viernes, 19 de agosto de 2011

Humala puede triunfar si...

Mario J. Viera


Luego de leer un resumen de lo que la primera dama del Perú, Nadine Heredia declarara a la revista ¡HOLA!, se me antojó una reflexión sobre qué posibilidades tiene Ollanta Humala para convertirse en un buen presidente.
Según la primera dama, Ollanta “ha madurado políticamente” entendiendo que las reformas que se necesitan en el país andino “requieren que la estabilidad y el crecimiento económico no se perjudiquen”. Si esto es así; si entiende sin demagogia, sin populismo, estos objetivos, estará en la antesala de una buena administración.
Según Nadine Heredia, “Ollanta defiende un crecimiento con inclusión social”; es decir, “mejorar la calidad de vida de los peruanos”. Para lograr este objetivo Humala deberá tener un plan económico “sustentable”; trazar una línea económica que al mismo tiempo se aparte de las concepciones del Socialismo del Siglo XXI como de los fundamentos esenciales de la doctrina económica de la Escuela de Chicago.
Deberá equilibrar las necesidades del mercado con una nueva visión sin caer en un extremo de intervencionismo gubernamental en la gestión empresarial ni permitir el fiero “laissez faire” sin supervisión o control gubernamental como proclama la Escuela de Chicago. He ahí el problema, lograr el equilibrio económico que garantice el crecimiento del mercado libre y, al mismo tiempo poder desarrollar una política social que permita sentar las bases para mejorar la vida de todos los peruanos.
Esta no es tarea fácil, requiere tiempo y paciencia y no actuar con precipitaciones. No se trata de una redistribución de los ingresos precipitada, dirigida a obtener apoyo electoral, sino de manera sensata y equilibrada, lo que puede conseguirse con una política fiscal equilibrada, y una política bien estudiada para generar empleos.
Si quiere, en verdad que la estabilidad y el crecimiento económico no se perjudiquen deberá incentivar el desarrollo de las pequeñas y medianas empresas y estimular la inversión extranjera. Si enfoca estos aspectos con la miopía de la izquierda bananera, principalmente en cuanto a la inversión extranjera, estará frenando el desarrollo económico y social del Perú.
El líder de un país no puede conducirle con las recetas y los dogmas de una ideología, sea esta de derecha como de izquierda. Su accionar ha de ser pragmático, centrado en lo que es necesario y posible, en lo que es factible y no en los sueños de una utopía, generalmente inalcanzables. Ha de ser pragmático pero sin la frialdad de un cirujano. Los pueblos no son partidas contables; la economía no es una institución de beneficencia.
Para lograr un desarrollo con inclusión social, se requiere la inversión social. En pueblos con poco desarrollo cultural, con carencia de profesionales no es posible el desarrollo. Se requiere fomentar el desarrollo educacional. Abrir escuelas elementales, escuelas de oficios y tecnológicas en toda la geografía nacional atendiendo a las características étnicas y culturales del Perú.
Es importante una fuerte inversión en la infraestructura del país. Construir carreteras de primer y segundo orden que enlacen todos los centros de producción, principalmente en el agro lo que, además, permite generar empleos.
Por otra parte no existe desarrollo donde no se respeten escrupulosamente los derechos humanos. El autoritarismo gubernamental es un freno al desarrollo. El gobierno debe poseer la cultura de la transparencia; lo oculto es fuente de conflictos y amparo de la corrupción.
En esta línea, Humala puede triunfar si respeta la libertad de opinión y el periodismo libre. Un gobernante honrado no debe temerle al ejercicio de la opinión, ni a la crítica de la prensa, aunque pueda ser injusta o hiriente. Todo gobernante electo debe entender que como tal está expuesto a los cambiantes estados de opinión que felicitan o critican o repudian su gestión. Humala, si quiere ser un presidente de una democracia, debe analizar lo que haya de justo en las críticas que el periodismo le haga, indagar en lo que se argumenta y, actuar consecuentemente; si considera que es inexacta o injusta la crítica que se le haga puede ejercer su derecho a la réplica o, aún mejor, pasarla por alto. Nunca perseguirla. En esto demostrará el grado de madurez política a la que ha llegado.
Para Humala será importante mantenerse a distancia de las políticas integracionistas de la ALBA formuladas sobre principios de corte totalitario. La confianza que podrá inspirar su administración ante el mundo es saber conducir sus relaciones con ALBA en igualdad de condiciones con otras organizaciones regionales e internacionales, si darle mayor preponderancia a una u otra.
En su administración, el nuevo presidente de Perú deberá probar con su actuación que es verdad lo que afirmó la primera dama a la revista ¡HOLA!: “Ollanta y yo somos personas sencillas que nos animamos a entrar desde abajo a la política formando un partido nuevo. Estamos cansados de los políticos tradicionales que faltan a sus promesas, negocian bajo la mesa y mantienen la corrupción”.
Si evita el clientelismo, tan notorio dentro de muchos gobiernos latinoamericanos; si Ollanta, con la transparencia de su gestión, combate la corrupción de manera efectiva, aplicando leyes bien pensadas y con instituciones ad hoc estará en el camino correcto para alcanzar el desarrollo económico y social que ha prometido para el país.
Considero que un presidente inteligente y que realmente le interese el avance de su país deberá saber cuándo es necesario moverse hacia la derecha o cuando conviene inclinarse a la izquierda y siempre partiendo desde el centro. Sobre todo, estar dispuesto siempre al diálogo con la oposición y buscar puentes de contacto con todas las fuerzas políticas y con la sociedad civil del país.
Si Humala cumple estos propósitos no dudo que pueda triunfar en su presidencia.

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