miércoles, 19 de febrero de 2014

Venezuela


Nicolás Pérez Díaz-Argüelles



 

NicolásPérez

Las experiencias personales valen más que las de expertos, politólogos y cien libros escritos por sesudos académicos. Hoy narro lo que viví. Me acusarán de que las comparaciones siempre adolecen de fallos de origen, pero me arriesgo a conjeturar sobre un pasado cubano con un fuerte deja vu hoy en el caso de Venezuela.

En Latinoamérica, hay una ley grabada en piedra. La hora de los mameyes a las dictaduras les llega cuando derraman cobarde e impunemente la sangre de su juventud porque ellos son almas puras y reservas morales de los pueblos. El miércoles 12 de febrero hubo tres estudiantes asesinados en Venezuela y docenas resultaron heridos, algunos siguen presos y son brutalmente torturados.

Una advertencia a Nicolás y a Diosdado. Cabello, sé que mi teoría por sui generis no es compartida por ustedes, pero en mi criterio el régimen de Batista no se fue a los infiernos el 26 de julio de 1953 con el ataque al cuartel Moncada liderado por un canalla rodeado de idealistas, sino el 15 de enero de 1953, cuando asesinaron al estudiante Rubén Batista Rubio.

La actual masacre de la juventud venezolana no es un secreto a sotto voce, lo denuncian todos los diarios del mundo. No es posible tapar el sol con un dedo y decir los líderes latinoamericanos que nada sabían; atención, hipócritas miembros de la CELAC; atención, gobiernos cobardes y rastreros de América Latina, les llegó la hora de la definición, escojan situarse junto a sistemas que apoyan en medio de crisis económicas, desabastecimientos y envilecimiento de un sistema judicial kafkiano, la rectificación, el diálogo y la concertación para resolver la crisis, u opten por imitar a una dictadura disfrazada de democracia que hoy es la viva imagen de la de Fulgencio Batista y Zaldívar.

La similitud entre ambos desgobiernos son alucinantes. El fraude del sargento de tres galones que cinco estrellas se colocó en su charretera es exacta a la sucesión de Chávez por un Maduro enloquecido de odio al yanqui. La mano que le ha tendido Henrique Capriles al actual presidente venezolano con gran amor por su país y por la paz no ha sido distinta que la que le tendió a Batista Don Cosme de la Torriente para resolver el conflicto de Cuba civilizadamente. Pero ni hubo arreglo ayer ni hay arreglo hoy. El empecinamiento de ciertos dictadores es triste porque ignoran la Ley del Péndulo magistralmente descrita por Carlos Marx en el 18 Brumario de Luis Bonaparte. La intransigencia y el extremismo del régimen de Batista desembocaron en una brutal dictadura de izquierda que lleva pateando desde hace medio siglo el trasero del pueblo de Cuba, y la del régimen de Maduro, ya sin un punto de retorno, puede desembocar en un golpe de Estado militar brutal, y quien desde Miami no oye aún ruido de sables desde el Fuerte Tiuna tiene una sordera crónica. Y aunque esto no es de hoy para mañana, la crecida de los ríos se produce inesperadamente por fuertes lluvias, y hoy la gobernabilidad de Caracas diluvia.

¿Mi humilde criterio? Los golpistas caraqueños están agazapados evitando las corrientes de opinión en América Latina contra la institucionalidad y no se la van a jugar a una carta marcada, no van a adelantar ni un minuto su protagonismo, hasta que la piragua del chavismo haga profusas aguas, se hunda, y entonces darán un trastazo peligroso e inaceptable.

¿Quién tiene en sus mano evitar la catástrofe? El estudiantado. Ellos tienen que llevar su lucha por medios pacíficos evitando la violencia, tiene que ser pacientes, tienen que tener la grandeza del líder estudiantil cubano José Antonio Echeverría para lograr sumar a la clase obrera, a la intelectualidad y a todo el pueblo venezolano frente a una dictadura perversa. Y dejar bien claro que la solución a la crisis venezolana es una transición política, no un golpe de Estado.

El 13 de marzo José Antonio era más respetado en Cuba que Fidel Castro y los políticos tradicionales, hoy los estudiantes venezolanos son más respetados que el MUD y toda la oposición antichavista porque ponen el muerto cuando allí todos con una admirable tradición democrática quieren seguir haciendo política pero nadie está dispuesto a ya morir por sus ideas.

No le exijo al venezolano más mártires aunque en ocasiones la sangre es la que señala el camino de la libertad. También traicionaría mi legado histórico si no dijera que estoy orgulloso de que en las marchas hayan estado presentes en primera fila Leopoldo López, María Corina Machado y Antonio Ledezma.

Mi esperanza es que en Venezuela se creen líderes estudiantiles excepcionales como el cubano José Antonio que selló con su martirologio la unidad de todo un pueblo.

Si un solo estudiante venezolano leyera este artículo, uno solo, pensaría que no he perdido el tiempo emborronando cuartillas.

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