miércoles, 19 de septiembre de 2012

Morir por la patria…


Mario Julio Viera

Con fuerza de orgullo, el Himno Nacional de Cuba, proclama: “Morir por la patria es vivir”. Hasta qué punto esta consigna tiene validez es asunto de criterios y circunstancias. En mi opinión es preferible vivir para la patria antes que morir. Tener la decisión de vivir, para defender la dignidad patria, para luchar por la libertad aunque en su consecución se tenga que enfrentar a la muerte; pero lo primario es vivir, no entregar inútilmente la vida.

Los muertos pueden servir de faro para ilumina las batallas por la verdad, pero los que caen, solo son eso: símbolos. Es mejor luchar decididamente teniendo como fundamento mantener la vida para alcanzar la victoria y ser luego útiles como fundadores, que morir sin alcanzar la meta añorada; porque después de muertos ¿qué beneficio obtiene la patria?

El sacrificio del Gólgota impulsó la vida, porque, el Cristo no murió para siempre, ¡Resucitó! Más útil es el patriota vivo que el patriota mártir.

Entregar la vida heroicamente para obtener una victoria es sencillamente, alcanzar solo una pírrica victoria.

El primer deber de los forjadores de patrias es mantenerse vivos.

Todo esto digo en relación con la huelga de hambre que recientemente realizaran en Cuba un grupo de opositores en reclamo de una reparación de la justicia. Lograron su propósito. Por primera vez en su historia, el régimen cedió ante el viril reclamo. Sin embargo otro pudiera haber sido el resultado.

El castrismo es intransigente; es prepotente, es agresivo y carece de escrúpulos morales. De buena gana ─ si determinadas circunstancias no hubieran estado presente ─ habría dejado morir a los huelguistas; graciosamente hubiera podido librarse de un grupo de opositores que no cesan en sus reclamos de justicia y democracia; como acallaron el reclamo de Orlando Zapata Tamayo; como silenciaron la voz de denuncia de Wilman Villar Mendoza, sin importarles el repudio internacional.

Ellos pudieron haber muerto por la patria, pero quedarían silenciadas sus voces de denuncia y su ejemplo de resistencia en vida. La vida de los osados impulsa a ser seguidos, más que sus muertes. Los muertos son memoria; son voces apagadas para siempre aunque su entrega, su renuncia a la vida sea luego idealizada por los aedos de la historia.

Marta Beatriz Roque Cabello y José Luis García Pérez “Antúnez”, las figuras más representativas del grupo de huelguistas, son más útiles vivos que muertos. Entre ellos hay diferencias de métodos, pero se identifican en un mismo objetivo. Ambos son ejemplos de resistencia, ejemplos a seguir. Todavía tienen mucho que aportar. Todavía no tienen derecho a entregar la vida… Tienen que vivir.

Por suerte, gracias a la solidaridad internacional, gracias a los tiempos que vivimos, lograron su objetivo… Morir por la patria no siempre es vivir. ¡Vivir por la patria y para la patria, es vivir!

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