viernes, 15 de marzo de 2013

De unidad y de pluralismo


Mario J. Viera.

En ocasiones me pregunto ¿qué pasaría si los regentes del gobierno de Cuba, se volvieran locos, o se sintieran cansados del mando o simplemente se percataran de que ya no pueden dar más y quieren buscarse un lugarcillo tranquilo para disfrutar lo que les queda por vivir y se decidieran llamar a la oposición para decirle: “Miren, encárguense de este muerto que ya no soportamos y reemplácennos  en el gobierno”?

Esta es una hipótesis mía planteada al absurdo pero vale como ejercicio intelectual. En primer lugar ¿Quiénes serían los representantes de la oposición que serían llamados para hacer la transición? Descontemos que los regentes tengan dobles intenciones y que quieran pactar con una oposición/disidencia ad hoc y consideremos que, en verdad ─ esto es una suposición al absurdo ─, quieren dialogar con la oposición/disidencia legítima. ¿Cuántos grupos opositores/disidentes hay en Cuba? ¿Algunas decenas o son doscientos o trescientos? Y cada uno con su propio liderazgo. Pienso que habría que hacer la reunión no en una pequeña o mediana oficina; se requeriría hacer el encuentro en el Palacio de las Convenciones.

Planteemos la hipótesis desde otro ángulo. Supongamos que se ha creado un partido único de la oposición/disidencia con su secretariado y su máximo líder. Ese máximo líder supuestamente se encargaría de ocupar la presidencia del gobierno de transición y encaminaría el gobierno por los cauces ideológicos o programáticos del Partido único. Cabría formularse la pregunta sin respuesta que se hiciera Luis Cino Alvarez: “¿Qué pasaría si apareciera un líder único, que de tan carismático, valiente y virtuoso, se sienta por encima del bien y el mal? ¿No tuvimos suficiente ya con el Máximo Líder?”

Supongamos que ese líder y secretariado único no se embelesaran con el licor del mesianismo y del salvador supremo ─ cosa que estaría por ver ─ y se abriera al pluralismo político e ideológico de todos los sectores de la oposición. Debemos hacernos otra pregunta ¿estará ese partido opositor y sus representantes aptos para conducir la maquinaria estatal? ¿Aptos para conducir los ministerios y toda la burocracia gubernamental? ¿Estaría preparado para echar a andar el Poder Legislativo haciendo funcionar al Congreso y emprender una reforma al aparato judicial del país? ¿Qué planes sensatos tiene para reformar y hacer funcionar a los gobiernos municipales? ¿Y la policía y las fuerzas armadas?

Pienso que una de las principales tareas de la oposición está en su preparación para el ejercicio del gobierno y desarrollar sus capacidades para hacer funcionar todo el andamiaje estatal. Esto es básico y es elemental, el saber cómo se gobierna.

En cuanto al tema tan manido de la unidad o la dispersión de los grupos opositores/disidentes, pienso que la dispersión, la pluralidad, tiene sus pro y sus contra. En primer lugar comparto el mismo criterio de Luis Cino Alvarez cuando señala: “Los tradicionales hándicaps de la oposición cubana, tales como la fragmentación, el individualismo, la improvisación, la espontaneidad, han hecho mucho más difícil el trabajo de los represores. Una oposición más unida hubiese sido para la Seguridad del Estado más fácil de descabezar”.

En contra hay la tendencia al caciquismo, al aislacionismo de algunos grupos, la tendencia a querer destacarse mediáticamente sin lograr la necesaria comunicación con la población. Son más fuegos fatuos que luces verdaderas.

El otro factor negativo es la tendencia de muchos grupos de elaborar proyectos y programas todos en oposición a otros proyectos y programas elaborados por otros grupos y de presentarlos como la clave del futuro o como el alfa y la omega de la sapiencia opositora; tantos programas que ya nadie sabe por cual decidirse ni cual de esos proyectos y programas tienen verdadero poder de convocatoria.

El exilio no está exento de estos vicios. ¿Cuántas organizaciones anticastristas se han creado en el exilio? Demasiadas y cada una con su propio programa y su propia intolerancia hacia los diferentes y la mayoría bregando para alcanzar adhesiones y colaboradores en la isla, por influir sobre los grupos opositores al interior del país. A menudo, grupos del exilio se presentan como los guías de la oposición interna, como los que dictan la estrategia y las tácticas desde la lejanía, olvidando o queriendo desconocer que la primera línea de la resistencia está dentro de Cuba y que el exilio debe funcionar como la retaguardia segura de esa resistencia interna.

¿Qué hacer entonces? Esta es la pregunta del millón. Se hace necesario recoger, analizar, valorar las experiencias de aquellos que en otros países con situaciones políticas parecidas a las predominantes en Cuba han llevado a cabo movimientos triunfadores y adecuar esas experiencias de manera creadora a las características propias, pero sin copiarlas al carbón.

Quizá un ejemplo válido, aunque en condiciones más favorables que las predominantes en Cuba, lo ha aportado la Mesa de Unidad Democrática de la oposición antichavista de Venezuela con la elección de un candidato que represente a todos los partidos de oposición y en la que se conjuga, al mismo tiempo, la unidad y el pluralismo. Un programa de consenso sin diluir los diferentes partidos opositores dentro de una megaorganización política.

Por supuesto está que un intento similar puede enfrentar el ataque y la presión de la Seguridad del Estado para impedir que se materialice en un poderoso frente opositor; pero valdría la pena intentarlo. La unidad en medio de la diversidad. Cada grupo actuando según sus métodos y todos convergiendo en una misma estrategia: Ser una opción para la población y alcanzar el poder. Alcanzar la transición en primer lugar y luego de resuelta la transición emprender la autonomía de cada partido de acuerdo a sus proyecciones y a su ideología.

No hay comentarios.:

Publicar un comentario