lunes, 28 de octubre de 2019

VAMOS A VER. ¿ENTONCES, COMO? A PROPOSITO DEL FORO “PASOS DEL CAMBIO EN CUBA”


Mario J. Viera




Cuando veo, escucho o leo lo que dicen, proponen y alientan los ultraopositores del exilio cubano, y sus ultrapatrióticas organizaciones, me pregunto ─ no sé, solo es un interrogante ─, si estos ultra-anticomunistas del exilio se inspiraron, para elevarse como la crema y nata de la inteligencia en materia de organización y de conducción ─ desde la distancia ─, del movimiento de resistencia al interior de Cuba, en nada menos y nada más, que en Vladimir Ilich Lenin. Quizá solo sea una coincidencia que estos adalides de “la resistencia cubana”, dedicados a tiempo completo a la gran labor de inspirar, en otros, la idea de la liberación de Cuba, tengan el mismo concepto leninista de la profesionalidad revolucionaria, en este caso, de la profesionalidad opositora.

Es que Lenin, en su libro “¿Qué Hacer?”, estudiaba las tareas que los bolcheviques debían desplegar, con vistas a la revolución comunista. En el Capítulo IV de ese tomo, Lenin hablaba y explicaba la importancia de una organización que debía “estar formada, en los fundamental, por hombres que hagan de las actividades revolucionarias su profesión”. Anotaba que debía “entenderse por ‘inteligentes’ en materia de organización sólo a los revolucionarios profesionales...”; por supuesto, esa organización no sería otra, sino la que luego sería el Partido Comunista. ¿Díganme si no hay similitudes con la organización denominada Directorio Democrático Cubano y su apéndice Asamblea de la Resistencia Cubana? Ambas conformadas, según el patrón leninista, “por revolucionarios [sustitúyase esta palabra por la de “opositores”] profesionales y dirigida por verdaderos líderes políticos de todo el pueblo...” Sí, porque esos líderes ¿acaso no son verdaderos líderes políticos de todo el pueblo de Cuba, o al menos, así ellos mismos se consideran? 

Quizá algún exaltado ultra-patriota del exilio, se rasgue las ropas alarmado por mi cita de Lenin, y grite con fuerza de rayo del Olimpo: “¡Este tipo es medio comunista o comunista y medio!” Pues mire Ud., no soy comunista. Sí he leído y hasta analizado obras marxistas, como el Manifiesto Comunista, de Marx y Engels; El 18 Brumario de Luis Bonaparte, La Guerra Civil de Francia, de Marx; el Anti Dühring, de Engels; El Estado y la Revolución y ¿Qué hacer?, de Lenin. Pero también he leído La Doctrina del Fascismo, de Benito Mussolini, y nada tengo de fascista; le digo más, he leído, creo que, hasta cuatro veces Mi Lucha, de Adolfo Hitler, y con todo, le pido la cabeza a los neo nazis. Anote Ud., he leído, con mucha atención, una traducción del Corán en español, y ¡Mire Ud., no soy musulmán! No creo en la Biblia, pero si lo desea, le hago todas las citas que quiera del Antiguo y del Nuevo Testamento. Aunque no soy católico, de hecho, no comparto ninguna religión, me identifico con los postulados de la encíclica Rerum Novarum del Sumo Pontífice León XIII, de15 de mayo de 1891. Así que, estimado ultra-patriota, tú tranquilo, que yo nervioso.

Luego de esta digresión voy a referirme al tema central que intento analizar. Pues bien, el 17 de octubre de 2019 el periódico Diario Las Américas dio a conocer que los líderes “que representan (¿?) a la oposición cubana dentro y fuera de la isla se reunirán el próximo 25 de octubre en un foro (“Pasos del cambio en Cuba”) en Miami, en cuyo contexto será ratificado el Acuerdo por la Democracia en Cuba”.  Sí, puse entre paréntesis signos de interrogación, porque, ¿en verdad esos “líderes” representan a la oposición cubana, a toda la oposición cubana, dentro y fuera de la isla? Pues no lo creo. ¿Por qué no decir “que representan a una parte de la oposición”, o si se quiere, y para destacarse, decir “que representan a una gran parte de la oposición? Es que existimos ─ ¿muchos? ─ opositores anti castristas, que no estamos, ni queremos estar, representados por opositores profesionales, que responden a una sola línea del espectro político de Estados Unidos, sí, como lo lee, de Estados Unidos, la del Partido Republicano y seguidores de Donald Trump, es que ─ me pregunto ─ ¿qué pinta algún partido político de Estados Unidos en la conducción de la lucha por la liberación de Cuba? En lo de Cuba, para los cubanos, nada tienen que hacer ni republicanos ni demócratas, solo cubanos y organizaciones opositoras cubanas con sello de marca exclusivamente cubano.

En la nota periodística del Diario Las Américas se informaba que los foristas esperaban la asistencia al foro ─ ¡Cristo bendito! ─ de nada más y nada menos, que el mismísimo presidente del Brasil, Jair Bolsonaro, aunque finalmente, el gran “demócrata” de extrema derecha, Bolsonaro ni siquiera envió un representante suyo al gran foro del bla bla de cambios. Tampoco hizo presencia el Secretario de Estado, que también los foristas esperaban asistieran, aunque, en su lugar, envió a la Subsecretaria Adjunta para Cuba y Venezuela en la Oficina de Asuntos del Hemisferio Occidental, Carrie Filipetti. Aunque si hubo una destacada figura representativa de la dictadura batistiana, el exrepresentante republicano Lincoln Díaz Balart.  Unidos en un solo foro, la revancha y el oportunismo.

Analicemos lo que es el Acuerdo por la Democracia en Cuba de 1989. Según el artículo de Diario Las Américas, es algo así como “una especie de ‘carta de navegación’ que debe conducir a la pérdida del poder que ostenta el régimen castrista desde hace seis décadas”.  ¿Es así, una especie de carta de navegación u hoja de ruta para la pérdida del poder de la tiranía castrista? ¡De ningún modo! El Acuerdo por la democracia en Cuba es, simple y sencillamente, una carta de principios, un documento que puede incluirse como parte de las propuestas programáticas de cualquier grupo opositor; intenciones civilistas que requieren, primero, derrocar al régimen del Partido Comunista de Cuba para implementar las propuestas del Acuerdo y el establecimiento de un Gobierno de Transición.

Pero el Acuerdo no expone el cómo, ni los métodos a emplear “para conducir a la pérdida del poder que ostenta el régimen castrista desde hace seis décadas”. Eso lo omitió el foro “Pasos del cambio en Cuba”, como tampoco expresó cuáles son esos pasos, ni cuál será la estrategia a seguir para lograr “la pérdida del poder que ostenta el régimen castrista”. No estoy en contra del Acuerdo por la democracia en Cuba ─ que de vez en vez se ratifica y se vuelve a ratificar ─, lo suscribo en sentido general; pero no estoy de acuerdo con la manipulación de un ideal para hacer demagogia vacía, en beneficio de organizaciones que no presentan un plan estratégico de lucha inteligente y realista, solo declaraciones y propósitos.

El Acuerdo por la democracia en Cuba del 14 de enero de 1998, se compones de un exordio, una introducción y una exposición de principios a cumplir por un soñado gobierno provisional o de transición. El exordio declara que “la nación cubana es una sola, en el territorio nacional y en la diáspora (...) que todos los cubanos tenemos el derecho a ser iguales ante la ley y la nación, con dignidad plena”, y se afirma que “el presente régimen se ha mostrado incapaz de asegurar la libertad y la justicia y de promover el bienestar general y la solidaridad humana en nuestra patria”. Por otra parte, el Acuerdo se presenta “como una clara alternativa a la opresión actual”. ¿Quién puede declararse contrario a tales postulados? Yo, no. Me adhiero a los mismos.

En la introducción se plantea que “Cuba es una e independiente, cuya soberanía reside en el pueblo y funciona mediante el ejercicio efectivo de la democracia representativa pluripartidista...”, y como todo gobierno tiene que respetar la soberanía del pueblo, “el gobierno provisional o de transición tendrá la obligación de devolverle la soberanía al pueblo”. ¡El gobierno provisional o de transición! Nada que objetar, pero el foro prodigioso, celebrado en la Torre de la Libertad, no hizo propuesta alguna de cómo llegar al establecimiento de tal gobierno provisional o de transición, salvo lo expresado por la Sra. Filipetti para referir que, a partir del 10 de diciembre, se prohibirán, por el gobierno de Trump, los vuelos comerciales a nueve ciudades de Cuba; que las sanciones “continuarán” y, como informó la página web Hola News, la Filipetti “detalló las nuevas restricciones en medio de la algarabía del exilio cubano”.

Los lineamientos que traza el Acuerdo se reúnen en diez puntos que el gobierno de transición deberá acometer y cumplir, como la proclamación de “una amnistía general para la liberación de todos los presos políticos, incluyendo a aquellos condenados por falsos delitos comunes”; la organización del “poder judicial independiente, imparcial y profesional”; “la libertad de expresión, de prensa, de asociación, de reunión, de manifestación pacífica, de profesión y religión”; la inmediata legalización “a todos los partidos políticos y demás organizaciones y actividades de la sociedad civil”; “medidas para proteger la seguridad medioambiental y proteger y rescatar el patrimonio nacional”; el amparo de “la libertad de gestión económica; el derecho a la propiedad privada; la libertad sindical; el derecho al convenio colectivo y a la huelga”; garantizar “la profesionalidad, dignidad y neutralidad política de las Fuerzas Armadas y crear cuerpos de orden público cuyas normas de conducta se ajusten a los principios” contenido en el Acuerdo.

Sin embargo, en su punto 7, se plantea textualmente: “Referirse a la Constitución de 1940, en lo aplicable, durante el período de transición y convocar a elecciones libres con la supervisión de organismos internacionales, en un plazo no mayor de un año, para un Congreso Constituyente que establezca una Constitución y que durante su existencia pueda legislar y fiscalizar al Ejecutivo. Lograda así la legitimidad democrática, convocará a elecciones generales según establezca la Constitución”.  Punto este último con el cual tengo contradicción. Se reconoce la Constitución de 1940, eso es correcto, pero ¿Para qué se necesita establecer un Congreso o Asamblea Constituyente para proveer al país de una nueva Constitución? Si se restablece la Constitución de 1940, el solo hecho de convocar a elecciones para una nueva constituyente, de entrada, sería inconstitucional, pues se viola la Cláusula de Reforma de la Constitución de 1940. ¿Hay que enterrar la Constitución del 40, como lo hizo de entrada el régimen de Castro?

Se pudiera reclamar que la Constitución requiere reformas y actualizaciones, tesis débil. La Constitución de los Estados Unidos no se actualiza a pesar que lleva ya algo más de dos siglos de su proclamación. Si se requirieran reformas, habría que hacerlas de acuerdo al procedimiento que establece la propia Constitución.

La Cláusula de Reforma de la Constitución se regula por su Artículo 286:

“La reforma de la Constitución será específica, parcial o integral.  En el caso de reforma específica o parcial, propuesta por iniciativa popular, se someterá a un referendo en la primera elección que se celebre, siempre que el precepto nuevo que se trate de incorporar, o el ya existente que se pretenda revisar, sea susceptible de proponerse de modo que el pueblo pueda aprobarlo o rechazarlo, contestando "si" o "no".  En el caso de renovación específica o parcial por iniciativa del Congreso, será necesaria su aprobación con el voto favorable de las dos terceras partes del número total de miembros de ambos cuerpos colegisladores reunidos conjuntamente, y dicha reforma no regirá si no es ratificada en igual forma dentro de las dos legislaturas ordinarias siguientes.  En el caso de que la reforma sea integral o se contraiga a la soberanía nacional o a los artículos veintidós, veintitrés, veinticuatro y ochenta y siete de esta Constitución, o a la forma de Gobierno, después de cumplirse los requisitos anteriormente señalados, según que la iniciativa proceda del pueblo o del Congreso, se convocará a elecciones para Delegados a una Asamblea plebiscitaria, que tendrá lugar seis meses después de acordada, la que se limitará exclusivamente a aprobar o rechazar las reformas propuestas.  Esta Asamblea cumplirá sus deberes con entera independencia del Congreso, dentro de los treinta días subsiguientes a su constitución definitiva. Los Delegados a dicha Convención serán elegidos por provincias, en la proporción de uno por cada cincuenta mil habitantes o fracción mayor de veinticinco mil, y en la forma que establezca la Ley, sin que ningún congresista pueda ser electo para el cargo de Delegado”.

Todo procedimiento de reforma constitucional que no se ajuste a lo preceptuado en este artículo 286 es inconstitucional 

sábado, 26 de octubre de 2019

¿SOLUCION PARA CUBA? ¿APRETARLE EL CINTURON A LOS CUBANOS?


Mario J. Viera




Maria A. Aguila le responde a Oscar Peña por la crítica que este hiciera en contra de las últimas medidas de presión económica que ha impuesto Trump contra el régimen castrista, y le confronta diciendo:

“Oscar Peña, tú que eres una gran persona y tienes la bola mágica danos porfa, el alumbrón de como quitar a la dictadura del poder, la voluntad del pueblo existe, pero no tienen los medios y están sofocados por la dictadura, cuál sería tu plan, exactamente paso a paso, para el cambio, ya sabemos que el régimen no sede un paso, ni va a hacer elecciones donde participen otros partidos, ni harían un plebiscito, entonces, cuál sería la manera, si tu sugerencia es el sometimiento del pueblo de por vida, o que sugieres una intervención americana para que alguien diga que es inferencia extranjera, la verdad no entiendo...”

Decidí dar mi opinión en respuesta a las interrogantes de Maria A. Aguila:

No sé qué responderá Oscar Peña a esa interesante pregunta. Esa pregunta es la misma que muchos se hacen, y parece que no le encuentran respuesta adecuada. Trataré de dar mi opinión sobre el tema que, la Sra. Aguila, lleva a discusión: “de como quitar a la dictadura del poder” teniendo presente que “la voluntad del pueblo existe, pero no tienen los medios y están sofocados por la dictadura”.

Algunos, tal vez muchos, creen, como cree el Sr. Mauricio Claver Carone, que las presiones económicas, llevadas hasta la saciedad contra el régimen fascista-comunista que impera en Cuba, bastarán para propiciar su caída. El mensaje subliminar de estas propuestas es simple, hacer que el hambre de los cubanos obligue a una revuelta, de tal envergadura, que conmocione al gobierno castrista. Sin embargo, existe un pero en cuanto al mensaje, y ese pero, lo da la Historia. Nunca el hambre ha impulsado revoluciones o revueltas.

No fue el hambre el motor impulsor para la Revolución Francesa de 1778, sino los intereses afectados del Tercer Estado por parte de la aristocracia. No fue el hambre, lo que antes impulsara en Inglaterra el estallido de la Revolución Gloriosa de Gran Bretaña de 1688, no fue el hambre y las miserias del pueblo, sino los intereses políticos de un sector de la aristocracia británica. No fue el hambre la que redactó la Declaración de Independencia de las Trece Colonias en América del Norte en 1776. No fue el hambre lo que impulsó a los españoles en 1808 a iniciar la Guerra de Independencia contra el dominio napoleónico, sino el resentimiento de la población por las exigencias de manutención y los desmanes de las tropas francesas. No fue el hambre del pueblo lo que motivó la lucha independista de Simón Bolívar en 1810. No fue el hambre lo que propició que el 10 de octubre de 1868, el hacendado bayamés Carlos Manuel de Céspedes diera el grito de independencia, sino los intereses políticos y económicos de los criollos. Tampoco fue el hambre lo que motivara a José Martí a iniciar “la guerra necesaria” de 1895.

Es más. no fue el hambre el motor que impulsó a las juventudes alemanas del sector oriental, a derribar el Muro de Berlín, sino la defensa de sus derechos civiles y su identidad como alemanes; como fueron las huelgas en Polonia promovidas por el Sindicato Solidaridad o en Bulgaria, la huelga general que llevara a cabo la oposición anticomunista. No fue el hambre lo que con la resistencia en Túnez se iniciara el periodo de la Primavera Arabe.

El hambre y la miseria no genera héroes. Entonces ¿Qué se debe hacer?

Primero debo enfocar un tema que influye sociológica y políticamente en la actividad de las organizaciones opositoras/disidentes al interior de la isla. Cuando las organizaciones ultra opositoras del exilio cubano en Estados Unidos, junto a individuos como Marco Rubio, los hermanos Díaz Balart, Lincoln y Mario, Mauricio Claver Carone, Marcell Felipe y Orlando Gutiérrez-Boronat, promueven como factor de desestabilización y derrocamiento del poder castrista por medio de sanciones económicas y su asfixia financiera, lo que favorecen, en realidad, es un estado de impasse, de quietismo y conformismo dentro de los sectores oposicionistas internos, que, a la espera del desastre total de la economía en Cuba, solo se dedicarán a mantenerse actuales con declaraciones y acciones de bajo nivel, confiados de que el régimen castrista o neo castrista se desplomará irremisiblemente.  ¡Error garrafal desde el punto de vista político! Es que ninguno de estos cabilderos de las medidas “duras” tienen la más elemental idea sobre la resistencia frente a un régimen totalitario; incluso, ninguno de ellos, tiene ni siquiera una idea aproximada de las realidades cubanas.

Entonces, pregunto de nuevo: ¿Qué se debe hacer? Así, aceptando como cierto lo anotado por la Sra. Aguila que “la voluntad del pueblo existe, pero no tienen los medios y están sofocados por la dictadura”, debemos plantearnos, el qué se debe hacer.

No desconozco que, cuando existe un movimiento de resistencia activo y consolidado en un país sometido a una dictadura despótica, las sanciones económicas unidas a las diplomáticas, pueden jugar un valioso medio auxiliar de apoyo a las demandas de la resistencia, y siempre que estas sean de carácter multinacional y no exclusivamente unilaterales. ¿Qué ocurrió en Venezuela cuando se entrometieron en el desarrollo de la resistencia interna el equipo Bolton- Claver Carone- Pompeo-Trump y su propuesta de “todas las opciones sobre la mesa”? Si el 10 de enero, cuando Juan Guaidó se proclamó Presidente Encargado de Venezuela, fue el “alumbrón” que hizo despertar a la durmiente oposición venezolana, luego de las propuestas de los cuatro jinetes del Apocalipsis, en plan electoralista, se produjo el “apagón” de todo ese movimiento de resistencia. Y pregunto, ¿qué se consiguió con las sanciones económicas a Nicaragua? Daniel Ortega continúa gozando de buena salud; ¡Nada!

Entonces alguno dice que, con esas medidas de carácter económico, que la administración Trump impone sobre la dictadura fascista-comunista, se puede impedir para que la Seguridad del Estado consiga técnicas más sofisticadas para reprimir al pueblo. Esto es falso, con los recursos que la Seguridad del Estado cuenta en este momento, le basta son suficientes para continuar su labor represiva.

Ahora bien, analicemos las conclusiones que plantea la Sra. Aguila de que “la voluntad del pueblo existe, pero no tienen los medios y están sofocados por la dictadura”. Según la Real Academia Española, voluntad significa, en una de sus acepciones: “Intención, ánimo o resolución de hacer algo”. Hoy por hoy, hablando en sentido general, en el pueblo no existe tal voluntad; existe descontento, sí, pero no existe la resolución de “hacer algo”, la conciencia de la necesidad del cambio. El pueblo no tiene los medios para el cambio. Esto es debatible. ¿Que está sofocado por la dictadura? Es cierto, y estará más sofocado por la dictadura si continúan los ya demostrado fracasados planes de asfixiar la economía del régimen. Sesenta años con lo mismo y nada ha cambiado. Ni cuando la caída del bloque soviético el régimen castrista pudo ser socavado. Declararon el Periodo Especial para cargar sobre las espaldas del pueblo todo el sacrificio y las penurias y sobrevivir al embate del desastre económico que representó la pérdida total de los subsidios soviéticos.

¿Medios? Si por ello se entienden los recursos necesarios para generar una revuelta armada, tengo que reconocer que no existen esos medios. El aparato represivo del régimen está preparado para enfrentar tal contingencia. ¿Qué sucedió con el intento de revuelta armada en La Habana y otras provincias, de la conspiración del 30 de agosto de 1962? Fue el concierto de todas las organizaciones anticastristas de aquel momento, Frente Anticomunista de Liberación (FAL), Frente Revolucionario Unido (FRU), Movimiento Montecristi, Movimiento de Recuperación Revolucionaria (MRR) y el Movimiento 30 de Noviembre (MR-30-11). El resultado: el G-2 penetró varias de estas organizaciones, detuvo a algunos y lanzó un fuerte operativo en la misma fecha en que se planeaba el levantamiento, culminado con el fusilamiento de más de doscientos implicados en el movimiento. ¿Alzamiento armado? ¿En las serranías del país? ¿Empleando qué armamentos que puedan enfrentar al equipamiento de las FAR? Las fuerzas armadas del régimen poseen un buen entrenamiento en operaciones anti insurreccionales que haría de todo imposible el establecimiento de un frente guerrillero en las zonas rurales y montañosas del país. ¿Qué ocurrió con el movimiento guerrillero anticastrista en el Escambray, con todo el apoyo y los recursos que le ofrecía la CIA?

¿Medios? Sí, existen y variados. Los medios propios de la resistencia civil noviolenta. Pero, lo primero que se requiere es que exista la voluntad política de la oposición/disidencia de emprender un movimiento de resistencia cívica no violenta, incluyente, donde tengan cabida todas las posiciones de derecha, de centro y de izquierda, que animen el propósito de lanzar el reto político al Partido Comunista de Cuba y con activistas capaces de canalizar el descontento popular hacia la acción cívica y la promoción de la conciencia del cambio, de la necesidad de hacer. Segundo, existencia de un liderazgo horizontal decidido a elaborar una estrategia consensuada e inteligente para impulsar la resistencia. Tercero, centrarse en la problemática de la realidad cubana y sin esperar por la ayuda de salvadores extranjeros y actuar sin someterse a las directivas de los grupos del exilio, todos de corte derechista, republicanos y trumpistas. No resulta fácil pero no es del todo imposible, solo se requiere decisión y empeño, sin precipitaciones, pero también sin titubeos.

Cuando el movimiento de resistencia estalle y enfrente a los represores, entonces sí y solo sí será bienvenida el auxilio de la comunidad internacional y las sanciones económicas y diplomáticas multinacionales para aislar y ahogar al régimen de opresión.