viernes, 25 de noviembre de 2011

Cindy chilla en Holguín

Odelín Alfonso Torna
La pseudo pacifista Cindy Sheehan en entrevista a Chávez

LA HABANA, Cuba, noviembre (www.cubanet.org) – La norteamericana Cindy Sheehan, madre del soldado Casey, muerto en Iraq, repitió la visita a Cuba, esta vez para participar en lo que llaman “Coloquio por la libertad de los cinco héroes cubanos”, evento que cerró su séptima edición el sábado 19 de noviembre con una marcha por la Avenida de las Libertades, en la provincia de Holguín.

Cindy Sheehan cambió su táctica, y en lugar de una vigilia, como la que protagonizó en enero de 2007 por el cierre de la base naval de Guantánamo, vino a congraciarse con una dictadura que reprime e impide las marchas pacíficas de la oposición. Para mayor sorpresa, Sheehan donó una medalla de su hijo a las madres de los cinco espías cubanos presos en Estados Unidos.

¿Estaría de acuerdo el soldado Casey en donar su medalla de honor a “luchadores antiterroristas” que apoyan las ejecuciones preventivas, las leyes de peligrosidad pre-delictiva, las golpizas de la policía política o los juicios sumarios contra pacifistas de la sociedad civil cubana?

Pero lo más representativo de esta “antibelicista y activista de derechos humanos”, además de violar reiteradamente las leyes del embargo norteamericano, es protagonizar una marcha en sintonía con la Federación de Mujeres Cubanas, organización subordinada al poder político en Cuba.

Cindy Sheehan desfiló junto a más de 20 mil trabajadores holguineros, entre ellos autoridades de la provincia y familiares de los cinco espías, sabe Dios si convocados a cambio de una “merienda reforzada” o el pago doble de la jornada laboral.

Mientras esto sucedía el sábado, Seguridad del Estado diseñaba estrategias para impedir que activistas de la oposición participaran en la misa que se celebra cada domingo en la iglesia capitalina Santa Rita de Casia, a la que asisten entre 40 y 60 Damas de Blanco. Los métodos ya los conocemos: amenazas, arrestos preventivos o secuestros.

Ahora que a Cindy le ha dado por caminar pacíficamente en esta isla prisión, debería saber que hace un año, a raíz del séptimo aniversario de la Primavera Negra de 2003, la inteligencia cubana emitió un documento que regulaba las marchas de las Damas de Blanco. Para marchar por la Quinta Avenida o cualquier otra calle o avenida capitalina, debían solicitar a la policía un permiso con 72 horas de antelación, además de admitir como máximo diez damas de apoyo. Según otro de los puntos del documento, tampoco se permitirían hombres en las caminatas.

Las Damas de Blanco no acataron tal absurdo y los represores archivaron la orientación.

¿Habrán solicitado Cindy y los demás extranjeros invitados al séptimo coloquio un permiso para su realización?  Si desde un principio la marcha, convocada por la Federación de Mujeres Cubanas, con el apoyo foráneo de Cindy y sus parlantes se ideó sólo para féminas, ¿por qué en el reporte televisivo de la periodista oficial Marel González aparece que “miles de hombres también recorrieron la Avenida de las Libertades?”.

Quizás sería lucrativo que en lo adelante Cuba incluyera en sus paquetes turísticos las manifestaciones pacíficas –sin represión-, por supuesto, solo para extranjeros. Con este aporte adicional de divisas, el gobierno obtendría recursos para reprimir mejor las manifestaciones de los cubanos.

¿Acaso no está enterada Cindy de que en Banes, muy cerca de donde marchó ella, fue sepultado hace menos de dos años el prisionero político y mártir de nuestra disidencia, Orlando Zapata Tamayo, y que las turbas paragubernamentales, organizadas por la policía política, reprimían violentamente a la madre y los familiares de Zapata, cada vez que  marchaban pacíficamente hacia el cementerio de Banes?

Paradójicamente, el gobierno de Cuba le ofrece a los extranjeros los derechos  que nosotros no podemos disfrutar. Cindy Sheehan chilla en Holguín, porque aunque puede hacerlo tranquilamente sin que nadie la moleste ni reprima en su país, lo mismo en Boston que en Wall Street, no conseguirá igual entonación, ni armar tanto ruido.

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