domingo, 1 de diciembre de 2013

A propósito de algunas gilipolladas


Mario J. Viera

Así era España en tiempos del franquismo
Tengo como canon de fe no entrar a debatir con aquellos que opinen sobre cualquier artículo que publique. No importa si me traten con dulzura o me ataquen furiosamente. Creo que cualquiera tiene derecho a emitir su juicio porque, finalmente, para mí, el que rechace un punto de vista mío es problema suyo y el que aplauda mi criterio también es problema suyo. Lo digo así sin extraviarme por los vericuetos de lo políticamente correcto. Pero hoy voy a transgredir este mi canon particular y me entro con las mangas al codo a darle respuesta a las gilipolladas de un lector dichas a propósito de mi reciente artículo, publicado en Cubanet, Respondiendo a un anexo-autonomista”. 

Más que un ataque del “amable lector” hacia mi persona es su total desprecio hacia los cubanos lo que me impulsa a darle una condigna respuesta.

Por sus expresiones y el empleo de determinados vocablos, deduzco que el Sr. Antonio Marcos Rubio es español y, muy probablemente, madrileño. La redacción de su algo larga nota es apresurada y desorganizada, como impulsada por una pasión que va más allá de un criterio crítico; como impulsada por conceptos discriminatorios. Véase el desprecio con que se manifiesta contra los cubanos. Escribe: “El problema de Cuba es el propio cubano que siempre se ha creido el OMBLIGO DEL MUNDO y nadie sabe como han llegado a ese ESTADIO, pues nunca nadie se lo dió, EL SOLITO SE LO TOMO”. (Respeto su redacción tal cual).

Según este señor, Cuba jamás progresará porque tiene el lastre de los cubanos; los cubanos ─ según esta opinión ─ no tienen capacidad para el progreso. Por otra parte, ¡Ay, amigo!, tal vez no le falte razón en cuanto dice que los cubanos nos sentimos el ombligo del mundo, así es nuestra idiosincrasia; esa que nos da el carácter de nacionalidad; de conjunto étnico y social que nos diferencia de otras etnias, incluso de la que nos dio origen. Pero no se maraville, esa característica de isleños antillanos es la que nos confiere nuestra identidad  y hasta nosotros mismos nos reímos de esa vanidad nacionalista que nos caracteriza.

¿Nunca escuchó esa canción de la cubanísima Marisela Verena titulada “Nosotros los cubanos”? Le invito a que la saboree y escuche cuando Marisela canta: “Nosotros los cubanos no somos nada chovinistas, / al ser tan superiores sólo somos realistas / el mundo se divide exactamente a la mitad, nosotros los cubanos y el resto de la humanidad”.

¿Somos nacionalistas? Tal vez sea un defecto de origen. Pero nosotros no somos los únicos que nos creemos ser el ombligo del mundo; así piensan de ellos mismos los argentinos y los mexicanos; quizá del mismo modo piensen los nacionalistas vascos, los nacionalistas catalanes, los nacionalistas gallegos, que no se quieren identificar como españoles y pretenden la secesión.

Luego, el señor nacionalista español lanza otra andanada de lodo sobre la dignidad del cubano; según su etnofóbica opinión, los cubanos llevan “más de un siglo CON TODOS LOS DERECHOS CONCEDIDOS, pero todavía no se han puesto a trabajar para conseguirlo (indolentes en español)”. Anoto algo: Esta opinión es solo el reflejo del sentir de muchos españoles que califican despectivamente a todos los inmigrantes latinoamericanos en España como “Sudacos”, que desprecian hasta al aborrecimiento a los gitanos, que se sienten ofendidos nada más que les digan “gallegos”, que tienen a menos a los canarios considerados por ellos como “bestias”. No es de extrañar que a nosotros los cubanos nos endilguen el calificativo de “indolentes”.

Otra cosa le diré, de hecho Ud. reconoce que solo hace algo más de un siglo a los cubanos se nos concedieron todos los derechos; es decir, luego que Cuba se independizara de España. Desde 1902 hasta 1958, Cuba alcanzó un nivel de vida muy superior al que se disfrutaba en España; nuestros niveles económicos y sociales aventajaban en mucho a la península y a una mayoría de países de América Latina. Durante esa etapa el peso cubano se equiparaba a la par con el dólar estadounidense mientras la peseta española estaba depreciada hasta el valor de papel.

Así era España en tiempos del franquismo
A partir de 1959 por esos desvaríos de los pueblos, los cubanos se dejaron atrapar por un sistema totalitario que les prometía alcanzar el cielo en la tierra sin advertir que estaban haciendo de su tierra un verdadero infierno. España también fue víctima del totalitarismo. La República española, un sueño frustrado, primero por el poder que en ella alcanzaron los estalinistas y luego por la reacción franquista con el apoyo de Hitler y Mussolini. Muchos cubanos fueron a España a pelear al lado republicano y muchos de esos que Ud. denomina “indolentes” dejaron su sangre en el Ebro, en Somosierra y en Madrid. En los 56 años de republicanismo en Cuba, sus puertas se abrieron generosas para recibir a las miríadas de inmigrantes españoles, muchos de ellos se naturalizaron como cubanos y muchos de ellos recibieron cristiana sepultura en la mayor de las Antillas.

El totalitarismo concluyó en España no por la acción decidida de las grandes masas sino por la muerte en su cama del caudillo Francisco Franco. En Cuba es probable sucederá lo mismo.

Otra de las preciosas observaciones del distinguido criticón es esta: “A este señor (es decir, a mí) le digo que no hace falta que 'ningunee a España' CON SUS INDIRECTAS, porque ese asunto DE LA ANEXIÓN SOLO ESTA EN SU CABEZA”.  No, señor; no ninguneo a España; ¿no sé de dónde sacó tan peregrina deducción? En mi artículo “Respuesta a un integrista desfasado”, dije:Mis abuelos eran españoles y siento orgullo por mis raíces hispanas y reconozco a España como la Madre Patria; pero los progenitores no son dueños de sus hijos y estos, cuando ya han alcanzado la madurez requieren ser independientes de la tutela de sus padres. Cuba no es española y nunca volverá a serlo”. Y dándole respuesta, a otro cubano que no piensa al igual que yo, pero cubano, agregué: “Ciertamente también en España la democracia fue algo que ni siquiera llegó a la condición de “un malabarismo lingüístico” y aún hoy, bajo el reinado constitucional la democracia en España es algo así como “un malabarismo lingüístico”, sino que lo digan los indignados de Madrid”. Y agrego, no solo los indignados, hay españoles que opinan igual.

Así lo dice Carlos Azcoytia, muy español el hombre: “Todos aquellos criminales de guerra (los falangistas), que se complacían con el dolor ajeno, han ido y van muriendo plácidamente en sus camas con dosel de puro ancianos sin que una justicia internacional los juzgue por los crímenes cometidos (…)  damos lecciones de democracia cuando nunca la hemos tenido hasta épocas muy recientes, un país injusto donde unos pocos se imponen valiéndose de una justicia que se inventan y que a veces es injusta”. (Carlos Azcoytia. “Historia reciente de la cocina económica o de subsistencia en España”).

Para concluir le diré que este “andoba del articulo emitido” sí cree en la capacidad de los cubanos, una vez superado el virus castrista, de desarrollar su país económica, social y políticamente; y lo creo porque conozco a mi pueblo; porque al igual que yo lo creen muchos analistas del mundo.

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