martes, 27 de agosto de 2013

Entre la libertad y la dictadura


LIBRE  es “socialista”, con influencia marxista, mezclada con componentes autoritarios de carácter dictatorial  que presagian que, si gana el poder no lo va a querer entregar sino por medio del uso de la violencia. PAC es un partido autoritario, propiedad personal de un “caudillo” en ciernes…

Juan Ramón Martínez. LA TRIBUNA

Desfile demilitantes de LIBRE
Un asunto que no hay que pasar por alto en el análisis del proceso electoral, es que al mismo concurren partidos demócratas, que cumplen las reglas que esta doctrina establece; y otros partidos que no son tales, sino que esbozos totalitarios, que rechazan la alternancia del poder, predican la destrucción de la democracia y favorecen la formación de un estado dictatorial que controlará toda la vida  política,  económica y social. Eliminando la libertad ciudadana. Aplicar a partidos demócratas y antidemócratas  las mismas reglas, puede parecer por principio de cuentas, un error; e incluso un contrasentido. En las actuales circunstancias la  convivencia de los partidos democráticos (Partido Liberal, Partido Nacional, PINU Social-Demócrata, Democracia Cristiana, Alianza Democrática, Faper-UD) con los antidemocráticos, autoritarios, absolutistas y  fascistas (LIBRE y PAC) está dictada por las condiciones de Honduras, la que ha sido forzada por la izquierda no democrática del exterior; y apoyados indirectamente por los tibios demócratas del continente, a aceptar irrespetar la ley; e incluso, a paralizar los juicios para que sospechosos de robos flagrantes y de candidatos a ser llevados a Estados Unidos, puedan participar, como si nada, en el proceso electoral.

Estos dos partidos que, abiertamente sostienen posturas contradictorias con el sistema democrático, no son exactamente iguales. LIBRE  es “socialista”, con influencia marxista, mezclada con componentes autoritarios de carácter dictatorial  que presagian que, si gana el poder no lo va a querer entregar sino por medio del uso de la violencia. PAC es un partido autoritario, propiedad personal de un “caudillo” en ciernes, con abiertas inclinaciones totalitarias que, al ganar puede crear anómalas situaciones de abierta confrontación entre lo que es la tradición democrática en el ejercicio del gobierno; y los deseos de un caudillo “nuevo” que no disimula su sentido de superioridad, su arrogancia y  menosprecio hacia todas las demás expresiones políticas. Y especialmente hacia los electores.

La participación de demócratas y dictatoriales, aunque supone sobresaltos y peligros, le da al elector la oportunidad de hacer ─ por primera vez ─ en toda la historia, una opción clara en dirección a si quiere perfeccionar un sistema de participación abierta, estabilizar el estado de derecho, limitar el poder de los gobernantes, controlar al gobierno desde la sociedad, exigir que este rinda cuentas; preservar la libertad de información por periódicos y noticieros de control privado, mantener economía de  libre mercado; y preservar la paz ante los violentos. O, si por el contrario  quiere experimentar con un partido que destruirá la democracia en que vivimos, sustituyéndola por una dictadura de partido único, con un gobierno que controlará todo; y que le negará libertad a la ciudadanía para efectuar las opciones que plantea la vida, con una economía estatal de compadres y de delincuentes; y en la que la iniciativa de los particulares será sustituida por la de burócratas que dirigirán una economía dentro de un capitalismo estatal. Sin  libertad para nadie. Ni para invertir, opinar; y mucho menos, para criticar al gobierno. Se llaman “socialistas” y, no lo son. E incluso los que se creen marxistas, lo que muestran es ignorancia. Lo que buscan es crear  una dictadura en la que el caudillo sea insustituible; y sin posibilidad de alternancia, excepto en casos de enfermedad, incapacidad total; o muerte. Buscan crear un régimen fascista envuelto en papelería de “socialismo democrático” y marxismo de primera generación. Todo bajo la gran categoría de Socialismo del Siglo XXI que no supera al marxismo, (caso de LIBRE) sino que favorece el uso de las elecciones para destruir a la democracia. Desmontando el estado de derecho para crear la dictadura, ineficiente y empobrecedora como ocurre en donde no se ha entendido que, lo único que se puede repartir es la riqueza; y que los que quieren hacerlo con la pobreza, como ha ocurrido en Cuba, engañan a la ciudadanía. Denigran la política y comprometen la estabilidad de la nación.

No pretendo sugerir que demos marcha atrás sacando del proceso a partidos dictatoriales, sino que clarificar las opciones. De modo que los que quieran más democracia, voten por los demócratas. Dando la oportunidad a los que se quieran suicidar,  que lo hagan por su propia mano, votando por los partidos totalitarios. Esto es muy serio. Hay que votar; pero sin equivocarse. El momento es delicado.

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