domingo, 3 de abril de 2011

Sobre los topos de la Seguridad del Estado infiltrados en la oposición cubana.

Un artículo del periodista independiente condenado a 27 años de prisión en la causa de los 75 de la Primavera Negra, Omar Rodríguez Saludes.


Los “agentes”. Presente y futuro


En menos de un mes, con la misión de recalcarle a la opinión pública internacional y al pueblo cubano que la oposición pacífica es indecente y mercenaria y que responde a intereses de los Estados Unidos, el régimen castrista ha sacado a relucir a cuatro "agentes encubiertos"; y lo ha hecho, evidentemente, calculando bien el momento y los efectos.

Llama la atención que los dos primeros informantes de última hora (Carlos Serpa Maceira y Moisés Rodríguez), fueran sacados a la palestra el 24 de febrero, un día después que los Castros ordenaran la oleada represiva que debía impedir la conmemoración del primer aniversario de la muerte de Orlando Zapata Tamayo.

Los otros dos "agentes" dieron sus testimonios a raíz del enjuiciamiento y condena a 15 años de cárcel del contratista estadounidense Alan Gross, y de conmemorarse el octavo aniversario de la Primavera Negra. Todo esto, mezclado con la excarcelación de varios miembros del grupo de los 75, a quienes se mantenía aún tras las rejas por no aceptar el destierro a España.

El régimen era consciente de que estos días —casi un mes— serían negativos: para desviar la atención y tratar de ganar credibilidad, lanzó al ruedo a sus "agentes" con el ya gastado discurso de desprestigiar y descalificar.

Divide y vencerás es el proverbio que aplica la dictadura. Su arma política más eficaz ha sido y será crear desconfianza. Es la desconfianza la que enferma, la que penetra en la mente del individuo para que éste vea nubes grises por doquier y se acomode en el mundo de la aceptación y el inmovilismo.

Es cierto que en Cuba aún hay muchos que creen en estos fantasiosos guiones de espionaje al estilo de aquella serie televisiva, En silencio ha tenido que ser. Pero en estos guiones no hay espacio para los "agentes" que por chantaje y miedo aceptan vestirse de verde olivo y recitar el libreto redactado en Villa Marista. A fin de cuentas, a la Seguridad del Estado no le cuesta nada colgar en el pecho de cualquier pelagatos una medallita que le acredite veinte años de gloriosos servicios como agente infiltrado en las filas del enemigo.

El caso de Odilia Collazo, agente Tania

Para nada es nueva la utilización del chivato o informante servil que ratifica lo que el régimen afirma. Estos correrán, eso sí, la suerte de quienes les antecedieron. Su gloria será efímera; el desprecio de muchos, eterno. Hasta quienes al momento del destape eran sus amigos, incluso familiares, se alejarán. Esa será la verdadera recompensa.

Recuerdo ahora el caso de la otrora disidente Odilia Collazo Valdez, quien hasta marzo de 2003 presidió el Partido Pro Derechos Humanos de Cuba. Lili —como también se le conocía—, al aflorar como la "agente Tania" en los juicios sumarísimos contra los 75 opositores de la Primavera Negra, fue rechazada por sus familiares, amigos y vecinos más cercanos, un hecho que me consta y del que me percaté a través de la prensa que recibía en la celda de máxima seguridad de la Prision Kilo 8 de Camagüey, donde me hallaba confinado.

Pobre Lili: en ninguna de las imágenes de estrellato que le dedicaron en la prensa escrita y televisiva se le vio junto a miembros de su famillia. Ni siquiera su hija posó a su lado. En la primera visita que recibí en prisión, mi esposa me confirmó lo que ya yo sospechaba. Toda la familia de Odilia Collazo le dio la espalda. Tal vez Lili se consuele ahora asumiendo que su familia es la revolución.

El desprecio familiar de la familia Collazo tiene origen en una traición que va más allá que la que le hizo Odilia-Tania a la oposición. Porque lo que Odilia-Tania traicionó fue la memoria de su padre. Esto es lo más triste. Muchas jabas tuvo que cargar su madre, con los hijos a cuesta, a la prisión de La Cabaña, donde su esposo, el padre de Lili, estuvo a la sombra durante años.

"Él fue un preso político", me repetían, con mezcla de orgullo y dolor, no solo Lili, sino tambien su madre y sus hermanos. Sin embargo, la destapada Tania creyó otra cosa cuando un agente de la seguridad del Estado le reveló, durante una conversación informal, que su padre había sido "uno de los nuestros". Quien servil le sirve a la dictadura, miedo tendrá en su alma.

El régimen, que se atrinchera en el poder cuando lo que urge es diálogo y reconciliación, en vez de sembrar amor en el corazón de los cubanos, ha preferido inocular el miedo que paraliza, rompe y deshumaniza las relaciones.

Espero el día en que estos "agentes" manifiesten su arrepentimiento ante una Comisión de la Verdad que ayude a una transición no violenta hacia la democracia y abra las puertas, por fin, al futuro de nuestra patria.

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