miércoles, 10 de julio de 2013

Las razones por las que Venezuela ofrece asilo a Snowden


Mary Anastasia O'Grady.  The Wall Street Journal Americas.

Tomado del Blog de EL INSTITUTO INDEPENDIENTE

Edward Snowden, el ex contratista del gobierno estadounidense que ahora es buscado por filtrar información confidencial de seguridad nacional, es una víctima de "persecución" por parte del "más poderoso imperio del mundo", dijo el viernes el presidente venezolano, Nicolás Maduro.

Maduro ofreció asilo al fugitivo, a quien se le están agotando las opciones. Nicaragua y Bolivia realizaron propuestas similares. Los planes que se están tejiendo para sacar a Snowden de su refugio en el aeropuerto de Moscú, siempre y cuando acepte asilarse en América Latina, son, por supuesto, secretos.

Maduro nos quiere hacer creer que su gesto demuestra el compromiso de Venezuela con la libre expresión y su férrea oposición a esconder información del público. También quiere que el mundo conozca su rechazo a las operaciones secretas de inteligencia de los gobiernos. Es curioso, por lo tanto, que Venezuela no haya expresado la misma indignación acerca de cómo sus aliados ocultan información. Argentina es un ejemplo. El gobierno de Cristina Fernández de Kirchner se negó a otorgarle al fiscal federal Alberto Nisman autorización para viajar a Washington e informar a un comité del Congreso estadounidense sobre los datos que ha reunido sobre las células terroristas de Irán y Hezbollah en el hemisferio occidental. El informe de 500 páginas que Nisman elaboró sobre el tema es de carácter público, pero en una carta del 1 de julio dirigida al Congreso de Estados Unidos, el fiscal indicó que por orden de la Procuración General de la Nación se le había "negado la autorización para testificar ante el honorable parlamento".

La falta de preocupación de Maduro sobre la supresión de información en Argentina merece que se le preste atención. La manera más fácil de entender su oferta para otorgar refugio a Snowden es como un intento para distraer a los venezolanos de sus crecientes y cotidianas penurias económicas y hacer que, en un gesto patriótico, apoyen la decisión de irritar al Tío Sam. Pero no es lo único.

Venezuela tiene razones para temer transformarse en un actor cada vez más irrelevante a medida que América del Norte produce una mayor parte de la energía que consume. Esto transforma a Irán en un país crucial. Maduro puede estar tratando de establecer sus credenciales como un líder tan comprometido con la causa antiestadounidense como su predecesor, Hugo Chávez, quien había forjado un fuerte lazo personal con el ex presidente iraní, Mahmoud Ahmadinejad. También necesita abrir su propio espacio en la política sudamericana.

La oferta de asilo a Snowden es una forma de enviar un mensaje al mundo de que, más allá del débil intento del secretario de Estado estadounidense, John Kerry, de buscar un acercamiento con Caracas el mes pasado, la Venezuela post-Chávez no tiene ninguna intención de alterar el rumbo de la revolución bolivariana. En lugar de ello, conforme la economía del otrora rico país petrolero se deteriora, Maduro está indicando que Venezuela quiere ser un aliado geopolítico y estratégico incluso más leal de Rusia e Irán.

La presidencia de Maduro sigue siendo considerada ilegítima por cerca de la mitad del electorado venezolano, que votó por el candidato opositor Henrique Capriles en las elecciones de abril. El tipo de cambio oficial, conocido como el "bolívar fuerte", asciende a 6,3 unidades por dólar. Sin embargo, una escasez de dólares ha obligado a los importadores a acudir al mercado negro, donde la moneda se transa a entre 31 y 37 unidades por dólar. Los controles de precios abarcan casi todo, generando escasez de alimentos y medicinas. De todos modos, la inflación ahora bordea 35%, lo que significa que algunos vendedores están eludiendo los dictámenes del gobierno.

En una sociedad libre donde hay elecciones competitivas, el caos económico a menudo conduce a una respuesta del gobierno que trata de mitigar las dificultades. Venezuela necesita la liberalización. Pero eso arruinaría las ganancias de los militares que, en buena medida, son los que están a cargo del país. Cuando a un país se le acaba el papel higiénico en la primavera, surge la metáfora de un Estado fallido. Pero el canciller de Maduro, Elías Jaua, respondió recriminando a los venezolanos por su materialismo al preguntar "¿ustedes quieren patria o papel higiénico?".

Si el gobierno está diciendo que la espiral económica de la muerte le importa un comino es porque cree que tiene a la nación en sus manos. El control estatal de la información, por un presidente que se ha vuelto el principal defensor de Snowden en el mundo, es casi absoluto. El último canal importante de televisión por cable independiente fue finalmente vendido en abril y el mercado de los medios impresos independientes se está reduciendo.

Otra arma de la represión, una que Snowden supuestamente aborrece, es la capacidad de espiar a los ciudadanos. Chávez nunca tuvo remordimientos a la hora de grabar las conversaciones de sus adversarios, una práctica que continúa durante la gestión de Maduro. Las diferentes facciones que compiten al interior del gobierno podrían estar siguiendo el ejemplo. Dos recientes casos altamente publicitados, uno en el que un reconocido partidario del gobierno acusa de presuntos delitos a gente del gobierno en una conversación con un militar cubano y otro contra un político opositor, han intensificado la sensación entre los ciudadanos de que no existen las conversaciones privadas en Venezuela.

No obstante, incluso un gobierno que cierra la prensa y espía a sus ciudadanos sin rendirle cuentas a nadie necesita aliados. Ningún país puede sobrevivir en el aislamiento absoluto, en especial cuando su poderío económico colapsa.

Los déspotas latinoamericanos lo entienden. Argentina trata de depositar gestos de buena voluntad en su cuenta con Irán al bloquear el viaje de Nisman a Washington. Venezuela, al ofrecer refugio a Edward Snowden, está realizando, sin lugar a dudas, un ofrecimiento similar a los enemigos de sus enemigos.

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