martes, 8 de noviembre de 2011

Los frutos del socialismo real (Igualdad)

Jorge Olivera Castillo

LA HABANA, Cuba, noviembre (www.cubanet.org) – Los funcionarios de alto nivel en Cuba no escatiman en sacrificios. Están dispuestos a abordar un ómnibus para llegar temprano a sus centros de trabajo.

Les da lo mismo ir colgados en algunas de las puertas o apiñados entre un público sudoroso y listo para lanzar groserías y puñetazos contra cualquiera de sus acompañantes.

Si la ocasión lo amerita, son capaces de demostrar que las provisiones de la libreta de abastecimiento les bastan para cubrir las necesidades del mes, y también para compartir con otras personas que nunca han podido hallar la fórmula de alimentarse durante 30 días con 3 kilogramos de arroz, 20 huevos, ¼ de kilogramo de aceite vegetal, 32 onzas de pollo, 1 ½ kilogramo de azúcar, un puñado de frijoles y el granuloso paquete de sal cada tres meses.

Aunque nadie sabe la cuantía de sus respectivos salarios, de vez en cuando dan por descontado que es una suma modesta, pero suficiente para no quejarse. Se presume que no exceda en demasía el promedio nacional que no sobrepasa los 20 dólares mensuales.

Es casi imposible que se les vea frente a los mugrientos estantes de los mercados agropecuarios, donde los precios inflados y los robos en el pesaje se mantienen inalterables. Quizás la intensidad de sus compromisos les impida enriquecer su dieta con hortalizas, frutas y vegetales.

Tanto en la complexión como en sus rostros,  que la televisión muestra semana tras semana, se les nota la alegría de vivir bajo la bandera del socialismo.

Aseguran ser parte del proletariado. Hombres y mujeres que el partido escogió para tareas de gran trascendencia.

Todo esto es parte del decorado; tras bambalinas se esconde una realidad que saca a la luz la verdadera naturaleza de un sistema sin apenas puntos de contacto con las más categóricas premisas de la teoría marxista-leninista.

La igualdad de clases es en la Cuba actual algo preterido por la fuerza de una serie de causas y consecuencias que impiden un mínimo acercamiento a esas utópicas exquisiteces.

El nivel de vida que disfrutan unos pocos cientos de funcionarios, entre los que habría que mencionar a los miembros del Politburó y el Comité Central, gerentes de empresas mixtas y ministros de las diversas ramas de la industria y los servicios, además de los militares de alto rango de los ministerios de las Fuerzas Armadas y el Interior, podrían considerarse obsceno, al constatar tanto su origen oscuro como la disparidad entre la opulencia de unos pocos al lado de la pobreza de la mayoría.

Por estos días la prensa controlada por esa misma clase que medra entre los discursos patrioteros y las falsas poses de humildad, se hace eco del movimiento Occupy Wall Street que en Estados Unidos lucha por eliminar la brecha económica entre ricos y pobres, cada vez mayor.

Según el criterio oficial, en las últimas tres décadas los ingresos de los más ricos de Estados Unidos (1% de la población) casi se triplicaron frente al estancamiento de este parámetro respecto a las clases medias y bajas.

A pesar de la falta de información, en Cuba la distancia entre las personas  de escasos recursos y el pequeño grupo que vive en una burbuja de placer se ha ensanchando desde la segunda mitad de la década de los 90, al ampliarse los acuerdos con el capital extranjero. Desde entonces la corrupción, los sobornos, el clientelismo y otros vicios llegaron para quedarse.

Por acá los ricos no tienen pudor, siguen asumiendo el papel de modestos ciudadanos. Estoy convencido de que son menos del 0,5% de la población y que sus ganancias en los últimos tres lustros tal vez se hayan decuplicado. A otros con el cuento de que en Cuba todos somos iguales.

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