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sábado, 6 de febrero de 2021

EL ESPINOSO TEMA DEL EMBARGO COMERCIAL

 Mario J. Viera

 


Recientemente se cumplieron 59 años de aquel 3 de febrero, cuando John F Kennedy firma, en 1962, la ya casi olvidada Proclamación 3447, imponiendo el embargo comercial a Cuba porque su gobierno era “incompatible con los principios y objetivos del sistema interamericano”, dada ─ en aquel entonces ─, “la ofensiva subversiva del comunismo sino-soviético con la que el Gobierno de Cuba está alineado públicamente”.

 

Con base sobre la Ley de Asistencia Exterior de 1961, por la cual se autorizaba al presidente a “establecer y mantener un embargo sobre todo el comercio entre los Estados Unidos y Cuba”, Kennedy, en su proclama, decretó la prohibición de importar a los Estados Unidos “todas las mercancías de origen cubano y todas las mercancías importadas desde o a través de Cuba”, lo cual sería efectivo a partir del 7 de febrero de 1962. Además, Kennedy extendió la prohibición, dictada el 19 de octubre de 1960, durante la administración Eisenhower, “de todas las exportaciones de los Estados Unidos a Cuba”.

 

Todo el propósito del embargo estaba dirigido al aislamiento del gobierno castrista ─ todo el sistema interamericano rompió relaciones comerciales y diplomáticas con Cuba, con la excepción de México y Canadá ─ para obligarle a romper sus vínculos con la Unión Soviética, lo cual, constituía una verdadera amenaza a la seguridad de los Estados Unidos. El embargo no logró cumplir sus objetivos, en contrario, el régimen castrista fortaleció su alianza con todo el bloque soviético y con China. Ocho meses después se produciría la operación soviética “Anadir” que, al dotar a Cuba con armamentos ofensivos de misiles de mediano y largo alcance, originaría la conocida crisis de los misiles o crisis de octubre. Con el tiempo, todos los países de América Latina reestablecieron sus relaciones diplomáticas y comerciales con la isla, quedando Estados Unidos aislado como el único país con un embargo comercial contra Cuba y sin relaciones diplomáticas con su gobierno.

 

Con la caída del bloque soviético en 1990, muchos ilusos creyeron que el gobierno castrista también sucumbiría; sin embargo, los que conocíamos el ortodoxismo del castrismo, comprendíamos que Cuba no sería la última ficha del efecto dominó originado en la Europa oriental. El régimen cubano, con la pérdida de los subsidios y el comercio soviéticos entró en una crisis económica que ponía en peligro su estabilidad; para lo cual, en aras de su subsistencia, impuso un periodo de extrema austeridad económica cuyos efectos recayeron sobre las espaldas del pueblo. Ni siquiera entonces, el embargo logró mellar el poder de la dictadura castrista.

 

Entusiasmados con la crisis del denominado “periodo especial en tiempos de paz”, que sometía al país a grandes trastornos sociales, legisladores demócratas impulsaron una ley que incorporaba nuevas disposiciones para hacer más restrictivos los postulados del embargo: la Ley para la Democracia en Cuba, de 1992, conocida también como Ley Torricelli. Esta norma legal prohibía a las filiales de empresas estadounidenses establecer relaciones comerciales con Cuba; prohibía también que los ciudadanos estadounidenses viajaran a Cuba, y el envío de remesas de dinero a Cuba. Entre los objetivos de la Torricelli estaba el “tratar de conseguir una transición pacífica a la democracia y la reanudación del crecimiento económico de Cuba mediante la aplicación cuidadosa de sanciones contra el gobierno de Castro y apoyo al pueblo cubano”; al mismo tiempo, buscaba “alentar a los gobiernos de otros países que mantienen relaciones comerciales con Cuba a restringir sus actividades de comercio y crédito”; para ello contemplaba aplicar “sanciones a cualquier país que preste ayuda a Cuba”. Entre sus postulados extraterritoriales se disponía que, cualquier nave que hubiera entrado en Cuba para comerciar con productos o servicios, estaría prohibida de cargar o descargar en puertos estadounidenses por un periodo de 180 días.

 

Aunque la Ley Torricelli reconocía la posibilidad de envíos humanitarios a Cuba de alimentos, medicamentos y suministros médicos, se requería, para ello, que el gobierno cubano hubiera cambiado luego de la realización de elecciones libres y justas. La Torricelli solo constituyó una pompa de jabón, elaborada por el Congreso de Estados Unidos.

 

Un nuevo intento de endurecimiento del embargo surgió por inspiración del congresista republicano Lincoln Díaz-Balart que dio como resultado la Ley para la Libertad y la Solidaridad Democrática Cubanas de 1996, más conocida como Ley Helms-Burton por el nombre de sus patrocinadores, los congresistas republicanos, el senador Jesse Helms y el representante Dan Burton. Cumbre y máximo en la codificación de la legislación del embargo comercial contra Cuba. Este íncubo legal consta de cuatro títulos. El título I, “Fortalecimiento de las sanciones internacionales contra el gobierno de Castro”; el título II, “Ayuda a una Cuba libre e independiente”; el título III, “Protección de los derechos de propiedad de los nacionales estadounidenses”, y el título IV, “Exclusión de determinados extranjeros”. La Helms-Burton hizo más agudo el carácter extraterritorial que estaba presente en la Torricelli. Los alcances de la Helms-Burton reforzaron la coartada del régimen que sustenta el Partido Comunista de Cuba (PCC) facilitándole cargar la culpa de su mala administración sobre la acción “criminal” del “imperialismo yanqui”, y justificarse, ante la comunidad internacional, por sus procedimientos represivos contra el movimiento opositor pacífico de la isla, presentando a sus activistas como mercenarios al servicio de una potencia extranjera.

 

La respuesta del régimen del PCC a la Helms-Burton fue la promulgación de la Ley No. 88, de protección de la independencia nacional y la economía de Cuba, de 16 de febrero de 1999, por la cual 75 disidentes, entra activistas y periodistas independientes fueron condenados a largas penas de prisión en el 2003, y todavía sigue vigente cual una espada de Damocles sobre las cabezas de los opositores al régimen.

 

Un intento de relajamiento del embargo hacia Cuba fue impulsado por Barack Obama, a partir del 2009, levantando las restricciones a los viajes familiares y a los envíos de remesas a Cuba, y flexibilizando las visitas de estadounidenses a la isla, para concluir el 17 de diciembre de 2014 con el anuncio de la apertura para la normalización de las relaciones diplomáticas con Cuba, interrumpidas desde el 3 de enero de 1961. Con la llegada de Donald Trump a la presidencia, muchas de las medidas de relajamiento implementadas por Obama fueron restringidas y se impusieron nuevas sanciones económicas a la isla, así como la implementación del título II de la Helms-Burton cuya vigencia se había suspendido por los presidentes Bill Clinton, George W. Bush y Barack Obama. Además, Trump canceló el programa de reunificación familiar; suspendió vuelos directos desde Estados Unidos a las provincias cubanas y hasta restringió el envío de remesas para los familiares en Cuba.

 

El embargo, ciertamente es un espinoso tema, que ha dividido la comunidad cubana de emigrados y exiliados. Unos, exigiendo que se aprieten al máximo las tuercas del embargo, sin importar los daños colaterales que se presente entre los cubanos que viven en Cuba, con proclamas de “parones” y hasta pidiendo, con mucha pasión, un desembarque de marines en tierra cubana. La mayoría de los exiliados cubanos son partidarios de estas medidas, sin ninguna otra opción, y siguen, sin análisis críticos, las políticas del expresidente Trump. Otros, en cambio, una mayoría entre los emigrantes, son partidarios de aflojar las tuercas de las sanciones económicas, y se identifican con las propuestas adelantadas por Carlos Lazo de permitir la liberación de las remesas y de los viajes a Cuba, de la reimplantación del programa de reunificación familiar, la  restauración de los vuelos a las provincias cubanas y reabrir la embajada de Estados Unidos en La Habana para facilitar las solicitudes de visado para aquellos que quieran visitar a sus familiares en Estados Unidos; y hay hasta los que se pronuncian por la anulación de un plumazo del embargo.

 

Así, muchos se unieron para participar en las caravanas de “Puentes de Amor Por la Familia Cubana”, un extraordinario desfile en bicicletas y autos que circularon en ciudades como Miami, New York, Los Ángeles y Seattle, convocadas, en primer lugar, por el profesor Carlos Lazo, residente en Seattle, Washington. Y si los de la línea dura se iban a favor de Trump, estos que ahora se van a favor de tender “puentes de amor”, reclaman y le exigen al actual presidente, Joe Biden, “Mr. Biden, please. End the Embargo on Cuba”, y lo hacen, porque dicen que les dieron su voto en las elecciones pasadas; y quieren enviar, según sus propias palabras, un mensaje bien claro al presidente de Estados Unidos: “Elevaremos nuestras voces para que el presidente Biden levante las sanciones que pesan sobre nuestras familias y sobre el pueblo cubano”.

 

Sin embargo, el tema del embargo tiene muchas aristas. En primer lugar, es una reminiscencia de la guerra fría mantenido a contracorriente de la realidad actual. Cuba ya no es la amenaza que pendía sobre la seguridad interna de Estados Unidos desde la década de los 60 y hasta la de los 90. Hoy por hoy levantar el embargo de un solo plumazo, sin nada a cambio, constituiría una victoria política para los regentes del PCC. Si se mantiene el embargo, el régimen no hará cambios, buscará alianzas con enemigos de Estados Unidos para sobrevivir y los efectos lo sufriría el cubano de a pie. Si se levanta el embargo, el cubano seguirá siendo el mismo gallo desplumado que antes, aunque recibiendo un poco más de maíz. Todo un círculo vicioso. Para levantar el embargo se requerirá una ley que derogue tanto a la proclamación 3447, como a las leyes Torricelli y Helms-Burton. ¿Puede esto ser alcanzado por el gobierno Biden-Harris? Con la exigua mayoría con la que cuentan los demócratas en el Congreso, y la evidente posición polarizada de los congresistas republicanos, es improbable que tal propósito pueda ser cumplido. Para ello se requiere que, en 2022, los demócratas puedan ganar más escaños en ambas cámaras congresionales que les aseguren una clara mayoría legislativa.

 

Las caravanas para tender puentes de amor estaban motivadas por buenas intenciones, pero como bien dice el tan trillado dicho, que de buenas intenciones está empedrado el camino al Infierno, ahora han sido aplaudidas desde CubaDebate en su edición del 31 de enero. “Ciudades de Estados Unidos realizan este 31 de enero una protesta en una caravana de bicicletas y autos contra el bloqueo a Cuba y a favor de que se tiendan ‘puentes de amor’ entre ambos países”, se puede leer en esa edición; y hasta Lazo se convierte para el PCC en una figura respetable: “El profesor cubanoamericano Carlos Lazo ─ se destaca en CubaDebate ─ hoy en Miami durante la Caravana #PuentesDeAmor contra el bloqueo a #Cuba. Cerca de 500 cubanos residentes en EE.UU y amigos de la solidaridad realizaron una caravana en Miami, New York, Seattle y Los Ángeles. #NoMasBloqueo #UnblockCuba”. Hasta Miguel Díaz-Canel agradeció desde su cuenta en Twitter, el gesto de la caravana a los emigrados cubanos en Estados Unidos.  “Los patriotas cubanos, vivan donde vivan, entienden que el bloqueo es un crimen contra su pueblo”, Tele Sur también se hizo eco de la caravana, bajo el titular “Así fue la Caravana "Puentes de amor" en solidaridad con Cuba”.

 

Existe una sutileza, más política que semántica, al identificar “embargo” con “bloqueo”. Dicho en correcto castellano “bloquear” significa: “Interceptar, obstruir o cerrar el paso; realizar una operación militar o naval consistente en cortar las comunicaciones de una plaza, de un puerto, de un territorio o de un ejército”; esto precisamente fue lo que impuso el gobierno de Kennedy tratando de evitar el arribo por mar de armamentos ofensivos soviéticos a puertos cubanos durante la crisis de los misiles, bajo el eufemismo de “cuarentena”. Y, por extensión, y dicho de una autoridad competente,  bloquear es “inmovilizar una cantidad o un crédito, privando a su dueño de disponer de ellos total o parcialmente por cierto tiempo”, lo que para nada se corresponde con el acto de embargo que es la “prohibición del comercio y transporte de armas u otros efectos útiles para la guerra, decretada por un Gobierno”; además, embargar significa, “dificultar, impedir, detener”; “retener, en virtud de mandamiento judicial, un bien que queda sujeto a las resultas de un procedimiento o juicio”.  

 

Faltaba en el logo de la caravana un anexo, donde quedara claro: “Caravana para tender lazos de amor, no con la dictadura, con la familia cubana”. Sobraba el propósito de influir en la política exterior de los Estados Unidos como por décadas lo ha hecho el denominado exilio histórico. Ese sector, el histórico, poco a poco irá perdiendo influencia de cabildeo ante los gobiernos estadounidenses, ¿Será sustituido por el cabildeo de los moderados, de los bien intencionados y hasta pueriles partidarios de los “puentes de amor”?

 

El plattismo asume diferentes facetas, una de signo duro, otra de rostro moderado, pero en definitiva es la misma mentalidad, la que ve a los Estados Unidos como los redentores de Cuba, la del reclamo a Trump ─ ”cuatro años más de su presidencia y se acaba el comunismo” ─, la del auxilio de Biden ─ “Biden, Cuba te necesita” ─. Muy buenos son los reclamos de facilitar el encuentro de cubanos con cubanos, de reunificación familiar, de envío de remesas; pero hay que saber separar la paja del trigo, con la familia cubana, todo; con la dictadura, nada. Los cubanos tenemos que aprender a no depender de otros para alcanzar nuestros propósitos de liberación, con embargos o sin embargos, con nuestros propios medios, con nuestra firme voluntad de derrocar a la dictadura. No nos engañemos, ningún presidente sea de España o de Estados Unidos conquistará para nosotros la democracia, ni Clinton, ni Bush, ni Obama, ni Trump, ni Biden.

 

De acuerdo con la vocera de la Casa Blanca, Jen Psaki, la política que seguirá Biden sobre Cuba, estará "comandada por dos principios: el primero el apoyo a la democracia y los derechos humanos, que va a ser el eje, y el segundo es que los estadounidenses de origen cubano son los mejores embajadores de la libertad en Cuba”; agregó además, Psaki: "Estamos revisando las políticas del gobierno de Trump en varios temas de seguridad nacional para asegurarnos que nuestra visión se ajusta a eso. Vamos a marcar nuestro propio camino", lo cual implica todas las demandas de los “puentes de amor”. Biden lo expresó de manera enfática cuando dijo: "Se necesita una nueva política hacia Cuba", y recalcó que luego de la salida de Trump, Cuba, "no está más cerca de la libertad y la democracia que hace cuatro años". Es más, durante su periodo de campaña electoral, Biden declaró en entrevista para CiberCuba: “La situación de hoy en Cuba no es igual a la situación hace cuatro años y yo seguiré políticas que reconozcan el ambiente de hoy, empezando con la eliminación de las restricciones de Trump a las remesas y los viajes, las cuales perjudican al pueblo cubano y mantiene a las familias separadas. También abordaré el atraso de más de 20,000 visas que ha aumentado bajo la administración Trump, exigiré la liberación de los presos políticos y defenderé los derechos humanos en Cuba, tal como lo hice cuando era vicepresidente”.  Si esto es así, si los moderados de la comunidad cubana votaron por esto, cuando votaron por Biden, ¿a qué vienen pues las mediáticas caravanas de bicicletas y autos de los “puentes de amor”, que tanto han aplaudido los voceros del PCC?

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