domingo, 11 de noviembre de 2012

Por qué reeligieron a Obama


Carlos Alberto Montaner

Por qué reeligieron a Obama? Lo preveían y explicaban convincentemente los autores de The Keys to the White House (aproximadamente Las claves para alcanzar la Casa Blanca): porque la sociedad norteamericana fundamentalmente juzga y decide por la experiencia de los cuatro años previos del incumbente o titular de ese cargo.

Sí el pueblo americano está básicamente conforme con el desempeño de su Presidente, aunque le encuentre ciertos reparos, lo ratifica en el cargo. Si no es así, lo despide, o rechaza al partido al que pertenece, si se trata de un segundo término. Ese factor racional pesa más que las campañas publicitarias y los debates.

Los autores de este modelo de predicción, que no utiliza encuestas ni asigna porcentajes de votos en el hipotético resultado, son el historiador norteamericano Allan Lichtman y el matemático de origen ruso Vladimir Keilis-Borok. Hasta ahora han acertado en todas las elecciones presidenciales norteamericanas en que lo han aplicado (las últimas ocho), y, si les creemos, han podido verificar el carácter infalible del método en los pasados comicios presidenciales desde 1860, fecha a partir de la cual se tiene suficiente información disponible.

¿Cómo funciona esa bola de cristal? Se trata de 13 cuestiones fundamentales con las que la mayoría de los norteamericanos elabora su juicio sobre la conveniencia de cambiar o no al inquilino de la Casa Blanca. Si el presidente falla en más de cinco, no será reelecto. Si lo suspenden en menos de cinco, le dan otra oportunidad de servir. Obama, a juzgar por este modelo de predecir, falló en sólo tres y, por lo tanto, lo mantienen al frente del Ejecutivo.

Las trece consideraciones son las siguientes:

• El partido al que pertenece el Presidente aumentó el número de congresistas en las elecciones de medio periodo, a los dos años de haber sido electo. (Perdió curules en esas elecciones. Primer fallo de Obama).

• El Presidente, dentro de su propio partido, no tiene retadores que pretendan sustituirlo. (Nadie retaba a Obama).

• Incumbencia. El aspirante es, a su vez, el titular. (Obama es el incumbente).

• No hay un tercer partido con peso electoral significativo. (No lo hay. Ross Perot impidió que Bush padre fuera reelecto. Ralph Nader obtuvo 97,000 votos en Florida en el año 2000 y le quitó la presidencia a Al Gore. Ese año Bush ganó la Florida, y con ella la presidencia, por 537 votos).

• Recesión durante las elecciones. (Estados Unidos no está en recesión. Tiene problemas económicos, pero no está en recesión).

• Estado general de la economía. (En general, la economía no ha crecido como en el pasado y se avizoran más problemas. El enorme aumento de la deuda pública es un asunto muy grave. Segundo fallo de Obama).

• Grandes cambios en las medidas de gobierno. (En realidad, no los ha habido. La reforma del sistema sanitario –el seguro obligatorio de salud– no es exactamente un turning point y el aumento de los impuestos, si se aprueba, sería volver a la situación anterior a George W. Bush).

• Grandes conflictos sociales. (No los ha habido. Las manifestaciones de los indignados han sido considerablemente menores que en Europa y se han limitado a algunas protestas en Wall Street).

• Escándalos. (La administración de Obama, durante sus primeros cuatro años, no ha pasado por ningún escándalo público ni privado significativo).

• Fracaso militar. (El gobierno de Obama no ha sufrido una derrota militar notable o padecido un acto terrorista importante. Las tropas en Irak completarán pronto su retirada, como estaba previsto, y las desplegadas en Afganistán preparan su despedida).

• Éxito militar. (La muerte de Osama Bin Laden y de otros líderes de Al Qaeda ha podido presentarse como una victoria en ese terreno).

• Carisma o perfil heroico del incumbente. (Tercer fallo de Obama. Es un buen comunicador, pero no posee la atracción o el carisma de un J. F. Kennedy o de un F. D. Roosevelt, ni es un héroe como lo fue Eisenhower. Es más bien un líder contenido y discreto).

• Carisma o perfil heroico de su oponente. (Mitt Romney tampoco proyectaba la imagen de un candidato carismático y mucho menos era percibido como un héroe. Estábamos ante un hombre inteligente, decente, apuesto y buen empresario, pero no ante alguien que conectara emocionalmente con las masas).

Hechas las sumas y las restas, la sociedad norteamericana, aunque muy dividida, ratificó a su presidente. De paso, volvió a darle la razón a The Keys to the White House.

Las que ganaron


Sabina Covo. EL NUEVO HERALD

El comentarista radial de ultraderecha Rush Limbaugh dijo en su programa después de la elección 2012, que las mujeres habían elegido a quien las trataba como vaginas. Es obvio que este señor utiliza sus micrófonos para tratar de ilustrar lo que considera su realidad con comentarios increíblemente estúpidos y sin fundamento. Porque en caso tal todo dependería del concepto de vagina de cada cual y del respeto de cada persona a la mujer. Y el que en pleno siglo XXI no respete a la mujer por igual que al hombre es sencillamente un delincuente. Ese comentario, como muchos otros de los que emite, es ciego a la importancia del voto femenino en esta contienda. Y como él, hay varios personajes que quieren regresar a épocas medievales, pero les recuerdo que no lo han logrado, al menos no esta vez.

Un análisis sin fundamento como el de Limbaugh solo ilustra el pánico que le tienen algunos machistas a la inteligencia, capacidad y poder de una mujer. Y solo se compara con quienes dicen que hay algunos hombres que piensan con el pene, comentarios también sin fundamento, pero que me atrevo a asegurar que son hasta más acertados. Pero teniendo en cuenta la libertad que hay en este país, volvamos al punto real, la importancia del voto femenino que supera en cantidad al del hombre, tanto en registros como en visitas a las urnas. Y las que ganaron esta vez fueron las mujeres.

Más allá de los partidos políticos, las creencias y la ideología, que se respeta en cada caso individual, las mujeres al salir a votar le ganaron a los que trataron de infringirle sus derechos durante este 2012 con comentarios y proyectos de ley de los años 50 como tratar de redefinir el concepto de una violación, o no dejar que tomen control de su cuerpo, o que tengan igualdad de pago, o que puedan ser madres y profesionales, o que tengan una voz para defenderse del acoso, a prepararse.

Como decían los mayas, en este 2012 acaba una era y comienza otra. Empieza una en la que la mujer pierde el miedo a decir lo que siente, a hacer lo que quiere y a tener el control de sus vidas. No pudo triunfar la ideología de los que no la querían ver triunfar. Y más importante aun hoy más tienen voz para abogar en el gobierno por sus derechos.

Por suerte los dos candidatos al Senado federal que estuvieron en la lupa pública por comentarios irracionales con respecto al cuerpo de la mujer no fueron elegidos, ni siquiera con las cifras exorbitantes que tuvieron de publicidad financiada por los famosos Super PACS. Y si en 1991 solo había 2 senadoras federales después de esta elección, a partir de enero habrá 20. Una de ellas abiertamente gay y otra, la primera de origen asiático en llegar a un escaño. Se hizo historia. Pero a nivel social esto no para ahí, con una representación mas fuerte de la mujer en el senado, habrá muchos cambios por venir y muchas mas voces serán alzadas.

Respetar las decisiones y la integridad de la mujer, como se respetan las del hombre es el primer paso a una verdadera igualdad. Y esta guerra social que nos querían hacer algunos fue superada, a punta de democracia.

El show brutal de la represión


Camilo Ernesto Olivera Peidro. CUBANET
Décima Unidad de Policía, Ave. de Acosta y Tercera, Víbora, La Habana

Llegué a los alrededores de la estación policial de Avenida de Acosta y tercera, en la zona del reparto capitalino La Víbora. Comenzaba la tarde de este día 8 de noviembre. A ambos extremos de la cuadra estaban reunidos en grupos los represores que nos “tocaban por la libreta”. En el medio sentados a la vera de una escalera, se encontraban los amigos de Antonio Rodiles y Laritza Diversent. Tanto Antonio como Laritza estaban detenidos y sus amigos esperaban obtener una explicación del porqué.

Yoani Sánchez no pudo seguir comunicando a través de su móvil y otros teléfonos pertenecientes a personas allí presentes comenzaron a fallar. El tráfico en la Avenida de Acosta, empezó a disminuir, hasta el cierre. Yoani nos dijo que esperaba de un momento a otro el ataque de los represores en contra de nuestro grupo. Que lo de los celulares interrumpidos era una señal previa a la embestida. Mientras tanto la tensión aumentaba. Esta tensión llegó al punto máximo cuando un grupo de individuos vestidos de civil y un carro patrullero interceptaron a Ángel Santiesteban. Lo golpearon fuertemente e inmovilizaron fuera y dentro del patrullero. Mientras tanto todos nosotros salimos corriendo hacia allí para intentar evitar un acto de brutalidad. Fue en ese momento en que los hombres de civil apostados se lanzaron al ataque como una típica pandilla paramilitar. La Avenida Acosta se convirtió en un circo romano y un pequeño grupo de opositores fue atacado por una turba uniformada y de civil.

Un esbirro de la Sección 21 le ordenó a los carros policiales salir de donde estaban ocultos. Uno de estos civiles me  interceptó y con un golpe técnico sobre la nuca me lanzó hacia adelante mientras repetía con otro sobre un costado que casi me saco el aire. Yo había levantado las manos para mostrar que no haría resistencia al arresto pero eso no sirvió de nada. Fui paralizado y lanzado sobre la cubierta del patrullero mientras me ponían las esposas para luego empujarme dentro de este.

A un joven fotógrafo llamado Claudio Fuentes lo montaron golpeado e inmovilizado al lado mío. Yoani seguía discutiendo con los guardias e intentó impedir que el carro patrulla donde nosotros estábamos detenidos se fuera. Cuando el carro arrancó pudo haberla arrastrado. También en una situación de violencia y confusión tan extremas su vida pudo estar mucho más en riesgo.

En los momentos en que redacto este texto, todavía se encuentran detenidos Antonio G. Rodiles en la Estación policial de Acosta y Tercera en La Víbora y Claudio Fuentes sigue preso en la ubicada en Calle Aguilera. Cuando me soltaron a las 11PM aproximadamente del mismo jueves 8, Claudio me expresó su decisión de plantarse y no ingerir alimentos, lo cual ha mantenido hasta ahora.  Antonio G. Rodiles, por su parte, también está en huelga de hambre y se sabe que tiene  magulladuras en el rostro y otras partes del cuerpo como consecuencia de su detención violenta, junto a su esposa y otros opositores, frente a la Sección 21 el pasado miércoles. La situación de Ángel Santiesteban pudiera agravarse. La golpiza a la que fue sometido, durante su detención, por los efectivos de la tenebrosa Sección 21 puede tener secuelas que comprometerían su salud en un futuro.

Afortunadamente las imágenes de parte de lo ocurrido esa tarde del día 8 de noviembre en Avenida de Acosta y Calle tercera, ya le están dando la vuelta al mundo a través de Internet. Los vecinos de las inmediaciones se debatieron entre la confusión y la perplejidad. No entendieron el hecho de una actuación tan violenta de una fuerza armada y entrenada contra un grupo de civiles que solamente estaba intentando saber sobre un detenido.

Los rostros de los represores son bien reconocibles y convendría  que sus nombres también lo sean mucho más. Sería muy desagradable que en el día de mañana, un día inevitablemente democrático, alguien nos dijera que vio a uno de estos individuos desayunando tranquilamente en la Calle 8 de Miami.

La emergente pero consecuente sociedad civil independiente cubana está siendo sometida a una de las más duras pruebas, la de la resistencia cívica pacifica contra la brutalidad irracional. La razón y el sentido común son considerados en Cuba como “delitos contra la seguridad del Estado”.

La dictadura castrista teme. Es en estos momentos cuando se vuelven más cáusticos sus métodos de represión. El miedo es el detonante oculto de todo crimen. Durante décadas el régimen ha inoculado el temor como un veneno inmovilizador de la conciencia social. Sin embargo la Demanda por otra Cuba sigue sumando firmas y apoyo tanto dentro como fuera de la isla. El miedo se convierte en un boomerang que golpea a la dictadura y sus acólitos en pleno rostro.

miércoles, 7 de noviembre de 2012

Lo mejor está por llegar



Texto íntegro del discurso de Barack Obama tras su reelección como presidente

Muchas gracias.

Hoy, más de 200 años después de que una antigua colonia se ganara el derecho a decidir su propio destino, la tarea de perfeccionar nuestra unión sigue adelante.

Sigue adelante gracias a vosotros. Sigue adelante porque habéis reafirmado el espíritu que ha triunfado sobre la guerra y la depresión, el espíritu que ha levantado a este país desde la desesperación más profunda hasta las mayores esperanzas, la convicción de que, aunque cada uno de nosotros persigue sus sueños personales, somos la familia americana y ascendemos o caemos como una misma nación y un mismo pueblo.

Esta noche, en esta elección, vosotros, el pueblo estadounidense, nos habéis recordado que, aunque nuestro camino ha sido duro, aunque nuestro recorrido ha sido largo, nos hemos levantado, hemos recuperado nuestro rumbo, y sabemos, desde el fondo de nuestros corazones, que, para los Estados Unidos de América, lo mejor está por llegar.

Quiero dar las gracias a todos los estadounidenses que han participado en esta elección,a los que votaban por primera vez y a los que tuvieron que guardar cola durante mucho tiempo. Por cierto, eso es algo que tenemos que arreglar. A los que recorrieron las aceras y los que cogieron los teléfonos, a los que levantaron carteles de Obama y los que levantaron carteles de Romney, habéis hecho oír vuestras voces y habéis influido en los resultados.

Acabo de hablar con el gobernador Romney y les he felicitado a él y a Paul Ryan por una campaña muy disputada. Hemos peleado de manera feroz, pero solo porque amamos profundamente a este país y nos preocupa muchísimo su futuro. Desde George y Lenore hasta su hijo Mitt, la familia Romney ha querido trabajar por Estados Unidos, dedicarse al servicio público, y ese es el legado que esta noche honramos y aplaudimos. En las próximas semanas, aspiro a reunirme con el gobernador Romney con el fin de hablar de lo que podemos hacer juntos para impulsar el país hacia adelante.

Quiero dar las gracias a mi amigo y socio de estos cuatro años, el guerrero feliz de América, el mejor vicepresidente que jamás podría haber, Joe Biden.

Gracias al mejor equipo de campaña y de voluntarios en la historia de la política. El mejor. El mejor de toda la historia. Algunos erais nuevos esta vez, y otros habéis estado a mi lado desde el principio. Pero todos sois mi familia. Hagáis lo que hagáis, vayáis donde vayáis, llevaréis con vosotros el recuerdo de la historia que hicimos juntos y tendréis durante toda la vida el agradecimiento de un presidente. Gracias por creer hasta el final, a través de cada colina y cada valle. Me habéis llevado sobre vuestros hombros todo el camino y siempre agradeceré todo lo que habéis hecho y vuestro increíble esfuerzo.

Y no sería el hombre que soy hoy sin la mujer que aceptó casarse conmigo hace 20 años. Lo voy a decir en público: Michelle, nunca te he querido tanto como en este momento. Me siento más orgulloso que nunca, viendo cómo se ha enamorado Estados Unidos de ti en tu papel de primera dama. Sasha y Malia, estáis convirtiéndoos ante nuestros ojos en dos jóvenes fuertes, listas y bellas, igual que vuestra madre. Estoy muy orgulloso de vosotras. Pero tengo que decir que, por ahora, un perro es suficiente.

Sé que las campañas políticas, en ocasiones, pueden parecer poco importantes, incluso tontas. Y son carne de cañón para los cínicos que dicen que la política no es más que un enfrentamiento de egos o un territorio que se disputan grupos de intereses. Pero, si habéis tenido la oportunidad de hablar con las personas que han acudido a nuestros mítines y han hecho cola en el gimnasio de un instituto, o si habéis visto a los voluntarios que trabajaban hasta altas horas de la noche en una oficina de campaña en algún rincón remoto, habréis descubierto otra cosa.

Habréis oído la decisión en la voz de un joven organizador sobre el terreno que trabaja para pagarse la universidad y quiere garantizar que todos los jóvenes tengan la misma oportunidad. Habréis oído el orgullo en la voz de una voluntaria que iba puerta a puerta porque su hermano encontró trabajo, por fin, cuando la fábrica de automóviles local añadió otro turno. Habréis oído el hondo patriotismo en la voz de la esposa de un militar que se encargaba de los teléfonos por las noches para asegurarse de que ninguna persona que lucha por este país tenga que luchar jamás para tener empleo ni para tener un techo cuando vuelve a casa.

Por eso hacemos todo esto. Eso es lo que puede ser la política. Por eso son importantes las elecciones. No son una cosa pequeña, son una cosa fundamental. Muy importante. En un país de 300 millones, la democracia puede ser ruidosa, caótica, complicada. Tenemos opiniones distintas. Cada uno tiene sus propias convicciones. Y cuando atravesamos tiempos difíciles, cuando tomamos grandes decisiones como país, es inevitable que se agiten las pasiones y surjan controversias.

Eso no va a cambiar de la noche a la mañana, ni tiene por qué. Estos debates que tenemos son una seña de nuestra libertad. No podemos olvidar jamás que en estos instantes, mientras hablamos aquí, en países lejanos hay personas que están arriesgando sus vidas para tener la posibilidad de discutir sobre las cuestiones importantes, para tener la oportunidad de emitir su voto como hemos hecho hoy aquí.

Sin embargo, a pesar de nuestras diferencias, la mayoría de nosotros comparte ciertas esperanzas para el futuro de Estados Unidos. Quermos que nuestros hijos crezcan en un país en el que tengan acceso a las mejores escuelas y los mejores profesores. Un país que esté a la altura de su legado como líder mundial en tecnología, descubrimiento e innovación, con todo el empleo de calidad y las nuevas empresas que se derivan de ellos.

Queremos que nuestros hijos vivan en un país que no esté acosado por la deuda, que no esté debilitado por las desigualdades, que no esté amenazado por la capacidad destructiva de un planeta que se calienta. Queremos transmitir un país seguro, respetado y admirado en todo el mundo, una nación defendida por el ejército más poderoso de la tierra y las mejores tropas que ha conocido el mundo. Pero también un país que avance con confianza más allá de esta época de guerra para construir una paz basada en la promesa de libertad y dignidad para todos los seres humanos.

Creemos en un Estados Unidos generoso, un Estados Unidos compasivo, un Estados Unidos tolerante, abierto a los sueños de una hija de inmigrantes que estudia en nuestras escuelas y jura fidelidad a nuestra bandera. Abierto a los sueños del chico de la parte sur de Chicago que ve que puede tener una vida más allá de la esquina más cercana. A los del hijo del ebanista de Carolina del Norte que quiere ser médico o científico, ingeniero o empresario, diplomático o incluso presidente; ese es el futuro al que aspiramos. Esa es la visión que compartimos. Esa es la dirección en la que debemos avanzar. Hacia allí debemos ir.

Por supuesto, tenemos discrepancias, a veces feroces, sobre la forma de llegar. El progreso, como ocurre desde hace más de dos siglos, es irregular. No siempre es una línea recta. No siempre es un camino llano. Saber que tenemos unas esperanzas y unos sueños comunes no basta, por sí solo, para terminar con la paralización, resolver todos nuestros problemas ni sustituir al esfuerzo de construir un consenso y alcanzar los difíciles compromisos necesarios para impulsar el país. Pero ese vínculo común debe ser nuestro punto de partida.

Nuestra economía está recuperándose. Está llegando a su fin una década de guerra. La larga campaña ha terminado. Y, tanto si me habéis dado vuestro voto como si no, os he escuchado, he aprendido cosas de vosotros, y habéis hecho que sea mejor presidente. Con vuestras historias y vuestras luchas, regreso a la Casa Blanca más decidido y más inspirado que nunca sobre la tarea que nos aguarda y el futuro que tenemos por delante.

Esta noche habéis votado para que actuemos, no para que hagamos la política habitual. Nos habéis elegido para que nos centremos en vuestro trabajo, no en el nuestro. En los meses y semanas que vienen, estoy deseando colaborar con los líderes de los dos partidos para afrontar los retos que solo podemos superar si estamos unidos. Reducir el déficit. Reformar nuestro código tributario. Arreglar nuestro sistema de inmigración. Liberarnos del petróleo extranjero. Tenemos muchas más cosas que hacer.

Pero eso no significa que vosotros hayáis terminado. El papel del ciudadano en nuestra democracia no acaba con el voto. Estados Unidos no se ha movido nunca en función de lo que otros pueden hacer por nosotros. Estados Unidos consiste en saber qué podemos hacer todos juntos, mediante una labor tan frustrante y difícil, pero necesaria, como es el autogobierno. Ese es el principio sobre el que se fundó nuestra nación.

Este país tiene más riqueza que ningún otro, pero no es eso lo que nos hace ricos. Tenemos el ejército más poderoso de la historia, pero no es eso lo que nos hace fuertes. Nuestras universidades y nuestra cultura son la envidia del mundo entero, pero no es eso lo que hace que el mundo venga sin cesar hasta aquí.

Lo que hace que Estados Unidos sea excepcional son los lazos que mantienen unida a la nación más variada del mundo. La convicción de que tenemos un destino común; de que este país solo funciona cuando aceptamos que tenemos ciertas obligaciones con nuestros conciudadanos y con las generaciones futuras. La libertad por la que tantos estadounidenses han luchado y han muerto acarrea responsabilidades además de derechos. Y entre esas responsabilidades están el amor, la generosidad, el deber y el patriotismo. Eso es lo que da a Estados Unidos su grandeza.

Esta noche me siento esperanzado porque he visto ese espíritu en acción. Lo he visto en la empresa familiar cuyos dueños prefieren recortar sus ganancias antes que despedir a sus vecinos, y en los trabajadores que prefieren trabajar menos horas antes que ver que un amigo pierde su empleo. Lo he visto en los soldados que vuelven a alistarse después de perder una pierna y en los SEALs que suben por las escaleras e irrumpen en la oscuridad porque saben que tienen a un compañero guardándoles las espaldas.

Lo he visto en las costas de Nueva Jersey y Nueva York, donde los líderes de todos los partidos y todas las instancias del Gobierno se olvidaron de sus diferencias para ayudar a una comunidad a reconstruir todo lo que una terrible tormenta había destruido. Y lo vi el otro día, en Mentor, Ohio, donde un padre contó la historia de su hija de ocho años, cuya larga batalla contra la leucemia habría arruinado a su familia si no hubiera sido por la reforma sanitaria aprobada solo unos meses antes de que la compañía de seguros estuviera a punto de dejar de pagarle los tratamientos.

Tuve ocasión de hablar con su padre y de conocer a esa increíble niña. Y, cuando el padre contó su historia a la multitud que le escuchaba, todos los padres del público teníamos los ojos llenos de lágrimas, porque sabíamos que su hija podía ser una de las nuestras. Sé que todos los estadounidenses quieren que el futuro de esa niña sea tan brillante como el de sus hijos. Así somos nosotros. Ese es el país que tan orgulloso estoy de presidir.

Y esta noche, a pesar de todas las dificultades que hemos padecido, a pesar de todas las frustraciones con Washington, tengo más esperanzas que nunca sobre nuestro futuro. Tengo más esperanzas que nunca sobre Estados Unidos. Y os pido que sostengáis esa esperanza. No hablo de tener un optimismo ciego, una esperanza que ignore la enormidad de las tareas que nos aguardan ni los osbtáculos que encontraremos por el camino. No hablo de un idealismo iluso que nos permita permanecer al margen ni eludir el combate.

Siempre he creído que la esperanza es ese sentimiento tenaz en nuestro interior que insiste, a pesar de que todo indique lo contrario, en que el futuro nos reserva algo mejor, siempre que tengamos el valor de seguir intentándolo, seguir trabajando, seguir luchando.

Creo que podemos continuar el progreso que ya hemos logrado y seguir esforzándonos para tener nuevos puestos de trabajo, nuevas oportunidades, una nueva seguridad para la clase media. Creo que podemos cumplir la promesa de nuestros fundadores, la idea de que, si una persona está dispuesta a trabajar duro, no importa de dónde venga ni qué aspecto tenga ni dónde ame. No importa que sea negro, blanco, hispano, asiático, indio americano, joven, viejo, pobre, rico, capacitado, discapacitado, gay o heterosexual; en Estados Unidos, si está dispuesto a esforzarse, puede conseguir lo que sea.

Creo que podemos alcanzar juntos este futuro porque no estamos tan divididos como hace pensar nuestra política. No somos tan cínicos como dicen los expertos. Somos más que la suma de nuestras ambiciones individuales, y somos más que una colección de estados rojos y estados azules. Somos, y siempre seremos, los Estados Unidos de América.

Y juntos, con vuestra ayuda y la gracia de Dios, continuaremos nuestro viaje y recordaremos al mundo por qué vivimos en la mejor nación de la tierra.

Gracias, América... Dios os bendiga. Dios bendiga a Estados Unidos.

 

Traducción de María Luisa Rodríguez Tapia. EL PAIS

El burro pateó al elefante


Mario J. Viera

Estaban confiados los republicanos que arrasarían en las elecciones; creían que se harían con los votos electorales de la Florida y de Ohio. Rugía el Tea Party, ellos barrerían a Obama. Cuatro años estuvieron fraguando la derrota de Barack Obama, así lo había asegurado John Boehner, presidente de la Cámara de Representantes Federal y desde el primer día del mandato de Obama se unieron unánimemente para bloquear cualquier iniciativa del presidente.

En febrero los republicanos celebraron la 39 Conferencia Conservadora de Acción Política con el propósito de denostar a Obama y allí habló la estrella del Tea Party, el Senador Marcos Rubio diciendo: “El presidente de Estados Unidos parece muy buen padre, parece muy buen esposo, pero es un presidente terrible...”. Y no solo para los republicanos Obama es un “presidente terrible”, también intentaron presentarle como nacido en Nigeria, que era de credo musulmán y hasta de alentar ideas filo-comunistas.

Manejaron conceptos de carácter ideológico que les abocaba a la ultra derecha y esgrimieron planteamientos decimonónicos del Estado reducido y del laissez faire. Olvidaron un concepto fundamental dentro de la sociedad americana, la diversidad. Idealizaron un Estados Unidos que ya no es, que mucho ha transcurrido desde 1776; que ya apenas hay vínculo con la época de la Guerra Civil; que ya no es el mismo país de finales de la Segunda Guerra Mundial ni tampoco del fin de la Guerra Fría. Es que ni el resto del mundo posterior al fin de la confrontación Unión Soviética-Occidente es igual.

Intentaron los republicanos sacar partido de las dificultades para la recuperación de la economía y del índice de desempleo que supera el 7 porciento. Dos temas que serían su caballo de Troya y despreciaron el surgimiento de los indignados de Occupy Wall Street como reacción ante la actitud del Congreso y las diferencias colosales entre el 1 porciento de la población y el resto de la sociedad. Olvidaron que Estados Unidos es reacio a aceptar posiciones políticas al extremo para conducir a la nación.

Y llegó el 6 de Noviembre y su larga noche. Obama ganaría ampliamente los votos electorales (303 contra 206) y se llevaría la victoria con los votos populares con una diferencia a su favor de más de 2 millones 600 mil votos y ganando en más de la mitad de los Estados.

Una creciente fuerza política comienza a manifestarse representada por el voto hispano que fue favorable a Obama con el 72 porciento contra el 28 porciento que recibiría Romney.

Lograron los republicanos mantener la mayoría en la Cámara y los demócratas conservaron su mayoría senatorial.

La Florida dejó de ser el bastión seguro de los republicanos, aunque Obama la ganó por estrecho margen. Miami-Dade se tiñe de azul y hasta en la comunidad cubano-americana que siempre fue bloque de votos republicanos ahora está dividida casi a la mitad, 50 a 47 según El Miami Herald.

Las cosas cambian desfavorablemente para el Partido Republicano, perdió en estas, que seguramente serán, históricas elecciones; perdió Romney a pesar del gran esfuerzo que desplegara su campaña; pero el gran perdedor, el gran derrotado ha sido el Tea Party y, es posible que el Partido Republicano luego de la derrota replantee sus vínculos con este ultra-reaccionario movimiento.

Definitivamente, ayer el burro demócrata pateó al elefante republicano.

lunes, 5 de noviembre de 2012

¿Obama?, ¿Romney?


Mario J. Viera

Vísperas de las elecciones en Estados Unidos; elecciones que por más de una razón serán históricas. ¿Quién ganará la presidencia? ¿Obama? ¿Romney? ¡Quién sabe! Está el país tan polarizado que no se puede emitir con certeza un pronóstico. Ni siquiera se puede prever si el abstencionismo sea el ganador en el conteo de votos por estados.

Hay un hecho cierto, Romney predomina entre los americanos blancos y cuenta con el apoyo irrestricto del Tea Party. Obama está asegurado con el voto de las minorías, fundamentalmente entre los negros y los latinos. No obstante, el voto latino es una incógnita: ¿Saldrán masivamente los latinos a votar?

El tema álgido en estas elecciones es la economía. Obama heredó una economía al borde del descalabro y aunque ha tenido logros deteniendo la crisis impidiendo la depresión, todavía no ha podido encauzar la locomotora de la economía. El caballo de batalla de Romney es precisamente el tema de la economía; él dice saber como resolver la crisis, aunque no ha dicho como lo logrará. Dice tener experiencia empresarial y por tanto ser el más apto para sacar adelante la economía; pero se conoce como logró sus éxitos empresariales, con métodos que no pueden considerarse óptimos para la conducción del gobierno nacional. Un Estado no es una empresa.

Pero también están en juego otros aspectos importantes. El primero, la seguridad nacional frente al terrorismo islamista, la amenaza de Irán, la consolidación de gobiernos populistas en América Latina enemigos de Estados Unidos, el peligro de los carteles del narcotráfico que crecen al otro lado de la frontera sur. El líder de Al Qaida fue eliminado, pero sus militantes comienzan a recuperar terreno en Irak, Libia y Siria.

Se requiere un comandante en jefe que sea capaz de detener la amenaza que se cierne sobre el país. ¿Obama?, ¿Romney? Se conoce lo que ha hecho la administración demócrata en el tema; no se conoce a ciencia cierta lo que al respecto pudiera garantizar una administración republicana, salvo su anunciado redoble de tambores bélicos.

En segundo lugar, la Seguridad Social, el Medicare, el Medicaid y el acceso a los seguros médicos para la mayoría de la población. Obama pretende salvaguardar la protección de los grupos más vulnerables de la sociedad y fortalecer el Medicare mediante los presupuestos de su reforma de asistencia médica, que despectivamente se ha denominado Obamacare. La dupla Romney-Ryan proponen hacer recortes en la Seguridad Social y su privatización y “salvar” el Medicare mediante la fórmula de los vouchers para que las personas de la tercera edad puedan pagar a las aseguradoras para sus cuidados de salud.

En tercer lugar, la reforma inmigratoria y el conflicto de una inmigración ilegal que sobrepasa los once millones de indocumentados y la suerte y destino de los “dreamers”. ¿Cuál fórmula será ganadora, la de una reforma integral de Inmigración por la que se decanta Obama aunque hasta hora no ha presentado ningún proyecto, o aquella de la “deportación voluntaria” que preconiza Romney y enarbola como modelo legislativo para la nación la ley antinmigrante SB1070 de Arizona?

En cuarto lugar, aunque no menos importante es lo concerniente a la igualdad salarial de las mujeres con los hombres, un tema en el que parecen coincidir ambos candidatos aunque con diferencia de matices.

Mañana se definirá si Estados Unidos se decidirá por la ultraderecha en el gobierno de sus destinos o si continuará en la línea del centrismo de izquierda del presidente Barack Obama.

Mañana sabremos quién será el presidente de Estados Unidos: ¿Obama?, ¿Romney?

¿Latinos con Obama, o contra Romney?


Andrés Oppenheimer
No es de extrañar que, según las encuestas, un 70 por ciento de los votantes latinos apoyarán al presidente Barack Obama, mientras que sólo un 25 por ciento respaldarán al gobernador Mitt Romney en las elecciones de Estados Unidos. Hay diez grandes razones por las que a una inmensa mayoría de hispanos le resulta muy difícil votar por Romney.

Aquí van, sin ningún orden en particular:

• Primero: en temas económicos que tocan el bolsillo de los votantes, Romney ha dado la imagen de ser el candidato de los ricos, que quiere bajar los impuestos a los millonarios y desregular a Wall Street. El comentario de Romney filmado secretamente durante un evento privado en el que dijo que el 47 por ciento de los votantes dependen de subsidios del gobierno, y que por lo tanto “mi tarea no es preocuparme de esa gente”, reforzó la idea de que a Romney no le interesan los pobres.

• Segundo: en temas macroeconómicos, los ataques de Romney contra Obama por el estado anémico de la economía son vistos por muchos latinos como un ejercicio de hipocresía. ¿Acaso no fue el partido republicano de Romney, durante la presidencia de George W. Bush, el que dejó el país con el mayor desastre económico desde la Gran Depresión?, preguntan muchos.

• Tercero: en materia de salud pública, los virulentos ataques de Romney contra la ley Obamacare, que ofrece servicios de salud a todos los estadounidenses, alarmaron a la mayoría de los latinos. El hecho de que el mayor país industrializado del mundo no hubiera tenido servicios de salud para 45 millones de personas era visto por muchos como escandaloso.

• Cuarto: en educación, Romney ha propuesto que el gobierno central juegue un rol menor, y — hasta que cambió de opinión en las últimas semanas — apoyó un presupuesto de su compañero de fórmula, Paul Ryan, que reduciría las Becas Grant a alrededor de 10 millones de jóvenes universitarios, muchos de ellos latinos.

• Quinto: en materia del gasto militar, Romney ha pedido un aumento de 100,000 millones de dólares para el 2016, mientras se recorta el resto del gasto gubernamental. Muchos latinos temen que aumentar el gasto militar obligaría a realizar aún más cortes en los servicios sociales.

• Sexto: en inmigración, el tono virulento de Romney contra los indocumentados durante las primarias molestó a muchos latinos, y su apoyo de la draconiana ley anti-inmigratoria de Arizona, y su promesa de vetar el Dream Act — que ofrecería legalizar a muchos universitarios indocumentados — indignó a muchos hispanos.

• Séptimo: con respecto al control de armas, la mayoría de los hispanos —que están entre los más afectados por la violencia con armas de fuego— quieren leyes de control de armas más severas, para impedir hechos como la reciente masacre en un cine de Aurora, Colorado. Mientras que Romney se opone a nuevos controles a las armas, los latinos quieren leyes mas estrictas, según un estudio del Pew Research Center.

• Octavo: en lo que hace a las guerras, a muchos latinos no les convence la propuesta de la plataforma republicana de lograr “la paz mediante la fuerza”, que temen podría llevar a nuevas aventuras bélicas. Muchos latinos están en el ejército, y son contrarios a las guerras no esenciales.

• Noveno: en materia de terrorismo y política exterior, pese a que Romney acusa a Obma de haber sido complaciente con el fundamentalismo islámico, fue el gobierno de Obama el que eliminó al líder de Al Qaeda Osama bin Laden, y el que impuso duras sanciones económicas a Irán. Con respecto a Latinoamérica, pese a que Obama no ha hecho gran cosa, en general ha sido prudente.

• Décimo: en general, el partido republicano de Romney ha virado tan a la extrema derecha en casi todos los temas — desde la desregulación de Wall Street hasta el calentamiento global —, que Romney, de ser elegido, difícilmente podría girar hacia el centro. Considerando su historia de cambios constantes, un nuevo cambio lo expondría a ser ridiculizado como un camaleón político que no puede ser tomado en serio.

Mi opinión: Si Romney logra solamente el 25 por ciento del voto hispano, como lo indica la última encuesta de NBC/ Wall Street Journal, será el menor porcentaje del voto hispano logrado por un candidato republicano en dos décadas.

Y se deberá a que Romney se ha alineado de lleno con la extrema derecha de su partido, incluyendo a los fanáticos anti-inmigración que apoyan las leyes de "muéstreme sus documentos” que podrían afectar a todos los hispanos.

Ahora, la gran pregunta será si el 70 por ciento de latinos que apoyan a Obama saldrán a votar el martes, o se quedarán en sus casas. Eso será el factor que podría decidir estas elecciones, y el futuro del poder político de los latinos.

Dos adversarios políticos en el mismo bote


Un republicano y un demócrata unidos a menos de una semana de las elecciones presidenciales, parece un sueño de una noche de verano.

Guillermo I. Martínez. MARTINOTICIAS

Un comentarista político del sur de la Florida los comparó con “el Gordo y el Flaco”. ¿Se acuerdan de la pareja de actores cómicos de la era de las películas en blanco y negro que se pasaban el día peleando?

Esa fue la comparación que hizo mi colega al ver juntos al gobernador de Nueva Jersey Chris Christie y al presidente Barack Obama, evaluando el enorme daño que dejó a su paso la tormenta Sandy.

En este caso, Christie es el “Gordo”, agresivo, gritón y abusivo. Ah, de paso vale la pena decir que Christie es uno de los republicanos más importantes del país. Él pronunció el discurso principal de la Convención Republicana, y es aliado del candidato presidencial de su partido Mitt Romney.

Obama, por supuesto, en esta metáfora es el “Flaco”. Él es el presidente demócrata, mesurado, el que habla sin gritar, y normalmente el blanco favorito de las críticas e insultos de Christie. Tal como ocurría en las películas del “Gordo y el Flaco”.

Esta vez, sin embargo, Obama y Christie unieron fuerzas. El huracán Sandy ha dejado decenas de muertos y ocasionado miles de millones de dólares en daños a los residentes del noreste de Estados Unidos. Hay miles de personas sin hogar, millones sin electricidad, el transporte público en Nueva York – los famosos subways de la capital del mundo – todavía no ha vuelto a funcionar como antes de la catástrofe. Muchas rutas han sido canceladas y el servicio es limitado.

 Ese era el panorama el miércoles cuando Obama y Christie se unieron para juntos ver la magnitud del desastre. Un republicano y un demócrata unidos a menos de una semana de las elecciones presidenciales, parece un sueño de una noche de verano.

 Y sin embargo, lo insólito se convirtió en realidad. Algunos republicanos criticaron a Christie. Algunos periodistas le hicieron preguntas incómodas.

 “¿No cree Ud. que su gira con el presidente Obama perjudica al candidato de su partido en las elecciones del martes que viene?” preguntó uno de los periodistas.

 Christie no vaciló. Su respuesta fue tajante.

 “En estos momentos me importa más el bienestar de los ciudadanos de mi estado que el resultado de las elecciones” respondió Christie.

 Y la verdad es que tiene razón. ¡Qué pena que en los momentos difíciles los políticos no piensen en el bienestar del país en vez de concentrarse en el resultado de unas elecciones!

 Bonito ejemplo para el país.

A mis hermanos cubanos del exilio


Carta abierta del Padre José Conrado Rodríguez Alegre

Reproducida y publicada ahora en la página CUBANET.  Por su alto significado EL FANTASMA la reproduce.

SANTIAGO DE CUBA, 26 de octubre de 2012

A mis hermanos cubanos del exilio

Queridos hermanos:

En Santiago de Cuba apenas amanece. Hoy, viernes 26 de octubre del 2012, a solo 48 horas de la horrible devastación que ha dejado a su paso el huracán Sandy, me he levantado temprano a rezar y a escribirles. En medio de la tristeza por tantas familias que han quedado en la miseria, como decía Eliseo Diego del hombre con el hato a cuestas, en su “Libro de las Maravillas de Boloña”: “Peregrino te vas con el crepúsculo y tus pobres enseres: miedos, penas”. Así veo a mi pueblo, vagando entre las ruinas de lo poco que teníamos a la nada que nos queda. Y sin embargo, y lo digo con supremo orgullo de esa mi pobre gente, con bondad para pensar en el otro y brindarle la mano y con esa fortaleza de los pobres para decir en el vórtice de la desgracia: “no importa lo perdido, aún estamos vivos”.

Sí, he visto muchos signos de solidaridad, como mi feligrés Tito, joven estudiante de cuarto de medicina, que ha ido a limpiar escombros en casa de sus vecinos y familiares, y ayer se pasó la tarde junto con Pavel, su cuñado, salvando las planchas de zinc tiradas en el patio, con las que volvimos a techar la casa parroquial. Mi hermana y su hijastra de quince años que me han limpiado el primer piso de la casa parroquial, mientras se techaba el segundo. Manolo y Mario, que a pesar del peligroso viento pusieron las tejas para proteger de la intemperie mis libros, computadoras e impresoras. Gladis y su nieto Pedro, que fueron los primeros en llegar para dar una mano, aunque todavía tenían mucho escombro que barrer en su propia casa. Y Eliecer Ávila, que vino desde Puerto Padre para ayudar, porque no podía estarse quieto allá,  sabiendo lo mal que lo estábamos pasando acá.

Yoani Sánchez y Reinaldo Escobar, que desde La Habana me hicieron saber que estaban recogiendo comida y medicina para los damnificados. Mi hermano Roberto Betancourt, que desde su parroquia de la Caridad me hizo llegar el calor de su feligresía, lo mismo que Ofelia Lamadrid, con sus noventa y muchos años y Teresita de la Paz, la viuda de Gustavo Arcos Bergnes, que rezan por mí y por mi gente. Ellos me han dicho de la movilización que Uds. ya han iniciado para enviar ayuda “tanto más urgente cuanta mayor es nuestra necesidad”.

Mis amados hermanos: desde esta lejanía e inmerso en el sufrimiento supremo ante la desgracia inevitable y desarmante, les digo de corazón, que he sentido, en todas estas horas de incertidumbre y amargura, cuando veía volar el techo de mi parroquia y de mi casa, corriendo para salvar los libros y lo que se podía de la lluvia y después, cuando pude salir y pude contemplar la desolación de mi gente, sentí la presencia, las oraciones y la solidaridad de todos Uds. Yo sabía que no estábamos solos y que podíamos contar con el cariño y el apoyo de todos Uds., de todos los amigos, cubanos o no, que desde lejos nos acompañarían con su oración y su amor.  De manera especial cuando fui a rezar por una anciana que falleció de un infarto en medio de la tormenta: refugiada en un pequeño baño, con su hija, su nieta y sus dos pequeños biznietos, en una casa que volaba a pedazos por los aires, su corazón no resistió a tanta angustia y explotó. El mío sangra ante toda la desgracia de mi pueblo.

La ciudad yace en ruinas. Mi antigua parroquia de San Antonio María Claret, en el barrio de Sueño, se desplomó. Sólo el Cristo que puse un día en la pared del presbiterio, quedó como mudo testigo junto con el altar de granito que allí levanté hace 30 años. Lo mismo ocurrió con mi antigua Iglesita de San Pedrito, cuya reparación estuvo a punto de costarme la prisión. Lo mismo que mi amado pueblo de San Luis, donde nací a la fe y luego comencé mi labor pastoral de sacerdote,  y cuyo nuevo altar de mármol fue consagrado en solemne ceremonia hace menos de un mes. Y así ha ocurrido con casi todos los templos, casas parroquiales y conventos de toda la diócesis… yacen destruidos, están destechados o han quedado seriamente dañados.

Pero qué es eso, me pregunto, ante la desgracia de tantas personas que lo han perdido todo: el esfuerzo de vidas enteras y aun de varias generaciones, convertidos en despojos chorreantes de lodo y polvo. Así los libros, los televisores, y demás efectos electrodomésticos, los muebles… ¡y el hogar! Se calculan en 150 mil las casas destruidas o seriamente dañadas. ¡Y esto en medio de una situación económica tan difícil, prácticamente de sobrevivencia! ¡Nos parecía que estábamos mal… y ahora estamos mucho peor! Con todo, vuelve a mi memoria la primera frase que yo dije y luego he oído en tantas otras bocas: ¡pero estamos vivos! Gracias a Dios por la vida que nos dio y nos ha conservado, porque es increíble que en medio de tanta devastación los muertos hayan sido tan pocos. ¿Qué nos querrá decir Dios con todo esto?

 

Padre José Conrado Rodríguez Alegre

domingo, 4 de noviembre de 2012

Y apareció el huracán


Obama merece ser reelecto. En el plano internacional, ha sabido hacer la difícil transición de un liderazgo global impuesto por las armas, a un liderazgo en esencia político, granjeándole de paso a su país reconocimientos donde antes los había perdido.  

Henrique Salas-Römer. ABC DE LA SEMANA

El martes 6 de noviembre EE.UU. elegirá a su nuevo Presidente. La batalla ha tenido altibajos, tanto, que aun cuando Obama lleva más votos electorales acumulados (recordemos que cada estado tiene derecho solo a un número determinado de representantes), el momento parecía favorecer Mitt Romney… hasta que apareció el Huracán.

La devastadora tormenta, al paralizar la campaña presidencial e interrumpir también el intenso esfuerzo que venía haciendo el candidato republicano por superar al Presidente en los estados decisivos (Florida, Virginia y, especialmente, Ohio) ha catapultado ha Obama a primer plano, encabezando como Presidente los esfuerzos de rescate en los estados más afectados.

No todos los favoritos tuvieron en el pasado la misma suerte. Richard Nixon, luego de haber servido por dos períodos como vicepresidente del General Eisenhower, debía ganar las elecciones de 1960. Sin embargo, decayó cuando su nutrida barba, no bien maquillada, lo hizo ver marcadamente sombrío en un debate televisado frente al radiante John F. Kennedy.

Otro que se topó con la mala suerte fue George Bush, el viejo. Luego de presidir el fin de la Guerra Fría y cobrar dimensiones de héroe con la Operación Tormenta del Desierto que liberó a Kuwait, se le daba como ganador. Sin embargo, al desaparecer la Unión Soviética, cambiaron abruptamente las prioridades de su pueblo, se cuestionó su desempeño interno, y por allí se coló Bill Clinton, derrotándolo con facilidad. La misma suerte había acompañado antes a Winston Churchill, quien perdió su reelección luego de ser el genio que políticamente guío a los aliados en los meses que precedieron el desembarco decisivo de las tropas en Normandía.  En ocasiones, un buen desempeño trae consigo, en el plano electoral, la derrota del protagonista.

Obama merece ser reelecto. En el plano internacional, ha sabido hacer la difícil transición de un liderazgo global impuesto por las armas, a un liderazgo en esencia político, granjeándole de paso a su país reconocimientos donde antes los había perdido. Sin embargo, la recuperación de la economía norteamericana ha sido lenta, el endeudamiento fiscal es elevado, y ello, con el alza de los precios de la gasolina, abrió la brecha que Mitt Romney, un formidable contendor, venía aprovechando para surgir… hasta que apareció el Huracán.

Alejandro Castro prepara la isla para la mafia rusa


Juan Juan Almeida. MARTINOTICIAS

El oscuro y empecinado escritor de fin de semana, Alejandro Castro Espín, a quien cariñosamente algunos apodan “Tres Meses”, porque ese es justo el tiempo que duran en libertad las víctimas de su mirada que, aunque torcida, y no perezosa, es tenebrosa.  El cuentista aterrizó este viernes 26 de octubre en Moscú para presentar la primera edición en ruso de su libro “Imperio del terror seguridad trasnacional, antiterrorismo y crisis global”.

Llegó protegido por un séquito impresionante de militares encubiertos y confiables desconfiados. Es normal, no hay por qué criticar, en las obras de caballería no existe un hidalgo honorable que no tenga su escudero; lo preocupante es que, hablando de honor, el hijo de Raúl y Vilma no haya tenido la decencia de mencionar al verdadero autor de tan indigesta escritura. Se llama Juan Francisco Arias Fernández, pero le dicen Paquito, hasta hoy, es un fiel correligionario, poco atractivo, infiel marido, peor amigo, y con pretensiones linajudas.

El título del libraco es agotador, lo cutre se ha puesto de moda y rebuznar puede inspirar; pero mucho peor fue escuchar la monserga, que Alejandro se largó frente a una veintena de personas entre los que se encontraban el embajador cubano, ex asesores militares rusos, alumnos de postgrado en la academia de la diplomacia, periodistas, y otros tantos invitados interesados en seducir a quien actualmente es la persona más poderosa de la jerarquía social cubana.

La presentación del texto tuvo lugar en la “Casa del Libro” ubicada en Nueva Arbat, avenida que se hizo famosa porque en 1991 por ella marcharon los rusos para impedir que el país regresara al comunismo. Quizás por ello, fue todo un poema ver la cara de Alejandro cuando la presentadora, con especial sutileza dijo “Hace como 20 años nosotros comenzamos un proceso de cambio llamado Perestroika. El apellido del invitado de hoy tiene, para muchos rusos, significado especial”.

En el clímax de su intervención, el creído filósofo Castro Espín frunció el seño, alzó su voz, y con la vista en lontananza lanzó una frase fuera de todo parámetro, por estúpida, que quedara para la posteridad, dijo: “No hay mejor lugar para el lanzamiento de un libro, que una librería”. Aplaudieron, claro está, los comprometidos integrantes de la delegación cubana y, por imitación, los que no entendían español.

Escucharlo disertar sobre los temas actuales de la realidad cubana, nos da una medida cercana a lo alejado que se encuentra de ella. Para mí, hablaba de Suecia, Noruega o Finlandia.

Maestro de la cautela, Alejandro no accedió a responder la pregunta de qué escritores o qué libros son los de su preferencia. Eso es asunto privado, casi un secreto de estado. Pero eso sí, como decía mi abuela “Quienes quieren gobernar, se preparan para gobernar”; dejó claro que hace poco terminó una maestría en relaciones Internacionales.

Al terminar agradeció a quienes llamó compañeros, el grupo de solidaridad con Cuba, a los organizadores del evento, a los presentes, y se marcho.

Concluyó su apretada agenda de sábado en una oficina de Stolenshnikov Lane (una de las calles de tiendas de lujo más cara de toda Europa), conversando en ambiente  muy ameno con un grupo de “inversionistas” que proponen convertir la isla en nuevo y atractivo destino  para miembros de la mafia rusa.