viernes, 11 de noviembre de 2016

Me daré un tiempo de espera... Luego sé que me reiré a carcajadas

Mario J. Viera



“¡Habemus presidentam!” Bueno, más o menos así, como el anuncio en latín de la elección de un nuevo papa... “¡Tenemos presidente!” Se acabó el dime que te diré de esta álgida, agria y mugrosa campaña electoral que nos tuvo a todos al borde de una cirrosis hepática o de un Infarto cerebral (stroke en inglés) o de un ataque de nervios y hasta de cuantiosos derrames de bilis... ¡Uf, qué descanso! El gran lío de ahora es que ya comienza otra bronca, porque, aunque ya tenemos presidente, hay muchos indignados, indignadísimos que gritan: “¡No es mi presidente!” Y lo gritan porque nuestro presidente que ya tenemos no tuvo mayoría de votos populares, pero sí se ganó los votos de estados claves... Cuestión de interpretación entre legalidad y legitimidad. ¡Todo un conflicto ético-jurídico!

El presidente que ya tenemos... sí, ya lo tenemos, si ya hasta hizo una visita a la Casa Blanca, a la White House y su oponente demócrata aceptó su derrota y el presidente saliente ha hecho un llamado a la unidad y a respetar al presidente que ya tenemos...

Pero el presidente que ya tenemos hizo muchas promesas de campaña, prometió elevar a los Estados Unidos no hasta la luna, ¡hasta el mismo sol! Prometió librarnos del grave peligro de los mexicanos que nos invaden sin papeles, que nos hizo comprender cuán malos son y levantar un enorme muro “para que no lo salte el pueblo que anda rondando la llave que guarda nuestro secreto...” Un lapsus mentis, perdón, esas últimas palabras son parte de una coplilla andaluza... Un muro enorme, gigantesco ¡Colosal! ¿Se imaginan Uds. cuánta piedra de cantería se requeriría para levantar tal majestuoso muro? ¿Cuántas toneladas de hormigón será necesaria? Por otra parte... Recuerden... Los narco-carteles mexicanos son expertos en construir túneles para pasar la droga hacia el “gabacho” ¿Cuántos pies de profundidad se le dará a los cimientos que soportan la gran estructura? Una solución sería colocar minas antipersonales alrededor del muro, pero ¡Diantres, Estado Unidos ha firmado el convenio que prohíbe el empleo de minas personales! Bueno ya se le encontrará alguna solución a este problema... el presidente que tenemos conoce a muy buenos arquitectos.

Deportará a once millones de mexicanos indocumentados... ¿Once millones de mexicanos? Me parece que entre los once millones (equivalente al número de habitantes que hay en Cuba), aunque los mexicanos constituyen una gran mayoría, no son los únicos, en esos once millones hay de todos los países de América Latina, como también hay europeos, asiáticos y africanos... ¿Cuánto tiempo tomará para llevar a cabo tan masiva deportación? ¿Cuatro años? Bueno para ello se requiere deportar 2 750 000 inmigrantes indocumentados, o ilegales como prefiere denominarles el presidente que ya tenemos, como promedio. ¿Qué medios debemos emplear para deportar a esos “delincuentes”? ¿Aviones, trenes, camiones o carretas tiradas por mulas? Y lo más importante... el dinero que se empleará en tal concurso... No soy capaz de hacer el cálculo, pero sí deduzco que ese dinero empleado en tan noble fin afectará el déficit financiero del presupuesto nacional que nuestro presidente, el nuevo, pretende disminuir...

Otro asunto es el llamado Obamacare...  El prometió que desde que se sentara en la Oficina Oval lo anularía; el problema es que, aunque las compañías aseguradoras aumentaron las pólizas, por aquello de “para joder, hombre, para joder” hay muchos miles que se han inscrito en el Obamacare después que se elevaron esas pólizas y hay millones que ya lo tienen y que, suprimido, se quedarían sin seguro de atención médica accesible... Es posible que no haya manifestaciones y marchas de protesta, es posible también que las haya...


Pero también ha prometido mucho en cuanto a la política exterior... Bueno para todo hay tiempo... Ya se verá, ya se verá... por ahora me doy un tiempo de espera y de observación... luego... ¡Ah luego!, dentro de seis meses o dentro de un año... seguro, muy seguro que tendré la ocasión de reír a carcajadas con las cosas graciosas que se le ocurra hacer este presidente, el presidente que ya tenemos. 

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