miércoles, 1 de septiembre de 2010

Los Hijos de la Fe. Lucas Garve, Fundación por la Libertad de Expresión


LA HABANA, Cuba, septiembre (ww.cubanet.org) - Entre las respuestas a la Carta al Papa Benedicto XVI y firmada por más de trescientas personas a título particular, existe un texto publicado por la revista Espacio Laical que, por mucho que se esfuerce por teñirse de otros tonos, refleja la soberbia de la militancia partidista.


Con el título La mediación deberá seguir su curso inalterable, inician una “respuesta rápida” a los planteamientos expuestos en la carta mencionada. Pero la urgencia de la riposta, los hace cometer unas cuantas pifias. Sin temor a equivocarme por aquella mentalidad de quien no está conmigo es mi enemigo, yerran en los fundamentos de su argumentación.

Primero, el editorialista atañe la creación del documento a un grupo de opositores cubanos. Algo que no es precisamente cierto; si la escribió una persona, pudo ser así, pero ha sido respaldada por más de tres centenares de firmas desde su salida a la luz pública.

Entre los firmantes hay muchos que no somos opositores, ni pertenecemos a ningún grupo. Hemos dado nuestra firma por entender que en el texto se refleja de una manera u otra la verdad que muchos intereses dentro y fuera de Cuba pretenden esconder, manipular, distorsionar.

En el texto publicado en Espacio Laical, se alude a una oposición radical, a un sector extremo de la oposición que no existe verdaderamente. Puede que existan dos, tres o algunas más, hasta diez quizás, firmas de personas que mantienen una oposición acentuada atizada por la represión que el gobierno ha ejercido en contra de ellos todo el tiempo.

Si la jerarquía católica de la isla estaba consciente de que podría levantar criterios opuestos por su gestión protagónica mediadora, entonces ¿cuál es el motivo de querer levantar un tribunal de la Inquisición mediático porque un grupo de personas piense diferente o descalifique algo que no entiende correcto?

Arrogarse el derecho del criterio unánime exponente de la verdad, establecer que se está más allá de cualquier posibilidad de errar, bueno, quizás sea algo habitual al pensamiento de quienes basan el razonamiento en dogmas muy cercanos al pensamiento único que nos pretenden imponer en la isla desde hace medio siglo.

Tan es así que el editorial de la revista católica Espacio Laical dice de “campañas, redes políticas internacionales, iniciativa gestada fuera de Cuba, política del odio”, lo que revela un tinte al programa Mesa Redonda, cuando implica a los firmantes con un léxico ya muy gastado por la propaganda política de la media nacional, al utilizar vocablos y sintagmas que son símbolos empleados por los medios gubernamentales para desprestigiar, deslegitimar, estereotipar negativamente a quienes se atreven a decir algo diferente y exponer sin tapujos sus ideas.

De lamentable y bochornosa también, y por qué no, merece calificarse lo que se expresa en el texto de Espacio Laical en referencia al destierro de los presos políticos. Ante todo, habla de “liberación”, cuando no es otra cosa que una deportación, porque salir de la prisión para montar en un avión y bajarse ocho o nueve horas después en una tierra extranjera ¿qué significa eso?

No reconocer que el sacrificio de Orlando Zapata Tamayo acrecentó la presión internacional por la liberación de los presos políticos y la condena al régimen por la violación de los derechos humanos; no admitir la incesante campaña de la oposición interna por la liberación de los prisioneros; ni la admirable posición de las Damas de Blanco por la libertad de sus esposos e hijos, significa negarles visibilidad, borrarlos del panorama de la contingencia. Evidentemente, una salida muy inteligente. Ojos que no ven, corazón que no siente.

No deja de ser curiosa una exhortación que encabeza uno de los párrafos más reveladores de la tendencia del editorialista de la revista neocatólica Espacio Laical cuando dice “Los sectores que aspiran única y simplemente a derrocar al Gobierno cubano, no pueden ni deben ser los que tengan en su manos el futuro de Cuba”. Más claro, ni el agua. ¡Socialismo o muerte!

En Cuba no hace falta más debate, ni estudios, ni reuniones de analistas, ni más editorialitos, lo que hace falta es vergüenza y valor para decir la verdad, la que expone la vida real, y después tomar las decisiones correctas debidas. Decir la verdad, gústele a quien le guste o a quien no le guste.

Ciertamente lamentable es que sólo aplaudamos la unanimidad. Numerosas críticas entre católicos y neo católicos, además de bochornosas las de algunos denominados opositores, levantó esta carta dirigida al Papa Benedicto XVI desde que fue dada a conocer.

De nuevo un muro se erige entre diversos sectores de la sociedad cubana. En esencia, nadie con mentalidad de continente en esta pequeña isla resiste un criterio diferente o la más simple desaprobación. Una unanimidad de hijos de la fe, que enmascara otras intenciones, que persisten en esconder para salirse con la suya, aquellos que siempre tratan de ganar espacio, protagonismo, y continuar en el limbo donde dicen algo, y hago menos por la democratización de Cuba.

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