martes, 12 de abril de 2011

El 5 de junio, Perú decidirá su suerte.

Mario J. Viera


Me pregunto ¿qué haría yo si fuera peruano? Dudaría a quien otorgarle mi voto si a uno o una de los candidatos o si a ninguno. De todos modos, si yo fuera peruano me decidiría por votar. En una democracia es importante ejercer el derecho al voto aunque existan pocas opciones.
Creo que de ningún modo, de ser peruano, le daría mi voto al ex militar Humala. No confío en militares para un cargo civil electivo y más si ese militar o ex militar tuviera una vieja historia de autoritarismo y nacionalismo desaforado, amén de ser, aunque pretenda negarlo ahora, un admirador del pro totalitario presidente de Venezuela.
Si Ollanta Humala ganara las elecciones en segunda vuelta, Chávez, Fidel Castro, Rafael Correa, el fronterizo de Evo Morales y el beodo Daniel Ortega, saltarían jubilosos de alegría. Si yo fuera peruano no me agradaría para nada contribuir a la felicidad de este grupo de populistas autoritarios y ególatras.
Si Humala es el cáncer y Keiko es el sida, tal vez me decidiría por el sida. El sida es mortal pero con tratamiento adecuado se puede sobrevivir por mucho tiempo; en cambio el cáncer, una vez declarado se esparce por todo el organismo y devora todas sus células y no tiene cura, te lleva a la tumba irremisiblemente.
Si yo fuera peruano no desearía que el crecimiento económico que se ha estado alcanzando se estancara y retrocediera por los rejuegos y manipulaciones propio de los integrantes del ALBA. Si yo fuera peruano no desearía que Perú se integrara al ALBA, ese gremio de dictadores.
Si yo fuera peruano me decidiría a favor de la justicia social en beneficio de los más necesitados pero sin declararle la guerra a la riqueza, sino combatiendo a la pobreza. Solo la libertad individual, el respeto a los derechos humanos, la consolidación efectiva del estado de derecho y el combate resuelto contra la corrupción pueden asegurar la estabilidad política del país y el crecimiento económico.
Si hubiera nacido en la noble tierra del Perú me sentiría más confiado sabiendo que ninguna de las fuerzas políticas que entraron en el juego electoral controla la mayoría legislativa. Confiaría que cualquiera que resulte electo para ocupar la presidencia no podría actuar con manos libres para imponer su voluntad.
Como no soy peruano, me quedo a la expectativa, cruzo los dedos y espero que el 5 de junio el voto peruano decida acertadamente la suerte de Perú.

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