martes, 12 de abril de 2011

¡Destituyamos al gobernador Rick Scott!

Mario J. Viera
Rick Scott, gobernador de La Florida

 
Cuando un funcionario electo no cumple con el papel que le corresponde y solo representa a sus equivocados electores o una determinada elite debe ser sometido al escrutinio público. No queremos Chávez de derecha.
Un gobernador que dirige un estado con un criterio exclusivamente mercantil, sin atender a las necesidades de toda la población no merece ejercer el cargo para el cual fue electo.
El Robin Hood inverso, recorta los programas de asistencia a los más necesitados y se convierte en paladín de los poderosos, de aquellos que poseen fortunas de más de seis cifras, grupo distinguido al que él mismo pertenece.
Si el electorado se equivocó al elegir a un gobernante que solo piensa en cifras y se olvida el sentido del deber para con todos, para con los más necesitados, para la clase media y aun para los más ricos, ese mismo electorado debe iniciar la rectificación del error cometido y empeñarse en destituir al inepto, irresponsable y prepotente gobernador.
El es la carne y esencia del movimiento ultra derechista del Tea Party que encabeza la díscola ex gobernadora de Alaska. Es el fracaso de las políticas de justicia que configura el ideal de los padres fundadores de la nación.
Sí, sin lugar a dudas, es necesario destituir a Rick Scott antes de que sea demasiado tarde para la Florida..

Reproducimos un interesante artículo de opinión aparecido en El Nuevo Herald bajo la firma de Guillermo Descalzi.

El olvido del gobernador
Guillermo Descalzi

El gobernador Rick Scott parece haber olvidado algo vital en su propia humanidad. Los seres humanos crecemos en nuestra humanidad en la medida que nos damos, entregamos y servimos a los demás, empezando por los más necesitados. Así subimos en la escala de la vida.

Nuestro gobernador parece basarse en otra premisa. Debe de creer que para avanzar hay que cortar el lastre. Suyo parece ser un sistema en el que hay que dejar solos a quienes se están ahogando en el mar de la vida. Para que se salven los que tienen hay que cortar a los que no. Esa parece ser la médula política que sale de la oficina del gobernador en Tallahassee.

Las plantas dan y regalan sus frutos. Los animales alimentan a sus crías hasta que éstas puedan valerse por sí mismas. En la generosidad y entrega están nuestro camino y destino como seres humanos. El gobernador debe saber que su humanidad se engrandece con su servir consciente, que somos más humanos en la medida en que elegimos dar a los más necesitados, convencidos de que cuando no lo hacemos nos transformamos en parásitos de la vida.

Rick Scott parece desconocer esta verdad. Actúa como si los parásitos fuesen los necesitados. Ha tergiversado y equivocado los principios del gran Partido Republicano al que pertenece. Yo tengo una hija discapacitada que afortunadamente vive en California. A discapacitados como ella, con parálisis cerebral, a todos los discapacitados del estado, les ha impuesto un recorte del 15% en los fondos destinados a su servicio. Eso, señor gobernador, no es trickle down economics. Eso es trickle up economics. Es quitarles gotitas de agua a los de abajo para llenar las piscinas de los de arriba.

Sí, todos queremos piscinas, señor gobernador, ¿pero a costa de qué? El gobernador del recorte corta a los de abajo para que no arrastren a los de arriba. Debe de creer que así premia el individualismo del que tanto nos jactamos –correctamente– en este país. Se confunde. Parece creer que como somos individuos hay que dejar solos a todos en un sálvese quien pueda o, en este caso, quien tenga. Si este fuera el Titanic, Scott metería la primera clase en los botes y dejaría a los demás a su suerte.

Los individuos meditamos, contemplamos y analizamos para moldear, en base a este análisis, nuestra actuación en el mundo. Cuando este análisis es hecho correctamente nos lleva a entablar una relación de servicio con los demás. Necesitamos de los demás para servir y ser servidos. La vida es una relación de servicio. Hay que dar y recibir.

Es importante darnos cuenta de dos cosas en esta relación. Primero, que el dar condiciona el recibir, y, segundo, que los humanos no vivimos sólo materialmente. También vivimos psíquica, mental, emocional y espiritualmente. La tan importante vida material en nuestra cultura no resulta ser ni la quinta parte de lo que es una vida plena. Con lo material sólo se obtiene y da lo material. En lo material está el toma y daca de bienes visibles y tangibles, pero quien concentra toda su atención en esta clase de bienes labra su propia desgracia.

Así parece hacer el gobernador. Vean, por ejemplo, su rechazo a los miles de millones de dólares federales para el tren bala. Lo rechazó como medida monetaria, como si este tren fuese a servir únicamente como mina o hueco del cual se saque o al cual se tire dinero. ¿Dónde queda lo que es el avance tecnológico, y el auge emocional que nos daría emprender un proyecto como este? Con Scott nunca se hubiese dado el desarrollo de Cabo Cañaveral y el complejo espacial Kennedy, porque él no hubiese aprobado la carrera a la Luna, por sus costos.

El gobernador debe de pensar, equivocadamente, que en la base del servicio humano está lo material. Actúa no como un republicano sino como un vulgar materialista. El gobernador como materialista, ¿qué les parece? Somos obra de lo que hacemos por los demás, empezando por los más necesitados. El gobernador parece ser de quienes creen que hay que cortar a los necesitados en tiempo de crisis para que no traigan abajo al resto de la sociedad.

El gobernador Scott contempla una reducción drástica a las escuelas públicas, a los discapacitados, al Medicaid y los servicios sociales, quiere limitar los pagos del desempleo y efectuar un recorte inmediato de más de cinco mil trabajadores estatales, así como una transferencia de cárceles a empresas privadas para reducir gastos en el sistema penitenciario.

Lo siento mucho, gobernador Scott, pero se ha equivocado. Para salvar al estado no se debe apretar más al necesitado. Las vacas flacas dan poca leche, pero el gobernador Scott parece creer que en tiempo de necesidad hay que ordeñarlas más.

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