sábado, 23 de abril de 2011

VI Congreso del Partido Comunista de Cuba: ¿reformas creíbles?

Regina Martínez Idarreta. EL IMPARCIAL
Los usurpadores Castro. Foto EFE
Hace una semana Raúl Castro sorprendía inaugurando el VI Congreso del PCC con una contundente crítica al estancamiento y anquilosamiento del aparato dirigente cubano. Él mismo se incluyó en una dura autocrítica a la inercia de un partido que se había detenido en el tiempo y que debía dejar de interferir en algunos campos para permitir el desarrollo de reformas económicas que vendrían a incentivar la iniciativa privada. Anunció, en este sentido, que se acabaron los mandatos eternos y personalistas ya que los cuadros estatales y partidistas, incluyendo a sí mismo, a partir de ahora tendrán sus mandatos reducidos a dos de cinco años. Eso sí, el unipartidismo, la falta de libertad de expresión y otros de los muchos déficits en derechos humanos que aquejan a Cuba se mantienen e incluso se refuerzan.

La sombra de China parece planear sobre los planes de Castro, aunque parece poco probable que el sistema que combina la libertad de mercado con el control absoluto de la política vaya a cuajar en una Cuba comandada por unos dirigentes que aún siguen siendo la vieja guardia de siempre. Aunque solo apareció en la clausura del Congreso, envejecido y renqueante, y sin decir ni una sola palabra, la influencia de Fidel pesa en demasía y su hermano no quiere, no puede o no se atreve a llevar a cabo los cambios significativos que necesita la isla.

Todos los analistas han coincidido en señalar que, a pesar de las expectativas creadas con el demoledor discurso del pasado sábado 16 de abril, los cambios anunciados por Raúl siguen siendo muy tímidos y de poca profundidad. Buenos conocedores de la política cubana como el ex embajador chileno en Cuba y premio Cervantes, Jorge Edwards aseguraba en una entrevista que Raúl Castro es consciente de que “por el clásico camino revolucionario cubano no se llega lejos” pero que, no será hasta cuando “desaparezca Fidel” cuando “la situación evolucionará más rápidamente”.
La caja de Pandora
No en vano, resulta cuanto menos paradójico e incluso contradictorio que sea la vieja guardia del Partido quien pretenda dirigir la apertura económica de Cuba. Raúl Castro dejó claro esta semana que los militares iban a seguir siendo el eje central del poder en la isla y así ha quedado reflejado en el nuevo Comité Central, en el que de 115 miembros, 24 son generales, sin contar al propio Raúl, que fue 49 años ministro de las Fuerzas Armadas, ni a Ramiro Valdés o Guillermo García, los dos comandantes históricos que quedan vivos y que también integran el organismo.

Así, parece difícil que la asentada burocracia cubana vaya a ser capaz de asumir conceptos contrarios a la rígida ideología oficial como la transición a un modelo de economía mixta y la descentralización del estado y de un importante sector no estatal. A esto hay que sumarle en hándicap de que en el informe presentado por el PCC no quedan muy claros los tiempos, formas y alcances de estas medidas, con lo que la ambigüedad y la sensación de opacidad pueden imposibilitar cualquier paso en la dirección de las reformas.

Da la sensación de que Raúl Castro ha pretendido abrir una pequeña rendija de la caja de Pandora pero no se ha atrevido a dar el paso de abrirla del todo. Casos como los de China o Taiwan demuestran que es posible combinar las libertades económicas con un Estado autoritario, pero eso no quiere decir que se trate de una tarea sencilla y exenta de riesgos. La libertad económica, con los ineludibles cambios sociales que trae consigo acaban derivando siempre en la mayor parte de las ocasiones en la demanda de cambios políticos. A la larga resulta difícil, por no decir imposible, mantener un mercado liberalizado sin establecer reformas políticas en consonancia. En Cuba se perciben tímidos cambios pero para asentarse, necesitan una auténtica reformulación de las bases de un régimen, que no acaba de salir de ese anquilosamiento que tanto criticaba Raúl.
Raúl Castro, ¿a la sombra de Fidel?

Raúl Castro, es el más pequeño de los tres hermanos Castro y con 79 años, es cinco más joven que Fidel. A pesar de llevar casi un lustro al frente del país, desde que Fidel se retiró a causa de una grave enfermedad que incluso hizo temer por su vida, no ha sido hasta esta semana cuando Raúl ha asumido la dirección del PCC. De esta forma culmina el proceso de traspaso de poder que se inició en 2006.

Mientras su hermano ha representado a la perfección el papel de líder carismático y magnético, Raúl tiene un perfil más pragmático, eficiente y tecnócrata. Así como Fidel Castro es famoso por sus larguísimos y barrocos discursos, Raúl se ha distinguido durante los cinco años que lleva en el poder por la brevedad y escasez de sus diatribas públicas. Además, las pocas veces en las que se ha dirigido a los cubanos ha sido para hablar para asuntos concretos sobre la economía del país y cuestiones similares. De hecho, la economía ha sido el eje central de su política desde que tomó las riendas de la isla, con el objeto de superar la crisis crónica que Cuba sufre desde la caída de la URSS y el consiguiente aislamiento internacional.

Viudo y padre de cuatro hijos, la familia de Castro está muy implicada en la política cubana. Su mujer, Vilma, que falleció en 2007 fue miembro del Buró Político del PCC y presidenta de la Federación de Mujeres Cubanas, mientras que una de sus hijas, Mariela, es directora del Centro Nacional de Educación Sexual (CENESEX) y su único hijo varón, Alejandro, oficial superior del Ministerio del Interior


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