domingo, 25 de noviembre de 2012

Obama, Asia y Latinoamérica


Andrés Oppenheimer
Barack Obama habla en Myanmar, durante su reciente visita. Foto de Paula Bronstein/Getty

El reciente viaje a Asia del presidente Barack Obama fue eclipsado por las noticias de las hostilidades en la Franja de Gaza, al punto de que casi ninguno de nosotros le prestó atención. Sin embargo, su visita a Asia podría tener implicaciones para Latinoamérica en general, y para Cuba en particular.

En primer lugar, el viaje tendrá un impacto en buena parte de América Latina porque, en una reunión con líderes asiáticos el 20 de noviembre en Camboya, Obama acordó concluir a fines del 2013 las negociaciones para a crear el Acuerdo de Asociación Trans-Pacifico (TPP, en sus siglas en inglés), que unirá a casi una docena de países asiáticos y americanos de la cuenca del Pacífico en el bloque comercial más grande y ambicioso del mundo.

Aunque las negociaciones del TPP ya se habían iniciado, el viaje de Obama a Asia aceleró la agenda. La próxima rueda de negociaciones se realizará el 3 de enero en Nueva Zelanda, y se tiene programado firmar el acuerdo en octubre del 2013, para que sea ratificado e implementado en el 2014.

El TPP incluye a Malasia, Vietnam, Singapur, Australia, Nueva Zelanda, Estados Unidos, Canadá, México, Chile y Perú, y posiblemente se integren Japón ─ la tercera economía más grande del mundo ─, Corea del Sur y Colombia. Aunque los funcionarios estadounidenses lo niegan, el TPP es entre otras cosas una iniciativa de Obama por contrarrestar la creciente influencia económica de China en ambas márgenes del Pacífico.

Es algo importantísimo”, dice David Lewis, un experto en comercio de la firma consultora Manchester Trade, de Washington D.C. “Es el mayor pacto comercial que hemos visto desde el Acuerdo de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA) de 1994, y les va a dar a los países miembros ventajas comerciales muy superiores a las de los que se queden afuera".

Esto podría generar una partición de facto de Latinoamérica, entre los países del Pacífico que tendrán un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos y buena parte de Asia, y un bloque de países del Atlántico que — pese a ser grandes exportadores de materias primas a China — no tendrán un acuerdo preferencial con otros mercados asiáticos, afirman muchos expertos.

México, cuyo presidente electo Enrique Peña Nieto ya ha adelantado que apoyará la incorporación de su país al TPP, ve el acuerdo Trans-Pacífico como una oportunidad única para actualizar su acuerdo de libre comercio con Estados Unidos y Canadá, y como un vehículo para lograr acceso preferencial al enorme mercado japonés.

Japón aun no ha pedido oficialmente entrar en el TPP, debido a la resistencia de sus agricultores. Pero Naoki Tanaka, director del Centro de Estudios Internacionales de Política Pública, con sede en Tokio, me dijo en una entrevista que es probable que Japón enuncie su pedido formal de integrarse al TPP tras las elecciones del 16 de diciembre allí.

El segundo punto interesante del viaje de Obama a Asia fue su visita a Myanmar, también conocido como Burma, una dictadura militar que — al igual que Cuba— ha estado desde hace tiempo sometida a las sanciones de Estados Unidos por su falta de libertades fundamentales.

El hecho de que Obama decidiera visitar Myanmar en respuesta a algunos pasos pequeños pero concretos de ese país hacia una apertura política, que incluyeron la liberación de algunos presos políticos y elecciones libres para puestos públicos de segundo nivel, puede interpretarse como una señal de que Obama podría hacer una visita igualmente histórica a Cuba si el régimen militar de ese país tomara algunas medidas de apertura política.

Cuando le pregunté por la analogía Myanmar-Cuba, Roberta Jacobson, jefa de asuntos Interamericanos del Departamento de Estado, me dijo que Myanmar “es un país que ha sido muy cerrado y muy represor, y que ha empezado a abrirse’’. Y agregó: “si algo semejante ocurre en Cuba, vamos a responder, tal como lo hicimos en Birmania”.

Mi opinión: Tanto el TPP como un posible reacomodamiento con una Cuba más a abierta al mundo ─ probablemente tras la muerte de Fidel Castro ─ podrían darse durante el segundo mandato presidencial de Obama. Al no poder ser reelecto, Obama tratará de gobernar para dejar algunos legados, y ambos temas podrían dejarlo bien parado en los libros de historia.

A diferencia de los recientes acuerdos de libre comercio con Colombia, Panamá y Corea del Sur, que fueron legados del gobierno de George W. Bush, el TPP es una iniciativa de Obama, y tanto él como su partido pondrán mucho mas empeño en materializarlo. Y un eventual viaje de Obama a Cuba si se producen algunos cambios democráticos allí sería histórico, tras más de cinco décadas de sanciones de Estados Unidos a la dictadura cubana. Tal vez algún día los historiadores vean la reciente visita de Obama a Asia como un signo de las cosas por venir en Latinoamérica.

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