miércoles, 10 de julio de 2013

Las razones por las que Venezuela ofrece asilo a Snowden


Mary Anastasia O'Grady.  The Wall Street Journal Americas.

Tomado del Blog de EL INSTITUTO INDEPENDIENTE

Edward Snowden, el ex contratista del gobierno estadounidense que ahora es buscado por filtrar información confidencial de seguridad nacional, es una víctima de "persecución" por parte del "más poderoso imperio del mundo", dijo el viernes el presidente venezolano, Nicolás Maduro.

Maduro ofreció asilo al fugitivo, a quien se le están agotando las opciones. Nicaragua y Bolivia realizaron propuestas similares. Los planes que se están tejiendo para sacar a Snowden de su refugio en el aeropuerto de Moscú, siempre y cuando acepte asilarse en América Latina, son, por supuesto, secretos.

Maduro nos quiere hacer creer que su gesto demuestra el compromiso de Venezuela con la libre expresión y su férrea oposición a esconder información del público. También quiere que el mundo conozca su rechazo a las operaciones secretas de inteligencia de los gobiernos. Es curioso, por lo tanto, que Venezuela no haya expresado la misma indignación acerca de cómo sus aliados ocultan información. Argentina es un ejemplo. El gobierno de Cristina Fernández de Kirchner se negó a otorgarle al fiscal federal Alberto Nisman autorización para viajar a Washington e informar a un comité del Congreso estadounidense sobre los datos que ha reunido sobre las células terroristas de Irán y Hezbollah en el hemisferio occidental. El informe de 500 páginas que Nisman elaboró sobre el tema es de carácter público, pero en una carta del 1 de julio dirigida al Congreso de Estados Unidos, el fiscal indicó que por orden de la Procuración General de la Nación se le había "negado la autorización para testificar ante el honorable parlamento".

La falta de preocupación de Maduro sobre la supresión de información en Argentina merece que se le preste atención. La manera más fácil de entender su oferta para otorgar refugio a Snowden es como un intento para distraer a los venezolanos de sus crecientes y cotidianas penurias económicas y hacer que, en un gesto patriótico, apoyen la decisión de irritar al Tío Sam. Pero no es lo único.

Venezuela tiene razones para temer transformarse en un actor cada vez más irrelevante a medida que América del Norte produce una mayor parte de la energía que consume. Esto transforma a Irán en un país crucial. Maduro puede estar tratando de establecer sus credenciales como un líder tan comprometido con la causa antiestadounidense como su predecesor, Hugo Chávez, quien había forjado un fuerte lazo personal con el ex presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad. También necesita abrir su propio espacio en la política sudamericana.

La oferta de asilo a Snowden es una forma de enviar un mensaje al mundo de que, más allá del débil intento del secretario de Estado estadounidense, John Kerry, de buscar un acercamiento con Caracas el mes pasado, la Venezuela post-Chávez no tiene ninguna intención de alterar el rumbo de la revolución bolivariana. En lugar de ello, conforme la economía del otrora rico país petrolero se deteriora, Maduro está indicando que Venezuela quiere ser un aliado geopolítico y estratégico incluso más leal de Rusia e Irán.

La presidencia de Maduro sigue siendo considerada ilegítima por cerca de la mitad del electorado venezolano, que votó por el candidato opositor Henrique Capriles en las elecciones de abril. El tipo de cambio oficial, conocido como el "bolívar fuerte", asciende a 6,3 unidades por dólar. Sin embargo, una escasez de dólares ha obligado a los importadores a acudir al mercado negro, donde la moneda se transa a entre 31 y 37 unidades por dólar. Los controles de precios abarcan casi todo, generando escasez de alimentos y medicinas. De todos modos, la inflación ahora bordea 35%, lo que significa que algunos vendedores están eludiendo los dictámenes del gobierno.

En una sociedad libre donde hay elecciones competitivas, el caos económico a menudo conduce a una respuesta del gobierno que trata de mitigar las dificultades. Venezuela necesita la liberalización. Pero eso arruinaría las ganancias de los militares que, en buena medida, son los que están a cargo del país. Cuando a un país se le acaba el papel higiénico en la primavera, surge la metáfora de un Estado fallido. Pero el canciller de Maduro, Elías Jaua, respondió recriminando a los venezolanos por su materialismo al preguntar "¿ustedes quieren patria o papel higiénico?".

Si el gobierno está diciendo que la espiral económica de la muerte le importa un comino es porque cree que tiene a la nación en sus manos. El control estatal de la información, por un presidente que se ha vuelto el principal defensor de Snowden en el mundo, es casi absoluto. El último canal importante de televisión por cable independiente fue finalmente vendido en abril y el mercado de los medios impresos independientes se está reduciendo.

Otra arma de la represión, una que Snowden supuestamente aborrece, es la capacidad de espiar a los ciudadanos. Chávez nunca tuvo remordimientos a la hora de grabar las conversaciones de sus adversarios, una práctica que continúa durante la gestión de Maduro. Las diferentes facciones que compiten al interior del gobierno podrían estar siguiendo el ejemplo. Dos recientes casos altamente publicitados, uno en el que un reconocido partidario del gobierno acusa de presuntos delitos a gente del gobierno en una conversación con un militar cubano y otro contra un político opositor, han intensificado la sensación entre los ciudadanos de que no existen las conversaciones privadas en Venezuela.

No obstante, incluso un gobierno que cierra la prensa y espía a sus ciudadanos sin rendirle cuentas a nadie necesita aliados. Ningún país puede sobrevivir en el aislamiento absoluto, en especial cuando su poderío económico colapsa.

Los déspotas latinoamericanos lo entienden. Argentina trata de depositar gestos de buena voluntad en su cuenta con Irán al bloquear el viaje de Nisman a Washington. Venezuela, al ofrecer refugio a Edward Snowden, está realizando, sin lugar a dudas, un ofrecimiento similar a los enemigos de sus enemigos.

La encrucijada de Obama


Sergio Muñoz Bata. EL NUEVO HERALD
Susan Rice, la nueva consejera de Seguridad Nacional

Para entender el predicamento en el que se encuentra el presidente Barack Obama al intentar formular su política exterior bastaría con oír la voz de la calle en El Cairo. Para los partidarios del depuesto presidente Mohamed Morsi, así como para quienes apoyan a los militares que le derrocaron, el verdadero culpable del conflicto que aflige a su país es Estados Unidos, es decir, Barack Obama.

Los egipcios, sin embargo, no son los únicos que se quejan de la política exterior de Obama. En Europa, el descubrimiento del espionaje de la NSA a ciudadanos estadounidenses y extranjeros residentes en EEUU, y a sedes diplomáticas y gobiernos de por lo menos 38 países ha creado malestar. Más entre la ciudadanía, a quien le parece una intrusión moralmente repugnante, que entre los gobernantes, que entienden que el espionaje a amigos y enemigos es práctica común. Hoy, por ejemplo, menos de la mitad de los alemanes piensan que se puede confiar en el gobierno estadounidense.

En América del Sur, más específicamente en los países del ALBA, el sentimiento antinorteamericano se ha redoblado por el maltrato al presidente de Bolivia, Evo Morales, al negársele sobrevolar o aterrizar en algunos países europeos bajo la sospecha de que en el avión presidencial viajaba Edward Snowden, el analista de la CIA que reveló el espionaje de la NSA. Descaradamente, EEUU ha negado ser responsable del incidente, y ni Obama ni Kerry han dicho una palabra sobre el caso.

En Estados Unidos, por otro lado, creo que tampoco se acaba de entender bien cuál será el rumbo que tomará la política exterior de Obama en su segundo período. La etapa en la que tradicionalmente los presidentes estadounidenses procuran cimentar su legado.

Amparados en su idea de que Estados Unidos es el país del destino manifiesto y la potencia mundial indispensable, a los estadounidenses les gusta medir a sus presidentes en términos de su legado. Sin negar el mérito de Gran Bretaña, el único país europeo que nunca capituló en su lucha contra Adolf Hitler, el legado mayor del presidente Franklin Delano Roosevelt en política exterior fue intervenir en la Segunda Guerra Mundial para coadyuvar decisivamente a derrotar a los ejércitos nazi-fascistas. A Lyndon B. Johnson, un presidente que tuvo grandes logros en su política interna, desafortunadamente se le recuerda por su intervención en la fracasada Guerra de Vietnam.

Hasta ahora, Obama se ha perfilado como un político realista aunque plagado de contradicciones. “Obama”, cuenta Gideon Rachman, del Financial Times, que le comentaba el académico turco Hakan Altinay, “habla como si fuera el presidente de la Unión Americana de Libertades Civiles pero actúa como si fuera Dick Cheney”.

Sin embargo, y a pesar de la permanencia de la prisión en Guantánamo, y del feroz bombardeo con drones, lo justo sería admitir que hasta ahora Obama se ha mantenido fiel a su promesa de no intervenir militarmente para imponerle un sistema de gobierno a ningún país. Y también que ha resistido la presión de intervenir en Libia, en Egipto y ahora en Siria, dejando que sean los libios, los egipcios y los sirios quienes decidan su destino.

De cualquier modo, no deja de extrañar que al tiempo que Obama nombra secretario de Estado a John Kerry, y a Chuck Hagel como secretario de Defensa, dos hombres pragmáticos que privilegian la negociación con el enemigo por encima de la intervención militar, designe a dos “moralistas” como parte del mismo equipo. Susan Rice, la nueva consejera de Seguridad Nacional, es reconocida por su activismo tanto como por su creencia en que EEUU tiene la obligación moral de intervenir en otros países para detener desastres humanitarios. Lo mismo sucede con Samantha Power, la recién nombrada embajadora en Naciones Unidas, que se ha distinguido por su defensa de los derechos humanos.

Así las cosas, lo que habrá que ver es por cuál de los dos modelos se inclina Obama, si logra articular una visión clara de sus objetivos en política exterior y si tiene la habilidad política necesaria para convencer al Congreso y a la opinión pública estadounidense que su visión es la que mejor protege los intereses de EEUU en el mundo. Hoy las encuestas dicen que la mayoría de los estadounidenses quiere una defensa robusta del país y no tiene ningún deseo de cambiar el mundo por la fuerza.

martes, 9 de julio de 2013

Camino del Infierno


Snowden no debe huir. Debe regresar a los Estados Unidos y enfrentar su destino; si cree como el autor de Desobediencia Civil consideraba que “bajo un gobierno que encarcele a alguien injustamente, el sitio adecuado para una persona justa es también la cárcel”, Snowden debe enfrentar a la justicia de su país, demostrando su valentía cívica; quizá en ese momento su figura se eleve sobre la mediocridad general y reciba un apoyo como jamás hubiera pensado que recibiría por parte de sus connacionales. Huir no es la solución, refugiarse bajo la protección de gobiernos de carácter antidemocrático significaría la negación de su propia negación.

Mario J. Viera

Foto BOBBY YIP / REUTERS
 
¿Debe el ciudadano renunciar a su conciencia, siquiera por un momento o en el menor grado a favor del legislador? ¿Entonces por qué posee conciencia el hombre? Pienso que debemos primero ser hombres y luego súbditos. No es deseable cultivar tanto respeto por la ley como por lo correcto. Se ha dicho con bastante verdad que una corporación no tiene conciencia, pero una corporación de hombres conscientes es una corporación con conciencia. La ley jamás hizo a los hombres ni un ápice más justos; además, gracias a su respeto por ella hasta los más generosos son convertidos día a día en agentes de injusticia.

Henry David Thoreau. “Desobediencia Civil”

 

Fue aquella noche. Desde el balcón norte del Palacio Presidencial, Fidel Castro pronunciaba uno de sus furibundos discursos; se dice que cerca de un millón de ciudadanos estaban presentes escuchando las palabras del que era Primer Ministro del Gobierno Revolucionario. Era la noche del 28 de septiembre de 1960. De manera muy oportuna se escucharon varias explosiones de petardos ─ quizá estratégicamente colocados y hechos estallar por miembros del G2 ─ que le permitieron a Fidel Castro “concebir” la brillante idea: “Vamos a establecer un sistema de vigilancia revolucionaria colectiva. Están jugando con el pueblo y no saben todavía quién es el pueblo; están jugando con el pueblo y no saben la tremenda fuerza revolucionaria que hay en el pueblo”. Ese fue el inicio de la vigilancia de todos hacia todos por medio de los llamados Comités de Defensa de la Revolución, un sistema de espionaje colectivo, la personificación de la pesadilla orwelliana del Gran Hermano.

Fue desde ese momento que la incipiente dictadura castrista se hizo tiranía. El pretexto: defender a la revolución de sus enemigos, la defensa de la soberanía nacional de las amenazas externas. El objetivo real: controlar a todo el pueblo, someter a todos bajo el control de la pupila vigilante de la tiranía. Nadie podría en adelante sentirse seguro, ni siquiera en lo profundo de su intimidad.

Pero el castrismo no quedó conforme con la vigilancia colectiva, había además que tener control de las llamadas telefónicas y del correo personal y así fue y así ha sido y continúa siendo.

Bajo secreto este accionar ha sido puesto en práctica por el gobierno de los Castro sin atender a consideraciones legales. El artículo 32 de la Constitución de 1940 establecía: “Es inviolable el secreto de la correspondencia y demás documentos privados, y ni aquélla ni éstos podrán ser ocupados ni examinados sino a virtud de auto fundado de juez competente y por los funcionarios o agentes oficiales. En todo caso, se guardará secreto respecto de los extremos ajenos al asunto que motivare la ocupación o examen. En los mismos términos se declara inviolable el secreto de la comunicación telegráfica, telefónica y cablegráfica”.

La Constitución Socialista de 1976 estableció en su artículo 56: “(1) La correspondencia es inviolable. Sólo puede ser ocupada, abierta y examinada en los casos previstos por la ley. Se guardará secreto en los asuntos ajenos al hecho que motivare el examen. (2) El mismo principio se observará con respecto a las comunicaciones cablegráficas, telegráficas y telefónicas.

La inviolabilidad de la correspondencia y de las comunicaciones cablegráficas, telegráficas y telefónicas de acuerdo con esta última Constitución ─ y por la reforma de 1992 en el artículo 57 ─  no está amparada por mandato judicial y pueden ser controladas bajo el impreciso presupuesto de “casos previstos por la ley” y decidido no por un juez independiente, sino por un oficial policiaco denominado Oficial de Instrucción. Bajo este criterio “constitucional” en Cuba, el gobierno ejerce una verdadera labor de espionaje sobre sus ciudadanos característico y propio de cualquier tiranía. “El Hermano Mayor te vigila”.

La inviolabilidad del secreto de la correspondencia y por extensión las de correos electrónicos y telefonía se encuentra asegurada en casi todos los ordenamientos constitucionales con excepción de Estados Unidos donde no existe una enmienda específica para la privacidad de la correspondencia que no sea el de la interpretación por extensión de la Cuarta Enmienda que establece: “El derecho de los habitantes de que sus personas, domicilios, papeles y efectos se hallen a salvo de pesquisas y aprehensiones arbitrarias, será inviolable, y no se expedirán al efecto mandamientos que no se apoyen en un motivo verosímil, estén corroborados mediante juramento o protesta y describan con particularidad el lugar que deba ser registrado y las personas o cosas que han de ser detenidas o embargadas”.

Esta ausencia legal ha permitido que la Ley Patriota (Patriot Act) de 24 de octubre de 2001 no haya podido ser declarada inconstitucional aunque autoriza la intervención de las comunicaciones telefónicas y por correo electrónico de los ciudadanos sin autorización judicial previa o, como ha quedado evidente recientemente, por la autorización de un tribunal secreto denominado “Tribunal FISA” establecido por la Ley de vigilancia de la inteligencia extranjera (Foreign Intelligence Surveillance Act) de 1978.

En opinión de Borja M. en Mens Iuris, la Ley Patriota “viola flagrantemente la propiedad privada y la intimidad personal, ambos derechos se destruyen en muchos casos sin necesidad de autorización judicial, tan solo gubernativa. Es por ello que haciendo un ejercicio al estilo americano, podemos acogernos a la cuarta enmienda, que por sí sola, desvirtúa la presente ley, pero que desgraciadamente la Supreme Court de USA no lo considera así, pues antepone la seguridad nacional a los derechos individuales, socavándolos una vez más”.

Aunque la Ley Patriota tiene en la mira como objetivos todos los actos sospechosos de actividades terroristas o de lavado de dinero y se centra en la defensa de la seguridad nacional y del pueblo de los Estados Unidos habría que preguntarse hasta donde puede llegar  los servicios de inteligencia en el rastreo de “evidencias” y cuáles son los límites que se les pueda imponer teniendo como fundamento la inviolabilidad de la privacidad de los ciudadanos. ¿Existe la suficiente transparencia para asegurar que las indagaciones se limiten solo a monitorear las actividades de extranjeros que pudieran ser sospechosos o, sin límites legales, llegar hasta la vigilancia de todos como sospechosos y de abrir expedientes en contra de cualquier opinión disidente en evidente violación de los corolarios de la Cuarta Enmienda y de la Primera Enmienda?

Durante el gobierno de George W. Bush, la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) creada bajo la administración de Harry S. Truman adquirió mayores poderes de inteligencia y sin un estrecho control de sus actividades por parte del Congreso. Estos poderes continúan sin limitaciones durante la actual administración de Barack Obama. Uno de los pilares de la NSA es el programa top secret denominado PRISM que opera desde el 2007. PRISM tiene capacidad para monitorear correos electrónicos, vídeos, chat de voz, fotos, direcciones IP, notificaciones de inicio de sesión, transferencia de archivos o detalles sobre perfiles en redes sociales, como ha sido puesto en evidencia por las últimas filtraciones.

En abril de 2012, William Binney, ex director técnico de la NSA en entrevista con Democracy Now reveló que la NSA había recopilado más de 20 billones de mensajes, llamadas telefónicas y otros, agregando que la Ley Patriota le daba licencia a la agencia “para guardar todos los datos, lo que ─ en su opinión ─ es sumamente peligroso, porque si los tienes ─ aseguró ─ y los conviertes en unos formularios o gráficos y después los analizas, puedes acumular conocimientos acerca de todo el mundo del país”. Posteriormente, en julio de ese año, Binney que toda la recopilación de datos por la NSA “comenzó en febrero de 2001 cuando se empezaron a solicitar datos a las empresas de telecomunicaciones”,  lo que en su opinión significaba “que el verdadero plan era espiar a los estadounidenses desde el principio”. De acuerdo con el ex funcionario de la Agencia de Seguridad Nacional, esta tiene la capacidad ─ y la ejecuta ─ de recabar sin control judicial datos de redes sociales, de correos electrónicos y registros de llamadas telefónicas tanto fuera como dentro de Estados Unidos, como ha sido recogido por diferentes medios.

El 31 de octubre de 2001 Binney renunció a la agencia porque según dijo, la NSA “empezó a espiar a todo el mundo en el país”. Sus denuncias lo convirtieron en objeto de investigación por parte del FBI y en el 2007 se hizo una redada en su residencia. No obstante el pasado año recibió el Premio al Coraje Cívico Joe A. Callaway.

Cuando en 1786 los padres fundadores de la nación americana se reunieron para elaborar una Constitución Federal, tenían en cuenta evitar que el Gobierno se hiciera tan poderosos que pusiera en peligro los derechos de los ciudadanos o que les restringiera. Esto lo expresó claramente Thomas Jefferson cuando dijo: “Los dos enemigos del pueblo son los criminales y el Gobierno, así que permítanos restringir al segundo con las cadenas de la Constitución así el segundo no se convertirá en la versión legalizada del primero”. El pueblo ─ We the People ─ no debe dejar en manos del Gobierno la decisión sobre el ejercicio de sus derechos. El pueblo debe ser escrutador implacable del desempeño de sus gobernantes y sujetarle sus impulsos naturales de poder con el dogal de la Constitución y la Declaración de Derechos. Nada puede ser de tanta prioridad para que se permita la limitación de los derechos ni para omitir la transparencia gubernamental. El pueblo tiene derecho a ser debidamente informado y a ser escuchado.

Lo que inició William Binney lo ha continuado y ampliado el subcontratista de la NSA Edward Snowden.

Snowden un apasionado de la libertad en internet decidió filtrar a los periódicos The Guardian y el  Washington Post los programas secretos de la Agencia Nacional de Seguridad que ejercen un monitoreo de las llamadas telefónicas en Estados Unidos y a acceder a los servidores de Microsoft, Yahoo, Google, Facebook, PalTalk, AOL, Skype, YouTube y Apple buscando conexiones con el terrorismo internacional a través del Programa PRISM, así como la exigencia que el gobierno de Estados Unidos le hiciera a Verizon para que entregara a la NSA los registros de llamadas telefónicas de sus clientes.

Por sus revelaciones de un asunto considerado de máximo secreto, Snowden ha sido catalogado desde ser un tonto útil hasta de ser un criminal y todavía más grave de traición. Para el comentarista del New York Times, David Brooks, Snowden “traicionó la Constitución. Los fundadores no crearon a los Estados Unidos para que un solitario de 29 años de edad pudiera hacer decisiones unilaterales  sobre qué debiera exponerse”. Sin embargo, de acuerdo con el Washington Post, el motivo que condujo a Snowden a hacer las filtraciones era poner al descubierto “el estado de vigilancia” que impera en el gobierno de Estados Unidos. Snowden declaró entonces que no podía “en conciencia, permitir al gobierno de EEUU destruir la privacidad, la libertad en internet y las libertades básicas de la gente de todo el mundo con esta gigantesca máquina de vigilancia que están construyendo en secreto”, y declaró: “Quiero que el centro de atención sea sobre los documentos y el debate que espero que genere entre los ciudadanos de todo el globo sobre el tipo de mundo en el que quieren vivir. Mi única motivación es informar al público de lo que han hecho en su nombre y lo que se hace en su contra (…) No quiero vivir en una sociedad que hace este tipo de cosas (…) No quiero vivir en un mundo donde se registra todo lo que hago y digo. Es algo que no estoy dispuesto a apoyar o admitir”.

Snowden faltó con sus declaraciones a la fidelidad que debía a su gobierno, esto es cierto, pero, en conciencia ¿A quién debemos fidelidad, al Gobierno o al Pueblo-Nación? Edward Snowden no cometió traición contra su nación y así lo creen muchos americanos. Amy Davidson del New Yorker consideró que él “es la razón por la que, durante la última semana, ha existido en nuestro país una conversación sobre la privacidad y los límites de la vigilancia doméstica. Ya era hora de ello; una esperaría que hubiera surgido a partir de un autoexamen por parte de la administración de Obama o por una verdadera supervisión del Congreso” y añadió: “Ambos fallaron y vino en la manera en que Snowden entregó los documentos clasificado ─ muchos de ellos ─ a los periodistas” (Amy Davidson. 9 de junio de 2013: “Edward Snowden, The N.S.A. Leaker, Comes Forward”).

Snowden violó la ley, cuando reveló lo protegido por la Ley Patriota. Una verdad es evidente; más que acatar a las leyes el hombre de honor debe acatar a su conciencia y esta idea no es extraña al ideario americano. Henry David Thoreau en Desobediencia Civil, lo expuso claramente: “Existen leyes injustas: ¿debemos conformarnos con obedecerlas o, debemos tratar de enmendarlas y acatarlas hasta que hayamos triunfado o, debemos transgredirlas de inmediato?” Está en el espíritu de los fundadores de la Nación. Jefferson lo dijo: “Un poco de rebelión de vez en cuando es buena cosa”.

Snowden no es un espía al servicio de una potencia extranjera. Primero, no se ocultó en el anonimato: “No tengo intención de esconder quién soy porque sé que no he hecho nada malo. No hice nada malo. Soy un convencido de que deben ser los ciudadanos los que decidan sobre el poder que le otorgan al Estado y no un burócrata de turno.”, le aseguró a The Guardian. Segundo, entregó la información a la prensa y, como el mismo dijera: “Cualquiera en mi situación podría haber cogido todos estos secretos y venderlos en el mercado a Rusia. El mayor miedo que tengo respecto al resultado es que nada va a cambiar. Estados Unidos está aumentando su poder para controlar a la sociedad. En unos años, va a ser peor (...). Se convertirá en una tiranía”.

Muchos en Estados Unidos ven a Snowden como un “héroe nacional”. Así lo describió una petición a favor del ex analista del NSA apoyada por más de 100 mil firmas, dirigidas a la página de la Casa Blanca “We the People”. La petición se plateó en estos términos: “Edward Snowden es un héroe nacional y debería recibir inmediatamente un perdón completo y absoluto de cualquier crimen que haya cometido o pueda haber cometido relacionado con la liberación de información relacionada a los programas de vigilancia de la NSA”. El apoyo recibido a esta petición hizo que Obama se refiriera al caso diciendo: “Uno no puede tener un 100% de seguridad y un 100% de vida privada sin tener ciertos inconvenientes”. Más que una respuesta la del Presidente fue una excusa desafortunada, pues Benjamín Franklin le hubiera respondido diciendo: “Aquellos que pueden dejar la libertad esencial por obtener un poco de seguridad temporal, no merecen ni libertad ni seguridad”.

No obstante esa cuota de carencia de privacidad que se intenta justificar por el expediente de contrarrestar las acciones terroristas no tiene sentido en la práctica. Así lo expresó la ministra de Justicia alemana, Leutheusser-Schnarrenberger: “Cuanto más grande sea el pajar, más difícil será encontrar la aguja escondida”. El acceso a Facebook, YouTube y otras páginas sociales no impidió el ataque terrorista de los hermanos Tsarnaev en la Maratón de Boston. Según la CNN, aunque las autoridades rusas transmitieron a los órganos de seguridad de los Estados Unidos “su preocupación respecto a que Tsarnaev se estaba volviendo cada vez más radical”, el FBI “no encontró evidencia de actividad extremista y cerró el caso, aunque lo nombres de los dos hermanos Tsarnaev y de su madre fueron colocados en una base de terroristas”.

El gobierno es conductor, es administrador de los bienes públicos, no es el árbitro supremo para decidir qué le conviene o no a la ciudadanía. Los ciudadanos que quieren conservar la libertad no pueden acatar cualquier decisión gubernamental, “un poco de rebelión de vez en cuando es buena cosa  apuntó Jefferson y aún más: “El espíritu de resistencia al gobierno es tan valioso en ciertas ocasiones que deseo que siempre sea mantenido con vida”. Cuando Edward Snowden filtró la existencia de un mega ciberespionaje, actuó dentro de un legítimo espíritu americano, aplicando la noción jeffersoniana de rebelión.

El Defensor del Pueblo en Rusia,  Mijaíl Fedótov, en apoyo de asilo político a Snowden declaró que “un hombre que saca a la luz pública secretos que ocultan los servicios de inteligencia, cuando estos secretos representan una amenaza para la sociedad, para millones de personas y hablamos de la vigilancia total en internet merece realmente el asilo político”; y la historiadora y activista de los derechos humanos que enfrentó al régimen soviético, Lyudmila Alexéyeva, dijo al respecto: “Si a (Gerard) Depardieu le dieron la ciudadanía para que eludiera pagar impuestos, también se le puede conceder a Snowden”. El actor Gerard Depardieu en el 2012 se exilió en Rusia como protesta por los altos impuestos que debía pagar en Francia, su país de origen, recibiendo la ciudadanía rusa por concesión de Vladimir Putin. Depardieu había ejercido la desobediencia civil en escala muy inferior a la desobediencia civil que, al estilo de Thoreau ha practicado Snowden.

En contrario de estas opiniones, Mario Vargas Llosa, hablando en la  VI edición del Foro Atlántico de la Fundación Internacional para la Libertad, dijo: “Ni el señor Snowden ni el señor Julian Assange representan la auténtica libertad de expresión. Son instrumentos voluntarios o involuntarios de fuerzas profundamente antidemocráticas". Agregó: "La conclusión sería tener clara dónde está la línea fronteriza, la demarcación entre lo que es genuina libertad de expresión, derecho de crítica y lo que es un visión distorsionada, sesgada de estas categorías fundamentales de la cultura democrática”.

Mario Vargas Llosa iguala a Assange con Snowden partiendo de un error de apreciación. Snowden, a diferencia de Assange no puso en peligro la vida de nadie con sus filtraciones. Assange divulgó 77 mil documentos de secretos militares y 400 mil informes militares de Irak entre 2004 y 2009. Assange actúa a favor de los regímenes autoritarios y populistas de América Latina con la intención clara de denigrar a los Estados Unidos. Assange se mantuvo en el anonimato mientras pudo y ha lucrado con su actividad como hacker. Assange fue juzgado por 24 cargos en su contra por delitos informáticos de los que se declaró culpable, siendo liberado por buena conducta y obligado a pagar una multa de dos mil 100 dólares australianos.

Edward Snowden, a diferencia de Assange, no intenta denigrar a los Estados Unidos, él buscaba crear un estado de opinión dentro de la sociedad americana en torno a un tema que consideraba ilegítimo y violador de la Declaración de Derechos de la Constitución de Estados Unidos.

Pero las buenas intenciones de Snowden tienen un precio que tiene que pagar. Ciertamente como se dice popularmente, el camino del infierno está empedrado de buenas intenciones. Cuando filtró el trabajo de PRISM a The Guardian y al  Washington Post, Snowden provocaría un escándalo internacional que le arrastraría a sí mismo. El gobierno de Estados Unidos actuó enérgicamente exigiendo, primero a China, luego a Rusia su extradición, para terminar aislado, sin documentación legal en la zona de tránsito del aeropuerto internacional Moscú-Sheremetievo. En esas condiciones y luego de renunciar a pedir asilo en Rusia Snowden declaró: “Mientras el público ha expresado apoyo a la luz que he arrojado sobre este sistema secreto de injusticia, el Gobierno de los Estados Unidos de América ha respondido con una cacería extrajudicial que me ha costado mi familia, mi libertad de movimiento, y mi derecho a una vida pacífica, sin miedo a una agresión ilegal”.

Sobre este aspecto el canciller ruso Serguei Lavrov expresó: “(Snowden) No ha violado la ley rusa, no ha cruzado la frontera, está en la zona de tránsito del aeropuerto y puede volar a donde quiera. Como dijo el presidente Vladimir Putin, Edward Snowden es un hombre libre. No tenemos nada que reprocharle desde el punto de vista jurídico”.

Respondiendo a un rumor de que Estados Unidos podría interceptar vuelos comerciales, Barack Obama declaró desde Dakar donde se encontraba como parte de una gira por varios países africanos: “No voy a alborotar los vuelos para capturar a un pirata informático de 29 años”

Los enemigos encubiertos o declarados de Estados Unidos se han afilado los dientes con el affaire Snowden. Ya Wikileaks se erigió en su protector y consejero como lo ha estado dejando en claro y como lo ha confirmado el jurista español Baltasar Garzón: “El equipo de Wikileaks y yo estamos interesados en preservar sus derechos y protegerle como persona. Lo que se le ha hecho al ex analista de la CIA y a Julian Assange ─ por realizar o facilitar revelaciones de interés público ─ es un asalto al pueblo”.

Sobre esto, Lonnie (Lon) Snowden, padre del ex analista, ha expresado la preocupación de que el grupo de Wikileaks pudiera aprovechar la oportunidad sin tener en mente los mejores intereses de Snowden. En carta abierta que publicaran Snowden, padre y su abogado Bruce Fein le expresan a Snowden que aquello que “has hecho y lo que estás haciendo ha despertado la supervisión del Congreso sobre la comunidad de inteligencia del profundo sopor en el que estaba”, diciéndole además: “Eres un Paul Revere moderno: haciendo un llamado al pueblo estadounidense para que confronte el creciente peligro de la tiranía y de una rama del gobierno”. Y a través de una entrevista que le concediera a la cadena Fox, Lon le pidió a su hijo que regresara y le transmitió: “Espero, rezo y pido que no reveles secretos que puedan constituir traición”.

Esta preocupación del padre de Edward Snowden es la disyuntiva a la que este se enfrenta. Si se deja llevar por sus frustraciones y destapa secretos de carácter delicado para la inteligencia  de Estados Unidos, todo su esfuerzo se habrá perdido. Hay un límite entre lo que constituye una legítima indignación por lo que se considera incorrecto y la colaboración con los enemigos. Y el padre le dice al hijo advirtiéndole: “Creo que estás bajo una gran cantidad de estrés en función de lo que he leído recientemente y te pido que no sucumbas a esa presión y tomes una decisión equivocada”.

Ed Snowden ha solicitado asilo a numerosos países y solo ha obtenido el rechazo tajante o promesas ambiguas. Francia, Italia, Alemania, Brasil, Noruega, India, Polonia, Islandia, Austria, Finlandia, Holanda y España han negado concederle asilo. Ecuador que en principio parecía concederle asilo político dio un cambio cuando Rafael Correa consideró que Snowden era responsabilidad de Rusia y que antes de considerar su petición de asilo debía primero llegar a territorio ecuatoriano. Para Correa, Snowden “es una persona muy complicada. Estrictamente hablando ─ dijo ─, el señor Snowden espió por algún tiempo”.

La inteligencia cubana guarda silencio pero espera el momento de encontrarse con Snowden e intentar arrancarle informaciones comprometedoras para la seguridad nacional de Estados Unidos. Nicolás Maduro ya le ofreció asilo seguro: “Como jefe de Estado y de gobierno de la República Bolivariana de Venezuela ─ dijo Maduro ─ he decidido ofrecerle asilo humanitario al joven estadounidense Edward Snowden para que en la patria de  Bolívar y Chávez puede venir a vivir (sin la)...persecución imperial norteamericana”. Si Snowden decide viajar a la Venezuela chavista, cometerá el peor error de su vida; entonces no tendrá el apoyo moral de todos los que creen en los derechos y libertades de los seres humanos. La Seguridad del Estado cubana le presionará y empleará todos sus métodos de convencimiento para arrancarle secretos de estado que entonces sí le convertirían en un traidor.

Edward Snowden tomó una decisión de suma gravedad que comporta consecuencias. Parecía que en sus denuncias vibraba el espíritu de Thoreau y de su Desobediencia Civil. Pero para actuar con la misma valentía que asumiera Thoreau, Snowden no debe huir. Debe regresar a los Estados Unidos y enfrentar su destino; si cree como el autor de Desobediencia Civil consideraba que “bajo un gobierno que encarcele a alguien injustamente, el sitio adecuado para una persona justa es también la cárcel”, Snowden debe enfrentar a la justicia de su país, demostrando su valentía cívica; quizá en ese momento su figura se eleve sobre la mediocridad general y reciba un apoyo como jamás hubiera pensado que recibiría por parte de sus connacionales. Huir no es la solución, refugiarse bajo la protección de gobiernos de carácter antidemocrático significaría la negación de su propia negación.

Snowden: entre grandes y pequeños hermanos



Roberto Giusti. EL UNIVERSAL
 

Que Rusia haya sido el país donde ha recalado, por ahora, Edward Snowden no deja de resultar una paradoja. Que sean países como Venezuela, Ecuador, Bolivia y/o Nicaragua, los únicos del planeta que expresaron, en diferentes momentos, su disposición de acoger esa papa caliente, confirman el contrasentido. Y no hace falta estar muy bien informado para establecer que todos esos países sostienen en común, unos con sus más, otros con sus menos, una orgánica y sistemática cruzada contra el libre flujo de la información. Pero paradoja también es que el país de las libertades y del respeto a los derechos humanos haya sido pillado in fraganti metiendo la nariz en los "metadatos" de millones de norteamericanos, así como en las comunicaciones de internautas de todo el mundo.

Primera conclusión: el episodio Snowden corrobora la certeza de que todo el mundo espía a todo el mundo (una verdadera perogrullada), pero, sobre todo, pone al descubierto la gigantesca escala a la cual se ha llegado gracias al desarrollo de la tecnología aplicada a las comunicaciones. La tercera, es que nadie está a salvo del implacable escudriñamiento al cual nos vemos sometidos todos los seres humanos, porque hasta un niño con un celular se convierte en potencial agente secreto o reportero espontáneo. La cuarta es que a pesar del combate encarnizado contra el derecho a la intimidad, los medios masivos de comunicación (y no sólo los dirigidos desde empresas) han convertido la contrainformación en un arma masiva de uso habitual. Así, a pesar de que ahora se dispone de una cantidad de información real como nunca antes se tuvo, en cantidad e instantaneidad imposible de digerir, la otra, la manipulada, la sesgada y elaborada, ha llegado a niveles que harían salivar de gusto al doctor Goebbels.

La última de las paradojas, como consecuencia de las anteriores, son los curiosos lazos que identifican el caso Assange con el episodio Snowden. Así, mientras el primero pone al descubierto documentos del Departamento de Estado que en buena medida podrían ser de dominio público, convirtiendo así al Estado en "víctima" del espionaje, el segundo revela cómo "la víctima" se convierte en victimario en nombre de la seguridad de todo un país.

Que los rusos históricamente han sofocado la libertad de información, que los chinos no se queden atrás en esa materia; que Correa sea un déspota incapaz de escuchar la palabra "medios" sin entrar en shock; que Chávez haya cerrado televisoras y emisoras de radio y que Maduro condene el mismo espionaje del cual se sirve para sus fines políticos, son algunas de las razones que, ya muy tarde, debe estar sopesando Snowden, quien ahora pasa a ser, por fuerza de los hechos, el "cautivo Snowden".

lunes, 8 de julio de 2013

Espías buenos, espías malos


Félix R. Chacón. EL UNIVERSAL

Hace unos meses acusaron a un cineasta de espía[1] y lo metieron preso sin más. Solo para dejarlo en libertad tiempo después corroborándose que la acusación no tenía ninguna base jurídica o real.

Ahora ya se comenta que se ha fabricado una cumbre en Rusia a raíz del asunto Snowden para tener acceso a él en el aeropuerto de Moscú, conocer de primera mano sobre la importancia así como las posibles implicaciones de las informaciones supuestamente reveladas a otros países. También estudiar acerca de las posibilidades de asilo, y se comenta que hasta si se le transporta hasta Caracas en el mismo avión en el que viaja Maduro.

En casa fabricamos espías y los metemos presos con discursos rimbombantes de soberanía nacional y cantos de "abajo el imperio", aunque infundadamente como quedó establecido por la liberación y posterior expulsión del "espía". No le da la mente a uno, lego en el tema, que siendo espía se pueda dejar en libertad, así que tomamos como cierto que se le acusó y apresó violándole sus derechos.

El "espía" que cayó de Hollywood era un espía malo. Snowden por el contrario ha de ser uno bueno, tanto que se lo pelean varios estados de estos que ven espías en todos lados y los apresan inconstitucionalmente. Todos quieren salvarlo para que no sea devuelto a EEUU en un acto motivado por los más altos intereses en preservar los DDHH del Sr. Snowden. Para el que se quiera creer esa historia. Y aquí habría que recordar que de Snowden no solo se sospecha que es un espía, sino que detenta el título.

Lo cierto es que su país lo reclama para someterlo a la justicia y enjuiciarlo para que se determine si con sus acciones infringió las leyes que regían sus actividades como funcionario de la CIA.

Pero para los humanitarios que se pelean por ofrecerle y darle asilo, este espía bueno sí tiene DDHH que resguardarle, mientras que el "espía" malo que supuestamente habían agarrado con las manos en la masa, venía equipado con DDHH defectuosos, tipo tapa amarilla.

Vale ahondar en el asunto y considerar que el "espía malo" era tan malo, que había que meterlo preso de una vez y sin más consideraciones, y aunque quedó establecido que no lo era, había que expulsarlo sin más excusas, sin sus pertenencias,  y sin una debida aclaratoria a la opinión pública que ayudara a entender lo que había pasado. Se salvó de que no lo enviaran a su país con las siglas EM (espía malo) marcadas en la frente.

Pero otro espía bueno, este confeso de acuerdo a una grabación al parecer incontestable que sirvió para que la Fiscalía abriera una investigación, y donde se le escucha reportar a un supuesto funcionario de inteligencia de otro país, asuntos sensibles a la seguridad del Estado venezolano y sobre funcionarios de la más alta envestidura gubernamental y de los poderes públicos, solo calificó para hacerle una invitación a ser entrevistado como testigo a pesar de que es él quien se implica en los hechos como se desprende de la grabación.

Mientras tanto la papa caliente sigue en el aeropuerto de Moscú esperando que algún humanitario le dé una ayudadita. Todo sin intención alguna, y serían capaces de jurar que jamás hurgarían en sus bases de datos para conocer el contenido de las mismas.



[1] Timothy Tracy, mientras se encontraba filmando un documental en Venezuela fue acusado por Nicolás Maduro de financiar las protestas en su contra por instrucciones de la CIA

Una monumental confusión


Carlos D. Mesa Gisbert (historiador y periodista y ex presidente de Bolivia). EL PAIS

El desconcierto es total. Asistimos a una mezcla de razón de Estado, miedo, debilidad y paranoia…Estamos en el umbral de un escenario internacional cargado de incertidumbres en el que todos o casi todos los poderosos, no atinan a otra cosa que a dar palos de ciego.

El reciente vendaval político lo desató la decisión de los gobiernos de Francia, Italia y Portugal de impedir el vuelo del avión presidencial de Evo Morales sobre su espacio aéreo, sumado a la insólita intención directa o indirecta de un diplomático español y algunos funcionarios que querían ver el interior del avión una vez posado de emergencia en suelo vienés.

La Francia de De Gaulle, la de la “grandeur” de la Quinta República, actuando como un país de opereta. Italia y Portugal, miembros destacados de la UE, secundando una acción digna de estados autoritarios y desinstitucionalizados. ¿Qué está ocurriendo? ¿Está Europa tan atrapada en sus miedos y en sus dependencias que reacciona irreflexivamente, pasando por alto su tradición y los valores que pretende representar?

Irónicamente, los europeos respondieron indignados ante el espionaje indiscriminado que les hace Estados Unidos, para quien en este tema no hay amigos ni enemigos, sino una particular lógica esculpida en la conciencia de su propio poder. Las leyes valen sólo dentro del territorio de la Unión. Sus agencias de seguridad pueden, fuera de su territorio, hacer literalmente cualquier cosa. Pero esos mismos europeos fueron lo que impidieron el paso del Presidente Morales basados en la presunción de que Edward Snowden podría encontrarse en la nave boliviana. Conclusiones europeas: Snowden, quien ha hecho publico que Estados Unidos los espía, es en realidad culpable de alta traición a la patria. La seguridad de Estados Unidos y la suya propia está por encima de los principios de respeto a la soberanía de los estados. El Presidente Morales está en una categoría distinta a la de los mandatarios a los que por razón alguna se les hubiese vedado el paso por sus territorios.

Francia, Italia, Portugal e incluso España, presumieron que Snowden estaba en el avión presidencial boliviano y con tal presunción pasaron por alto tratados internacionales, respeto a la investidura de un Jefe de Estado y una larga relación diplomática de países amigos con Bolivia.

Estados Unidos por su parte dijo que nada tenía que ver en tal decisión. ¿El gobierno de Hollande, el de Letta y el de Passos Coelho actuaron de motu proprio porque están asustados? ¿Por qué la seguridad es una sombra que les ciega la mirada? ¿Por qué la estructura militar-OTAN tiene margen de juego autónomo de su poder político? Decisión que, por supuesto, es contradictoria en si misma dado que a Snowden ─ que al hacerlo comete un delito en su país ─ está donde está en nombre de los principios del respeto al derecho internacional vulnerados por la primera potencia del mundo. ¿O es que los tres gobernantes piensan en lo íntimo que ese espionaje desbocado es un camino para frenar el terrorismo? ¿Lo es realmente?

Nadie puede responder nada con claridad. Snowden es la expresión sintomática de un virus letal que coloca en la superficie una crisis de una profundidad dramática. Occidente navega sin rumbo en medio de una tormenta que está desquiciando los goznes de su edificio. La democracia, los derechos humanos, los valores esenciales, se resquebrajan en medio de la confusión. Una monumental confusión que atora mentes y cuerpos. La verdad es que los líderes de Occidente están perdidos en su propio laberinto. A su vez Estados Unidos está preso de sus pesadillas y ve impotente como la red de su poder es el gran agujero de su debilidad. La tecnología que les permite entrar a las casas de cualquier mortal en cualquier parte del planeta es la misma que ha dado lugar a Wikileaks, y que le permite a Snowden ─ animado por las razones morales o políticas que sean ─ poner en evidencia una trama de la que nadie parece poder salir.

El norte está perdido. El episodio inaceptable y vergonzoso que se cernió sobre el Presidente de Bolivia marca una pauta. La Realpolitik ─ que diría von Rochau ─ se coloca por encima del rosario retórico de los valores universales que fueron los firmes pilares de Occidente después de la Segunda Guerra Mundial.

Por añadidura, el vuelo prohibido ha desatado una crisis en las relaciones de Europa con América Latina, lo que refuerza a los críticos de una determinada visión de mundo y permite afianzar los prejuicios de sectores de la región históricamente antagónicos a Estados Unidos y Europa

Un apunte de política local. Si el Presidente Morales y su gobierno quieren ser coherentes hoy, es simplemente aberrante que mantengan retenido al Senador Roger Pinto en la embajada de Brasil en La Paz. Ese país le concedió asilo ¿No es el asilo una institución sagrada en un mundo democrático y libre?

viernes, 5 de julio de 2013

Egipto: El Golpe


Fernando Mires. Blog POLIS

Las imágenes del 3 de Julio en las calles de El Cairo aparecen ante los ojos de cualquier demócrata como repetición de una mala película. Tanques a lo largo de las calles, multitudes que abrazan a los soldados como si fuesen salvadores de la patria, himnos militares y el discurso solemne de un general quien como el nasserista Abdel Fatan al Sisi, con la bandera nacional como trasfondo, anuncia que el que ha tenido lugar no es un golpe de estado, solo un pronunciamiento destinado a preservar la democracia de sus enemigos.

Los militares, también en Egipto, cuando asumen el poder no vienen de la nada ni actúan como resultado de simples conspiraciones. Suelen ser, por el contrario, emisarios de movimientos que por sí solos no se encuentran en condiciones de derribar a un determinado gobierno. Quiero señalar: no siempre hay detrás de cada golpe una minoría pues los militares, como si tuvieran un sexto sentido político, saben muy bien cuando actuar. Es por eso que muchos golpes de estado ─ no solo en Egipto ─ han sido acciones no exentas de apoyo popular. Alguna vez hay que decirlo.

Detrás de cada golpe hay casi siempre un mal gobierno, entendiéndose por ello a uno que no ha sabido cumplir o ser consecuente con las promesas que lo llevaron al poder. Ese es sin duda el caso de el de Morsi. Surgido de una auténtica revolución democrática y popular, al gobierno Morsi le fueron encargadas tres tareas:1) Construir instituciones democráticas 2) Servir de mediador entre las diversas fracciones que derrocaron a Mubarak y 3) Impulsar el desarrollo económico de la nación.

Morsi no sólo no cumplió con ninguna de esas tres tareas, además realizó lo contrario. Demolió las instituciones públicas, abolió la antigua constitución civil, concentró los tres poderes en uno, el ejecutivo; entregó grandes cuotas de poder a los "hermanos musulmanes" marginando a las fracciones islámicas democráticas y a los sectores laicos (precisamente las fuerzas más activas en la revolución anti-Mubarak de 2011) y, de acuerdo a planes supuestamente distributivos, depreció la moneda, desató la inflación e hizo depender al país de importaciones, sobre todo alimenticias. Lo dicho no entraña, por cierto, una justificación del golpe, pero la verdad es que el mismo Morsi cerró las salidas a una alternativa diferente.

En cierto sentido el golpe militar no fue sólo en contra de Morsi sino en contra de los "hermanos", fracción a la cual pertenece Morsi. Pero "los hermanos" islamistas, organización fundada en 1928 por Hassan Banna, no eran recién llegados. Perseguidos brutalmente durante la dictadura de Nasser y tolerados durante la de El Sadat, bajo Mubarak se convirtieron prácticamente en socios del gobierno, siéndoles asignadas funciones administrativas, poder de base en los campos y sectores suburbanos e importante presencia en las universidades. Además, gracias a las remesas que reciben de Arabia Saudita, lograron convertirse en el grupo político más poderoso y homogéneo del país. Así se explica por qué, durante la rebelión de 2011, fueron los últimos en sumarse a las multitudes anti-dictatoriales.

Las hermandades, después de la revolución, llegaron a ser una especie de "soviets" islámicos. De ahí que siguiendo la consigna "todo el poder a los hermanos" intentaron convertir a la multicultural nación en una república islámica. Si el golpe detuvo o simplemente ha postergado la realización de esa alternativa, nadie puede decirlo todavía.

Falsa es en todo caso la divulgada opinión de que los golpistas de 2013 son representantes de un movimiento laico en contra de un movimiento religioso. Por una parte hay que tener en cuenta que grandes contingentes del ejército, sobre todo en la tropa, son fieles islámicos. Por otra, y esa es quizás la única buena noticia que ha traído consigo el golpe de Julio, diversos grupos islámicos no asociados a las "hermandades" pasaron a formar parte, junto al Frente de Salvación Nacional, de la creciente oposición a Morsi. Es el caso, entre otros, del partido religioso NUR (Luz) que cuenta con el 25% de la votación y cuyo líder Ahmed al Tayeb ha aparecido en televisión junto al representante simbólico de los laicos, el premio Nobel Mohamed Al Baradei.

¿Ha regresado Egipto al punto de partida, a un "mubarikmo" sin Mubarak? Difícil decirlo. Cierto es que gran parte del ejército es todavía pro-Mubarak. No olvidemos tampoco que los militares, cada vez que llegan al poder, lo hacen para quedarse, aunque esta vez tuvieran el recato de nombrar presidente provisorio al máximo Juez de la Corte Suprema, el tranquilo Adli Mansur. Mal aconsejado estarían entonces EE UU y los gobiernos europeos si brindaran apoyo automático a los generales egipcios. Un golpe es un golpe y todo golpe es un atentado a la democracia, por muy precaria que hubiera sido, como en Egipto lo era.

No obstante, si Egipto vuelve al punto de partida, no será al mismo punto de partida. Puede que la oposición, a falta de otra alternativa apoye durante un tiempo a los militares. Pero seguramente esa oposición no ha olvidado los días de la gran rebelión en contra de Mubarak. Tendrá por lo tanto que enfrentar en el futuro a dos enemigos: el fanatismo religioso de los "hermanos", asociados con otras sectas aún más intolerantes, y la tentación dictatorial que se esconde en el corazón de cada general. Para lograrlo sólo hay una alternativa: La unidad. Esa siempre tan difícil unidad.

Si la unidad de la oposición llega a ser posible, puede incluso que el golpe de estado de Julio de 2013 sea visto en retrospectiva como antesala de la segunda gran revolución de los egipcios o, lo que es casi lo mismo: como el segundo capítulo de una misma revolución. Oj-Alá.

miércoles, 3 de julio de 2013

Lo que me gusta (y no tanto) de Estados Unidos


Jorge Ramos. EL NUEVO HERALD

A pesar de que llevo 30 años viviendo en Estados Unidos, no deja de sorprenderme cuando este país hace algo atrevido, promoviendo la igualdad, rompiendo prejuicios de décadas y sale a defender lo moralmente correcto. Cuando esto ocurre, el mundo (a pesar de su sano escepticismo, larga memoria y malos recuerdos) no tiene más remedio que tomar nota y seguir el ejemplo.

Dos de estos momentos históricos acaban de ocurrir: la Corte Suprema de Justicia prohibió la discriminación en contra de parejas gay y el Senado aprobó el proyecto de reforma migratoria para legalizar a millones de indocumentados. Son dos decisiones para quitarse el sombrero. Jueces y senadores están diciendo: aquí nadie puede estar por encima de los otros; ser muchos no les da el derecho de imponerse sobre los que son menos.

Esto es lo que más me gusta de Estados Unidos; esa idea –expresada maravillosamente en su acta de independencia– de que todos somos iguales. Todos. Lo que dijeron los jueces de la Corte Suprema es que los gays tienen los mismos derechos que los heterosexuales para casarse, ser padres, adoptar y recibir beneficios del gobierno. Y lo que dijeron los senadores es que los inmigrantes indocumentados tendrán (en 13 años) exactamente las mismas ventajas y oportunidades que cualquier ciudadano estadounidense.

Esta idea de igualdad no es nueva. El viajero francés Alexis de Tocqueville visitó Estados Unidos en 1831 y escribió en su libro Democracy in America: “Nada me llama la atención con más fuerza que esa igualdad de condiciones en que vive la gente”. Y eso es precisamente lo que hicieron la Corte Suprema y el Senado: asegurarse que gays e inmigrantes estén en “igualdad de condiciones” con el resto de sus habitantes. Genial. Esta es una manera de evitar que las mayorías impongan su voluntad y reglas sobre las minorías.

Hay, sin duda, un nuevo entusiasmo por el rumbo del país en materia de derechos civiles. Este movimiento comenzó con la elección en el 2008 de Barack Obama, el primer presidente afroamericano en la historia de Estados Unidos, dejando atrás décadas de esclavitud, discriminación y racismo.

No siempre resulta así, pero el concepto central de las leyes en Estados Unidos es que nadie te puede hacer a un lado por tu color, tu religión, tu país de origen o tu orientación sexual. Y ese es un gran punto de partida.

Estados Unidos, hacia dentro, es una democracia vital, llena de debates, balances y fórmulas para enfrentar las desigualdades. Eso me gusta. Pero no me gusta cuando abusa de su poder hacia fuera. Aquí hay dos graves ejemplos de ese abuso.

Por más discursos y negativas que dé el gobierno del presidente Barack Obama, es imposible que no lo acusen de ser el big brother cuando su Agencia de Seguridad Nacional obtuvo en marzo pasado 97 mil millones de datos provenientes del espionaje en celulares y computadoras en todo el mundo, según la información que el ex empleado de la CIA Edward Snowden dio al diario The Guardian. Entiendo el temor de Estados Unidos a otro ataque terrorista como el del 11 de septiembre del 2001. Pero espiar a amigos, aliados y a tus propios ciudadanos no es, precisamente, lo que esperas de una democracia y una superpotencia como Estados Unidos.

Tampoco se explica la guerra en Irak que se inventó George W. Bush. Saddam Hussein era un tirano pero no tuvo nada que ver con el 9/11 ni tenía armas de destrucción masiva en el momento de la invasión norteamericana en el 2003. Más de cuatro mil soldados norteamericanos murieron injustificadamente en Irak, al igual que 113 mil civiles iraquíes. Esas muertes se pudieron evitar pero Bush no quiso esperar al dictamen final de los inspectores de Naciones Unidas. Por eso muchos criticaron a Estados Unidos por ser un bully planetario.

Lo mejor de Estados Unidos sale cuando busca la igualdad, tanto dentro como fuera de su país. Pero lo peor surge cuando impone su voluntad y su visión del mundo a otras naciones menos fuertes.

Hace poco hablaba con el director mexicano Guillermo Del Toro, quien está promoviendo su nueva película Pacific Rim – una impactante guerra planetaria entre Kaijus (monstruos) contra Jaegers (robots manejados por humanos). Guillermo se fue de México luego que secuestraran a su padre y no quiere volver a trabajar ahí por temor a represalias. Pero encontró en Estados Unidos al aliado perfecto.

Las películas que nunca pudo hacer en México, por problemas económicos y de seguridad, las hace ahora en Hollywood. Sin caer en cursilerías pero Estados Unidos le permitió hacer lo mismo que cualquier norteamericano y le dio las oportunidades que su país de origen no pudo. Hoy su alma de niño de 12 años, como él dice, queda plasmada en los más alucinantes filmes en pantallas de todo el mundo. ¿Qué otro país puede ofrecerle lo mismo a un extranjero?

Sí, hay cosas que no me gustan de Estados Unidos. Pero no puedo dejar de admirar a este ambicioso y generoso país, donde vivo con total libertad y donde nacieron mis hijos, cuando nos promete que todos somos iguales…y luego lo cumple.