lunes, 15 de julio de 2013

Ni blanco, ni negro


Helen Aguirre Ferré. DIARIO LAS AMERICAS         

No son muchos los jurados que regresan con un veredicto de no culpable, pero en Sanford, Florida, seis mujeres, una de ellas hispana, lo hicieron absolviendo al vigilante George Zimmerman de asesinato en segundo grado y asesinato involuntario en la muerte del joven afro americano Trayvon Martin.               

Los detalles del caso son más que conocidos. George Zimmerman se impuso la responsabilidad de ser el vigilante del complejo de apartamentos en donde vivía con su esposa. Era conocido por todos y nadie tenía una palabra despectiva acerca de él, todo lo contrario, lo describían como un hombre servicial. También era un hombre armado. Tenía permiso para aportar un arma oculta.              

Martin, de 17 años estaba visitando a su padre en el complejo. Era un joven típico buscando su camino entre los retos de la agresiva vida urbana en donde el uso de la mariguana aumenta y la cultura más ruda domina. Trayvon tenía problemas en la escuela pero no por violencia sino por mariguana y su madre, que vive en Miami, creía que su hijo estaría mejor con su padre en Sanford. El resto es historia. Regresando de comprar unos dulces y un refresco es observado por Zimmerman quien lo ve sospechoso. El joven vestía con un “hoodie” y era negro, dos detalles que para el vigilante representaban un peligro; así vestían unos ladrones que habían robado en el vecindario en semanas previas. Pidiendo ayuda de la policía para parar a Martin, Zimmerman ignora la orden de ellos de no perseguir al joven ya que ellos se encargarían.                      

Martin, por su parte, le decía por su celular a una amiga que le seguía un sureño, usando una descripción despectiva hacia Zimmerman. El muchacho no estaba armado e intuía que el que lo perseguía le era hostil. Lo único que se sabe con certeza de lo que ocurrió luego es que Zimmerman disparó su revólver matando a Trayvon Martin.       

Se cree que la muerte de Trayvon Martin deja un legado. Ciertamente abre un nuevo debate sobre las tensiones raciales en Estados Unidos y el uso de las armas. No son temas nuevos. Ha habido enormes avances en la vida cultural y legal en el país desde las leyes discriminatorias conocidas como “Jim Crow” en el sur con todas sus consecuencias. Pero el hecho de que tanto Zimmerman como Martin se hayan sentido amenazados por motivo de prejuicios raciales es evidencia de que en muchas partes del país, ciertamente en la Florida, las divisiones sociales son muy marcadas. A la vez, todo esto ocurre cuando el país votó a favor de la reelección del primer presidente negro de la nación.            

Si realmente estuviésemos preocupados por las víctimas de crímenes contra los negros y la proliferación del uso rampante de las armas podríamos enfocarnos en la ciudad de Chicago. Durante el fin de semana del cuatro de julio, 72 personas fueron baleadas y 12 de ellas murieron, la gran mayoría negros. En solo las últimas veinticuatro horas, entre este sábado y domingo pasado, 12 personas fueron heridas, dos de ellas murieron a consecuencia de sus heridas. Mucha de esta violencia es por causa de guerras entre pandillas pero igualmente preocupante es que la gran mayoría es afroamericana y también se ve un aumento en la participación hispana. El silencio nacional sobre lo que está pasando en Chicago dice mucho.              

Qué bien que estemos conversando sobre el juicio de Zimmerman. Igualmente importante es analizar el sistema judicial cuando muere un joven desarmado sin provocación. ¿Puede un jurado que no tiene a un solo negro presentar una manera de ver la evidencia distinta a las demás? ¿Es la justicia verdaderamente ciega?     

No obstante hay algo claro. Casos como el de Zimmerman no son tan comunes, ¡a Dios gracias! Pero la violencia y el crimen de negro contra negro, como se ve en Chicago, sí lo es. Ojalá que los que claman por justicia para Trayvon Martin aprovechen la oportunidad con la fuerza de la atención de los medios a su alrededor para ver cómo podemos todos hacer más por salvar a nuestros jóvenes negros, hispanos, anglos y asiáticos, del culto a la droga y la violencia que crea mayores huellas y acaba con más vidas que un vigilante irresponsable con pretensiones policiacas.                

Lo que hizo George Zimmerman fue trágico y difícil de perdonar. No lo quisiera de cuidador de mi vecindario. Tampoco pienso que encontrará la paz que seguro anhela y la cual los padres de Trayvon tampoco tendrán.          

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