jueves, 10 de noviembre de 2011

De putas y parásitos

Mario J. Viera
Yoani Sánchez


Mariela Castro Espín

Recientemente Mariela Castro se paseó ufana por la zona roja de Amsterdam. Conversó sonriente con las prostitutas, habló dulzuras. Por supuesto que de inmediato hubo críticas a su hipocresía; y como los hijitos de papí general o de papi comandante en jefe no soportan que se les critique hubo una respuesta bastante molesta.
Yoani Sánchez hizo un comentario sobre la visita de la primera dama de Cuba y se refirió a la práctica de la prostitución en Cuba. “Durante años el discurso oficial se pavoneó de que la isla había sido limpiada totalmente de ese "flagelo del pasado", había expresado Yoani y agregaba: “En lugar de erradicar la prostitución, sin embargo, lanzaron a la clandestinidad a miles de mujeres que ahora están bajo el control de algún proxeneta o chantajeadas por policías que les exigen pagar con sus servicios”. El artículo apareció publicado en el diario español EL PAIS.
No podían aguantarse los escribientes de blogs anti Yoani (casi todos los blogs oficialistas de Cuba se dedican especialmente a atacar a Yoani Sánchez) ripostaron furiosos. Ese tal Lagarde lanzó improperios y vulgaridades atacando la dignidad de la conductora del Blog Generación Y. Lo primero que hizo fue justificar la existencia de la prostitución en Cuba como resultado natural del embargo, el “bloqueo” de Estados Unidos y por supuesto agregar que antes Cuba era un gran burdel creado por los yanquis para darle placer a sus marines. Vil calumnia que ofende la dignidad de todos los cubanos, como si todas o la mayoría de las mujeres de aquella época vendieran su cuerpo para darle gozo al marino extranjero. Quizá el escribiente hable por referencia personal.
En Cuba, como en cualquier lugar del mundo existía prostitución, pero jamás alcanzó los niveles que hoy ha alcanzado su práctica y mucho menos que hubiera tantas adolescentes dedicadas al comercio sexual como sucede ahora. Fueron las políticas estúpidas del sistema castrista la que privó a los cubanos de lo indispensable para una vida digna. Fue el surgimiento de la nueva clase la que provocó la división de la sociedad en dos únicas capas, la de los privilegiados, miembros de la élite gubernamental y la de los desposeídos constituida por la inmensa mayoría de la población, La prostitución se convirtió en Cuba en un oficio rentable y hasta muchos hombres la practican da lo mismo si sean hétero como homosexuales.
El Lagarde (quizá mejor fuera llamarle Lagarto) refiriéndose al artículo de Yoani considera curioso que “no haya dicho, en su texto de El País, una sola palabra sobre la prostitución política de la cual ella es sin duda hoy la figura paradigmática de la Isla...” y agrega: Hablo, por supuesto, de los mercenarios que venden su alma por un puñado de dólares a las potencias enemigas del país...”, concluyendo entonces: “En Cuba, como en todas partes, -¿estaremos saliendo del subdesarrollo?- hay mujeres que por diversas razones venden su cuerpo. Estas, son casi unas santas si se les compara con las putas que, en busca de un beneficio personal, venden a su pueblo”.
Mariela Castro, la hijita de papá, la esposa del italiano fotógrafo, saltó a su vez cuando le afluyeron las críticas y escribió en Twitter: “Parásitos despreciables: ¿recibieron la orden de sus empleadores de responderme al unísono y con mismo guión predeterminado? Sean creativos”.
Planteado el tema, hablemos pues de putas, putos y de parásitos.
Mesalina sería una santa comparada con los cobardes que detrás de las espaldas de los oficiales de la Seguridad del Estado atacan a los que defienden la dignidad nacional, a los que no se venden por una jabita con pacotillas de las Tiendas Recaudadoras de Divisas (TRD). Se han prostituido ante el poder del supremo proxeneta que es la tiranía castrista, que les compra sus favores con un sueldo miserable y que cuando ya no puedan servirles o no quieran seguir usándoles les arrojan a la cuneta del camino. Cuidan sus puestos, por eso son genuflexos, mienten para agradar al amo, no tienen el valor de disentir. Disentir se paga bien caro en Cuba. Quien disiente de inmediato queda sin empleo, sin recursos económicos para cubrir sus necesidades básicas y encima ser ofendido, agredido o sometido a interrogatorio por la policía política.
Por un miserable beneficio personal estos blogueros, esos periodistas oficialistas, venden a su pueblo convirtiéndose en cómplices de los que por más de cinco décadas le exprimen y pisotean.
¿Parásitos? Habría que preguntarle a Mariela Castro qué habría sido de ella si en lugar de portar los apellidos Castro y Espín fuera simplemente Mariela Pérez González. Una cualquiera, una nada, un signo de interrogación o simplemente, una jinetera cualquiera.
¿Parásitos? Parásito es todo ente que vive, se alimenta de un cuerpo vivo sin aportarle a cambio beneficio alguno. Parasitaria es la nueva clase que vive en la opulencia, gozando de privilegios inmorales, sin sufrir las privaciones a las que está sometida toda la población cubana.
¿Parásitos? Parásito ha sido toda su vida Fidel Castro, nunca sudó la camisa para buscarse el pan, vivió de lo que le daba su padre latifundista, vivió de los aportes que le hacía su hermano mayor, vivió del dinero de la nación mientras era su figura principal, y continúa viviendo en su complejo residencial que se paga con el dinero del pueblo. Parásito fue su régimen, primero de los soviéticos y del CAME y luego de la ubérrima teta de la Venezuela chavista.
No hablemos de putas y parásitos. Ustedes los escribientes oficialistas son seres prostituidos. Ustedes los hijitos de los seniles gerifaltes del poder son los parásitos. Si todos juntos desaparecieran, en un mismo instante, nadie les extrañaría, ningún desajuste social ocurriría tras su desaparición, sería para el país como si un ser vivo se desparasitara ¡Qué feliz entonces sería!

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