a pensar y opinar la dictadura. Es inmoral, es falaz, todo aquel que intente definir al total por lo excepcional. Mercenario es todo aquel que por un salario, por algún pequeño privilegio venda su intelecto, junto a su dignidad al poder de una dictadura.

 

El descuidado Yunier debería tomar para sí, el consejo que hace al concluir su libelo: “se impone el estudio y el análisis, el sentido crítico y la alerta ante cantos de sirena y falsas posturas. Las claves de hoy están también en sostener ese otro diálogo con la historia y sus enseñanzas”.

 

domingo, 6 de diciembre de 2020

EL BURO POLITICO DEL PCC ORDENA, Y EL GRANMA, SU VOZ RONCA, RUGE

 Mario J. Viera

 


Se había prometido una entrevista, o un diálogo, si se quiere, de los plantados del 27 de noviembre con el Ministro de Cultura. ¡Claro que se trataba de una promesa!, pero las promesas pueden dejar de cumplirse cuando no se hacen en acatamiento a un acuerdo firmado por las partes interesadas. Por supuesto, un diálogo no es una negociación, es solo como afirma la RAE, una plática entre dos o más personas, que alternativamente manifiestan sus ideas o afectos, lo que, semánticamente, es muy diferente de la negociación, es decir, “tratar asuntos públicos o privados procurando su mejor logro”.

 

Cualquier tipo de dictadura, y en específico, una totalitaria, no acepta dialogar, solo practica el monólogo, y negociar no existe dentro de su glosario político. Era previsible que el supuesto diálogo jamás se produciría. No es fácil para una dictadura conversar con alguien que le reclama el debido respeto y le señale cara a cara sus errores y sus imposiciones. Ya bastante duro fue el prácticamente monólogo que los del 27 de noviembre le espetaron a la cara al indeciso viceministro de Cultura. El pobre hombre no sabía qué replicar; tenía que cuidarse de la refriega que los “de arriba” le harían si hubiera decidido a ser flexible. Sin embargo, hizo la promesa. El Buró Político del partido, que domina sobre el Estado y la sociedad, tenía que cancelar la tal promesa, pero debía tener, para ello, algo que pudiera ser una plausible negación.

 

Los 30 del 27 de noviembre no eran tan cándidos, como algunos radicalistas los han denominado. Ellos pusieron condiciones para la prometida reunión con el ministro de Cultura. Sabían que todo lo que en aquel encuentro se discutiera podría ser manipulado o tergiversado. Exigieron entonces que, como testigos oculares, estuvieran los medios independientes, no solo los corresponsales de los medios oficialistas. Si se iba al debate, un debate que iría más allá que el simple reclamo por los derechos de libre realización artística, pues no solo debía estar presente el ministro de Cultura, también deberían estar presente el ministro del órgano que dirige la represión, el MININT, y el ministro de Justicia, y, por supuesto, el denominado jefe de Estado, Miguel Díaz-Canel. Esa fue la excusa que necesitaba el Buró Político para cancelar el propuesto diálogo bajo el pretexto de ser condiciones no solo “inaceptables”, sino, además, “insolentes”. Y era de esperarse, tal respuesta. Si accedían a los reclamos del 27 de noviembre, se habría abierto una grieta en el muro del sistema totalitario por donde fluiría la libertad derribando diques, y esto es lo que más teme la dictadura.

 

El Buró Político dio la orden, y su testaferro en la presidencia del gobierno se apresuró a declarar estar abierto al debate, a las conversaciones, sí y solo, si es “por el socialismo y para todo lo que sea por la revolución”, cuando desde todo concepto ideológico, técnico e institucionalmente no hay tal “Revolución” en el poder. La revolución iniciada tras el golpe de estado del 10 de marzo de 1952, de carácter nacionalista, de defensa de los postulados de la Constitución de 1940, de esencia democrático-liberal, comenzó a trocarse en contrarrevolución, desde el primer día de enero de 1959, bajo la dirección de Fidel Castro; desde el mismo momento, cuando Fidel Castro, su hermano Raúl y Ernesto Guevara conspiraban en Tarará en contra del gobierno provisional de Manuel Urrutia y hasta la toma del poder político de

Castro, el 18 de julio de 1959, por medio de un golpe de estado mediático que provocó la renuncia del presidente Urrutia. Ese mismo día fue, cuando la revolución, dejó de ser, para transformarse en un régimen dictatorial de corte fascista.

 

Desde el Granma habló el PCC. Su ronca voz, asustada por la asonada noviolenta del 27 de noviembre, comenzó a proferir insultos y maldecir a Movimiento San Isidro y cocinar un intragable ajiaco de malanga, boniato y yuca, para mezclar el acto de protesta del MSI y la plantada frente al Ministerio de Cultura con algunos actos de vandalismo que, en diferentes ocasiones, desde el pasado año, se venían acometiendo en la isla, casos estos tan diferentes como diferentes son las familias botánicas de los componentes del ajiaco criollo.

 

Uso amplio han hecho de las páginas del Granma, de la televisión y de los blogs oficialistas que manejan agentes conocidos de la Seguridad del Estado para desacreditar los hechos de este mes de noviembre.

 

El régimen acusa a varios cubanos residentes en Estados Unidos de promover actos vandálicos y terroristas en Cuba, entre los que mencionan a  William Cabreras González, Michel Naranjo Riverón, Yoniel Cardoso Freire, conocido por Toniel y miembro del grupo “Clandestino”, Ana Olema Hernández, también identificada por el régimen como miembro de “Clandestinos”; Jorge Luis Fernández Figueras, supuestamente miembro de una organización denominada “Lobos Solitarios”; Iván Leyva Basulto; Jorge Luis Fernández Figueras, Yaser Izquierdo Hernández y Luis Mario Vela Reyes. ¿Hasta dónde son ciertos estos cargos que la dictadura señala a estos individuos? ¡No lo sé!, no conozco a ninguno de ellos, ni siquiera de mentada. Eso le toca investigar al FBI. Lo cierto es, si en verdad estas personas han instigado los actos que se les imputan, nada tienen que ver con los jóvenes del 27 de noviembre. Si “Clandestinos” logró hacer algunas idioteces en Cuba, eso nada tiene que ver con los jóvenes del 27 de noviembre.

 

Entonces para hacer más patente el descrédito de un movimiento pacífico de reclamos legítimos, pretenden presentar a Denís Solís como si fuera un instrumento pagado por Jorge Luis Fernández Figueras con el propósito de que el MSI acometiera actos de desobediencia y provocación. Presentan ante la televisión un vídeo donde Solís lo “confiesa”, un vídeo que pudiera ser de edición manipulada o. algo más cruel, que la Seguridad del Estado hubiera podido quebrar al joven rapero.

 

Siempre ha sido el mismo método empleado por el régimen, hacer acusaciones públicas para desacreditar a sus oponentes, sin concederles el derecho a la réplica dentro de los mismos medios, donde han expresado sus ataques. Acusan, pero no confrontan ideas en un debate abierto y público.

 

Hay una realidad, que la dictadura quiere ocultar con todas estas “denuncias”, que el pueblo ya está dando señales de agotamiento ante tanta retórica de odio, que se está generando en la consciencia social la necesidad del cambio, del ya no más. La dictadura está asustada, teme a la reacción del pueblo, al contagio de viril civilismo que significa la plantada del 27 de noviembre; teme que se reproduzcan actos similares. Si hasta, en cualquier momento, un grupo de estudiantes universitarios pudiera decidirse por una plantada, ante la sede de Ministerio de Educación, exigiendo autonomía universitaria y el derecho a cursar estudios universitarios, para todos, sin la condición excluyente y discriminatoria de la “Universidad solo para ‘revolucionarios’”; pudiera suceder, solo bastaría un estímulo para hacerlo, como pudiera ser la solidaridad con algún o algunos estudiantes universitarios que, acusados de ser desafectos políticos, sean expulsados de los altos estudios.  

 

Los derechos se conquistan con el poder del reclamo de un pueblo organizado en rebeldía noviolenta. Movilización de pueblo por medio del contacto de la oposición con el pueblo, sin mentalidad plattista, con cubanía, con inteligencia y decisión. Y ha de tomar nota la oposición cubana de los últimos acontecimientos. No es ponerse a hacer convocatorias por internet sin antes contar con pueblo, con hombres y mujeres decididos a plantear el reto político. Hay que pensar, hay que organizarse y prepararse como para librar una guerra, una diferente, sin armas, pero como toda guerra hay que elaborar una estrategia y contar con recursos, principalmente humanos. Hoy en Cuba se vive una guerra civil fría que ha sido el gobierno quien la ha declarado.

 

En medio de todas estas confrontaciones que han puesto al régimen a la defensiva, Trump ya va siendo historia, su influencia dentro de los sectores opositores cubanos irá tendiendo a cero, y una nueva administración demócrata asumirá el 20 de enero, que, muy probablemente, no será muy condescendiente con el régimen del PCC, salvo algunas medidas que permitan el envío de remesas y los viajes a Cuba. En tanto, el segundo secretario del Buró Político, Machado Ventura, ha presentado la convocatoria para el VIII Congreso del PCC a ser realizado entre el 16 y 19 de abril del próximo año, bajo el rótulo del “Congreso de la continuidad histórica”. Solo falta algo más de tres meses para la cita, y, en ocasiones, tres meses resultan ser una eternidad, y nadie es capaz de predecir a ciencia cierta si, dentro de ese lapsus de tiempo se produzcan dramáticas transformaciones políticas en Cuba, como tampoco nadie es capaz de predecir si en verdad habrá la misma continuidad de poder en Cuba, después de concluido ese congreso.

jueves, 3 de diciembre de 2020

ANTE LA AMENAZA QUE HOY EL GOBIERNO DEL PCC REPRESENTA PARA LA LIBERTAD DE CUBA

 

Mario J. Viera

 


La posibilidad de implementar los postulados del artículo 4 de la Constitución de 2019.

La respuesta al reto del 27 de noviembre, la acaba de dar Granma en su editorial del 1 de diciembre: “¿Qué letra de ley tiene autoridad mayor que la que otorga la legitimidad, cuando es escrita y votada por la abrumadora mayoría del pueblo que la promulga para sí, para su bienestar, para afirmar su presente y blindar el futuro de sus hijos?” 

En este editorial el referente es el Artículo 4 de la fraudulenta Constitución, que convierte en actividad anticonstitucional toda aquella realizada en contra de la irrevocabilidad del socialismo.  La amenaza está implícita. La llamada a reprimir, a levantar parte del pueblo contra otra parte del pueblo, contra todo aquel que intente, o quizá solo se presuma, “intente derribar el orden político, social y económico establecido por esta Constitución”.

Disentir, en Cuba, constitucionalmente es un grave delito, es algo así como traicionar la patria. No hay otro modo de entender los alcances del Art. 4. Ya están dando los primeros pasos en la escalada represiva, reflejando claramente el pánico infundido al PCC por la digna protesta de 300 jóvenes artistas e intelectuales con su plantada ante el Ministerio de Cultura. Las bestias cuando se sienten amenazadas lanzan zarpazos. De inmediato detienen y se llevan presos a Tania Bruguera y a Luis Manuel Otero Alcántara. Y ponen al “pueblo” en la calle en defensa de “su” ‘revolución”, de su sistema del socialismo fascista, como en la payasada del Parque Trillo y de la camiseta con la bandera cubana que vestía el pelele del Buró Político del PCC, Miguel Díaz-Canel Bermúdez, que habla y dice, como cualquier otro canalla populista: “El pueblo cubano está en la calle, no admitimos injerencias de nuestros enemigos. Los problemas nuestros los resolvemos entre nosotros”.

Tienen miedo de que el pueblo, el verdadero, no el representado en la payasada del Trillo, está perdiendo el miedo; y se aprovechan de la politiquería de Donald Trump y de la influencia que han ganado los trumpistas dentro de un importante sector oposicionista de Cuba, para presentar a todos los que osen levantan su voz de denuncia como agentes del imperialismo yanqui, como “con su farsa de mercenarios pagados de San Isidro, acaecida en días recientes, y la secuencia de manipulaciones y hechos asociados con el declarado fin de desestabilizar a Cuba socialista”, referencia cínica a la huelga de hambre de los activistas de San Isidro y a la plantada frente al MINCULT del 27 de noviembre.

Entonces, Granma resucita a Fidel Castro para condenar los actos de dignidad de un grupo de jóvenes que adelantan ante un funcionario de la dictadura sus reclamos y sus demandas: “No van a desmoralizarnos, no nos van a amedrentar. ¡No le vamos a dar garantías a la contrarrevolución, que es lo que quieren!”. Definitivamente el régimen tiene miedo y va a atacar, aprovechándose de la debilidad presente dentro del movimiento opositor, dormido en los sueños de un Donald Trump liberador; de un movimiento opositor que ha descuidado insensatamente la labor del proselitismo, el de la organización, el de seguir mirando hacia afuera sin mirar hacia dentro; sin aglutinar pueblo y juventudes.

Hoy Cuba está al borde de convertirse en una Corea del Norte a solo 90 millas de la Florida. ¿Quién le detendrá las manos? ¿Cuba decide? ¿El Directorio Democrático? ¿Somos Más? Esos solo se han dedicado a hablar, a implorar apoyo en instancias internacionales; en alabar y sacralizar a Donald Trump, y vivir de sus jugosos grants federales. 

Como bien se hace observar en Diario de Cuba, el Artículo 4 de la fraudulenta Constitución de 2019 “no solo legitima la persecución política y la represión policial y judicial, sino que autoriza al resto de los ciudadanos a emplear la violencia contra cualquier opositor pacífico, defensor de derechos humanos, periodista independiente o artista, que se oponga al Estado socialista”.

Mientras tanto, el régimen criminal y traidor cubano mantiene asiento en el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, y Rusia, y China, Irán y Turquía le dan todo su apoyo.

miércoles, 2 de diciembre de 2020

HABLEMOS CLARO

Un análisis sobre el Movimiento San Isidro y la protesta del 27 de abril

 

Mario J. Viera

 


Los últimos acontecimientos que están teniendo lugar en Cuba, han generado un fuerte debate en la red social de Facebook y, dividido aún más, si se quiere, a la comunidad de cubanos de emigrantes y exiliados. Todo ello por las diferentes concepciones y opiniones en torno al Movimiento San Isidro, a la huelga de hambre que catorce de sus miembros han mantenido en reclamo de la liberación de un joven cantante de rap, y a la protesta de un grupo de jóvenes artistas el 27 de noviembre, surgida en rechazo al desalojo policiaco de los ayunantes de la vivienda donde se alojaban. Rechazo que también expresó la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, en un comunicado de fecha 28 de noviembre: “La Comisión Interamericana de Derechos Humanos rechaza la irrupción violenta en contra del Movimiento San Isidro en La Habana, Cuba y las detenciones arbitrarias a sus integrantes. Exhorta al Estado a brindar información y determinar el paradero de Luis Manuel Otero y Anamely Ramos”.

 

La discordancia en opiniones se debe al criterio, opinión, apoyo o rechazo al MSI que cada cual sostiene. Líderes del Movimiento San Isidro, como Luis Manuel Otero Alcántara y Maykel Castillo (Osorbo), no son bien visto por muchos en la comunidad cubana de exiliados, que los consideran oportunistas y les condenan por su supuesto acercamiento al gobierno de Donald Trump, cuyo Departamento de Estado, el pasado mes de febrero, le extendió una invitación a Otero Alcántara para viajar a Estados Unidos.

 

Hablemos claro, el Movimiento San Isidro solo había sido, hasta ahora, un movimiento de performances, denuncias encriptadas en símbolos de actos escénicos abstractos. La corriente prevaleciente de este movimiento es la propia de la ultraderecha de las organizaciones de exiliados cubanos con base, principalmente, en Miami, y de firme apoyo a un presidente de Estados Unidos. Esta realidad, de hecho, implica un carácter típicamente divisionista. No todos los cubanos de la comunidad de emigrantes y exiliados en Estados Unidos se alinean con la ultraderecha ni con el apoyo acrítico al gobierno de Donald Trump. Toda organización opositora dentro de Cuba, debería centrarse en el concepto que la cubanía significa. Enfrentar al régimen del PCC, debiera sintetizarse dentro de un solo principio, la apertura al esfuerzo de todo cubano, sin distinción de izquierdas o de derechas, sin concepciones a la mentalidad del plattismo. Las diferencias políticas debieran relegarse para después del derrocamiento de la dictadura y la reconstrucción de la República con la formación de un sistema multipartidista.

 

No obstante, como antes dije en otra ocasión, tenemos que saber distinguir, en el caso de la política interna en Cuba, el trigo de la paja. Tenemos que motivar dentro de Cuba el criterio de cubanía, de no esperar por salvadores supremos venidos desde el exterior, que, en el fondo, solo tiene intenciones electorales en Estados Unidos. Es por ello que debemos dar todo nuestro apoyo, no al Movimiento San Isidro como tal, sino por sus hechos y acción de los últimos días; y, ¿por qué no?, respetar el acto de sacrificio personal, suicida que representa la ejecución de la huelga de hambre que por diez días los activistas del MSI, encabezados por sus líderes Otero Alcántara y el rapero Maykel Castillo habían mantenido. Y tenemos que darles, ahora y por ahora, nuestro apoyo, para contrarrestar y anular el influjo negativo de las corrientes de ultraderecha que impulsan los supuesto líderes del exilio cubano, adoradores y seguidores del aprendiz de brujo totalitario que es Donald Trump.  No podemos permitir que esa gangrena siga infestando a la oposición cubana. La política en Cuba debe ser la propia nacional, sin mezclar en sus propuestas la política electoral de Estados Unidos.

 

Prácticamente de manera espontánea, un grupo de jóvenes artistas decidieron reunirse ante la sede del Ministerio de Cultura para realizar una sentada de protesta en apoyo a los ayunantes de Damas 955. Buscaban llamar la atención y lo lograron, con aquel acto con todas las características de un desafío político, que, tal como lo explica Gene Sharp, es una confrontación noviolenta, llevada de manera desafiante y activa con fines políticos. “La palabra ‘desafío’ denota una deliberada provocación a la autoridad mediante la desobediencia, y no deja lugar para la sumisión”.

 

Aquel desafío político ante un organismo oficial tomó desprevenidos a los órganos represivos de la Seguridad del Estado, cuando reaccionaron, ya el grupo inicial se había convertido en una multitud de 300 jóvenes decididos a ser escuchados. Un acto sin precedentes en la historia actual cubana. Ya antes se habían producido intentos de retar al régimen de manera multitudinaria, como la convocatoria del Partido Pro Derechos Humanos de Cuba en 1988 para concentrarse frente a la embajada soviética, o la frustrada protesta frente a Villa Maristas, convocada por los hermanos Aspillaga en 1991. Los dos actos fueron reprimidos y abortados por los contingentes de la Seguridad del Estado. Se habían convocado públicamente.

 

Fue la decisión de unos pocos conectados por sus móviles que aglutinó a muchos, ya fuera por entusiasmo o por contagio, pero al régimen cubano se le hizo claro que la juventud estaba perdiendo el miedo; no fue el intento de refugiarse en una embajada extranjera buscando asilo, como sucedió en 1980 en la embajada peruana, o los ingresos en las embajadas de España, Checoslovaquia, Alemania Federal, y Bélgica durante la Crisis de las Embajadas de 1990; esto era totalmente distinto. Allí frente al Mincult, estaba una multitud exigiendo que sus demandas fueran escuchadas obligando al régimen a parlamentar. El éxito de la sentada se debió al hecho de no haberse convocado públicamente, ni promovida por alguna determinada organización; ni siquiera fue convocada por el MSI; es más, entre ellos no había un líder conduciendo la protesta, estaban allí por propia decisión, cada uno era su propio líder; allí estaba, como diría la actriz Blanca Rosa Blanco, “un nuevo pensamiento, una nueva generación, vi a otros que no se han cansado, esos también estaban”.

 

Por supuesto, fueron instrucciones de las instancias altas de Partido Comunista las que aconsejaron al viceministro de Cultura Fernando Rojas, recibir a una representación de los plantados, escucharlos y ganar tiempo. Todo fue bien sopesado, ya desde antes, artistas como la cantante y compositora Haydée Milanés, hija de Pablo Milanés; como los cantantes Carlos Varela y Leoni Torres; la artista plástica Sandra Ramos y el director cinematográfico Carlos Lechuga aconsejaban al gobierno abrierse a un diálogo con los ayunantes de San Isidro. Allá, en Calle 2 e/ 11 y13, No 258, en el Vedado, donde se alza el edificio del Ministerio de Cultura, se presentaron el actor Jorge Perugurría y el director de cine Fernando Pérez para ofrecerse como intermediarios entre el numeroso grupo de artistas independiente y el ministerio de Cultura para que sus demandas fueran conocidas. “Es la hora de dialogar y yo creo que es importante que ustedes los jóvenes sean escuchados y vamos a trabajar para eso”, dijo Perugurría.

 

El acto de exigir ser escuchadas las demandas de los artistas independientes y el ser recibida en el Ministerio de Cultura una delegación de 30 representantes del grupo, generó de inmediato una polémica entre aquellos partidarios de abrir diálogos con la dictadura y los que están diametralmente opuestos a todo tipo de diálogo. Gene Sharp en lugar de la palabra “diálogo” prefiere utilizar el más preciso término de “negociación” más próximo al término castizo de “parlamentar”, que el correspondiente a “diálogo”. Sharp aconseja: “Las negociaciones son un instrumento muy útil para resolver algunos conflictos, y no deben desdeñarse o rechazarse cuando son apropiadas”. Sin embargo, advierte: “Los dictadores firmemente establecidos, que se sienten muy seguros de su posición, pueden negarse a negociar con sus opositores democráticos. O bien, cuando ya se hayan iniciado las negociaciones, los negociadores democráticos pueden desaparecer y no regresar (…) Cuando la oposición es excepcionalmente fuerte y la dictadura se encuentra de veras amenazada, los dictadores pueden buscar la negociación como una manera de salvar lo más posible de su capacidad de control o de sus riquezas. En ninguno de estos casos deben los demócratas ayudar a los dictadores a lograr sus metas”.

 

Debemos preguntarnos, qué provocó que el régimen aceptara negociar o parlamentar con el grupo concentrado ante el 258 de la calle 2. Varias pueden ser las razones que manejó el Buró Político del PCC para autorizar la negociación. Desde “Palabras a los Intelectuales” de Fidel Castro el 30 de junio de 1961, el régimen castrista ha pretendido controlar al sector intelectual y artístico por medio de un organismo corporativo ─ siguiendo al pie de la letra la doctrina del fascismo italiano ─ la Unión Nacional de Escritores y Artistas Cubanos (UNEAC), fundada el 22 de agosto de 1961, control que se hizo más riguroso a la conclusión del Primer Congreso Nacional de Educación y Cultura el 30 de abril de 1971, generando lo que se reconoce como el “quinquenio gris” de la cultura cubana, comprendido dentro del periodo de 1971 a 1976, y ahora, convertido en norma penal con la promulgación del Decreto 349 de 2008.

 

Para la dictadura organizada en torno al Partido Comunista de Cuba, la intelectualidad siempre se ha considerada como un sector no totalmente confiable políticamente y proclive a la disidencia. El reto que ahora se le interponía, provenía precisamente del sector cultural, de artistas e intelectuales, unos en desobediencia civil, otros, reclamando se concedieran espacios para el diálogo, como el cineasta Juan Vilar, quien fue seleccionado por el grupo del 27 de noviembre para que le acompañaran durante la negociación que se haría dentro del Ministerio de Cultura. Vilar un intelectual que fue miembro del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos y de la UNEAC desde su fundación, como la actriz de cine, televisión y teatro Blanca Rosa Blanco Azcuy. Si se reprimía al grupo plantado frente al Ministerio de Cultura se podría ocasionar una respuesta nada agradable por parte de un amplio sector de esa intelectualidad que está haciendo llamados a la moderación. Era preferible parlamentar para ganar tiempo, haciendo promesas que nunca se cumplirían. Es que, lo que tenían ante sí, era, como bien lo expresó Michel Matos, vocero del MSI, un hecho histórico inédito.

 

Ellos no pidieron diálogo ellos exigieron que se escucharan sus reclamos: El pliego de demandas ─ que debiera ser reconocido como el Manifiesto del 27 de noviembre ─ se sintetizó en ocho precisa exigencias:

 

1) Derecho a la libertad de expresión. 2) Derecho a la libre creación. 3) Derecho al disenso. 4) Revisión y cumplimiento del debido proceso judicial a Denis Solís. 5) Que se le permita al artista Luis Manuel Otero Alcántara regresar a su domicilio. 6) Cese el hostigamiento, la represión, la censura, el descrédito y la difamación por parte de las autoridades y los medios oficiales a la comunidad artística e intelectual cubana y a todo ciudadano que disienta de las políticas del Estado. 7) Reconocimiento y respeto al posicionamiento independiente. 8) No más violencia policial, no más odio político, que sean el amor y la poesía la que una a este pueblo.

 

En un comunicado transmitido por las redes sociales, reafirmaron: "Los artistas e intelectuales cubanos repudiamos, denunciamos y condenamos la incapacidad de las instituciones gubernamentales en Cuba para dialogar y reconocer el disenso, la autonomía activista, el empoderamiento de las minorías y el respeto a los derechos humanos y ciudadanos. Nosotros, en solidaridad con nuestros hermanos del Movimiento San Isidro, exigimos que la justicia no se ejerza a discreción. La justicia no puede proteger al Gobierno por encima de los derechos de sus ciudadanos”. Declaraciones estas que fueron más allá de las planteadas en la ya histórica “Carta de los Diez” en 1991.

 

El viceministro Rojas, escuchaba, pero no oía. No dio, no podía dar respuestas a cada uno de los reclamos ante él expuestos. Nunca pensó que tales exigencias se pudieran plantear en Cuba, tan poco parece que los magnates del Buró Político estuvieran preparados para escuchar tal osadía. Así, solo siguiendo el libreto que le habían escrito hizo unas débiles promesas: 1.  Abrir un canal de diálogo entre las instituciones y los artistas independientes; 2. Seguir con urgencia la situación del rapero contestario Denis Solís y el artista independiente Luis Manuel Otero Alcántara; 3. La Asociación Hermanos Saíz (AHS) se comprometió a revisar su declaración sobre el Movimiento San Isidro; 4.  Se va a organizar una agenda de trabajo múltiple con propuestas de temas por ambas partes; 5. Los artistas pueden reunirse sin ser hostigados en los espacios independientes; 6. El ministro de Cultura, Alpidio Alonso Grau, se reunirá la próxima semana con un grupo de artistas; 7.   Permitir la ida libre hasta sus casas de los presentes frente al MINCULT, sin el hostigamiento de la policía política. Solo esta última promesa fue cumplida, y solo por la conveniencia de paralizar la sentada frente al ministerio. 

 

De inmediato comenzaron los ataques contra el grupo; contra los 30 que fueron recibidos en el ministerio y presentaron las demandas que propusieron y discutieron colectivamente y, entre los cuales había tres miembros del MSI, Michel Matos, Amaury Pacheco, voceros del MSI, y la poetisa Katherine Bisquet.

 

Los primeros ataques, las primeras críticas acres provinieron de personas muy vinculadas al Movimiento San Isidro, entre ellas, la periodista Iliana Hernández, la curadora de arte Anamely Ramos y la profesora Omara Ruiz Urquiola. A ellos se unieron, en la condena a los 30 representantes del grupo de plantados, algunos muy conocidos influencers de Miami, como Liu Santisteban, la “opositora” que hace oposición desde el exilio, la simpatizante trumpista, cuando en su página de Facebook les reclamó: “Tenían el poder. Solo tenían que quedarse y crecer. Quedarse hasta que trajeran como mínimo a Luis Manuel Otero Alcántara y demás miembros del movimiento San Isidro. Quedarse allí hasta que llegaran 1000 jóvenes más y 2000 más. Hasta que les quitaran el operativo a Maykel Castillo Pérez y Omara Ruiz Urquiola e Iliana Hernández, eso era y es lo que hay que hacer”. Y agregó, regañando como maestra a discípulos desobedientes: “Y cuando fueran miles podrían haber dicho hasta que traigan a Denis, hasta que liberen todos los presos políticos, hasta que se vaya Canel, hasta que Cuba sea libre”. Y les exigió que “deberán ser firmes en sus demandas y más claros y exactos al pedirlas”.

 

Muy apasionado discurso libertario de esta opositora desde la distancia, fuera de Cuba, desconocedora de la realidad cubana, ignorante en carne propia lo que significa el acoso de la seguridad del estado y sus métodos represivos. ¡Debieron quedarse allí hasta que hubiera miles, hasta que se arrojaran sobre ellos la jauría represiva repartiendo palos y gas pimienta! ¿Cómo podrían unírseles miles? Cuando todos los accesos al lugar estaban acordonados por elementos de la seguridad del estado y de las boinas negras, armados y dispuestos a impedir cualquier aflujo de simpatizantes del movimiento del 27 de noviembre. ¿Qué deseaba la gran patriota del YouTube? ¿Qué otros pusieran el muerto? Y agrega la opositora mediática: “Algo humano. Pero fatal para el MSI y Denis y Luis Manuel y la causa de la Libertad de Cuba”, acusando de cobardía el haberse levantado la plantada luego de la entrega de las demandas

 

Ahora bien, Sharp advierte: “El triunfo lo determina con más frecuencia, no la negociación de un arreglo, sino el uso acertado de los métodos de resistencia más apropiados y poderosos posibles”. Y entre ese uso acertado de la resistencia, Sharp reconoce el método de la intervención noviolenta, mediante procedimientos sicológicos, sociales, económicos o políticos tales como el ayuno, la ocupación noviolenta. Esto, precisamente es lo que hicieron aquellos cerca de trescientos jóvenes artistas e intelectuales plantándose a la entrada del Ministerio de Cultura.

 

Una tregua, ni dentro del campo de batalla de una guerra, ni en las confrontaciones políticas, de ningún modo puede ser considerada como una rendición, Sin embargo, lo más determinante, lo que más queda demostrado en estos hechos, es la pérdida del miedo entre las juventudes cubanas. “Esa pérdida del miedo, o el control sobre sí mismo ─ anota Sharp ─, es un elemento clave para destruir el poder que los dictadores tienen sobre la población en general”.  Ahora el temor está del lado oficial. Pero todavía tienen el poder.

 

Para matizar las críticas contra los jóvenes que habían realizado el acto de desobediencia civil y protesta pública, declaró Michel Matos: “El conflicto es en una sola dirección, el estado cubano, por los abusos cometidos contra nosotros. Fue una llamada de atención al Gobierno cubano, deben estar evaluándolo constantemente, saben que la sociedad civil se despierta, se organiza de manera espontánea. Seguimos en campaña. Hay una Cuba despierta y deben actuar ante esta realidad".

 

Tal pareció que el gobierno le daba una respuesta a Michel Matos, e incluso a los que habían criticado el supuesto “diálogo” con la dictadura, en el Twitter firmado por el denominado Jefe de Estado, Miguel Díaz-Canel, donde afirmó: "Cuba soberana no acepta injerencias. Algunos se empeñan en protagonizar shows mediáticos contra la Revolución, envenenando y mintiendo en las redes. El pueblo revolucionario cubano dará el combate"; o cuando en la concentración de simpatizantes de la dictadura y de algún que otro cobarde cívico, realizada en el parque habanero de Trillo aseguró que se estaba abierto a conversaciones, y que habría conversaciones, solo si es “por el socialismo y para todo lo que sea por la Revolución”.

 

Y La Habana se militarizó. El instinto de conservación de la dictadura reacciona, ve la amenaza, ve el reto, ve la decisión que puso en claro un pequeño grupo de 300 jóvenes artistas e intelectuales cubanos. Si ahora los grupos opositores y los mismos jóvenes de los 300, se dedican a captar apoyos dentro de los estudiantes de la enseñanza media y universitaria, y adhesiones para el movimiento democrático entre la intelectualidad, y se consiguen éxitos, a ellos se unirán los trabajadores, los campesinos, todo el pueblo; entonces, la era del castrismo llegaría a su fin.