miércoles, 19 de septiembre de 2012

Las huelgas de hambre en Cuba y los miedos de la dictadura


Es sabido que el régimen había dejado morir sin miramientos a huelguistas como Pedro Luis Boitel, Orlando Zapata Tamayo, Wilman Villar Mendoza y otros, pretendiendo posteriormente sortear la imagen adversa que ello provoca

Eugenio Yáñez. CUBAENCUERNTRO

Curioso que el gobierno de un país que se ofrece — y es aceptado — como garante para conversaciones de paz entre el gobierno colombiano y las narcoguerrillas de las FARC, no sea capaz de reconocer adversarios nacionales internos, convirtiendo a quien disienta en “mercenario” y “enemigo”, aunque solo reclame derechos elementales que en cualquier país democrático se dan por garantizados desde el nacimiento.

Casi tres decenas de opositores cubanos se declararon en huelga de hambre durante más de una semana, reclamando la excarcelación de Jorge Vázquez Chaviano, un opositor que ya había cumplido su condena, y el cese de las golpizas y abusos. La huelga de hambre es una decisión muy discutible, por el riesgo y el deterioro que representa para la salud de las personas involucradas, y por la cuestionable eficacia de tal procedimiento frente a una dictadura que no valora en lo más mínimo la vida de sus adversarios.

Es sabido que el régimen había dejado morir sin miramientos a huelguistas como Pedro Luis Boitel, Orlando Zapata Tamayo, Wilman Villar Mendoza y otros, pretendiendo posteriormente sortear la imagen adversa que ello provoca; y confiando en que la combinación del flujo informativo internacional y el férreo bloqueo a la información  dentro del país, hagan olvidar el hecho en pocos días. Y contando con la complicidad de “personalidades” como el entonces presidente brasileño Lula da Silva, que estando junto a Raúl Castro en una visita oficial en Cuba, comparó públicamente a Zapata Tamayo con los “bandidos” de su país.

Pero la situación actual era diferente, y el régimen no podía arriesgarse a que fallecieran varios huelguistas de hambre reclamando algo tan elemental como la excarcelación de un prisionero que ya había cumplido su condena, por lo que no le quedó otro remedio que ceder, tratando de salvar la cara. Por primera vez en más de medio siglo de tiranía, el régimen cede ante las justas demandas de unos huelguistas de hambre. ¡Por primera vez!

La dictadura castrista no solo ha sido capaz de dejar morir a quienes intentaran una huelga de hambre como último recurso, sino que además siempre ha pretendido ignorarlos y desprestigiarlos, a través de su maquinaria propagandística, ensañándose contra seres humanos que no tienen la más mínima posibilidad de defenderse ni de expresar sus puntos de vista, sus razones ni sus verdades. Es una curiosa manera de entender la “Batalla de Ideas”, como todas las batallas que gustan al Invencible Comandante, que solo se pelean cuando no hay adversarios delante, o cuando los adversarios no están en condiciones de ripostar adecuadamente.

Una furibunda y vociferante campaña propagandística se desató en las redes sociales del gobierno cubano, donde sus blogueros se recrearon insultando y denigrando a los opositores que llevaban a cabo la huelga para llamar la atención mundial contra los desmanes del régimen. Así, los “compañeros” al servicio del Gobierno acusaron de mercenarios a los opositores, y pretendían “demostrar” que recurrían a la huelga de hambre en aras de obtener dineros del “imperialismo”.

Habría que preguntarse si tales heraldos del castrismo serían capaces de decirles esas mismas frases e insultos cara a cara a los huelguistas de hambre. Si esos propagandistas de pacotilla serían capaces de decírselo en su cara a un hombre como Jorge Luis García Pérez (“Antúnez”) o una mujer como Martha Beatriz Roque Cabello. ¿Se atreverían?

Además de miserables y cobardes, estos secuaces gubernamentales fueron muy torpes: si algo está más que claro en la historia de la humanidad es que los mercenarios no buscan morirse en ninguna circunstancia, puesto que si deciden correr riesgos para obtener dinero es con la esperanza de disfrutarlo; si hay que morir para obtenerlo, no tiene sentido ser mercenario.

Cuando se supo de la promesa de excarcelación del opositor encarcelado que ya había cumplido su sentencia, no mencionaron eso para nada en las redes sociales controladas por el Gobierno, y presentaron la noticia como si “los mercenarios” hubieran desistido de continuar con “el circo”, sin explicar el por qué.

Para más bochorno de los tiranos, sucedió algo que  llevó los niveles de estulticia gubernamental a los máximos posibles: una doctora del policlínico “Pasteur”, ubicado en la barriada donde reside Martha Beatriz Roque, aseguró haber estado en casa de la huelguista, a solicitud de personas de esa misma casa, y que pudo comprobar que Martha Beatriz hablaba, se levantaba y sentaba, y caminaba normalmente, algo que debería ser imposible en caso de que una persona diabética, como la opositora, se hubiera mantenido en huelga de hambre durante varios días.

Aunque la doctora del policlínico no lo dijo abiertamente en la televisión oficialista, de sus palabras se desprendía que lo de la huelga de hambre de la opositora era una farsa, lo que sin dudas justificaría las acusaciones de “circo” que el bloguerío lacayo lanzó contra quien ha sido una prisionera política del régimen en dos ocasiones, simplemente por expresar sus ideas.

Pero otros huelguistas de hambre que se encontraban en la misma casa que la conocida opositora aseguraron, tajantemente, que en ningún momento la doctora vio a Martha Beatriz, quien no salió de su habitación durante la presencia de la galena en esa casa. Aseguraron también que la doctora en ningún momento habló con la opositora. De ser así, habría que considerar que la médica mintió escandalosamente, con intenciones políticas nada decentes, en una actitud que diría muy poco de su ética profesional y de sus condiciones morales.

Tan pronto como se anunció la suspensión de la huelga por la promesa del régimen de excarcelar a Vázquez Chaviano, se pudo conocer que la salud de la opositora se había deteriorado fuertemente en estos días, al punto de no poder ni dar entrevistas en ese momento. Entre la posibilidad de que la doctora haya mentido o que la opositora “actuaba”, no caben dudas: la doctora-comisaria ha resultado miserablemente mentirosa. ¡Qué estigma y qué triste favor se hizo a sí misma, como profesional y como ser humano, y al régimen que le lleva a actuaciones como esas!

Finalmente, no hay que confundir esta victoria de los huelguistas de hambre con un camino fácil o que debe repetirse en cualquier circunstancia por los opositores, lo que podría conducir al fracaso. Aquí se dieron determinadas circunstancias: eran varias decenas de huelguistas sin distinción de grupos políticos, existía una demanda muy concreta y factible, y la huelga tuvo cierta repercusión internacional, no tanta como hubiera sido ideal, pero el régimen hubiera pasado un mal rato si hubieran fallecido algunos huelguistas.

Saquemos de este episodio enseñanzas positivas y realistas para el futuro. Porque el futuro es nuestro, no de la dictadura. Aunque ellos afirmen lo contrario.

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