miércoles, 2 de marzo de 2011

Cuba y Libia, puntos coincidentes.

Mario J. Viera. 



Parece ser que los sátrapas tienen una conexión mental que les permite coincidir en temas de interés para ambos. Este es el caso de las tiranías de Cuba y Libia.

Hay puntos coincidentes en lo proclamado por el hijo de Carlos Rafael, el empleado de los Castros para asuntos internacionales, Bruno Rodríguez Parrilla y Muamar el Gadafi.
Hablando ante el Consejo de Derechos Humanos, el 2 de marzo, Rodríguez Padilla luego de declarar que el pueblo libio “se opone a toda intervención militar extranjera” aseguró que de producirse esta “provocaría miles de muertes, de desplazados y enormes daños a la población”. Coincidentemente, Gadafi en una intervención televisada ese mismo día afirmó que “miles y miles de libios morirían si Estados Unidos o la OTAN nos atacan”. En realidad, quien expresó la oposición del pueblo libio a la intervención militar, fue el mismísimo Gadafi, al decir “Nunca lo aceptaremos”.
Rodríguez Padilla sigue el razonamiento propio del castrismo que identifica la voluntad de sus máximos líderes como “voluntad de todo el pueblo”.
El denominado canciller del gobierno usurpador de Cuba acusó de manera implícita a las naciones occidentales y a Estados Unidos de intentar “aprovechar la trágica situación creada para ocupar ese país y controlar su petróleo”. Gadafi coincidió plenamente con Rodríguez: “¿Acaso quieren convertirnos en esclavos otra vez, como cuando fuimos esclavos de los italianos?” y luego aseguró con la habitual prepotencia de los déspotas: “Vamos a meterle los dedos en los ojos a todo aquel que dude de la autoridad del pueblo libio (…) No debemos ser esclavos de los norteamericanos”. Afirmó que detrás del movimiento de protestas se escondía “una conspiración para controlar el petróleo y el territorio libio”
Refiriéndose a la cobertura que los medios internacionales han dado a los sucesos del Africa del Norte, aseguró Rodríguez: “Tampoco parecen ser la objetividad, la exactitud y el apego a la verdad, lo que predomina en una parte de la prensa, utilizada por emporios mediáticos, para atizar el fuego”. Gadafi, por su parte coincidió en el mismo tema y acusó a la prensa de no informar lo que sucede en Libia: “Las noticias salen de agencias que no tienen corresponsales en Libia”
El castrista con título de diplomático ha visto en los sucesos que han estremecido las dictaduras del Africa árabe como originada por “la crisis de la política de saqueo impuesta por los Estados Unidos y sus aliados de la OTAN en esa región”. Parece increíble que ninguno de los representantes diplomáticos presentes en el Consejo de Derechos Humanos no le hiciera ver la incongruencia de sus palabras. Estados Unidos era aliado del gobierno de Mubarak por razones geopolíticas o de real politik; pero no era aliado del régimen de Gadafi, en el primer caso podría argüir la supuesta política de saqueo impuesta por los Estados Unidos, afirmar se puede afirmar lo que se dé la gana sin importar que se posea datos creíbles que mostrar pero ¿saqueaba Estados Unidos las riquezas del independentísimo guía, del símbolo de la revolución libia, Gadafi? ¿No ha dicho de sí mismo: “Yo hice la revolución para liberar a Libia en 1969, entregué el poder al pueblo y me retiré a mi jaima.  Entregamos el poder al pueblo libio en 1977 y desde entonces no hemos ejercido el poder en el país”?
Luego Rodríguez, el hijito de Carlos Rafael trata de argumentar su razonamiento diciendo: “Los precios de los alimentos se triplican, el agua escasea, crecen los desiertos, aumenta la pobreza y, con ella, una ofensiva desigualdad social y exclusión en la distribución de la opulenta riqueza petrolera de la región”.
Entonces en Libia las protestas, la rebelión popular está dada por esas mismas razones, principalmente por la “ofensiva desigualdad social y exclusión en la distribución de la opulenta riqueza petrolera de la región”. La opulenta riqueza petrolera de Libia que se empleaba en el enriquecimiento de Gadafi y de sus hijos a expensas de la miseria y la opresión del pueblo.
Es curioso que el titular del castrismo en el Consejo de Derechos Humanos rechace la injerencia extranjera en una guerra civil, cuando el gobierno que representa intervino en la guerra civil que se desarrollaba entre las fuerzas de la UNITA y el FLN de Angola, como lo hiciera en Etiopía, como lo hizo a favor de los movimientos guerrilleros que alentaba, entrenaba y equipaba en América Latina.
Con sumo desparpajo y cinismo se atreve a proclamar: “El derecho humano fundamental es el derecho a la vida que no merecería vivirse sin dignidad humana”. Sería útil que esas palabras se las dijera a los magnates del poder en Cuba, decirles que se respete la dignidad humana de los cubanos, a quienes se les ha arrebatado todos sus derechos civiles limitados a favor de proclamar fidelidad al régimen y sometiéndoles a un implacable régimen policiaco, a las estrecheces de la vida, a la vida en miseria, a la falta de esperanzas. “La dignidad humana ─ agregó ─ es un derecho humano. Hoy viven 1 400 millones de personas en pobreza extrema”. Olvidó mencionar que en esa terrible cifra hay que incluir a varios millones de cubanos víctimas de la incompetencia del régimen que él representa.
Se angustia el castrista con la proporción horrible e inédita de niños que mueren en conflictos bélicos, en cambio nada dice de los niños que asesinaron en el remolcador Trece de Marzo sin que mediara un caso bélico.
La comunidad internacional ya ha emitido su última palabra y de nada valen las plañideras exhortaciones castristas a favor de la tiranía libia. Luis Moreno, fiscal de la Corte Penal Internacional declaró en un comunicado con respecto a los sucesos en Libia: “Tras hacer un examen preliminar de la información disponible, el fiscal ha llegado a la conclusión de que está justificado realizar una investigación”. Es la declaración de la Corte que ha llegado a la convicción de que en Libia se han producido crímenes contra la Humanidad.
El fin de la era de los déspotas está a la mano. Los usurpadores en Cuba conocerán que el momento del juicio lo tienen muy cerca.

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