martes, 21 de junio de 2011

Sobre la izquierda bananera de América Latina

Viraje a la izquierda
Raúl Benoit. EL NUEVO HERALD

Esto no es un invento surgido en las discusiones de exiliados cubanos en las cafeterías de Miami. Es una realidad que vive América Latina, continente que vira a la izquierda de manera lenta y quizás ingenua.

Viendo el “inminente peligro”, la derecha, los empresarios e industriales y la sociedad elitista y clasista del continente, miran con asombro y susto lo que se les avecina.

¿Pero quiénes han provocado este cambio en proceso? Sin lugar a dudas muchos de ellos, que dejaron crecer la inconformidad por décadas de indolencia e indiferencia, consintieron que brotaran caudillos, fueron cómplices del despilfarro, la corrupción y las ambiciones desmedidas, olvidándose del pueblo y haciendo más profunda la injusticia social.

Los votantes castigan a quienes no saben administrar.

Algunos actores de la izquierda, justificando este viraje, hablan de la madurez política de Latinoamérica, pero no es así. Es el ansia de conseguir trabajo, mejores ingresos, salud y educación, lo que lleva a la gente a creer en las promesas de los socialistas del siglo XXI, que se venden como salvadores, pero son iguales o peores que los comunistas cubanos.

Lo asombroso es que la izquierda está borrándose del mapa político en otras partes del mundo. Europa, modelo a seguir para algunos socialistas latinoamericanos, tiende hacia la centroderecha.

Tras la derrota de los socialistas portugueses, los que son considerados como partidos de “inspiración progresista”, gobiernan solo en 5 de los 27 países de la Unión Europea: España, Austria, Grecia, Chipre y Eslovenia.

Expertos auguraban que tras los fracasos del capitalismo y más aún, después de la quiebra financiera mundial, la social democracia podría experimentar un ciclo expansivo, sin embargo, no sucedió, por los errores cometidos en sus gestiones y la falta de liderazgo.

En Latinoamérica el síntoma afecta al revés. Al sufrir por el capitalismo salvaje el pueblo busca subirse a una tabla de salvación enclenque, un remedio que pudiera ser peor que la enfermedad: el renacimiento del comunismo.

En Centroamérica saca la cara El Salvador, con Mauricio Funes, un socialista moderado que parece llevar a la nación por buen camino, pero sus vecinos podrían ser un dolor de cabeza.

En Honduras, que parecía haberse librado de la amenaza, ahora se descubre, por un documento secreto, que Porfirio Lobo hizo un pacto con Hugo Chávez, que quizás tenga como fin atornillar a Manuel Zelaya en un futuro régimen.

Ni hablar de Nicaragua, donde Daniel Ortega y su esposa han burlado y manipulado la Constitución y se están apoderando de empresas privadas, como si fueran inversionistas particulares y no gobernantes, con dinero proveniente de aportes desde Venezuela.

Y finalmente Guatemala, con el populismo de Sandra Torres, la ex primera dama, que no solo usa recursos del Estado para financiarse, sino que también recibe el apoyo de Chávez.

A los que creen que la izquierda los sacará de la pobreza, les aconsejo que ese viraje es mejor que no lo permitan. Estarán tan unidos por un cordón umbilical revolucionario, que en el momento en que fracase uno, todos caerán como jalados por una cuerda de escaladores egoístas.

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